El virus de la coacción

Por Jean Pierre Garnier

Editado y traducido por Jose Mansilla

Desde el principio de la pandemia se dice a menudo del COVID19 que la primera víctima de una guerra — incluso una guerra sanitaria —, es la verdad. Así pues, aprendemos cada día cada vez más cosas acerca de las operaciones del virus. En enero, teníamos pena por los chinos encarcelados por su techno-burocracia y vigilados por medios tecnológicos. En febrero, la autoridades francesas decían que las mascarillas no eran útiles. En abril, éramos todos chinos, es decir, estábamos confinados.

Gobernar, esto es, mentir.  Gobernar, esto es, obligar. Y lo que es transmitido a nosotros por la Voz desde las Ondas detrás de la máscara del Virus son las órdenes de nuestros expertos, científicos y tecnócratas. La epidemia, la real, es la peste digital cuyos chips electrónicos son el vector que aprovecha la oportunidad para reducirnos al estado de números esclavos. El virus, el real, es la presión tecnológica, la cual encuentra un terreno tanto más favorable en el deseo de soporte de aquellos para los que la libertad pesa demasiado.

Se dice también que los ceros sociales susurran en las redes sociales [juego de palabras en francés[1]]: será peor el día después. Pero no es de manera virtual que los ceros sociales, físicamente dispersos por la urgencia sanitaria, podrán resistir a la contaminación numérica.  No es en las redes sociales que un pueblo disperso podrá resistir al golpe de Estado permanente digital de la clase dirigente. ¡Números ceros! les toca a ustedes de romper sus cadenas digitales. Huid las redes sociales, botad vuestros Smart phone, rechazad el chip electrónico, boicoteen Amazon y el consumo virtual.

Ciudad machina, sociedad de coacción

Existe una consistencia objetiva, más o menos disimulada, detrás del caos aparente de este mundo en movimiento, y al cual el poder  burgués, a través de sus canales múltiples políticos, estatales, económicos, científicos, técnicos, mediáticos, etc., que nos convida a adaptarnos o desaparecer. Aquí esta una presentación resumida de esta consistencia.

En primer lugar, un poco de actualización tecnológica. La red de conexión inalámbrica de alta velocidad 5G despliega sus antenas. El empresario trans-humanista Elon Musk expide con ese fin 20.000 satélites que rodean el cielo terrestre.  Más de mil ciudades inteligentes (Smart cities) están en proyecto en el mundo, la mitad en China. Francia está probando Alicem, solución de identidad digital soberana en los Smart phones, un sistema de autenticación por reconocimiento facial, para desmaterializar el 100 % de los servicios públicos de aquí a 2022.

La smart city es el producto de lo digital y de la metropolización. Los tecnócratas nos lo anuncian  como un  hecho consumido: el 80% de la población mundial se concentrará en las metrópolis de aquí a 2050. De ahí el imperativo de una organización racional del orden público, es decir de una policía de las poblaciones, en el sentido de gestión y disciplina, optimizada por un pilotaje centralizado y automatizado; único medio para la ciudad-máquina, fluidificar sus redes, sus flujos y stocks de mercancías y de individuos-hormigones, de evitar los bloqueos y la avería.

El matemático Norbert Wiener lo había teorizado al acabar de la II Guerra Mundial: lo humano es el error; hace falta sustituir sus decisiones erráticas por un sistema automático y racional, cibernético  — de kuberen en griego, pilotar —. Alimentado por los datos provenientes de todos les sectores de la vida urbana, la máquina de gobierno, así denominada al salir de la guerra por un columnista científico francés de Le Monde en el 1948, produce la mejor solución técnica.

Los ciudadanos del 1948 – salvo Georges Orwell – podían juzgar fantasiosa esta idea. Los Smartianos (juego de palabras con martiens, en francés, marcianos) del 2020 se  han plegado al funcionamiento digital. Interconexión de sus objetos comunicantes, de los sensores  y chips  diseminados por el mobiliario y el entorno urbanos, de las redes, smartgrids, de los sistemas de tarjeta inteligente en los medios de transporte, de las  cámaras de video-vigilancia de reconocimiento facial y lectura de matrículas. Recomendaciones de los algoritmos para orientar sus elecciones y su vida cotidiana. Modificación de su velocidad al caminar en función de la afluencia según principios de la mecánica de fluidos[2]. Activación de mecanismos de seguridad en función de los datos capturados y analizados en tiempo real (número de Smart phones registrados en tal calle, anomalías de comportamiento en el espacio público, tasa de ocupación de los bancos, análisis del consumo energético en tiempo real, etc.).

Así que aquí se cumple el designo atribuido por Engels al filósofo y economista Saint-Simon (1760-1825): “la sustitución del gobierno de los hombres por la administración de las cosas”. Ya no de los individuos, de las personas, sino de los perfiles: ¡Qué aumento de eficiencia para los pilotos de la smart city!

Se puede hablar de una coacción sin coerción. Los Smartianos son los pasajeros de su propia vida, tal y como lo serían de un coche autónomo. Madre-Máquina cuida de todo al precio de una existencia bajo presión tecnológica. La originalidad de este neo-totalitarismo, deshumanizado en el sentido propio del término, es que no necesita ninguna coerción para imponerse. El putsch tecnológico, permanente e invisible, opera nombre del progreso, de la conveniencia y, de ahora en adelante, de la transición ecológica. La inteligencia artificial salvará el planeta. Al esperar este milagro, ella permite, primero, la administración desmaterializada de la población y, luego, el desencarnamiento del poder. En el planeta inteligente, el ciudadano-número ya no tiene interlocutor (Pulse1) y no puede oponerse a nadie. El ecologista superficial protesta contra las molestias de la 5G, cuyas frecuencias freirán las neuronas residuales de los Smartianos y acelerarán la 6ta extinción de las especies vivas. Sin duda.  Pero la crítica de la 5G limitada a las plagas sanitarias elude el encarcelamiento en la ciudad-máquina. Sempiterna metedura de pata de los que arremeten contra el señuelo de las  molestias e ignoran el totalitarismo tecnológico.

Sin embargo, hay gente, desde luego todavía en pequeño número, que no quieren ser componentes del mundo-máquina funcional y en buen estado de marcha; que rechazan la 5G, eslabón perdido de la interconexión general en el planeta inteligente. Según el plan de acción 5G de la Comisión Europea (CE), estas redes son concebidas para conectar un millón de objetos  por km2. Tomad un cuadro de 20 metros sobre 50 en vuestra ciudad; para contabilizar un millón de objetos comunicantes, hace falta añadir los Smart phones y las distintas pantallas en el escenario: vehículos, cameras, semáforos y farolas, edificios, marquesinas y mobiliario urbano, cajas de las tiendas, pavimentos, basuras, robots, electrodomésticos, ropas, contadores y redes  urbanos (agua, energía, calefacción), etc. Como dice la Arcep, la Autoridad Francesa de Regulación de las Comunicaciones, “la 5G debería actuar como facilitador de la digitalización de la sociedad”. Traducción: el  Smartiano ya no puede hacer un gesto que no sea captado, analizado, luego anticipado por los algoritmos. Las máquinas  conocen sus hábitos, actúa en su lugar, y a él eso le parece muy cómodo. Durante este tiempo, se sumerge en películas y juegos de realidad virtual descargados en menos de un segundo. Se libra de la preocupación por vivir, por pensar y por escoger.

Todo lo que quieren los hombres-máquinas es que no se les haga daño, mientras que lo que quieren los oponentes a este mundo artificial en gestación es no volverse hombres-máquinas. El ciber-colectivismo, es decir, la organización colectiva optimizada[3] es, por lo tanto, un punto de vista político y antropológico que hace falta combatir.

Como siempre, los partidarios de la reapropriación colectiva — de hecho, estatal — de los medios de producción y de distribución, en primer lugar los herederos socialistas o comunistas de Saint-Simon, defienden la idea  de una cibernética buena y de un buen uso de la máquina de gobernar. Una planificación ecológica asistida por ordenador, dice el líder de los Insumisos franceses, Jean-Luc Mélenchon, socialismo y cibernética fusionándose para una organización colectiva racional.

El experimento fue probado bajo el socialismo chileno de Salvador Allende, en 1972.  Se lo llamó Cybersyn (sinergia cibernética) y confiado al británico Stafford Beer, teórico de la cibernética, antiguo dirigente de la empresa United Steel y de la International Publishing Corporation. El objetivo de Cybersyn era gestionar el sector público comunizado de manera racional, es decir, centralizada bajo una dirección tecnocrática, mientras se fingía la participación de los trabajadores en el proceso de planificación. Por lo tanto, se trata, como siempre, de resolver la contradicción irreducible entre la experticia técnica elitista y la voluntad política colectiva, por medio de una máquina tecno política. Beer y sus ingenieros enchufaban 500 télex en las empresas. Éstos, a su vez, se conectaban a un ordenador central en una sala de operaciones hacia donde fluían cada día los datos acerca de la situación y de las operaciones de estas empresas. La Op-Room, ubicada en el centro de Santiago, estaba equipada con pantallas que proyectaban los datos de las fábricas y los analizaban en directo con el objetivo de tomar las buenas decisiones económicas. El dispositivo Cyberfolk (folk: pueblo en inglés) debía también medir en directo la satisfacción del pueblo gracias a estuches que permitían expresar el estado de ánimo desde el salón de cada hogar. Así se podría calcular la felicidad nacional bruta a medida que las cosas progresaran. Desgraciadamente, faltaban, en el Chile socialista del 1972, los sensores de datos, la redes wi-fi y los super-calculadores. El golpe de Estado de Pinochet, el 11 septiembre del 1973, puso fin al experimento ciber-socialista, pero no al proyecto.

Con el big data y el Internet de los objetos, los proyectos de ciber-administración horizontal surgen, con un vigor nuevo por parte de los aceleracionistas, con el objetivo de conseguir una participación igual y ciudadana en la auto-maquinación de la especie humana, gracias al open data, a la gestión colectivizada de  los data centers, de los satélites y de las fábricas de chips  nano-electrónicos. Las formas de organización no son talleres auto-gestionados por los trabajadores, sino que siguen las recomendaciones de ingenieros de empresas capitalistas inovadoras (Atos, Thalès, Bouygues, Suez, Capgemini, Orange o IBM). Hacen falta pilotos al mando de los sistemas cibernéticos para definir los indicadores, concebir los algoritmos, programar las máquinas. Pero se recurre, desde luego, a procedimientos de co-construción y de democracia técnica, tal como la presente comedia ciudadana por el clima, con el fin de que el rebaño ciudadanista  participe y, orgulloso de su participación, acepte y defienda su propia maquinación (integración como pieza de la máquina). En los pasados tiempos, obreros y esclavos eran necesarios por falta de máquinas. Con la industrialización, aparece una  equivalencia entre los hombres y las máquinas, entre la vida y el funcionamiento y, por lo tanto, los humanos serán expulsados cuando las máquinas puedan reemplazarles en un número creciente de actividades laborales. Por ejemplo los robots, según la palabra fraguada en el 1921 por el dramaturgo checo Karel Capek,  partiendo  de la raíz eslava (rabota) que significa trabajo. Lequel anticipa la cibernética de Norbert Wiener, la inteligencia artificial y la ciudad-máquina. En efecto, ya no se necesitan esclavos, obreros ni individuos capaces de decidir por sí mismos. La máquina  lo hace mucho mejor. Un tecno-topo para hombres-máquinas.

La aceleración tecnológica produce a la vez el planeta inteligente y sus versiones múltiples – objetos conectados, big data, smart city, Smart phone, smart home — y el proyecto trans-humanista de auto-maquinación de lo humano. Ambos conectados por el Smart phone, a la espera de los implantes corporales que optimizaran la organización social de los ciber-antropos.

Se conoce la medicina. Aquí está la auto-maquinación de dos velocidades. Por una parte, los super-hombres de rendimientos aumentados por sus  prótesis  tecnológicas y su genoma mejorado en laboratorio; por otra parte los ciber-insectos sociales de la ciudad-máquina, dependientes  de su  conexión al  pilotaje central — a su tecno-topo — para funcionar. La izquierda tecno-progresista reivindica la maquinación y la auto-maquinación para todos y todas, apoyado y administrado por autoridades públicas. Por ejemplo, en una página del Monde Diplomatique de enero 2020, se alertaba a los lectores contra les privilegios “de los ricos genéticamente modificados” en los Estados Unidos. Este tipo de  advertencia refleja las ambiciones de la pequeña burguesía intelectual (ingenieros, técnicos, cuadros, universitarios), inquietos de arrancar a los capitalistas privados el monopolio del eugenismo tecnológico. Que los tecno-progresistas se tranquilicen, sin embrago. En China y en el mundo entero, en las start-up y los laboratorios, las empresas y las universidades, con el apoyo del Estado, el dinero público y el sector privado, les genetistas, biologistas, físicos, informáticos, cibernéticos trabajan duro en el encarcelamiento del hombre-máquina en el mundo-máquina.

Abajo el Estado de urgencia:   rompamos nuestras cadenas numéricas.

La desinformación, como el coronavirus, se propaga. Para combatir la desinformación es importante compartir informaciones que vienen de fuentes fiables, tales como las autoridades sanitarias y la Organización Mundial de la Salud. En el curso de la epidemia del Covid-19, confíen sólo a las fuentes de información oficiales y a los medias creíbles. No compartan informaciones no verificadas. Eso es un mensaje de la Unesco.

La Radio Nacional Francesa

No se puede creer cómo el pueblo, siempre sometido, cae de repente en tal y profundo olvido de la independencia que no es posible que despierte, sirviendo tan francamente y con tan gusto que se diría, al verle, no que ha perdido su libertad, sino ganado su servidumbre.

Étienne La Boétie[4]

La cuestión se planteó durante la guerra, la verdadera. ¿Cómo distinguir los aviones enemigos para derribarlos? Se debe a los militares ingleses el sistema de identificación a larga distancia llamado: friend or foe[5]: un transpondedor capaz de descodificar desde lejos una señal electrónica. Medio siglo de miniaturización ha reducido este dispositivo en microchip RFID – Radio Frequency Identification (RFID) -;  tan sigiloso que se puede insertar donde quiera: en lo objetos de lo cuotidiano, en los libros de las bibliotecas y los productos de consumo con tarjetas sin contacto, en los árboles o los botes de basura en las metrópolis. Y, en versión cutánea, en los animales (salvajes, domésticos y de cría) y en humanos cada vez más numerosos.  

Es del otro lado del Canal de la Mancha que proviene la palabra traceability, introducida en francés en el 1994 al mismo tiempo que el prion en el cerebro de vacas alimentadas con harinas animales. El microchip en los animales debía tranquilizar a los consumidores de comida chatarra mundializada. La trazabilidad es la respuesta industrial a los daños ecológicos y sanitarios de la industria. En aquella época, el Ministerio del Interior inglés quería insertar microchips en el cuerpo de criminales sexuales voluntarios con el fin de rastrearles por satélite y controlar su ritmo. El proyecto fracasó, pero muchos alumnos de colegios británicos son hoy día identificados y seguidos por RFID. Tenemos que rechazar la transformación de nuestros animales en gadgets electrónicos o sufriremos el mismo destino.

Que investigadores de Oxford elaboren ecuaciones de apoyo  –¿friend or foe?– para limitar la pandemia del coronavirus no es, por lo tanto, para sorprendernos. Basta de anglofobia: China y Singapur han abierto el camino, y los laboratorios de inteligencia artificial y ciber-vigilancia ética del mundo entero desarrollan su app-virus. Un Secretario de Estado de lo digital y un Ministro francés de la Salud nos informaban de que nuestra aplicación se llamará Stop-Covid. Nuestros ingenieros del INRIA (Instituto Nacional de Investigación en Informática y Automática) trabajan en ello en el seno de un consorcio europeo. Un diputado de la mayoría actual, vice-presidente del Oficio Parlamentario de Evaluación de las Elecciones Científicas y Tecnológicos declaró: “No hay obstáculos, ya que todos los actores convergen en decir que son tecnologías éticas y aceptables, con la condición de respetar ciertos principios”. ¡Pero no hay nunca obstáculos para la gente que no tiene principios! Recuérdese del Ministro de Salud anterior que se proclamaba opuesto al acecho digital en nombre de las libertades públicas y fundamentales, o del Ministro del Interior anterior, rechazando el 26 marzo ¡estos  sistemas que, en el fondo, dañan la libertad individual de cada uno para ser eficientes. Por lo tanto esto no es un tema sobre el que trabajamos”. El tema en el que trabaja la tecnocracia, la clase de la eficiencia y de la racionalidad máxima al servicio del capital, es la búsqueda del aumento de su potencia por todos los medios. Los medios  jurídicos, con un estado de urgencia sanitaria que justifica todos los abusos de poder del Estado de excepción y el abandono de la legitimidad a los expertos científicos, pero sobre todo los medios materiales, concretos de la potencia, se basan en la tecnología.

Cuando Curzio Malaparte hizo publicar en 1931 su Técnica del golpe de Estado, tomó nota del hecho de que, dado que el Estado moderno se había convertido en un aparato tecnológico e industrial (radiodifusión, ferrocarriles, telecomunicaciones e industrias), el mismo golpe de Estado se había vuelto un asunto tecnológico. Desde hace mucho tiempo, sufrimos los efectos, no de una revolución tecnológica, como dice la propaganda, sino de un golpe de Estado llevado en nombre de una eficiencia que es, en sí misma, su propio fin último, y justificando el trastorno permanente de nuestras condiciones de existencia. Los comentaristas nos dirán, más o menos rápidamente, si  esta erupción de virus es un acontecimiento volcánico, o una aceleración del descontrol tecno-totalitario que se precipita en todas las crisis (incendios, inundaciones, terrorismo, etc.). Guerra, catástrofe o pandemia, las crisis abren a los gobernantes ventanas de oportunidad para reforzar el golpe de Estado tecnológico permanente. ¿Cómo rechazar una solución eficiente? Por lo tanto, los abogados de las buenas prácticas de la tecnología discuten el acecho electrónico aduciendo, como lo hace Jean-Luc Mélenchon[6], que “eso no sirve si todo el mundo tiene un móvil pero que no se encuentra en una área cubierta”, y que, por lo tanto, la eficiencia de este tipo de proceso no está comprobada. Encontrad un dispositivo de acecho eficiente y validado por la CNIL (Comisión Nacional Informática y Libertad) y se rendirán. El fin justifica los medios.

En Grupo Europeo Ética Ante la Comisión Europea, por cierto, no una referencia libertaria, escribía en el 2005: “(…) después de su puesta en observación por video-vigilancia y biometría, los individuos son modificados por distintos dispositivos electrónicos, tales como los microchips subcutáneos y los RFID, que tienden cada vez más a su puesta en red. Con el tiempo, ellos podrían, por lo tanto verse permanentemente conectados y reconfigurados, transmitir o recibir señales, permitiendo un rastreo y una determinación de sus movimientos, de sus hábitos y de sus contactos. Es cierto que tal evolución modificaría la autonomía de los individuos, en el plan tanto teórico como real, y perjudicaría su dignidad”. La autonomía y la dignidad faltan en una población degradada por décadas de abandono a la Madre-Máquina. La evolución tomada por los expertos en ética europeos tuvo ya lugar.

Un detalle tecnológico difiere de sus previsiones: los Smart phones, difundidos después de los chips RFID. Por el momento, los humanos disminuidos se contentan con esta ciber-prótesis insertada en su mano. El implante corporal, más costoso y perfeccionado, será quizás reservado a los humanos superiores de la casta trans-humanista. La pulsera electrónica y la inyección  subcutánea, a los refractarios. Es gracias al asistente electrónico universal – el Smart phone – que los smart borregos son rastreados.  Lo que se hace a los animales, se lo hace a los humanos. Aliviada por su renuncia a una vida libre y autónoma, la masa confía su capacidad de pensar y actuar en la inteligencia ambiente (común) y en la inteligencia artificial. La primera – del  inglés intelligence: información – designa, en nova lingua cibernética, la contaminación digital de nuestro medio ambiente (microchips, sensores, objetos conectados, redes de comunicación sin hilo), necesaria para el saqueo de miríadas de datos digitalizados. La secunda calcula estos datos para obtener modelos, indicadores, perfiles y decisiones. Ejemplo: cribar los billones de mensajes puestos en Facebook y Twitter y pedir a la inteligencia artificial que descubra y elimine los mensajes nefastos [y] borre  todas las alusiones a remedios falsos contra la enfermedad. Y no, desde luego, las mentiras de los gobiernos acerca del tratamiento de esta. Otro ejemplo: chupar los datos de geolocalización de los  Smart phones, combinarlos con los datos del corona-salud de la población y delegar a la inteligencia artificial la modelización del desconfinamiento. Esto es el objeto de la iniciativa CovidIA lanzada por investigadores franceses. La empresa francesa Orange de telecomunicaciones[7] proporciona ya modelizaciones de flujos de población en base a datos de geolocalización anónimos y, por lo tanto, ético. A pesar de que los científicos han ampliamente demostrado que el concepto de datos anónimos es engañador. ¡Si el periódico Le Monde lo dice!  Parece  que la condición sine qua non para que tales cadenas electrónicas sean éticas es el voluntarismo de los encadenados.

Como todo va no lo mejor, sino lo menos mal en el mejor de los mundos, un sondeo del 31 de marzo reveló que el 80 % de los franceses son favorables a la aplicación de la trazabilidad del ganado humano. ¿Por qué no?, al fin y al cabo obedecen ya, durante todo el día, a las órdenes de la máquina. “En el semáforo, gire a la derecha”, “Beba regularmente”, ·Presente su tarjeta delante del aparato” … 





 

[1] En francés, juego de palabras entre zéros sociaux (gente  cuyo  poder social es igual a 0] y réseaux sociaux [denominación oficial para valorizar un nuevo tipo de sociabilidad a través del uso  intensivo de las redes del internet]

[2] Este dispositivo es utilizado en el metro de Londres donde, según la afluencia y las necesidades de control de los flujos, las máquinas (distribuidores de boletos, tornos automáticos) aceleran o frenan el ritmo de los peatones. 

[3] No se puede hablar de ciber-socialismo: una colección de individuos-números no forma una sociedad.

[4] Escritor, humanista  y  poeta francés del siglo XVI. Famoso por su obra Discurso de la servidumbre voluntaria.

[5] Identificar: enemigo o amigo

[6] Lider de Francia Insumisa.

[7] Esta sociedad, a finales de 2019, contaba cerca de 266 millones de clientes en el mundo.

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Un documental de Kossakovsky sobre la huelga general de 2012

Corina Tulbure

Observatorio de Antropología del Conflicto Urbano

Era 2006 y organizábamos un Festival de cine de Europa del Este y trajimos varias películas de Kossakovsky. En Tishe, élgraba durante un año una calle en Sant Petersburgo desde una ventana. También proyectamos otro documental I love you (Three romances), un documental sobre el amor, las edades del amor. Desde una historia de amor de niños años, a historias de amor entre abuelos, el mensaje final era que todos los mocos y las arrugas se merecen besos. Recuerdo que la pasamos en el cine y al salir la gente estaba tan entusiasmada como si se hubieran tomado algo. 

Lo interesante, en todo caso, de los documentales de Kossakovsky es que graba “la realidad”, pero las historias que monta son fascinantes, mucho más fascinantes que la ficción. Bueno, de hecho, la ficción tiene una mínima lógica, mientras que la realidad es mucho más irracional e impredecible.

En el año 2012, Victor Kossakovsky manda a más de 30 estudiantes a grabar la huelga general en Barcelona. De ahí surge el documental Manifestación, que me ha emocionado, es un film-ballet sobre las protestas. Al mismo tiempo de las manifestaciones, en el Liceu, se pasaba el ballet Don Quijote de Ludwig Minkus. Kossakovsky coge las imágenes de la huelga y pone la música de Ludwig Minkus.

Al verla ahora, aquellos días de las marchas se me hicieron muy presentes. Ya sé que hubo una degradación de estas protestas, pero me refiero a los primeros momentos… para mí, aquellos días fueron la primera vez que tuve un sentimiento de pertenencia. Y llevaba 10 años en Barcelona. Se habla mucho en los estudios sobre migraciones, acerca de la pertenencia, belonging, etc; se piensa casi siempre en la pertenencia a un lugar, a una sociedad, un debate tal vez estéril. Para mí, aquellas protestas fueron únicas, la pertenencia era la participación política.

Recuerdo aquel sentimiento de “todo es posible”. Surgieron, por ejemplo, muchos debates para abolir la ley de extranjería, la unión se palpaba en la calle. Por unos momentos la falsa y permanente división migrantes-ciudadanos se abolía. Ahora, no sé a dónde se van las protestas cuando la gente se retira de las calles.  Me refiero a que no sé dónde quedó aquel “todo es posible”.

Por otro lado, a raíz de esta experiencia siempre he pensado que la migración es un gesto político. Se ha des-politizado al migrante, no se le reconoce como sujeto político y ha sido relegado al humanitarismo, a ser “objeto de estudio”, el “diferente”, el “Otro” candidato a integración o incluso peor, protagonista de aquellas metáforas biologicistas como cuando se habla de los migrantes como oleadas, etc. Son formas de violencia y de división de la lucha política. Mientras tanto se han politizado unos trozos de alambrada. Las vallas han cobrado presencia en la mente de la gente y en los programas políticos.

Esta es “Demonstration” de Víctor Kossakovsky, una visión sobre aquellos años más esperanzadores que el presente:

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La destrucció de l’Eixample Esquerre

Quan només hi havia runa al solar de Germanetes, la gent que sortia del 15M va anar creant Recreant Cruïlles per obtenir una petita part de l’espai. Però amb la curta i intensa experiència de Kan Pikigu, i després de l’Ateneu l’Entrebanc, es va arreplegar forces per obrir les portes de tot el solar, negociant amb el veïnat més moderat que es tornaria a tancar rere el cap de setmana d’activitats.

https://periodismelapislatzuli.wordpress.com/

L’Ateneu l’Entrebanc es va inaugurar per Carnetoltes 2014, pocs mesos després del desallotjament de La Carbo (i al mateix carrer, unes cruïlles més a dalt). Ja no es diu així però l’espai segueix okupat. Quan es va obrir l’espai va faltar la Conxa Peréz, una anarquista del barri. A l’Ateneu es va inaugurar una biblioteca amb el seu nom, per cel.lebrar la seva trajectòria (van treure fins i tot un fancine amb entrevistes a la gent que va conèixer a la Conxa, que també va ser publicat en anglès a Interface per l’aniversari de l’alçament del 36). Malhauradament, aquestes històries es perden i he hagut de rebuscar als correus antics per a trobar la feina que es va fer. A internet ja no tot està disponible.

Al temps, es va publicar un article a Intervia, un mitjà autogestionat del barri. En aquest es parla de les cooperatives El Reloj i La Dignidad que es van fundar al barri a inicis del segle passat. Parlant de lluites antigues també es pot parlar de Golferichs, que va ser okupat per fer front a Nuñez y Navarro. O el parc de l’Excorxador, ara Parc Joan Miró, amb gent acampant a la zona per que sigui una zona verda. Recreant Cruïlles ha estat assimilat als comuns, però la realitat és més complexa. El veïnat va ser entrevistat i van sortir a l’Assemblea de Majaras de Radio Contrabanda.

Germanetes era un espai que va funcional molt bé a nivell de quantitat, sense linia política massa clara, a on van coincidir tota mena de gent. I com allò tirava, van començar a enfortir-se les veus que s’oposaven a edificar el solar. Els equipaments es podien construir a d’altres espais del barri, el que no es recuperarà mai és un espai buit i autogestionat. Però ja estava tot decidit des de dalt i la gent del barri afí als comuns van fer el salt a la política institucional… I des del coneixement del barri van fer tot el que calia per impedir que es pogués fer servir l’espai, per silenciar els grups que rebutjaven els projectes del PGM, etc. Quins idiotes, construir més pisos per motius electoralistes quan n’hi ha tants de buits.

Ajuntament de Barcelona

Com diu un company a les entrevistes, ell va crèixer al barri i mai va percebre l’eixample esquerra com un “barri”… Va ser arrel del 15M que es va recuperar aquesta solidaritat quotidiana, i amb la destrucció de Germanetes per part dels comuns va tornar a desaparèixer la vida comunitària. Encara hi és l’espai de l’Entrebanc, però ja no és un projecte obert potent i enfocat a incidir sobre el barri. I ara mateix, l’Espai de Recreant Cruïlles està tancat amb clau, gestionat per quatre veïns que hi tenen les seves verdures i au.

Per a mi l’eixample esquerre, i concretament el solar de Germanetes, és on vaig enterrar qualsevol esperança d’entendre-me o fins i tot simplement relacionar-me amb la gent que fa de la política un negoci. Bé, tot plegat no tinc cap reflexió teòrica per compartir relativament a la gentrificació! El que si, molta ràbia amb aquests abraçafaroles que van destruir el barri.

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El Cementerio de Igualada como tragicomedia griega

Fuente: Plataforma de Arquitectura

El pasado día 27 de febrero, el diario El País publicaba un artículo titulado Los mejores arquitectos eligen los mejores edificios del siglo XX. En el listado de obras referenciales aparecía el Cementerio de Igualada, de Enric Miralles, en el puesto 49º. El compañero del OACU Pedro Gabriel escribe unas reflexiones al respecto.

El Cementerio de Igualada como tragicomedia griega

Parece que ahí el arquitecto se tragó su propio jarabe. Se ha quedado para siempre con su obra inmaculada solo para él. Dicen que es “el cante del cisne”, pero a mi parece más una especie de tragicomedia griega.

En Igualada Miralles dio bastante énfasis al momento de la ceremonia fúnebre, y se cargo lo demás. Un réquiem seria, con 3 tiempos, pero se ha quedado en las notas de introducción, algunas veces pérdidas y desconcertantes sin un fondo humano (una comunidad) de suporte – de la cual hace uso no más que de sus huesos, en medio de piedras, como material constructivo. Un réquiem tampoco se dirige a los muertos desconsiderando a los vivos, se dirige al doliente y se dedica a los muertos, en su homenaje y memoria. No hay memoria sin vida ni vida sin memoria.

Para las exequias fúnebres ahí celebradas, que jamás dejarán de ser rituales mismo para los más laicos, el arquitecto intentó enfatizar y sobredramatizar (sobre todo en el recorrido ceremonial entre la capilla funeraria y las tumbas) momentos que por sí solo ya son suficientemente dramáticos y casi insoportables, volviéndoselo todo aún más duro y difícil. Después, en los siguientes tiempos (el luto y la dolorosa mácula, y los recuerdos en la vida cotidiana), intentó hacer con que las memorias individuales se disipasen y se despersonalizasen para forzosamente convertírselas al olvido. Incluso a los nichos y a las tumbas las quería hacer anónimas, tal como nuestra querida Dolores tan bien explica en su tesis. En esa obra el arquitecto no tiene disculpas, por su indiferencia colmatada con “virtuosismo”, ya que el tema del ritual (funerário) ya fue suficientemente bien estudiado para que pudiera simplemente ser ignorado. Van Gennep, por ejemplo y para empezar, ya le daba algun material para construirse ahí algo más apropiado. El tema de la muerte no se puede solucionar simplemente en y con el funeral. En Igualada, después del ritual funerário de devolución del cuerpo a la Tierra (el momento fúnebre de separación del mundo de los vivos) y después del recorrido de regreso (también bastante dramatizado por el “embotellamiento” de los muros en el recorrido de regreso), todo queda en suspenso, indeterminadamente, como en un estadio liminal que él (Miralles) quería o suponía que fuera, así, eternamente poético, pero que algunas veces se convierte en una pesadilla.

Además de imposiciones formalistas y deterministas, que a partida inviabilizan posibilidades de modos de uso y de habitar, se deslinda también un intento de imposición de su visión personal sobre la muerte. Muchos arquitectos que se van ahí de visita dicen que son las personas las que no han logrado entender la obra, “de tan tontas o ignorantes”. Quizás fue el arquitecto que, al revés, se lió y no logró dar una respuesta suficientemente madura a un tema tan complejo. Es una obra que deliberadamente ha quedado “inconclusa” en algunos aspectos, formales-constructivos, pero que mismo así no ha dejado espacio (libertad) a la posibilidad de completarse y de irse concluyendo con la apropiación por el uso y con el tiempo. Tal como los vecinos de Igualada en viudedad (echados en un estadio de fragilidad emocional, y que se sienten mal reincorporados al cuotidiano y a la “normalidad” de la vida) también esa obra ha quedado “suspendida”, como si el proceso de construcción hubiera quedado en medio. Esa intención es visible en el modo como ha sido concebida y materializada la obra: con hierros desnudos y oxidados, descarnados, que normalmente son utilizados y ocultados por dentro de los encofrados; o el piso con un mortero simple, que después se suele recubrir con otro material, etc. Como si el ciclo vital de la obra – que ahí comenzó en el diseño-concepción y que inevitablemente, algún día, acabaría en ruina-diseño (ambos tendiendo a la bidimensionalidad) – jamás llegara efectivamente a la vida. Sale como un nado muerto, que es de lo más triste y conmovedor que puede ocurrir, o que nace pero que no se mantiene viva por sus medios. Quizás estaba ya precozmente condenada a la ruina, a ser arqueología (como la había pensado Miralles), pero se la mantienen en la incubadora del “patrimonio calificado” a cuestas considerables y quizás para siempre moribunda. El problema del “Ser para la muerte” se hace ahí muy presente, se manifiesta de un modo muy dramático, pero no sé si va como una contradicción o como una afirmación ontológica. De todo, lo que se hace más real es el fastidio. La obra va prontamente de un estado de diseño-concepción (proyecto) a otro de diseño-ruina (arqueología), pues la arquitectura se utiliza y se habita y para tal debe admitir que se ganen hábitos ya que eso es su principio generador.

Ahí está patente otra contradicción fundamental, recurrente en arquitectura, manifiesta en el conflicto entre las aspiraciones artísticas del arquitecto y los propósitos para la obra construida. El arte se contempla pero (por norma) no se utiliza. Su valor no se atribuye a su utilidad, o utilización cotidiana, va al revés. Por consiguiente en el arte “la forma [no] sigue una función” pero una “disfunción”. La (re)incorporación de alguna disfuncionalidad (como valor comun, excepcionalmente aceptado por la norma) es una de sus funciones. “La excepción confirma la regra”, se dice, tal como lo profano hace lo sagrado, y al revés. El arte es un “refugio” tal como lo sagrado, en sus diferentes manifestaciones, que ocasionalmente nos rescata de lo cotidiano. Tambien entre estos dos mundos hay umbrales y rituales. Por eso nos dice Bakhtin que “cuando uno está en el arte no está en la vida”.

Por su turno en arquitectura hay el postulado de que la obra tiene que ser habitada y utilizada, como sea – en acuerdo y/o en desacuerdo con determinadas normas; cotidianamente o excepcionalmente; respectandola o profanandola – pero tiene que ser habitada. Hay muchas discusiones sobre el tema, si “arquitectura es arte o no”. Creo que, por lo menos, no tiene eso como propósito – el de ser arte – pero sí el de ser vivida y habitada más que contemplada.

Es un tema complejo. Disculpen ir todo un poco desordenado.

 

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Siete postales de la Barcelona gentrificada que no te mostrará el MWC

Fuente: publico.es

Coincidiendo con la feria de telefonía móvil, conversamos con el antropólogo urbano José A. Mansilla, coordinador junto con Claudio Milano de Ciudad de Vacaciones, Conflictos urbanos en espacios turísticos’ (Pol·len edicions) un libro que analiza los efectos del turismo a ciudades como Barcelona y que acaba de llegar a las librerías. 

ANDER ZURIMENDI  @anderzurimendi


Las cosas no pasan porque sí. Esta es la máxima que intentan explicar los antropólogos y urbanistas de signo crítico: si Barcelona es tal y como la conocemos hoy en día, es fruto de políticas que han favorecido la llegada de un tipo concreto de turismo. El Mobile World Congres (MWC) es un caso paradigmático. Mapeamos los escenarios de Barcelona donde la ciudad muestra mayores problemáticas derivadas del turismo, que se perciben en la afectación que tiene sobre los barrios y sus vecinazgos. Y lo hacemos de la mano del antropólogo José A. Mansilla, coordinador del libro Ciudad de vacaciones. Conflictos urbanos en espacios turísticos (Pol·len), que acaba de salir a la venta. 

1. El tambor de las Glorias: la gentrificacióhomeopática”

El Teatre Nacional de Catalunya y el Auditori, la Torre Agbar y el Museo del Diseño, el Mercat dels Encants y el casal de la Farinera… La lista de edificios con usos culturales levantados en el entorno de les Glòrias, en los últimos años, es inmensa. Cuestión compleja: ¿Es malo, en si mismo? “Más bien tenemos una espectacularitzación de la arquitectura y de los usos culturales”, arranca Mansilla, «en el que más que edificios funcionales encontramos estructuras culturales que quieren convertirse un referente internacional. “Por ejemplo, Rafael Moneo explicó que no había diseñado el Auditori para la ciudadanía de hoy en día, sino que iba a utilizar unas planchas de hierro que se fueran enmoheciendo con el paso del tiempo”, las cuales se podrían llegar a observarse depende como avanzara la remodelación del barrio.

O la reforma de Els Encants, que ha estandarizado y tomado bajo control urastro que hasta ese momento era libre. Se parece a una gentrificación homeopática: Pones una píldora y a ver qué pasa”, alerta el antropólogo. También hay una falta de usos más populares en dicha inversión prevista. “Y está claro que hay que intervenir a las ciudades, ya que son ecosistemas vivos, de los cuales entra y sale gente constantemente; pero eso pasa por intervenir para dignificar los barrios, con centros sanitarios, con parques…”.

2. Poblenou y la salida al mar: ¿Nuestra Copacabana?

El geógrafo Horacio Capel describe las obras de la fachada marítima de Barcelona, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, como “un plan clasista, para echar del Poblenou las fábricas y los trabajadores”. Desaparecen las chavolas del Somorrostro y el barrio de Icaria queda bajo tierra, dejando espacio a la flamante Vila Olímpica donde residirían inicialmente los atletas y posteriormente las clases altas de Barcelona. “Y encima casi se cargan el cementerio del Poblenou, imagínate”, alerta Mansilla. Encontramos aquí un gran espacio (la fachada marítima) que en los años 70 no está aprovechada por el Capital con toda la intensidad que el sistema querría. Y es por ello que el entonces alcalde Porcioles (considerado tímidamente aperturista dentro de los cánones del franquismo) sueña con la Copacabana barcelonesa, desde el márgen del rio Besòs hasta la Barceloneta.  Aires brasileiros en Catalunya. 
La excusa de las Olimpiadas “sirve para hacer un pelotazo urbanístico, transformando el suelo industrial en habitacional y vendiéndolo a precio del año 1992: Vaya, un negocio redondo”. Arranca así, por cierto, el ciclo de colaboraciones público-privadas. Cómo decía Manuel Vázquez Montalbán, parecía que el PSC hubiera descubierto el neoliberalismo.

3. El Maremagnum: Bienvenidos a ‘privatopia’

La continuación de la Copacabana especulativa del 92 es la remodelación de los muelles de Barcelona, para construir lo que hoy se conoce como el Maremagnum. “Ahora bien, para conseguir llevar el negocio lucrativo hasta la costa, necesitaban una vía de entrada. Y por eso, hacen el túnel semi-soterrado de la Ronda Litoral, favoreciendo la circulación de coches (y por tanto, de bienes, mercancías y personas”, argumenta el miembro del OACU. 
Dejar de mirar hacia la montaña del Tibidabo (con su antiguo parque de atracciones y sus zonas de viñas), para abrirse al mar. A tal efecto, arrancan las obras del Maremagnum: “Juegan maliciosamente con la ley, porque al estar en dominio marítimo, se rige por la normativa de puertos, y no por las más estrictas normativas municipales”. Así pueden ser más espectaculares urbanísticamente, además de tener normativas diferentes en materia impositiva, de horarios, de usos, etc. E incluso tienen seguridad privada: “Privatopia”. El Hotel Vela no es sino la continuación de estas rendijas legales: “Este hotel no se habría podido construir según la normativa municipal; pero claro, en este caso dependía de administración marítima”.

4. La rambla del Poblo-sec: ¿Terrazas sí, però jugar con la pelota no?

Las ciudades son objeto de creación de plusvalías, explica Mansilla, y con los cambios de los usos del suelo se consigue (entre otras cosas) lo que David Harvey ha denominado acumulación por desposesión. Una vez que el terreno urbanizable se va agotando, el Capital continúa buscando más suelo público e intenta hacer de constructor de las estructuras públicas: Residencias de tercera edad, guarderías y escuelas… Y cuando este también se va acabando, opta por el Espacio Público: Las aceras y plazas. “De aquí que se haya permitido –e incluso fomentado directamente- las terrazas de los bares y restaurantes; terciarizando el espacio y creando nuevas zonas turísticas”. La rambla del Poble-sec es un ejemplo.
Pero para que esta privatización del espacio público funcionara, era necesario evitar dinámicas alternativas que no implicaran consumir: Así que se prohibió beber en la calle, se prohibió jugar a pelota en las plazas, las fiestas infantiles… Las alabanzas al “civismo”, encaminadas a favorecer el consumo en el sector restauración. Además, la proliferación de terrazas hace que, a veces, sea imposible andar por las aceras.
Hay que añadir la saturación, en general, que sufre la ciudad. El índice de presión humana (cuántos turistas hay en ese momento por cada habitante) es muy alta. La población flotante (con residentes en el área metropolitana barcelonesa que trabajan o hacen actividad de ocio en la capital) también es elevada. Sencillamente: Mucha gente, en el mismo lugar, en el mismo momento. “En las encuestas de satisfacción, incluso los turistas se quejan de la masificación”, revela Mansilla.

5. Saturación en el mercado de la Boqueria, ‘gourmets’ en el de Santa Caterina 

La tendencia gentrificadora de los mercados es evidente, con el caso paradigmático de la Boqueria (destinada al turismo). También la reinauguración del Mercado de Sant Antoni alarmó las entidades vecinales (a pesar de que. en este caso, las consecuencias se perciben en el aumento de los alquileres; más que en el coste de la cesta de la compra). 
José Mansilla apunta también al Mercado de Santa Caterina como símbolo del espectacularitzación del hecho comercial, con su flamante edificio firmado por Enric Miralles. “Aun así”, apunta, “tampoco se puede comparar con los proyectos que han hecho a Madrid, de privatización absoluta de los antiguos mercados”. Y pone como ejemplo el mercado de San Miguel (del cual se expulsaron los paradistas y ahora únicamente está destinado a la restauración). “En Barcelona se ha apostado por mantener la idea de Abastos, de mercado tradicional, si bien con una cierta gourmetitzación que generar todo tipo de conflictos”.

6. El turó de la Rovira: La banalización de la memoria

El Plan de Descentralización de turismo que el Ayuntamiento impulsó en 2013, bajo gobierno del alcalde Xavier Trias (PDeCAT, antes CiU), consiguió llevar el turismo a barrios que hasta ahora se habían salvado. Un claro ejemplo es el Turó de la Rovira y su gentrificaciónLas espléndidas vistas panorámicas de la ciudad atraen cada día centenares de jóvenes turistas extranjeros. Pisan así un espacio de altísimo valor simbólico. Y es que durante la Guerra Civil se instalaron baterías antiaéreas,con el objetivo de proteger Barcelona de los bombardeos fascistas italianos. Posteriormente, entre los años 50 y los 80, se autoconstruyen casetas, dando lugar a un barrio chavolista que acogía con los brazos abiertos a las personas migradas. Hoy en díasin embargo, está saturado de turistas con latas de cerveza, pitillos y selfies.

7. Airbnb: Duermen los turistas, se exilian los vecinos

Segun Mansilla, fomentar el turismo es para las Administraciones “una política realmente barata y sirve para remontar la crisis económica”. Además, Barcelona es una ciudad consolidada donde ya quedan pocos lugares físicos en los que el Capital pueda implementar grandes proyectos urbanísticos. De aquí las ansias para situar Barcelona en el mapa turístico internacional. Tanto hoteles como alquiler turístico. “Los turistas consumen el espacio y se van. Consumen el espacio y se van. Así sucesivamente”, dice Mansilla.
Y finalmente, el paisaje urbano (las casas, calles, tiendas e incluso el propio vecindariose convierten en un mero decorado, “que representa un capital simbólico que puede ser transformado en capital económico, mediante el turismo y el ocio”.

Este artículo fue publicado originalmente en catalán en el Diario Público.

 

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Desenmascarando a Madame Calalú Carta a la escritora del artículo París amarillo…

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A ver Madame Calalú con C ¿Qué te propones? ¿Confundir a la gente? ¿Echarme tierra? Si bien al tema salsero «Madame Kalalú» de Rubén Blades y Willie Colon (1981) le precede una versión en plena puertorriqueña «Madame Calalú» de Cortijo y su combo con Ismael Rivera en la voz (1960), tienes que tomar en cuenta que mucha gente no sabe eso, ni mucho menos que has pensado dar a conocer tu faceta más política firmando con C y la más salsera firmando con K.

Querida ¿Tú no te das cuenta de que todo es política? Que así hables de salsa y de otras tantas cosas, hablas de política. Ponte seria y deja de escribir artículos seudo periodísticos. Asume tu peo (problema). Asume que eres una de tantas doctoras o profesionales frustradas. Que te mandaste una pila de años estudiando pa’ un coño. Que no sacaste tu permiso de residencia porque querías regresar a Venezuela y que ahora tienes que ver como haces para ser una inmigrante y no morir en el intento.

Menos mal que me tienes a mí. Así que no reniegues de mi presencia. No me sigas escondiendo en el armario porque estoy cansada del puto anonimato. Búscame bolos (actuaciones). Sigue en esta misma línea, mejórala y no te desgastes: https://bit.ly/2LGhvml. Contribuye a que el mundo sepa que existe una versión diferente a la «Madame Kalalú» del ex – dueto de Blades y Colon. Deja de perder el tiempo. Céntrate.

Mira, el artículo París amarillo: performances de la violencia (2018) que gentilmente te publicaron en el portal web Aporrea, y luego tus compañeros del Observatorio de antropología del conflicto urbano (OACU), no está mal (https://bit.ly/2QZgjAk), pero tú sabes que eres capaz de cosas mejores y más si te alías conmigo. Además, dejaste muchas cosas en el tintero. Por ejemplo ¿Por qué no dijiste que la policía te apuntó? ¿Qué te tocó subir las manos para demostrar que no llevabas nada en ellas? ¿Y que entre tanta corredera —perdón danza para no obviar tus interpretaciones y las del gordito que te dirigió la tesis—, te cagaste y te fuiste caminando más de una hora hasta tu «casa» porque muchas estaciones de metro estuvieron cerradas durante la jornada reivindicativa? Y como se te atravesó un nefasto Decathlon por el camino y necesitabas una maleta te compraste una marca KIPSTA, pese a que los Gilets Jaunes habían escrito horas antes en las afueras de Dior: Le peuple veut du dior pas KIPSTA (El pueblo quiere Dior no KIPSTA).

Asimismo, ¿Por qué que pusiste en pie de página la referencia performática de lo que estaba pasando ese mismo día en La Bastille (https://bit.ly/2RpPIvR) y probablemente donde nos hubiésemos sentido más en nuestra salsa? ¿Tú no ves que la gente no se los lee y que tu hiciste una tesis doctoral de lo que otras investigaciones subestimaron y dejaron como nota al pie? Y para rematar ¿Por qué después le mandaste a la gente de Aporrea un vídeo subtitulado en español de la canción «On Lâche Rien» (No nos rendiremos) para publicación sin verificar si se trataba de esta u otra reivindicación? ¿Y por si fuera poco luego les escribiste entre disculpas y justificaciones, por aquello de la vigencia del No nos rendiremos, para liarla más? Coño chica, van a pensar que estas/estamos locas. Menos mal que Eric Toussaint te salvó el culo (https://bit.ly/2Am1eP8), pero no siempre habrá gente que lo haga así que rectifica. Tú no ocupas ningún espacio de poder y si te lo propones no te costará mucho hacerlo.

A grosso modo eso era lo que te quería decir. Quizás deba agregar que dejes de hacerte pasar por arrecha (brava), a ti que te encantan los animales sabes que perro que ladra que no muerde y luego esconde la cola… No enloquezcas con la situación en Venezuela y con otros avatares asociados. Mantén distancia y categoría como los establecimientos Montecristo (cuña ochentera venezolana). No seas como el hombre de la canción de Soledad Bravo y Willie Colón y déjame bailar en paz (https://bit.ly/2BQosgj). Y si no practica yoga, fúmate un porro y sobre todo no me niegues porque juntas todo, individualizadas nada.

Madame Kalalú con K de rebeldía…
Desde «un no lugar» ¡como bruja al fin!
albamaroa@gmail.com

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París amarillo: performances de la violencia

Por: Alba Marina González

Evito ir a los barrios (arrondissement) de París. Pese a que no estoy del todo instalada en la ciudad los conozco y los detesto. Se trata de un sector de la ciudad obsceno. La opulencia y majestuosidad oculta una crueldad sin parangón. Pero eso no es violencia. Como se viste de Dior y de carros o coches de primera gama, no es violencia. Como luce pulcra, bien perfumada y cuidosamente adornada, no es violencia. Como suele contar con buenos modales e ir más que a la universidad a las grandes escuelas de estudios hiper elitistas (como en la que obtuvo su título Macron), no es violencia y así podría continuar hasta el infinito y más allá.

No obstante, los sábados 01 y 08 de diciembre de 2018 el plan era ir a Les Champs Élysées. Pese a que no hablo mucho francés cuento con un excelente traductor, intérprete y corrector, porque esto no solo se trata de saber qué dijeron sino el significado que eso tiene dentro del contexto. Por ejemplo, algunas de las consignas que por momentos se escuchaban eran provenientes de los juegos de fútbol, del deporte por excelencia de la clase popular francesa y las siguientes: Ici c’est París (aquí es París) y Macron, Macron on t’encule (Macron, Macron te vamos a dar por el culo). A nivel deportivo, Aquí es París es la consigna identificativa del París Sant Germain cuando juega con otros equipos y París te vamos a dar por el culo, la del equipo de Marsella cuando se enfrenta al París Sant Germain [1].

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“El pueblo quiere Dior”

Esta alusión deportiva denotaba la ocupación que se había hecho del París más rico y turístico, pero no ha sido la única. En el verano pasado cuando Francia resultó ganadora de la mundial de fútbol 2018 la gente de la periferia más empobrecida de París tomó la ciudad, la razón era otra, pero el sonido era el mismo. Arribaron las motos picando caucho de modo parecido a como lo hicieron muy cerca del Arc de Triomphe a pocos metros de un grupo de policías durante la última manifestación, la escena parecía la de un duelo a muerte que no se llevó a cabo, los enfrentamientos más violentos fueron no fueron con motos, pero vale exaltar las performances con estos vehículos en las clases populares parisinas y caraqueñas [2].

Recurriendo a otro tipo de performance tendría que mencionar a la danza. Tendría que evocar la metáfora del antropólogo y Prof. Manuel Delgado cuando habla de las manifestaciones, cuando da cuenta de la dimensión coreográfica en el acto de manifestar, de esos cuerpos que vienen y van, que avanzan y se distancian, que se agachan y se esconden, que esquivan y toman impulso y muchos, tras la intensidad de su arte (y de su poder), resultan lesionados. A lo que quizás sea oportuno agregar la presencia en la manifestación de personas en sillas de ruedas, cojeando y con muletas; evocando la letra de una música inicialmente de las clases populares en otras latitudes, la escena podría resumirse en la siguiente frase: conmigo baila hasta el cojo [3].

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“Macrón Dimisión”

Y si antes se daba cuenta de la performance bailable, ahora habría que hacerlo con la música. Tendría que mencionar la importancia del elemento musical en estos eventos, del sonido del tambor con su banda sonora de guerra que acompañaba e incitaba a algunos manifestantes a avalanzarse hacía la policía. El sonido evocaba a películas antiguas de guerra y servía de elemento cohesionador de una masa encolerizada y con poco que perder. Ahora bien, el sonido en vivo e instrumental no fue el único durante estos días, también hubo un caso que se repite en diferentes protestas de París. En esta ocasión se trató de un chico con un aparato de sonido portátil, una especie de mochila que llevaba consigo y de donde se proyectaba música electrónica, la cual azuzaba a un grupo de manifestantes que de la pura rabia decidieron que romperían las cadenas del jardin des Tuileries, cerca del palacio quemado durante La Commune de París y en el que jugaban a estar atrapados, cosa que lograron hacer con resultados contraproducentes. Cuando rompieron la cadena la gran reja del parque se vino debajo de algunos gilets jaunes, las imágenes suelen verse por cadenas de televisión a expensas de la reacción inmediata de los manifestantes que se avalanzaron a dos camiones de bomberos para pedir auxilio.

Otro performance o bien símbolo de entornos festivos y de habitus de la clase popular como principal forma de distracción fue la ingesta de alcohol. Resultaba llamativo toparse con personas que, además de sus chalecos, portaban latas grandes de cervezas. En un contexto como el vivido, en su versión más violenta, hacía falta aditivos y se ponía también de manifiesto la cotidianidad de estas personas, la falta de ingresos y de motivación para ir a un museo, teatro o espectáculo de danza y, por el contrario, el alcohol y la música como mecanismo de distracción y acompañante en momentos en las que no hay otra opción sino la de combatir contra un sistema violento y excluyente por naturaleza.

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“Policía”

Respecto a los chalecos cabe acotar que no fueron el único distintivo, había también chubasqueros (la lluvia también acompañó), trapos para limpiar, algo que fuese de color amarillo o naranja como los chalecos uniformes de trabajadores del transporte público, entre otras cosas, porque de aproximadamente 2 euros los chalecos aumentaron a 8 euros desde que la reivindicación comenzó…Y cuestiones relacionadas con el vestuario se presentan idóneas para conectar con otras de tipo decorativas: La Navidad.

Actualmente, la Av. de Les Champs Élysées está completamente llena de luces que engalanan los festejos o consumición decembrina. Sin duda, un atractivo turístico y para los propios habitantes de la ciudad y sus adyacencias es este. Sin mencionar el sinnúmero de tiendas que se agolpan en cada acera de esta gran avenida. De modo que al final de la contienda de la noche del sábado 08 de diciembre la imagen no podía ser más magnifique o metafórica. Las luces intermitentes en los árboles en perfecta armonía con el de las sirenas azules de la policía en medio de Les Champs Élysées y en pleno enfrentamiento con manifestantes que clamaban una navidad, también, para ellos.

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“La contienda final”

Y, por último, un dato relacionado con lo anterior que no puedo dejar pasar, sobre todo, viniendo de los países de donde vengo en donde la violencia policial en este tipo de eventos resulta significativamente mayor. Me refiero a la relatividad de la acción policial. Lo que intento decir es que, si no había enfrentamiento con los cuerpos de seguridad, si no se les lanzabas piedras o les desafiabas de alguna manera te hacían encarnar la frase de que: eres inocente hasta que demuestres lo contrario. Además, si pasabas desapercibido/a hasta decían bonjour madame (buen día señora) y se sonreían cuando revisaban tu bolso antes de entrar a las zonas de conflicto y veían que llevabas bolas de árboles de Navidad que sirvieron de barricadas y que portabas como souvenirs (recuerdos), por no decir que algunos de ellos estaban de nuestro lado. Ahora bien, como culmino relativizando una cosa también debo relativizar otra, en tanto mi objetivo ha sido contar lo que vi, lo que tiene que ver conmigo y lo que no logro ver en los grandes medios afanados en mostrar las vitrinas que se rompieron, los coches que se quemaron y los enfrentamientos más espectaculares que se produjeron. Y para ello, no me queda más que recurrir a la siguiente frase a favor de los manifestantes más violentos, en su mayoría hombres, jóvenes y hasta niños: la violencia no es algo con lo que se nace, se hace.

Madame Calalú

París, 10 de diciembre

Lo narrado se corresponde a las manifestaciones suscitadas en les Champs Élysées y alrededores los sábados 08 y 01 de diciembre respectivamente en la ciudad de Luz…. Hago la acotación porque durante 08 de diciembre se produjeron también manifestaciones en la Place de la République, en La Bastille (a continuación un performance musical: https://www.facebook.com/LaBasSiJySuis/videos/2157739151142368/) y cerca de la estación de metro de Nación, esta última por el Cambio Climático con personas disfrazadas de osos pandas y polares, así como la presencia de les gilets jaunes.

 

[1] Para el día 08 de diciembre los juegos de fútbol fueron cancelados. Por no hablar de importantes museos y monumentos que estuvieron cerrados y la résidence (residencia) de Macron y la Assemblée nationale (Asamblea nacional) blindada.
[2] Y de lo que dio cuenta en psicólogo y Prof. Andrés Antillano en su curso: Violencia y rentismo en Venezuela, impartido en el Institut des hautes etudes de l’Amérique Latine de la Université Sorbonne Nouvelle-París 3 en marzo 2018 (París-France).
[3] Joe Pastrana “Rumbón Melón” (1967).

 

Todas las fotos son de la propia autora

Este artículo fue originalmente publicado en Aporrea.org

 

 

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El dualismo de las Smart Cities: entre la acumulación y el recurso simbólico

Por: José Mansilla (OACU)

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© Hugh Han

Justo acaba de finalizar, entre Barcelona y L’Hospitalet, la enésima edición de la Smart City Expo World Congress, la mayor feria mundial dedicada a las smart cities. Este año se ha contado con la participación de más de un centenar de ciudades, representantes políticos, ponentes y, sobre todo, empresas. Es bien sabido que Barcelona, bajo el mandato del Alcalde Trias (2011-2015), intentó subirse al carro de este tipo de prácticas urbanas. Parecía una solución factible para un Gobierno business friendly que había llegado tarde al poder desde el punto de vista urbanístico: la saturada trama urbana de Barcelona no permitía grandes alegrías -y plusvalías-, aunque es imposible negar que intentara conseguir su parte del pastel en el entorno del Morrot, la cara sur de Montjuïc, con el proyecto Blau@Ictinea. Sin embargo, ni una cosa ni otra, resultaron empresas exitosas.

El nivel de aplicación de la receta neoliberal está directamente relacionado con la capacidad de aceptación de la misma por la población afectada, algo que, a su vez, se encuentra determinado por la intensidad que adquiere el discurso oficial en la búsqueda del dominio hegemónico. Esto toma plena vigencia con las Smart Cities, epítome neoliberal y ejemplo fundamental de la colaboración público-privada, haciendo necesario presentar ésta como una alternativa no solo deseable, sino necesaria. Un inmenso despliegue de recursos simbólicos – ¿quién no quiere vivir en una ciudad inteligente?-, e ideología que se presenta como la necesaria guarnición a la hora de llevar a cabo tales políticas.

Ahora bien, ¿qué son las Smart Cities? Creo que no erraríamos si afirmásemos que, antes que otra cosa, se trata de una estrategia de marketing urbano, es decir, un relato construido y diseñado para vender la ciudad, algo que es práctica habitual en Barcelona desde hace años. Así, entre los elementos que acompañan la retórica de la Barcelona Smart City sería posible encontrar conceptos tan ambiguos y genéricos como innovación, autosuficiencia, desarrollo, eficiencia, etc., elementos que recuerdan a aquello que Lévi-Strauss –de nuevo lo simbólico-, recogiendo las aportaciones de la lingüística estructural, definiera bajo el concepto de significante flotante, es decir, aquel capaz de asumir múltiples encarnaciones. De este modo, como ciudad neoliberal inmersa en la competencia global por la atracción de capitales, en Barcelona estas nociones adquirirían una significación neoliberal con el objetivo de continuar el proceso de acumulación del capital: capitalismo y simbolismo se dan la mano.

Sin embargo, este discurso en torno a la Barcelona Smart City lleva, además, un añadido funcionalista, esto es, la idea de que a través de la aplicación de las nuevas tecnologías a la gestión de la ciudad se pueden solucionar la mayoría de los grandes problemas que la acechan. Ahora bien, tras esto no se oculta más que la enésima etiqueta tras la que esconder la búsqueda –de nuevo- incesante por la atracción de capitales. La diferencia con casos anteriores es que aquí ya no intervienen grandes empresas relacionadas con el urbanismo o el desarrollo inmobiliario, sino aquellas vinculadas a las nuevas tecnologías como CISCO, Facebook, Amazon o Google, o incluso las amigas del capitalismo de plataforma, Airbnb, Uber o Glovo. El hecho de que el Smart City Expo World Congress se celebre, desde hace años, en la capital de Catalunya supone un evidente ejemplo de la tradicional apuesta municipal – por otro lado, nunca conseguida- por la atracción de capital tecnológico y como ciudad de ferias y congresos, aunque, ahora sí, con un toque en comú.

De esta forma es posible parafrasear aquí la máxima lefebvriana de que, bajo una apariencia tecnológica, positiva y humanista, lo que realmente oculta, en este caso el discurso y la práctica de las Smart Cities, es el control del espacio por parte del Capital, un capital que se va infiltrando de forma sutil en los servicios y equipamientos que ofrece la ciudad de forma desconflictivizada, gracias, precisamente, a un discurso despolitizado aunque pleno de símbolos.

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Repensar Bonpastor. ‘Museo de la vivienda’: monumento a los vencedores con los vestigios de los vencidos…

Uno de los aspectos más cínicos e inquietantes del llamado “Modelo Barcelona” ha sido su capacidad de convertir constantemente en celebración, en triunfo, hasta los aspectos más dolorosos e injustos de la experiencia urbana. Lo dijimos hace años, cuando veíamos barrios enteros arrasados, habitantes y centros sociales desalojados, grandes corporaciones apropiándose de la ciudad, mientras las administraciones celebraban la diversidad cultural, la paz y la sostenibilidad en el Fórum de las Culturas. Volvemos a decirlo ahora, cuando las nuevas administraciones anuncian su intención de celebrar la destrucción del barrio de Bon Pastor y el empobrecimiento de su población, a través de un “museo participativo de la vivienda” en el barrio.

Los museos son los instrumentos con qué los vencedores escriben su versión de la historia de los vencidos. Hay museos de los indios, nunca museos de los cow-boys. Museos de los oficios campesinos, nunca museos de la violencia capitalista. Se estetiza y se encierra lo que se quiere borrar, convirtiéndolo en memoria, en “patrimonio”. Entonces, ¿qué sentido tiene hoy un museo de la vivienda? ¿Acaso haya algo a celebrar? Sobre todo, ¿por qué en el Bon Pastor? Para las y los miembros del ex colectivo Repensar Bonpastor, que por casi una década hemos sido testigos y hemos hecho registros del conflicto generado por la demolición de las casas baratas, nos parece claro que esta iniciativa pretende remodelar la historia del barrio, después de haber remodelado el barrio y las vidas de su gente.

Se propone un museo “vivo” y “participativo”. Otra vez esta palabra, la misma que legitimó la demolición del barrio y la venta de sus habitantes a los grandes bancos a través de la promoción de hipotecas. Participación sí que hubo: de un minúsculo grupo de vecinos y vecinas privilegiadas que se hicieron portavoz de decisiones ya tomadas por el Ayuntamiento, a costa de aterrorizar y amenazar a quienes no estaban de acuerdo, o chantajearlas para que aceptaran cualquier cosa que se les ofreciera para no quedarse en la calle. Las casas baratas de Bon Pastor no era un lugar de “participación”, sino de resistencia política y contrapoder popular: el primer grupo de vivienda obrera de Barcelona, que fue planificado inicialmente como un campo de concentración para trabajadores migrantes, pero que con el tiempo (y una revolución) miles de habitantes consiguieron convertir en un pequeño pueblo, en una gran familia. Los lazos de ayuda mutua y solidaridad, de empoderamiento social e integración de las diversidades, construidos en ocho décadas de trabajo colectivo, fueron despedazados por el “proceso participativo”, que pedía que todas dijeran “sí” a una demolición ya decidida.

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En el nuevo museo, estamos seguras, no habrá los cientos de entrevistas que grabamos desde 2004, que demuestran que una gran parte de los habitantes de Bon Pastor no querían que se tiraran las casas baratas. No habrá ningún documento que atestigüe la larga lucha de un grupo de habitantes que dejaron la AVV en 2003, por que no estaban de acuerdo con el proyecto de demolición, y que con el tiempo obtuvieron el apoyo de casi la mitad de núcleos familiares de las casas baratas. No habrá las imágenes y vídeos del violento desalojo del 19 de octubre de 2007, cuando la Guardia Urbana cargó contra un centenar de habitantes y solidarias que defendían las primeras casas desalojadas en las calles Mollerussa, Granadella y Albí. Ni las imágenes de la ocupación masiva de junio de 2010, que por una tarde hizo que un centenar de habitantes se sintieran finalmente dueñas de su espacio vital. Tampoco habrá las decenas de proyectos alternativos a la demolición que recogimos a través de un concurso internacional de ideas, que demostraban que se podía imaginar una solución sostenible y no especulativa para esa parte de Barcelona, sin necesidad ni de desalojos forzosos, ni del conflicto que partió el barrio en dos.

Lo único que habrá en ese museo será el simulacro. El simulacro que cultivaron las administraciones en este barrio por lo menos desde qué empezamos a interesarnos por la violencia institucional desplegada contra sus habitantes. El simulacro de la participación, el simulacro del consenso, el simulacro de la mejora. Un simulacro que esconde el gran desprecio institucional que las administraciones han mantenido siempre hacia quién habita esta parte de la ciudad. Este mismo desprecio, este “nosotros sabemos lo que os conviene” y “aún nos tenéis que dar las gracias”, empujó las pasadas administraciones a vender al barrio entero a los grandes bancos responsables de la crisis financiera global, promoviendo hipotecas para gente que no podía pagarlas, empujada así hacia el endeudamiento y la miseria – a la vez negando indemnizaciones legales a las que no querían, y amenazando de expulsión a quiénes se atrevían a creer tener derechos.

Todas aquellas que, dentro o fuera del barrio, reivindicaban la existencia de un patrimonio histórico popular, de valores vernaculares vinculados al espacio, de una microsociedad que funcionaba y que había que proteger, eran sistemáticamente ridiculizados y silenciados. Diez años más tarde llega el reconocimiento de la existencia de un patrimonio histórico; pero no en la forma de disculpas públicas, de un “repensar” las políticas destructivas que llevaron a la muerte del barrio – sino de un monumento. Un monumento a los vencedores con los vestigios de los vencidos: un “museo de la vivienda”. Hasta durante las grandes demoliciones ordenadas por Mussolini se recogieron fotos y mapas de las casas demolidas, para los curiosos y estudiosos del futuro.

La historia viva del barrio, para quiénes tengan paciencia de buscarla, seguirá al alcance en nuestros libros autoproducidos y páginas web autogestionadas, elaboradas con mucha paciencia desde el interior de Bon Pastor, con las voces y el trabajo de afectados y afectadas por las demoliciones y las expulsiones. Para quiénes, en cambio, quieran ver el simulacro, habrá el nuevo museo. Esperemos que por lo menos expongan un vecino momificado, a lo mejor sentado en la puerta tomando la fresca. Así alguien recordará, al visitarlo, que lo que había que preservar, antes que cuatro paredes y ocho casas, era un barrio entero, su gente, su socialidad, su vida a pie de calle – y por supuesto, su lucha.

Col·lectiu Repensar Bonpastor
Novembre 2018

 

 

 

 

 

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Managua: Las regresiones de una ciudad sin centro

Por Rene Hayashi

En Nicaragua en los últimos meses, parecen convivir dos construcciones de la realidad opuestas. Como si fueran dos universos paralelos en un mismo tiempo y espacio. Se ha ido creando una distancia cada vez más abismal, entre la visión de la realidad que mantienen Gobierno y población. Los medios oficiales que apoyan a Ortega buscan instaurar una ficción dentro de la población. A través de este relato ficcionado se quieren evadir de su responsabilidad respecto al estado de violencia que han desatado ellos mismos en el país. Para este fin regresan con una nueva versión remasterizada de la época contra-revolucionaria de los años ochenta, en la que los manifestantes son comparados con los contra-revolucionarios de aquellos años. Pero esta no es las única explicación que dan en la televisión y la radio afines al régimen. También dicen que los asistentes a las manifestaciones, son grupos pertenecientes a cierta “derecha vandálica”. El FSLN entra en escena, para explicar que en Nicaragua se está siguiendo el mismo guión desestabilizador que en Venezuela.

Pero la falta de coordinación de las distintas interpretaciones que se nos dan desde el gobierno y sus medios, hace que parezca que han entrado en una especie de esquizofrenia discursiva, carente de lógica. La primera dama -vicepresidenta de Nicaragua Rosario Murillo- ilustra bastante bien esto con sus declaraciones, que van de lo cursi a lo esotérico. Murillo dice de los manifestantes que son grupos “vinculados a bandas delincuenciales” los culpables de haber roto la paz en el país centroamericano. La primera dama hace su diagnóstico “psicológico”, propio de un culebron latinoamerican culpando a “la cizaña [que] intoxica algunos corazones”, luego les advierte de forma paternalista “que la ambición puede cegar”. Rosario desafía todo análisis demográfico diciendo que son “grupos minúsculos y tóxicos” o incluso se vuelve mística afirmando que se trata de “vampiros que reclaman sangre”.

Al mismo tiempo que la pareja presidencial organiza marchas a favor de la Paz y celebra mitines multitudinarios en la calle, reprime a los manifestantes. A pesar de las actividades promovidas por el gobierno, en favor de la paz y pronunciamientos pro-diálogo, la espiral de violencia no ha dejado de crecer. Las víctimas de la represión del estado, han aumentado vertiginosamente. Los medios de comunicación mas críticos al régimen han calificado al gobierno como represivo, dictatorial y sus acciones como de terrorismo de estado. Varias personas, con las que tengo comunicación tienen la percepción de que están inmersos en una especie de deja vu, en el que el ciclo histórico de los años de la Revolución se repite. Los viejos revolucionarios comparan al antiguo guerrillero Sandinista y actual presidente de Nicaragua, con el mismo Dictador Anastasio Somoza, al cual combatieron en su juventud. Una regresión.

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Derribo de la estatua del dictador Anastasio Somoza

La ciudad parece también contagiarse de la misma regresión que sufren algunas de las personas con las que hablo. Las calles se llenan de nuevo de barricadas, de edificios quemados como en el 79. Pero esta no es la única imagen del recuerdo, como nos lo explican en su artículo Arroyo y Miranda, “¿Por qué los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos[i]?“. A los nicaragüenses les viene el recuerdo del derribamiento de la estatua del “Caballo de Somoza”, derribada el 20 de julio de 1979. Ahora el caballo somocista ha sido remplazado por “los árboles vida” o chayo-palos, como se les conoce popularmente, en honor a la Primera Dama (“Chayo”, diminutivo de Sagrario). La caída de estas gigantescas estructuras metálicas es celebrada jubilosamente por la muchedumbre. La escena se asemeja a una gran fiesta popular, la cual cuenta con su propia música de fondo, producida por los cañonazos de los “morteros” (armas de fabricación casera, más parecidos a juegos pirotécnicos que a armas reales).

Las primeras semanas en el inicio de las manifestaciones se asemejaban más bien a un gran carnaval. No solo por la euforia de las demostraciones populares, los carnavales como las protestas actuales del país centroamericano, se caracterizan por subvertir el orden social. Son, en efecto, “una constante del tiempo carnavalesco. Los cambios de actitud, posición y orden de personas, animales y objetos se desarrollan de forma sistemática en esta época[ii]”. Algunas personas acudieron a las marchas con las caras cubiertas, mientras otros protegieron su identidad con máscaras típicas de las fiestas tradicionales de Nicaragua. Otro tanto de los manifestantes van vestidos con camisas en las que se podían leer frases como “Que se rinda tu madre”, o “No eran delincuentes, eran estudiantes”. Entre la multitud se podían ver centenares de banderas de Nicaragua.

Si el Gobierno de Ortega recicló ciertos discursos de la contra revolución de los años ochenta, los manifestantes de hoy en día, recuperan para el movimiento social, las estrategias, consignas y canciones de la revolución Sandinista. No debería de extrañar esta reacción como nos explica un grupo de investigadores de Universidad Centro Americana: “Los repertorios son el conjunto de medios conocidos y disponibles por los movimientos sociales que se utilizan para exponer exigencias. Estos medios son culturalmente aprendidos a través de la acción colectiva y la cultura política de una sociedad. Los movimientos sociales en Nicaragua realizaron acciones colectivas con mayor fuerza y eficacia en los momentos de crisis políticas, sociales y económicas, cristalizadas en tres procesos históricos claves: la dictadura somocista, la revolución sandinista y el neoliberalismo[iii]”. Varias de las estrategias actuales también incorporaron nuevas tácticas a su repertorio, como el Internet, el cual fue usado por los protestantes como ciber-plazas. Las cuales fungían como espacios de reunión paralelos a la calle. En estas plazas se reproducía el mismo comportamiento del internet dentro del espacio urbano.

Las rotondas se convirtieron en los nuevos centros de reunión del descontento popular. La protesta, al hacer el tránsito del espacio público a la virtualidad y de regreso al espacio público, se operaba con la misma lógica. La multiplicidad y simultaneidad de las redes sociales era aplicado en el espacio urbano. El comportamiento de las manifestaciones de Managua se asemeja a una cartografía de dinámicas de redes sociales, con múltiples nodos urbanos. Los manifestantes se congregan en distintas puntos de reunión, al mismo tiempo. El gobierno, por su parte realizaba, sus propias contra marchas, las cuales se localizaban, en la rotonda Hugo Chavez o en el malecón y la plaza de la revolución. Estoss eran los espacios utilizados para las demostraciones de apoyo a Ortega.

Por el otro lado, las Rotondas universitarias, Rubén Darío, Jean Paul Genie, la de Cristo Rey y la Virgen. Estos eran los puntos que se habían apropiado los opositores al régimen. Los barricadas empezaron a proliferar y a esparcirse a lo largo de toda la capital y por la mayor parte de las ciudades del país. Las calles hechas de adoquines se   van desmembrando, uno a uno, como si fueran piezas de un juego de lego, hasta transformase en “tranques” (palabra con la que se conocen en Nicaragua a las trincheras o barricadas). Los cortes de ruta re plantearon la función de las calles que pasaron de la circulación a la paralización total del tráfico. Los improvisados muros de las barricadas servían para resguardarse de los ataques de “la turba” (Grupos Paramilitares) y de los policías. Algunos los decoran con banderas, otros pintan murales, hay los que se vuelven altares. El rojo con negro con el que se identifica al Frente Sandinista de Liberación Nacional es reemplazado por el Azul y Blanco característico de la Bandera de Nicaragua. La rebelión de Nicaragua, también es estética, y los símbolos son parte de la disputa contra el régimen.

Managua fue declarada en 1852 capital de Nicaragua, con la idea de evitar las históricas peleas entre León y Granada las cuales se disputaban ser la capital del país. La deriva urbana en la que entró la capital de Nicaragua por el terremoto del ‘72 parece no cesar. Como nos relata Luis Fuentes Guaza en su texto sobre Managua: En 1972 un temblor pulverizó la ciudad de Managua. Todo quedó en ruinas. Este acontecimiento supuso la desarticulación del centro urbano actualmente conocido como la Vieja Managua. Esta Managua simbolizaba la promesa superficial de progreso y modernidad con la que la dictadura de Somoza intentaba silenciar la brutal precariedad de una mayoría nicaragüense empobrecida. Los acontecimientos que siguieron al terremoto, como el hecho de que la asistencia Internacional destinada para la reconstrucción de Managua fuera robada por el gobierno, abrieron paso a la Revolución Popular Sandinista en 1979.

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Timbre postal conmemorativo del derrumbe del “caballo somocista”.

FSLN-Revolución-Reagan-Contras se suceden a lo largo de los años ochenta, hasta que en 1990 la presidenta Violeta Chamorro, apoyada por EEUU, pone fin al periodo de esperanza en un cambio social. La ruinas y los predios vacíos seguían siendo los protagonistas de la ciudad .Parte de la estructura urbana actual data de la época de Arnoldo Alemán, el cual se convirtió en el Alcalde de la capital en 1990. Entre sus principales planes estaban el dotar de una nueva imagen a la ciudad. Paradójicamente este nuevo modelo urbano, no contemplaba la reconstrucción del Centro de la ciudad. Las rotondas (o glorietas) se proponían como parte central en la mejora cosmética del entorno urbano y la manera más “eficiente” de gestionar el tráfico. También se decía que estas evitarían el robo a automovilistas. Uno de los primeros casos de invasión de una de estas Islas Urbanas fue el de la rotonda de la virgen construida en 1999, lo cual vino evidenciar el rostro real de las rotondas como antítesis del espacio público. Se privilegiaba al automovilista sobre los peatones. Los primeros en apropiarse de estos espacios vacantes fueron grupos marginales, para después ser utilizada por los deportistas, hasta que por medio de negociaciones “la rotonda de la virgen” se convirtió en el 2007 en uno de los parques públicos más populares de la ciudad. Este fue el primer caso de apropiación de una de las 11 rotondas, esparcidas en la zona metropolitana. En estas se encuentran una serie de estatuas ornamentales y conmemorativas. Tienen figuras que van de los religioso a lo abstracto o fuentes. En otras también se encuentran esculturas abstractas. El poeta Rubén Darío por su parte cuenta con una fuente en su honor de forma piramidal.

La llegada a la presidencia de Ortega en el 2006 trajo consigo un cambio del paradigma cultural del relato hegemónico planteado por gobiernos neoliberales anteriores, el cual se fundamentaría en la recuperación histórica de la época de la revolución y de la figura de Sandino. A manera de discurso legitimador. Lo cual viene ejemplificar bastante bien lo dicho por Antonio Gramsci, “los dispositivos de convencimiento, que sirven para asentar las claves de los relatos hegemónicos, son culturales”. Para el Frente Sandinista de Liberación Nacional el espacio público sería uno de los elementos centrales para llevar a cabo su nueva estrategia comunicativa. El cambio de nombre de Plaza de la República (como se llamaba en los gobierno anteriores) por el de la Plaza de la Revolución junto con la utilización de colores vistosos como el rosa, el amarillo y el celeste. Los cuales proliferaron en varias zonas de la ciudad junto con el Rojo con negro, que caracterizan al FSLN. Postes, edificios públicos, las bases de los monumentos, entre derrumbamientootros elementos, eran pintados con estos colores. Estas nuevas tonalidades se convirtieron en una presencia dominante dentro del paisaje de la capital de Nicaragua. Esta nueva estética instaurada por el gobierno, también fue acompañada de nuevos símbolos revolucionarios como la estatua en honor al poeta Rigoberto López Pérez, el cual fue el asesino del primer presidente de la dinastía de los Somoza. Los procesos de construcción de nuevos monumentos también fueron acompañados de la destrucción de símbolos de la administración pasada, como es el caso de la escultura abstracta de la rotonda de Colón. El cual fue remplazado por un extraño monumento al comandante Hugo Chavez. Otros de los espacios que corrió con la misma suerte fue la concha acústica, el cual fue demolido.

Lo que prosiguió fue poblar la ciudad de “los árboles de la vida” (Chayo Palos) hasta volverlos una presencia casi omnipresente dentro del entorno. Pero la explosión social de los tiempos actuales tenían otros planes para estos símbolos. Como nos demuestra el rastro de estos árboles metálicos tirados, en conjunto con los edificios y llantas de carros quemados. Como nos explica Manuel Delgado en su texto sobre las apropiaciones insolentes del espacio publico: “son esas territorializaciones insolentes las que nos advierten de hasta qué punto una ciudad no es sólo una forma ordenada o un sistema ordenable y menos lo que en muchos casos quisieran que fuera hoy: un producto en venta y una mera fuente de beneficios. Esos episodios regularmente repetidos de metrópolis levantadas nos recuerdan que toda ciudad es o acabara siendo lo que es: un amasijo infinito, un protoplasma inagotable de lucha y de pasión.[iv]” En Managua la trama urbana se entrelaza con la trama histórica, En la que parece que observamos un loop histórico, en que la misma secuencia va proyectando el pasado en el presente. Pero las imágenes, de tanto reproducirse, se van distorsionando hasta entregarnos una imagen enrarecida y completamente distinta.

[i] Lorena Arroyo y Wilfredo Miranda. “¿“Por que los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos al grito de “hay libertad”?”. Prodavinci.

[ii] http://www.educa.madrid.org/web/cp.claracampoamor.sanmartindelavega/images/carnaval/Lo%20que%20hay%20que%20saber%20de%20los%20carnavales.pdf

[iii] Mario Sánchez González, Douglas Castro Quezada, Rony Rodríguez Ramírez et Jorge Guerra Vanegas, « Movimientos sociales y acción colectiva en Nicaragua : entre la identidad, autonomía y subordinación », Amnis [En línea], 15 | 2016, consultado el 30 octubre 2018. URL : http://journals.openedition.org/amnis/2813 .

[iv] Manuel Delgado. “Apropiaciones insolentes del espacio urbano a principios del siglo XXI”. Conferencia pronunciada en la Facultad de Artes de la Universidad del Valle, en Cali, el 28 de septiembre de 2013. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2017/12/apropiaciones-insolentes-del-espacio.html

Rene Hayashi es Artista. Nacido en México, vive y trabaja en Lima, Perú. Ha sido becario del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, el Programa de Residencias Artísticas, FONCA. Su trabajo se ha expuesto en distintos lugares, como la Sala de Arte Público Siqueiros (Ciudad de México), el Contemporary Art Center Zamekujazdowski (Varsovia) o La Bienal de Praga (Praga). Ha realizado intervenciones urbanas y diseño de espacios públicos en ciudades como Guadalajara, Puebla y El Paso. Ha impartido talleres y conferencias en Managua (Espora), Tegucigalpa (MUA), y São Paulo (Encuentro Internacional de Arte y comunidad), entre otras ciudades.

 

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