Archivo mensual: mayo 2015

Publicación del libro “Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales” (Pol·len Edicions, 2015)

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por OACU

Durante las últimas décadas, la lógica de mercado ha ido penetrando cada vez más en el campo de la planificación urbanística y los discursos político-económicos que regulan los procesos de gobernanza urbana de nuestras ciudades. El propósito último de dichos procesos es tan claro como alarmante: revelar los supuestos beneficios de una ciudad ideal e idealizada, donde sólo tiene cabida la paz y la tranquilidad de unas relaciones socialmente estériles; una ciudad abstraída de cualquier tipo de control institucional, detrás de la cual no se esconde más que una mayor capacidad de compra y donde todo el mundo lograría una mejor calidad de vida. En definitiva, una ciudad exenta de su elemento constitutivo, el conflicto.

Sin embargo, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) seguimos insistiendo en la necesidad de repensar la conflictividad social, esto es, el “conflicto urbano”, desde una perspectiva que considera el uso del espacio no sólo como una estrategia de control, sino también como una manera de ocultar unas relaciones sociales siempre desiguales. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Institut Catalá d’Antropología (ICA) y del Departament d’Antropologia Social i Cultural de la Universitat de Barcelona (UB), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas a la “conflictividad” que caracterizaría algunas de las principales urbes europeas y latinoamericanas.

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La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que estas metrópolis están siendo sometidas hoy día, dejaría entrever el “resurgimiento” de una serie de reivindicaciones que, aunque parezca lo contrario, nunca nos han abandonado. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

Adoptando un enfoque empírico que analiza, y a la vez cuestiona, aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas, los textos recogidos en la publicación proponen una rearticulación crítica de un determinado tipo de urbanismo de corte neoliberal y del marco conceptual que lo apoya. Efectivamente, hoy más que nunca los investigadores sociales que nos dedicamos a estudiar la ciudad tenemos la obligación, dentro y fuera de la academia, de cuestionar ciertos conceptos considerados claves para el pensamiento urbano, señalar su inaplicabilidad empírica o bien revertir las lógicas dentro las cuales los mismos se reproducen.

En definitiva, tenemos el deber de cuestionar aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas contrastando esa quimera social de una ciudad armónica y pacificada, constituida por un espacio ilusorio que encubre la realidad y no contempla las inquietudes y las contradicciones entre clases, ni mucho menos la lucha entre ellas y sus necesidades. De lo contrario, y evocando un clásico tema de los Kortatu, estaremos condenados a vivir y habitar una “mierda de ciudad”.

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Transformem Poblenou. Relato de una mañana lúdico-reivindicativa.

Fuente: Propia

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Por José Mansilla (OACU)

Serían poco más de las doce del mediodía cuando llegamos. Las actividades comenzaban teóricamente a las once, pero por diferentes motivos nos retrasamos más de una hora. Desde  Sant Joan de Malta, a unos 25 metros después de cruzar el futuro Eix Pere IV, se abre una explanada de unos 15 metros de ancho que tiene por fronteras inmediatas el muro protector del arcaico transformador y la fachada principal de la moderna Escola Sant Martí. Sin embargo, estos límites no son perfectos, pues al costado más cercano a la Rambla del Poblenou existen dos oberturas en forma de calles peatonales que desembocan en dicha arteria. La más próxima a Diagonal, el Passatge de Brurull, confluye, detrás del transformador, en la calle Castella, aunque antes de hacerlo contiene un pequeño parque -recién inaugurado con el nombre de Patufet- y dos bares-restaurantes con 10 mesas y 40 sillas uno, y 6 mesas y 24 sillas el otro, en sus respectivas terrazas.

Fuente: Propia

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Justo en medio de la explanada se alzaba un improvisado escenario que, a nuestra llegada, acogía un pequeño concierto de música de cámara infantil y al que un grupo de escasamente 10 individuos -imagino que los padres y madres de los músicos- prestaba atención. El resto de la gente, unas 200 personas entre hombres, mujeres y niños, se arropaban del sol inclemente bajo la pequeña sombra proyectada por la Escola. Justo ahí mismo, dando lugar a una abigarrada mancha, se disponían unas cinco o seis paradetas de lo más dispares: juegos infantiles, ONGs (pude visualizar al Grup Herpetològic Termòfil de Catalunya -GHTC- y a la Protectora de Caballos ADE), junto a los servicios básicos del evento, esto es, la mesa de información y la que vendía los tíquets para las consumiciones. La sensación, sin embargo, era que la explanada estaba medio vacía, pues la zona al sol se encontraba poco frecuentada.

Justo a las 12.36 h.- acabó la música infantil y subieron al escenario tres personas. Dos hombres jóvenes, de entre 30 y 40 años, y un señor mayor, rondando los 70. Uno de los primeros cogió el micrófono y, previo agradecimiento a la concurrencia por su presencia, presentó al otro. Se trataba de Genis Boadella, Presidente de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) en el Distrito de Sant Martí y Portavoz de Convergència i Unió (CiU) en el Grupo municipal de Distrito. Un político, vaya. Con un tono distendido, nada formal, recordó el por qué de este #Picnicelèctric: la solicitud vecinal de traslado de un antiguo transformador de FECSA/ENDESA desde aquella ubicación. Supongo que, como estamos en periodo electoral, aprovechó que estaba allí y por eso se atrevió a decir que por fin se había conseguido, previa negociación con la empresa energética, la retirada del transformador -en funcionamiento desde 1964 y con servicio a 8600 viviendas- “al final del mandat”, y que este sería retirado en, como mucho, 24 meses. Envalentonado, continuó relatando los supuestos compromisos electorales que su partido había mantenido y efectuado, como el hecho de “cumplir amb la arribada de la Rambla del Poblenou fins al mar”. No obstante, se le olvidó citar que dichas obras en la Rambla fueron paralizadas por los vecinos justo hace ahora dos años, cuando éstos se enteraron de las características iniciales del proyecto de obra, el cual pretendía, entre otras cosas, dar más espacio a terrazas de bares y restaurantes y aplanar las rotondas, sin considerar prioritario su llegada al mar. Tampoco recordó que dicha paralización dio paso al proceso participativo Fem Rambla, el cual ha acabado por imponer su agenda y modelo de espacio urbano al Distrito, no sin reticencias por parte de este. En fin, un olvido lo tiene cualquiera. Al acabar su parlamento, el hombre que presentó al político convergente agradeció y repitió sus palabras y les impelió a bajar del escenario. El señor mayor no había abierto la boca.

Fuente: Propia

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El desmantelamiento del transformador es una vieja reivindicación vecinal. Puede que en un momento de la historia del barrio fuera necesario y su ubicación no llamara la atención, pero actualmente se encuentra frente a una escuela de primaria que acoge a centenares de niños y niñas en una zona en la que, además, no abundan las áreas de esparcimiento infantil. La Plataforma Transformen, formada entre otros por la AAVV del Poblenou, padres y madres de la Escola Sant Martí y un grupo de vecinos afectados, elaboró hace unas semanas un manifiesto donde reivindicaba, entre otras cuestiones, acabar con el emplazamiento actual del transformador, calificado como zona verde desde el año 1991, y garantizar, además, la seguridad de unas instalaciones que han quedado obsoletas. A finales de abril, el regidor del Distrito, junto a técnicos del Ayuntamiento y representantes del Partido Popular en el barrio (sic!), tras reunirse con miembros de dicha Plataforma, afirmaron que la cuestión estaba solventada. Se había firmado un protocolo con FECSA/ENDESA para eliminar el transformador. El protocolo recogía un presupuesto estimado de 2,6 millones de euros para las obras de infraestructura y otros 1,2 millones para la compra del solar. ¡Ah! Palabra mágica, solar. Según la Revista Poblenou (mayo/junio 2015) el acuerdo se firmaría en 15 días (la publicación online Poblenou.org, con fecha 8 de mayo, aporta una reciente nota de prensa elaborada por el Distrito donde se afirma que dicho derribo está finalmente concertado entre la empresa y el Ayuntamiento), cumpliendo una palabra dada a los vecinos por anteriores gobiernos municipales. La diferencia está, según la administración actual de CiU, en que en esta ocasión ha sido posible llevar a cabo la obra por contar las arcas municipales con dinero suficiente, proveniente éste de la privatización de la empresa municipal (SABA) que gestionaba los aparcamientos de la ciudad. FECSA/ENDESA se ha negado, desde un primer momento, a costear parte de las obras. Es curioso como una operación de acumulación por desposesión (Harvey, 2004), de privatización de una empresa pública altamente rentable, haya servido para financiar el traslado de un equipamiento obsoleto y contaminante que una gran empresa se negaba a sufragar. Se entiende que tendríamos que estar agradecidos tanto al gobierno convergente por su gestión, como a la empresa por su implicación.

Poco después, a las 12.49 h.-, sube al escenario el dueño de una conocida academia de baile del barrio. Invita a participar a todo el mundo en una coreografía que está a punto de comenzar. Sin embargo, su convocatoria tiene escaso resultado, el sol, cada vez más abrasador, incita a descansar a la sombra.

Justo en la pared del transformador a derrocar, un chico y una chica realizan un grafiti de dimensiones espectaculares. En realidad son tres dibujos distintos. Dos de carácter festivo y realizados con colores pastel, y uno central de un horripilante primate enseñando sus fauces. ¿Qué nos querrán decir? ¿Quizás que FECSA/ENDESA nos seguirá devorando desde otras ubicaciones? Desde luego, da que pensar.

Fuente: Propia

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La sombra ha alcanzado ya casi la mitad de la explanada y la gente se sienta en un par de mesas de plástico, con unas 4-5 sillas, dispuestas irregularmente en medio de la misma. También hay unas hamacas playeras, signo inequívoco del desenfadado estilo de la convocatoria. Justo al lado de estas mesas y hamacas, en la esquina de una de las calles peatonales antes reseñadas, está un restaurante de comida internacional. Cuenta, en su terraza, con 32 sillas y 8 mesas cubiertas con manteles rojos y negros con grandes lunares blancos. En ellas, los clientes, entre atónitos e interesados, miran el discurrir de las actividades. La propietaria del restaurante, aprovechando la ocasión, dispone una nueva mesa con mantel de lunares y vende trozos de pizza a 1 y 1,5 euros. También bebidas a 1 euro, por cierto, más baratas y más frías que las que ofrece la propia organización del evento, como no tardaré en apreciar.

Si finalmente el transformador es derribado y, en su lugar, se dispone un amplio espacio verde, los principales beneficiarios serán, principalmente, las familias de los niños y niñas que estudian en la Escola, los cuales dispondrán de un magnífico lugar de esparcimiento. Sin embargo, no hay que olvidar tanto a las terrazas, que verán incrementado su número potencial de clientes, como a los propietarios de las viviendas cercanas que, al ver revalorizadas sus propiedades, se apropiarán de las plusvalías producidas por una obra pública financiada con presupuesto municipal.

Unos minutos después, unas chicas se atreven con el sol y salen a bailar. Voy a pedir una bebida, fiel a mi compromiso con la Plataforma, a la mesa que vende los tíquets. Veo un cartel que dice: “El diners de les consumicions serà destinat al pagament dels artistes”. En la cola, esperando, aprovecho para preguntar a qué artistas se refiere el cartel. Me indican que a los grafiteros que pintan espeluznantes monos gigantes.

Continúo con mis preguntas:

– “Y ¿qué es lo que quieren hacer aquí?” – me hago el ingenuo – “¿Una zona verde?”

– “Sí, pero ya lo han conseguido, ¿no?” – me responden.

Parece que las palabras del político convergente han calado entre los asistentes, al menos, los de la cola de las bebidas.

Son las 13.36 h.- y las mesas se van quedando vacías. El dueño de la academia de baile aprovecha para hacer algo de publicidad de su negocio antes de finalizar la actividad que ha estado dirigiendo.

El calor arrecia y la gente va abandonando el lugar. Donde antes estaban las paradetas de actividades infantiles, a la sombra, ahora hay motos aparcadas de los clientes de las terrazas. Han aparecido, además, un par de vendedores de pinturas y grabados.

Son las 14.06 h.- y abandono el lugar.

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15 años en Venus. Claves para entender un conflicto “irresoluble”.

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Particular del bloque Venus | Fuente: Sergi Pujolar (La Directa)

Por Giuseppe Aricó | OACU

El próximo diciembre de 2015, tras 15 años de severas intervenciones urbanísticas y escasas “mejoras sociales”, el controvertido Pla de Transformació del Barri de La Mina (PTBM) llegará a su fin. Durante los últimos meses, la documentalista Mariona Giner y su equipo han estado realizando un trabajo que merece ser conocido y reconocido. Se trata de 15 anys a Venus, un documental que persigue tratar de forma seria el caso del derribo y posterior realojo de los vecinos del bloque Venus, una cuestión aun en suspenso que sigue provocando conflictos entre plataformas vecinales y administraciones. El pasado martes 28 de abril, tuve la oportunidad de participar en dicho documental al ser entrevistado sobre el impacto social del PTBM y las problemáticas relacionadas con éste. He decidido publicar aquí parte de la entrevista, realizada en el histórico Casal Cívic de La Mina, equipamiento fruto de una larga acampada reivindicativa que los vecinos llevaron a cabo a finales del marzo de 1985 en el lugar donde hoy se ubica el propio Casal.

¿De dónde y cuándo surgen las áreas urbanas como la Mina?

Las áreas como La Mina se conciben a partir del Plan Comarcal de 1953, pero se edifican sólo durante el auge del desarrollismo franquista, a caballo entre los ‘60 y ‘70. Se trata de áreas que el lenguaje urbanístico de aquella época definía como “polígonos de absorción”, es decir, su prerrogativa era precisamente la de “absorber” a los habitantes de los denominados núcleos chabolistas de Barcelona. En realidad, la creación de dichas áreas, colocadas sistemáticamente en los márgenes de las metrópolis, no respondía a una necesidad de carácter social, sino exclusivamente a específicas exigencias políticas y económicas del tardofranquismo. La finalidad del régimen no era sino ampliar su reserva de suelo urbano a costa de la clase trabajadora, que desplazaba dónde y cómo mejor le convenía.

¿Qué problemas sociales tiene La Mina en la actualidad?

Si nos ceñimos a las cifras oficiales, todo parece ir de maravilla: el PTBM habría conseguido con éxito y alabanzas internacionales la “transformación” por la cual apostaba. Sin embargo, tras la pantalla de una gran regeneración urbanística se esconde una cruda realidad social donde se reproducen severas problemáticas estructurales. En este sentido, los problemas sociales de La Mina en la actualidad son prácticamente los mismos que se dieron en su origen, y que podemos resumir en una sola y gran cuestión: la falta de una política de vivienda seria, estructurada, coordinada y comprometida desde el principio. Apostaría a que el resto de cuestiones, como el paro, el absentismo y el fracaso escolar, cierto analfabetismo, la desestructuración familiar, el supuesto “incivismo”, las “actividades delictivas”, etc., no son sino el producto directo de esa gran falta o están íntimamente ligadas a ella.

¿Está estigmatizado el barrio de la Mina?

La Mina es un barrio híper-estigmatizado, es decir, sufre una estigmatización transversal que afecta al conjunto de sus habitantes en varios niveles: social, laboral, económico, cultural, territorial, etc. Tanto en los ’70 como hoy, hablar de La Mina provoca irremediablemente una especie de “efecto dominó”, donde toda una serie de estereotipos descontextualizados y despolitizados caen unos tras otros como fichas.

¿Qué ha contribuido a ello?

Las causas que han contribuido a ello son muchas y pertenecen a épocas diferentes, pero por lo general la prensa y las instituciones han jugado, sobre todo en los años 80 y 90, un papel estratégico en la difusión de una verdadera “mitología del miedo”. Fenómenos relacionados tanto con el uso como con la venta de drogas, por ejemplo, que se encontraban repartidos por todo el territorio metropolitano, encontraron en La Mina el chivo expiatorio por excelencia, justamente para permitir toda una serie de actuaciones de carácter urbanístico que generaron jugosos beneficios para la élite política de la supuesta Transición. El proceso de estigmatización de La Mina no puede entenderse sin tomar en consideración, por ejemplo, el denominado caso REGESA de 1988, que preveía, entre otras cosas, el derribo total de La Mina y, por ende, de sus “problemáticas”. Sólo tres años más tarde, con la modificación introducida en 1991 al PGM del 1976, el área alrededor de La Mina tenía que convertirse en la “puerta de entrada a Barcelona por el norte” para acoger a visitantes e inversores de los JJ.OO.

Desde la Plataforma d’Entitats i Veïns de La Mina denuncian que en las barracas no había tanto conflicto por el modelo de las viviendas: más precarias pero más abiertas, con mucha vida en la calle. Denuncian que la base del conflicto social es el tamaño de los bloques, con demasiadas familias por bloque. A la vez, el estudio técnico previo al PTBM determinó que la densidad en sí no resulta conflictiva, y se centró más en la diversidad socio-cultural. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Yo diría que el problema no está ni en la densidad ni mucho menos en la diversidad socio-cultural, o cuanto menos no constituyen las causas del conflicto en sí, sino justamente todo lo contrario. Si pensamos en los primeros años de vida del barrio (1975-80), no cabe duda de que precisamente la densidad y la diversidad funcionaran como verdaderos elementos de cohesión y aglutinación vecinal. La gran huelga general del mayo del 77, que paralizó el barrio durante 4 días, es la evidencia más representativa de ello. Ahora bien, en mi opinión el verdadero problema que está y siempre ha estado a la base del “conflicto” en La Mina es, como denuncian los propios vecinos, el modelo de las viviendas. Pero no hablo tanto de su estructura arquitectónica, que de por sí acarrea ya bastantes problemas que inciden profundamente en gravar las causas del conflicto. Me refiero más bien a su organización socio-espacial, es decir, a lo que ha sido definido como el paso de un “barraquismo horizontal” a un “barraquismo vertical”, que ha determinado –cuando no provocado- la asunción casi obligatoria de una nueva forma de reproducción de las relaciones sociales. En este sentido, el hecho de haber elevado la “vivienda en propiedad” a elemento cúspide de la organización vecinal, es decir, doméstica y, por ende, socio-espacial, ha sido el principal factor determinante para que las relaciones entre vecinos se hicieran cada vez más racionalizadas, distanciadas e impersonales.

Nos comentaron que durante los primeros años de existencia del barrio, el Patronato Municipal de la Vivienda (PMV) movía la gente que podía pagar un poco más a otros barrios, y que aquí traían a la gente más conflictiva. ¿Tienes constancia de esto?

El PMV ha sido no sólo el responsable de la construcción de La Mina en 1969, sino también  de su gestión administrativa por lo menos hasta 1989. Durante estos 20 años, las maniobras del PMV han permitido que La Mina fuera constantemente sujeta a una alta “rotación” vecinal. Cuando se habla del denominado “traslado chabolista” (léase deportación), por ejemplo, se suele pensar que éste se realizó de forma rápida y con todo el seguimiento social que merecía. Pues nada más lejos de la realidad. El traslado del Camp de la Bota tenía que durar 15 días y acabó durando 18 años, desde el 1974 hasta el 1992, cuando se tiró la última barraca justo unos meses antes de la celebración de los JJ.OO. Además, a partir del 82, Xavier Valls y Antoni Messeguer (entonces respectivamente presidente del PMV y alcalde de Sant Adrià) consiguieron que diferentes bloques de La Mina -en particular Venus y Saturno- se configuraran como el lugar de destino de desalojos provocados por intervenciones urbanísticas en otras zonas del entorno metropolitano. En este sentido, no es que se trajera a La Mina la gente “más conflictiva”, sino aquella que se encontraba en una peor posición de desventaja social y económica, y que poseía historias de vida y formas de usar el espacio muy diferentes y, a menudo, divergentes.

Según los informes sobre las estructuras arquitectónicas de la Mina, el edificio Venus no tiene problemas estructurales. El motivo para ser derruido era por tener problemas sociales “insolucionables”. ¿Derruir un edificio puede aplacar un problema social, o éste seguiría en otros edificios?

En mi opinión la intervención de derribo prevista para Venus –que nunca sabremos si un día se realizará o no- no resolverá sus problemas por varias razones. Los problemas sociales, siempre y cuando se trate realmente de “problemas”, no pueden solucionarse con intervenciones urbanísticas, ya que su supuesta eficacia social no está ni justificada ni mucho menos demostrada. Lo que sí está demostrado, en cambio, es justamente su contrario: baste con pensar en las dinámicas de pacificación de muchas favelas en Río de Janeiro o en el caso de “le Vele” en el barrio de Scampia, en Nápoles. Para solucionar problemas sociales son necesarias actuaciones de carácter social estructuradas y coordenadas, esto sí, llevadas a cabo con mucha sensibilidad y atención hacia las causas que crean el supuesto problema y no hacia sus efectos. Esto es exactamente lo que ha pasado en el caso de Venus: trabajar en los efectos y no en las causas. Aunque se derribara Venus, los problemas actuales persistirían, pero en otro bloque o quizá en otro barrio.

Se considera, también, que la biblioteca no consigue atraer suficientes jóvenes y usuarios en general. Sin embargo está en el centro del barrio, sus instalaciones son de primera y es atractiva. ¿Qué más se puede hacer?

Nada, ya se ha intervenido demasiado y de una forma amnésica. Casos como el de la biblioteca son paradigmáticos de como las intervenciones urbanísticas llevadas a cabo en el barrio han producido espacios “de fachada”, es decir, muy bonitos y atractivos, pero en el fondo no consiguen cumplir con el propósito social por el cual habían sido pensados. La razón de ello es que la biblioteca, en realidad, desempeñaría un papel de “contenedor cultural”, socialmente vacío e infrautilizado pero urbanísticamente indispensable para justificar determinadas actuaciones previstas para “adornar” la polémica Rambla de La Mina. Si la gente no viene a la biblioteca, quizás sea porque no se siente identificada en un espacio tan vanguardista concebido por dos “arquitectos estrella” y que ha constado 4,5 millones de euros. Muchos de los vecinos no le dan el mismo valor, sentimental si queremos, que le daban a la vieja Sala Pinòs, la “de toda la vida”, antes que ésta fuera demolida para crear el solar donde surge ahora la nueva biblioteca. Pero hay más. En realidad, la nueva biblioteca no está en “el centro” del barrio, porque su verdadero centro es la Rambla del Camarón, precisamente enfrente del Casal, un espacio del cual todo se puede decir salvo que esté vacío.

Para el PTBM vinieron muchos técnicos expertos para trabajar sobre el terreno, en persona, desde la cercanía. No han conseguido aportar soluciones importantes a nivel social, en las unidades familiares. Entonces ¿tampoco funciona la investigación desde la cercanía?

La investigación desde la cercanía en realidad tendría en éxito potencial, pero su mayor riesgo es caer en el moralismo, el sensacionalismo o el glamour. Esto pasa cuando ese tipo de investigación no viene integrada por un conocimiento histórico y social del barrio en su intimidad. Podemos ser técnicos muy expertos y capaces, pero si no tenemos un mínimo de atención y respecto hacia una realidad social que, al fin y al cabo, desconocemos y que, en cierta medida, no nos pertenece, entonces no servimos para nada. Es más, simplemente estorbamos. A manera de ejemplo sería interesante recordar cuando, a finales de los 90, Josep Antoni Acebillo (entonces director de Barcelona Regional, la agencia que jugó un papel fundamental en determinar los contenidos del PTBM) se obstinaba en convencer a los vecinos de la gran oportunidad que presuponía para La Mina la celebración del Fòrum 2004. La propuesta de Acebillo era, básicamente, que el barrio se pusiera en manos de los promotores y de “los ricos”, que con sus inversiones habrían hecho posible el “verdadero cambio social” del barrio.

Los sistemas que se han utilizado para “transformar” al barrio a nivel social no han sido efectivos. Entendemos, además, que hacen falta varias generaciones para poder percibir grandes avances. Sin embargo, ¿piensas que hay métodos que puedan ser más efectivos en la transformación social de un barrio? ¿Cuáles?

A veces bastaría simplemente que las administraciones escucharan a los vecinos, sin dejarse seducir por los intereses privados del mercado inmobiliario. Si de verdad es cuestión de establecer un método, pues que éste se base en la escucha, el dialogo y la participación real de los vecinos. En La Mina, la participación vecinal que tanto abanderan las instituciones ha quedado reflejada únicamente en los informes necesarios para cumplir con la Ley de Barrios de 2004 o mantener la financiación proveniente de la Comunidad Europea.

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