Archivo mensual: enero 2016

Colonia, la cultura de la violación y su lógica espacial

Fuente: Andrea Zennaro

Fuente: Andrea Zennaro

Por Cecilia Vergnano (OACU

Hay algunos elementos en común entre la narración mainstream de los ataques de París del pasado noviembre y la de las agresiones de nochevieja en Colonia. Tanto en uno como en otro caso, los sucesos han sido descritos como agresiones por parte de “extranjeros” que, con sus conductas violentas, intentarían amenazar “nuestros valores”, “nuestra libertad” y “nuestro estilo de vida”. En particular, nuestro tiempo para la fiesta, el ocio y la diversión. Mucho más interesante sería observar que las relaciones de dominación entre el norte y el sur del mundo, entre el centro y la periferia globales, entre el centro y la periferia urbana, así como las relaciones de dominación masculina, se rearticulan en este momento histórico de una manera que puede llegar a ser particularmente visible en los espacios públicos de nuestras ciudades.

Tanto en París como en Colonia, la imagen tranquilizadora del espacio público como un lugar normativizado, pacificado y seguro resulta crispada. Estos ataques ponen en evidencia que este espacio ideal donde se realiza la “vida pública” en sentido abstracto y habermasiano (la asociación libre e igualitaria entre sujetos que establecen entre sí vínculos de mutuo reconocimiento) nunca ha existido. La calle vuelve a ser peligrosa, y una de los motivos que generan las grandes oleadas de pánico moral de estos días es que se trata de la calle de algunos barrios considerados como “seguros”, centricos y gentrificados. Quien habla de los “valores de nuestra sociedad” contrapuestos al “oscurantismo islámico”, olvida que la violencia sobre los cuerpos de las mujeres, así como las matanzas indiscriminadas de civiles inocentes, no son una prerrogativa exclusiva de “civilizaciones atrasadas”.

Por lo que concierne las violencias de género, en particular, son conocidos los datos que nos revelan que en Europa casi un cuarto de las mujeres han sufrido violencias físicas, psicológicas y sexuales (dos tercios de ellas, en sus hogares domésticos, por parte de sus compañeros u otros miembros de la familia). Y todavía es frecuente la percepción del espacio público por parte de muchas mujeres como un espacio inseguro, que se atraviesa usualmente expuestas a la mirada masculina y también, en ciertos horarios o en ciertos sitios, a las agresiones – por el simple hecho de ser mujer. En definitiva, las violencias y los abusos contra las mujeres no han acontecido solamente en Colonia la noche del 30 de diciembre. Todas formas de violencia son, de alguna manera, “sexuadas”, e interpretar lo que ha pasado en nochevieja como un choque de civilizaciones no hace sino entorpecer (o instrumentalizar) el debate.

Son bien conocidas y exploradas las relaciones entre racismo y sexismo, que incluso llegan a coincidir en su definición (el desprecio o miedo hacia quienes pertenecen a otros grupos, definidos por criterios supuestamente “genéticos”), de manera que es difícil separar analíticamente los dos fenómenos. Yendo más allá de estas reflexiones pedantemente formales, hay quien ha magistralmente explicado la aparente contradicción entre las ideologías universalistas e igualitaristas propias de la modernidad “occidental”, por un lado, y el racismo y el sexismo, por el otro, como una tensión inherente a la existencia misma del capitalismo y su necesidad de estructuración de la fuerza de trabajo (Balibar, en Balibar y Wallerstein 1991).

Mirando las cosas desde una perspectiva espacial, creo que hay que decir dos palabras sobre los espacios donde estos episodios se han producido. La antropología urbana ha evidenciado el carácter construido del espacio como un producto social. Sería interesante observar los procesos a través de los cuales los espacios del 11eme arrondissment, en Paris, y la Altstadt (Ciudad Vieja), en Colonia, han adquirido sus características de barrios “jóvenes”, atractivos por su oferta en diversión y ocio nocturno y, sobre todo, atractivos para la inversión en el sector inmobiliario. Solo hay que observar la subida de los precios que ha caracterizado el valor del suelo en ambos barrios en las últimas décadas. A lo largo de un siglo, el 11eme arrondissment ha pasado de ser un barrio industrial a ser un barrio popular de fuerte composición inmigrante, hasta representar el corazón de la gentrificación europea, con viviendas cuyo valor alcanza tranquilamente los 10.000 euros al metro cuadrado.

Estos procesos evidentemente no son exentes de impactos sociales, puesto que la composición del barrio ha profundamente cambiado, provocando una expulsión de una parte sus habitantes – los más fragilizados frente a la subida de los precios – y la llegada de una nueva clase más acaudalada. Por otro lado, es suficiente echar un ojo a la evolución de los precios en el casco antiguo de Colonia (el barrio alrededor de la estación) para darse cuenta de los procesos de especulación en curso. Bien conocida y explorada por muchos investigadores y científicos sociales es la sucesión de las diferentes fases que caracterizan los procesos de gentrificación de un barrio, que conlleva, entre otras cosas y en muchos casos, la aparición masiva de lugares destinados al ocio nocturno como factor que posibilita y justifica la subida del valor del suelo. Un lugar donde la gente va a pasar la noche es, de hecho, un lugar que en la percepción común se presenta como seguro, pacífico y desconflictivizado. Y son justamente estas explosiones de violencia las que provocan el levantamiento de los pánicos morales más profundos.

Ahora bien, lejos de justificar dichas violencias como “restauradoras de justicia” en un contexto estructuralmente injusto (lo cual sería completamente alejado de mis intenciones), se trata simplemente de evidenciar aquí su carácter arbitrario en un contexto también arbitrariamente violento, y sin embargo percibido e interiorizado como “normal”, “cotidiano” o “natural”. De hecho la noción de “espacio público”, tal como se utiliza actualmente, fundamenta y legitima lo que podría llamarse “el derecho a excluir”: a relegar a las periferias la así llamada “violencia callejera”, a relegar al espacio doméstico la mayoría de las violencias de género. La gentrificación de los centros urbanos tiene sus costes en lo que concierne fenómenos conocidos y estudiados entre sociólogos e investigadores sociales, como (entre otros) la marginalización de hombres jóvenes inmigrantes, o los procesos ligados a formas específicas de construcción de la masculinidad entre en las segundas o terceras generaciones de inmigrantes.

Habría que hablar además de las diferentes formas de la violencia sexuada. Una agresión en la calle como la acontecida en Colonia conlleva una hiperrepresentación de un determinado sector de población (los así llamados “inmigrantes indeseados”), mientras que una forma clásica de violencia sexuada que es la violencia doméstica mostraría unos datos completamente diferentes en lo que concierne la procedencia geográfica de los agresores, sus niveles de estudio y su extracción socioeconómica. Así como encontraríamos especificidades analizando el fenómeno del turismo sexual fuera de Europa, en países que se han convertido en “paraísos sexuales” para turistas europeos en busca de mujeres, niños y niñas cuyas condiciones de miseria les imponen la prostitución como una opción que es todo menos que libre. No distinguir y analizar las especificidades de las diferentes formas de violencia sexuada es bastante irresponsable, porque quiere decir reconocer solo una forma, que es aquella “de calle” – y no de cualquier calle, sino solamente las calles del “primer mundo”.

Muchísimas mujeres habitantes de ciudades europeas (“autóctonas” o “inmigrantes”) pueden testificar que, durante los últimos años, muchas de las molestias o agresiones que han sufrido en la calle procedían de ciudadanos “no nacionales”. La proporción se invierte completamente cuando hablamos de feminicidios – la mayoría llevados a cabo dentro de los muros domésticos, por parte de las mismas parejas o exparejas de las víctimas. La pregunta que hay que hacerse, entonces, es ¿quién está en la calle? ¿y quién está en el hogar? ¿quién en el espacio público, y quién en el espacio doméstico? Y, se podría añadir, ¿quién encontraríamos en las calles de Tailandia, Singapore, Brasil, Marruecos, comprando su propio placer sexual en contextos de pobreza? ¿Quiénes son los agresores en las zonas en las que se despliegan misiones de paz de los cascos azules de la ONU – repetidamente acusados de violaciones? Una larga serie de “etcétera” es obligatoria.

La verdadera “noticia” entonces, en las agresiones de Colonia, es que estas invierten una lógica que nadie discute, que es la de la cultura de la violación: violación que parece ser socialmente aceptada cuando sigue las corrientes de la violencia estructural, desde el centro a la periferia del sistema mundo (y del sistema urbano) pero nunca al revés; violación legítima dependiendo de los agresores y las víctimas, sus respectivas razas y el espacio en la que ésta se consuma.

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Setge a Collserola. Vallcarca-Penitents, darrera frontera urbana?

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Font: OACU

Per Meritxell Sucarrat (ICA) i Marco Luca Stanchieri, José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Aquest text és el prefaci d’un projecte que, sota el nom “Les setze portes de Collserola. L’experiència d’un Parc Metropolità a la Barcelona de principis del segle XXI. El cas de Vallcarca-Penitents”, s’ha presentat pel seu finançament al IPEC.

Després de la urbanització del front marítim, entre finals dels anys 80 i principis dels 90 del segle passat, que comportà que Barcelona es donés a conèixer definitivament al món (la Barcelona dels Jocs Olímpics del 92) com a destinació turística i ciutat model[1], a principis de la segona dècada del 2000, el continu desenvolupament de Barcelona es planteja a través de la redefinició de la relació dels barris de muntanya, densament poblats i urbanitzats, amb la Serra de Collserola convertida en parc natural des de 2010[2]. Un atent recorregut al llarg de la història urbanística de la ciutat[3] ens permet establir una continuïtat mai interrompuda, entre les polítiques franquistes que aspiraven a la Gran Barcelona[4] i el plantejament actual.

El que abans de la Transició democràtica, i fonamentalment als anys 50-60 s, es va anomenar com a “desarrollismo”, va continuar i trobar l’empenta definitiva -ja sota el paraigua democràtic- de les mans del neoliberalisme, projectant Barcelona cap a una descontrolada mercantilització de l’espai. Entre els grans projectes, destacà la voluntat de l’exalcalde franquista Josep Maria de Porcioles[5] de connectar la ciutat amb el Vallès mitjançant tres túnels que perforarien la serra de Collserola a Vallvidrera, Penitents i a Horta i, al mateix temps, definir un imponent zona d’interès turístic a la muntanya. A més a més, la realització d’aquestes connexions amb les ciutats del Vallès comportaria una redefinició del tram viari pròxim als túnels i al parc que afectaria els barris més extrems.

Encara que finalment es va realitzar només el túnel de Vallvidrera, tot i així els terrenys originàriament afectats per a la realització del túnels, seguiran sent-ho en el Pla General Metropolità del 1976, i avui dia encara pateixen aquesta reserva de sòl per a futures transformacions de la trama urbana. L’actual voluntat de fomentar, amb previsions a llarg termini, una interrelació entre la natura de la Serra de Collserola i els barris, creiem que respon a la mateixa lògica neoliberal amagada per sota d’una amnèsica capa d’abstractes concepcions estètiques i paisatgístiques que transformarien el territori afectat mitjançant la creació d’espai enjardinats que no deixarien de ser “espais públics de qualitat”[7].  És a dir, tornaríem a parlar d’espais de i pel consum, indicatius de nous tipus de segregació social impulsat per veritables trampes construïdes sobre la idealització de la natura[8].

La concepció del Parc Metropolità de Collserola com l’element diferenciador que caracteritzi la imatge urbana de Barcelona –fent-la més atractiva, més competitiva i més sostenible en el context global actual-, cal situar-la en relació amb el context influït pel Conveni Europeu del Paisatge (2000), la Llei catalana de protecció, gestió i ordenació del paisatge (2005), i la consolidació d’una cultura de valoració de la natura que comporta engegar iniciatives que fomentin l’ús social i econòmic de la natura, per part dels poders polítics. Aquest marc legal va permetre al Departament d’Hàbitat Urbà presentar, el 2013, el Pla del Verd i de la Biodiversitat de Barcelona 2020. Aquest últim, més que un veritable pla d’intervenció urbanística, va representar una visionària proposta d’actuació a gran escala amb la qual rendibilitzar el “verd urbà” mitjanant la promoció i exaltació de la natura i executant plans urbanístics com ara el de les 16 Portes de Collserola.

Tot i que va ser l’equip de govern municipal en representació de CIU el que va publicar aquest disseny urbanístic, el trobarem sense gaire dificultat com a marc de referència dels objectius ecologistes, urbanístics i de mobilitat  de l’actual govern municipal,[9] que segueix vertebrant les seves polítiques urbanístiques sobre els clàssics i controvertits conceptes d’espai públic de qualitat i participació ciutadana que han conformat el fortament criticat “Model Barcelona”[10]. Recordem que aquest Model es va erigir sobre les idees arquitectòniques, higienistes i monumentals dels arquitectes Oriol Bohigas i Josep Acebillo durant les dècades de 1970 i 1990 del segle passat i de les polítiques participatives del “margallismo”  dels anys 80 del segle XX [11]. A aquests pilars conceptuals se li afegeixen ara els termes més recents de resiliència urbana i sostenibilitat, fruit dels nous reptes que planteja l’ambició de les polítiques urbanístiques neoliberals barcelonines, que sembla no acaben d’abandonar la idea de convertir la ciutat de Barcelona en una de les més eficients Smart Cities del món, en una època de dificultats socioeconòmiques.

Dins d’aquest context jurídic, urbanístic i retòric, el discurs pel qual es vol legitimar la creació d’un nou tipus de relació ordenada entre Barcelona i la Serra de Collserola es fonamenta en la idea bàsica d’una renaturalització de la ciutat que passa per incentivar la penetració de la natura als barris. En aquest context, la natura  representada per la serra de Collserola es presenta com una natura domesticada on els límits entre la ciutat construïda (edificada) i el Parc esdevenen punts d’intervenció claus, a més de les intervencions projectades per al canvi de percepció (una percepció més natural) en el teixit urbà ja existent. Antoni Vives, regidor d’ Habitat Urbà a finals del 2012,  no hauria pogut ser més precís en definir els objectius del pla de les 16 Portes de Collserola: aconseguir que “la natura baixi a la ciutat i que les persones puguin pujar, de manera ordenada, a la natura”[12].

Per la seva part, el gerent del govern de Convergència Democràtica (2011-2015), fora de l’aprovació gairebé unànime de les oposicions[13] del consistori, establia un termini de vint anys perquè l’Ajuntament portés a terme l’ambiciós projecte metropolità de crear 16 corredors verds  (les 16 portes de Collserola) que haurien d’afavorir la interrelació entre la natura i la ciutat, des del primer cinturó de ronda fins al Parc Natural de Collserola. D’aquesta manera, es planteja articular la natura i la ciutat a través d’actuacions en la franja de contacte entre ciutat i parc, i  l’ordenació dels espais lliures de transició entre el medi natural i el medi urbà. També es parla de dissenyar itineraris, recorreguts i trajectes que legitimin una nova mirada sobre Collserola, així com de conceptes com naturbà i rurbà, en l’intent per transcendir la dicotomia camp-ciutat, mentre les intervencions programades sobre la ciutat es plantegen com una oportunitat per millorar la qualitat de vida dels barris de muntanya en el seu retrobament amb la natura[14].

Més enllà d’aquestes aspiracions que podríem definir com “bucòliques”, hi ha objectius del pla que tenen a veure amb la conversió dels barris populars en zones amb un fort impacte turístic i que posen en perill la persistència in situ de la població resident, gens interessada a convertir els espais de la seva vida quotidiana en horts i jardins bonics i ordenats, resultat de la revalorització del territori per la imposició d’un canvi estètic i d’ús. Donada la importància de les actuacions previstes en la vida diària de la població dels barris directament afectats, creiem que la recerca etnogràfica i l’anàlisi crítica de les dades obtingudes són imprescindibles per documentar i interpretar la realitat de primera mà i entendre la idiosincràsia i la identitat de cada barri en la seva articulació amb la resta de barris, en el context actual de construcció  “d’una nova Barcelona”.

Amb aquesta finalitat ens plantegem l’estudi dels impactes de l’ambiciós pla de les 16 Portes de Collserola al barri de Vallcarca i Penitents – la setena porta – i de les maneres en què localment, la població viu la relació amb els seus espais naturals i urbanitzats, i percep la voluntat política d’establir correlacions entre natura i ciutat. En el marc del concurs de les 16 Portes, el projecte de la porta número 7, la de Vallcarca i Penitents, que va obtenir el primer premi[15], ajusta els seus plantejaments sobre plans urbanístics atàvics i que han definitivament fracassat davant de l’obstinada resistència popular (2003-2016) a la Modificació del Pla General Metropolità. Tot i així, gràcies a un llarg treball etnogràfic (2009-2014) sobre els impactes socials de les transformacions urbanístiques que han afectat Vallcarca al llarg de la seva historia[16], s’ha demostrat que el barri ha patit en els últims deu anys importants destruccions del seu patrimoni construït i natural amb la utòpica voluntat frustrada de transformar el seu caràcter popular en barri residencial d’alt standing i de trànsit turístic, amb brutals operacions d’especulació immobiliària protagonitzades per constructores històriques del desenvolupament urbanístic de la ciutat.

Aquestes intervencions destructives han generat descampats i solars allà on hi havia habitatges i es desenvolupaven  activitats socials i que, amb una “trampa” urbanística i conceptual, van passar a ser definits com a “espai buits”[17] o “en desús”. Aquests espais, que preferim definir com a “vacants”[18] han evidenciat formes populars, a vegades imprevistes, de relació amb la natura en un barri de muntanya on abunden el verd, camins, rieres, pous, fonts i deus, sistemàticament ofegats amb ciment pels enderrocs que paradoxalment s’acompanyen de la producció d’un territori on les rambles, els itineraris i els passejos hi acaben tenint un paper destacat amb la finalitat de produir l’escenari per la màxima rendibilitat del sòl i afavorir la circulació de capital en zones fins al moment menyspreades per les dinasties de poder de Barcelona. Per tal de copsar la representativitat i singularitat del Parc de Collserola en el barri de Vallcarca-Penitents i quina és la seva relació amb la seva transformació urbanística i la relació dels seus habitants amb l’espai de la seva quotidiana, plantegem l’estudi de la realitat local.

Notas

[1] BORJA, J. (1995) Barcelona. Un modelo de transformación urbana, 1980-1995, Quito: PGU-LAC.

[2] El Parc Natural de Collserola està considerat el parc metropolità més gran del món amb més de 8.000 hectàrees i està situat a l’àrea més densament poblada de Catalunya, afectant el terme de nou municipis de l’àrea metropolitana de Barcelona.

[3] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015a) “Desmontando las políticas neoliberales. Una aproximación desde las ciencias sociales”, en ARICÓ, G., MANSILLA, J. A., STANCHIERI, M.L. (Coords.) Mierda de ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol·len Edicions- OACU, pp. 11-16; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015b) “Jaque al Peón. Extracción de rentas, dinastías de poder y desplazamiento de clases populares en la Barcelona contemporánea”, Comunicación en fase de publicación originariamente presentada en el panel ¡Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea, realizado en el marco del Iº Congreso Internacional de Antropología AIBR “El ser humano: culturas, orígenes y destinos” (Madrid, 7-10 julio de 2015.

[4] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86.

[5] MARÍN i CORBERA, M. (2005) Josep Maria de Porcioles: catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona: Base Edicions.

[6] DELGADO, M. (2004b) “Ciudades de mentira. El turismo cultural como estrategia de desactivación urbana”, en ENGUITA, N., MARZO, J.L. y ROMANÍ, M. (Coords.) Tour-ismes. La derrota de la dissensió, Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, pp. 55-66; CARMEN, M. (2006) “Las trampas de la cultura”, Buenos Aires: Paidós.

[7] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2014) “El discreto encanto del “espacio público””, Revista Diagonal, 38, pp. 21-24, Barcelona: ARD.

[8] CARMEN, M. (2011) “Las trampas de la cultura. Medio ambiente y segregación en Buenos Aires”, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[9] http://ajuntament.barcelona.cat/ecologiaurbana/es

[10] CAPEL, H. (2011 [2005]), El modelo Barcelona: un examen crítico. Barcelona: Ediciones del Serbal; DELGADO, M. (2005) Elogi del vianant. Del “model Barcelona” a la Barcelona real, Barcelona: Edicions de 1984; DELGADO, M. (2007) La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del “modelo  Barcelona”. Madrid: La Catarata.

[11] MAZA, G. (2005b) “Participación Urbana”, Comunicación presentada en el marco del programa Idensitat CLF/BCN 01-02, [en línea: http://www.dosislas.org/ciudades/voces/participacionurbana.html]

[12] MOISÉS J., (2012), Esquema director de les Portes de Collserola, en Territori: Observatori de projectes i debats territorials de Catalunya [en línea] 

[13] Així ho expressa MOISÉS (2012): “A nivell polític, els grups municipals de l’oposició coincidien, en termes generals, amb els objectius del projecte però discrepaven amb alguns aspectes. El PSC temia que la manca de concreció generés frustració entre els veïns i el professionals implicats mentre el PP lamentava que no se’n conegués el pressupost. Per la seva banda ICV reclamava que es condicionés el projecte de les 16 portes a l’elaboració del Pla especial de protecció de la serra de Collserola.”

[14] SOTOCA, A.; CARRECEDO, O. (2011) Naturbà. Barcelona Collserola. Una relació retrobada. Barcelona: Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.

[15] http://w1.bcn.cat/portesdecollserola/resultat-del-concurs/

[16] STANCHIERI, M.L. (2016) “ Prácticas y poéticas de un barrio en trasformación. El caso de Vallcarca en Barcelona”, Tesi doctoral, Universitat de Barcelona.

[17] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2013) “La trampa urbanística de los ‘vacíos urbanos’: casos etnográficos en Barcelona”, en DAROQUI, A. (Comp.) 20 años de pensar y repensar la sociología: nuevos desafíos académicos, científicos y políticos para el siglo XXI, Buenos Aires: UBA, [en línea: http://sociologia.studiobam.com.ar/wp-content/uploads/ponencias/1713.pdf]

[18] STANCHIERI, M.L., (2014) “Territorios de lo imprevisto: espacios vacantes, autoconstrucción y simbolización del lugar en el barrio de Vallcarca en Barcelona”, en VIEIRA DA CUNHA, N., DE LUNA FREIRE, L., MACHADO-MARTINS, M.,  et BEROCAN VEIGA, F.,  Antropologia do conflito urbano: conexões Rio–Barcelona, ( Coord.), Rio de Janeiro: Lamparina editora

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Juliana Marcus, Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo

Entrevista realizada a Juliana Marcus (OACU), en el diario argentino Diario Z

La cuestión habitacional es tema de estudio de Juliana Marcús, quien desde 2012 dirige un equipo de trabajo en el Instituto Gino Germani sobre la mercantilización del espacio urbano y la incidencia de usos legítimos e ilegítimos en Buenos Aires. “Tratamos de ver cómo impactan esos usos en la vida cotidiana de los habitantes desde los códigos culturales que tenemos incorporados, cómo reaccionamos ante estos fenómenos urbanos y cómo los vemos desde esa perspectiva”, cuenta esta doctora en Ciencias Sociales de la UBA.

¿Qué hitos se pueden mencionar en política habitacional?
Hay dos políticas importantes. A nivel nacional, el Procrear. A nivel de la Ciudad, el programa Primera Casa. El Procrear se armó de manera interesante, pero sin cubrir la demanda y la emergencia, porque se destinó a un sector medio o medio bajo, con determinadas características socioculturales y cierto nivel de ingresos, usando terrenos ociosos de la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), no ligados a la centralidad urbana que buscan los sectores medios. Estos sectores quisieran estar cerca del centro y el Procrear les ofrece tierras fiscales en Liniers, por ejemplo. El plan Primera Casa entregó pocas casas. Es un caso curioso, porque se pensó para sectores populares, pero se usa el scoring, y esos sectores no pueden acceder a créditos a los que sí podrían acceder sectores medios. A su vez, esos sectores medios no cumplen los requisitos socioculturales que plantea el crédito. Hay un doble juego de esa ilusión, ninguno se puede beneficiar con el programa.

O sea que no se satisface la demanda.
Así es. Hay un agravante. El último censo determinó que hay cerca de un millón de viviendas y 340 mil están deshabitadas. No hay política para eso, desde ningún lado. Debería haber un impuesto que grabe la vivienda ociosa, cosa que salga al mercado. Más si pensamos que la población está estabilizada en tres millones de habitantes hace décadas y el déficit habitacional sigue creciendo.

¿Cómo evalúa el boom inmobiliario?
Fue muy fuerte en la última década, pero casi no hubo acceso. Torres, countries, edificios inteligentes con amenities y expensas muy altas. Eso incentivó la especulación, gente invirtiendo en ladrillo, comprando departamentos para alquilar que en muchos casos quedaron vacíos. O sea, hay más vivienda, pero no se ocupa por la especulación. El caso extremo es Puerto Madero, el barrio con más viviendas vacías, muy poca densidad de habitantes y el m2 entre cinco y siete mil dólares.

¿Y cuál sería el caso opuesto, en relación a las viviendas ocupadas por barrio?
El contraste podría darse por Caballito y Balvanera, barrios muy poblados, de clase media, donde se hicieron muchas torres, que sí están ocupadas por esa clase media. Claro que eso llevó a situaciones de colapso, como inundaciones o cortes de luz.

¿Hay más inquilinos que propietarios?
En este momento, sí. Es un tema de estudio. Hay jóvenes de entre 25 y 35 años que salen a la busca de su primera vivienda, en la encuesta de hogares urbanos del Indec, vemos que un 70 por ciento de esos jóvenes son inquilinos, apenas un 19 por ciento son propietarios. Lo interesante es que dentro de ese 70 por ciento está el alquiler tanto en el sector formal como en el informal, las villas. Es muy alto.

¿Por qué hay déficit habitacional?
Por la ausencia de una política de vivienda, porque no hay créditos a baja tasa. Los planes cubren una demanda muy pequeña y los sueldos de los jóvenes no alcanzan para acceder a un crédito con tasas altas. Si a eso le sumás la vivienda vacía y la suba en los precios, el acceso es muy difícil. Es preocupante que no estén en agenda la regulación del suelo y la planificación urbana, que esté todo al arbitrio del mercado, y si el Estado no se mete, el acceso a la vivienda seguirá estando lejos.

¿Cómo ves el tema de las villas?
Es complejo. Hubo algunas que crecieron, como las de Barracas y Retiro. La Villa 31 es un caso emblemático, porque está en terrenos de mucho valor y está muy poblada. Se la quiso urbanizar, se la quiso desalojar, mucho manejo de punteros, pero su organización interna impide la expulsión. Crece hacia arriba, al no haber más terreno para la vivienda horizontal, se suman pisos. Termina siendo un mercado paralelo de compra y venta de viviendas. La urbanización sigue siendo un tema pendiente, se precisa voluntad política y presupuesto, y lo que hubo fue subejecución desde el Instituto de la Vivienda.

¿Sería factible hacer un barrio de clase media en donde está la villa de Retiro?
Desde la mercantilización, todo es factible. Donde hay un espacio ocioso los inversores pueden ver rentabilidad en alianza con el Estado. En el caso de Retiro lo veo complicado, pero un entendimiento público privado es algo muy visto en los últimos años.

¿Rivadavia sigue siendo la gran divisoria entre un norte próspero y un sur pobre?
Aún funciona en los mapas mentales esa idea. El pasaje urbano cambia mucho si se camina por Rivadavia. Lo mismo pasa a lo largo de la avenida Pueyrredón, o por Callao y su continuación Entre Ríos. Al caminar por allí se nota la degradación del paisaje urbano desde lo estético. No creo que haya una ciudad dual, norte y sur se articulan. Pensemos en la línea H de subte. O en los tres millones de trabajadores que ingresan por día desde la provincia. El sur necesita una revitalización, desde ya. Los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 exigen mucha inversión en la zona más pobre de la ciudad, en lugar de invertir en la calidad de vida de los vecinos.

¿El conventillo sigue siendo una presencia palpable?
Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo. El problema habitacional es grande, porque tenés la casa tomada y la villa, formas de hábitat popular urbano para 400 mil personas con problemas de vivienda. El hotel pensión funciona en el imaginario como un lugar de paso, pero termina siendo permanente para quienes no pueden salir del circuito hotelero por inestabilidad laboral.

¿El Estado puede hacer algo?
Regular es clave. Quisiera políticas que piensen en el ciudadano, que no haya alianzas con el sector inmobiliario por la especulación en sí. Son alianzas peligrosas para el bienestar ciudadano.

Perfil: Nació en Buenos Aires en 1978. Socióloga y doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora en el Conicet y en el Instituto Gino Germani. Dirige un equipo de trabajo focalizado en políticas habitacionales.

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