Archivo mensual: febrero 2016

Lo urbano como fogón de brujas

Vaga general de Barcelona en 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Vaga general en Barcelona, 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Texto originariamente publicado como prólogo al libro Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales (Pol·len, Edicions, 2015).

por Manuel Delgado (OACU)

 

“Lo urbano se alza así como horizonte, forma y luz (virtualidad que ilumina) al mismo tiempo que como práctica en marcha, como fuente y fundamento de otra naturaleza, de una naturaleza diferente de la inicial […]. La problemática urbana se anuncia. ¿Qué saldrá de ese hogar, de este fogón de brujas, de esta intensificación dramática de las potencias creadoras, de las violencias, de ese cambio generalizado en el que no se ve qué es lo que cambia, excepto cuando se ve excesivamente bien: dinero, pasiones enormes y vulgares, sutilidad desesperada? La ciudad se afirma, después estalla”.
Henri Lefebvre (1976a: 114)

Este libro que ahora arranca reúne diversas evidencias de cómo las grandes dinámicas de mutación urbana son gestadas y gestionadas desde la lógica neoliberal, es decir, a partir de los principios de un capitalismo que le exige al Estado la reducción al máximo a su papel de arbitraje económico y atención pública, pero que le asigna un papel clave como su cooperador institucional, tanto por lo que hace a la represión de sus enemigos –reales o imaginados- y la contención asistencial de la miseria, como a la producción simbólica y de efectos especiales al servicio del buen funcionamiento de los mercados.

De tal alianza entre penetración capitalista y políticas públicas resulta una transformación de la fisonomía tanto humana como morfológica de muchas ciudades, consistente en favorecer la revitalización como espacios-negocio de barrios céntricos o periféricos que fueron populares, o de antiguas zonas industriales o portuarias ahora abandonadas, que se recalifican como residenciales “de categoría” o se colocan al servicio de las nuevas industrias tecnológicas y cognitivas. Esos macro-procesos de transformación urbana suponen consecuencias sociales que se resumen en una ley que raras veces no se cumple: rehabilitar un barrio es inhabilitar a quienes fueron sus vecinos para continuar viviendo en él. O, dicho de otro modo: reformar es expulsar.

También los casos que se nos exponen a continuación son pruebas del papel no solo de intereses económicos catastróficos y de administraciones públicas lacayas a su servicio, sino de cómo arquitectos, diseñadores y urbanistas convierten en planes y proyectos esas intenciones y cómo no faltan teóricos en condiciones de aportar altas razones para las dinámicas de destrucción y entristecimiento de la ciudades. Con ello se demuestra que Henri Lefebvre continúa teniendo razón en que lo propio de la tecnocracia urbanística es la voluntad de controlar la vida urbana real, que va pareja a su incompetencia crónica a la hora de entenderla.

Considerándose a sí mismos gestores de un sistema, los expertos en materia urbana pretenden abarcar una totalidad a la que llaman la ciudad y ordenarla de acuerdo con una filosofía –el humanismo liberal- y una utopía, que es en esencia, como corresponde, una utopía tecnocrática. Su meta continúa siendo la de imponer la sagrada trinidad del urbanismo moderno: legibilidad, visibilidad, inteligibilidad (Lefebvre 2013: 151). En pos de ese objetivo, creen los expertos que pueden escapar de las constricciones que someten el espacio a las relaciones de producción capitalista.

Henri Lefebvre durante el rodaje del programa Urbanose en 1972 | Fuente: http://ppesydney.net/

Henri Lefebvre durante una entrevista televisiva en 1970 | Fuente: http://ppesydney.net/

Buena fe no les falta, ya hacía notar Lefebvre, pero esa buena conciencia de los urbanistas, arquitectos y diseñadores agrava aún más su responsabilidad a la hora de suplantar esa vida urbana real, una vida que para ellos es un auténtico punto ciego, puesto que viven en ella, pretenden intervenirla e incluso vivir de ella, pero no la ven en tanto que tal. Esos tecnócratas –tecnócratas de la ciudad- hablan de espacio, pero en realidad están pensando en suelo, puesto que ese espacio que creen que ordenan acaba tarde o temprano convertido en espacio en venta. Es un espacio vacío y primordial, neutro, en condiciones de recibir contenidos fragmentarios y disjuntos. Es, por definición, el espacio de las clases medias, precisamente porque ellas también son o quisieran ser neutras y encuentran o creen encontrar en ese espacio “un espejo de su ‘realidad’, de representaciones tranquilizantes, de un mundo social en el que han encontrado su lugar, etiquetado, asegurado” (Lefebvre 2013: 356), aunque es verdad que ese es solo un efecto óptico, la consecuencia ilusoria de que esas clases medias han sido objeto al brindársele un falso alivio para unas aspiraciones que la realidad nunca satisfará.

Para Lefebvre, tanto el urbanismo como la arquitectura de ciudades se han constituido en ciencia, técnica e ideología de la desactivación del espacio urbano, entendido como espacio de y para lo urbano. Recuérdese la distinción que Lefebvre (1976b: 68-69) plantea entre la ciudad y lo urbano. La ciudad es una base práctico-sensible, una morfología, un dato presente e inmediato, algo que está ahí: una entidad espacial inicialmente discreta –es decir un punto o mancha en el mapa-, a la que corresponde una infraestructura de mantenimiento, unas instituciones formales, una gestión funcionarial y técnica, unos datos demográficos, una sociedad definible…

Lo urbano, en cambio, es otra cosa: no requiere por fuerza constituirse como elemento tangible, puesto que podría existir y existe como mera potencialidad, como conjunto de posibilidades. La ciudad es palabra, habla, sistema denotativo. Lo urbano va más allá: no es un tema, sino una sucesión infinita de actos y encuentros realizados o virtuales, una sensibilidad hacia las metamorfosis de lo cotidiano, que le debe no poco a la sensibilidad de Charles Baudelaire a la hora de descubrir lo abstracto y lo eterno en los elementos más en apariencia banales de la vida ordinaria, la proliferación en ella de todo tipo de proyecciones e imágenes flotantes.

La vida urbana –lo urbano como forma de vida- “intenta volver los mensajes, órdenes, presiones venidas de lo alto contra sí mismas. Intenta apropiarse el tiempo y el espacio imponiendo su juego a las dominaciones de éstos, apartándoles de su meta, trampeando… Lo urbano es así obra de ciudadanos, en vez de imposición como sistema a este ciudadano” (Lefebvre 1978: 85). Lo urbano es esencia de ciudad, pero puede darse fuera de ella, porque cualquier lugar es bueno para que en él se desarrolle una sustancia social que acaso nació en las ciudades, pero que ahora expande por doquier su “fermento, cargado de actividades sospechosas, de delincuencias; es hogar de agitación. El poder estatal y los grandes intereses económicos difícilmente pueden concebir estrategia mejor que la de desvalorizar, degradar, destruir la sociedad urbana…” (Ibíd.: 99).

Lo urbano es lo que se escapa a la fiscalización de poderes, saberes y tecnologías que no entienden ni saben qué es lo urbano, puesto que “constituye un campo de visión ciego para aquellos que se limitan a una racionalidad ya trasnochada, y así es como corren el riesgo de consolidar lo que se opone a la sociedad urbana, lo que la niega y la destruye en el transcurso del proceso mismo que la crea, a saber, la segregación generalizada, la separación sobre el terreno de todos los elementos y aspectos de la práctica social, disociados los unos de los otros y reagrupados por decisión política en el seno de un espacio homogéneo” (Lefebvre 1976b: 71).

No obstante los ataques que constantemente recibe lo urbano, y que procuran desmoronarlo o al menos neutralizarlo, éste –sostiene Lefebvre- persiste e incluso se intensifica: “Las relaciones sociales continúan ganando en complejidad, multiplicándose, intensificándose, a través de las contradicciones más dolorosas. La forma de lo urbano, su razón suprema, a saber, la simultaneidad y la confluencia no pueden desaparecer. La realidad urbana, en el seno mismo de su dislocación, persiste” (Ibíd.: 121). Es más, se antoja que la racionalización paradójicamente absurda que pretende destruir la ciudad ha traído consigo una intensificación de lo urbano y sus problemáticas.

De ello el mérito le corresponde a habitantes y usuarios que, a pesar de los envites que padece un estilo de vida que no deja nunca de enredarse sobre sí mismo, o quizás como reacción ante ellos, “reconstituyen centros, utilizan lugares para restituir los encuentros, aun irrisorios” (Lefebvre 1978: 100). Para Lefebvre, lo urbano no es substancia ni ideal: es más bien un espacio-tiempo diferencial. Lo urbano es el lugar “en que las diferencias se conocen y al reconocerse se aprueban; por lo tanto se confirman o se invalidan. Los ataques contra la urbano prevén fría o alegremente la desaparición de las diferencias” (Lefebvre, 1976a: 100). Lo urbano no es ya sino la radicalidad misma de lo social, su exacerbación y, a veces, su exasperación. Lo urbano, al mismo tiempo que lugar de encuentro, convergencia de comunicaciones e informaciones, se convierte en lo que siempre fue: lugar de deseo, desequilibrio permanente, sede de la disolución de normalidades y presiones, momento de lo lúdico y lo imprevisible (Lefebvre 1978: 106). Lo urbano es lo que aporta “movimiento, improvisación, posibilidad y encuentros. Es un “teatro espontáneo” o no es nada” (Ibíd.: 157).

Los tecnócratas urbanos creen que su sabiduría es filosófica y su competencia técnica, pero saben o no quieren dar la impresión de saber de dónde proceden las representaciones a las que sirven, a qué lógicas y a qué estrategias obedecen desde su aparentemente inocente y aséptica caja de herramientas. Están disuadidos de que el espacio sobre el que reciben instrucciones para actuar técnicamente está vacío, y se equivocan, porque en el espacio urbano la nulidad de la acción sólo puede ser aparente: en él siempre ocurre algo. De manera al tiempo ingenua y arrogante, piensan que el espacio urbano es algo que está ahí, esperándoles, disponible por completo para sus hazañas creativas. No reconocen o hacen como si no reconociesen que ellos mismos forman parte de las relaciones de producción, que acatan órdenes.

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: MArio Gaviria

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: Mario Gaviria

Frente a un control sobre la ciudad por parte de sus poseedores políticos y económicos, que quisieran convertirla en valor de cambio y que no dudan en emplear todo tipo de violencias para ello, lo urbano escapa de tales exigencias, puesto que se conforma en apoteosis viviente del valor de uso. Lo urbano es el reino del uso, es decir del cambio y el encuentro liberados del valor de cambio. Es posible que la ciudad esté o llegue a estar muerta, pero lo urbano persistirá, aunque sea en “estado de actualidad dispersa y alienada, de germen, de virtualidad. Lo que la vista y el análisis perciben sobre el terreno puede pasar, en el mejor de los casos, por la sombra de un objeto futuro en la claridad de un sol de levante…” (Ibíd.: 125). Un porvenir que el ser humano no “descubre ni en el cosmos, ni en el pueblo, ni en la producción, sino en la sociedad urbana”. De hecho, “la vida urbana todavía no ha comenzado” (Ibíd.: 127).

La colección de textos que sigue es una contribución a la defensa de lo urbano contra sus enemigos, tanto materiales –los planes y los planos- como ideológicos –los ensalmos para apaciguar las ciudades-. Son la consecuencia de experiencias implicadas no sólo en el conocimiento de la vida urbana sino también a su servicio. Todos los materiales aquí reunidos son homenaje al pensamiento lúcido de Henri Lefebvre, como explícita o implícitamente lo es todo lo que se está diciendo y escribiendo para denunciar los intentos de apagar ese fogón de brujas del que nos hiciera la exaltación.

Acredita el trabajo de la gente del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y de amigos/as con quienes comparte teorías e impaciencias. Sabiéndolo o no, han asumido el mandato de reeditar la misma confluencia que fundó el concepto de modernidad que Lefebvre hizo suyo, una modernidad forjada en la segunda mitad del siglo XIX como una síntesis o sobreposición entre dos horizontes: el de transformar el mundo –Marx, Bakunin- y el de transfigurarlo –Baudelaire-, es decir, modificar la realidad y, al tiempo, burlarse de ella y desafiarla (Lefebvre 1971: 155-171).

En ello consistió la llamada de Lefebvre a devenir de nuevo modernos y hacerlo en una nueva clave revolucionaria, consistente en avanzar hacia lo que él llamó lo posible-imposible (Lefebvre 1972: 50-52), es decir, en huir de lo que se le opone, que es lo posible-posible –acomodarse, tomar distancias con el presente, disponer de puertas de salida o vías de escape- y hacer lo que se nos propone en este libro: proclamar una actitud, no una doctrina; convertir la desesperanza en rabia y frenesí; vivir desgarradamente la plenitud de la belleza y la urgencia de las luchas.

Bibliografía

LEFEBVRE, H. (1971 [1962]) Introducción a la modernidad, Madrid: Tecnos.

LEFEBVRE, H. (1972 [1957]) “El romanticismo revolucionario”, en Más allá del estructuralismo, Buenos Aires: La Pléyade, pp. 27-52.

LEFEBVRE, H. (1976a [1970]) La revolución urbana, Madrid: Alianza.

LEFEBVRE, H. (1976b [1972]) Espacio y política, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (1978 [1968]) El derecho a la ciudad, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (2013 [1974]) La producción del espacio, Madrid: Capitán Swing.

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Las manos sobre Barcelona

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Joan Clos, contemplando la zona Fòrum desde un hotel de la Diagonal en 2004 | Fuente: Carles Riba

Texto originariamente publicado en Ciutat Morta: crònica del cas 4F, coordinado por Mariana Huidobro, Katu Huidobro y Helen Torres

por José Mansilla y Giuseppe Aricó (OACU)

En 2006 Barcelona vivía todavía la resaca del Fòrum de les Cultures 2004, uno de los fracasos más sonados de su historia. La ciudad se había quedado años antes sin poder ser Capital Europea de la Cultura y buscó, de forma casi desesperada, una excusa para llevar a cabo un nuevo e inmenso proceso de transformación en los límites de su última y codiciada frontera urbana: la desembocadura del Besòs. A pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos invertidos por el Ajuntament, la Generalitat, el Gobierno del Estado y el sector privado –más de 3.200 millones de euros y una recalificación de 330 hectáreas, cifra cuatro veces superior a la intervenida para los JJOO de 1992- el megaevento no cumplió ni de cerca con las expectativas generadas en cuanto a público o visibilidad.

Como si ello no bastara, barrios fuertemente estigmatizados, como La Mina, quedaron definitivamente aislados y ocultos a la sombra de unas imponentes estructuras hoteleras, inmobiliarias y comerciales surgidas como setas en la zona recuperada. Pero como todos los fracasos, este también fue relativo. Efectivamente, las inmensas plusvalías generadas mediante esa colosal reforma urbanística,  trasferidas al capital financiero e inmobiliario de la ciudad, supusieron el verdadero “éxito” del Fórum. La ciudad vivía así los últimos años de la impostura del Model Barcelona, una forma de hacer ciudad que vivió su máximo esplendor durante las olimpiadas y que reveló su verdadera cara en ese primer lustro del nuevo siglo.

Del supuesto urbanismo ciudadano y participativo, de la continuidad de la trama urbana, de la apuesta por los espacios públicos y los equipamientos no quedaba nada. Barcelona, entregada al neoliberalismo, proseguía su configuración como “escenario de consumo” y adjudicaba grandes extensiones de terreno a empresas inmobiliarias internacionales como Hines, responsable de Diagonal Mar, para que hiciese de su capa un sayo. Se abandonaba toda veleidad aparentemente socialdemócrata –como las ideas de Oriol Bohigas y su pretensión de “monumentalizar la periferia” y “dignificar el centro”- y la ciudad, más que como “modelo”, comenzaba a venderse cada vez más como Marca.

Unos años antes, el Ajuntament había puesto en marcha el Distrito 22@ en 116 hectáreas del barrio del Poblenou. La intervención, la mayor llevada a cabo sobre la ciudad hasta ese momento, perseguía la creación de un polo empresarial vinculado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre parte del “obsoleto” tejido industrial del antiguo Manchester català. Los pequeños talleres y empresas auxiliares que ya existían en el área, vestigios de su pasado fabril, fueron despreciados como generadores de crecimiento y empleo y en su lugar se esperó, como maná caído del cielo, la llegada de grandes firmas tecnológicas. Ni que decir tiene que esto nunca ocurrió.

Los que sí llegaron fueron muchos hoteles que, aprovechando la disponibilidad de espacios baratos y la apuesta municipal por el turismo en la zona, lograron grandes plusvalías vendiendo el suelo que abandonaban en otras áreas de la ciudad, como el Eixample. La crisis (léase estafa) económica de unos años después hizo el resto y el Poblenou, como muchos otros barrios de la ciudad, mantiene aún hoy día grandes solares vacíos. Pero la voracidad, como la estupidez, no tiene límites y grandes zonas de la ciudad consolidada fueron igualmente objeto de violentas intervenciones urbanísticas que se presumieron urbanas.

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Acción reivindicativa contra la Marca Barcelona y sus eslogans | Fuente: Míren Sánchez (http://mirarescucharcallar.blogspot.com.es/)

El año 2006 también es el año de la vergüenza para un Ajuntament que llegó a enviar la Guardia Urbana a arrancar las tomateras plantadas por los vecinos y vecinas del barrio de la Ribera. Estamos hablando del, desde entonces denominado, Forat de la Vergonya, un solar ubicado a escasos metros del renovado Mercat de Santa Caterina y que inicialmente estaba destinado a ser un aparcamiento para el turismo que llegaba al barrio. La idea de las instancias municipales era convertir la zona –parte de la cual se popularizaría con el mucho más eufónico nombre de El Born– en una tesela más de la Barcelona escaparate.

Se trataba, en definitiva, de conformar una ciudad proyectada a escala global, que compitiera internacionalmente por la atracción de un “turismo cultural” –lo que viene a querer decir, de elevado nivel de ingresos- mediante la instalación en sus fronteras de elitistas contenedores como el Museu Picasso, de la mercantilización de Santa Maria del Mar o de la fútil reforma del Mercat con su cubierta de tejas coloreadas. El vecindario, necesitado de zonas de socialización, y si eran verdes, mejor, tuvo la osadía de hacer suyo el espacio creando su propio jardín, huerto, mobiliario urbano y zona deportiva, lejos del glamour intrínseco al pensamiento municipal institucional, algo que no podía ser permitido en un barrio destinado a la aparición de lofts y apartamentos para las denominadas “clases creativas”.

Tuvo que ser la prensa, al recoger los conatos de violencia contra el desalojo, la que situara el punto de atención sobre un tema que, de otra manera, hubiera pasado desapercibido. Más allá de la cierta simpatía que pudiera despertar la apropiación vecinal de un espacio para crear una plaza, lo que no llegaron a entender –léase aterrorizar- las manos que se posaban sobre la ciudad, es el hecho de que la gente normal pudiera crear un espacio normal, de gestionarlo y aprovecharlo lejos del tutelaje oficial y la acción del mercado. Por supuesto, algo así no podía ser permitido porque correría el peligro de convertirse en un ejemplo, una alternativa posible o, cuanto menos, propiciable. Es ahí donde debemos insertar parte de los factores que desencadenaron los hechos de aquella noche del 4 de febrero.

Si las grandes empresas multinacionales cuentan con departamentos enteros que velan por la buena reputación de su marca, en Barcelona esta responsabilidad recaía y recae directamente sobre el Ajuntament. La millor botiga del món no podía permitir que parte de sus calles y sus plazas estuvieran pobladas de vecinos, punkis, anarkas o antisistemas, sea eso lo que sea, y menos que éstos pretendieran generar espacios propios, liberados de las ataduras de la mercantilización extrema que vive la vida cotidiana de las ciudades depreciando, de paso, el valor de la propiedad inmobiliaria. Por este propósito, el teatro okupado del número 55 de la calle Sant Pere més Baix tenía que ser literalmente eliminado, como eliminadas tienen que ser todas aquellas imperfecciones que empañan cualquier producto. Rodrigo, Juan y Alex, al igual que Patricia, simplemente se toparon con parte del departamento de limpieza, en el sentido amplio de la palabra, de la Marca Barcelona.

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Mariana y Katu Huidobro, durante una manifestación en apoyo a los detenidos del caso 4F | Fuente: Jordi Secall (http://jordisecall.blogspot.com.es/)

Ironías de la vida, el alcalde de la ciudad de aquellos años, Joan Clos, al frente también del desastre del Fòrum y del 22@, después de un breve paso por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del Estado español, así como de las Embajadas de Turquía y Azerbaiyán, ha llegado a ser el máximo dirigente del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), cuya misión es la promoción de pueblos y ciudades social y ambientalmente sostenible con el objetivo de proporcionar “vivienda adecuada para todos y todas”.

Hoy día, Barcelona sigue imparable su viaje hacia la total esterilización de su espacio urbano. Con solo dar una vuelta por el entorno del antiguo Mercat del Born, hoy Born Centre Cultural, o la calle Montcada y su nuevo Museu de les Cultures del Món es posible observar la descontrolada aparición de nuevos bares y restaurantes poblados de cientos de terrazas, comercios chic, establecimientos de productos ecológicos a precios imposibles, así como tiendas y más tiendas de souvenirs turísticos exactamente iguales a las que podrías encontrar en cualquier otra parte del mundo.

La soberbia expansión del Born no se detiene en sus fronteras físicas y simbólicas, acabando con cualquier viso de originalidad y despreciando lo que otrora fue su verdadera esencia popular: el barrio de La Ribera. Finalmente una triste –pero aún no imperante- victoria de las manos sobre Barcelona, convertida en una ciudad que no contempla las inquietudes ni las necesidades de sus habitantes. Una ciudad concebida y diseñada sólo para una ciudadanía obediente, pasiva y adinerada, que consagra sus calles únicamente al ocio y al consumo masivo. En definitiva, una ciutat morta.

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22@, reforma o derogació: un nou pla de desenvolupament socio-econòmic pel Poblenou

Font: A. M.

Font: A. M.

per Albert Martín (sociòleg i veí del Poblenou)

Amb el nou context al consistori barceloní el Pla22@ es torna a posar sobre la taula de debat. Des del Districte de Sant Martí s’ha posat sobre la necessitat de revisar els 15 anys d’execució i de “reformular” la intervenció urbana en el sistema productiu d’aquest. Re-enfocant l’orientació del 22@ a la “economia cooperativa i solidària, la rehabilitació del patrimoni i la sostenibilitat” en l’Eix Pere IV [1]. Mentrestant grups impulsors del 22@ com PSC i ERC apel·len a la necessitat d’una “reindustrialització” de la ciutat, sense cap autocrítica al Pla22@, ni als seus efectes ni al seu recorregut, argumentant que la seva paralització -o fracàs- es deu al govern de CiU i a la crisi econòmica. En aquest sentit, avaluar si el Pla22@ és reformulable o necessita ser derogat, i impulsar un nou pla de desenvolupament econòmic i social pel Poblenou, requereix d’un balanç dels 15 anys del Pla.

Balanç de 15 anys del Pla 22@

Tot comença quan el 27 de juliol de 2000 era aprovat per l’Ajuntament de Barcelona el 22@, una modificació dels usos del sòl permesa pel Pla General Metropolità del 1976 [2]. Amb una afectació de 115 hectàrees de sòl, l’àrea industrial anomenada 22a passava a denominar-se 22@. El que serien 117 “illes de l’Eixample” de les 180 del barri passaven de ser d’usos industrials a usos per a noves tecnologies, “economia d’activitat intensiva en coneixement”. El 22@ constituïa una de les parts del que hauria de ser el nou “triangle de centralitat” de Barcelona, un espai que comprèn l’espai entre Glòries – Front Litoral Besós – Sagrera. Segons l’Ajuntament, aquest era el “Gran Projecte Urbanístic” (GPU) que havia de revitalitzar Barcelona en el seu procés d’ascensió en la competició per la centralitat de les ciutats globals [3].

A l’abril de 2011, deu anys més tard de la presentació del 22@, immersos en una crisi global del sistema capitalista i a mig desenvolupament del Pla, l’Assemblea de Joves del Poblenou (ara Arran) presentàvem l’estudi “Torres més altes han caigut: el model 22@ al descobert” un balanç dels 10 primers anys de 22@. Amb aquest estudi vam fer públiques quines eren les lògiques i interessos del mode d’urbanització que guiava el 22@. Com estableix la geògrafa Saskia Sassen, es tracta d’uns modes de planificació urbanística que es basen en els GPU amb la voluntat de revitalitzar zones “obsoletes” per transformar-les en nodes de centralitat i concentració d’empreses –els clústers- nous sectors econòmics que pretenen potenciar (sector financer o de les noves tecnologies) [4].

Aquestes són unes formes d’urbanització emmarcades en un context de globalització on les ciutats -global-, que segons els sociòlegs Manel Castells i David Harvey, són les que prenen el protagonisme i es tornen en els actors principals en la competència per a la jerarquia internacional en la ubicació de nodes estratègics a escala global [5]. Però el discurs de l’Ajuntament de Barcelona al voltant del 22@ es va centrar en el de presentar un projecte que donaria resposta a les necessitats i deficiències que patien veïnat i barri. Poblenou havia vist com recentment era re-urbanitzat per la Vila Olímpica i el litoral; com s’estava construint del no-res el Fòrum, Diagonal i el Front Marítim; com les antigues grans naus industrials havien estat ocupades per petits tallers, magatzems i en d’altres casos buides; i com aquestes zones industrials havien estat deixades degradar a nivell d’infraestructures. El barri necessitava d’actuacions en l’àmbit laboral, en l’habitatge, en els equipaments socials i en la preservació del patrimoni històric.

A data de 2016 la majoria de les dades estadístiques no han estat actualitzades [6]. Des del 2011 no s’han tornat a fer públiques les avaluacions en relació a cap àrea d’afectació del Pla urbanístic. Al Pla només li resten cinc anys per cloure un desenvolupament projectat a 20 anys. Un desenvolupament que el 2011 mostrava les següents mancances en els diferents àmbits:

  1. Definició d’Equipaments públics:De la superfície de 136.837 m² destinada a equipaments pel 22@ va resultar que el 55% era per a “equipaments 7@”, una tipologia d’equipaments dirigits a la innovació tecnològica, a la fi a l’ús privat. Aquests equipaments (MediaPro, edifici MediaTIC, etc) foren els primeres en edificar-se, mentre que no ha estat fins a partir del 2011 que les demandes veïnals de centres de barri, reubicació d’històrics ateneus desallotjats, escola d’adults, escoles bressol i CEIP (ubicades en barracons), la biblioteca (2009), casal de joves (2016) o l’estació de metro de Poblenou (2016-17?) s’han anat executant al marge del 22@.
  2. Ocupació:El canvi d’un sector productiu basat en petits tallers, mitjanes empreses i petit comerç a un sector d’activitats @. Pel que fa als 5 clústers que volia impulsar (TIC, tecnologies mèdiques, energia, audiovisual i disseny) només el de l’audiovisual es podria dir que ha tingut èxit [7]. I pel que fa al balanç numèric amb dades de 2010 [8], el 22@ ha suposat una expulsió d’unes 840 empreses i 8.500 treballadores de les 3.437 empreses i 33.800 treballadores del 2000. El creixement d’empreses de nova creació (no trasllats) era d’unes 2.100, quedant en un increment “net” d’unes 1.200 empreses (un increment del 36,5%, mentre que a Barcelona i Catalunya es xifrava en 57 i 60% respectivament). A nivell qualitatiu les noves empreses @ eren el 27% (1.114) de les 4.500 noves empreses és a dir un reduït 15,7% del total. Finalment de les 90.000 treballadores actuals del Poblenou només han estat de nova creació unes 31.000 (uns 22.500 llocs de treball “nets”), el 17% dels 130.000 que projectava el 22@.
  3. Habitatge:En el període del 2000-10 es van construir 8.556 habitatges al Poblenou. El 22@ en projectava 4.000 de protecció oficial, però a data de 2010 se n’havien construït 700 dels que 230 havien estat per a reallotjaments [9]. A data de 2014 segons publica l’AVV del Poblenoul’habitatge de protecció executat al Poblenou es quantifica en 1.400 (un 35% del previst) [10].
  4. Patrimoni històric:L’any 2000 s’engegava l’operació d’intervenció sobre el patrimoni històric més gran dels últims vint anys a Barcelona, amb un catàleg de patrimoni acabat d’aprovar amb una metodologia obsoleta i insuficient en la seva exhaustivitat. En aquest sentit cal destacar com s’ha renovat i enderrocat –que no restaurat- moltes fàbriques simbòliques (Can Gili Vell, Can Gili Nou, Can Framis, Els Radicals oEl Passatge del Sucre) cercant l’explotació econòmica de les seves qualitats patrimonials –reconvertint-se en lofts- enlloc de tractar-les com a part del patrimoni històric del Poblenou. I per altra banda, encara destaca l’abandonament, encara ara, a data de 2016, de naus tant significatives pel barri com Can Ricart o Ca l’Alier (i fins fa poc l’Oliva Artés). El 22@ ha estat una oportunitat perduda per a la generació d’un teixit cultural i econòmic únic mitjançant la conservació i restauració del patrimoni industrial.

Aquest model d’urbanització de ciutats global es pot concloure, deu i quinze anys després, que respon a uns patrons i necessitats del propi sistema socioeconòmic capitalista, que crea un model de ciutat productiva dirigida al sector empresarial, i no a les necessitats socials i locals. Aquestes conclusions ens han de permetre replantejar, començar a abordar una altra perspectiva econòmica i urbanística per al Poblenou. Encara resta per donar ús, preservar i renovar gran part de les hectàrees d’afectació del 22@, el PERI Perú-Pere IV i extensible a tot l’Eix Pere IV. Hi ha molts exemples de “renovació urbana sensible amb el veïnat i la història de l’entorn” que posen al centre de la transformació la participació veïnal, la cohesió i les necessitats socials i locals, només cal voluntat política.

 

Un nou Pla de Desenvolupament estratègic social, econòmic i urbanístic pel Poblenou (i Barcelona)

 La necessitat d’un nou Pla de Desenvolupament estratègic al Poblenou no només ve precedit del fracàs en tots els àmbits d’actuació que ha suposat el Pla22@ pel barri. Es tracta d’una necessitat present per la sèrie de condicionants de les actuals qualificacions 22@ per a qualsevol intent de reforma: usos productius permesos, edificabilitat del sòl permesa i qualificacions patrimonials establertes. El nou Pla de desenvolupament pel Poblenou ha d’orientar-se clarament en oposició als objectius fundacionals del 22@ i, per tant, estructurar-se socialment en el veïnat, econòmicament en el patrimoni i l’Economia Solidària i de proximitat, i geogràficament en l’Eix Pere IV:

  1. La participació ciutadana en la definició de necessitats: Cal tenir en consideració que la “governança” desenvolupada des de l’administració pública ha estat la de facilitar (fiscal i urbanísticament) les necessitats del sector privat (immobiliari i financer), no en canvi les del veïnat. La participació ciutadana és un mecanisme de presa de decisions que vincula directament al veïnat amb l’entorn en el que viu. Per a un projecte de desenvolupament local la participació ciutadana esdevé imprescindible per a l’articulació comunitària –reconeixement col·lectiu, trobada i col·laboració veïnal i autoorganització democràtica–. Al Poblenou, l’exemple dut a la pràctica recentment per la plataforma veïnal Fem Rambla, ha establert precedent com a metodologia i procés de participació ciutadana aplicable a altres contextos. En aquest sentit, la Taula Eix Pere IV està iniciant-ne un a l’hora de revitalitzar aquest eix vertebrador del barri. Si el 22@ va promoure com a Eix de centralitat la Diagonal (via d’interès per a connectar centres de sectors econòmics globals), la plataforma veïnal ho fa de l’Eix Pere IV (via d’interès local i històric). Diagonal i Pere IV esdevenen les dos diagonals urbanes oposades del Poblenou, una oposició geogràfica però que ha esdevingut també social, econòmica i simbòlica.
  2. Ocupació: El Pla22@ partia d’una sèrie d’objectius econòmics i socials que orientaven i han impregnat les diferents accions executades (reformes urbanístiques o fiscals). Potenciava una economia orientada específicament al lucre i a la maximització de beneficis capitals, no en canvi sectors econòmics orientats a objectius de cobertura de necessitats socials i locals, a la autonomia econòmica de les persones i dels barris o a la gestió comunitària i democràtica de la societat i les empreses. La qualificació 22@ del sòl amb ús industrial impedeix usos relacionats amb la producció (del sector secundari o primari) permetent només “usos intensius en coneixement –tecnològic-). Uns impediments que foren els originadors de l’expulsió de mitjana i petita empresa del Poblenou a principis dels 2000’ (p.e. Eix Pere IV, PERI Eix Llacuna, Can Ricart). Per tant tota reforma urbanística parcial d’espais del 22@ determina, de partida, aquests usos impedint-ne d’altres.

Un desenvolupament del Poblenou i de l’Eix Pere IV requereix d’un plantejament urbanístic i fiscal dirigit a les necessitats d’aquesta economia orientada a les necessitats socials, solidària i de proximitat. Unes reformes que permetin i facilitin (per qualificació del sòl i en bonificacions fiscals a empreses i propietaris del sòl/locals) la revitalització dels vora 400 locals/solars/fàbriques buides del carrer (40%): Locals baixos buits amb la creació i implantació d’empreses d’economia social i solidària regenerant el teixit comercial. Potenciant l’eix com a zona de producció i consum ecològic i de proximitat, promovent, així, la lògica del barri cooperatiu; Solars buits per al desenvolupament d’un sector primari (agropecuària) de valor afegit mitjançant la producció ecològica; Fàbriques buides potenciant la producció cultural i artística com a mesura d’aprofitament d’espais. Cal prendre com a referència exemples internacionals com el de Siena on han impedit l’obertura d’establiments de fast food en el barri antic, i les mesures han sortit recolzades per tribunals internacionals davant les demandes de les cadenes [11]. I plantejar mesures urbanístiques i fiscals relacionades amb potenciar usos i sectors que compleixin condicions i requisits: propietat col·lectiva, gestió democràtica, responsabilitat social en la tipologia de servei orientat a necessitats locals, socials i culturals, balanç social o condicions laborals.

  1. Habitatge: La construcció d’aquests 2.600 habitatges de protecció restants cal concentrar-la a Pere IV contribuint urbanísticament en el reforçament de la façana de la via. Però sobretot contribuint directament al suport comunitari de l’habitatge actual aïllat i, indirectament, a la demanda de béns i serveis del comerç de proximitat existent, o l’incentiu per als nous sectors a potenciar. Però paral·lelament regular urbanísticament l’edificabilitat dels PMU del 22@ per a preservar les volumetries del barri que siguin respectuoses amb el caràcter i el paisatge de Pere IV i del Poblenou pre-22@ i pre-Diagonal Mar.
  2. Patrimoni històric: La conservació i preservació de patrimoni industrial afectat pel 22@ ha anat sempre precedida d’una compra pública de l’immoble fet que, a part de suposar un cost públic –mai expropiació-, ha ocasionat per contrapartida sessió de sòl edificable a la propietat privada (en tant que lucre cessant). En la majoria de casos una contrapartida que a la pràctica ha suposat envoltar el patrimoni històric de grans gratacels sense limitació d’edificabilitat (p.e. Ca l’Aranyó, o el futur entorn privat de Can Ricart). Per tant tota preservació patrimonial no assegura la seva preservació social, i molt menys la seva referencialitat geogràfica. Ans al contrari la preservació ha estat en base a la rendibilitat econòmica i no, en canvi, orientada a la reutilització econòmica i social. Cal un criteri de preservació del patrimoni respectuós amb la història i l’entorn, com el model seguit a Lowell (Boston, EUA) o New Lanark (Escòcia), reconeixent al Poblenou el seu atractiu a nivell patrimonial i cultural. Podent-se constituir una “museïtzació urbana” posant en valor el patrimoni històric preservat i la memòria històrica, que mai es recorda, la de la classe treballadora –des de la venda de força de treball obrera a l’acumulació de la plusvàlua entre el valor d’ús (de producció) i el valor de canvi (de venda) per part de l’empresariat–. Les fàbriques preservades del Poblenou mantenen la façana física però se’ls hi ha esborrat la història de lluites obreres que contenen.

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[1] http://www.btv.cat/btvnoticies/2015/07/23/sant-marti-reformulara-projecte-22-poblenou/

[2] El Pla General Metropolità del 1976 es tracta d’un pla de regulació urbanística que contempla i facilita principalment la conversió del litoral nord en zona residencial. La seva aplicació reformulava les necessitats urbanístiques del Pla de Ribera de l’alcalde franquista Josep Maria de Porcioles. Juan Antonio Samaranch, president de la Diputació de Barcelona (1973-1977) conjuntament amb l’alcalde Joaquim Viola foren qui impulsaren l’aprovació definitiva. Una operació produïda en un context en el que l’alcalde Enric Massó (1973-1975) recuperava una proposta de revisió del Pla Comarcal de 1953 i tots els grans promotors immobiliaris de la ciutat s’organitzaren per paralitzar-la. El banquer Jaume Castell, grans empresaris i homes de confiança com Juan Antonio Samaranch s’encarregaren de paralitzar la revisió del Pla Comarcal, la destitució de l’alcalde Massó i Albert Serratosa (enginyer responsable de la proposta de revisió) i proposar el Pla General Metropolità. El PGM del 1976, encara vigent, ha estat l’instrument que ha permès tirar endavant els plans de transformació urbanística de la Vila Olímpica, Diagonal Mar i 22@ al Poblenou, el pla Hospital Militar-Farigola a Vallcarca, els plans d’Europa-Anglesola i Colònia Castells a Les Corts, les cases barates del Bon Pastor, l’esventrament del Raval i el Gòtic o el pla vores Via Augusta a Sarrià. Uns plans que han permès una requalificació del sòl que permetia a grans propietaris del sòl especular i beneficiar-se econòmicament amb l’edificació de grans infraestructures o parcs d’habitatge, mentre que petits propietaris i llogaters de renda antiga eren expulsats dels respectius barris.

[3] AJUNTAMENT DE BARCELONA (2000). “Modificació del PGM per a la renovació de les àrees industrials del Poblenou –Districte d’activitats 22@-“. Barcelona, setembre 2000.

 “L’estratègia de renovació del Llevant de Barcelona, és on es concentren les operacions més importants en curs:

– El pla Sant Andreu-Sagrera, que permetrà construir la nova estació d’alta velocitat de la Sagrera que, en una primera fase, serà la base dels trens que vinguin de la península amb final a Barcelona i que, més endavant, permetrà connectar Barcelona amb la frontera francesa.

– Les actuacions de millora urbana de la plaça de les Glòries i del seu entorn, que implica la transformació d’una superfície de 378.019 m². Amb aquesta reforma s’aconsegueix un guany de 17.000 m² d’espais verds, el 50% del planejament per a habitatges de protecció oficial i fins a vuit nous equipaments públics. Alhora, es proposa una nova solució viària que suposarà l’enderrocament de l’actual nus viari elevat i el soterrament de la infraestructura viària d’entrada i sortida de la ciutat.

– Les infraestructures associades a la renovació del front litoral del Besòs: Diagonal Mar, els equipaments del Fòrum Universal de les Cultures i la renovació del barri de la Mina.”

[4] Saskia Sassen (2003). “Localizando ciudades en circuitos globales” a EURE, vol XXIX, n88.

[5] Manel Castells i Jordi Borja (2004). Logal y global. Editorial Taurus; i David Harvey (1973). Urbanismo y desigualdad social. Editorial Siglo XXI.

[6] Demandes de dades des del OCM (Observatori Ciutadà Municipal de Barcelona): http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/22 i http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/23

[7] Esteve Dot, Antònia Casellas i Montserrat Pallares (2010). “L’ambigüitat de la producció intensiva en coneixement: el nou espai econòmic del Poblenou” a Documents Anàlisi Geografia, vol 56, n3.

[8] Catalunya Construye (monogràfic El Periódico), 10 de desembre de 2001 i Catalunya Construeix (monogràfic El Periódico), 27 de desembre de 2010.

[9] Avui, 1 de desembre de 2009.

[10] AVV del Poblenou, desembre 2014. Revista El Poblenou. n.84

[11] Maria Favà (2014). “El petit comerç és vida” a NovaBarcelona.cat

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La poetessa

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Per Mónica Ortega

Mentre camina, la poetessa urbana cerca desesperada per on s’escapa la poesia a la ciutat. El seu pas és molt petit, com ella, una dona menuda enfundada en una parca negra i uns texans blaus, només els seus ulls fulgurants delaten el que passa en el seu interior; i que no és altra cosa que un munt de paraules que lluiten, lluiten per trobar la forma i sortir airoses cap a fora.

Què faig, es pregunta, mentre observa una manada de turistes fent fotos a les xemeneies del cada dia més famós barri del Poblenou. Ella s’empegueeix i arronsa les espatlles tot passant i desitjant que desapareguin de la seva vista aquells homes amb pantaló curt a ple mes de gener. Un d’ells fa un pas enrere per enquadrar la fotografia i, en fer-lo, tropissa amb ella, fent-la visible i en tocar-la per disculpar-s’hi, ella s’esgarrifa i fuig tot contestant no importa en un perfecte anglès. La poetessa sent una fúria enorme que li creix al pit i forçant molt les seves cames menudes va cap a la platja i hi arriba panteixant.

El mar blau l’assossega sempre, allà sí que s’atura i respira com si l’aire a prop del mar fora més pur, en un moment donat pensa que el blau li omple la vista i que no hi ha una urbs darrera, ni una ronda litoral, ni un passeig llarg i ple d’hotels i restaurants. Per un segon la blavor del mar la inunda i es sent per fi immersa en la poesia. Sí, encara podrà escriure! Sí! Tot i el barri, tot i la gent, tot i que no hi queda res del que era el Poblenou. Tot just dura un segon aquella plenitud quan torna el soroll dels cotxes que baixen fletxats per la ronda, i li arriben les rialles d’una parella de turistes que es magregen i riuen en anglès, si és que fins i tot el riure té idiomes, pensa.

La poetessa camina tota la tarda per la platja, les seves petjades són com les d’una nena, petites i enjogassades, ara s’ajup i agafa unes quantes petxines, ara s’acosta a l’aigua una mica, una mica més. Ara les paraules li pugen a la gola i no té on escriure-les, però és ara quan ho ha de fer. La marea s’endú l’aigua enrere una mica, ella agafa un pal i escriu a la sorra mullada la paraula POESIA amb esforç, endinsa molt el pal a l’arena, com quan era petita i creia que les paraules no se les podria emportar el mar, quan acaba d’escriure la paraula, la marea puja i s’endú totes les lletres, només hi queda el punt de la i, salvat de la marea.

La poetessa torna a casa alleugerida. Ho ha aconseguit.

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