Archivo mensual: marzo 2016

Mercados municipales abandonados: Disputas y conflictos en Madrid y Brasilia.

Por Adrián Hernández-Cordero, geógrafo

En un trabajo reciente discutí sobre los mercados públicos en la ciudad[1], entendidos como viejos equipamientos que por diversas razones (cambios en los patrones de consumo a partir del surgimiento de los supermercados y la política de desinversión gubernamental) a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado han experimentado un proceso de deterioro. Sin embargo, en los últimos años han sido redescubiertos por los gobiernos y la iniciativa privada como infraestructuras con un alto potencial económico, debido a su valor patrimonial, su tamaño y ubicación estratégica. Estos factores los hacen sumamente rentables a partir de las políticas de gentrificación que se están llevando a cabo en diversas ciudades, sobre todo en los centros urbanos. Cabe recordar al mercado de Santa Caterina que fue el Caballo de Troya[2] de la gentrificación en el barrio barcelonés del Born. El mercado fue utilizado como el motor de transformación social y urbanística del vecindario a partir de su reconstrucción, que se demoró por varios años, implicando la muerte del sector comercial y de alguna manera del espacio público que se conformaba en torno a éste y que articulaba la vida social[3].

Existen otras experiencias que nos hacen pensar que otros mercados y ciudades son posibles. Actualmente se está llevando a cabo una lucha ciudadana por recuperar el abandonado mercado de frutas y verduras del barrio obrero de Legazpi, en lo que se puede considerar la primera periferia madrileña. El mercado estuvo activo hasta la década de los años ochenta cuando fue cerrado por la inauguración de Mercamadrid.  Mientras de decidía su futuro el Ayuntamiento instaló en el recinto diversas oficinas públicas hasta que en 2007 advirtió en el centro de abasto una oportunidad para explotarlo económicamente. A partir de entonces se comenzaron a plantear varios proyectos en conjunto con la iniciativa privada. La recuperación del mercado de Legazpi no fue casual, se vinculó con una serie de operaciones de especulación inmobiliaria llevadas a cabo al sur de Madrid que buscaban revalorizar este sector. Muestra de ello es la construcción junto al Manzanares del parque lineal Madrid Río en 2005 y la rehabilitación del antiguo rastro de la capital española en un espacio cultural monumental denominado Matadero. Así, dos conceptos reificados y sacralizados: cultura y espacio público servían para justificar sendas operaciones urbanísticas que pondrían en el mercado inmobiliario un sector depreciado y de paso servirían para borrar su carácter obrero e inmigrante.

El último gobierno del Partido Popular en el Ayuntamiento en Madrid tenía la intención de convertir los 40.000 metros cuadrados el mercado de Legazpi en un centro gourmet con una zona de tiendas, gimnasio, espacio cultural y un aparcamiento subterráneo con 800 plazas. Sin embargo, no contaba con la movilización social de los vecinos de Arganzuela y diversos colectivos que se organizaron para reclamar la cesión del mercado como un centro autogestionado. Así, surgió el Espacio Vecinal Arganzuela que desde 2014 comenzó con un proceso asambleario en el que los habitantes han construido un proyecto para el mercado, además de realizar diversas actividades culturales que han ido construyendo un espacio de encuentro.

A más de 7, 000 km de distancia, en otra ciudad capital como Brasilia, existe otro ejemplo de contestación urbana igualmente potente: el Mercado Sul Vive,un antiguo equipamiento abandonado en la periferia del Distrito Federal, concretamente en el sector obrero de Taguatinga.  La ocupación aconteció en febrero del 2015 en el contexto de varias tomas de solares que se desarrollaron de manera simultánea por el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto. El Mercado Sul fue construido en los años 50 y fue unos de los primeros centros de abasto del Distrito Federal. A partir de la llegada de los supermercados y las calles comerciales que caracterizan a la ciudad, los locatarios del mercado quebraron, quedando sus instalaciones inermes y/o usadas como bodegas, generando su progresivo deterioro.

Ante este panorama diversos colectivos plantearon la ocupación del mercado, conscientes que está acción se inscribía como una forma de resistencia ante el proceso de especulación inmobiliaria que experimenta Brasilia. Los colectivos de activistas y artistas del vecindario han llenado de vida y actividades al mercado y sus calles circundantes mediante la realización de actividades culturales populares fuera de la industria cultural y del mainstream imperante. De esta forma, han generado un espacio de articulación vecinal que busca ser reconocido como autogestionado y de pasó reivindicar a través de la declaratoria patrimonial la salvaguarda del edificio por su valor histórico; ello resultaría trascendente en una ciudad que sólo ha reconocido las faraónicas y asépticas obras de los arquitectos que la edificaron. Lograr el nombramiento patrimonial implicaría el enaltecimiento de la memoria obrera de los candangos[4] sistemáticamente despreciados y a los que Brasilia les debe tanto, ya que fueron sus verdaderos constructores.

El Espacio Vecinal Arganzuela y el Mercado Sul son ejemplos de que los mercados públicos en desuso pueden ser disputados por los habitantes a los poderes fácticos que dirigen la ciudad: política y dinero. Ambos mercados a partir de procesos de organización social y con el desarrollo de actividades artísticas y culturales han logrado darle mayor potencia a su movimiento. La organización y toma de consciencia de clase muestra que la colonización urbana del neoliberalismo puede ser confrontada desde las periferias, las cuales toman un papel central en las disputas por la ciudad y en defensa de lo urbano.

[1] “Los mercados públicos: Viejos equipamientos, nuevos usos en la ciudad. Reflexiones a partir de Barcelona”, comunicación presentada en el 5° Seminario Internacional Ciudad, Comercio y Consumo, celebrado en la UNAM, México. Octubre de 2015. http://www.ccc.unam.mx/pdf/4B-Adrian%20Hernandez%20Cordero.pdf

[2] El antropólogo Jose Mansilla del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà me sugirió está acertada metáfora en el debate del Seminario Contested Cities, celebrado en Madrid durante diciembre de 2013.

[3] Más detalles en “Gentrificación comercial y mercados públicos: El mercado de Santa Caterina, Barcelona”. Working Paper Series. http://contested-cities.net/working-papers/2014/gentrificacion-comercial-y-mercados-publicos-el-mercado-de-santa-caterina-barcelona/

[4] El término candango originalmente se utilizó en Brasilia para denominar de forma peyorativa a los trabajadores inmigrantes de otras regiones brasileñas, sobre todo del nordeste, que llegaron a laborar en el ramo de la construcción. Actualmente de forma informal las personas nacidas en Brasilia o avecindadas allí se les conoce de la misma forma.

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Towards a New Urban Agenda, o de como los gobiernos pretenden someter nuestras vidas bajo la disciplina del valor de cambio.

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

por OACU

Cada 20 años, Naciones Unidas celebra un macro evento mundial de varios días para hablar sobre el concepto de “hábitat”, esto es, vivienda, sociedad alrededor del hábitat, etc. El próximo octubre de 2016 se celebrará en Quito, Ecuador, la tercera edición de ese evento denominada UN HABITAT III. La semana pasada, en Praga, tuvo lugar la reunión preparatoria de la región europea, formalizada a través de los Estados integrados en la UNECE que estarán presentes en Quito. El diálogo entre éstos, que ha tenido lugar los días 16, 17 y 18 de marzo, se transmitió públicamente vía streaming y desde el OACU hemos decidido no perdernos este importante acontecimiento. Entre otras cosas, es interesante saber que la persona que ocupa el cargo de Chairman sobre el tema en Naciones Unidas es el inefable ex alcalde de Barcelona Joan Clos, el cual, desde el 2010, ocupa el cargo de Director Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT).

La cuestión –para entender mejor el contexto en el que se celebró la reunión preparatoria- es que el concepto de urbanization,[1] que podríamos traducir entendiéndolo en su acepción de “crecimiento urbano”, ha sido recientemente incorporado como uno de los elementos clave para el supuesto desarrollo mundial. Sería precisamente por esa razón que las regiones europeas se muestran actualmente obsesionadas por determinar (léase inventar) los contenidos de una New Urban Agenda, que se aprobará en la próxima edición a partir de lo que resulte tanto de las diferentes reuniones regionales, como de lo que se discutirá en Quito. Se trata, sustancialmente, de elaborar y promover un enfoque de ciudad sostenible, saludable, inteligente, inclusiva y todo un largo etcétera de ideales retóricos y meramente imaginarios con los cuales pretenden darnos a creer que viviremos mejor en el futuro, en nuestras ciudades y gracias a nuestras ciudades, aunque proyectando éstas no tanto como espacio de socialización y convivencia, y más como organización administrativa y control político bajo las directrices del mercado.

La sesión inaugural de las 10.00 se celebró en el hall principal, repleto de paneles que pretendían describir lo que se entendería a nivel institucional por hábitat: urbanismo, planificación urbana, revalorización patrimonial, pero sin hacer mención alguna –por lo menos no de forma explícita- al contexto urbano en el que nos relacionamos socialmente. Los paneles hablan de inversiones, del poder de decisión sobre las comunidades a través de la planificación de sus vidas y posterior control de sus acciones, del importancia del turismo para el bienestar de nuestras ciudades, pero obvian, en todo momento, la presencia de las personas, de las tensiones sociales o del espacio social en el que se prevé la cabida de todos y todas.

La apertura de la sesión estuvo protagonizada por una serie de personajes claves, entre los cuales destacaron las intervenciones de Karla Šlechtová, Ministra para el Desarrollo Regional de la Republica Checa, y la del ya mencionado Joan Clos. En la presentación de la Ministra se repitieron a menudo conceptos como sostenibilidad, crecimiento, vida en las ciudades, medio ambiente, accesibilidad a la vivienda, accesibilidad del turismo, GDP (Gross Domestic Product, lo que en nuestro contexto sería el PIB), etc. En otras palabras, el contexto de su speech se centró principalmente en la idea de “crecimiento” alrededor de lo económico y lo urbanístico. Šlechtová se esmeró en su discurso y citó ejemplos sobre “arquitectos importantes” y sobre cómo la planificación urbanística checa está aportando a su país un notable “crecimiento”, un eufemismo tras el cual no se escondería sino el concepto de plusvalía.

“¿Cómo haremos las ciudades más vivibles?”, se preguntó la Ministra poniendo ejemplos del marco legal vigente en la Republica Checa y señalando los choques competenciales entre administraciones. Sostuvo la importancia de hablar al respecto de esa cuestión esperando que la reunión sirviera para avanzar en ello, es decir, en la posibilidad de hacer “vivibles” las ciudades desde la planificación administrativa y política. Pero no se hizo ninguna referencia a la sociedad y su capacidad auto-organizadora, así como tampoco a su derecho a una gestión urbana espontánea. En cambio, habló de “responsabilidad de todos: administraciones, políticos, arquitectos, urbanistas, promotores y otros grupos de interés”, sin mencionar a ningún otro actor social. Šlechtová cerró su presentación hablando también de “exclusión social” y se preguntó: “¿Cómo podemos hacer felices a la gente que vive en esta situación?” Por ello, pidió un debate “interactivo y rico, que invite a encontrar respuestas”. Nada más.

La sesión de apertura dejó espacio al Chairman de Habitat III, Joan Clos, que abrió su discurso agradeciendo a todos los profesionales de los distintos topics a debatir y continuó agradeciendo más y más. Seguidamente, presentó a Habitat III como la gran ocasión para “abrirse” no sólo a las autoridades locales, a las que considera las principales destinatarias del programa, sino también a otros stakeholders, esto es, a los tan etéreos grupos de interés de toda la vida que tratan de incidir –a menudo en su propio favor- en el proceso de toma de decisiones públicas. Efectivamente, Clos ni siquiera llegó a nombrar a dichos grupos y, sin embargo, nos advirtió de lo que va a suceder en tema de urbanización los próximos 20 años anunciando, con cierto tono mesiánico, que asistiremos a una gran transformación, como si se tratara de la más grande nunca vista en la historia de la humanidad.

Según el Subsecretario General de Naciones Unidas –cargo que Joan Clos recubre conjuntamente a el de Director Ejecutivo del Programa ONU-HABITAT-, el continente asiático, en particular China e India, ha sufrido y seguirá sufriendo una tremenda transformación de impacto planetario, pues el paso de estos países de su condición rural a urbana nos afectará de forma global.[2] La ONU calcula que durante los próximos 20 a 40 años el total de la población mundial –actualmente estimada en 7.000 millones de personas- alcanzará la cifra de 9.500/10.000 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vivirán en ciudades. En palabras de Clos, “the urbanization growth will increase”, lo cual implicaría que lo que crece no serían tanto las ciudades, sino la expansión del proceso de urbanización de corte neoliberal que atenaza hoy día a las principales metrópolis. Poco después, el ex alcalde volvió sobre sus pasos y admitió que el número de personas que viven actualmente en ciudades se doblará pasando de unos 3.500 millones de habitantes a un total aproximativo de 7.000 millones. A partir de ese momento, Clos empezó a utilizar un cierto tono dramático, señalando que ese crecimiento será tremendo, representando “un gran desafío para las próximas dos generaciones”, en definitiva, “una gran transformación planetaria” que no podemos ni siquiera imaginar.

Clos sostuvo además que, desde una perspectiva global, la urbanización de algunas ciudades no contaría con estímulos ni incentivos suficientes y añadió que, a pesar de ello, las ciudades seguirán creciendo. Probablemente se refería al caso de algunas ciudades de Asia y África, las cuales, tal y como señalan algunos informes elaborados por la ONU, crecen al margen de las autoridades, modelo a revertir con el objetivo de que las administraciones -mediante la planificación- lleguen a ser capaces de gestionar su desarrollo. Así mismo, advirtió que el próximo octubre de 2016, en ocasión de la celebración de Habitat III en Quito, se debatirán muchas cuestiones y se preguntó: “¿Qué va a pasar con nuestras sociedades? ¿Cómo conseguiremos adaptarnos al cambio para garantizar a las generaciones futuras sociedades que hereden un planeta happily, organized, with human dignity?” A ese respecto, anunció con orgullo que en Quito se dialogará sobre “sostenibilidad del crecimiento”, un concepto que en el marco de los Social Development Goals deberá aplicarse en términos de susteinable development. Es remarcable la insistencia en estos objetivos centrados en valores e ideales -un mundo más feliz, un mundo más digno-, objetivos realmente importantes pero que, presentados al margen de otros tan importantes como el finalizar con la injusticia social, equilibrar el reparto de riqueza o extender la participación efectiva en el diseño de las sociedades por parte de una mayoría de sus integrantes, no dejan de ser una mera declaración de intenciones de tono moralizante y vacías de contenido político.

En esa dirección, el Subsecretario General afirmó que es crucial interesarse por el tema de “ciudades y desarrollo” para poder contribuir al dialogo sobre esa temática y que fue precisamente gracias a ese interés que, en la reunión celebrada en Nueva York en 2013, se consiguió incluir el término urbanization como nueva herramienta para el desarrollo sostenible de las ciudades. Así, recordó que en el pasado se contemplaban problemas de vivienda, agua, exclusión, etc., pero no se incluía “urbanización” como herramienta para proporcionar prosperidad y desarrollo, sino como parte del problema. “¿Que quiero decir con eso?”, se preguntó, pasando a explicar que la clave del éxito está en la compresión e inclusión del concepto de “urbanización” como herramienta de desarrollo: “Es importante porque nuestra economía está cambiando”, afirmó y, de repente, asimiló como algo lógico los conceptos de “desarrollo” y “urbanización” con los “procesos económicos”.[3]

Clos sostuvo que la economía, antes, se basaba en el sector primario y que luego se pasó al sector secundario, la industria, pero el que tiene actualmente mayor proyección de futuro sería el sector terciario, que incluiría servicios como “turismo, viajes, enseñanza, publicidad”. Para Clos, los sectores que proveerían de trabajo hoy día son los que han sabido transformarse de primario a secundario, pero el 60% de la oferta laboral estará constituida por el terciario y se daría mayoritariamente en las ciudades. Así que éstas –deduce- serían clave en relación al potenciamiento de la economía mundial. La cuestión aquí no es tanto determinar si Clos tiene razón o hasta qué punto la tenga, cuanto entender si lo que está afirmando, o cuanto menos insinuando, es que cada ciudad constituye potencialmente una gran empresa o, lo que sería aún peor, una franquicia de una empresa única de escala global.

Pasó luego a hablar de las subprimes y de la crisis de las hipotecas sosteniendo que precisamente factores como éstos manifiestan que “el sector industrial de China tiende al decrecimiento”. Sin embargo, poco después titubeó y lanzó la enésima gran pregunta: “¿Que nos enseña la crisis?” Para pasar a responderse a sí mismo diciendo que hace falta una nueva forma de producción y que la ciudad tiene un rol mucho más importante que antes, a la par que tiene más información, más conectividad para dar fuerza a su importancia. “¿Están vuestras ciudades en su máxima capacidad en orden a dar bienestar a su población?”, preguntó a los asistentes, insistiendo en que, por primera vez el concepto de urbanization empieza a ser considerado como una herramienta para el desarrollo que propiciará muchos beneficios a las ciudades. Clos señaló que, entre dichos beneficios, cabrían “muchas cosas, como un cultural hub” y aseguró a los oyentes que, si se apuesta por una ciudad de modelo post-industrial, la probabilidad de crecimiento y de éxito será mayor.[4] Reconoció que gran parte del reto estará relacionado con generar “conocimiento”, cosa que requiere tiempo y formación específica, pero también el deber de invertir en la “city of the society” en los próximos 20 años.

Ligado a ello, sugirió que el modelo de las familias está cambiando en forma y medida y lanzó otra pregunta: “¿Cuál es la forma en que la ciudad se debe adaptar a ese cambio, que además avanza mucho más rápidamente que antes?”. Clos no dijo claramente a qué tipo de familia se refería, pero sí propuso un ejemplo concreto de “cambio”. Según el Subscretario, lo que ha pasado en lugares como Detroit respondería de forma paradigmática a ese “cambio de modelo”, al cual la ex ciudad industrial no habría sabido adaptarse. Dicho de otra forma, razones objetivamente más incisivas como el cierre de las fábricas de producción de General Motors u otras compañías, emigradas a otros países para incrementar beneficios, no tendrían nada que ver con el supuesto cambio de modelo al que se refiere Joan Clos. Obviando cualquier tipo de teorización alrededor del concepto de lucha de clases, sostuvo sencillamente que “los barrios arden en ciudades como Detroit porque los inmigrantes no están incluidos”.

En este sentido, Clos estaría dando, sin saberlo, la razón a autores como Neil Smith, Mike Davis o Loïc Wacquant cuando sostienen que los discursos políticos y económicos –si es que no son lo mismo- tienden a reducir sistemáticamente las problemáticas sociales centradas en la reivindicación de derechos a cuestiones que se presumen básicamente “culturales”, “étnicas” o “raciales”, determinadas –cuando no provocadas- por inmigrantes “marginales y delincuentes”. Por otro lado, habló de “los jóvenes” diciendo que éstos sueñan con una ciudad utópica, una ciudad “abierta a todo el mundo, donde reine la convivencia, con diferente gente viviendo junta”, y se preguntó: “¿Esto está cambiando?”. En el futuro, sostuvo, veremos “una evolución”, que clasificó de gran “interés antropológico” en tres ocasiones distintas aunque pasó inmediatamente por encima de la cuestión social a lo largo de todo su discurso.

Finalmente, Joan Clos concluyó su intervención explicando que dicha “evolución” se articulará alrededor de 4 temas clave, de los cuales el primero es el tan trillado concepto de “desarrollo”. El segundo consistiría en el cambio climático, fenómeno que relacionó con el mismo proceso de urbanización que acaba de elogiar y sostuvo, con cierta dosis de cinismo, que las ciudades más desarrolladas son directa o indirectamente responsables de la emisión descontrolada de gases nocivos para el medioambiente. Reclamando el deber que tienen los gobiernos del mundo para encontrar soluciones al respecto, anunció que el tercer tema clave para el desarrollo sostenible de las ciudades consiste en producir más empleo y seguir siendo el “lugar del encuentro y de la diferencia”. También añadió que aquellas ciudades que concentren la mayoría de la oferta de trabajo, “deben manejar las migraciones”, cuestión relevante puesto que “probablemente continuaran por un periodo de tiempo en un mundo globalizado”. Según Clos, éste es un tema muy importante porque “las ciudades proveen las herramientas para integrar”, lo cual no constituye sino una mera declaración de intenciones centrada en el discurso clásico de la aceptación del obrero en detrimento de la construcción social entre todos.

El cuarto y último tema clave traído a colación fue la desigualdad, cuestión que Clos argumentó diciendo que existen muchos trabajos mal pagados y que explotan al trabajador, a la vez que hay mucha segregación en las ciudades: “ricos a un lado, pobres a otro”. Afirmó que ese tema tiene mucha relevancia porque supone “importantes consecuencias, incluso por la paz”, y continuó hablando de “revueltas de trabajadores” mencionando también, como ejemplo de los riesgos que conlleva la existencia de desigualdad, que fue “un hombre inmolándose en Túnez en su protesta de orden socio-económico quien dio origen al terremoto político y social conocido como la Primavera Árabe”. Fue precisamente en ese punto cuando el Subsecretario no ofreció más razones que “la paz”, es decir, la ausencia de conflictividad por los derechos laborales como motivo para que no haya desigualdad. En definitiva, el mensaje aquí no sería reivindicar una lucha global y comprometida en contra de la segregación, la exclusión, la marginalidad, etc., sino la necesidad de abordar la desigualdad para acabar con la “conflictividad” que supuestamente caracterizaría a “los pobres” del mundo.

Notas

[1] La aproximación al concepto se realiza bajo las premisas del entrepreneurialism, un proceso descrito por David Harvey en su artículo From Managerialism to Entrepreneurialism: The Transformation in Urban Governance in Late Capitalism (1989). Según el geógrafo británico, el entrepreneurialism consistiría en una visión de la ciudad como elemento esencial para la continuación del proceso de acumulación capitalista. Para una definición crítica de urbanization, es interesante acercarse a las premisas establecidas por Manuel Castells en su clásico La Cuestión Urbana (1976), donde señala que ésta no sería más que “la producción social de las formas espaciales”.

[2] En este sentido, es destacable la obra de Mike Davis, Un planeta de ciudades miseria (2007), donde el sociólogo incide en la influencia del sistema capitalista global en el desarrollo de las ciudades presentes y futuras.

[3] En este sentido, parecen cumplirse las afirmaciones de Henri Lefebvre cuando, en la década de los ‘70, señaló en La Revolución Urbana (1972) que, “la urbanización, que hasta aquel entonces parecía que únicamente acompañaba a la dinámica industrializadora, empezaba a sustituirla como determinante de los procesos sociales”.

[4] Ejemplos sobre cómo dicha apuesta genera un ciclo de especulación existen en la propia ciudad de Barcelona, donde él propio Joan Clos fue alcalde desde 1997 hasta 2007. Para una visión sobre el tema, puede verse el artículo de I antropólogo Isaac Marrero ¿Del Manchester catalán al Soho barcelonés? La renovación del barrio del Poblenou en Barcelona y la cuestión de la vivienda (2003).

 

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Valla Torg, el “renodesahucio” como instrumento de la política habitacional en Suecia

Walla Scen ocupado. Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

Walla Scen ocupado | Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

por Karina Raña (Uppsala University)

Walla Scen es un teatro pequeño en medio de Valla Torg, un típico barrio del sur de Estocolmo. En la entrada, un cartel que pone “Fika Gratis” invita a los vecinos a una merienda en la modesta recepción del recinto. Sin embargo, este “fika[1]” no es sólo café, pastel y conversación, principalmente porque el teatro está ocupado por un grupo de activistas que buscan generar atención sobre el proceso que pone en riesgo la vivienda de los actuales residentes de Valla. Dentro de unos pocos meses, muchos de los habitantes de este barrio pueden verse forzados a encontrar otro lugar donde vivir. Esta tarea no es nada fácil pues una muy rentable mezcla de escasez de viviendas y especulación inmobiliaria ha transformado a Estocolmo en una verdadera jungla habitacional.

Esta amenaza que se cierne sobre los vecinos de Valla Torg es lo que ha sido llamado renodesahucio[2]. Este término acuñado por activistas canadienses refiere a la renovación de los edificios con el consecuente aumento de los alquileres que obliga a los residentes a marcharse del lugar. En el caso particular de Valla Torg, la empresa municipal de vivienda dueña de los pisos tiene contemplado un alza de un 50 ó 60% del actual precio luego de la renovación cuestión que, según los mismos vecinos de Valla Torg, no serán capaces de afrontar. Esta estrategia gentrificadora se está volviendo una práctica extendida en Suecia ocurriendo en otros barrios también, por ejemplo Pennygången en Gotemburgo y Gränby en Uppsala donde, a base de organización vecinal, las alzas de alquiler se han moderado pero no detenido.

Crisis de la vivienda en Suecia punto de partida de la planificación urbana

La situación es compleja pues son muchos los elementos involucrados que perfilan el actual contexto de lo que se ha llamado crisis de la vivienda en Suecia[3]. Este no sólo afecta, hoy en día, a las principales ciudades del país como Estocolmo, Gotemburgo y Malmö, si no que también se ha extendido a ciudades medianas. El tema es actualmente parte de la agenda tanto de la academia como del activismo, siendo ambos actores no sólo parte del debate sino que además  los principales precursores de esta discusión, la cual se ha vuelto titular acostumbrado de noticiarios y ocupa cada vez más páginas en los periódicos.

Para la capital sueca, la falta de viviendas ha sido una constante en el desarrollo de la ciudad, lo cual ha sido enfrentado de diversas maneras en diversos momentos de su historia. Así, por ejemplo, la autoconstrucción y la renovación de viejos edificios fueron incitados por el estado desde principios del siglo XX para combatir el hacinamiento. Al mismo tiempo diferentes modelos de ciudad eran planteados para contrarrestar el crecimiento de una población cada vez más urbana. La ciudad jardín y los proyectos para la expansión hacía más allá de los límites naturales del archipiélago, fueron poco a poco dominando las nuevas construcciones y la política habitacional.

Sin embargo, esto no fue suficiente. La creciente industrialización de la Suecia de la postguerra agudizó el problema de la vivienda transformándose en un elemento decisivo a la hora de hablar sobre la calidad de vida de los trabajadores. Este hecho fue clave, junto con el advenimiento de la socialdemocracia sueca al poder, para el nacimiento de otros planes. Así entonces surge lo que en Estocolmo se denominó la ciudad ABC, que por sus siglas en sueco refieren a trabajo, vivienda y centro (arbete, bostad och centrum). Este modelo tenía como idea base que los trabajadores pudieran, dentro de una corta distancia, acceder a sus trabajos, caminar hacía sus casas y tener los servicios necesarios para la familia, como escuela, atención médica y correo, centralizados en un núcleo que serviría como foco de comercio, pero también como punto de encuentro para los vecinos. Bajo está idea unos cuantos barrios, que aún perduran, fueron construidos alrededor de Estocolmo durante los años 50. El modernismo fue la inspiración principal para estos satélites que pretendían descomprimir la presión en el interior de la ciudad.

Un millón de viviendas

Siendo aún insuficientes y reconociendo que el problema de la vivienda era una cuestión de corte nacional, se lleva a cabo entre 1965 y 1974 la construcción masiva de barrios completos, con viviendas y servicios, en todo Suecia. La meta fue construir un millón de viviendas en diez años. Para concretar este objetivo se pusieron en marcha, por una parte, fuerzas estatales, a través de la creación de subsidios y de incentivos económicos a la edificación, y por otra, la industria de la construcción la que adquiere, en este tiempo, la posición de privilegio de la que aún goza. Durante los 10 años que duró el programa surgió un nuevo barrio por año y se entregaron 180.000 nuevas viviendas en total en Estocolmo.

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo: Foto: Karina Raña

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo |Foto: Karina Raña

La propiedad de los nuevos edificios se compartió entre empresas privadas, en menor medida, y empresas municipales de vivienda lo que implicó que desde un comienzo los nuevos pisos estuvieron pensados para el alquiler. Socialmente estos barrios fueron habitados tanto por familias trabajadoras como por la naciente clase media, funcionando como el piloto urbano de una sociedad sin clases. Sin embargo, estos barrios del “miljonprogrammet” con el tiempo fueron decayendo y dejados un poco a su suerte, siendo prácticamente nula la reinversión en sus infraestructuras, transformándose con el tiempo en barrios donde se concentró la población de más bajos ingresos e inmigrantes recién llegados.

La profundización de la crisis como estrategia de gentrificación

Durante los años 90, la brújula política en el país empieza a moverse hacia el liberalismo, con los socialdemócratas aún el poder. En el ámbito de la vivienda, estas medidas terminaron con los incentivos y rebajas impositivas para la edificación. Las posibilidades de expansión de capital de las empresas constructoras tomó otro cariz. La apertura legal que impulsaba un terreno de juego “más parejo” donde pudieran competir las empresas privadas con las municipales de vivienda, fue un cambio decisivo en el mercado habitacional. Desde ese entonces las empresas municipales tienen, por ley, que ser rentables y llevar a cabo su actividad orientándose a la ganancia de capital. Esto ha influido, por ejemplo, en los sueldos y compensaciones de los miembros de los directorios de las municipales de vivienda pero también en el destino que corrieron los pisos. Como consecuencia, a partir del año 1996 una buena porción de edificios y departamentos que pertenecían a las comunas y que eran ocupadas por inquilinos, son vendidas y transformadas en propiedad privada. Los efectos en el mercado son inmediatos, provocando en pocos años el encarecimiento desmedido que lleva actualmente a vender un piso de 25 m2 en más de €300000. Los antiguos barrios de la clase trabajadora del interior de la ciudad fueron los primeros objetivos de una gentrificación desbocada, hoy en día la mira está puesta sobre los barrios de la periferia cercana, la mayoría pertenecientes al programa del millón de viviendas.

Renodesahucio en Valla Torg

La venta masiva de pisos de alquiler y la cadena de especulación que desataron los nuevos propietarios, significó una fuerte presión en los precios de los arriendos, pero sobre todo, redujo la oferta considerablemente haciendo el proceso de espera para nuevos arrendatarios simplemente desalentadora. Así, en Estocolmo, el conseguir un piso de alquiler a través del sistema oficial de distribución de vivienda supone unos 13 años para el centro de la ciudad y 8 para los alrededores. El mercado de subarriendo ha crecido groseramente y todos intentan sacar su tajada del gran pastel generando, finalmente, situaciones como las que hoy en día se viven en Valla Torg.

En este barrio el desalojo probablemente ocurrirá de manera lenta. No habrán notificaciones, ni las autoridades se presentarán para ejecutar una orden de expulsión. Seguramente serán los mismos vecinos que, con tiempo y paciencia, empiecen a buscar un acomodo entre su presupuesto mensual y las escasas posibilidades que les ofrece el mercado habitacional en Estocolmo. Los vecinos de Valla Torg son mayormente “clase baja-blanca”. Es un barrio habitado, en buena parte, por jubilados que han vivido durante décadas en el sector. Comparando con zonas aledañas como Södermalm[4], Valla se ha ido quedando atrás. La renovación es necesaria y no hay nadie que diga lo contrario. Sin embargo y como los mismos grupos comprometidos en esta lucha vecinal han remarcado, los cambios que tienen que pagar hoy en día los habitantes de este sector no cubren sus necesidades, más bien están diseñados y pensados para quienes potencialmente podrían ocupar los pisos en el futuro.

En ese mismo sentido, otro factor importante en el proceso que vive el barrio, es el arribo del proyecto europeo “GrowSmarter”[5], en el que incluye el distrito al que pertenece Valla, Årsta. Este programa está orientado al crecimiento sostenible de las ciudades en Europa y busca instalar acciones que ayuden a mitigar el impacto ambiental de zonas densamente pobladas. GrowSmarter que incluye medidas de eficiencia energética, manejo de desechos y uso de energías renovables, está en su fase piloto junto a Colonia y Barcelona. Sin embargo y según la información entregada por la empresa municipal de vivienda de la zona, este proyecto no afectaría los precios de los alquileres. No obstante, su implementación genera una fuerte expectativa respecto a las posibilidades, en términos de mercado, que ofrecería el sector.

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. |Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Tanto la necesidad de renovación como la implementación de GrowSmarter ha hecho que incluso activistas de otros barrios y otras ciudades se impliquen en lo que sería no sólo la defensa de Valla Torg sino que también la defensa de una forma de vida y que se ha convertido en una suerte de declaración de principios. Vivir hoy en día de alquiler en Suecia puede ser visto como una cuestión de clase, pero también una forma de resistencia a la mercantilización de la vivienda. Es por esto que la defensa de los pisos de alquiler de Valla Torg no responde a un blindaje de la transformación del paisaje urbano del area, es en realidad, y creo es la forma correcta de leerlo, un cuestionamiento a la finalidad de tales reformas. Es poner en cuestión para quien se planifica la ciudad realmente y cómo incluyen tales planes al resto de los residentes.

Hoy la defensa del barrio para sus habitantes sigue en pie. A pesar de que la municipal de vivienda les ha ofrecido rebajas en el arriendo para los próximos tres años, más del 50 por ciento de los habitantes aún no han dado su visto bueno a las renovaciones, lo cual impediría o retrasaría, en teoría, el comienzo de los trabajos. Lamentablemente, las acciones de defensa de Valla Torg son, aunque necesarias, de alguna forma una resistencia casi puramente simbólica. La política liberal es actualmente hegemónica en todos los espacios de decisión en Suecia, por lo que estas acciones tienen como finalidad crear ruido alrededor de la sistemática gentrificación de Estocolmo y, más que nada, tienen como objetivo mantener la esperanza de una ciudad en manos de sus habitantes y no de sus especuladores.

[1] http://www.vogue.com/slideshow/1080625/fifteen-coolest-street-style-neighborhoods/

[2] http://www.grow-smarter.eu/home/

[3] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160117_vert_cap_fika_suecia_empresa_productividad_yv

[4] http://www.emol.com/noticias/economia/2015/02/25/705267/burbuja-inmobiliaria-en-suecia.html

[5] https://rentersatrisk.wordpress.com/about-2/

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“Nos quieren desinfectar”. Limpieza social en el centro histórico de Guadalajara, México.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

Nos quieren desinfectar
Y no nos vamos ni a enterar

Derribos Arias

por Horario Espinosa (OACU)

El 4 de Mayo del 2014 tuvo lugar el primero de los sucesos recientes que han traumatizado la vida del centro de Guadalajara y a sus clases populares: el incendio del Mercado Corona en circunstancias nunca del todo aclaradas.  Se trataba de un inmueble histórico que se terminó de construir en 1891 y lugar de abastecimiento de los sectores populares, famoso igualmente por ser epicentro urbano de otro elemento denostado de la cultura y la medicina popular como es la brujería y la herbolaria. De forma sorprendentemente rápida, para el 27 de Julio del mismo año ya se tenía realizado y aprobado un proyecto para la realización de un “Nuevo Mercado” pero que tiene toda la apariencia de un centro comercial. Se trata de un edificio con el clásico diseño de “elefante blanco” con líneas frías, de cinco plantas, y un gran estacionamiento subterráneo, a la manera de los ‘malls’ que tanto afean las colonias de clase media de la ciudad.

A partir del acompañamiento que hacen de los ex locatarios afectados, el colectivo “Caracol Urbano” afirma que se pretende la re-ubicación de los locatarios del antiguo mercado, pero “con la amenaza de perder en cinco años una concesión que era vitalicia. Después de ese periodo el régimen cambiará a alquileres que serán impagables por los antiguos locatarios y el costo del consumo en la zona se elevará inevitablemente.”. En Julio del 2015, el partido Movimiento Ciudadano obtiene la victoria en Guadalajara y la mayoría de los municipios de la ZMG, sin embargo no se ha modificado el proyecto de centro comercial el cual se encuentra casi terminado tal cual fue proyectado.

Durante su campaña, en una reunión con empresarios, el ahora alcalde Enrique Alfaro “se compromete ante la sociedad” a hacer de Guadalajara “una marca ciudad”. Teniendo el antecedente de proyectos internacionales de transformación de las ciudades en “productos” como ha sido el caso de Barcelona (Delgado, 2007) ya temía yo en ese momento que se trataba solo del comienzo de una larga avanzada en contra de la Guadalajara popular. Entre Septiembre y Octubre del 2015 se habla de una nueva figura en la política metropolitana “El funcionario activista” para referirse al nuevo gabinete “Alfarista” formado en gran parte por “activistas” de la movilidad urbana y empresarios, en vez de “los políticos de siempre”.

El 17 de Octubre del 2015 se lanza el programa “Banquetas Libres”. En un principio orientado a evitar que los automóviles se estacionen en las banquetas. Pero en “la letra pequeña” de los diarios locales se dice que se actuará también contra el llamado “comercio informal”. De forma casi simultánea, en un ejercicio de exceso de cinismo o falta de tacto político se oficializa un proyecto que estaba en el tintero desde el año 2012, la creación de la Ciudad Creativa Digital (CCD) en pleno centro de la ciudad. Se trata de un ‘hub’ digital donde se maquilará para diversas multinacionales de la industria de la tecnología y el espectáculo. Se menciona que grandes trasnacionales del entretenimiento como PIXAR tendrían un espacio en la CCD. Previamente, los gobiernos tanto del PRI como del PAN ya se habían encargado de desalojar a la fuerza, comprar o simplemente dejar en el abandono amplios terrenos y viviendas que rodean al céntrico Parque Morelos que es donde se piensa realizar tal proyecto. El nuevo gobierno “activista” no haría otra cosa más que impulsar de una manera más decidida tal proyecto de intervención sobre el Centro Histórico.

A la represión contra El Baratillo le sucede la aprobación “por unanimidad” del nuevo reglamento de “Imagen Urbana” para el municipio que prohíbe definitivamente el comercio callejero en el Centro Histórico. A partir de ahí se inician las protestas de los comerciantes y su posterior violento desalojo. Granaderos, antimotines y fuerzas especiales “limpian” el centro de ambulantes. El uso del término “limpiar” para desalojar a la gente por la fuerza será usado masivamente, tanto por las nuevas autoridades como por la prensa, que entra en una especie de éxtasis. El gobierno dice que los comerciantes han aceptado una oferta de contratos temporales de 4 meses. Las asociaciones de tiangueros lo niegan. La batalla dialéctica se instala, que se suma a la guerra en las calles. Entre los planes del Ayuntamiento se encuentra aceptar la venta callejera solo de ciertos productos, creando una especie de Índice. Los objetos permitidos tienen que ver con la creación de una imagen prefabricada de la cultura popular en el centro de la ciudad: dulces típicos, artesanías, trajes indígenas. Se intenta “folclorizar” artificialmente al centro.

Los argumentos usados para legitimar el desalojo de los vendedores tienen como trasfondo una lógica higienista que a su vez es el discurso ideológico que esconde un interés económico por gentrificar el centro a través de “proyectos estratégicos” de “regeneración urbana”. Este neo-higienismo se corresponde con el rescate de centenarias concepciones clasistas y racistas rastreables hasta tiempos de la colonia; por otro lado, el discurso de regeneración urbana responde a lo que Manuel Delgado ha denominado “la ideología del espacio público” (2011). Ambas posturas no son incompatibles por lo que podría hablarse de un híbrido sistema de creencias denominado ‘criollismo ciudadanista’.

“Los ‘tiangueros’ como subclase invasora”

El primer argumento usado por autoridades de este gobierno post-activista es que los vendedores ambulantes son habitantes “ilegítimos” del centro, es decir, que le robaron el centro “a la gente” que ahí vivía antes. En realidad, existen indicios de tianguis en el centro de la ciudad, como mínimo, desde inicios de la colonia. A lo largo del siglo XVI el Baratillo se localizaba originalmente en el corazón de la ciudad y su vagar lo ha llevado de ahí a la plazoleta de San Agustín en lo que hoy es el Teatro Degollado, para después peregrinar hacia la Plaza de Armas (Flores, 1997),  y de ahí, con la llegada del siglo XVIII, moverse hacia la plazuela Santo Tomás (Márquez Sandoval, 2003: 28; Doñán, 2001:78) hasta que a finales de los sesenta del siglo pasado termina ocupando su actual lugar en el poniente de la ciudad (Márquez Sandoval, 2003: 30).

Existen evidencias históricas de algunas de las posibles causas esgrimidas por las autoridades coloniales para obligar al baratillo a peregrinar hacía las otroras afueras del núcleo urbano y todas implican ciertas formas de exclusión de lo que entienden las autoridades coloniales como prácticas indignas, “repugnantes” o que en todo caso apuntan a una higienización del espacio público trastornado por las prácticas tiangueras llevadas a cabo por indígenas y mestizos. Antes de que el tianguis fuera expulsado del centro de la ciudad, en el año de 1762, a la Real Audiencia de Guadalajara llega una queja contra el Baratillo de la Plaza de Armas emitida por nobles habitantes de la capital de la Nueva Galicia: “Se  denunció  las prácticas inmorales que hacen por las noches las mujeres que venden tortillas, quienes al abrigo de la oscuridad y aprovechando la disposición de los puestos, aprovechan para cometer ofensas a Dios” (Calderón, 2007: 41).

El gobernador de la ciudad de Guadalajara, Brigadier Pedro Montesinos de Lara, respondiendo a estas quejas hace la siguiente disposición oficial, fechada el 23 de Enero de 1762: “[…]Mandava y su señoría mandó; que dada que sea la oración de la noche, ninguna de las referidas personas que comercian en dicho baratillo se mantengan en el sol a pena de prisión” […] “las referidas tortilleras [deberán mantenerse] en dos filas, sin confusión cerca de el portal y no de los tasaquales, sin ponerse entre ellas ningunos hombres, aunque sea con el pretexto de que son sus maridos, hermanos, padres, o parientes que van a cuidarlas […] y dichas tortilleras tengan obligación de mantener luz de suerte que se perciva con claridad la postura en que se hallan[…]” (Calderón, 2007: 42).

Es de resaltar que las legislaciones tendientes a ver el baratillo como tema de seguridad e higiene urbana surgen a finales del siglo XVIII, justo cuando empiezan a difundirse en México las ideas iluministas del proyecto ilustrado. Probablemente durante el periodo colonial temprano la venta callejera fue más o menos tolerada, cosa que fue cambiando conforme se asimiló en la ciudad el ideario modernista que inició en la Ilustración. Para Richard Sennet la idea de desorden social en las ciudades modernas implica el contacto y la mezcla. Por lo tanto, para que exista orden en el espacio urbano tiene que interponerse “la distancia” (Sennet, 1994:23). En la Guadalajara actual, se impone un proyecto para mantener a raya a los ciudadanos y educar en el marcaje de la distancia. En el centro de este proyecto higienista se encuentran “los ascos” que a las clases medias les provoca el tianguis. Uno de estos ascos es el provocado por el contacto con “los nacos”, una voz más o menos equivalente a los “canis” en España o los “chavs” en Inglaterra.

Ni Alfaro ni su equipo tendrían la osadía de usar la palabra “nacos” en público por supuesto. Sin embargo sus seguidores en las redes sociales captaron muy bien el significado de la acción de “limpiar el centro de ambulantes” y usaron profusamente términos ofensivos “adhoc” para referirse a los comerciantes como suciedad. Como ya mostré en mi Tesis existe un continuo en las representaciones negativas hacia los tiangueros que tiene que ver con distintas modulaciones de “lo contaminante” en ellos, que van desde la contaminación biológica hasta la moral pasando por la de clase social (Espinosa, 2013: 308-365). Todos estos tipos de contaminaciones que se representan como “ascos” se hicieron presentes en diversos comentarios expresados tanto en redes sociales como en publicaciones electrónicas. Sobre todo durante el periodo del 12 al 15 de Noviembre, que fue cuando se presentaron las primeras y más publicitadas acciones de “limpieza del centro”. Los defensores de los actos represivos se refirieron a las personas desalojadas como “cucarachas”, “parásitos” o “ratas” en el nivel del contagio biológico (son animales que transmiten enfermedades); de forma clasista se refirieron a ellos como “nacos” o “comelonches”; igualmente hubo algunas consideraciones de orden “moral” cuando hablaron de ellos como “ladrones (del espacio público)” y “escoria maleducada”. Notablemente, también pude leer algunos insultos xenófobos al sugerir que los vendedores no son locales sino “chilangos”.

Los nacos tienen en los mercados populares en general y en los tianguis en particular el escenario perfecto para mostrar su arsenal cultural, “vomitivo” para las clases medias: silbidos, piropos, pregones, chistes, carcajadas resonantes, acento sin domesticar, lenguaje sin pulir, música popular naca. “Los piropos”, vistosos por gráficos e indisimulados, son exclamaciones de admiración estética o directamente sexual, usualmente son hechos por hombres pero también por algunas mujeres más atrevidas que el resto. Se trata de versos o frases hechas que, dependiendo de la persona que las escuche, le pueden parecer vulgares cuando no directamente insoportables. El tianguis es disonante y pantagruélico por lo que molesta a las personalidades más “refinadas”, cívicas y “cultas”. Echar a los comerciantes del centro es mantener a raya a los nacos, evitar el contacto de estos con las clases medias dispuestas a colonizar el en otros tiempos despreciado Centro Histórico ¿Las políticas aplicadas por el Alcalde Enrique Alfaro están por convertirlo en un Brigadier Pedro Montesinos de Lara del siglo XXI?.

“Los tiangueros como estorbo”

El segundo argumento para justificar la intervención sobre el centro se refiere a aquellos que sostienen que la movilidad es el aspecto central de lo que se denomina el “buen uso” del espacio público. La planificación urbana moderna ha favorecido la evitación del contacto físico en los espacios públicos, fomentado una personalidad fóbica hacia el cuerpo ajeno por parte de los ciudadanos modernos. La búsqueda del “roce cero” entre los cuerpos como mecanismo pragmático favorecedor de la circulación urbana,  encuentra  su apoteosis en esta fantasía de goce vicario de la ciudad, donde el viaje en automóvil por una ciudad toda escenografía y perfectamente maquetada produce un efecto de “ciudad espectáculo”. La utopía de “la ciudad espectacular” es la de una urbe que se muestra como un “sky line” continuo. Clímax de la asepsia urbana: sin olores, humores, temperaturas, estridencias, miserias y clases sociales. Este ideal burgués de la casa excelsa es trasladado a la urbe contemporánea y sus fantasmagorías virtualizantes. Así, la conexión ideal entre los sujetos y la ciudad moderna debe reducirse a la operativización de la movilidad y el acceso.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

En palabras de Manuel Delgado se trataría de “lo topográfico cargado o investido de moralidad” (2011) por lo que el espacio público implica un cierto “saber estar” que tiene como último objetivo político la preservación de la paz y la eliminación del conflicto. Así, el ciudadanismo se vuelve una especie de sortilegio que intenta crear un espacio fantasmagórico donde desaparezcan del orden urbano las diferencias que existen en lo social. Cuando la ortopedia moral del ciudadanismo tiene relativo éxito adopta la apariencia de la pedagogía del “buen rollito”, pero cuando el conflicto social no puede ser disimulado se recurre a las estrategias represivas de siempre.

Por otro lado, los ciudadanistas tampoco están siendo sinceros: no es que en el centro se creara una muralla infranqueable de comerciantes que impidiera el paso al peatón; en el centro se habían instaurado vías mixtas donde viandantes, paseantes y compradores armonizaban. El problema es que había roce y eso les da “asquito” a las clases medias; o incluso más allá: el problema principal para la autoridad es la autoorganización y esa falta de “visibilidad” que se lee como desorden público. “El amontonadero” de los puestos hace que los comerciantes escapen al escrutinio panóptico que el gobierno intenta imponer en el espacio público. Volvemos a las tortilleras del siglo XVIII: el problema para la autoridad es que “al amparo de las sombras se puede ofender a Dios”.

“Los tiangueros como agentes privatizadores”

El tercer argumento esgrimido es que el Estado a puesto en circulación un “bien público” que antes se encontraba privatizado para goce de unos pocos. El argumento es realmente tramposo ya que lo que transforma la calle en una mercancía es precisamente el discurso ciudadanista del “Espacio Público”. No por nada Alfaro inicia sus funciones prometiendo hacer de la ciudad “una marca”, es decir, un bien que luego puede ser empaquetado y vendido, por partes o en trocitos. Justo como suelen hacer los gobiernos con otros bienes públicos, que después privatizan, para ganancia de unos pocos ¿Quienes son los “todos” cuando se habla de que el espacio público es de “todos”? Aquí retomo un comentario de Manuel Delgado donde marca la diferencia entre privatización y apropiación: “Está claro que privatizar quiere decir convertir algo en posesión particular e incompartible, al margen o incluso en contra de su uso real. Apropiar es otra cosa: es poner algo al servicio de las necesidades humanas; remite a lo que es propio, adecuado.”

Y lo que es propio de las masas populares en un país donde más de la mitad de los habitantes viven bajo la línea de pobreza es intentar sobrevivir. El Pueblo se apropia de las calles y las transforma en medios de producción, tanto simbólica como materialmente. Apropiación de la calle es también autoorganización. Los activistas urbanos que ahora componen el gobierno de Enrique Alfaro posicionaron en la agenda pública ciertas problemáticas urbanas, elevándolas a “luchas” legítimas, mientras se desestimaban otros actores sociales. Así, la discusión sobre lo urbano quedó monopolizada por los colectivos en pro del transporte alternativo y centrados en la movilidad. De forma muy evidente ganaron presencia los distintos colectivos de “bicicleteros” y en defensa de “los derechos del peatón”. Visiblemente, estos colectivos provienen de un entorno social particular, con una importante acumulación de capital simbólico, material y cultural. Por su parte, a los tiangueros se les minimiza su capacidad de intervención política más que en un sentido negativo: como objeto de cooptación y clientelismo.

¿No hemos visto ya la deslegitimización de los “sin voz” usando este mismo argumento de que son masas manipuladas o controladas por mafias? Siempre. En el caso de otros sectores excluidos como inmigrantes, prostitutas o ahora, con los exiliados en Europa, siempre se usan los mismos argumentos paternalistas de minimizar la voz de los excluidos acusándolos de estar manipulados. Es evidente que a los comerciantes callejeros nunca se les ha visto como actores políticos, a diferencia de los colectivos de peatones o ciclistas por ejemplo. La razón es la clase social. Mientras los activistas de la movilidad “se enuncian” como actores políticos los tiangueros “simplemente” hacen. Y de hecho hacen aquello con lo que los activistas “sueñan”: ¿no acaso los tianguis, con su apropiación de las calles, vuelven peatonales las vías que antes estaban ocupadas exclusivamente por los coches? Es decir, aquello que los activistas intentaban hacer parando el tráfico con sus caravanas de bicis y plantones ¿no es lo que hacían ya, frente a ellos, la cultura popular a través de los tianguis? Aquí tienen un problema los activistas al entender la política antes como enunciación que como práctica, y es que un tianguero nunca diría: “pongo este tianguis para “reapropiarme del espacio público”, sin embargo, lo hace.

Puedes descargar una versión ampliada del presente texto en el siguiente enlace.

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