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¿Qué pasa con los niños?

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Artículo publicado originalmente en català en La Directa.

Por Marta Contijoch (OACU)

El pasado 20 de Noviembre se celebró el Día Internacional de los Derechos de la Infancia, uno de esos días dedicados a simular que las instituciones se acuerdan de aquello que el resto del año olvidan. Este año, como el pasado, la Fundació Catalana de l’Esplai lo celebró con una jornada en la que se ocuparon las calles de algunas ciudades catalanas, también Barcelona, para reivindicar el derecho de niños y niñas al juego y el tiempo libre.

En efecto, el tiempo en que niños y niñas jugaban en la calle cada vez parece ser más cosa del pasado. Son pocos los que, hoy en día, se atreverían a dejar que sus hijos camparan a sus anchas, solos, por las calles –al menos sin la vigilancia de un adulto responsable-, fuera del espacio de seguridad que se supone que es el parque o algún recinto parecido, debidamente vallado. Con cada vez más entornos peatonalizados y aparentemente libres de coches, el peligro de los automóviles no es excusa. Tal vez, incluso, a muchos de estos niños, por mucho que les autorizaran a salir a la calle, les costaría encontrar el momento en el que encajar este paréntesis de juego entre el tiempo que pasan en la escuela y en casa, y el que ocupan todo tipo de actividades extraescolares que seguramente duran toda la tarde, o al menos buena parte de ella.

Hablamos de la negación de la calle como momento de libertad infantil; de la usurpación de los únicos instantes en los que podían negociar un espacio que construían como propio, administrando autónomamente su tiempo sin seguir las directrices de ningún adulto, tan sólo bajo la supervisión que proporcionaba el uso compartido del espacio urbano, repleto de ojos amigos que se ocupaban, prestando atención de reojo, de su vigilancia. No debemos olvidar el papel que las pandillas infantiles jugaban en la sociabilidad de muchos barrios, y en las funciones y posibilidades de autogobierno que ejercía esta vecindad de calle. Una vida pública compartida que integraba lo que en catalán se denominaba la canalla, que no era una simple agrupación de niños, sino una auténtica institución social, con una estructura y una cultura propias, y responsable de una contribución clave a la comunidad por medio de lo que fue un auténtico sistema pedagógico informal. La vida en la calle otorgaba a las pandillas de niños un papel activo y determinante en la cotidianidad de un barrio que, a su vez, les reconocía su derecho a ese lapso de ocio autogestionado que niños y niñas encajaban entre los demás ámbitos de su vida diaria.

Ahora, la organización del ocio infantil más allá del entorno doméstico y del colegio parece haberse convertido en un problema. Niños y niñas parecen estar ahora sometidos a una suerte de toque de queda permanente, una tendencia indesligable de una lógica que, cada vez más, concibe su tiempo libre como un algo que debe aprovecharse de manera productiva, combinando preocupaciones tanto de orden pedagógico como relativas a la seguridad. Partiendo de un discurso sobre la infancia como una etapa de vulnerabilidad y dependencia cercanas a la incapacidad, los niños son desalojados de las calles y enclaustrados en espacios privados, corrales en los que son confinados para entregarlos a todo tipo de actividades monitorizadas, dirigidas por un especialista en infancia que les propone aquellos juegos –obviamente adjetivados como educativos, como si el juego no dirigido en la calle no lo fuera- más apropiados, de acuerdo con lo que se supone que son las necesidades de su aprendizaje.

Apartado por completo del mundo adulto, el mundo infantil queda limitado al ámbito privado, donde no escapa de la vigilancia y la supervisión constantes. Expulsado de un espacio público con el que tan sólo pueden negociar los adultos –y podríamos precisar: los hombres adultos-, y con la vida de barrio cada vez más debilitada, niños y adolescentes se convierten en presencias contaminantes fuera de aquellos lugares especialmente reservados para ellos. Tan sólo se les permite ocupar ciertos espacios delimitados, apartados, en cualquier caso, de la verdadera vida pública.

De este modo, el asalto al espacio público protagonizado por muchos adolescentes tan pronto como son autorizados a autoadministrar parte de su tiempo libre, puede ser leído como un ajuste de cuentas, una reconquista de ese derecho a la calle que les fue negado de niños.

Se trata de una ocupación del espacio monopolizado por aquellos ya considerados “maduros” que no puede ser vista como nada más que una amenaza a un orden adulto que debe protegerse a sí mismo de las intrusiones siempre insolentes de aquellos que le son ajenos. La transgresión de la frontera que separa ambos mundos por parte de aquellos que, estando todavía por socializar, son en sí mismos negación del orden social, activa un pánico moral ante la naturaleza impredecible de una civilidad todavía no consolidada. La demonización de los que se atreven a pisar, a imponer su presencia y apropiarse de un territorio que por el momento no están autorizados a ocupar, que todavía no les pertenece, no expresa otra cosa que el miedo al descontrol y al desorden sociales que genera en algunos el uso de su espacio por parte de aquellos que consideran (aún) inmaduros para asumir, junto a ellos, su control.

Tal vez sea hora que este derecho a la ciudad –a la calle- que reclamamos, lo exijamos también para los niños y niñas, aunque sea para que vuelvan a ofrecernos un modelo de lo que debería ser una apropiación lúdica, autogestionada y creativa. Una posibilidad siempre abierta de volver a ser, también nosotros, en la calle, niños y niñas.

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Naves vacías y generaciones perdidas. El “Brexit” visto desde Birmingham

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

por Cecilia Vergnano (OACU)

A las 7.30 de la mañana del 23 de junio, un vaivén de gente atraviesa la pasadera que lleva a la estación de Bournville, a pocos kilómetros del centro de Birmingham, para coger el tren local que les llevará al trabajo. Una mujer alrededor de los cuarenta a la entrada de la estación distribuye panfletos que invitan a votar remain. “More jobs”, “lower prices”, “worker’s rights protected”, “a stronger future”, son algunos de los eslógan que aparecen en el papelito que resume sintéticamente las razones del remain: “your vote can make a difference”, se añade además, “don’t let someone else decide your future”. Es curioso, pienso, porque son exactamente los mismos argumentos de los partidarios del leave.

Paseando por Birmingham, me aventuro hacia la periferia movida por una vaga sensación de haber sido catapultada de golpe en una pelicula de Ken Loach. Termino, así, en el working class neighborhood de Aston, un mar de casitas de dos o tres plantas, las clasicas terraced houses monofamilares de los barrios obreros ingleses, un poco desvencijadas, de ladrillos rojos y pequeños jardines. La atmosfera que percibo alrededor mío es rara, me cuesta definirla. No siento el mismo malestar y la misma desolación que he sentido pasando por las banlieus parisinas, no veo la misma masificación que he visto en los enormes bloques donde millares de familias viven concentradas como en enormes colmenas. Pero la basura acumulada en algunos rincones, los grandes scrapyards alrededor de la zona residencial donde se amontonan neumáticos y carcasas de coches, el olor acre que sale del gasómetro en las inmediatas cercanías, etc., me hacen pensar que Aston no debe que ser uno de los barrios más pudientes de Birmingham. Empiezo a entender, mirando a mi alrededor, que es más fácil pensar que el Brexit puede aparecer como una solución cuando no hay mucho que perder.

Siempre paseando por Aston descubro, con cierta decepción, que mi imaginario estereotipado de una british working class blanca no corresponde para nada a la realidad – por lo menos no en Birmingham, una ciudad en la cual las diferencias de tipo “étnico” o “cultural” están en el orden del día. Cruzo un par de hombres de piel blanca que satisfacen mis categorías mentales a lo Ken Loach – camiseta color blanco sucio y mono azul, la pinta de volver a casa después de un día de trabajo pesado-. Pero en el patio de la escuela local (son las 4 de la tarde) no veo un solo adolescente blanco entre los que juegan al fútbol. Por la calle, las mujeres y los hombres que pasan son casi todos de origen africano, jamaicano, árabe o asiático.

No me sorprendo, por lo tanto, el día siguiente cuando, en la charla inaugural de la conferencia universitaria por la cual me encuentro en Birmingham, la socióloga  Gurminder Bhambra critica duramente la “construcción de la identidad británica” como identidad “blanca”. “Why when we think about ‘British identity’ we think to white men? Why when we think about ‘British working class’ we think to white workers?” pregunta provocativamente desde el micrófono en el centro de la sala. Se trata de la segunda conferencia internacional sobre Superdiversity, un concepto que está consiguiendo cierto éxito en las ciencias sociales y está empezando a ser usado también por algunos políticos y periodistas en substitución del viejo concepto de “multiculturalidad”, ya viejo y superado. La Superdiversity hace referencia al proceso de “diversificación dentro de la diversidad”. La primera vez que escuché el término, recibí la siguiente explicación: “vaya, por ejemplo cuando vas a Londres y te encuentras en un barrio donde los únicos blancos son polacos recién inmigrados sin ciudadanía británica, y los ciudadanos británicos son todos originarios de países del Commonwealth y nadie entre ellos tiene la piel blanca.” Bhambra añade, al micrófono, que no existe ni ha existido jamás una Gran Bretaña independiente y, quien la añora, está borrando con una pincelada siglos y siglos de historia: Gran Bretaña siempre ha formado parte de algo más grande, el Imperio, la Commonwealth o la Unión Europea. Es inútil aclarar que en el ambiente cosmopolita universitario las preferencias se orienten indiscutiblemente hacia el remain – una vez más, como comunidad de intelectuales tenemos muy buenos argumentos, pero somos completamente incapaces de difundirlos afuera de nuestro circuito limitado.

A la vuelta de la conferencia, Edward, el chico de Birmingham que me aloja estos días, me pide que le acompañe a su mesa electoral. Faltan pocos minutos para el cierre. Edward Genochio, 38 años, nacido en Bélgica y con lejanos orígenes italianos, no es exactamente un tío cualquiera: ahora lleva una vida normal de empleado trabajando para una compañía de servicios informáticos, pero de joven ha sido el primer ciudadano británico en cumplir la empresa excepcional de llegar a China en bicicleta desde Gran Bretaña, atravesando el continente europeo, los Urales y pasando por Mongolia. Antes estudió Antropología Cultural y Geografía en la Universidad de Cambridge. Las conversaciones con él en estos días han sido brillantes y ricas de estímulos: es una persona instruida, open-minded, agudo y curioso. Ha sido, por lo tanto, sorprendente descubrir sus intenciones de votar leave. Caminando hacia el colegio me explica que cree en Europa, pero no cree en la Unión Europea. Y que si en el referendum ganara el remain, las autoridades europeas no modificarían ni una coma de sus políticas económicas antisociales. Su leave es, a su manera, un voto “de izquierda” o, al menos, de protesta.

La nota de Edward

Fuente: Cecilia Vergnano

Dentro de la escuela de ladrillos rojos, los miembros de la mesa electoral nos cuentan de la gran afluencia que ha habido durante el día. Bajo los últimos rayos de sol, se dispone poco a poco el cierre y la gente se prepara para la larga noche del recuento.  Y de hecho es una noche larga y poco tranquila. Me despierto a las 6 de la mañana con una nota de Edward (que se ha despertado aún antes que yo) por debajo de la puerta de mi habitación: “Looks like Brexit!!!”, dice, “48% remain, 52% leave. Keep your !! They will make you a millionaire! 🙂

Birmingham es de las pocas ciudades británicas en las que ha ganado el leave. Londres, Liverpool, Manchester, Bristol se han expresado en su mayoría para el remain. No puedo evitar relacionar este dato con la visión de hectáreas y hectáreas de terreno industrial que empiezan ya a pocas manzanas del centro de la ciudad. Es esta la característica más impactante de Birmingham, por cualquier lugar donde se pasee (no solo en el centro). De este modo, la pregunta que me carcome es: ¿cómo ha sido posible reconvertir la economía de esta ciudad? ¿Dónde han acabado los millares de personas que trabajaban en las fábricas? ¿De verdad ha sido posible reconvertir toda la mano de obra no cualificada de la industria en puestos de trabajo en los sectores servicios y terciario? Los datos estadísticos revelan que, de hecho, en Birmingham el desempleo no es muy alto (6,2%), pero superior al de Manchester, Bristol y Liverpool, y es más o menos el triple de la tasa media de desempleo en el Reino Unido.

Las fábricas y las industrias en desuso ahora no son nada más que espacio, espacio vacío. Espacio que se ha convertido también en mercadería. “Se alquilan almacenes”, se lee en la fachada de un viejo establecimiento, “Espacio en alquiler”, se lee en otra: “to let”, “to let”, “to let” parece un leitmotiv constante cuando se leen los carteles todo alrededor de las viejas fábricas y las naves en desuso. Se ha reflexionado ampliamente, en los últimos días, sobre el significado sociológico de este resultado electoral. Se ha hablado de un país partido en dos, dividido en términos generacionales, culturales y de clase, con los losers de la globalización por un lado y los winners por el otro. Los que sienten que no tienen mucho que perder, por un lado, y los que tienen unos capitales, una carrera o un recorrido de movilidad social ascendente para defender.

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

Habiendo seguido con atención las últimas vicisitudes electorales en Italia y la inesperada escalada a los gobiernos municipales por parte del partido 5 Estrellas, no puedo evitar notar cierto paralelismo por lo que concierne al carácter inesperado de estos resultados electorales. A pesar del fuerte componente xenófobo y anti-inmigración de los partidarios del leave (entre los cuales muchos son inmigrantes, que reproducen dinámicas de “primeros llegados” contra “últimos llegados”), los Brexiters no son una masa indiferenciada de racistas, así como los 5 Estrellas no son una masa indiferencias de derechistas.  La xenofobia y la nostalgia por el Imperio se encuentran indiscutiblemente en la base de muchas preferencias de voto en el caso británico, pero también las dificultades relacionadas con el acceso a la vivienda y al trabajo, los salarios bajos, los recortes en políticas sociales y en el sistema sanitario y educativo, la incertidumbre sobre el futuro, y la sensación general que el progreso y la prosperidad prometidos gobierno tras gobierno habrían sido para “ellos” y no para “nosotros”.

Este “ellos” y este “nosotros” no son nada más que los indicadores de las desigualdades sociales, que la imposición de políticas neoliberales, a partir de los años 80, ha progresivamente contribuido a acrecentar. Así como la victoria de los 5 Estrellas en Roma y Turín se presenta como un indicador claro de la brecha entre barrios tradicionalmente acaudalados y los barrios gentrificados, por un lado, y las periferias por demasiado tiempo abandonadas, por el otro. Aunque haya pocas posibilidades de que este deslizamiento populista impulse políticas redistributivas realmente capaces de volver a dar voz y oportunidades a quien ha sido en estos años cada vez más marginalizado, el mensaje de descontento y desafío está claro. La sorpresa de los partidos que tradicionalmente han estado en el poder pero, sobre todo, de aquello que queda del centro-izquierda, frente al avance de estas reivindicaciones desde abajo, tanto en Italia como en UK, resulta particularmente molesto y arrogante. Es muy fácil tachar las masas de ignorancia e irracionalidad después de décadas en las que se ha hecho de todo para depolitizarlas, desmovilizarlas, infantilizarlas.

Justamente porque estoy muy lejos de la tentación de exaltar estos resultados electorales como si representaran una vuelta de cierta consciencia de clase, considero importante recordar qué pasa cuando dicha consciencia es adormecida o aniquilada. La antropología nos enseña que las relaciones sociales se construyen siempre a partir de construcciones identitarias, que crean cohesión en el interior de los grupos humanos. Sin querer idealizar las condiciones de trabajo intolerables que han caracterizado por décadas y siglos la vida a los trabajadores de las minas y las fábricas, es innegable que el orgullo, el reconocimiento social y el sentimiento de solidaridad de grupo que la identidad de minero u obrero genera pueden parecer preferibles a los de una identitdad de desempleado o precario. Pero mientras las viejas distinciones de clase han sido progresivamente desactivadas, unas nuevas categorías identitarias han ido progresivamente activándose. Estas derivas pueden manifestarse a diferentes niveles (a nivel de barrio, a nivel nacional, pero también a nivel global), incluyen las derivas de tipo étnico o religioso, o las derivas mafiosas (sobre todo en contextos locales), y pueden llegar hasta el terrorismo.

La nostalgia por el gran Imperio Británico y la reactivación de la identidad británica no es otra cosa que el resultado de la incapacidad (o falta de voluntad) de la clase política de volver a llevar la cuestión social (o sea la cuestión de la redistribución de la riqueza) a una arena propiamente política, sublimando dicha cuestión en narraciones distorsionadas. En el otro opuesto, otro tipo de deriva (el fundamentalismo neoliberal del Banco Central Europeo y de los mercados financieros que dictan ley en Europa) exaspera la cuestión y no ayuda a volver a situar el conflicto sobre el terreno de la política en el sentido tradicional del término.

En Turín como en Birmingham las hectáreas y hectáreas de terreno industrial abandonado nos hablan de una auténtica guerra que se ha combatido en tiempos de paz, que ha dejado detrás suyo escombros y desastres sociales. Naves desiertas y “generaciones perdidas”. A la hora de despedirnos Edward me pide una última cosa. “Por favor, cuando vuelvas a casa, explica al mundo ahí afuera que nosotros ingleses no tenemos nada en contra de vosotros. Es una lección que queríamos dar a nuestros políticos y a los políticos europeos. No sé si lo vamos a conseguir.” Intento, en la medida de lo posible, difundir el mensaje.


Esta misma entrada ha sido publicada, en italiano, en el Napoli Monitor

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Mercados municipales abandonados: Disputas y conflictos en Madrid y Brasilia.

Por Adrián Hernández-Cordero, geógrafo

En un trabajo reciente discutí sobre los mercados públicos en la ciudad[1], entendidos como viejos equipamientos que por diversas razones (cambios en los patrones de consumo a partir del surgimiento de los supermercados y la política de desinversión gubernamental) a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado han experimentado un proceso de deterioro. Sin embargo, en los últimos años han sido redescubiertos por los gobiernos y la iniciativa privada como infraestructuras con un alto potencial económico, debido a su valor patrimonial, su tamaño y ubicación estratégica. Estos factores los hacen sumamente rentables a partir de las políticas de gentrificación que se están llevando a cabo en diversas ciudades, sobre todo en los centros urbanos. Cabe recordar al mercado de Santa Caterina que fue el Caballo de Troya[2] de la gentrificación en el barrio barcelonés del Born. El mercado fue utilizado como el motor de transformación social y urbanística del vecindario a partir de su reconstrucción, que se demoró por varios años, implicando la muerte del sector comercial y de alguna manera del espacio público que se conformaba en torno a éste y que articulaba la vida social[3].

Existen otras experiencias que nos hacen pensar que otros mercados y ciudades son posibles. Actualmente se está llevando a cabo una lucha ciudadana por recuperar el abandonado mercado de frutas y verduras del barrio obrero de Legazpi, en lo que se puede considerar la primera periferia madrileña. El mercado estuvo activo hasta la década de los años ochenta cuando fue cerrado por la inauguración de Mercamadrid.  Mientras de decidía su futuro el Ayuntamiento instaló en el recinto diversas oficinas públicas hasta que en 2007 advirtió en el centro de abasto una oportunidad para explotarlo económicamente. A partir de entonces se comenzaron a plantear varios proyectos en conjunto con la iniciativa privada. La recuperación del mercado de Legazpi no fue casual, se vinculó con una serie de operaciones de especulación inmobiliaria llevadas a cabo al sur de Madrid que buscaban revalorizar este sector. Muestra de ello es la construcción junto al Manzanares del parque lineal Madrid Río en 2005 y la rehabilitación del antiguo rastro de la capital española en un espacio cultural monumental denominado Matadero. Así, dos conceptos reificados y sacralizados: cultura y espacio público servían para justificar sendas operaciones urbanísticas que pondrían en el mercado inmobiliario un sector depreciado y de paso servirían para borrar su carácter obrero e inmigrante.

El último gobierno del Partido Popular en el Ayuntamiento en Madrid tenía la intención de convertir los 40.000 metros cuadrados el mercado de Legazpi en un centro gourmet con una zona de tiendas, gimnasio, espacio cultural y un aparcamiento subterráneo con 800 plazas. Sin embargo, no contaba con la movilización social de los vecinos de Arganzuela y diversos colectivos que se organizaron para reclamar la cesión del mercado como un centro autogestionado. Así, surgió el Espacio Vecinal Arganzuela que desde 2014 comenzó con un proceso asambleario en el que los habitantes han construido un proyecto para el mercado, además de realizar diversas actividades culturales que han ido construyendo un espacio de encuentro.

A más de 7, 000 km de distancia, en otra ciudad capital como Brasilia, existe otro ejemplo de contestación urbana igualmente potente: el Mercado Sul Vive,un antiguo equipamiento abandonado en la periferia del Distrito Federal, concretamente en el sector obrero de Taguatinga.  La ocupación aconteció en febrero del 2015 en el contexto de varias tomas de solares que se desarrollaron de manera simultánea por el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto. El Mercado Sul fue construido en los años 50 y fue unos de los primeros centros de abasto del Distrito Federal. A partir de la llegada de los supermercados y las calles comerciales que caracterizan a la ciudad, los locatarios del mercado quebraron, quedando sus instalaciones inermes y/o usadas como bodegas, generando su progresivo deterioro.

Ante este panorama diversos colectivos plantearon la ocupación del mercado, conscientes que está acción se inscribía como una forma de resistencia ante el proceso de especulación inmobiliaria que experimenta Brasilia. Los colectivos de activistas y artistas del vecindario han llenado de vida y actividades al mercado y sus calles circundantes mediante la realización de actividades culturales populares fuera de la industria cultural y del mainstream imperante. De esta forma, han generado un espacio de articulación vecinal que busca ser reconocido como autogestionado y de pasó reivindicar a través de la declaratoria patrimonial la salvaguarda del edificio por su valor histórico; ello resultaría trascendente en una ciudad que sólo ha reconocido las faraónicas y asépticas obras de los arquitectos que la edificaron. Lograr el nombramiento patrimonial implicaría el enaltecimiento de la memoria obrera de los candangos[4] sistemáticamente despreciados y a los que Brasilia les debe tanto, ya que fueron sus verdaderos constructores.

El Espacio Vecinal Arganzuela y el Mercado Sul son ejemplos de que los mercados públicos en desuso pueden ser disputados por los habitantes a los poderes fácticos que dirigen la ciudad: política y dinero. Ambos mercados a partir de procesos de organización social y con el desarrollo de actividades artísticas y culturales han logrado darle mayor potencia a su movimiento. La organización y toma de consciencia de clase muestra que la colonización urbana del neoliberalismo puede ser confrontada desde las periferias, las cuales toman un papel central en las disputas por la ciudad y en defensa de lo urbano.

[1] “Los mercados públicos: Viejos equipamientos, nuevos usos en la ciudad. Reflexiones a partir de Barcelona”, comunicación presentada en el 5° Seminario Internacional Ciudad, Comercio y Consumo, celebrado en la UNAM, México. Octubre de 2015. http://www.ccc.unam.mx/pdf/4B-Adrian%20Hernandez%20Cordero.pdf

[2] El antropólogo Jose Mansilla del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà me sugirió está acertada metáfora en el debate del Seminario Contested Cities, celebrado en Madrid durante diciembre de 2013.

[3] Más detalles en “Gentrificación comercial y mercados públicos: El mercado de Santa Caterina, Barcelona”. Working Paper Series. http://contested-cities.net/working-papers/2014/gentrificacion-comercial-y-mercados-publicos-el-mercado-de-santa-caterina-barcelona/

[4] El término candango originalmente se utilizó en Brasilia para denominar de forma peyorativa a los trabajadores inmigrantes de otras regiones brasileñas, sobre todo del nordeste, que llegaron a laborar en el ramo de la construcción. Actualmente de forma informal las personas nacidas en Brasilia o avecindadas allí se les conoce de la misma forma.

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Valla Torg, el “renodesahucio” como instrumento de la política habitacional en Suecia

Walla Scen ocupado. Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

Walla Scen ocupado | Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

por Karina Raña (Uppsala University)

Walla Scen es un teatro pequeño en medio de Valla Torg, un típico barrio del sur de Estocolmo. En la entrada, un cartel que pone “Fika Gratis” invita a los vecinos a una merienda en la modesta recepción del recinto. Sin embargo, este “fika[1]” no es sólo café, pastel y conversación, principalmente porque el teatro está ocupado por un grupo de activistas que buscan generar atención sobre el proceso que pone en riesgo la vivienda de los actuales residentes de Valla. Dentro de unos pocos meses, muchos de los habitantes de este barrio pueden verse forzados a encontrar otro lugar donde vivir. Esta tarea no es nada fácil pues una muy rentable mezcla de escasez de viviendas y especulación inmobiliaria ha transformado a Estocolmo en una verdadera jungla habitacional.

Esta amenaza que se cierne sobre los vecinos de Valla Torg es lo que ha sido llamado renodesahucio[2]. Este término acuñado por activistas canadienses refiere a la renovación de los edificios con el consecuente aumento de los alquileres que obliga a los residentes a marcharse del lugar. En el caso particular de Valla Torg, la empresa municipal de vivienda dueña de los pisos tiene contemplado un alza de un 50 ó 60% del actual precio luego de la renovación cuestión que, según los mismos vecinos de Valla Torg, no serán capaces de afrontar. Esta estrategia gentrificadora se está volviendo una práctica extendida en Suecia ocurriendo en otros barrios también, por ejemplo Pennygången en Gotemburgo y Gränby en Uppsala donde, a base de organización vecinal, las alzas de alquiler se han moderado pero no detenido.

Crisis de la vivienda en Suecia punto de partida de la planificación urbana

La situación es compleja pues son muchos los elementos involucrados que perfilan el actual contexto de lo que se ha llamado crisis de la vivienda en Suecia[3]. Este no sólo afecta, hoy en día, a las principales ciudades del país como Estocolmo, Gotemburgo y Malmö, si no que también se ha extendido a ciudades medianas. El tema es actualmente parte de la agenda tanto de la academia como del activismo, siendo ambos actores no sólo parte del debate sino que además  los principales precursores de esta discusión, la cual se ha vuelto titular acostumbrado de noticiarios y ocupa cada vez más páginas en los periódicos.

Para la capital sueca, la falta de viviendas ha sido una constante en el desarrollo de la ciudad, lo cual ha sido enfrentado de diversas maneras en diversos momentos de su historia. Así, por ejemplo, la autoconstrucción y la renovación de viejos edificios fueron incitados por el estado desde principios del siglo XX para combatir el hacinamiento. Al mismo tiempo diferentes modelos de ciudad eran planteados para contrarrestar el crecimiento de una población cada vez más urbana. La ciudad jardín y los proyectos para la expansión hacía más allá de los límites naturales del archipiélago, fueron poco a poco dominando las nuevas construcciones y la política habitacional.

Sin embargo, esto no fue suficiente. La creciente industrialización de la Suecia de la postguerra agudizó el problema de la vivienda transformándose en un elemento decisivo a la hora de hablar sobre la calidad de vida de los trabajadores. Este hecho fue clave, junto con el advenimiento de la socialdemocracia sueca al poder, para el nacimiento de otros planes. Así entonces surge lo que en Estocolmo se denominó la ciudad ABC, que por sus siglas en sueco refieren a trabajo, vivienda y centro (arbete, bostad och centrum). Este modelo tenía como idea base que los trabajadores pudieran, dentro de una corta distancia, acceder a sus trabajos, caminar hacía sus casas y tener los servicios necesarios para la familia, como escuela, atención médica y correo, centralizados en un núcleo que serviría como foco de comercio, pero también como punto de encuentro para los vecinos. Bajo está idea unos cuantos barrios, que aún perduran, fueron construidos alrededor de Estocolmo durante los años 50. El modernismo fue la inspiración principal para estos satélites que pretendían descomprimir la presión en el interior de la ciudad.

Un millón de viviendas

Siendo aún insuficientes y reconociendo que el problema de la vivienda era una cuestión de corte nacional, se lleva a cabo entre 1965 y 1974 la construcción masiva de barrios completos, con viviendas y servicios, en todo Suecia. La meta fue construir un millón de viviendas en diez años. Para concretar este objetivo se pusieron en marcha, por una parte, fuerzas estatales, a través de la creación de subsidios y de incentivos económicos a la edificación, y por otra, la industria de la construcción la que adquiere, en este tiempo, la posición de privilegio de la que aún goza. Durante los 10 años que duró el programa surgió un nuevo barrio por año y se entregaron 180.000 nuevas viviendas en total en Estocolmo.

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo: Foto: Karina Raña

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo |Foto: Karina Raña

La propiedad de los nuevos edificios se compartió entre empresas privadas, en menor medida, y empresas municipales de vivienda lo que implicó que desde un comienzo los nuevos pisos estuvieron pensados para el alquiler. Socialmente estos barrios fueron habitados tanto por familias trabajadoras como por la naciente clase media, funcionando como el piloto urbano de una sociedad sin clases. Sin embargo, estos barrios del “miljonprogrammet” con el tiempo fueron decayendo y dejados un poco a su suerte, siendo prácticamente nula la reinversión en sus infraestructuras, transformándose con el tiempo en barrios donde se concentró la población de más bajos ingresos e inmigrantes recién llegados.

La profundización de la crisis como estrategia de gentrificación

Durante los años 90, la brújula política en el país empieza a moverse hacia el liberalismo, con los socialdemócratas aún el poder. En el ámbito de la vivienda, estas medidas terminaron con los incentivos y rebajas impositivas para la edificación. Las posibilidades de expansión de capital de las empresas constructoras tomó otro cariz. La apertura legal que impulsaba un terreno de juego “más parejo” donde pudieran competir las empresas privadas con las municipales de vivienda, fue un cambio decisivo en el mercado habitacional. Desde ese entonces las empresas municipales tienen, por ley, que ser rentables y llevar a cabo su actividad orientándose a la ganancia de capital. Esto ha influido, por ejemplo, en los sueldos y compensaciones de los miembros de los directorios de las municipales de vivienda pero también en el destino que corrieron los pisos. Como consecuencia, a partir del año 1996 una buena porción de edificios y departamentos que pertenecían a las comunas y que eran ocupadas por inquilinos, son vendidas y transformadas en propiedad privada. Los efectos en el mercado son inmediatos, provocando en pocos años el encarecimiento desmedido que lleva actualmente a vender un piso de 25 m2 en más de €300000. Los antiguos barrios de la clase trabajadora del interior de la ciudad fueron los primeros objetivos de una gentrificación desbocada, hoy en día la mira está puesta sobre los barrios de la periferia cercana, la mayoría pertenecientes al programa del millón de viviendas.

Renodesahucio en Valla Torg

La venta masiva de pisos de alquiler y la cadena de especulación que desataron los nuevos propietarios, significó una fuerte presión en los precios de los arriendos, pero sobre todo, redujo la oferta considerablemente haciendo el proceso de espera para nuevos arrendatarios simplemente desalentadora. Así, en Estocolmo, el conseguir un piso de alquiler a través del sistema oficial de distribución de vivienda supone unos 13 años para el centro de la ciudad y 8 para los alrededores. El mercado de subarriendo ha crecido groseramente y todos intentan sacar su tajada del gran pastel generando, finalmente, situaciones como las que hoy en día se viven en Valla Torg.

En este barrio el desalojo probablemente ocurrirá de manera lenta. No habrán notificaciones, ni las autoridades se presentarán para ejecutar una orden de expulsión. Seguramente serán los mismos vecinos que, con tiempo y paciencia, empiecen a buscar un acomodo entre su presupuesto mensual y las escasas posibilidades que les ofrece el mercado habitacional en Estocolmo. Los vecinos de Valla Torg son mayormente “clase baja-blanca”. Es un barrio habitado, en buena parte, por jubilados que han vivido durante décadas en el sector. Comparando con zonas aledañas como Södermalm[4], Valla se ha ido quedando atrás. La renovación es necesaria y no hay nadie que diga lo contrario. Sin embargo y como los mismos grupos comprometidos en esta lucha vecinal han remarcado, los cambios que tienen que pagar hoy en día los habitantes de este sector no cubren sus necesidades, más bien están diseñados y pensados para quienes potencialmente podrían ocupar los pisos en el futuro.

En ese mismo sentido, otro factor importante en el proceso que vive el barrio, es el arribo del proyecto europeo “GrowSmarter”[5], en el que incluye el distrito al que pertenece Valla, Årsta. Este programa está orientado al crecimiento sostenible de las ciudades en Europa y busca instalar acciones que ayuden a mitigar el impacto ambiental de zonas densamente pobladas. GrowSmarter que incluye medidas de eficiencia energética, manejo de desechos y uso de energías renovables, está en su fase piloto junto a Colonia y Barcelona. Sin embargo y según la información entregada por la empresa municipal de vivienda de la zona, este proyecto no afectaría los precios de los alquileres. No obstante, su implementación genera una fuerte expectativa respecto a las posibilidades, en términos de mercado, que ofrecería el sector.

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. |Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Tanto la necesidad de renovación como la implementación de GrowSmarter ha hecho que incluso activistas de otros barrios y otras ciudades se impliquen en lo que sería no sólo la defensa de Valla Torg sino que también la defensa de una forma de vida y que se ha convertido en una suerte de declaración de principios. Vivir hoy en día de alquiler en Suecia puede ser visto como una cuestión de clase, pero también una forma de resistencia a la mercantilización de la vivienda. Es por esto que la defensa de los pisos de alquiler de Valla Torg no responde a un blindaje de la transformación del paisaje urbano del area, es en realidad, y creo es la forma correcta de leerlo, un cuestionamiento a la finalidad de tales reformas. Es poner en cuestión para quien se planifica la ciudad realmente y cómo incluyen tales planes al resto de los residentes.

Hoy la defensa del barrio para sus habitantes sigue en pie. A pesar de que la municipal de vivienda les ha ofrecido rebajas en el arriendo para los próximos tres años, más del 50 por ciento de los habitantes aún no han dado su visto bueno a las renovaciones, lo cual impediría o retrasaría, en teoría, el comienzo de los trabajos. Lamentablemente, las acciones de defensa de Valla Torg son, aunque necesarias, de alguna forma una resistencia casi puramente simbólica. La política liberal es actualmente hegemónica en todos los espacios de decisión en Suecia, por lo que estas acciones tienen como finalidad crear ruido alrededor de la sistemática gentrificación de Estocolmo y, más que nada, tienen como objetivo mantener la esperanza de una ciudad en manos de sus habitantes y no de sus especuladores.

[1] http://www.vogue.com/slideshow/1080625/fifteen-coolest-street-style-neighborhoods/

[2] http://www.grow-smarter.eu/home/

[3] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160117_vert_cap_fika_suecia_empresa_productividad_yv

[4] http://www.emol.com/noticias/economia/2015/02/25/705267/burbuja-inmobiliaria-en-suecia.html

[5] https://rentersatrisk.wordpress.com/about-2/

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“Nos quieren desinfectar”. Limpieza social en el centro histórico de Guadalajara, México.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

Nos quieren desinfectar
Y no nos vamos ni a enterar

Derribos Arias

por Horario Espinosa (OACU)

El 4 de Mayo del 2014 tuvo lugar el primero de los sucesos recientes que han traumatizado la vida del centro de Guadalajara y a sus clases populares: el incendio del Mercado Corona en circunstancias nunca del todo aclaradas.  Se trataba de un inmueble histórico que se terminó de construir en 1891 y lugar de abastecimiento de los sectores populares, famoso igualmente por ser epicentro urbano de otro elemento denostado de la cultura y la medicina popular como es la brujería y la herbolaria. De forma sorprendentemente rápida, para el 27 de Julio del mismo año ya se tenía realizado y aprobado un proyecto para la realización de un “Nuevo Mercado” pero que tiene toda la apariencia de un centro comercial. Se trata de un edificio con el clásico diseño de “elefante blanco” con líneas frías, de cinco plantas, y un gran estacionamiento subterráneo, a la manera de los ‘malls’ que tanto afean las colonias de clase media de la ciudad.

A partir del acompañamiento que hacen de los ex locatarios afectados, el colectivo “Caracol Urbano” afirma que se pretende la re-ubicación de los locatarios del antiguo mercado, pero “con la amenaza de perder en cinco años una concesión que era vitalicia. Después de ese periodo el régimen cambiará a alquileres que serán impagables por los antiguos locatarios y el costo del consumo en la zona se elevará inevitablemente.”. En Julio del 2015, el partido Movimiento Ciudadano obtiene la victoria en Guadalajara y la mayoría de los municipios de la ZMG, sin embargo no se ha modificado el proyecto de centro comercial el cual se encuentra casi terminado tal cual fue proyectado.

Durante su campaña, en una reunión con empresarios, el ahora alcalde Enrique Alfaro “se compromete ante la sociedad” a hacer de Guadalajara “una marca ciudad”. Teniendo el antecedente de proyectos internacionales de transformación de las ciudades en “productos” como ha sido el caso de Barcelona (Delgado, 2007) ya temía yo en ese momento que se trataba solo del comienzo de una larga avanzada en contra de la Guadalajara popular. Entre Septiembre y Octubre del 2015 se habla de una nueva figura en la política metropolitana “El funcionario activista” para referirse al nuevo gabinete “Alfarista” formado en gran parte por “activistas” de la movilidad urbana y empresarios, en vez de “los políticos de siempre”.

El 17 de Octubre del 2015 se lanza el programa “Banquetas Libres”. En un principio orientado a evitar que los automóviles se estacionen en las banquetas. Pero en “la letra pequeña” de los diarios locales se dice que se actuará también contra el llamado “comercio informal”. De forma casi simultánea, en un ejercicio de exceso de cinismo o falta de tacto político se oficializa un proyecto que estaba en el tintero desde el año 2012, la creación de la Ciudad Creativa Digital (CCD) en pleno centro de la ciudad. Se trata de un ‘hub’ digital donde se maquilará para diversas multinacionales de la industria de la tecnología y el espectáculo. Se menciona que grandes trasnacionales del entretenimiento como PIXAR tendrían un espacio en la CCD. Previamente, los gobiernos tanto del PRI como del PAN ya se habían encargado de desalojar a la fuerza, comprar o simplemente dejar en el abandono amplios terrenos y viviendas que rodean al céntrico Parque Morelos que es donde se piensa realizar tal proyecto. El nuevo gobierno “activista” no haría otra cosa más que impulsar de una manera más decidida tal proyecto de intervención sobre el Centro Histórico.

A la represión contra El Baratillo le sucede la aprobación “por unanimidad” del nuevo reglamento de “Imagen Urbana” para el municipio que prohíbe definitivamente el comercio callejero en el Centro Histórico. A partir de ahí se inician las protestas de los comerciantes y su posterior violento desalojo. Granaderos, antimotines y fuerzas especiales “limpian” el centro de ambulantes. El uso del término “limpiar” para desalojar a la gente por la fuerza será usado masivamente, tanto por las nuevas autoridades como por la prensa, que entra en una especie de éxtasis. El gobierno dice que los comerciantes han aceptado una oferta de contratos temporales de 4 meses. Las asociaciones de tiangueros lo niegan. La batalla dialéctica se instala, que se suma a la guerra en las calles. Entre los planes del Ayuntamiento se encuentra aceptar la venta callejera solo de ciertos productos, creando una especie de Índice. Los objetos permitidos tienen que ver con la creación de una imagen prefabricada de la cultura popular en el centro de la ciudad: dulces típicos, artesanías, trajes indígenas. Se intenta “folclorizar” artificialmente al centro.

Los argumentos usados para legitimar el desalojo de los vendedores tienen como trasfondo una lógica higienista que a su vez es el discurso ideológico que esconde un interés económico por gentrificar el centro a través de “proyectos estratégicos” de “regeneración urbana”. Este neo-higienismo se corresponde con el rescate de centenarias concepciones clasistas y racistas rastreables hasta tiempos de la colonia; por otro lado, el discurso de regeneración urbana responde a lo que Manuel Delgado ha denominado “la ideología del espacio público” (2011). Ambas posturas no son incompatibles por lo que podría hablarse de un híbrido sistema de creencias denominado ‘criollismo ciudadanista’.

“Los ‘tiangueros’ como subclase invasora”

El primer argumento usado por autoridades de este gobierno post-activista es que los vendedores ambulantes son habitantes “ilegítimos” del centro, es decir, que le robaron el centro “a la gente” que ahí vivía antes. En realidad, existen indicios de tianguis en el centro de la ciudad, como mínimo, desde inicios de la colonia. A lo largo del siglo XVI el Baratillo se localizaba originalmente en el corazón de la ciudad y su vagar lo ha llevado de ahí a la plazoleta de San Agustín en lo que hoy es el Teatro Degollado, para después peregrinar hacia la Plaza de Armas (Flores, 1997),  y de ahí, con la llegada del siglo XVIII, moverse hacia la plazuela Santo Tomás (Márquez Sandoval, 2003: 28; Doñán, 2001:78) hasta que a finales de los sesenta del siglo pasado termina ocupando su actual lugar en el poniente de la ciudad (Márquez Sandoval, 2003: 30).

Existen evidencias históricas de algunas de las posibles causas esgrimidas por las autoridades coloniales para obligar al baratillo a peregrinar hacía las otroras afueras del núcleo urbano y todas implican ciertas formas de exclusión de lo que entienden las autoridades coloniales como prácticas indignas, “repugnantes” o que en todo caso apuntan a una higienización del espacio público trastornado por las prácticas tiangueras llevadas a cabo por indígenas y mestizos. Antes de que el tianguis fuera expulsado del centro de la ciudad, en el año de 1762, a la Real Audiencia de Guadalajara llega una queja contra el Baratillo de la Plaza de Armas emitida por nobles habitantes de la capital de la Nueva Galicia: “Se  denunció  las prácticas inmorales que hacen por las noches las mujeres que venden tortillas, quienes al abrigo de la oscuridad y aprovechando la disposición de los puestos, aprovechan para cometer ofensas a Dios” (Calderón, 2007: 41).

El gobernador de la ciudad de Guadalajara, Brigadier Pedro Montesinos de Lara, respondiendo a estas quejas hace la siguiente disposición oficial, fechada el 23 de Enero de 1762: “[…]Mandava y su señoría mandó; que dada que sea la oración de la noche, ninguna de las referidas personas que comercian en dicho baratillo se mantengan en el sol a pena de prisión” […] “las referidas tortilleras [deberán mantenerse] en dos filas, sin confusión cerca de el portal y no de los tasaquales, sin ponerse entre ellas ningunos hombres, aunque sea con el pretexto de que son sus maridos, hermanos, padres, o parientes que van a cuidarlas […] y dichas tortilleras tengan obligación de mantener luz de suerte que se perciva con claridad la postura en que se hallan[…]” (Calderón, 2007: 42).

Es de resaltar que las legislaciones tendientes a ver el baratillo como tema de seguridad e higiene urbana surgen a finales del siglo XVIII, justo cuando empiezan a difundirse en México las ideas iluministas del proyecto ilustrado. Probablemente durante el periodo colonial temprano la venta callejera fue más o menos tolerada, cosa que fue cambiando conforme se asimiló en la ciudad el ideario modernista que inició en la Ilustración. Para Richard Sennet la idea de desorden social en las ciudades modernas implica el contacto y la mezcla. Por lo tanto, para que exista orden en el espacio urbano tiene que interponerse “la distancia” (Sennet, 1994:23). En la Guadalajara actual, se impone un proyecto para mantener a raya a los ciudadanos y educar en el marcaje de la distancia. En el centro de este proyecto higienista se encuentran “los ascos” que a las clases medias les provoca el tianguis. Uno de estos ascos es el provocado por el contacto con “los nacos”, una voz más o menos equivalente a los “canis” en España o los “chavs” en Inglaterra.

Ni Alfaro ni su equipo tendrían la osadía de usar la palabra “nacos” en público por supuesto. Sin embargo sus seguidores en las redes sociales captaron muy bien el significado de la acción de “limpiar el centro de ambulantes” y usaron profusamente términos ofensivos “adhoc” para referirse a los comerciantes como suciedad. Como ya mostré en mi Tesis existe un continuo en las representaciones negativas hacia los tiangueros que tiene que ver con distintas modulaciones de “lo contaminante” en ellos, que van desde la contaminación biológica hasta la moral pasando por la de clase social (Espinosa, 2013: 308-365). Todos estos tipos de contaminaciones que se representan como “ascos” se hicieron presentes en diversos comentarios expresados tanto en redes sociales como en publicaciones electrónicas. Sobre todo durante el periodo del 12 al 15 de Noviembre, que fue cuando se presentaron las primeras y más publicitadas acciones de “limpieza del centro”. Los defensores de los actos represivos se refirieron a las personas desalojadas como “cucarachas”, “parásitos” o “ratas” en el nivel del contagio biológico (son animales que transmiten enfermedades); de forma clasista se refirieron a ellos como “nacos” o “comelonches”; igualmente hubo algunas consideraciones de orden “moral” cuando hablaron de ellos como “ladrones (del espacio público)” y “escoria maleducada”. Notablemente, también pude leer algunos insultos xenófobos al sugerir que los vendedores no son locales sino “chilangos”.

Los nacos tienen en los mercados populares en general y en los tianguis en particular el escenario perfecto para mostrar su arsenal cultural, “vomitivo” para las clases medias: silbidos, piropos, pregones, chistes, carcajadas resonantes, acento sin domesticar, lenguaje sin pulir, música popular naca. “Los piropos”, vistosos por gráficos e indisimulados, son exclamaciones de admiración estética o directamente sexual, usualmente son hechos por hombres pero también por algunas mujeres más atrevidas que el resto. Se trata de versos o frases hechas que, dependiendo de la persona que las escuche, le pueden parecer vulgares cuando no directamente insoportables. El tianguis es disonante y pantagruélico por lo que molesta a las personalidades más “refinadas”, cívicas y “cultas”. Echar a los comerciantes del centro es mantener a raya a los nacos, evitar el contacto de estos con las clases medias dispuestas a colonizar el en otros tiempos despreciado Centro Histórico ¿Las políticas aplicadas por el Alcalde Enrique Alfaro están por convertirlo en un Brigadier Pedro Montesinos de Lara del siglo XXI?.

“Los tiangueros como estorbo”

El segundo argumento para justificar la intervención sobre el centro se refiere a aquellos que sostienen que la movilidad es el aspecto central de lo que se denomina el “buen uso” del espacio público. La planificación urbana moderna ha favorecido la evitación del contacto físico en los espacios públicos, fomentado una personalidad fóbica hacia el cuerpo ajeno por parte de los ciudadanos modernos. La búsqueda del “roce cero” entre los cuerpos como mecanismo pragmático favorecedor de la circulación urbana,  encuentra  su apoteosis en esta fantasía de goce vicario de la ciudad, donde el viaje en automóvil por una ciudad toda escenografía y perfectamente maquetada produce un efecto de “ciudad espectáculo”. La utopía de “la ciudad espectacular” es la de una urbe que se muestra como un “sky line” continuo. Clímax de la asepsia urbana: sin olores, humores, temperaturas, estridencias, miserias y clases sociales. Este ideal burgués de la casa excelsa es trasladado a la urbe contemporánea y sus fantasmagorías virtualizantes. Así, la conexión ideal entre los sujetos y la ciudad moderna debe reducirse a la operativización de la movilidad y el acceso.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

En palabras de Manuel Delgado se trataría de “lo topográfico cargado o investido de moralidad” (2011) por lo que el espacio público implica un cierto “saber estar” que tiene como último objetivo político la preservación de la paz y la eliminación del conflicto. Así, el ciudadanismo se vuelve una especie de sortilegio que intenta crear un espacio fantasmagórico donde desaparezcan del orden urbano las diferencias que existen en lo social. Cuando la ortopedia moral del ciudadanismo tiene relativo éxito adopta la apariencia de la pedagogía del “buen rollito”, pero cuando el conflicto social no puede ser disimulado se recurre a las estrategias represivas de siempre.

Por otro lado, los ciudadanistas tampoco están siendo sinceros: no es que en el centro se creara una muralla infranqueable de comerciantes que impidiera el paso al peatón; en el centro se habían instaurado vías mixtas donde viandantes, paseantes y compradores armonizaban. El problema es que había roce y eso les da “asquito” a las clases medias; o incluso más allá: el problema principal para la autoridad es la autoorganización y esa falta de “visibilidad” que se lee como desorden público. “El amontonadero” de los puestos hace que los comerciantes escapen al escrutinio panóptico que el gobierno intenta imponer en el espacio público. Volvemos a las tortilleras del siglo XVIII: el problema para la autoridad es que “al amparo de las sombras se puede ofender a Dios”.

“Los tiangueros como agentes privatizadores”

El tercer argumento esgrimido es que el Estado a puesto en circulación un “bien público” que antes se encontraba privatizado para goce de unos pocos. El argumento es realmente tramposo ya que lo que transforma la calle en una mercancía es precisamente el discurso ciudadanista del “Espacio Público”. No por nada Alfaro inicia sus funciones prometiendo hacer de la ciudad “una marca”, es decir, un bien que luego puede ser empaquetado y vendido, por partes o en trocitos. Justo como suelen hacer los gobiernos con otros bienes públicos, que después privatizan, para ganancia de unos pocos ¿Quienes son los “todos” cuando se habla de que el espacio público es de “todos”? Aquí retomo un comentario de Manuel Delgado donde marca la diferencia entre privatización y apropiación: “Está claro que privatizar quiere decir convertir algo en posesión particular e incompartible, al margen o incluso en contra de su uso real. Apropiar es otra cosa: es poner algo al servicio de las necesidades humanas; remite a lo que es propio, adecuado.”

Y lo que es propio de las masas populares en un país donde más de la mitad de los habitantes viven bajo la línea de pobreza es intentar sobrevivir. El Pueblo se apropia de las calles y las transforma en medios de producción, tanto simbólica como materialmente. Apropiación de la calle es también autoorganización. Los activistas urbanos que ahora componen el gobierno de Enrique Alfaro posicionaron en la agenda pública ciertas problemáticas urbanas, elevándolas a “luchas” legítimas, mientras se desestimaban otros actores sociales. Así, la discusión sobre lo urbano quedó monopolizada por los colectivos en pro del transporte alternativo y centrados en la movilidad. De forma muy evidente ganaron presencia los distintos colectivos de “bicicleteros” y en defensa de “los derechos del peatón”. Visiblemente, estos colectivos provienen de un entorno social particular, con una importante acumulación de capital simbólico, material y cultural. Por su parte, a los tiangueros se les minimiza su capacidad de intervención política más que en un sentido negativo: como objeto de cooptación y clientelismo.

¿No hemos visto ya la deslegitimización de los “sin voz” usando este mismo argumento de que son masas manipuladas o controladas por mafias? Siempre. En el caso de otros sectores excluidos como inmigrantes, prostitutas o ahora, con los exiliados en Europa, siempre se usan los mismos argumentos paternalistas de minimizar la voz de los excluidos acusándolos de estar manipulados. Es evidente que a los comerciantes callejeros nunca se les ha visto como actores políticos, a diferencia de los colectivos de peatones o ciclistas por ejemplo. La razón es la clase social. Mientras los activistas de la movilidad “se enuncian” como actores políticos los tiangueros “simplemente” hacen. Y de hecho hacen aquello con lo que los activistas “sueñan”: ¿no acaso los tianguis, con su apropiación de las calles, vuelven peatonales las vías que antes estaban ocupadas exclusivamente por los coches? Es decir, aquello que los activistas intentaban hacer parando el tráfico con sus caravanas de bicis y plantones ¿no es lo que hacían ya, frente a ellos, la cultura popular a través de los tianguis? Aquí tienen un problema los activistas al entender la política antes como enunciación que como práctica, y es que un tianguero nunca diría: “pongo este tianguis para “reapropiarme del espacio público”, sin embargo, lo hace.

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22@, reforma o derogació: un nou pla de desenvolupament socio-econòmic pel Poblenou

Font: A. M.

Font: A. M.

per Albert Martín (sociòleg i veí del Poblenou)

Amb el nou context al consistori barceloní el Pla22@ es torna a posar sobre la taula de debat. Des del Districte de Sant Martí s’ha posat sobre la necessitat de revisar els 15 anys d’execució i de “reformular” la intervenció urbana en el sistema productiu d’aquest. Re-enfocant l’orientació del 22@ a la “economia cooperativa i solidària, la rehabilitació del patrimoni i la sostenibilitat” en l’Eix Pere IV [1]. Mentrestant grups impulsors del 22@ com PSC i ERC apel·len a la necessitat d’una “reindustrialització” de la ciutat, sense cap autocrítica al Pla22@, ni als seus efectes ni al seu recorregut, argumentant que la seva paralització -o fracàs- es deu al govern de CiU i a la crisi econòmica. En aquest sentit, avaluar si el Pla22@ és reformulable o necessita ser derogat, i impulsar un nou pla de desenvolupament econòmic i social pel Poblenou, requereix d’un balanç dels 15 anys del Pla.

Balanç de 15 anys del Pla 22@

Tot comença quan el 27 de juliol de 2000 era aprovat per l’Ajuntament de Barcelona el 22@, una modificació dels usos del sòl permesa pel Pla General Metropolità del 1976 [2]. Amb una afectació de 115 hectàrees de sòl, l’àrea industrial anomenada 22a passava a denominar-se 22@. El que serien 117 “illes de l’Eixample” de les 180 del barri passaven de ser d’usos industrials a usos per a noves tecnologies, “economia d’activitat intensiva en coneixement”. El 22@ constituïa una de les parts del que hauria de ser el nou “triangle de centralitat” de Barcelona, un espai que comprèn l’espai entre Glòries – Front Litoral Besós – Sagrera. Segons l’Ajuntament, aquest era el “Gran Projecte Urbanístic” (GPU) que havia de revitalitzar Barcelona en el seu procés d’ascensió en la competició per la centralitat de les ciutats globals [3].

A l’abril de 2011, deu anys més tard de la presentació del 22@, immersos en una crisi global del sistema capitalista i a mig desenvolupament del Pla, l’Assemblea de Joves del Poblenou (ara Arran) presentàvem l’estudi “Torres més altes han caigut: el model 22@ al descobert” un balanç dels 10 primers anys de 22@. Amb aquest estudi vam fer públiques quines eren les lògiques i interessos del mode d’urbanització que guiava el 22@. Com estableix la geògrafa Saskia Sassen, es tracta d’uns modes de planificació urbanística que es basen en els GPU amb la voluntat de revitalitzar zones “obsoletes” per transformar-les en nodes de centralitat i concentració d’empreses –els clústers- nous sectors econòmics que pretenen potenciar (sector financer o de les noves tecnologies) [4].

Aquestes són unes formes d’urbanització emmarcades en un context de globalització on les ciutats -global-, que segons els sociòlegs Manel Castells i David Harvey, són les que prenen el protagonisme i es tornen en els actors principals en la competència per a la jerarquia internacional en la ubicació de nodes estratègics a escala global [5]. Però el discurs de l’Ajuntament de Barcelona al voltant del 22@ es va centrar en el de presentar un projecte que donaria resposta a les necessitats i deficiències que patien veïnat i barri. Poblenou havia vist com recentment era re-urbanitzat per la Vila Olímpica i el litoral; com s’estava construint del no-res el Fòrum, Diagonal i el Front Marítim; com les antigues grans naus industrials havien estat ocupades per petits tallers, magatzems i en d’altres casos buides; i com aquestes zones industrials havien estat deixades degradar a nivell d’infraestructures. El barri necessitava d’actuacions en l’àmbit laboral, en l’habitatge, en els equipaments socials i en la preservació del patrimoni històric.

A data de 2016 la majoria de les dades estadístiques no han estat actualitzades [6]. Des del 2011 no s’han tornat a fer públiques les avaluacions en relació a cap àrea d’afectació del Pla urbanístic. Al Pla només li resten cinc anys per cloure un desenvolupament projectat a 20 anys. Un desenvolupament que el 2011 mostrava les següents mancances en els diferents àmbits:

  1. Definició d’Equipaments públics:De la superfície de 136.837 m² destinada a equipaments pel 22@ va resultar que el 55% era per a “equipaments 7@”, una tipologia d’equipaments dirigits a la innovació tecnològica, a la fi a l’ús privat. Aquests equipaments (MediaPro, edifici MediaTIC, etc) foren els primeres en edificar-se, mentre que no ha estat fins a partir del 2011 que les demandes veïnals de centres de barri, reubicació d’històrics ateneus desallotjats, escola d’adults, escoles bressol i CEIP (ubicades en barracons), la biblioteca (2009), casal de joves (2016) o l’estació de metro de Poblenou (2016-17?) s’han anat executant al marge del 22@.
  2. Ocupació:El canvi d’un sector productiu basat en petits tallers, mitjanes empreses i petit comerç a un sector d’activitats @. Pel que fa als 5 clústers que volia impulsar (TIC, tecnologies mèdiques, energia, audiovisual i disseny) només el de l’audiovisual es podria dir que ha tingut èxit [7]. I pel que fa al balanç numèric amb dades de 2010 [8], el 22@ ha suposat una expulsió d’unes 840 empreses i 8.500 treballadores de les 3.437 empreses i 33.800 treballadores del 2000. El creixement d’empreses de nova creació (no trasllats) era d’unes 2.100, quedant en un increment “net” d’unes 1.200 empreses (un increment del 36,5%, mentre que a Barcelona i Catalunya es xifrava en 57 i 60% respectivament). A nivell qualitatiu les noves empreses @ eren el 27% (1.114) de les 4.500 noves empreses és a dir un reduït 15,7% del total. Finalment de les 90.000 treballadores actuals del Poblenou només han estat de nova creació unes 31.000 (uns 22.500 llocs de treball “nets”), el 17% dels 130.000 que projectava el 22@.
  3. Habitatge:En el període del 2000-10 es van construir 8.556 habitatges al Poblenou. El 22@ en projectava 4.000 de protecció oficial, però a data de 2010 se n’havien construït 700 dels que 230 havien estat per a reallotjaments [9]. A data de 2014 segons publica l’AVV del Poblenoul’habitatge de protecció executat al Poblenou es quantifica en 1.400 (un 35% del previst) [10].
  4. Patrimoni històric:L’any 2000 s’engegava l’operació d’intervenció sobre el patrimoni històric més gran dels últims vint anys a Barcelona, amb un catàleg de patrimoni acabat d’aprovar amb una metodologia obsoleta i insuficient en la seva exhaustivitat. En aquest sentit cal destacar com s’ha renovat i enderrocat –que no restaurat- moltes fàbriques simbòliques (Can Gili Vell, Can Gili Nou, Can Framis, Els Radicals oEl Passatge del Sucre) cercant l’explotació econòmica de les seves qualitats patrimonials –reconvertint-se en lofts- enlloc de tractar-les com a part del patrimoni històric del Poblenou. I per altra banda, encara destaca l’abandonament, encara ara, a data de 2016, de naus tant significatives pel barri com Can Ricart o Ca l’Alier (i fins fa poc l’Oliva Artés). El 22@ ha estat una oportunitat perduda per a la generació d’un teixit cultural i econòmic únic mitjançant la conservació i restauració del patrimoni industrial.

Aquest model d’urbanització de ciutats global es pot concloure, deu i quinze anys després, que respon a uns patrons i necessitats del propi sistema socioeconòmic capitalista, que crea un model de ciutat productiva dirigida al sector empresarial, i no a les necessitats socials i locals. Aquestes conclusions ens han de permetre replantejar, començar a abordar una altra perspectiva econòmica i urbanística per al Poblenou. Encara resta per donar ús, preservar i renovar gran part de les hectàrees d’afectació del 22@, el PERI Perú-Pere IV i extensible a tot l’Eix Pere IV. Hi ha molts exemples de “renovació urbana sensible amb el veïnat i la història de l’entorn” que posen al centre de la transformació la participació veïnal, la cohesió i les necessitats socials i locals, només cal voluntat política.

 

Un nou Pla de Desenvolupament estratègic social, econòmic i urbanístic pel Poblenou (i Barcelona)

 La necessitat d’un nou Pla de Desenvolupament estratègic al Poblenou no només ve precedit del fracàs en tots els àmbits d’actuació que ha suposat el Pla22@ pel barri. Es tracta d’una necessitat present per la sèrie de condicionants de les actuals qualificacions 22@ per a qualsevol intent de reforma: usos productius permesos, edificabilitat del sòl permesa i qualificacions patrimonials establertes. El nou Pla de desenvolupament pel Poblenou ha d’orientar-se clarament en oposició als objectius fundacionals del 22@ i, per tant, estructurar-se socialment en el veïnat, econòmicament en el patrimoni i l’Economia Solidària i de proximitat, i geogràficament en l’Eix Pere IV:

  1. La participació ciutadana en la definició de necessitats: Cal tenir en consideració que la “governança” desenvolupada des de l’administració pública ha estat la de facilitar (fiscal i urbanísticament) les necessitats del sector privat (immobiliari i financer), no en canvi les del veïnat. La participació ciutadana és un mecanisme de presa de decisions que vincula directament al veïnat amb l’entorn en el que viu. Per a un projecte de desenvolupament local la participació ciutadana esdevé imprescindible per a l’articulació comunitària –reconeixement col·lectiu, trobada i col·laboració veïnal i autoorganització democràtica–. Al Poblenou, l’exemple dut a la pràctica recentment per la plataforma veïnal Fem Rambla, ha establert precedent com a metodologia i procés de participació ciutadana aplicable a altres contextos. En aquest sentit, la Taula Eix Pere IV està iniciant-ne un a l’hora de revitalitzar aquest eix vertebrador del barri. Si el 22@ va promoure com a Eix de centralitat la Diagonal (via d’interès per a connectar centres de sectors econòmics globals), la plataforma veïnal ho fa de l’Eix Pere IV (via d’interès local i històric). Diagonal i Pere IV esdevenen les dos diagonals urbanes oposades del Poblenou, una oposició geogràfica però que ha esdevingut també social, econòmica i simbòlica.
  2. Ocupació: El Pla22@ partia d’una sèrie d’objectius econòmics i socials que orientaven i han impregnat les diferents accions executades (reformes urbanístiques o fiscals). Potenciava una economia orientada específicament al lucre i a la maximització de beneficis capitals, no en canvi sectors econòmics orientats a objectius de cobertura de necessitats socials i locals, a la autonomia econòmica de les persones i dels barris o a la gestió comunitària i democràtica de la societat i les empreses. La qualificació 22@ del sòl amb ús industrial impedeix usos relacionats amb la producció (del sector secundari o primari) permetent només “usos intensius en coneixement –tecnològic-). Uns impediments que foren els originadors de l’expulsió de mitjana i petita empresa del Poblenou a principis dels 2000’ (p.e. Eix Pere IV, PERI Eix Llacuna, Can Ricart). Per tant tota reforma urbanística parcial d’espais del 22@ determina, de partida, aquests usos impedint-ne d’altres.

Un desenvolupament del Poblenou i de l’Eix Pere IV requereix d’un plantejament urbanístic i fiscal dirigit a les necessitats d’aquesta economia orientada a les necessitats socials, solidària i de proximitat. Unes reformes que permetin i facilitin (per qualificació del sòl i en bonificacions fiscals a empreses i propietaris del sòl/locals) la revitalització dels vora 400 locals/solars/fàbriques buides del carrer (40%): Locals baixos buits amb la creació i implantació d’empreses d’economia social i solidària regenerant el teixit comercial. Potenciant l’eix com a zona de producció i consum ecològic i de proximitat, promovent, així, la lògica del barri cooperatiu; Solars buits per al desenvolupament d’un sector primari (agropecuària) de valor afegit mitjançant la producció ecològica; Fàbriques buides potenciant la producció cultural i artística com a mesura d’aprofitament d’espais. Cal prendre com a referència exemples internacionals com el de Siena on han impedit l’obertura d’establiments de fast food en el barri antic, i les mesures han sortit recolzades per tribunals internacionals davant les demandes de les cadenes [11]. I plantejar mesures urbanístiques i fiscals relacionades amb potenciar usos i sectors que compleixin condicions i requisits: propietat col·lectiva, gestió democràtica, responsabilitat social en la tipologia de servei orientat a necessitats locals, socials i culturals, balanç social o condicions laborals.

  1. Habitatge: La construcció d’aquests 2.600 habitatges de protecció restants cal concentrar-la a Pere IV contribuint urbanísticament en el reforçament de la façana de la via. Però sobretot contribuint directament al suport comunitari de l’habitatge actual aïllat i, indirectament, a la demanda de béns i serveis del comerç de proximitat existent, o l’incentiu per als nous sectors a potenciar. Però paral·lelament regular urbanísticament l’edificabilitat dels PMU del 22@ per a preservar les volumetries del barri que siguin respectuoses amb el caràcter i el paisatge de Pere IV i del Poblenou pre-22@ i pre-Diagonal Mar.
  2. Patrimoni històric: La conservació i preservació de patrimoni industrial afectat pel 22@ ha anat sempre precedida d’una compra pública de l’immoble fet que, a part de suposar un cost públic –mai expropiació-, ha ocasionat per contrapartida sessió de sòl edificable a la propietat privada (en tant que lucre cessant). En la majoria de casos una contrapartida que a la pràctica ha suposat envoltar el patrimoni històric de grans gratacels sense limitació d’edificabilitat (p.e. Ca l’Aranyó, o el futur entorn privat de Can Ricart). Per tant tota preservació patrimonial no assegura la seva preservació social, i molt menys la seva referencialitat geogràfica. Ans al contrari la preservació ha estat en base a la rendibilitat econòmica i no, en canvi, orientada a la reutilització econòmica i social. Cal un criteri de preservació del patrimoni respectuós amb la història i l’entorn, com el model seguit a Lowell (Boston, EUA) o New Lanark (Escòcia), reconeixent al Poblenou el seu atractiu a nivell patrimonial i cultural. Podent-se constituir una “museïtzació urbana” posant en valor el patrimoni històric preservat i la memòria històrica, que mai es recorda, la de la classe treballadora –des de la venda de força de treball obrera a l’acumulació de la plusvàlua entre el valor d’ús (de producció) i el valor de canvi (de venda) per part de l’empresariat–. Les fàbriques preservades del Poblenou mantenen la façana física però se’ls hi ha esborrat la història de lluites obreres que contenen.

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[1] http://www.btv.cat/btvnoticies/2015/07/23/sant-marti-reformulara-projecte-22-poblenou/

[2] El Pla General Metropolità del 1976 es tracta d’un pla de regulació urbanística que contempla i facilita principalment la conversió del litoral nord en zona residencial. La seva aplicació reformulava les necessitats urbanístiques del Pla de Ribera de l’alcalde franquista Josep Maria de Porcioles. Juan Antonio Samaranch, president de la Diputació de Barcelona (1973-1977) conjuntament amb l’alcalde Joaquim Viola foren qui impulsaren l’aprovació definitiva. Una operació produïda en un context en el que l’alcalde Enric Massó (1973-1975) recuperava una proposta de revisió del Pla Comarcal de 1953 i tots els grans promotors immobiliaris de la ciutat s’organitzaren per paralitzar-la. El banquer Jaume Castell, grans empresaris i homes de confiança com Juan Antonio Samaranch s’encarregaren de paralitzar la revisió del Pla Comarcal, la destitució de l’alcalde Massó i Albert Serratosa (enginyer responsable de la proposta de revisió) i proposar el Pla General Metropolità. El PGM del 1976, encara vigent, ha estat l’instrument que ha permès tirar endavant els plans de transformació urbanística de la Vila Olímpica, Diagonal Mar i 22@ al Poblenou, el pla Hospital Militar-Farigola a Vallcarca, els plans d’Europa-Anglesola i Colònia Castells a Les Corts, les cases barates del Bon Pastor, l’esventrament del Raval i el Gòtic o el pla vores Via Augusta a Sarrià. Uns plans que han permès una requalificació del sòl que permetia a grans propietaris del sòl especular i beneficiar-se econòmicament amb l’edificació de grans infraestructures o parcs d’habitatge, mentre que petits propietaris i llogaters de renda antiga eren expulsats dels respectius barris.

[3] AJUNTAMENT DE BARCELONA (2000). “Modificació del PGM per a la renovació de les àrees industrials del Poblenou –Districte d’activitats 22@-“. Barcelona, setembre 2000.

 “L’estratègia de renovació del Llevant de Barcelona, és on es concentren les operacions més importants en curs:

– El pla Sant Andreu-Sagrera, que permetrà construir la nova estació d’alta velocitat de la Sagrera que, en una primera fase, serà la base dels trens que vinguin de la península amb final a Barcelona i que, més endavant, permetrà connectar Barcelona amb la frontera francesa.

– Les actuacions de millora urbana de la plaça de les Glòries i del seu entorn, que implica la transformació d’una superfície de 378.019 m². Amb aquesta reforma s’aconsegueix un guany de 17.000 m² d’espais verds, el 50% del planejament per a habitatges de protecció oficial i fins a vuit nous equipaments públics. Alhora, es proposa una nova solució viària que suposarà l’enderrocament de l’actual nus viari elevat i el soterrament de la infraestructura viària d’entrada i sortida de la ciutat.

– Les infraestructures associades a la renovació del front litoral del Besòs: Diagonal Mar, els equipaments del Fòrum Universal de les Cultures i la renovació del barri de la Mina.”

[4] Saskia Sassen (2003). “Localizando ciudades en circuitos globales” a EURE, vol XXIX, n88.

[5] Manel Castells i Jordi Borja (2004). Logal y global. Editorial Taurus; i David Harvey (1973). Urbanismo y desigualdad social. Editorial Siglo XXI.

[6] Demandes de dades des del OCM (Observatori Ciutadà Municipal de Barcelona): http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/22 i http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/23

[7] Esteve Dot, Antònia Casellas i Montserrat Pallares (2010). “L’ambigüitat de la producció intensiva en coneixement: el nou espai econòmic del Poblenou” a Documents Anàlisi Geografia, vol 56, n3.

[8] Catalunya Construye (monogràfic El Periódico), 10 de desembre de 2001 i Catalunya Construeix (monogràfic El Periódico), 27 de desembre de 2010.

[9] Avui, 1 de desembre de 2009.

[10] AVV del Poblenou, desembre 2014. Revista El Poblenou. n.84

[11] Maria Favà (2014). “El petit comerç és vida” a NovaBarcelona.cat

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La poetessa

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Per Mónica Ortega

Mentre camina, la poetessa urbana cerca desesperada per on s’escapa la poesia a la ciutat. El seu pas és molt petit, com ella, una dona menuda enfundada en una parca negra i uns texans blaus, només els seus ulls fulgurants delaten el que passa en el seu interior; i que no és altra cosa que un munt de paraules que lluiten, lluiten per trobar la forma i sortir airoses cap a fora.

Què faig, es pregunta, mentre observa una manada de turistes fent fotos a les xemeneies del cada dia més famós barri del Poblenou. Ella s’empegueeix i arronsa les espatlles tot passant i desitjant que desapareguin de la seva vista aquells homes amb pantaló curt a ple mes de gener. Un d’ells fa un pas enrere per enquadrar la fotografia i, en fer-lo, tropissa amb ella, fent-la visible i en tocar-la per disculpar-s’hi, ella s’esgarrifa i fuig tot contestant no importa en un perfecte anglès. La poetessa sent una fúria enorme que li creix al pit i forçant molt les seves cames menudes va cap a la platja i hi arriba panteixant.

El mar blau l’assossega sempre, allà sí que s’atura i respira com si l’aire a prop del mar fora més pur, en un moment donat pensa que el blau li omple la vista i que no hi ha una urbs darrera, ni una ronda litoral, ni un passeig llarg i ple d’hotels i restaurants. Per un segon la blavor del mar la inunda i es sent per fi immersa en la poesia. Sí, encara podrà escriure! Sí! Tot i el barri, tot i la gent, tot i que no hi queda res del que era el Poblenou. Tot just dura un segon aquella plenitud quan torna el soroll dels cotxes que baixen fletxats per la ronda, i li arriben les rialles d’una parella de turistes que es magregen i riuen en anglès, si és que fins i tot el riure té idiomes, pensa.

La poetessa camina tota la tarda per la platja, les seves petjades són com les d’una nena, petites i enjogassades, ara s’ajup i agafa unes quantes petxines, ara s’acosta a l’aigua una mica, una mica més. Ara les paraules li pugen a la gola i no té on escriure-les, però és ara quan ho ha de fer. La marea s’endú l’aigua enrere una mica, ella agafa un pal i escriu a la sorra mullada la paraula POESIA amb esforç, endinsa molt el pal a l’arena, com quan era petita i creia que les paraules no se les podria emportar el mar, quan acaba d’escriure la paraula, la marea puja i s’endú totes les lletres, només hi queda el punt de la i, salvat de la marea.

La poetessa torna a casa alleugerida. Ho ha aconseguit.

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Colonia, la cultura de la violación y su lógica espacial

Fuente: Andrea Zennaro

Fuente: Andrea Zennaro

Por Cecilia Vergnano (OACU

Hay algunos elementos en común entre la narración mainstream de los ataques de París del pasado noviembre y la de las agresiones de nochevieja en Colonia. Tanto en uno como en otro caso, los sucesos han sido descritos como agresiones por parte de “extranjeros” que, con sus conductas violentas, intentarían amenazar “nuestros valores”, “nuestra libertad” y “nuestro estilo de vida”. En particular, nuestro tiempo para la fiesta, el ocio y la diversión. Mucho más interesante sería observar que las relaciones de dominación entre el norte y el sur del mundo, entre el centro y la periferia globales, entre el centro y la periferia urbana, así como las relaciones de dominación masculina, se rearticulan en este momento histórico de una manera que puede llegar a ser particularmente visible en los espacios públicos de nuestras ciudades.

Tanto en París como en Colonia, la imagen tranquilizadora del espacio público como un lugar normativizado, pacificado y seguro resulta crispada. Estos ataques ponen en evidencia que este espacio ideal donde se realiza la “vida pública” en sentido abstracto y habermasiano (la asociación libre e igualitaria entre sujetos que establecen entre sí vínculos de mutuo reconocimiento) nunca ha existido. La calle vuelve a ser peligrosa, y una de los motivos que generan las grandes oleadas de pánico moral de estos días es que se trata de la calle de algunos barrios considerados como “seguros”, centricos y gentrificados. Quien habla de los “valores de nuestra sociedad” contrapuestos al “oscurantismo islámico”, olvida que la violencia sobre los cuerpos de las mujeres, así como las matanzas indiscriminadas de civiles inocentes, no son una prerrogativa exclusiva de “civilizaciones atrasadas”.

Por lo que concierne las violencias de género, en particular, son conocidos los datos que nos revelan que en Europa casi un cuarto de las mujeres han sufrido violencias físicas, psicológicas y sexuales (dos tercios de ellas, en sus hogares domésticos, por parte de sus compañeros u otros miembros de la familia). Y todavía es frecuente la percepción del espacio público por parte de muchas mujeres como un espacio inseguro, que se atraviesa usualmente expuestas a la mirada masculina y también, en ciertos horarios o en ciertos sitios, a las agresiones – por el simple hecho de ser mujer. En definitiva, las violencias y los abusos contra las mujeres no han acontecido solamente en Colonia la noche del 30 de diciembre. Todas formas de violencia son, de alguna manera, “sexuadas”, e interpretar lo que ha pasado en nochevieja como un choque de civilizaciones no hace sino entorpecer (o instrumentalizar) el debate.

Son bien conocidas y exploradas las relaciones entre racismo y sexismo, que incluso llegan a coincidir en su definición (el desprecio o miedo hacia quienes pertenecen a otros grupos, definidos por criterios supuestamente “genéticos”), de manera que es difícil separar analíticamente los dos fenómenos. Yendo más allá de estas reflexiones pedantemente formales, hay quien ha magistralmente explicado la aparente contradicción entre las ideologías universalistas e igualitaristas propias de la modernidad “occidental”, por un lado, y el racismo y el sexismo, por el otro, como una tensión inherente a la existencia misma del capitalismo y su necesidad de estructuración de la fuerza de trabajo (Balibar, en Balibar y Wallerstein 1991).

Mirando las cosas desde una perspectiva espacial, creo que hay que decir dos palabras sobre los espacios donde estos episodios se han producido. La antropología urbana ha evidenciado el carácter construido del espacio como un producto social. Sería interesante observar los procesos a través de los cuales los espacios del 11eme arrondissment, en Paris, y la Altstadt (Ciudad Vieja), en Colonia, han adquirido sus características de barrios “jóvenes”, atractivos por su oferta en diversión y ocio nocturno y, sobre todo, atractivos para la inversión en el sector inmobiliario. Solo hay que observar la subida de los precios que ha caracterizado el valor del suelo en ambos barrios en las últimas décadas. A lo largo de un siglo, el 11eme arrondissment ha pasado de ser un barrio industrial a ser un barrio popular de fuerte composición inmigrante, hasta representar el corazón de la gentrificación europea, con viviendas cuyo valor alcanza tranquilamente los 10.000 euros al metro cuadrado.

Estos procesos evidentemente no son exentes de impactos sociales, puesto que la composición del barrio ha profundamente cambiado, provocando una expulsión de una parte sus habitantes – los más fragilizados frente a la subida de los precios – y la llegada de una nueva clase más acaudalada. Por otro lado, es suficiente echar un ojo a la evolución de los precios en el casco antiguo de Colonia (el barrio alrededor de la estación) para darse cuenta de los procesos de especulación en curso. Bien conocida y explorada por muchos investigadores y científicos sociales es la sucesión de las diferentes fases que caracterizan los procesos de gentrificación de un barrio, que conlleva, entre otras cosas y en muchos casos, la aparición masiva de lugares destinados al ocio nocturno como factor que posibilita y justifica la subida del valor del suelo. Un lugar donde la gente va a pasar la noche es, de hecho, un lugar que en la percepción común se presenta como seguro, pacífico y desconflictivizado. Y son justamente estas explosiones de violencia las que provocan el levantamiento de los pánicos morales más profundos.

Ahora bien, lejos de justificar dichas violencias como “restauradoras de justicia” en un contexto estructuralmente injusto (lo cual sería completamente alejado de mis intenciones), se trata simplemente de evidenciar aquí su carácter arbitrario en un contexto también arbitrariamente violento, y sin embargo percibido e interiorizado como “normal”, “cotidiano” o “natural”. De hecho la noción de “espacio público”, tal como se utiliza actualmente, fundamenta y legitima lo que podría llamarse “el derecho a excluir”: a relegar a las periferias la así llamada “violencia callejera”, a relegar al espacio doméstico la mayoría de las violencias de género. La gentrificación de los centros urbanos tiene sus costes en lo que concierne fenómenos conocidos y estudiados entre sociólogos e investigadores sociales, como (entre otros) la marginalización de hombres jóvenes inmigrantes, o los procesos ligados a formas específicas de construcción de la masculinidad entre en las segundas o terceras generaciones de inmigrantes.

Habría que hablar además de las diferentes formas de la violencia sexuada. Una agresión en la calle como la acontecida en Colonia conlleva una hiperrepresentación de un determinado sector de población (los así llamados “inmigrantes indeseados”), mientras que una forma clásica de violencia sexuada que es la violencia doméstica mostraría unos datos completamente diferentes en lo que concierne la procedencia geográfica de los agresores, sus niveles de estudio y su extracción socioeconómica. Así como encontraríamos especificidades analizando el fenómeno del turismo sexual fuera de Europa, en países que se han convertido en “paraísos sexuales” para turistas europeos en busca de mujeres, niños y niñas cuyas condiciones de miseria les imponen la prostitución como una opción que es todo menos que libre. No distinguir y analizar las especificidades de las diferentes formas de violencia sexuada es bastante irresponsable, porque quiere decir reconocer solo una forma, que es aquella “de calle” – y no de cualquier calle, sino solamente las calles del “primer mundo”.

Muchísimas mujeres habitantes de ciudades europeas (“autóctonas” o “inmigrantes”) pueden testificar que, durante los últimos años, muchas de las molestias o agresiones que han sufrido en la calle procedían de ciudadanos “no nacionales”. La proporción se invierte completamente cuando hablamos de feminicidios – la mayoría llevados a cabo dentro de los muros domésticos, por parte de las mismas parejas o exparejas de las víctimas. La pregunta que hay que hacerse, entonces, es ¿quién está en la calle? ¿y quién está en el hogar? ¿quién en el espacio público, y quién en el espacio doméstico? Y, se podría añadir, ¿quién encontraríamos en las calles de Tailandia, Singapore, Brasil, Marruecos, comprando su propio placer sexual en contextos de pobreza? ¿Quiénes son los agresores en las zonas en las que se despliegan misiones de paz de los cascos azules de la ONU – repetidamente acusados de violaciones? Una larga serie de “etcétera” es obligatoria.

La verdadera “noticia” entonces, en las agresiones de Colonia, es que estas invierten una lógica que nadie discute, que es la de la cultura de la violación: violación que parece ser socialmente aceptada cuando sigue las corrientes de la violencia estructural, desde el centro a la periferia del sistema mundo (y del sistema urbano) pero nunca al revés; violación legítima dependiendo de los agresores y las víctimas, sus respectivas razas y el espacio en la que ésta se consuma.

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Setge a Collserola. Vallcarca-Penitents, darrera frontera urbana?

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Font: OACU

Per Meritxell Sucarrat (ICA) i Marco Luca Stanchieri, José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Aquest text és el prefaci d’un projecte que, sota el nom “Les setze portes de Collserola. L’experiència d’un Parc Metropolità a la Barcelona de principis del segle XXI. El cas de Vallcarca-Penitents”, s’ha presentat pel seu finançament al IPEC.

Després de la urbanització del front marítim, entre finals dels anys 80 i principis dels 90 del segle passat, que comportà que Barcelona es donés a conèixer definitivament al món (la Barcelona dels Jocs Olímpics del 92) com a destinació turística i ciutat model[1], a principis de la segona dècada del 2000, el continu desenvolupament de Barcelona es planteja a través de la redefinició de la relació dels barris de muntanya, densament poblats i urbanitzats, amb la Serra de Collserola convertida en parc natural des de 2010[2]. Un atent recorregut al llarg de la història urbanística de la ciutat[3] ens permet establir una continuïtat mai interrompuda, entre les polítiques franquistes que aspiraven a la Gran Barcelona[4] i el plantejament actual.

El que abans de la Transició democràtica, i fonamentalment als anys 50-60 s, es va anomenar com a “desarrollismo”, va continuar i trobar l’empenta definitiva -ja sota el paraigua democràtic- de les mans del neoliberalisme, projectant Barcelona cap a una descontrolada mercantilització de l’espai. Entre els grans projectes, destacà la voluntat de l’exalcalde franquista Josep Maria de Porcioles[5] de connectar la ciutat amb el Vallès mitjançant tres túnels que perforarien la serra de Collserola a Vallvidrera, Penitents i a Horta i, al mateix temps, definir un imponent zona d’interès turístic a la muntanya. A més a més, la realització d’aquestes connexions amb les ciutats del Vallès comportaria una redefinició del tram viari pròxim als túnels i al parc que afectaria els barris més extrems.

Encara que finalment es va realitzar només el túnel de Vallvidrera, tot i així els terrenys originàriament afectats per a la realització del túnels, seguiran sent-ho en el Pla General Metropolità del 1976, i avui dia encara pateixen aquesta reserva de sòl per a futures transformacions de la trama urbana. L’actual voluntat de fomentar, amb previsions a llarg termini, una interrelació entre la natura de la Serra de Collserola i els barris, creiem que respon a la mateixa lògica neoliberal amagada per sota d’una amnèsica capa d’abstractes concepcions estètiques i paisatgístiques que transformarien el territori afectat mitjançant la creació d’espai enjardinats que no deixarien de ser “espais públics de qualitat”[7].  És a dir, tornaríem a parlar d’espais de i pel consum, indicatius de nous tipus de segregació social impulsat per veritables trampes construïdes sobre la idealització de la natura[8].

La concepció del Parc Metropolità de Collserola com l’element diferenciador que caracteritzi la imatge urbana de Barcelona –fent-la més atractiva, més competitiva i més sostenible en el context global actual-, cal situar-la en relació amb el context influït pel Conveni Europeu del Paisatge (2000), la Llei catalana de protecció, gestió i ordenació del paisatge (2005), i la consolidació d’una cultura de valoració de la natura que comporta engegar iniciatives que fomentin l’ús social i econòmic de la natura, per part dels poders polítics. Aquest marc legal va permetre al Departament d’Hàbitat Urbà presentar, el 2013, el Pla del Verd i de la Biodiversitat de Barcelona 2020. Aquest últim, més que un veritable pla d’intervenció urbanística, va representar una visionària proposta d’actuació a gran escala amb la qual rendibilitzar el “verd urbà” mitjanant la promoció i exaltació de la natura i executant plans urbanístics com ara el de les 16 Portes de Collserola.

Tot i que va ser l’equip de govern municipal en representació de CIU el que va publicar aquest disseny urbanístic, el trobarem sense gaire dificultat com a marc de referència dels objectius ecologistes, urbanístics i de mobilitat  de l’actual govern municipal,[9] que segueix vertebrant les seves polítiques urbanístiques sobre els clàssics i controvertits conceptes d’espai públic de qualitat i participació ciutadana que han conformat el fortament criticat “Model Barcelona”[10]. Recordem que aquest Model es va erigir sobre les idees arquitectòniques, higienistes i monumentals dels arquitectes Oriol Bohigas i Josep Acebillo durant les dècades de 1970 i 1990 del segle passat i de les polítiques participatives del “margallismo”  dels anys 80 del segle XX [11]. A aquests pilars conceptuals se li afegeixen ara els termes més recents de resiliència urbana i sostenibilitat, fruit dels nous reptes que planteja l’ambició de les polítiques urbanístiques neoliberals barcelonines, que sembla no acaben d’abandonar la idea de convertir la ciutat de Barcelona en una de les més eficients Smart Cities del món, en una època de dificultats socioeconòmiques.

Dins d’aquest context jurídic, urbanístic i retòric, el discurs pel qual es vol legitimar la creació d’un nou tipus de relació ordenada entre Barcelona i la Serra de Collserola es fonamenta en la idea bàsica d’una renaturalització de la ciutat que passa per incentivar la penetració de la natura als barris. En aquest context, la natura  representada per la serra de Collserola es presenta com una natura domesticada on els límits entre la ciutat construïda (edificada) i el Parc esdevenen punts d’intervenció claus, a més de les intervencions projectades per al canvi de percepció (una percepció més natural) en el teixit urbà ja existent. Antoni Vives, regidor d’ Habitat Urbà a finals del 2012,  no hauria pogut ser més precís en definir els objectius del pla de les 16 Portes de Collserola: aconseguir que “la natura baixi a la ciutat i que les persones puguin pujar, de manera ordenada, a la natura”[12].

Per la seva part, el gerent del govern de Convergència Democràtica (2011-2015), fora de l’aprovació gairebé unànime de les oposicions[13] del consistori, establia un termini de vint anys perquè l’Ajuntament portés a terme l’ambiciós projecte metropolità de crear 16 corredors verds  (les 16 portes de Collserola) que haurien d’afavorir la interrelació entre la natura i la ciutat, des del primer cinturó de ronda fins al Parc Natural de Collserola. D’aquesta manera, es planteja articular la natura i la ciutat a través d’actuacions en la franja de contacte entre ciutat i parc, i  l’ordenació dels espais lliures de transició entre el medi natural i el medi urbà. També es parla de dissenyar itineraris, recorreguts i trajectes que legitimin una nova mirada sobre Collserola, així com de conceptes com naturbà i rurbà, en l’intent per transcendir la dicotomia camp-ciutat, mentre les intervencions programades sobre la ciutat es plantegen com una oportunitat per millorar la qualitat de vida dels barris de muntanya en el seu retrobament amb la natura[14].

Més enllà d’aquestes aspiracions que podríem definir com “bucòliques”, hi ha objectius del pla que tenen a veure amb la conversió dels barris populars en zones amb un fort impacte turístic i que posen en perill la persistència in situ de la població resident, gens interessada a convertir els espais de la seva vida quotidiana en horts i jardins bonics i ordenats, resultat de la revalorització del territori per la imposició d’un canvi estètic i d’ús. Donada la importància de les actuacions previstes en la vida diària de la població dels barris directament afectats, creiem que la recerca etnogràfica i l’anàlisi crítica de les dades obtingudes són imprescindibles per documentar i interpretar la realitat de primera mà i entendre la idiosincràsia i la identitat de cada barri en la seva articulació amb la resta de barris, en el context actual de construcció  “d’una nova Barcelona”.

Amb aquesta finalitat ens plantegem l’estudi dels impactes de l’ambiciós pla de les 16 Portes de Collserola al barri de Vallcarca i Penitents – la setena porta – i de les maneres en què localment, la població viu la relació amb els seus espais naturals i urbanitzats, i percep la voluntat política d’establir correlacions entre natura i ciutat. En el marc del concurs de les 16 Portes, el projecte de la porta número 7, la de Vallcarca i Penitents, que va obtenir el primer premi[15], ajusta els seus plantejaments sobre plans urbanístics atàvics i que han definitivament fracassat davant de l’obstinada resistència popular (2003-2016) a la Modificació del Pla General Metropolità. Tot i així, gràcies a un llarg treball etnogràfic (2009-2014) sobre els impactes socials de les transformacions urbanístiques que han afectat Vallcarca al llarg de la seva historia[16], s’ha demostrat que el barri ha patit en els últims deu anys importants destruccions del seu patrimoni construït i natural amb la utòpica voluntat frustrada de transformar el seu caràcter popular en barri residencial d’alt standing i de trànsit turístic, amb brutals operacions d’especulació immobiliària protagonitzades per constructores històriques del desenvolupament urbanístic de la ciutat.

Aquestes intervencions destructives han generat descampats i solars allà on hi havia habitatges i es desenvolupaven  activitats socials i que, amb una “trampa” urbanística i conceptual, van passar a ser definits com a “espai buits”[17] o “en desús”. Aquests espais, que preferim definir com a “vacants”[18] han evidenciat formes populars, a vegades imprevistes, de relació amb la natura en un barri de muntanya on abunden el verd, camins, rieres, pous, fonts i deus, sistemàticament ofegats amb ciment pels enderrocs que paradoxalment s’acompanyen de la producció d’un territori on les rambles, els itineraris i els passejos hi acaben tenint un paper destacat amb la finalitat de produir l’escenari per la màxima rendibilitat del sòl i afavorir la circulació de capital en zones fins al moment menyspreades per les dinasties de poder de Barcelona. Per tal de copsar la representativitat i singularitat del Parc de Collserola en el barri de Vallcarca-Penitents i quina és la seva relació amb la seva transformació urbanística i la relació dels seus habitants amb l’espai de la seva quotidiana, plantegem l’estudi de la realitat local.

Notas

[1] BORJA, J. (1995) Barcelona. Un modelo de transformación urbana, 1980-1995, Quito: PGU-LAC.

[2] El Parc Natural de Collserola està considerat el parc metropolità més gran del món amb més de 8.000 hectàrees i està situat a l’àrea més densament poblada de Catalunya, afectant el terme de nou municipis de l’àrea metropolitana de Barcelona.

[3] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015a) “Desmontando las políticas neoliberales. Una aproximación desde las ciencias sociales”, en ARICÓ, G., MANSILLA, J. A., STANCHIERI, M.L. (Coords.) Mierda de ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol·len Edicions- OACU, pp. 11-16; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015b) “Jaque al Peón. Extracción de rentas, dinastías de poder y desplazamiento de clases populares en la Barcelona contemporánea”, Comunicación en fase de publicación originariamente presentada en el panel ¡Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea, realizado en el marco del Iº Congreso Internacional de Antropología AIBR “El ser humano: culturas, orígenes y destinos” (Madrid, 7-10 julio de 2015.

[4] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86.

[5] MARÍN i CORBERA, M. (2005) Josep Maria de Porcioles: catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona: Base Edicions.

[6] DELGADO, M. (2004b) “Ciudades de mentira. El turismo cultural como estrategia de desactivación urbana”, en ENGUITA, N., MARZO, J.L. y ROMANÍ, M. (Coords.) Tour-ismes. La derrota de la dissensió, Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, pp. 55-66; CARMEN, M. (2006) “Las trampas de la cultura”, Buenos Aires: Paidós.

[7] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2014) “El discreto encanto del “espacio público””, Revista Diagonal, 38, pp. 21-24, Barcelona: ARD.

[8] CARMEN, M. (2011) “Las trampas de la cultura. Medio ambiente y segregación en Buenos Aires”, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[9] http://ajuntament.barcelona.cat/ecologiaurbana/es

[10] CAPEL, H. (2011 [2005]), El modelo Barcelona: un examen crítico. Barcelona: Ediciones del Serbal; DELGADO, M. (2005) Elogi del vianant. Del “model Barcelona” a la Barcelona real, Barcelona: Edicions de 1984; DELGADO, M. (2007) La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del “modelo  Barcelona”. Madrid: La Catarata.

[11] MAZA, G. (2005b) “Participación Urbana”, Comunicación presentada en el marco del programa Idensitat CLF/BCN 01-02, [en línea: http://www.dosislas.org/ciudades/voces/participacionurbana.html]

[12] MOISÉS J., (2012), Esquema director de les Portes de Collserola, en Territori: Observatori de projectes i debats territorials de Catalunya [en línea] 

[13] Així ho expressa MOISÉS (2012): “A nivell polític, els grups municipals de l’oposició coincidien, en termes generals, amb els objectius del projecte però discrepaven amb alguns aspectes. El PSC temia que la manca de concreció generés frustració entre els veïns i el professionals implicats mentre el PP lamentava que no se’n conegués el pressupost. Per la seva banda ICV reclamava que es condicionés el projecte de les 16 portes a l’elaboració del Pla especial de protecció de la serra de Collserola.”

[14] SOTOCA, A.; CARRECEDO, O. (2011) Naturbà. Barcelona Collserola. Una relació retrobada. Barcelona: Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.

[15] http://w1.bcn.cat/portesdecollserola/resultat-del-concurs/

[16] STANCHIERI, M.L. (2016) “ Prácticas y poéticas de un barrio en trasformación. El caso de Vallcarca en Barcelona”, Tesi doctoral, Universitat de Barcelona.

[17] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2013) “La trampa urbanística de los ‘vacíos urbanos’: casos etnográficos en Barcelona”, en DAROQUI, A. (Comp.) 20 años de pensar y repensar la sociología: nuevos desafíos académicos, científicos y políticos para el siglo XXI, Buenos Aires: UBA, [en línea: http://sociologia.studiobam.com.ar/wp-content/uploads/ponencias/1713.pdf]

[18] STANCHIERI, M.L., (2014) “Territorios de lo imprevisto: espacios vacantes, autoconstrucción y simbolización del lugar en el barrio de Vallcarca en Barcelona”, en VIEIRA DA CUNHA, N., DE LUNA FREIRE, L., MACHADO-MARTINS, M.,  et BEROCAN VEIGA, F.,  Antropologia do conflito urbano: conexões Rio–Barcelona, ( Coord.), Rio de Janeiro: Lamparina editora

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Juliana Marcus, Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo

Entrevista realizada a Juliana Marcus (OACU), en el diario argentino Diario Z

La cuestión habitacional es tema de estudio de Juliana Marcús, quien desde 2012 dirige un equipo de trabajo en el Instituto Gino Germani sobre la mercantilización del espacio urbano y la incidencia de usos legítimos e ilegítimos en Buenos Aires. “Tratamos de ver cómo impactan esos usos en la vida cotidiana de los habitantes desde los códigos culturales que tenemos incorporados, cómo reaccionamos ante estos fenómenos urbanos y cómo los vemos desde esa perspectiva”, cuenta esta doctora en Ciencias Sociales de la UBA.

¿Qué hitos se pueden mencionar en política habitacional?
Hay dos políticas importantes. A nivel nacional, el Procrear. A nivel de la Ciudad, el programa Primera Casa. El Procrear se armó de manera interesante, pero sin cubrir la demanda y la emergencia, porque se destinó a un sector medio o medio bajo, con determinadas características socioculturales y cierto nivel de ingresos, usando terrenos ociosos de la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), no ligados a la centralidad urbana que buscan los sectores medios. Estos sectores quisieran estar cerca del centro y el Procrear les ofrece tierras fiscales en Liniers, por ejemplo. El plan Primera Casa entregó pocas casas. Es un caso curioso, porque se pensó para sectores populares, pero se usa el scoring, y esos sectores no pueden acceder a créditos a los que sí podrían acceder sectores medios. A su vez, esos sectores medios no cumplen los requisitos socioculturales que plantea el crédito. Hay un doble juego de esa ilusión, ninguno se puede beneficiar con el programa.

O sea que no se satisface la demanda.
Así es. Hay un agravante. El último censo determinó que hay cerca de un millón de viviendas y 340 mil están deshabitadas. No hay política para eso, desde ningún lado. Debería haber un impuesto que grabe la vivienda ociosa, cosa que salga al mercado. Más si pensamos que la población está estabilizada en tres millones de habitantes hace décadas y el déficit habitacional sigue creciendo.

¿Cómo evalúa el boom inmobiliario?
Fue muy fuerte en la última década, pero casi no hubo acceso. Torres, countries, edificios inteligentes con amenities y expensas muy altas. Eso incentivó la especulación, gente invirtiendo en ladrillo, comprando departamentos para alquilar que en muchos casos quedaron vacíos. O sea, hay más vivienda, pero no se ocupa por la especulación. El caso extremo es Puerto Madero, el barrio con más viviendas vacías, muy poca densidad de habitantes y el m2 entre cinco y siete mil dólares.

¿Y cuál sería el caso opuesto, en relación a las viviendas ocupadas por barrio?
El contraste podría darse por Caballito y Balvanera, barrios muy poblados, de clase media, donde se hicieron muchas torres, que sí están ocupadas por esa clase media. Claro que eso llevó a situaciones de colapso, como inundaciones o cortes de luz.

¿Hay más inquilinos que propietarios?
En este momento, sí. Es un tema de estudio. Hay jóvenes de entre 25 y 35 años que salen a la busca de su primera vivienda, en la encuesta de hogares urbanos del Indec, vemos que un 70 por ciento de esos jóvenes son inquilinos, apenas un 19 por ciento son propietarios. Lo interesante es que dentro de ese 70 por ciento está el alquiler tanto en el sector formal como en el informal, las villas. Es muy alto.

¿Por qué hay déficit habitacional?
Por la ausencia de una política de vivienda, porque no hay créditos a baja tasa. Los planes cubren una demanda muy pequeña y los sueldos de los jóvenes no alcanzan para acceder a un crédito con tasas altas. Si a eso le sumás la vivienda vacía y la suba en los precios, el acceso es muy difícil. Es preocupante que no estén en agenda la regulación del suelo y la planificación urbana, que esté todo al arbitrio del mercado, y si el Estado no se mete, el acceso a la vivienda seguirá estando lejos.

¿Cómo ves el tema de las villas?
Es complejo. Hubo algunas que crecieron, como las de Barracas y Retiro. La Villa 31 es un caso emblemático, porque está en terrenos de mucho valor y está muy poblada. Se la quiso urbanizar, se la quiso desalojar, mucho manejo de punteros, pero su organización interna impide la expulsión. Crece hacia arriba, al no haber más terreno para la vivienda horizontal, se suman pisos. Termina siendo un mercado paralelo de compra y venta de viviendas. La urbanización sigue siendo un tema pendiente, se precisa voluntad política y presupuesto, y lo que hubo fue subejecución desde el Instituto de la Vivienda.

¿Sería factible hacer un barrio de clase media en donde está la villa de Retiro?
Desde la mercantilización, todo es factible. Donde hay un espacio ocioso los inversores pueden ver rentabilidad en alianza con el Estado. En el caso de Retiro lo veo complicado, pero un entendimiento público privado es algo muy visto en los últimos años.

¿Rivadavia sigue siendo la gran divisoria entre un norte próspero y un sur pobre?
Aún funciona en los mapas mentales esa idea. El pasaje urbano cambia mucho si se camina por Rivadavia. Lo mismo pasa a lo largo de la avenida Pueyrredón, o por Callao y su continuación Entre Ríos. Al caminar por allí se nota la degradación del paisaje urbano desde lo estético. No creo que haya una ciudad dual, norte y sur se articulan. Pensemos en la línea H de subte. O en los tres millones de trabajadores que ingresan por día desde la provincia. El sur necesita una revitalización, desde ya. Los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 exigen mucha inversión en la zona más pobre de la ciudad, en lugar de invertir en la calidad de vida de los vecinos.

¿El conventillo sigue siendo una presencia palpable?
Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo. El problema habitacional es grande, porque tenés la casa tomada y la villa, formas de hábitat popular urbano para 400 mil personas con problemas de vivienda. El hotel pensión funciona en el imaginario como un lugar de paso, pero termina siendo permanente para quienes no pueden salir del circuito hotelero por inestabilidad laboral.

¿El Estado puede hacer algo?
Regular es clave. Quisiera políticas que piensen en el ciudadano, que no haya alianzas con el sector inmobiliario por la especulación en sí. Son alianzas peligrosas para el bienestar ciudadano.

Perfil: Nació en Buenos Aires en 1978. Socióloga y doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora en el Conicet y en el Instituto Gino Germani. Dirige un equipo de trabajo focalizado en políticas habitacionales.

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