Towards a New Urban Agenda, o de como los gobiernos pretenden someter nuestras vidas bajo la disciplina del valor de cambio.

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

por OACU

Cada 20 años, Naciones Unidas celebra un macro evento mundial de varios días para hablar sobre el concepto de “hábitat”, esto es, vivienda, sociedad alrededor del hábitat, etc. El próximo octubre de 2016 se celebrará en Quito, Ecuador, la tercera edición de ese evento denominada UN HABITAT III. La semana pasada, en Praga, tuvo lugar la reunión preparatoria de la región europea, formalizada a través de los Estados integrados en la UNECE que estarán presentes en Quito. El diálogo entre éstos, que ha tenido lugar los días 16, 17 y 18 de marzo, se transmitió públicamente vía streaming y desde el OACU hemos decidido no perdernos este importante acontecimiento. Entre otras cosas, es interesante saber que la persona que ocupa el cargo de Chairman sobre el tema en Naciones Unidas es el inefable ex alcalde de Barcelona Joan Clos, el cual, desde el 2010, ocupa el cargo de Director Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT).

La cuestión –para entender mejor el contexto en el que se celebró la reunión preparatoria- es que el concepto de urbanization,[1] que podríamos traducir entendiéndolo en su acepción de “crecimiento urbano”, ha sido recientemente incorporado como uno de los elementos clave para el supuesto desarrollo mundial. Sería precisamente por esa razón que las regiones europeas se muestran actualmente obsesionadas por determinar (léase inventar) los contenidos de una New Urban Agenda, que se aprobará en la próxima edición a partir de lo que resulte tanto de las diferentes reuniones regionales, como de lo que se discutirá en Quito. Se trata, sustancialmente, de elaborar y promover un enfoque de ciudad sostenible, saludable, inteligente, inclusiva y todo un largo etcétera de ideales retóricos y meramente imaginarios con los cuales pretenden darnos a creer que viviremos mejor en el futuro, en nuestras ciudades y gracias a nuestras ciudades, aunque proyectando éstas no tanto como espacio de socialización y convivencia, y más como organización administrativa y control político bajo las directrices del mercado.

La sesión inaugural de las 10.00 se celebró en el hall principal, repleto de paneles que pretendían describir lo que se entendería a nivel institucional por hábitat: urbanismo, planificación urbana, revalorización patrimonial, pero sin hacer mención alguna –por lo menos no de forma explícita- al contexto urbano en el que nos relacionamos socialmente. Los paneles hablan de inversiones, del poder de decisión sobre las comunidades a través de la planificación de sus vidas y posterior control de sus acciones, del importancia del turismo para el bienestar de nuestras ciudades, pero obvian, en todo momento, la presencia de las personas, de las tensiones sociales o del espacio social en el que se prevé la cabida de todos y todas.

La apertura de la sesión estuvo protagonizada por una serie de personajes claves, entre los cuales destacaron las intervenciones de Karla Šlechtová, Ministra para el Desarrollo Regional de la Republica Checa, y la del ya mencionado Joan Clos. En la presentación de la Ministra se repitieron a menudo conceptos como sostenibilidad, crecimiento, vida en las ciudades, medio ambiente, accesibilidad a la vivienda, accesibilidad del turismo, GDP (Gross Domestic Product, lo que en nuestro contexto sería el PIB), etc. En otras palabras, el contexto de su speech se centró principalmente en la idea de “crecimiento” alrededor de lo económico y lo urbanístico. Šlechtová se esmeró en su discurso y citó ejemplos sobre “arquitectos importantes” y sobre cómo la planificación urbanística checa está aportando a su país un notable “crecimiento”, un eufemismo tras el cual no se escondería sino el concepto de plusvalía.

“¿Cómo haremos las ciudades más vivibles?”, se preguntó la Ministra poniendo ejemplos del marco legal vigente en la Republica Checa y señalando los choques competenciales entre administraciones. Sostuvo la importancia de hablar al respecto de esa cuestión esperando que la reunión sirviera para avanzar en ello, es decir, en la posibilidad de hacer “vivibles” las ciudades desde la planificación administrativa y política. Pero no se hizo ninguna referencia a la sociedad y su capacidad auto-organizadora, así como tampoco a su derecho a una gestión urbana espontánea. En cambio, habló de “responsabilidad de todos: administraciones, políticos, arquitectos, urbanistas, promotores y otros grupos de interés”, sin mencionar a ningún otro actor social. Šlechtová cerró su presentación hablando también de “exclusión social” y se preguntó: “¿Cómo podemos hacer felices a la gente que vive en esta situación?” Por ello, pidió un debate “interactivo y rico, que invite a encontrar respuestas”. Nada más.

La sesión de apertura dejó espacio al Chairman de Habitat III, Joan Clos, que abrió su discurso agradeciendo a todos los profesionales de los distintos topics a debatir y continuó agradeciendo más y más. Seguidamente, presentó a Habitat III como la gran ocasión para “abrirse” no sólo a las autoridades locales, a las que considera las principales destinatarias del programa, sino también a otros stakeholders, esto es, a los tan etéreos grupos de interés de toda la vida que tratan de incidir –a menudo en su propio favor- en el proceso de toma de decisiones públicas. Efectivamente, Clos ni siquiera llegó a nombrar a dichos grupos y, sin embargo, nos advirtió de lo que va a suceder en tema de urbanización los próximos 20 años anunciando, con cierto tono mesiánico, que asistiremos a una gran transformación, como si se tratara de la más grande nunca vista en la historia de la humanidad.

Según el Subsecretario General de Naciones Unidas –cargo que Joan Clos recubre conjuntamente a el de Director Ejecutivo del Programa ONU-HABITAT-, el continente asiático, en particular China e India, ha sufrido y seguirá sufriendo una tremenda transformación de impacto planetario, pues el paso de estos países de su condición rural a urbana nos afectará de forma global.[2] La ONU calcula que durante los próximos 20 a 40 años el total de la población mundial –actualmente estimada en 7.000 millones de personas- alcanzará la cifra de 9.500/10.000 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vivirán en ciudades. En palabras de Clos, “the urbanization growth will increase”, lo cual implicaría que lo que crece no serían tanto las ciudades, sino la expansión del proceso de urbanización de corte neoliberal que atenaza hoy día a las principales metrópolis. Poco después, el ex alcalde volvió sobre sus pasos y admitió que el número de personas que viven actualmente en ciudades se doblará pasando de unos 3.500 millones de habitantes a un total aproximativo de 7.000 millones. A partir de ese momento, Clos empezó a utilizar un cierto tono dramático, señalando que ese crecimiento será tremendo, representando “un gran desafío para las próximas dos generaciones”, en definitiva, “una gran transformación planetaria” que no podemos ni siquiera imaginar.

Clos sostuvo además que, desde una perspectiva global, la urbanización de algunas ciudades no contaría con estímulos ni incentivos suficientes y añadió que, a pesar de ello, las ciudades seguirán creciendo. Probablemente se refería al caso de algunas ciudades de Asia y África, las cuales, tal y como señalan algunos informes elaborados por la ONU, crecen al margen de las autoridades, modelo a revertir con el objetivo de que las administraciones -mediante la planificación- lleguen a ser capaces de gestionar su desarrollo. Así mismo, advirtió que el próximo octubre de 2016, en ocasión de la celebración de Habitat III en Quito, se debatirán muchas cuestiones y se preguntó: “¿Qué va a pasar con nuestras sociedades? ¿Cómo conseguiremos adaptarnos al cambio para garantizar a las generaciones futuras sociedades que hereden un planeta happily, organized, with human dignity?” A ese respecto, anunció con orgullo que en Quito se dialogará sobre “sostenibilidad del crecimiento”, un concepto que en el marco de los Social Development Goals deberá aplicarse en términos de susteinable development. Es remarcable la insistencia en estos objetivos centrados en valores e ideales -un mundo más feliz, un mundo más digno-, objetivos realmente importantes pero que, presentados al margen de otros tan importantes como el finalizar con la injusticia social, equilibrar el reparto de riqueza o extender la participación efectiva en el diseño de las sociedades por parte de una mayoría de sus integrantes, no dejan de ser una mera declaración de intenciones de tono moralizante y vacías de contenido político.

En esa dirección, el Subsecretario General afirmó que es crucial interesarse por el tema de “ciudades y desarrollo” para poder contribuir al dialogo sobre esa temática y que fue precisamente gracias a ese interés que, en la reunión celebrada en Nueva York en 2013, se consiguió incluir el término urbanization como nueva herramienta para el desarrollo sostenible de las ciudades. Así, recordó que en el pasado se contemplaban problemas de vivienda, agua, exclusión, etc., pero no se incluía “urbanización” como herramienta para proporcionar prosperidad y desarrollo, sino como parte del problema. “¿Que quiero decir con eso?”, se preguntó, pasando a explicar que la clave del éxito está en la compresión e inclusión del concepto de “urbanización” como herramienta de desarrollo: “Es importante porque nuestra economía está cambiando”, afirmó y, de repente, asimiló como algo lógico los conceptos de “desarrollo” y “urbanización” con los “procesos económicos”.[3]

Clos sostuvo que la economía, antes, se basaba en el sector primario y que luego se pasó al sector secundario, la industria, pero el que tiene actualmente mayor proyección de futuro sería el sector terciario, que incluiría servicios como “turismo, viajes, enseñanza, publicidad”. Para Clos, los sectores que proveerían de trabajo hoy día son los que han sabido transformarse de primario a secundario, pero el 60% de la oferta laboral estará constituida por el terciario y se daría mayoritariamente en las ciudades. Así que éstas –deduce- serían clave en relación al potenciamiento de la economía mundial. La cuestión aquí no es tanto determinar si Clos tiene razón o hasta qué punto la tenga, cuanto entender si lo que está afirmando, o cuanto menos insinuando, es que cada ciudad constituye potencialmente una gran empresa o, lo que sería aún peor, una franquicia de una empresa única de escala global.

Pasó luego a hablar de las subprimes y de la crisis de las hipotecas sosteniendo que precisamente factores como éstos manifiestan que “el sector industrial de China tiende al decrecimiento”. Sin embargo, poco después titubeó y lanzó la enésima gran pregunta: “¿Que nos enseña la crisis?” Para pasar a responderse a sí mismo diciendo que hace falta una nueva forma de producción y que la ciudad tiene un rol mucho más importante que antes, a la par que tiene más información, más conectividad para dar fuerza a su importancia. “¿Están vuestras ciudades en su máxima capacidad en orden a dar bienestar a su población?”, preguntó a los asistentes, insistiendo en que, por primera vez el concepto de urbanization empieza a ser considerado como una herramienta para el desarrollo que propiciará muchos beneficios a las ciudades. Clos señaló que, entre dichos beneficios, cabrían “muchas cosas, como un cultural hub” y aseguró a los oyentes que, si se apuesta por una ciudad de modelo post-industrial, la probabilidad de crecimiento y de éxito será mayor.[4] Reconoció que gran parte del reto estará relacionado con generar “conocimiento”, cosa que requiere tiempo y formación específica, pero también el deber de invertir en la “city of the society” en los próximos 20 años.

Ligado a ello, sugirió que el modelo de las familias está cambiando en forma y medida y lanzó otra pregunta: “¿Cuál es la forma en que la ciudad se debe adaptar a ese cambio, que además avanza mucho más rápidamente que antes?”. Clos no dijo claramente a qué tipo de familia se refería, pero sí propuso un ejemplo concreto de “cambio”. Según el Subscretario, lo que ha pasado en lugares como Detroit respondería de forma paradigmática a ese “cambio de modelo”, al cual la ex ciudad industrial no habría sabido adaptarse. Dicho de otra forma, razones objetivamente más incisivas como el cierre de las fábricas de producción de General Motors u otras compañías, emigradas a otros países para incrementar beneficios, no tendrían nada que ver con el supuesto cambio de modelo al que se refiere Joan Clos. Obviando cualquier tipo de teorización alrededor del concepto de lucha de clases, sostuvo sencillamente que “los barrios arden en ciudades como Detroit porque los inmigrantes no están incluidos”.

En este sentido, Clos estaría dando, sin saberlo, la razón a autores como Neil Smith, Mike Davis o Loïc Wacquant cuando sostienen que los discursos políticos y económicos –si es que no son lo mismo- tienden a reducir sistemáticamente las problemáticas sociales centradas en la reivindicación de derechos a cuestiones que se presumen básicamente “culturales”, “étnicas” o “raciales”, determinadas –cuando no provocadas- por inmigrantes “marginales y delincuentes”. Por otro lado, habló de “los jóvenes” diciendo que éstos sueñan con una ciudad utópica, una ciudad “abierta a todo el mundo, donde reine la convivencia, con diferente gente viviendo junta”, y se preguntó: “¿Esto está cambiando?”. En el futuro, sostuvo, veremos “una evolución”, que clasificó de gran “interés antropológico” en tres ocasiones distintas aunque pasó inmediatamente por encima de la cuestión social a lo largo de todo su discurso.

Finalmente, Joan Clos concluyó su intervención explicando que dicha “evolución” se articulará alrededor de 4 temas clave, de los cuales el primero es el tan trillado concepto de “desarrollo”. El segundo consistiría en el cambio climático, fenómeno que relacionó con el mismo proceso de urbanización que acaba de elogiar y sostuvo, con cierta dosis de cinismo, que las ciudades más desarrolladas son directa o indirectamente responsables de la emisión descontrolada de gases nocivos para el medioambiente. Reclamando el deber que tienen los gobiernos del mundo para encontrar soluciones al respecto, anunció que el tercer tema clave para el desarrollo sostenible de las ciudades consiste en producir más empleo y seguir siendo el “lugar del encuentro y de la diferencia”. También añadió que aquellas ciudades que concentren la mayoría de la oferta de trabajo, “deben manejar las migraciones”, cuestión relevante puesto que “probablemente continuaran por un periodo de tiempo en un mundo globalizado”. Según Clos, éste es un tema muy importante porque “las ciudades proveen las herramientas para integrar”, lo cual no constituye sino una mera declaración de intenciones centrada en el discurso clásico de la aceptación del obrero en detrimento de la construcción social entre todos.

El cuarto y último tema clave traído a colación fue la desigualdad, cuestión que Clos argumentó diciendo que existen muchos trabajos mal pagados y que explotan al trabajador, a la vez que hay mucha segregación en las ciudades: “ricos a un lado, pobres a otro”. Afirmó que ese tema tiene mucha relevancia porque supone “importantes consecuencias, incluso por la paz”, y continuó hablando de “revueltas de trabajadores” mencionando también, como ejemplo de los riesgos que conlleva la existencia de desigualdad, que fue “un hombre inmolándose en Túnez en su protesta de orden socio-económico quien dio origen al terremoto político y social conocido como la Primavera Árabe”. Fue precisamente en ese punto cuando el Subsecretario no ofreció más razones que “la paz”, es decir, la ausencia de conflictividad por los derechos laborales como motivo para que no haya desigualdad. En definitiva, el mensaje aquí no sería reivindicar una lucha global y comprometida en contra de la segregación, la exclusión, la marginalidad, etc., sino la necesidad de abordar la desigualdad para acabar con la “conflictividad” que supuestamente caracterizaría a “los pobres” del mundo.

Notas

[1] La aproximación al concepto se realiza bajo las premisas del entrepreneurialism, un proceso descrito por David Harvey en su artículo From Managerialism to Entrepreneurialism: The Transformation in Urban Governance in Late Capitalism (1989). Según el geógrafo británico, el entrepreneurialism consistiría en una visión de la ciudad como elemento esencial para la continuación del proceso de acumulación capitalista. Para una definición crítica de urbanization, es interesante acercarse a las premisas establecidas por Manuel Castells en su clásico La Cuestión Urbana (1976), donde señala que ésta no sería más que “la producción social de las formas espaciales”.

[2] En este sentido, es destacable la obra de Mike Davis, Un planeta de ciudades miseria (2007), donde el sociólogo incide en la influencia del sistema capitalista global en el desarrollo de las ciudades presentes y futuras.

[3] En este sentido, parecen cumplirse las afirmaciones de Henri Lefebvre cuando, en la década de los ‘70, señaló en La Revolución Urbana (1972) que, “la urbanización, que hasta aquel entonces parecía que únicamente acompañaba a la dinámica industrializadora, empezaba a sustituirla como determinante de los procesos sociales”.

[4] Ejemplos sobre cómo dicha apuesta genera un ciclo de especulación existen en la propia ciudad de Barcelona, donde él propio Joan Clos fue alcalde desde 1997 hasta 2007. Para una visión sobre el tema, puede verse el artículo de I antropólogo Isaac Marrero ¿Del Manchester catalán al Soho barcelonés? La renovación del barrio del Poblenou en Barcelona y la cuestión de la vivienda (2003).

 

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