Archivo del Autor: El Antropólogo Perplejo

El 2 de junio o “las mujeres alegres en la casa del señor”

Artículo publicado originalmente en La Directa.

Livia Motterle (OACU)

El 2 de junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon frente a la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con ellas. El objetivo de la ocupación era llamar la atención sobre su situación de vulnerabilidad debida a los abusos continuos por parte de la policía, por ejemplo, multas y encarcelamientos. Chicas alegres en la casa del señor era el título del texto enviado a la prensa donde explicaban su acción, una ocupación pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas. El Colectivo de Prostitutas que se gestó en la iglesia Saint-Nizier ha sido un referente histórico para todas las organizaciones de trabajadoras sexuales posteriores. Como decía Ulla, una de las líderes: “esperamos la nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos las únicas reprimidas por el miedo a la policía”. Desde entonces, el 2 de junio se ha convertido en el día internacional de las trabajadoras sexuales. Manifestaciones, charlas, performances y cualquier tipo de acciones reivindicativas visten de lucha muchas ciudades del mundo con el objetivo de reivindicar los derechos de un colectivo de personas que, a pesar del profundo estigma que la hipocresía del patriarcado y la misericordia de tantas instituciones imprimen en sus cuerpos, sigue luchando con orgullo y alegría.

Contrariamente a lo que sigue siendo una creencia colectiva, el enemigo más peligroso de las trabajadoras del sexo no son sus clientes (tanto hombres como mujeres), sino ciertas instituciones (públicas o privadas) encargadas de evidenciar y perpetuar una estructura dicotómica que genera estigmas y que sitúa en el altar a la mujer “buena” y en el infierno la mujer “mala”. “Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos”, afirma Foucault en Microfisica del poder. Este mecanismo de vigilancia, control y normativización se muestra más cruel con los cuerpos que escapan de los códigos heteronormativos, productivos y reproductivos. La sexualidad, entendida como creación que se manifiesta desde y gracias a los cuerpos, se convierte en marcadora de normalidad y canalizadora de castigo. La Iglesia y la Medicina, desde el momento en que se constituyeron como instituciones, han sido las que más han participado, junto con los poderes judiciales y administrativos del Estado, en la construcción de las dicotomías (bueno/malo; normal/anormal, sano/patológico; inocente/culpable) y en la fabricación de reglas sobre cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales.

El objetivo de ordenanzas, multas y sanciones – sobre todo a las trabajadoras sexuales de la calle – es justamente el control y el castigo de los cuerpos que manifiestan prácticas sexuales anormales en el espacio público. Las trabajadoras sexuales del Raval, esto, lo saben muy bien. La modificación de los artículos relativos al trabajo sexual de la Ordenanza de mesures per fomentar i Garantir la Convivencia en el espacio público de Barcelona del año 2006 – que ya prohibía la oferta, la demanda y la negociación de los servicios sexuales retribuidos en la calle (además de la suya realización) – se reforzó en abril del 2012. Los dos grandes cambios fueron, por un lado, la supresión de la obligación, por parte de la Guardia Urbana, de avisar previamente a los clientes y las trabajadoras y, por otro lado,  la “posibilidad” para las prostitutas de conmutar la multa participando en cursos de re-inserción laboral. La modificación de la Ordenanza multiplicó en el 2012 el número de multas impuestas agravando, así, las condiciones de trabajo de las prostitutas, aumentando su estrés y llevándolas a situaciones insostenibles.

Según un estudio cualitativo encargado por el Ayuntamiento, a pesar de que el número de multas haya ido disminuyendo en los dos último años (2015 y 2016), el número de las trabajadoras sexuales ha seguido siendo el mismo. ¿Por qué no aumenta entonces? Esto habría que preguntárselo a ellas. “Nos tratan como basura que hay que sacar del barrio y reciclar. Nos quieren redimir obligándonos a hacer cursos de re-inserción laboral. Pero nosotras ya tenemos nuestro trabajo y no queremos ir a limpiar el culo a nadie” -dice una mujer. El estigma, aunque hoy no está impreso con nitrato de plata como en la época del Higienismo, está fabricado por la misma hipocresía que requiere una Barcelona atractiva y seductora, capaz de satisfacer los gustos del mercado turístico. Escort sí entonces. Pero puta, jamás.

Frente a esta situación de vulneración, las trabajadoras sexuales se rebelan. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes y Putas Feministas después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan a vecinos y vecinas víctimas de una violencia ocultada que afecta a todo el Raval.  Presentes en todos los actos que pedían justicia para Juan Andrés Benitez, vecino del Raval que el 5 de octubre murió a golpes de porra delante la puerta de su casa; presentes en las movilizaciones organizadas para parar las infinitas ordenes de desahucio emitidas para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan en la calle enteras familias; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema: “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar.

Simone De Beauvoir afirmaba, en 1972, que se hizo feminista cuando reconoció su solidaridad con las otras mujeres en vez de su separación de ellas. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja y que es tarea del feminismo luchar para que se acabe. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, si no en el mecanismo de explotación en que está incardinado. Romper los mecanismos de control y vigilancia hacia las profesionales del sexo es un objetivo que concierne a todas porqué todas estamos explotadas por el sistema. Reconocer el trabajo de las trabajadoras sexuales es el primer paso para la cancelación del estigma impreso en sus cuerpos y sobre todo para no volver a imprimirlo. El primer viernes de cada mes, en la calle d’En Robador, las vecinas y trabajadoras sexuales del Raval (y de otros barrios) organizan un “puti vermut”: una buena ocasión para hablar con ellas en lugar que, una vez más, hablar sobre de ellas sin conocerlas. Otra posibilidad más para construir juntas nuevas estrategias de lucha y resistencia. Porque cada día es 2 de junio.

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Objetivo, la Via Laietana

Fuente: Francesc_2000

Fuente: Francesc_2000

Artículo publicado originalmente en la Revista Marea Urbana.

José Mansilla, Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri (OACU)

El próximo septiembre se cumplirán 156 años desde que la Reina Isabel II colocara la primera piedra de unas obras que estaban llamadas a cambiar el presente y el futuro de Barcelona: El Plan Cerdà. Aunque el planeamiento original del ingeniero catalán contemplara, además del famoso Eixample, la apertura de tres vías que atravesaran el centro histórico (sendas prolongaciones de las calles Muntaner y Pau Clarís hasta el puerto y otra avenida, perpendicular a éstas, que pasaría por delante de la Catedral), no fue hasta que el arquitecto y urbanista Àngel Baixeras retomara el proyecto a finales del siglo XIX, que se diseñó y ejecutó al menos una de ellas: la Via Laietana. La apertura de esta avenida no comenzó hasta 1908, ya muerto Baixeras, dándose por acabada pasado, exactamente, medio siglo.

 

Su concepción original se encontraba en la línea de lo que se venía haciendo en otras ciudades del orbe europeo, como el Plan Haussmann para París, un proceso de tal envergadura que daría lugar a la expresión haussmannización para referirse a un tipo de intervención urbanística destinada a higienizar las ciudades. Así, bajo la excusa de abrir la ciudad a la circulación del aire a través de la creación de amplios corredores y avenidas, evitando el hacinamiento y la consiguiente insalubridad de determinados barrios o distritos, se encontrarían otras intenciones, como la de facilitar y mejorar el control de las revueltas populares que se llevaban a cabo precisamente en este tipo de emplazamientos. Pero, por otro lado, también se trataba de facilitar la circulación de mercancías y la instalación de los nuevos sistemas de transporte que necesitaba el incipiente capitalismo. En esta dirección, los diferentes ajustes que fueron integrando el Plan Cerdà desde su presentación pública en 1859, constituirían un exitoso intento de exportar el modelo del Gran Paris de Haussmann a una Barcelona que, pasadas unas décadas, se dispondría a acoger un gran evento, la Exposición Internacional de 1.929.

 

Más de siglo y medio después, un manifiesto impulsado por la Associació de Comerciants de Via Laietana ha vuelto a poner el tema sobre la mesa de debate al proponer y publicitar una iniciativa en este sentido presentada al Pla d’Actuació Municipal (PAM) de la ciudad. El texto, titulado “Per un nou eix cívic a Barcelona, humanitzem la Via Laietana”, viene a recordar la idea original del diseño y construcción de la calle, esto es, la conexión entre el puerto y la ciudad, apostando por la revitalización comercial, la mejora de los espacios públicos y la reducción del ruido. Como no podía ser de otra manera, la idea ha generado algunas suspicacias entre los vecinos y vecinas del entorno, comerciantes y miembros de los movimientos vecinales, que ya fueron testigos de algunos pasos dados en este sentido por el anterior Gobierno del convergente Xavier Trias, esto es, el veto al aparcamiento de autobuses turísticos en la zona y la urbanización de la Plaza Ramón Berenguer.

 

En las entrevistas realizadas para el presente artículo destaca el consenso en torno a la necesidad –si bien no la prioridad- de una reforma, y así lo prueban las palabras de Reme Gómez, Presidenta de la AVV del Barri Gòtic cuando afirma que

 

[…] evidentemente nosotros, como la mayoría, independiente de asociaciones o no, pensamos que es una reforma que se tiene que tomar en algún momento […], otra cosa es que en los objetivos de esa reforma estemos de acuerdo[1].

 

Asunto en el que abunda Albert Mestres, miembro de la Associació de Comerciants y propietario de la tienda de comics “Continuará”, cuando señala que,

 

[…] en general todo el mundo está a favor de una reforma de Via Laietana. El único colectivo que no está a favor es Barna Centre, dicen que ven peligrar la accesibilidad a su zona peatonal y su logística. Los demás tienen matices. En CCOO por ejemplo, creen que habría que hacer una reforma más profunda, cuestionando incluso el tráfico privado, pero entienden que nuestra propuesta intenta conseguir el máximo consenso y nos apoyan[2].

 

Sin embargo, las palabras de Albert nos sirven para poner encima de la mesa la inevitable conflictividad que marca toda expresión de vida urbana, en este caso con el detonante de la posible modificación del caudal circulatorio de la zona. Y es que es evidente que los intereses comerciales representados por la Federació d’Associacións de Barna Centre, con especial implantación en el entorno de la calle Portaferrissa, son en cierta medida discordantes con los de aquellos que reclaman una pacificación de la circulación e, incluso, la eliminación parcial del tráfico privado.

 

Ahora bien, a esta colisión entre intereses comerciales, habría que sumar la de un vecindario que ve, con cierta intranquilidad, que la zona se convierta, tras las obras, en una extensión de la Barcelona de las terrazas, barres y restaurantes representada, entre otros, por espacios como el Born. Así lo señala Reme, de nuevo, cuando afirma que

[…] el miedo es que las inversiones que se hacen en el espacio público, que se pagan con dinero público, vayan en beneficio del negocio del ocio encaminado hacía el turismo, es decir […], no es que estemos en contra de los bares, ni de la hostelería…, simplemente es que han colonizado completamente el barrio, en el Gòtico hemos perdido población desde hace muchísimos años […], si la estructura arquitectónica de Via Laietana se va a reconvertir en comercio y hoteles, en comercio de ciudad, de ciudad o de país, pero no un comercio de proximidad, pues no nos interesa esa reforma[3].

 

Y es que la conversión de Barcelona en referente turístico[4] lleva años ejerciendo una presión casi insoportable sobre unas clases populares que ven como el precio del suelo -en forma de subida de alquileres, precios de las viviendas, cierre de comercios tradicionales, etc.- las obliga a desplazarse en busca de emplazamientos más asequibles. Las palabras de Marieta, vecina de 70 años y dueña de una tienda de animales ubicada en lo poco que queda de aquel barrio popular que otrora fue La Ribera, son elocuentes:

 

[…] el zapatero de la calle Corders aun aguanta porque es que le quedan 4 pedos pá jubilarse (sic), o si no está jubilado es porque no quiere, ¿entiendes? Porque ya es mayor el hombre, y una vez que cierre la tienda, ya tendrán que cogerla ellos [los promotores inmobiliarios]. Y aquí los alquileres que están pidiendo ahora, puuuf… ¡carísimos! Nosotros ya tuvimos que dejar el local anterior porque, claro, estaba en la calle principal, ahí donde se pasan todos y el alquiler ya cambió. Nos venimos a este nuevo, que está más apartado, y la verdad es que tuvimos suerte, estamos pagando 600 euros, pero en otra calle de aquí cerca, ahí donde antes había una tienda de muebles, nos pedían 1200 euros, ¡o sea el doble![5]

 

Toda comparación con el pasado es odiosa, pero no deja de ser menos cierto que intervenciones como la que actualmente se proclama como “necesaria” para la Via Laietana mantienen algunos puntos en común con aquella llevada a cabo hace más de cien años. Si por entonces la conexión entre el puerto y la ciudad se veía como necesaria para facilitar la salida de los productos de la Barcelona industrial mediante el transporte marítimo, en la actualidad, cuando el proceso de acumulación del capital ha pasado de un sistema industrial fordista a otro más flexible basado en los servicios, la ciudad tendría que adaptarse a una economía basada en el turismo, el comercio y el sector inmobiliario. Y sería precisamente esta adaptación la que tendría duras consecuencias sobre los vecinos y vecinas del entorno.

 

Sin embargo, entre los entrevistados existe un poso de optimismo. Así lo demuestran, de nuevo, las palabras de Albert cuando, inquirido sobre el peligro de que la Via Laietana se convierta en un nuevo Born, señala que,

 

No creemos que eso sea posible, las aceras de Vía Laietana no dan para ningún tipo de terrazas, simplemente para esponjar el paso. Cualquier opción que pretendiera quitar espacio público sería una aberración y consecuentemente estaríamos en contra y batallaríamos para que el Ayuntamiento no lo permitiera. Creemos en una vertebración del barrio, que los flujos de las personas no queden frenados por la frontera que es hoy[6].

 

Lo que sí es evidente, y en lo que también parecen coincidir parte de los movimientos vecinales de la ciudad, es que la reforma podría ser necesaria, pero siempre que sea abordada desde el prisma del modelo de ciudad, ampliando el objetivo y teniendo en cuenta consideraciones transversales de forma que fuera ligada, tal y como comentaría Reme, al eje “Catalunya-Universidad-Urquinaona, que es la vía del acceso del Eixample y el resto de la ciudad al área marítima”[7].

 

Aunque según declaraciones recientes,[8] entre las prioridades de los comunes no se encuentra reformar la Via Laietana, sin embargo, esta formación podría ser prisionera de la retórica que siempre acompaña a sus declaraciones: la necesidad y urgencia de procesos participativos que tengan en consideración a los barrios, al espacio público y que conviertan este tipo de emplazamientos en verdaderos ejes cívicos. De este modo, parece comenzar a cundir cierta preocupación por el resultado del pulso que el Gobierno municipal mantiene con poderosas instancias turísticas y financieras o, simplemente, porque éste se vea incapaz de cumplir con algunas de las expectativas levantadas. En este sentido, y en relación a la moratoria hotelera, la propia Reme expresaba su inquietud cuando comentaba que ésta

 

[…] existe mientras se apruebe el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), que todavía no está claro que se apruebe y, aparte de los hoteles, está todo el tema de los apartamentos turísticos, que no se pueden hacer desde hace años, pues siguen existiendo y se siguen creando[9].

 

A este respecto habría que añadir las palabras de Marieta cuando afirma que

 

[…] el tema de los pisos esos que hacen para turistas, los pisos turísticos, tiene otra tela. ¿Que esa gente te viene a la hora que sea, con griterío por la calle o las escaleras? ¿Que vienen borrachos o lo que sea y son molestos? Pues claro, están de vacaciones y te vienen borrachos, pues ¡viva la Pepa! (sic) Que te vienen de un bar ahí por el Borne…, pues eso también es otra cosa, que no sé cómo lo hacen…, como se lo permiten[10].

 

Y, para finalizar, la inquietud mostrada por Juanita, propietaria de un bar de la Barceloneta, cuando, en relación a las iniciativas destinadas a controlar el ruido de las calles, señalaba que

 

[…] aquí, justo fuera del local, me vinieron los del Ayuntamiento, hace dos semanas o así, e instalaron un cucurucho ahí encima, al lado de la farola. Dicen que es un sensor para captar sonido, para medir cuanto ruido hacemos en la calle […]. Pero, ¿quién soy yo para mandar a callar a la gente? Es que la calle no es mía, yo les puedo decir algo a mis clientes aquí dentro, en mi local, que si se ponen un poco así espiritosos y eso que se calmen. Pero fuera, en la calle, yo no mando, ni me atrevo yo a mandar o decirle a la gente que se calle o se mueva para otro lado[11].

 

En definitiva, la reforma de la Via Laietana nos pone frente a la necesidad de enfrentar cómo se lleva a cabo la distribución y apropiación de los recursos que produce la propia ciudad. Como señalara el geógrafo David Harvey,[12] lo que está en juego no es sólo la reforma de una de sus avenidas, aunque sea principal, sino qué tipo de ciudad queremos, algo que no puede desligarse, bajo ningún concepto, de las relaciones sociales que en ella se proyectan, de los estilos de vida, de las tecnologías o de los valores estéticos que queremos mostrar. Será al detallar este modelo que será posible ver si los poderes públicos entienden que toda intervención urbanística supone una prueba de justicia espacial demostrando, a la vez, que la ciudad por la que se apuesta deja atrás obsoletos modelos que no han traído más que una falsa, postiza y defraudadora Barcelona de escaparate.

 

[1] Entrevista realizada el día 15/04/2016 (ER 15/04/2016).

[2] Entrevista realizada el día 18/04/2016 (EA 18/04/2016)

[3] ER 15/04/2016

[4] Un artículo publicado en La Vanguardia del 27 mayo de 2013, por ejemplo, recogía que la capital catalana era la décima ciudad a nivel global en atracción de turistas.

[5] Entrevista realizada el día 13/04/2016 (EM 13/04/2016).

[6] EA 18/04/2016

[7] ER 1/04/2016

[8] Véase El País del 11 de abril de 2016.

[9] ER 1/04/2016

[10] EM 13/04/2016

[11] Entrevista realizada el día 05/05/2016

[12] Harvey, D. (2008) “El derecho a la ciudad”, en New Left Review, 53, pp. 23-39.

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Transformem Poblenou. Relato de una mañana lúdico-reivindicativa.

Fuente: Propia

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Por José Mansilla (OACU)

Serían poco más de las doce del mediodía cuando llegamos. Las actividades comenzaban teóricamente a las once, pero por diferentes motivos nos retrasamos más de una hora. Desde  Sant Joan de Malta, a unos 25 metros después de cruzar el futuro Eix Pere IV, se abre una explanada de unos 15 metros de ancho que tiene por fronteras inmediatas el muro protector del arcaico transformador y la fachada principal de la moderna Escola Sant Martí. Sin embargo, estos límites no son perfectos, pues al costado más cercano a la Rambla del Poblenou existen dos oberturas en forma de calles peatonales que desembocan en dicha arteria. La más próxima a Diagonal, el Passatge de Brurull, confluye, detrás del transformador, en la calle Castella, aunque antes de hacerlo contiene un pequeño parque -recién inaugurado con el nombre de Patufet- y dos bares-restaurantes con 10 mesas y 40 sillas uno, y 6 mesas y 24 sillas el otro, en sus respectivas terrazas.

Fuente: Propia

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Justo en medio de la explanada se alzaba un improvisado escenario que, a nuestra llegada, acogía un pequeño concierto de música de cámara infantil y al que un grupo de escasamente 10 individuos -imagino que los padres y madres de los músicos- prestaba atención. El resto de la gente, unas 200 personas entre hombres, mujeres y niños, se arropaban del sol inclemente bajo la pequeña sombra proyectada por la Escola. Justo ahí mismo, dando lugar a una abigarrada mancha, se disponían unas cinco o seis paradetas de lo más dispares: juegos infantiles, ONGs (pude visualizar al Grup Herpetològic Termòfil de Catalunya -GHTC- y a la Protectora de Caballos ADE), junto a los servicios básicos del evento, esto es, la mesa de información y la que vendía los tíquets para las consumiciones. La sensación, sin embargo, era que la explanada estaba medio vacía, pues la zona al sol se encontraba poco frecuentada.

Justo a las 12.36 h.- acabó la música infantil y subieron al escenario tres personas. Dos hombres jóvenes, de entre 30 y 40 años, y un señor mayor, rondando los 70. Uno de los primeros cogió el micrófono y, previo agradecimiento a la concurrencia por su presencia, presentó al otro. Se trataba de Genis Boadella, Presidente de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) en el Distrito de Sant Martí y Portavoz de Convergència i Unió (CiU) en el Grupo municipal de Distrito. Un político, vaya. Con un tono distendido, nada formal, recordó el por qué de este #Picnicelèctric: la solicitud vecinal de traslado de un antiguo transformador de FECSA/ENDESA desde aquella ubicación. Supongo que, como estamos en periodo electoral, aprovechó que estaba allí y por eso se atrevió a decir que por fin se había conseguido, previa negociación con la empresa energética, la retirada del transformador -en funcionamiento desde 1964 y con servicio a 8600 viviendas- “al final del mandat”, y que este sería retirado en, como mucho, 24 meses. Envalentonado, continuó relatando los supuestos compromisos electorales que su partido había mantenido y efectuado, como el hecho de “cumplir amb la arribada de la Rambla del Poblenou fins al mar”. No obstante, se le olvidó citar que dichas obras en la Rambla fueron paralizadas por los vecinos justo hace ahora dos años, cuando éstos se enteraron de las características iniciales del proyecto de obra, el cual pretendía, entre otras cosas, dar más espacio a terrazas de bares y restaurantes y aplanar las rotondas, sin considerar prioritario su llegada al mar. Tampoco recordó que dicha paralización dio paso al proceso participativo Fem Rambla, el cual ha acabado por imponer su agenda y modelo de espacio urbano al Distrito, no sin reticencias por parte de este. En fin, un olvido lo tiene cualquiera. Al acabar su parlamento, el hombre que presentó al político convergente agradeció y repitió sus palabras y les impelió a bajar del escenario. El señor mayor no había abierto la boca.

Fuente: Propia

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El desmantelamiento del transformador es una vieja reivindicación vecinal. Puede que en un momento de la historia del barrio fuera necesario y su ubicación no llamara la atención, pero actualmente se encuentra frente a una escuela de primaria que acoge a centenares de niños y niñas en una zona en la que, además, no abundan las áreas de esparcimiento infantil. La Plataforma Transformen, formada entre otros por la AAVV del Poblenou, padres y madres de la Escola Sant Martí y un grupo de vecinos afectados, elaboró hace unas semanas un manifiesto donde reivindicaba, entre otras cuestiones, acabar con el emplazamiento actual del transformador, calificado como zona verde desde el año 1991, y garantizar, además, la seguridad de unas instalaciones que han quedado obsoletas. A finales de abril, el regidor del Distrito, junto a técnicos del Ayuntamiento y representantes del Partido Popular en el barrio (sic!), tras reunirse con miembros de dicha Plataforma, afirmaron que la cuestión estaba solventada. Se había firmado un protocolo con FECSA/ENDESA para eliminar el transformador. El protocolo recogía un presupuesto estimado de 2,6 millones de euros para las obras de infraestructura y otros 1,2 millones para la compra del solar. ¡Ah! Palabra mágica, solar. Según la Revista Poblenou (mayo/junio 2015) el acuerdo se firmaría en 15 días (la publicación online Poblenou.org, con fecha 8 de mayo, aporta una reciente nota de prensa elaborada por el Distrito donde se afirma que dicho derribo está finalmente concertado entre la empresa y el Ayuntamiento), cumpliendo una palabra dada a los vecinos por anteriores gobiernos municipales. La diferencia está, según la administración actual de CiU, en que en esta ocasión ha sido posible llevar a cabo la obra por contar las arcas municipales con dinero suficiente, proveniente éste de la privatización de la empresa municipal (SABA) que gestionaba los aparcamientos de la ciudad. FECSA/ENDESA se ha negado, desde un primer momento, a costear parte de las obras. Es curioso como una operación de acumulación por desposesión (Harvey, 2004), de privatización de una empresa pública altamente rentable, haya servido para financiar el traslado de un equipamiento obsoleto y contaminante que una gran empresa se negaba a sufragar. Se entiende que tendríamos que estar agradecidos tanto al gobierno convergente por su gestión, como a la empresa por su implicación.

Poco después, a las 12.49 h.-, sube al escenario el dueño de una conocida academia de baile del barrio. Invita a participar a todo el mundo en una coreografía que está a punto de comenzar. Sin embargo, su convocatoria tiene escaso resultado, el sol, cada vez más abrasador, incita a descansar a la sombra.

Justo en la pared del transformador a derrocar, un chico y una chica realizan un grafiti de dimensiones espectaculares. En realidad son tres dibujos distintos. Dos de carácter festivo y realizados con colores pastel, y uno central de un horripilante primate enseñando sus fauces. ¿Qué nos querrán decir? ¿Quizás que FECSA/ENDESA nos seguirá devorando desde otras ubicaciones? Desde luego, da que pensar.

Fuente: Propia

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La sombra ha alcanzado ya casi la mitad de la explanada y la gente se sienta en un par de mesas de plástico, con unas 4-5 sillas, dispuestas irregularmente en medio de la misma. También hay unas hamacas playeras, signo inequívoco del desenfadado estilo de la convocatoria. Justo al lado de estas mesas y hamacas, en la esquina de una de las calles peatonales antes reseñadas, está un restaurante de comida internacional. Cuenta, en su terraza, con 32 sillas y 8 mesas cubiertas con manteles rojos y negros con grandes lunares blancos. En ellas, los clientes, entre atónitos e interesados, miran el discurrir de las actividades. La propietaria del restaurante, aprovechando la ocasión, dispone una nueva mesa con mantel de lunares y vende trozos de pizza a 1 y 1,5 euros. También bebidas a 1 euro, por cierto, más baratas y más frías que las que ofrece la propia organización del evento, como no tardaré en apreciar.

Si finalmente el transformador es derribado y, en su lugar, se dispone un amplio espacio verde, los principales beneficiarios serán, principalmente, las familias de los niños y niñas que estudian en la Escola, los cuales dispondrán de un magnífico lugar de esparcimiento. Sin embargo, no hay que olvidar tanto a las terrazas, que verán incrementado su número potencial de clientes, como a los propietarios de las viviendas cercanas que, al ver revalorizadas sus propiedades, se apropiarán de las plusvalías producidas por una obra pública financiada con presupuesto municipal.

Unos minutos después, unas chicas se atreven con el sol y salen a bailar. Voy a pedir una bebida, fiel a mi compromiso con la Plataforma, a la mesa que vende los tíquets. Veo un cartel que dice: “El diners de les consumicions serà destinat al pagament dels artistes”. En la cola, esperando, aprovecho para preguntar a qué artistas se refiere el cartel. Me indican que a los grafiteros que pintan espeluznantes monos gigantes.

Continúo con mis preguntas:

– “Y ¿qué es lo que quieren hacer aquí?” – me hago el ingenuo – “¿Una zona verde?”

– “Sí, pero ya lo han conseguido, ¿no?” – me responden.

Parece que las palabras del político convergente han calado entre los asistentes, al menos, los de la cola de las bebidas.

Son las 13.36 h.- y las mesas se van quedando vacías. El dueño de la academia de baile aprovecha para hacer algo de publicidad de su negocio antes de finalizar la actividad que ha estado dirigiendo.

El calor arrecia y la gente va abandonando el lugar. Donde antes estaban las paradetas de actividades infantiles, a la sombra, ahora hay motos aparcadas de los clientes de las terrazas. Han aparecido, además, un par de vendedores de pinturas y grabados.

Son las 14.06 h.- y abandono el lugar.

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Trendy global spiritual street food en Copenhage‏

Fuente: Joan Uribe

Fuente: Joan Uribe

Por Joan Uribe (OACU)

Hoy ya no hay quien me quite el buen humor. La ligereza y alegría de quien se quita un peso de encima. Porque hoy lo he visto claro: no hay nada que hacer. Hemos perdido la mano, quien sabe si la partida…

Copenhague, en versión abril fresco y soleado, es una ciudad pacificada que se antoja equilibrada en espacios, ritmos y sonidos: avenidas y bulevares largos y amplios, de perspectiva estática y líneas previsibles, que no resultan duras a la vista. Un predominio del silencio unido a la proporcionalmente escasa presencia de transeúntes en relación a la dimensión de sus vías deambulatorias para coches, bicicletas y transeúntes, auguran un escenario urbano que abona la posibilidad de esculpir en la esencia de sus habitantes proyectos apabullantes, incluso terroríficos, en nombre de esa versión facilona de la democracia que puede ser la promesa de la vida sin disrupciones a la vista.

Street food. La idea es la siguiente: llevar a un punto de la ciudad una intensidad concentrada de puestos de comida callejera. Hasta ahí, todo bien. De diversos puntos del mundo… No tiene porque ser grave.

Pero, claro, la materialización de la idea se ejecuta en clave de producto. Y si, como imaginario, se concreta la ubicación de street food – www.copenhagenstreetfood.dk  -al trajín de las calles, en realidad, se ubica en el extremo de un muelle apartado de la ciudad. Un absurdo. En un punto –hermoso- en el que el horizonte se conjuga con el movimiento solar y, si las nubes lo permiten, da pie a horas de luz solar intensa en ese rincón apartado. Y a partir de ahí, el delirio. Quizá tomando como modelo otros proyectos similares de Berlín, quizá otros, se inserta en el interior de una gran nave. Ni en una street ni al aire libre de las streets. La comida callejera, la idea de los puestos, se convierte automáticamente en un parque temático de chiringuitos más o menos de diseño en formato indoor. La locura. En el punto central de la nave, rodeado de mamparas de madera y cristal, el punto de mesas en el que se solicita la bebida y que, en formato panóptico, genera al cliente la sensación de control sobre los puestos de comida, dispuestos alrededor, y a los cuales éste se dirige para decidir la supuesta etnicidad de la comida supuestamente callejera que comerá en un comedor interior.

A no ser, claro, que el tiempo lo permita, y uno tome posesión de algunas de las sillas que, en formato chill out, se disponen, al sol, frente a la nave. Acompañadas de potentes altavoces con música neutra, es posible que más de un cliente tenga una revelación: Evidentemente, el juego no se basa en un callejeo en el que descubrir des de la espontaneidad de la calle, sus flujos y avatares, comidas presuntamente callejeras y mundiales. No.

Fuente: Joan Uribe

Fuente: Joan Uribe

La revelación puede llevar a más de un consumidor a entender que está viviendo una experiencia trendy global en medio de un ambiente hipster que, merced a la música de chill out, nos ayuda a intuir la posibilidad de estar viviendo una experiencia espiritual. Es decir, trascendente: uno está yendo más allá del hecho de callejear y comer comida de puesto, y está encontrándose consigo mismo –puesto que lo que le rodea es tan difuso que aparenta no tener corporeidad-, y su destino, gracias al evocador escenario y la coreografía musical. Un espectáculo de vacío existencial muy bien identificado y ocupado en forma de nicho de negocio.

Y ahí uno entiende como el mercado es capaz de sublimar una idea, en forma de producto total: mercadotecnia trendy, con el sello de lo global, pero que tiene la capacidad de sugerir una espiritualidad de pandereta, muy de portada de CD.

Atrás quedan anteriores intentos de mercantilización de lo diverso y diferente –por foráneo-, desde argumentos como el respeto a la diferencia o la hermandad entre culturas. No. Eso ya pasó de moda. El mercado, ahora, es capaz de combinar con cierta sutileza toda esas postales como producto –alimenticio- con diseño trendy y darle tintes de esa espiritualidad tan de postal, combinada con una –inmejorable- puesta de sol en el puerto de Copenhague, al son de música de relajación.

Lo dicho. Hoy, dormiré en paz.

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Toni Negri y Alvaro García Linera en la UB

Aquí tenéis el vídeo de la presentación-diálogo sobre Procesos Constituyentes en el que participaron Toni Negri y Álvaro García Linera el pasado día 17 de abril en el Aula Magna de la Facultat de Geografia i Historia de la UB.

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Breve relato etnográfico de una mañana en “La Meri”

Fuente: lavanguardia.es

Fuente: lavanguardia.es

Por Cecilia Vergnano (OACU)

Pasar una sola mañana en Ciudad Meridiana no es suficiente para hacer un análisis exhaustivo del conflicto urbano que se articula alrededor del problema de la vivienda en este barrio. Aún así, no puedo resistir la tentación de compartir algunas de las impresiones que me ha generado la participación en un momento de resistencia contra los desahucios en “la Meri”, dibujando algunas pinceladas de lo que he visto; intentando esbozar una descripción densa de una mañana en el barrio.

A veces me pregunto si todas las horas que dedico al estudio y a la investigación en antropología urbana me acercan a la vida de la calle o, al revés, me alejan irremediablemente de sus intérpretes, de las personas comunes que aparecen en el centro de mi mirada. A veces me pregunto si, a nivel inconsciente, el hambre que tengo de vitalidad de barrio no sea una forma típicamente colonial, propia de una clase media que necesita apropiarse de las energías y los recursos de las clases oprimidas. Y, sin embargo, la sensación de comodidad y familiaridad que experimento a la hora de entrar en lugares que fácilmente pueden ser asociados al estigma, procede claramente de mi propio cuerpo, sin mediaciones meditadas del intelecto. Es raro sentirse tan “en casa” en un lugar no conocido. Tengo que aclarar que es una sensación que me sobrecoge a menudo en las periferias, puesto que me recuerdan el barrio donde yo nací.

La historia de Ciudad Meridiana empieza en los años 50, cuando el financiero Enrique Banús compró los terrenos de Font Magués que habían sido descartados para la construcción de un cementerio municipal por los altos índices de humedad de la zona. Sin embargo, “lo que era malo para los muertos era bueno para los vivos”, se lee en la publicación online de Ciudad Meridiana, “La Meri Tiene Vida”.

Con el Plan Parcial de Font Magués de 1963, se da inicio a la construcción del polígono de viviendas “Ciudad Meridiana”. La promotora inmobiliaria, Urbanizaciones Torre Baró S.A., nacida en 1957 por iniciativa de Banús, era presidida por Joan Antoni Samaranch.

Muerto hace poco, en 2010, Samaranch ha sido una figura que ilustra bien los límites de la Transición democrática española. Miembro de la Falange, el empresario y político catalán realizó una brillante carrera política atravesando impunemente todas las etapas, desde el franquismo a la democracia. Fue, por ejemplo, tanto concejal de Deportes en el Ayuntamiento de Barcelona (1955-1962), organizando los II Juegos del Mediterráneo, como presidente del Comité Olímpico Internacional en los tiempos de las Olimpiadas de Barcelona del 1992. Samaranch es, por lo tanto, uno de los padres fundadores de Ciudad Meridiana, junto con la Banca Rothschild y el alcalde Porcioles.

La parte más antigua del barrio es la alta. Cuando empezó a ser habitada, el barrio no tenía ni calles, ni tiendas, ni transportes. El amigo que me introduce al barrio, acompañándome, me explica que en los años 80 Ciudad Meridiana era el reino del caballo y que su único gran camino de acceso, cuesta arriba siempre, estaba permanentemente vigilado para poder controlar a quien entrara; la policía, por su parte, nunca solía pisar el barrio. Por eso Fili, vecino de “La Meri” y presidente de la asociación de vecinos, dice que cuando escucha la gente quejarse de los inmigrantes, él siempre pregunta si no se acuerdan cómo estaba el barrio cuando sólo había españoles.

En la actualidad, la parte alta es la más degradada, con edificios que necesitan rehabilitaciones por problemas causados por la mala calidad de la construcción, a los que se añaden las infiltraciones de la humedad que vuelven malsanas las viviendas y causan patologías pulmonares, sobre todo entre los niños. Los bloques más nuevos, y mejor mantenidos, son en cambio los de la parte baja del barrio. A la diferencia de calidad de los edificios se corresponden diferencias a nivel de composición poblacional: la mayoría de los inmigrantes viven en los edificios viejos, mientras que en los nuevos se encuentran sobre todo familias autóctonas. Por otro lado, hay que recordar que la población inmigrante constituye más de un tercio de la población del barrio, frente a la media del 12,61% del resto de Barcelona (García Almirall 2010). Las nacionalidades presentes en Ciudad Meridiana van desde Ecuador, Honduras, Bolivia y República Dominicana a Nigeria, Camerún, Marruecos y Pakistán. Entre los vecinos autóctonos hay una componente que se identifica como gitana.

Diferentes fotografías del barrio, tomadas a lo largo de las últimas décadas, podrían fácilmente ilustrar una tendencia general en España, y particularmente en Cataluña, en lo que concierne a la historia del acceso a la vivienda por parte de los trabajadores inmigrantes. Los pisos de protección oficial de Ciudad Meridiana, a los cuales han accedido en su momento familias trabajadoras procedentes de diferentes partes del Estado español, han sido luego vendidos a familias de inmigración más reciente, procedentes de África, Asia y América Latina. La burbuja inmobiliaria española provocó el aumento de los precios de la vivienda hasta el año 2008 (año en el que la burbuja estalló) por lo cual muchas familias que habían accedido de forma relativamente barata a estos pisos protegidos, consideraron conveniente venderlos para acceder a pisos mejores (o, mejor dicho, pagar una buena parte de la entrada de la hipoteca). Las familias inmigrantes se han, a su vez, hipotecado para acceder a las viviendas que las familias españolas iban dejando. En muchos casos los bancos y las promotoras inmobiliarias han permitido el acceso a la hipoteca a familias con ingresos muy bajos y con pocas garantías de extinción (de manera análoga a la así llamada “crisis de subprimes” en Estados Unidos – la crisis que ha dado pie a la actual coyuntura de recesión y reajuste del ciclo económico mundial). Estas premisas son necesarias para entender las razones de la alta concentración de inmigrantes en Ciudad Meridiana y, sobre todo, entender la dinámica que hoy se traduce con la ejecución casi semanal de procedimientos de desahucio en el barrio – y la consecuente ocupación de pisos.

“¿Te puedes creer que aquí un piso vale 250.000 euros?”, me pregunta mi amigo, subiendo por las calles del barrio.

Mirando alrededor, observando la baja calidad de los edificios, su mal estado de conservación, la estructura de dormitorio, sin tiendas, servicios, bares, sobre todo en la parte alta del barrio, la idea de que un piso de 60 m2 pueda valer 250.000 euros suena a estafa. Sin embargo, son estos los precios en los cuales los nuevos vecinos se han hipotecado. “Es que falta un organismo regulador de los contratos bancarios”, argumenta mi amigo. “Si lo hubiera, quizás se descubriría que la mitad de ellos son ilegales.” En cambio, los bancos han vendido en este barrio pisos hasta a cinco veces más de su valor de mercado, a familias que han sido víctimas del sueño democrático de “una sociedad de pequeños propietarios” – familias que acababan a lo mejor de emerger de la clandestinidad a través de la regularización del Gobierno Zapatero del 2005 y soñaban con una idea de normalidad en su cotidianidad y a la cual hasta entonces no habían podido acceder.

Al fenómeno de la exclusión social se le define a menudo en términos de ruptura de unos supuestos lazos sociales, de los vínculos que deberían tener unidos entre sí los miembros de una sociedad. A menudo se representan los procesos de exclusión social como descontextualizados de sus causas, casi como si la exclusión fuera un fenómeno natural al cual resulta inútil oponerse. Se habla de excluidos en términos victimizantes, como si su existencia no implicara necesariamente la actividad de unos exclusores. En Ciudad Meridiana, en cambio, es muy evidente quienes han sido los que han quebrantado el supuesto pacto social: los constructores mismos del barrio, que han edificado allí donde ni siquiera los muertos se podían sepultar. A partir de ahí, la lista es larga: entre quienes han roto los lazos sociales – beneficiándose de las dificultades de familias fragilizadas – hay promotoras inmobiliarias que han falsificado las condiciones para acceder a la hipoteca, bancos que han desahuciado cambiando a escondidas la cerradura del piso (aprovechando, por ejemplo, de un momento en que la madre había salido para acompañar el niño a la guardería), empresas que han despedido trabajadores tras accidentes en el lugar de trabajo, comunicando el despido al interesado a través de un simple burofax. De hecho, la asamblea de vecinos de Ciudad Meridiana desempeña un papel muy importante en señalar las causas de las dinámicas que tienen sus impactos hoy en día sobre el barrio, así como en organizar la resistencia contra los desahucios – resistencia que muchas veces resulta ganadora, al menos a efectos de suspensión provisional del desalojo.

La memoria viva de la historia del barrio, de las dificultades diarias de quien ha vivido y vive ahí, y de los nombres de los que en cambio se han beneficiado a expensas de sus habitantes, promueve de hecho unas representaciones y unas prácticas colectivas para nada anómicas, muy lejos del “distanciamiento lateral” del que hablara Wacquant al definir las características del hiperguetto. Al revés, en Ciudad Meridiana las prácticas solidarias consiguen mantener unido un barrio más allá de las divisiones étnicas o culturales. Sin idealizar una situación que queda de todas maneras fuertemente condicionada por una lógica clasificatoria – según el país de origen – de los vecinos del barrio, resulta sin embargo impactante asistir a un piquete contra el desahucio de una familia gitana al que participan juntos españoles no gitanos, bolivianos, ecuatorianos, nigerianos…

Son muchas las escenas que se me han quedado grabadas en mi visita a Ciudad Meridiana, en una mañana de primavera de resistencia contra los desahucios. Idealizar esta lucha, hace falta repetirlo, estaría totalmente fuera de lugar: he escuchado desde los discursos más provocativos que añoran la dictadura de Franco, a las quejas de mujeres extranjeras que se acuerdan de los tiempos en los cuales sólo desahuciaban inmigrantes: “por entonces no se veían tantos españoles resistiendo contra los desahucios”. Y es que a menudo los movimientos sociales nacen caracterizados por contenidos casi reaccionarios, al estilo NIMBY; sin embargo esto no impide que a lo largo del tiempo se vaya produciendo una consciencia colectiva capaz de superar los límites de las reivindicaciones individuales, articulando la lucha alrededor de cuestionamientos más profundos sobre el modelo social por el cual se quiere apostar.

Mientras que el procurador judicial pasa con el taxi delante del bloque rodeado de vecinos, sin pararse; mientras que el mediador del Ayuntamiento, contratado para trabajar específicamente en la regulación de los conflictos en Ciudad Meridiana, anuncia la suspensión del desahucio previsto; mientras que los vecinos de la asamblea de barrio, con el apoyo de las asambleas de Santa Coloma y Nou Barris, se felicitan al grito de “sí se puede!”, Amparo, la vecina, baja del piso en el cual ha resistido durante toda la mañana, sin dormir durante toda la noche, para abrazar a los presentes uno a uno. Tiene los nervios destrozados, una gran sonrisa que le ilumina el rostro y los ojos surcados de lágrimas. Su abrazo, fuerte y agradecido, me contagia de emoción y da sentido (aunque no hacía falta) a toda una mañana pasada en “La Meri”, y a todas las horas del día que quedan antes de acostarse. Mientras tanto, alguien me señala, del otro lado de la colina, las marcas evidentes de una pequeña favela que está empezando a surgir en el parque natural colindante, en terrenos del Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet. Esta historia también es jodida, pero muy significativa.

… to be continued…

(Se agradece a Guillaume Darribau, http://guillaumedarribau.com/)

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El barri de Vallcarca entra en una nova fase urbanística

Font: OACU (23/02/2015)

Font: OACU (23/02/2015)

Aquest article va ser publicat al dossier  “A voltes amb el conflicte urbà”, La Veu del Carrer, nº 133 (octubre 2014), Barcelona: FAVB

Per Marco Luca Stanchieri (OACU).

Des de fa poc més d’un mes, al maig de 2014, el barri de Vallcarca, en el districte de Gràcia, ha entrat en una nova fase urbanística. La bomba informativa va sortir directament de la boca del mediador Miquel Esteve que, en la sessió de la Taula Participativa Permanent del 7 de maig, anuncia la novetat més esperada per part del veïnat: després de dotze anys d’especulació, destrucció i fracàs urbanístic, el Departament d’Hàbitat Urbà de l’Ajuntament de Barcelona, acceptava posar mà a la Modificació del Pla General Metropolità (MPGM) del sector Vallcarca-Farigola, aprovat sense ampli consens veïnal l’any 2002. La MPGM preveia la total destrucció del costat Llobregat de l’Avinguda Vallcarca i del nucli habitat entre el pont de Vallcarca i el carrer Farigola, per a la seva reconstrucció segons un ordre i un estil urbanístic diferent: substitució de les cases del carrer Bolívar, costat Besòs, amb un vial enjardinat de la Plaça Lesseps fins al viaducte; i reemplaçament del nucli Viaducte-Farigola amb set edificis d’entre quatre i set plantes, la meitat dels quals serien per a pisos de mercat lliure.

Aquesta nova posició que ha assumit l’Ajuntament ens suggereix una doble reflexió sobre què impliquen els plantejaments urbanístics imposats a la població: d’una banda manifesta el relativisme de la necessitat transformadora de barris sencers, per l’altre, la importància històrica de la resistència i l’oposició concretes a tals abstraccions polític-urbanístiques.

Fins a un mes enrere, tot el que plantejava la MPGM era intocable, considerat com absolutament necessari pel desenvolupament d’aquesta zona de la ciutat; línies vermelles insuperables per part del veïnat en desacord. Ara tot és novament qüestionable. Aquest canvi de tendència demostra clarament com les exigències de transformar, rehabilitar, reestructurar, zones de la ciutat de vegades són construccions teòriques allunyades de l’experiència real del lloc. Aquesta distància, entre el concebut pels tecnicismes urbanístics i el viscut i desitjat pels habitants, a Vallcarca ha provocat la destrucció de l’entorn construït – i amb això els referents culturals en l’espai de la població que allí residia – expropiacions, indemnitzacions, reallotjament provisional, esponjament forçós de veïns i veïnes, en alguns casos sofriment i malalties psico-físiques, estigmatització del lloc i, amb això, dels seus habitants, marginació de la vida social de part del veïnat i ruptura del teixit social existent. I tot amb els pretextos de la necessitat d’higienitzar una zona degradada, de la utilitat pública i de l’interès general.

D’altra banda aquesta important decisió política, és a dir, el reconeixement que la MPGM és discutible, negociable, modificable, restitueix justícia històrica a aquella part de població que se li va oposar des del principi denunciant que es tractava d’una operació d’especulació immobiliària que perseguia, mitjançant pràctiques polítiques dubtoses, interessos personals en detriment del ben públic. La Plataforma Salvem Vallcarca, l’Ateneu Popular de Vallcarca, l’Assemblea Okupa de Vallcarca i una altra gran part del veïnat feia deu anys que ho denunciava, enfront del silenci,  l’estigmatització i la criminalització per part del poder polític i dels mitjans de comunicacions oficials, i sense cap respatller institucional.

L’any 2012, sobre la base del que va ser la Plataforma, es va formar l’Assemblea Vallcarca, a la que van participar una desena d’entitats del barri i altres persones a títol personal. Amb l’assessorament d’arquitectes i arquitectes del col·lectiu Raons Públiques i Arquitectes sense Fronteres (ASF), l’Assemblea fa mesos que treballa de manera autogestionada en la reformulació del Pla, practicant una nova forma d’urbanisme participatiu comunitari a escala local, sense imposicions polítiques, amb l’objectiu de plantejar autònomament com és el model que busca per al seu barri.

A partir d’ara serà interessant constatar com aquesta voluntat d’intervenció directa i activa en la presa de decisions per part del veïnat, ja en acte, es desvincula de la forma de participació que l’Ajuntament proposa i a la qual ens ha acostumat en l’últim decenni, és a dir, la conversió dels habitants en éssers opinants sense capacitat decisòria en els assumptes importants de les seves vides, com és la transformació del seu propi barri.

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Llocs per amagar

Font: compostimes.com

Font: compostimes.com

Escrit conjuntament per Jofre Padullés i Manuel Delgado i publicat al Diari Regió7

Dins de l’entramat topogràfic de secrets i dissimulacions, certes pràctiques prenen una especial intensitat degut a la fixació a que es veuen sotmesos com a territoris de clandestinitat. A diferència de l’ús de pisos particulars, que alhora complien la funció de pis clandestí i particular, o els bars i altres espais utilitzats que a banda de l’ús il·legal oferien per si mateixos altres usos els quals s’utilitzaven com a quartada, existeixen altres espais que es destinen únicament a l’activitat clandestina.

Un exemple paradigmàtic seria el cas de l’aparell de propaganda, la vietnamita, el ciclostil o multicopista, més els clixés, material divers i l’arxiu de la tasca realitzada, original i còpia de cada document, no podien ser amagats fàcilment, per aquest motiu l’espai de l’aparell de propaganda no permetia altres usos que no fossin els propis de l’activitat clandestina, i ningú més que els responsables tenien coneixement de la seva ubicació. Territori sagrat per antonomàsia com tants d’altres d’ús individual, ja fos dins del matalàs, a les golfes, sobre la cisterna del lavabo, penjat d’una corda al cel obert de la cuina, o sota la rajola del passadís, un reguitzell de llocs inventats que permetien amagar les petjades de l’activitat clandestina.

Una treballadora de la Fàbrica Nova de Manresa ens relatava com arribaven a les seves mans el “Mundo Obrero”: “Vaig llegir el meu primer mundo obrero a la Fàbrica Nova, era el 1961. Me’l va passar un senyor. Aquest es passejava per tota la fàbrica, i anava amb una cistella arreglant coses. No se d’on li arribaven ni com, però aquest home llegia el mundo obrero que era una revista ciclostilada de quatre fulls, i ell me la deixava en una fusteta, que després jo vaig utilitzar per deixar-hi llibres, sobre la cisterna del wàter. Era un lloc que hi entrava tothom, però clar ningú s’ho imaginava. Si ell passava pel passadís i passava la cistella pel meu costat volia dir que havia deixat el mundo obrero sobre la cisterna. El sistema amb que el passava als altres jo no el se, però amb mi ho feia així, llavors jo el tornava a deixar allà i ell l’agafava per passar-lo a algú altre.”.

Tota aquesta memòria popular de la resistència antifranquista és la d’una geografia secreta, feta de trobades ocultes en llocs concertats boca a boca, punts de trobada comunicats a cau d’orella o mitjançant codis secrets, cites de seguretat als llocs més inversemblants, amagatalls, locals parroquials, complicats itineraris per acudir a un encontre clandestí, reunions en indrets plens de gent com a paradoxal garantia de discreció. Aquesta percepció i ús de l’espai com un mapa furtiu es concretava en un seguit de punts i recorreguts que sols es podien practicar ocultament. El resultat: un plànol arcà, fet de vèrtexs i singladures entre punts que conformen una topografia soteriològica, allò mateix que Derrida, relacionant lloc i secret, trobava com a característic de les sociabilitats esotèriques.

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Salvemos a nuestros turistas

Por Manuel Delgado, del Grup de Recerca sobre Exclusió i Control Socials (GRECS-UB)

Permitidme un comentario sobre lo que ha dicho hace poco Ada Colau a propósito del turismo en Barcelona. Yo creo que está bien y que implica formular un matiz no exento de importancia. Estar contra el turismo de masas y sus devastaciones no es estar contra el turista. Siempre que he podido he advertido de como el turista puede verse acusado de fenómenos de depredación territorial y de especulación y espectacularización urbanas de los que no pocas veces él mismo es víctima. Él reclama derechos que nosotros también reclamamos cuando viajamos –derecho de visita, derecho a ser recién llegados- y lo que obtiene es la monitorización de los operadores turísticos y los vendedores de ciudad y el desprecio de los indígenas, que lo tratan como un ser sin criterio, al que es fácil y casi obligatorio embaucar. Infantilizado, visto como un tipo ridículo y a la vez como un miembro de una peligrosa horda desoladora, se convierte en blanco cómodo al que atribuir el deterioro de la vida urbana. Es más, creo que la turistofobia es sin duda una variante de xenofobia, incluso un racismo desplazado que permite a los progres ser racistas sin que se nota.El problema no es que haya turistas, sino que sólo haya turistas. No es el turismo el que ha vaciado los centros históricos de su historia y de su gente, sino la gestión de la ciudad como negocio y como dinero. Es más, creo que deberíamos proponer y propiciar una campaña que se titulara algo así como “Salvemos a nuestros guiris”. Porque, de verdad que lo pienso, esos personajes con los que nos encontramos cada día y a los que se amontona en esas especies de reservas destinadas solo a ellos forman parte de nuestro paisaje humano. Fijémonos en ellos: ¿no es entrañable su imagen de desamparo? ¿No nos inspira afinidad verlos victimas de todo tipo de tomaduras de pelo, tanto al por mayor como al detall, del tour operator que los aborrega al vendedor de helados que les cobra el doble del precio normal? Reconozcámoslo: si un día de pronto desapareciesen, si no volvieran, los añoraríamos, encontraríamos en falta su aspecto ridículo y su mirada de permanente desorientación. Son lamentables, penosos, patéticos…, y lo saben. En lugar del desprecio que suelen encontrar, deberíamos prestarles nuestra compasión y nuestra amistad.
Todo esto lo digo no solo por las palabras de Ada, sino porque me ha llegado una colección de fotos Mark Javierre- Kohan que me parecen ilustrativas de lo que quiero decir. Por favor, mirad las fotos, y decidme que no se merecen algo más que nuestro desdén: http://marcjavierre.com/?fluxus_portfolio=tourist-walk. Por favor, mirad las fotos. Us adjunto una de muestra.
A mediados de los años 60 llegaba al puerto de Barcelona “un xicot viatger que duia una gran curiositat”. Era Gato Pérez. Lo que se encontró fue un universo apasionado, enérgico y conflictivo –es decir, vivo– en el que se desplegaba “una fecunda humanitat”. Evoco e invoco ahora su “Rumba dels 60″: “Emigrants i forasters inundaven els carrers / en un cóctel demencial de turistes amb obrers”. Esa promiscuidad presencial de trabajadores y turistas fue posible y puede serlo de nuevo. Cada uno exigía y obtenía entonces lo que Lefebvre llamara “el derecho a la ciudad”, que no es sino el derecho a no ser llamado “extranjero” en un universo social en el que todos lo son, lo han sido o lo serán. Muchos de vosotros sois un ejemplo de ello. Habéis venido de —a ver…, repaso— México, Colombia, Ecuador, Argentina. Italia, Rusia, Dinamarca, Grecia… ¿Qué sois o habéis sido sino turistas académicos, que es lo que en definitiva son los miles de estudiantes que habéis llegado como erasmus o cosas por el estilo? Sois guiris, llegasteis como guiris. No renegueis de vuestras raíces.
Son “nuestros turistas”. Sintámonos solidarios de su heroísmo de seres desafiliados. Defendámoslos de quienes les explotan al tiempo que les mienten. Pido para ellos un abrazo fraternal.

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¿Persones sense casa o exclusió residencial?

Article publicat per Joan Uribe (OACU) al diari elperiodico.cat el passat dia 4 de desembre de 2014

El nombre de persones que es queden sense casa no para d’augmentar i Barcelona ens mostra una paradoxa. Amb anys de trajectòria en l’esforç per millorar la resposta al problema i amb una dotació de serveis especialitzats d’ampli abast, la ciutat aposta per incorporar metodologies com ara el model Housing First, que aplicat en diversos països presenta índexs d’èxit (permanència de persones abans sense casa durant anys en una vivenda) del 80% al 95%. S’aposta així per un futur de més eficàcia en la capacitat de recolzar els milers de persones sense llar.

¿Com pot ser llavors que, treballant més i millor en aquest tema, no deixi d’augmentar el nombre de víctimes de l’exclusió residencial? Una de les claus pot estar precisament en el que implica el concepteexclusió residencial, cada dia més utilitzat en lloc del de persones sense casa. Aquest últim se centra bàsicament en les persones i ens remet a un imaginari de marginació, estigma i menysteniment. El d’exclusió residencial, en canvi, ens parla d’un fenomen amb una gènesi ubicada més en problemes de l’estructura social que en circumstàncies individuals. És el que ens està passant ara.

I per més que Barcelona s’esforci, com ho fa, a millorar i innovar, el nombre de persones sense vivenda pròpia no deixarà d’augmentar mentre els problemes estructurals persisteixin. Perquè es tracta d’una xifra que s’alimenta de la vergonya dels desnonaments; de la inseguretat i de la precarietat laboral, tant en termes de durada del treball com de quantia dels salaris; de l’atur de llarga durada; de la incapacitat de generar llocs de treball i de fer efectiva la reorientació formativa i professional. Aquests i altres factors estan construint el perfil d’una part de la societat que no té on viure ni sap on ho farà.

Moltes de les persones afectades exigeixen una resposta que no és la clàssica dels serveis socials. Exigeixen el compliment dels seus drets -a la protecció social, que comencem a entendre que és tan necessària com la salut- i ho fan en un format diferent del de l’acompanyament individualitzat i els plans de suport a la persona. El districte de Nou Barris recull i analitza aquesta nova realitat en un document de títol encertat: No és pobresa, és injustícia. I la desigualtat i la injustícia social demanen un abordatge diferent del de la pobresa.

Esperem que l’esforç i el compromís de Barcelona per millorar, fins i tot arriscar, amb fórmules d’intervenció amb les persones en situació de sense llar tingui l’èxit esperat i serveixi de referent i estímul per generar els canvis i les lluites necessàries per abordar el problema també en un sentit més ampli: el de l’exclusió residencial.

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