Archivo mensual: abril 2015

Trendy global spiritual street food en Copenhage‏

Fuente: Joan Uribe

Fuente: Joan Uribe

Por Joan Uribe (OACU)

Hoy ya no hay quien me quite el buen humor. La ligereza y alegría de quien se quita un peso de encima. Porque hoy lo he visto claro: no hay nada que hacer. Hemos perdido la mano, quien sabe si la partida…

Copenhague, en versión abril fresco y soleado, es una ciudad pacificada que se antoja equilibrada en espacios, ritmos y sonidos: avenidas y bulevares largos y amplios, de perspectiva estática y líneas previsibles, que no resultan duras a la vista. Un predominio del silencio unido a la proporcionalmente escasa presencia de transeúntes en relación a la dimensión de sus vías deambulatorias para coches, bicicletas y transeúntes, auguran un escenario urbano que abona la posibilidad de esculpir en la esencia de sus habitantes proyectos apabullantes, incluso terroríficos, en nombre de esa versión facilona de la democracia que puede ser la promesa de la vida sin disrupciones a la vista.

Street food. La idea es la siguiente: llevar a un punto de la ciudad una intensidad concentrada de puestos de comida callejera. Hasta ahí, todo bien. De diversos puntos del mundo… No tiene porque ser grave.

Pero, claro, la materialización de la idea se ejecuta en clave de producto. Y si, como imaginario, se concreta la ubicación de street food – www.copenhagenstreetfood.dk  -al trajín de las calles, en realidad, se ubica en el extremo de un muelle apartado de la ciudad. Un absurdo. En un punto –hermoso- en el que el horizonte se conjuga con el movimiento solar y, si las nubes lo permiten, da pie a horas de luz solar intensa en ese rincón apartado. Y a partir de ahí, el delirio. Quizá tomando como modelo otros proyectos similares de Berlín, quizá otros, se inserta en el interior de una gran nave. Ni en una street ni al aire libre de las streets. La comida callejera, la idea de los puestos, se convierte automáticamente en un parque temático de chiringuitos más o menos de diseño en formato indoor. La locura. En el punto central de la nave, rodeado de mamparas de madera y cristal, el punto de mesas en el que se solicita la bebida y que, en formato panóptico, genera al cliente la sensación de control sobre los puestos de comida, dispuestos alrededor, y a los cuales éste se dirige para decidir la supuesta etnicidad de la comida supuestamente callejera que comerá en un comedor interior.

A no ser, claro, que el tiempo lo permita, y uno tome posesión de algunas de las sillas que, en formato chill out, se disponen, al sol, frente a la nave. Acompañadas de potentes altavoces con música neutra, es posible que más de un cliente tenga una revelación: Evidentemente, el juego no se basa en un callejeo en el que descubrir des de la espontaneidad de la calle, sus flujos y avatares, comidas presuntamente callejeras y mundiales. No.

Fuente: Joan Uribe

Fuente: Joan Uribe

La revelación puede llevar a más de un consumidor a entender que está viviendo una experiencia trendy global en medio de un ambiente hipster que, merced a la música de chill out, nos ayuda a intuir la posibilidad de estar viviendo una experiencia espiritual. Es decir, trascendente: uno está yendo más allá del hecho de callejear y comer comida de puesto, y está encontrándose consigo mismo –puesto que lo que le rodea es tan difuso que aparenta no tener corporeidad-, y su destino, gracias al evocador escenario y la coreografía musical. Un espectáculo de vacío existencial muy bien identificado y ocupado en forma de nicho de negocio.

Y ahí uno entiende como el mercado es capaz de sublimar una idea, en forma de producto total: mercadotecnia trendy, con el sello de lo global, pero que tiene la capacidad de sugerir una espiritualidad de pandereta, muy de portada de CD.

Atrás quedan anteriores intentos de mercantilización de lo diverso y diferente –por foráneo-, desde argumentos como el respeto a la diferencia o la hermandad entre culturas. No. Eso ya pasó de moda. El mercado, ahora, es capaz de combinar con cierta sutileza toda esas postales como producto –alimenticio- con diseño trendy y darle tintes de esa espiritualidad tan de postal, combinada con una –inmejorable- puesta de sol en el puerto de Copenhague, al son de música de relajación.

Lo dicho. Hoy, dormiré en paz.

Deja un comentario

Archivado bajo Antropologia urbana

Toni Negri y Alvaro García Linera en la UB

Aquí tenéis el vídeo de la presentación-diálogo sobre Procesos Constituyentes en el que participaron Toni Negri y Álvaro García Linera el pasado día 17 de abril en el Aula Magna de la Facultat de Geografia i Historia de la UB.

Deja un comentario

Archivado bajo Política

Breve relato etnográfico de una mañana en “La Meri”

Fuente: lavanguardia.es

Fuente: lavanguardia.es

Por Cecilia Vergnano (OACU)

Pasar una sola mañana en Ciudad Meridiana no es suficiente para hacer un análisis exhaustivo del conflicto urbano que se articula alrededor del problema de la vivienda en este barrio. Aún así, no puedo resistir la tentación de compartir algunas de las impresiones que me ha generado la participación en un momento de resistencia contra los desahucios en “la Meri”, dibujando algunas pinceladas de lo que he visto; intentando esbozar una descripción densa de una mañana en el barrio.

A veces me pregunto si todas las horas que dedico al estudio y a la investigación en antropología urbana me acercan a la vida de la calle o, al revés, me alejan irremediablemente de sus intérpretes, de las personas comunes que aparecen en el centro de mi mirada. A veces me pregunto si, a nivel inconsciente, el hambre que tengo de vitalidad de barrio no sea una forma típicamente colonial, propia de una clase media que necesita apropiarse de las energías y los recursos de las clases oprimidas. Y, sin embargo, la sensación de comodidad y familiaridad que experimento a la hora de entrar en lugares que fácilmente pueden ser asociados al estigma, procede claramente de mi propio cuerpo, sin mediaciones meditadas del intelecto. Es raro sentirse tan “en casa” en un lugar no conocido. Tengo que aclarar que es una sensación que me sobrecoge a menudo en las periferias, puesto que me recuerdan el barrio donde yo nací.

La historia de Ciudad Meridiana empieza en los años 50, cuando el financiero Enrique Banús compró los terrenos de Font Magués que habían sido descartados para la construcción de un cementerio municipal por los altos índices de humedad de la zona. Sin embargo, “lo que era malo para los muertos era bueno para los vivos”, se lee en la publicación online de Ciudad Meridiana, “La Meri Tiene Vida”.

Con el Plan Parcial de Font Magués de 1963, se da inicio a la construcción del polígono de viviendas “Ciudad Meridiana”. La promotora inmobiliaria, Urbanizaciones Torre Baró S.A., nacida en 1957 por iniciativa de Banús, era presidida por Joan Antoni Samaranch.

Muerto hace poco, en 2010, Samaranch ha sido una figura que ilustra bien los límites de la Transición democrática española. Miembro de la Falange, el empresario y político catalán realizó una brillante carrera política atravesando impunemente todas las etapas, desde el franquismo a la democracia. Fue, por ejemplo, tanto concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona (1955-1962), organizando los II Juegos del Mediterráneo, como presidente del Comité Olímpico Internacional en los tiempos de las Olimpiadas de Barcelona del 1992. Samaranch es, por lo tanto, uno de los padres fundadores de Ciudad Meridiana, junto con la Banca Rothschild y el alcalde Porcioles.

La parte más antigua del barrio es la alta. Cuando empezó a ser habitada, el barrio no tenía ni calles, ni tiendas, ni transportes. El amigo que me introduce al barrio, acompañándome, me explica que en los años 80 Ciudad Meridiana era el reino del caballo y que su único gran camino de acceso, cuesta arriba siempre, estaba permanentemente vigilado para poder controlar a quien entrara; la policía, por su parte, nunca solía pisar el barrio. Por eso Fili, vecino de “La Meri” y presidente de la asociación de vecinos, dice que cuando escucha la gente quejarse de los inmigrantes, él siempre pregunta si no se acuerdan cómo estaba el barrio cuando sólo había españoles.

En la actualidad, la parte alta es la más degradada, con edificios que necesitan rehabilitaciones por problemas causados por la mala calidad de la construcción, a los que se añaden las infiltraciones de la humedad que vuelven malsanas las viviendas y causan patologías pulmonares, sobre todo entre los niños. Los bloques más nuevos, y mejor mantenidos, son en cambio los de la parte baja del barrio. A la diferencia de calidad de los edificios se corresponden diferencias a nivel de composición poblacional: la mayoría de los inmigrantes viven en los edificios viejos, mientras que en los nuevos se encuentran sobre todo familias autóctonas. Por otro lado, hay que recordar que la población inmigrante constituye más de un tercio de la población del barrio, frente a la media del 12,61% del resto de Barcelona (García Almirall 2010). Las nacionalidades presentes en Ciudad Meridiana van desde Ecuador, Honduras, Bolivia y República Dominicana a Nigeria, Camerún, Marruecos y Pakistán. Entre los vecinos autóctonos hay una componente que se identifica como gitana.

Diferentes fotografías del barrio, tomadas a lo largo de las últimas décadas, podrían fácilmente ilustrar una tendencia general en España, y particularmente en Cataluña, en lo que concierne a la historia del acceso a la vivienda por parte de los trabajadores inmigrantes. Los pisos de protección oficial de Ciudad Meridiana, a los cuales han accedido en su momento familias trabajadoras procedentes de diferentes partes del Estado español, han sido luego vendidos a familias de inmigración más reciente, procedentes de África, Asia y América Latina. La burbuja inmobiliaria española provocó el aumento de los precios de la vivienda hasta el año 2008 (año en el que la burbuja estalló) por lo cual muchas familias que habían accedido de forma relativamente barata a estos pisos protegidos, consideraron conveniente venderlos para acceder a pisos mejores (o, mejor dicho, pagar una buena parte de la entrada de la hipoteca). Las familias inmigrantes se han, a su vez, hipotecado para acceder a las viviendas que las familias españolas iban dejando. En muchos casos los bancos y las promotoras inmobiliarias han permitido el acceso a la hipoteca a familias con ingresos muy bajos y con pocas garantías de extinción (de manera análoga a la así llamada “crisis de subprimes” en Estados Unidos – la crisis que ha dado pie a la actual coyuntura de recesión y reajuste del ciclo económico mundial). Estas premisas son necesarias para entender las razones de la alta concentración de inmigrantes en Ciudad Meridiana y, sobre todo, entender la dinámica que hoy se traduce con la ejecución casi semanal de procedimientos de desahucio en el barrio – y la consecuente ocupación de pisos.

“¿Te puedes creer que aquí un piso vale 250.000 euros?”, me pregunta mi amigo, subiendo por las calles del barrio.

Mirando alrededor, observando la baja calidad de los edificios, su mal estado de conservación, la estructura de dormitorio, sin tiendas, servicios, bares, sobre todo en la parte alta del barrio, la idea de que un piso de 60 m2 pueda valer 250.000 euros suena a estafa. Sin embargo, son estos los precios en los cuales los nuevos vecinos se han hipotecado. “Es que falta un organismo regulador de los contratos bancarios”, argumenta mi amigo. “Si lo hubiera, quizás se descubriría que la mitad de ellos son ilegales.” En cambio, los bancos han vendido en este barrio pisos hasta a cinco veces más de su valor de mercado, a familias que han sido víctimas del sueño democrático de “una sociedad de pequeños propietarios” – familias que acababan a lo mejor de emerger de la clandestinidad a través de la regularización del Gobierno Zapatero del 2005 y soñaban con una idea de normalidad en su cotidianidad y a la cual hasta entonces no habían podido acceder.

Al fenómeno de la exclusión social se le define a menudo en términos de ruptura de unos supuestos lazos sociales, de los vínculos que deberían tener unidos entre sí los miembros de una sociedad. A menudo se representan los procesos de exclusión social como descontextualizados de sus causas, casi como si la exclusión fuera un fenómeno natural al cual resulta inútil oponerse. Se habla de excluidos en términos victimizantes, como si su existencia no implicara necesariamente la actividad de unos exclusores. En Ciudad Meridiana, en cambio, es muy evidente quienes han sido los que han quebrantado el supuesto pacto social: los constructores mismos del barrio, que han edificado allí donde ni siquiera los muertos se podían sepultar. A partir de ahí, la lista es larga: entre quienes han roto los lazos sociales – beneficiándose de las dificultades de familias fragilizadas – hay promotoras inmobiliarias que han falsificado las condiciones para acceder a la hipoteca, bancos que han desahuciado cambiando a escondidas la cerradura del piso (aprovechando, por ejemplo, de un momento en que la madre había salido para acompañar el niño a la guardería), empresas que han despedido trabajadores tras accidentes en el lugar de trabajo, comunicando el despido al interesado a través de un simple burofax. De hecho, la asamblea de vecinos de Ciudad Meridiana desempeña un papel muy importante en señalar las causas de las dinámicas que tienen sus impactos hoy en día sobre el barrio, así como en organizar la resistencia contra los desahucios – resistencia que muchas veces resulta ganadora, al menos a efectos de suspensión provisional del desalojo.

La memoria viva de la historia del barrio, de las dificultades diarias de quien ha vivido y vive ahí, y de los nombres de los que en cambio se han beneficiado a expensas de sus habitantes, promueve de hecho unas representaciones y unas prácticas colectivas para nada anómicas, muy lejos del “distanciamiento lateral” del que hablara Wacquant al definir las características del hiperguetto. Al revés, en Ciudad Meridiana las prácticas solidarias consiguen mantener unido un barrio más allá de las divisiones étnicas o culturales. Sin idealizar una situación que queda de todas maneras fuertemente condicionada por una lógica clasificatoria – según el país de origen – de los vecinos del barrio, resulta sin embargo impactante asistir a un piquete contra el desahucio de una familia gitana al que participan juntos españoles no gitanos, bolivianos, ecuatorianos, nigerianos…

Son muchas las escenas que se me han quedado grabadas en mi visita a Ciudad Meridiana, en una mañana de primavera de resistencia contra los desahucios. Idealizar esta lucha, hace falta repetirlo, estaría totalmente fuera de lugar: he escuchado desde los discursos más provocativos que añoran la dictadura de Franco, a las quejas de mujeres extranjeras que se acuerdan de los tiempos en los cuales sólo desahuciaban inmigrantes: “por entonces no se veían tantos españoles resistiendo contra los desahucios”. Y es que a menudo los movimientos sociales nacen caracterizados por contenidos casi reaccionarios, al estilo NIMBY; sin embargo esto no impide que a lo largo del tiempo se vaya produciendo una consciencia colectiva capaz de superar los límites de las reivindicaciones individuales, articulando la lucha alrededor de cuestionamientos más profundos sobre el modelo social por el cual se quiere apostar.

Mientras que el procurador judicial pasa con el taxi delante del bloque rodeado de vecinos, sin pararse; mientras que el mediador del Ayuntamiento, contratado para trabajar específicamente en la regulación de los conflictos en Ciudad Meridiana, anuncia la suspensión del desahucio previsto; mientras que los vecinos de la asamblea de barrio, con el apoyo de las asambleas de Santa Coloma y Nou Barris, se felicitan al grito de “sí se puede!”, Amparo, la vecina, baja del piso en el cual ha resistido durante toda la mañana, sin dormir durante toda la noche, para abrazar a los presentes uno a uno. Tiene los nervios destrozados, una gran sonrisa que le ilumina el rostro y los ojos surcados de lágrimas. Su abrazo, fuerte y agradecido, me contagia de emoción y da sentido (aunque no hacía falta) a toda una mañana pasada en “La Meri”, y a todas las horas del día que quedan antes de acostarse. Mientras tanto, alguien me señala, del otro lado de la colina, las marcas evidentes de una pequeña favela que está empezando a surgir en el parque natural colindante, en terrenos del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet. Esta historia también es jodida, pero muy significativa.

… to be continued…

(Se agradece a Guillaume Darribau, http://guillaumedarribau.com/)

Deja un comentario

Archivado bajo Antropologia urbana

El barri de Vallcarca entra en una nova fase urbanística

Font: OACU (23/02/2015)

Font: OACU (23/02/2015)

Aquest article va ser publicat al dossier  “A voltes amb el conflicte urbà”, La Veu del Carrer, nº 133 (octubre 2014), Barcelona: FAVB

Per Marco Luca Stanchieri (OACU).

Des de fa poc més d’un mes, al maig de 2014, el barri de Vallcarca, en el districte de Gràcia, ha entrat en una nova fase urbanística. La bomba informativa va sortir directament de la boca del mediador Miquel Esteve que, en la sessió de la Taula Participativa Permanent del 7 de maig, anuncia la novetat més esperada per part del veïnat: després de dotze anys d’especulació, destrucció i fracàs urbanístic, el Departament d’Hàbitat Urbà de l’Ajuntament de Barcelona, acceptava posar mà a la Modificació del Pla General Metropolità (MPGM) del sector Vallcarca-Farigola, aprovat sense ampli consens veïnal l’any 2002. La MPGM preveia la total destrucció del costat Llobregat de l’Avinguda Vallcarca i del nucli habitat entre el pont de Vallcarca i el carrer Farigola, per a la seva reconstrucció segons un ordre i un estil urbanístic diferent: substitució de les cases del carrer Bolívar, costat Besòs, amb un vial enjardinat de la Plaça Lesseps fins al viaducte; i reemplaçament del nucli Viaducte-Farigola amb set edificis d’entre quatre i set plantes, la meitat dels quals serien per a pisos de mercat lliure.

Aquesta nova posició que ha assumit l’Ajuntament ens suggereix una doble reflexió sobre què impliquen els plantejaments urbanístics imposats a la població: d’una banda manifesta el relativisme de la necessitat transformadora de barris sencers, per l’altre, la importància històrica de la resistència i l’oposició concretes a tals abstraccions polític-urbanístiques.

Fins a un mes enrere, tot el que plantejava la MPGM era intocable, considerat com absolutament necessari pel desenvolupament d’aquesta zona de la ciutat; línies vermelles insuperables per part del veïnat en desacord. Ara tot és novament qüestionable. Aquest canvi de tendència demostra clarament com les exigències de transformar, rehabilitar, reestructurar, zones de la ciutat de vegades són construccions teòriques allunyades de l’experiència real del lloc. Aquesta distància, entre el concebut pels tecnicismes urbanístics i el viscut i desitjat pels habitants, a Vallcarca ha provocat la destrucció de l’entorn construït – i amb això els referents culturals en l’espai de la població que allí residia – expropiacions, indemnitzacions, reallotjament provisional, esponjament forçós de veïns i veïnes, en alguns casos sofriment i malalties psico-físiques, estigmatització del lloc i, amb això, dels seus habitants, marginació de la vida social de part del veïnat i ruptura del teixit social existent. I tot amb els pretextos de la necessitat d’higienitzar una zona degradada, de la utilitat pública i de l’interès general.

D’altra banda aquesta important decisió política, és a dir, el reconeixement que la MPGM és discutible, negociable, modificable, restitueix justícia històrica a aquella part de població que se li va oposar des del principi denunciant que es tractava d’una operació d’especulació immobiliària que perseguia, mitjançant pràctiques polítiques dubtoses, interessos personals en detriment del ben públic. La Plataforma Salvem Vallcarca, l’Ateneu Popular de Vallcarca, l’Assemblea Okupa de Vallcarca i una altra gran part del veïnat feia deu anys que ho denunciava, enfront del silenci,  l’estigmatització i la criminalització per part del poder polític i dels mitjans de comunicacions oficials, i sense cap respatller institucional.

L’any 2012, sobre la base del que va ser la Plataforma, es va formar l’Assemblea Vallcarca, a la que van participar una desena d’entitats del barri i altres persones a títol personal. Amb l’assessorament d’arquitectes i arquitectes del col·lectiu Raons Públiques i Arquitectes sense Fronteres (ASF), l’Assemblea fa mesos que treballa de manera autogestionada en la reformulació del Pla, practicant una nova forma d’urbanisme participatiu comunitari a escala local, sense imposicions polítiques, amb l’objectiu de plantejar autònomament com és el model que busca per al seu barri.

A partir d’ara serà interessant constatar com aquesta voluntat d’intervenció directa i activa en la presa de decisions per part del veïnat, ja en acte, es desvincula de la forma de participació que l’Ajuntament proposa i a la qual ens ha acostumat en l’últim decenni, és a dir, la conversió dels habitants en éssers opinants sense capacitat decisòria en els assumptes importants de les seves vides, com és la transformació del seu propi barri.

Deja un comentario

Archivado bajo Antropologia urbana

Llocs per amagar

Font: compostimes.com

Font: compostimes.com

Escrit conjuntament per Jofre Padullés i Manuel Delgado i publicat al Diari Regió7

Dins de l’entramat topogràfic de secrets i dissimulacions, certes pràctiques prenen una especial intensitat degut a la fixació a que es veuen sotmesos com a territoris de clandestinitat. A diferència de l’ús de pisos particulars, que alhora complien la funció de pis clandestí i particular, o els bars i altres espais utilitzats que a banda de l’ús il·legal oferien per si mateixos altres usos els quals s’utilitzaven com a quartada, existeixen altres espais que es destinen únicament a l’activitat clandestina.

Un exemple paradigmàtic seria el cas de l’aparell de propaganda, la vietnamita, el ciclostil o multicopista, més els clixés, material divers i l’arxiu de la tasca realitzada, original i còpia de cada document, no podien ser amagats fàcilment, per aquest motiu l’espai de l’aparell de propaganda no permetia altres usos que no fossin els propis de l’activitat clandestina, i ningú més que els responsables tenien coneixement de la seva ubicació. Territori sagrat per antonomàsia com tants d’altres d’ús individual, ja fos dins del matalàs, a les golfes, sobre la cisterna del lavabo, penjat d’una corda al cel obert de la cuina, o sota la rajola del passadís, un reguitzell de llocs inventats que permetien amagar les petjades de l’activitat clandestina.

Una treballadora de la Fàbrica Nova de Manresa ens relatava com arribaven a les seves mans el “Mundo Obrero”: “Vaig llegir el meu primer mundo obrero a la Fàbrica Nova, era el 1961. Me’l va passar un senyor. Aquest es passejava per tota la fàbrica, i anava amb una cistella arreglant coses. No se d’on li arribaven ni com, però aquest home llegia el mundo obrero que era una revista ciclostilada de quatre fulls, i ell me la deixava en una fusteta, que després jo vaig utilitzar per deixar-hi llibres, sobre la cisterna del wàter. Era un lloc que hi entrava tothom, però clar ningú s’ho imaginava. Si ell passava pel passadís i passava la cistella pel meu costat volia dir que havia deixat el mundo obrero sobre la cisterna. El sistema amb que el passava als altres jo no el se, però amb mi ho feia així, llavors jo el tornava a deixar allà i ell l’agafava per passar-lo a algú altre.”.

Tota aquesta memòria popular de la resistència antifranquista és la d’una geografia secreta, feta de trobades ocultes en llocs concertats boca a boca, punts de trobada comunicats a cau d’orella o mitjançant codis secrets, cites de seguretat als llocs més inversemblants, amagatalls, locals parroquials, complicats itineraris per acudir a un encontre clandestí, reunions en indrets plens de gent com a paradoxal garantia de discreció. Aquesta percepció i ús de l’espai com un mapa furtiu es concretava en un seguit de punts i recorreguts que sols es podien practicar ocultament. El resultat: un plànol arcà, fet de vèrtexs i singladures entre punts que conformen una topografia soteriològica, allò mateix que Derrida, relacionant lloc i secret, trobava com a característic de les sociabilitats esotèriques.

Deja un comentario

Archivado bajo Antropologia negativa