El Cementerio de Igualada como tragicomedia griega

Fuente: Plataforma de Arquitectura

El pasado día 27 de febrero, el diario El País publicaba un artículo titulado Los mejores arquitectos eligen los mejores edificios del siglo XX. En el listado de obras referenciales aparecía el Cementerio de Igualada, de Enric Miralles, en el puesto 49º. El compañero del OACU Pedro Gabriel escribe unas reflexiones al respecto.

El Cementerio de Igualada como tragicomedia griega

Parece que ahí el arquitecto se tragó su propio jarabe. Se ha quedado para siempre con su obra inmaculada solo para él. Dicen que es “el cante del cisne”, pero a mi parece más una especie de tragicomedia griega.

En Igualada Miralles dio bastante énfasis al momento de la ceremonia fúnebre, y se cargo lo demás. Un réquiem seria, con 3 tiempos, pero se ha quedado en las notas de introducción, algunas veces pérdidas y desconcertantes sin un fondo humano (una comunidad) de suporte – de la cual hace uso no más que de sus huesos, en medio de piedras, como material constructivo. Un réquiem tampoco se dirige a los muertos desconsiderando a los vivos, se dirige al doliente y se dedica a los muertos, en su homenaje y memoria. No hay memoria sin vida ni vida sin memoria.

Para las exequias fúnebres ahí celebradas, que jamás dejarán de ser rituales mismo para los más laicos, el arquitecto intentó enfatizar y sobredramatizar (sobre todo en el recorrido ceremonial entre la capilla funeraria y las tumbas) momentos que por sí solo ya son suficientemente dramáticos y casi insoportables, volviéndoselo todo aún más duro y difícil. Después, en los siguientes tiempos (el luto y la dolorosa mácula, y los recuerdos en la vida cotidiana), intentó hacer con que las memorias individuales se disipasen y se despersonalizasen para forzosamente convertírselas al olvido. Incluso a los nichos y a las tumbas las quería hacer anónimas, tal como nuestra querida Dolores tan bien explica en su tesis. En esa obra el arquitecto no tiene disculpas, por su indiferencia colmatada con “virtuosismo”, ya que el tema del ritual (funerário) ya fue suficientemente bien estudiado para que pudiera simplemente ser ignorado. Van Gennep, por ejemplo y para empezar, ya le daba algun material para construirse ahí algo más apropiado. El tema de la muerte no se puede solucionar simplemente en y con el funeral. En Igualada, después del ritual funerário de devolución del cuerpo a la Tierra (el momento fúnebre de separación del mundo de los vivos) y después del recorrido de regreso (también bastante dramatizado por el “embotellamiento” de los muros en el recorrido de regreso), todo queda en suspenso, indeterminadamente, como en un estadio liminal que él (Miralles) quería o suponía que fuera, así, eternamente poético, pero que algunas veces se convierte en una pesadilla.

Además de imposiciones formalistas y deterministas, que a partida inviabilizan posibilidades de modos de uso y de habitar, se deslinda también un intento de imposición de su visión personal sobre la muerte. Muchos arquitectos que se van ahí de visita dicen que son las personas las que no han logrado entender la obra, “de tan tontas o ignorantes”. Quizás fue el arquitecto que, al revés, se lió y no logró dar una respuesta suficientemente madura a un tema tan complejo. Es una obra que deliberadamente ha quedado “inconclusa” en algunos aspectos, formales-constructivos, pero que mismo así no ha dejado espacio (libertad) a la posibilidad de completarse y de irse concluyendo con la apropiación por el uso y con el tiempo. Tal como los vecinos de Igualada en viudedad (echados en un estadio de fragilidad emocional, y que se sienten mal reincorporados al cuotidiano y a la “normalidad” de la vida) también esa obra ha quedado “suspendida”, como si el proceso de construcción hubiera quedado en medio. Esa intención es visible en el modo como ha sido concebida y materializada la obra: con hierros desnudos y oxidados, descarnados, que normalmente son utilizados y ocultados por dentro de los encofrados; o el piso con un mortero simple, que después se suele recubrir con otro material, etc. Como si el ciclo vital de la obra – que ahí comenzó en el diseño-concepción y que inevitablemente, algún día, acabaría en ruina-diseño (ambos tendiendo a la bidimensionalidad) – jamás llegara efectivamente a la vida. Sale como un nado muerto, que es de lo más triste y conmovedor que puede ocurrir, o que nace pero que no se mantiene viva por sus medios. Quizás estaba ya precozmente condenada a la ruina, a ser arqueología (como la había pensado Miralles), pero se la mantienen en la incubadora del “patrimonio calificado” a cuestas considerables y quizás para siempre moribunda. El problema del “Ser para la muerte” se hace ahí muy presente, se manifiesta de un modo muy dramático, pero no sé si va como una contradicción o como una afirmación ontológica. De todo, lo que se hace más real es el fastidio. La obra va prontamente de un estado de diseño-concepción (proyecto) a otro de diseño-ruina (arqueología), pues la arquitectura se utiliza y se habita y para tal debe admitir que se ganen hábitos ya que eso es su principio generador.

Ahí está patente otra contradicción fundamental, recurrente en arquitectura, manifiesta en el conflicto entre las aspiraciones artísticas del arquitecto y los propósitos para la obra construida. El arte se contempla pero (por norma) no se utiliza. Su valor no se atribuye a su utilidad, o utilización cotidiana, va al revés. Por consiguiente en el arte “la forma [no] sigue una función” pero una “disfunción”. La (re)incorporación de alguna disfuncionalidad (como valor comun, excepcionalmente aceptado por la norma) es una de sus funciones. “La excepción confirma la regra”, se dice, tal como lo profano hace lo sagrado, y al revés. El arte es un “refugio” tal como lo sagrado, en sus diferentes manifestaciones, que ocasionalmente nos rescata de lo cotidiano. Tambien entre estos dos mundos hay umbrales y rituales. Por eso nos dice Bakhtin que “cuando uno está en el arte no está en la vida”.

Por su turno en arquitectura hay el postulado de que la obra tiene que ser habitada y utilizada, como sea – en acuerdo y/o en desacuerdo con determinadas normas; cotidianamente o excepcionalmente; respectandola o profanandola – pero tiene que ser habitada. Hay muchas discusiones sobre el tema, si “arquitectura es arte o no”. Creo que, por lo menos, no tiene eso como propósito – el de ser arte – pero sí el de ser vivida y habitada más que contemplada.

Es un tema complejo. Disculpen ir todo un poco desordenado.

 

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Siete postales de la Barcelona gentrificada que no te mostrará el MWC

Fuente: publico.es

Coincidiendo con la feria de telefonía móvil, conversamos con el antropólogo urbano José A. Mansilla, coordinador junto con Claudio Milano de Ciudad de Vacaciones, Conflictos urbanos en espacios turísticos’ (Pol·len edicions) un libro que analiza los efectos del turismo a ciudades como Barcelona y que acaba de llegar a las librerías. 

ANDER ZURIMENDI  @anderzurimendi


Las cosas no pasan porque sí. Esta es la máxima que intentan explicar los antropólogos y urbanistas de signo crítico: si Barcelona es tal y como la conocemos hoy en día, es fruto de políticas que han favorecido la llegada de un tipo concreto de turismo. El Mobile World Congres (MWC) es un caso paradigmático. Mapeamos los escenarios de Barcelona donde la ciudad muestra mayores problemáticas derivadas del turismo, que se perciben en la afectación que tiene sobre los barrios y sus vecinazgos. Y lo hacemos de la mano del antropólogo José A. Mansilla, coordinador del libro Ciudad de vacaciones. Conflictos urbanos en espacios turísticos (Pol·len), que acaba de salir a la venta. 

1. El tambor de las Glorias: la gentrificacióhomeopática”

El Teatre Nacional de Catalunya y el Auditori, la Torre Agbar y el Museo del Diseño, el Mercat dels Encants y el casal de la Farinera… La lista de edificios con usos culturales levantados en el entorno de les Glòrias, en los últimos años, es inmensa. Cuestión compleja: ¿Es malo, en si mismo? “Más bien tenemos una espectacularitzación de la arquitectura y de los usos culturales”, arranca Mansilla, «en el que más que edificios funcionales encontramos estructuras culturales que quieren convertirse un referente internacional. “Por ejemplo, Rafael Moneo explicó que no había diseñado el Auditori para la ciudadanía de hoy en día, sino que iba a utilizar unas planchas de hierro que se fueran enmoheciendo con el paso del tiempo”, las cuales se podrían llegar a observarse depende como avanzara la remodelación del barrio.

O la reforma de Els Encants, que ha estandarizado y tomado bajo control urastro que hasta ese momento era libre. Se parece a una gentrificación homeopática: Pones una píldora y a ver qué pasa”, alerta el antropólogo. También hay una falta de usos más populares en dicha inversión prevista. “Y está claro que hay que intervenir a las ciudades, ya que son ecosistemas vivos, de los cuales entra y sale gente constantemente; pero eso pasa por intervenir para dignificar los barrios, con centros sanitarios, con parques…”.

2. Poblenou y la salida al mar: ¿Nuestra Copacabana?

El geógrafo Horacio Capel describe las obras de la fachada marítima de Barcelona, con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, como “un plan clasista, para echar del Poblenou las fábricas y los trabajadores”. Desaparecen las chavolas del Somorrostro y el barrio de Icaria queda bajo tierra, dejando espacio a la flamante Vila Olímpica donde residirían inicialmente los atletas y posteriormente las clases altas de Barcelona. “Y encima casi se cargan el cementerio del Poblenou, imagínate”, alerta Mansilla. Encontramos aquí un gran espacio (la fachada marítima) que en los años 70 no está aprovechada por el Capital con toda la intensidad que el sistema querría. Y es por ello que el entonces alcalde Porcioles (considerado tímidamente aperturista dentro de los cánones del franquismo) sueña con la Copacabana barcelonesa, desde el márgen del rio Besòs hasta la Barceloneta.  Aires brasileiros en Catalunya. 
La excusa de las Olimpiadas “sirve para hacer un pelotazo urbanístico, transformando el suelo industrial en habitacional y vendiéndolo a precio del año 1992: Vaya, un negocio redondo”. Arranca así, por cierto, el ciclo de colaboraciones público-privadas. Cómo decía Manuel Vázquez Montalbán, parecía que el PSC hubiera descubierto el neoliberalismo.

3. El Maremagnum: Bienvenidos a ‘privatopia’

La continuación de la Copacabana especulativa del 92 es la remodelación de los muelles de Barcelona, para construir lo que hoy se conoce como el Maremagnum. “Ahora bien, para conseguir llevar el negocio lucrativo hasta la costa, necesitaban una vía de entrada. Y por eso, hacen el túnel semi-soterrado de la Ronda Litoral, favoreciendo la circulación de coches (y por tanto, de bienes, mercancías y personas”, argumenta el miembro del OACU. 
Dejar de mirar hacia la montaña del Tibidabo (con su antiguo parque de atracciones y sus zonas de viñas), para abrirse al mar. A tal efecto, arrancan las obras del Maremagnum: “Juegan maliciosamente con la ley, porque al estar en dominio marítimo, se rige por la normativa de puertos, y no por las más estrictas normativas municipales”. Así pueden ser más espectaculares urbanísticamente, además de tener normativas diferentes en materia impositiva, de horarios, de usos, etc. E incluso tienen seguridad privada: “Privatopia”. El Hotel Vela no es sino la continuación de estas rendijas legales: “Este hotel no se habría podido construir según la normativa municipal; pero claro, en este caso dependía de administración marítima”.

4. La rambla del Poblo-sec: ¿Terrazas sí, però jugar con la pelota no?

Las ciudades son objeto de creación de plusvalías, explica Mansilla, y con los cambios de los usos del suelo se consigue (entre otras cosas) lo que David Harvey ha denominado acumulación por desposesión. Una vez que el terreno urbanizable se va agotando, el Capital continúa buscando más suelo público e intenta hacer de constructor de las estructuras públicas: Residencias de tercera edad, guarderías y escuelas… Y cuando este también se va acabando, opta por el Espacio Público: Las aceras y plazas. “De aquí que se haya permitido –e incluso fomentado directamente- las terrazas de los bares y restaurantes; terciarizando el espacio y creando nuevas zonas turísticas”. La rambla del Poble-sec es un ejemplo.
Pero para que esta privatización del espacio público funcionara, era necesario evitar dinámicas alternativas que no implicaran consumir: Así que se prohibió beber en la calle, se prohibió jugar a pelota en las plazas, las fiestas infantiles… Las alabanzas al “civismo”, encaminadas a favorecer el consumo en el sector restauración. Además, la proliferación de terrazas hace que, a veces, sea imposible andar por las aceras.
Hay que añadir la saturación, en general, que sufre la ciudad. El índice de presión humana (cuántos turistas hay en ese momento por cada habitante) es muy alta. La población flotante (con residentes en el área metropolitana barcelonesa que trabajan o hacen actividad de ocio en la capital) también es elevada. Sencillamente: Mucha gente, en el mismo lugar, en el mismo momento. “En las encuestas de satisfacción, incluso los turistas se quejan de la masificación”, revela Mansilla.

5. Saturación en el mercado de la Boqueria, ‘gourmets’ en el de Santa Caterina 

La tendencia gentrificadora de los mercados es evidente, con el caso paradigmático de la Boqueria (destinada al turismo). También la reinauguración del Mercado de Sant Antoni alarmó las entidades vecinales (a pesar de que. en este caso, las consecuencias se perciben en el aumento de los alquileres; más que en el coste de la cesta de la compra). 
José Mansilla apunta también al Mercado de Santa Caterina como símbolo del espectacularitzación del hecho comercial, con su flamante edificio firmado por Enric Miralles. “Aun así”, apunta, “tampoco se puede comparar con los proyectos que han hecho a Madrid, de privatización absoluta de los antiguos mercados”. Y pone como ejemplo el mercado de San Miguel (del cual se expulsaron los paradistas y ahora únicamente está destinado a la restauración). “En Barcelona se ha apostado por mantener la idea de Abastos, de mercado tradicional, si bien con una cierta gourmetitzación que generar todo tipo de conflictos”.

6. El turó de la Rovira: La banalización de la memoria

El Plan de Descentralización de turismo que el Ayuntamiento impulsó en 2013, bajo gobierno del alcalde Xavier Trias (PDeCAT, antes CiU), consiguió llevar el turismo a barrios que hasta ahora se habían salvado. Un claro ejemplo es el Turó de la Rovira y su gentrificaciónLas espléndidas vistas panorámicas de la ciudad atraen cada día centenares de jóvenes turistas extranjeros. Pisan así un espacio de altísimo valor simbólico. Y es que durante la Guerra Civil se instalaron baterías antiaéreas,con el objetivo de proteger Barcelona de los bombardeos fascistas italianos. Posteriormente, entre los años 50 y los 80, se autoconstruyen casetas, dando lugar a un barrio chavolista que acogía con los brazos abiertos a las personas migradas. Hoy en díasin embargo, está saturado de turistas con latas de cerveza, pitillos y selfies.

7. Airbnb: Duermen los turistas, se exilian los vecinos

Segun Mansilla, fomentar el turismo es para las Administraciones “una política realmente barata y sirve para remontar la crisis económica”. Además, Barcelona es una ciudad consolidada donde ya quedan pocos lugares físicos en los que el Capital pueda implementar grandes proyectos urbanísticos. De aquí las ansias para situar Barcelona en el mapa turístico internacional. Tanto hoteles como alquiler turístico. “Los turistas consumen el espacio y se van. Consumen el espacio y se van. Así sucesivamente”, dice Mansilla.
Y finalmente, el paisaje urbano (las casas, calles, tiendas e incluso el propio vecindariose convierten en un mero decorado, “que representa un capital simbólico que puede ser transformado en capital económico, mediante el turismo y el ocio”.

Este artículo fue publicado originalmente en catalán en el Diario Público.

 

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Desenmascarando a Madame Calalú Carta a la escritora del artículo París amarillo…

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A ver Madame Calalú con C ¿Qué te propones? ¿Confundir a la gente? ¿Echarme tierra? Si bien al tema salsero «Madame Kalalú» de Rubén Blades y Willie Colon (1981) le precede una versión en plena puertorriqueña «Madame Calalú» de Cortijo y su combo con Ismael Rivera en la voz (1960), tienes que tomar en cuenta que mucha gente no sabe eso, ni mucho menos que has pensado dar a conocer tu faceta más política firmando con C y la más salsera firmando con K.

Querida ¿Tú no te das cuenta de que todo es política? Que así hables de salsa y de otras tantas cosas, hablas de política. Ponte seria y deja de escribir artículos seudo periodísticos. Asume tu peo (problema). Asume que eres una de tantas doctoras o profesionales frustradas. Que te mandaste una pila de años estudiando pa’ un coño. Que no sacaste tu permiso de residencia porque querías regresar a Venezuela y que ahora tienes que ver como haces para ser una inmigrante y no morir en el intento.

Menos mal que me tienes a mí. Así que no reniegues de mi presencia. No me sigas escondiendo en el armario porque estoy cansada del puto anonimato. Búscame bolos (actuaciones). Sigue en esta misma línea, mejórala y no te desgastes: https://bit.ly/2LGhvml. Contribuye a que el mundo sepa que existe una versión diferente a la «Madame Kalalú» del ex – dueto de Blades y Colon. Deja de perder el tiempo. Céntrate.

Mira, el artículo París amarillo: performances de la violencia (2018) que gentilmente te publicaron en el portal web Aporrea, y luego tus compañeros del Observatorio de antropología del conflicto urbano (OACU), no está mal (https://bit.ly/2QZgjAk), pero tú sabes que eres capaz de cosas mejores y más si te alías conmigo. Además, dejaste muchas cosas en el tintero. Por ejemplo ¿Por qué no dijiste que la policía te apuntó? ¿Qué te tocó subir las manos para demostrar que no llevabas nada en ellas? ¿Y que entre tanta corredera —perdón danza para no obviar tus interpretaciones y las del gordito que te dirigió la tesis—, te cagaste y te fuiste caminando más de una hora hasta tu «casa» porque muchas estaciones de metro estuvieron cerradas durante la jornada reivindicativa? Y como se te atravesó un nefasto Decathlon por el camino y necesitabas una maleta te compraste una marca KIPSTA, pese a que los Gilets Jaunes habían escrito horas antes en las afueras de Dior: Le peuple veut du dior pas KIPSTA (El pueblo quiere Dior no KIPSTA).

Asimismo, ¿Por qué que pusiste en pie de página la referencia performática de lo que estaba pasando ese mismo día en La Bastille (https://bit.ly/2RpPIvR) y probablemente donde nos hubiésemos sentido más en nuestra salsa? ¿Tú no ves que la gente no se los lee y que tu hiciste una tesis doctoral de lo que otras investigaciones subestimaron y dejaron como nota al pie? Y para rematar ¿Por qué después le mandaste a la gente de Aporrea un vídeo subtitulado en español de la canción «On Lâche Rien» (No nos rendiremos) para publicación sin verificar si se trataba de esta u otra reivindicación? ¿Y por si fuera poco luego les escribiste entre disculpas y justificaciones, por aquello de la vigencia del No nos rendiremos, para liarla más? Coño chica, van a pensar que estas/estamos locas. Menos mal que Eric Toussaint te salvó el culo (https://bit.ly/2Am1eP8), pero no siempre habrá gente que lo haga así que rectifica. Tú no ocupas ningún espacio de poder y si te lo propones no te costará mucho hacerlo.

A grosso modo eso era lo que te quería decir. Quizás deba agregar que dejes de hacerte pasar por arrecha (brava), a ti que te encantan los animales sabes que perro que ladra que no muerde y luego esconde la cola… No enloquezcas con la situación en Venezuela y con otros avatares asociados. Mantén distancia y categoría como los establecimientos Montecristo (cuña ochentera venezolana). No seas como el hombre de la canción de Soledad Bravo y Willie Colón y déjame bailar en paz (https://bit.ly/2BQosgj). Y si no practica yoga, fúmate un porro y sobre todo no me niegues porque juntas todo, individualizadas nada.

Madame Kalalú con K de rebeldía…
Desde «un no lugar» ¡como bruja al fin!
albamaroa@gmail.com

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París amarillo: performances de la violencia

Por: Alba Marina González

Evito ir a los barrios (arrondissement) de París. Pese a que no estoy del todo instalada en la ciudad los conozco y los detesto. Se trata de un sector de la ciudad obsceno. La opulencia y majestuosidad oculta una crueldad sin parangón. Pero eso no es violencia. Como se viste de Dior y de carros o coches de primera gama, no es violencia. Como luce pulcra, bien perfumada y cuidosamente adornada, no es violencia. Como suele contar con buenos modales e ir más que a la universidad a las grandes escuelas de estudios hiper elitistas (como en la que obtuvo su título Macron), no es violencia y así podría continuar hasta el infinito y más allá.

No obstante, los sábados 01 y 08 de diciembre de 2018 el plan era ir a Les Champs Élysées. Pese a que no hablo mucho francés cuento con un excelente traductor, intérprete y corrector, porque esto no solo se trata de saber qué dijeron sino el significado que eso tiene dentro del contexto. Por ejemplo, algunas de las consignas que por momentos se escuchaban eran provenientes de los juegos de fútbol, del deporte por excelencia de la clase popular francesa y las siguientes: Ici c’est París (aquí es París) y Macron, Macron on t’encule (Macron, Macron te vamos a dar por el culo). A nivel deportivo, Aquí es París es la consigna identificativa del París Sant Germain cuando juega con otros equipos y París te vamos a dar por el culo, la del equipo de Marsella cuando se enfrenta al París Sant Germain [1].

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“El pueblo quiere Dior”

Esta alusión deportiva denotaba la ocupación que se había hecho del París más rico y turístico, pero no ha sido la única. En el verano pasado cuando Francia resultó ganadora de la mundial de fútbol 2018 la gente de la periferia más empobrecida de París tomó la ciudad, la razón era otra, pero el sonido era el mismo. Arribaron las motos picando caucho de modo parecido a como lo hicieron muy cerca del Arc de Triomphe a pocos metros de un grupo de policías durante la última manifestación, la escena parecía la de un duelo a muerte que no se llevó a cabo, los enfrentamientos más violentos fueron no fueron con motos, pero vale exaltar las performances con estos vehículos en las clases populares parisinas y caraqueñas [2].

Recurriendo a otro tipo de performance tendría que mencionar a la danza. Tendría que evocar la metáfora del antropólogo y Prof. Manuel Delgado cuando habla de las manifestaciones, cuando da cuenta de la dimensión coreográfica en el acto de manifestar, de esos cuerpos que vienen y van, que avanzan y se distancian, que se agachan y se esconden, que esquivan y toman impulso y muchos, tras la intensidad de su arte (y de su poder), resultan lesionados. A lo que quizás sea oportuno agregar la presencia en la manifestación de personas en sillas de ruedas, cojeando y con muletas; evocando la letra de una música inicialmente de las clases populares en otras latitudes, la escena podría resumirse en la siguiente frase: conmigo baila hasta el cojo [3].

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“Macrón Dimisión”

Y si antes se daba cuenta de la performance bailable, ahora habría que hacerlo con la música. Tendría que mencionar la importancia del elemento musical en estos eventos, del sonido del tambor con su banda sonora de guerra que acompañaba e incitaba a algunos manifestantes a avalanzarse hacía la policía. El sonido evocaba a películas antiguas de guerra y servía de elemento cohesionador de una masa encolerizada y con poco que perder. Ahora bien, el sonido en vivo e instrumental no fue el único durante estos días, también hubo un caso que se repite en diferentes protestas de París. En esta ocasión se trató de un chico con un aparato de sonido portátil, una especie de mochila que llevaba consigo y de donde se proyectaba música electrónica, la cual azuzaba a un grupo de manifestantes que de la pura rabia decidieron que romperían las cadenas del jardin des Tuileries, cerca del palacio quemado durante La Commune de París y en el que jugaban a estar atrapados, cosa que lograron hacer con resultados contraproducentes. Cuando rompieron la cadena la gran reja del parque se vino debajo de algunos gilets jaunes, las imágenes suelen verse por cadenas de televisión a expensas de la reacción inmediata de los manifestantes que se avalanzaron a dos camiones de bomberos para pedir auxilio.

Otro performance o bien símbolo de entornos festivos y de habitus de la clase popular como principal forma de distracción fue la ingesta de alcohol. Resultaba llamativo toparse con personas que, además de sus chalecos, portaban latas grandes de cervezas. En un contexto como el vivido, en su versión más violenta, hacía falta aditivos y se ponía también de manifiesto la cotidianidad de estas personas, la falta de ingresos y de motivación para ir a un museo, teatro o espectáculo de danza y, por el contrario, el alcohol y la música como mecanismo de distracción y acompañante en momentos en las que no hay otra opción sino la de combatir contra un sistema violento y excluyente por naturaleza.

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“Policía”

Respecto a los chalecos cabe acotar que no fueron el único distintivo, había también chubasqueros (la lluvia también acompañó), trapos para limpiar, algo que fuese de color amarillo o naranja como los chalecos uniformes de trabajadores del transporte público, entre otras cosas, porque de aproximadamente 2 euros los chalecos aumentaron a 8 euros desde que la reivindicación comenzó…Y cuestiones relacionadas con el vestuario se presentan idóneas para conectar con otras de tipo decorativas: La Navidad.

Actualmente, la Av. de Les Champs Élysées está completamente llena de luces que engalanan los festejos o consumición decembrina. Sin duda, un atractivo turístico y para los propios habitantes de la ciudad y sus adyacencias es este. Sin mencionar el sinnúmero de tiendas que se agolpan en cada acera de esta gran avenida. De modo que al final de la contienda de la noche del sábado 08 de diciembre la imagen no podía ser más magnifique o metafórica. Las luces intermitentes en los árboles en perfecta armonía con el de las sirenas azules de la policía en medio de Les Champs Élysées y en pleno enfrentamiento con manifestantes que clamaban una navidad, también, para ellos.

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“La contienda final”

Y, por último, un dato relacionado con lo anterior que no puedo dejar pasar, sobre todo, viniendo de los países de donde vengo en donde la violencia policial en este tipo de eventos resulta significativamente mayor. Me refiero a la relatividad de la acción policial. Lo que intento decir es que, si no había enfrentamiento con los cuerpos de seguridad, si no se les lanzabas piedras o les desafiabas de alguna manera te hacían encarnar la frase de que: eres inocente hasta que demuestres lo contrario. Además, si pasabas desapercibido/a hasta decían bonjour madame (buen día señora) y se sonreían cuando revisaban tu bolso antes de entrar a las zonas de conflicto y veían que llevabas bolas de árboles de Navidad que sirvieron de barricadas y que portabas como souvenirs (recuerdos), por no decir que algunos de ellos estaban de nuestro lado. Ahora bien, como culmino relativizando una cosa también debo relativizar otra, en tanto mi objetivo ha sido contar lo que vi, lo que tiene que ver conmigo y lo que no logro ver en los grandes medios afanados en mostrar las vitrinas que se rompieron, los coches que se quemaron y los enfrentamientos más espectaculares que se produjeron. Y para ello, no me queda más que recurrir a la siguiente frase a favor de los manifestantes más violentos, en su mayoría hombres, jóvenes y hasta niños: la violencia no es algo con lo que se nace, se hace.

Madame Calalú

París, 10 de diciembre

Lo narrado se corresponde a las manifestaciones suscitadas en les Champs Élysées y alrededores los sábados 08 y 01 de diciembre respectivamente en la ciudad de Luz…. Hago la acotación porque durante 08 de diciembre se produjeron también manifestaciones en la Place de la République, en La Bastille (a continuación un performance musical: https://www.facebook.com/LaBasSiJySuis/videos/2157739151142368/) y cerca de la estación de metro de Nación, esta última por el Cambio Climático con personas disfrazadas de osos pandas y polares, así como la presencia de les gilets jaunes.

 

[1] Para el día 08 de diciembre los juegos de fútbol fueron cancelados. Por no hablar de importantes museos y monumentos que estuvieron cerrados y la résidence (residencia) de Macron y la Assemblée nationale (Asamblea nacional) blindada.
[2] Y de lo que dio cuenta en psicólogo y Prof. Andrés Antillano en su curso: Violencia y rentismo en Venezuela, impartido en el Institut des hautes etudes de l’Amérique Latine de la Université Sorbonne Nouvelle-París 3 en marzo 2018 (París-France).
[3] Joe Pastrana “Rumbón Melón” (1967).

 

Todas las fotos son de la propia autora

Este artículo fue originalmente publicado en Aporrea.org

 

 

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El dualismo de las Smart Cities: entre la acumulación y el recurso simbólico

Por: José Mansilla (OACU)

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© Hugh Han

Justo acaba de finalizar, entre Barcelona y L’Hospitalet, la enésima edición de la Smart City Expo World Congress, la mayor feria mundial dedicada a las smart cities. Este año se ha contado con la participación de más de un centenar de ciudades, representantes políticos, ponentes y, sobre todo, empresas. Es bien sabido que Barcelona, bajo el mandato del Alcalde Trias (2011-2015), intentó subirse al carro de este tipo de prácticas urbanas. Parecía una solución factible para un Gobierno business friendly que había llegado tarde al poder desde el punto de vista urbanístico: la saturada trama urbana de Barcelona no permitía grandes alegrías -y plusvalías-, aunque es imposible negar que intentara conseguir su parte del pastel en el entorno del Morrot, la cara sur de Montjuïc, con el proyecto Blau@Ictinea. Sin embargo, ni una cosa ni otra, resultaron empresas exitosas.

El nivel de aplicación de la receta neoliberal está directamente relacionado con la capacidad de aceptación de la misma por la población afectada, algo que, a su vez, se encuentra determinado por la intensidad que adquiere el discurso oficial en la búsqueda del dominio hegemónico. Esto toma plena vigencia con las Smart Cities, epítome neoliberal y ejemplo fundamental de la colaboración público-privada, haciendo necesario presentar ésta como una alternativa no solo deseable, sino necesaria. Un inmenso despliegue de recursos simbólicos – ¿quién no quiere vivir en una ciudad inteligente?-, e ideología que se presenta como la necesaria guarnición a la hora de llevar a cabo tales políticas.

Ahora bien, ¿qué son las Smart Cities? Creo que no erraríamos si afirmásemos que, antes que otra cosa, se trata de una estrategia de marketing urbano, es decir, un relato construido y diseñado para vender la ciudad, algo que es práctica habitual en Barcelona desde hace años. Así, entre los elementos que acompañan la retórica de la Barcelona Smart City sería posible encontrar conceptos tan ambiguos y genéricos como innovación, autosuficiencia, desarrollo, eficiencia, etc., elementos que recuerdan a aquello que Lévi-Strauss –de nuevo lo simbólico-, recogiendo las aportaciones de la lingüística estructural, definiera bajo el concepto de significante flotante, es decir, aquel capaz de asumir múltiples encarnaciones. De este modo, como ciudad neoliberal inmersa en la competencia global por la atracción de capitales, en Barcelona estas nociones adquirirían una significación neoliberal con el objetivo de continuar el proceso de acumulación del capital: capitalismo y simbolismo se dan la mano.

Sin embargo, este discurso en torno a la Barcelona Smart City lleva, además, un añadido funcionalista, esto es, la idea de que a través de la aplicación de las nuevas tecnologías a la gestión de la ciudad se pueden solucionar la mayoría de los grandes problemas que la acechan. Ahora bien, tras esto no se oculta más que la enésima etiqueta tras la que esconder la búsqueda –de nuevo- incesante por la atracción de capitales. La diferencia con casos anteriores es que aquí ya no intervienen grandes empresas relacionadas con el urbanismo o el desarrollo inmobiliario, sino aquellas vinculadas a las nuevas tecnologías como CISCO, Facebook, Amazon o Google, o incluso las amigas del capitalismo de plataforma, Airbnb, Uber o Glovo. El hecho de que el Smart City Expo World Congress se celebre, desde hace años, en la capital de Catalunya supone un evidente ejemplo de la tradicional apuesta municipal – por otro lado, nunca conseguida- por la atracción de capital tecnológico y como ciudad de ferias y congresos, aunque, ahora sí, con un toque en comú.

De esta forma es posible parafrasear aquí la máxima lefebvriana de que, bajo una apariencia tecnológica, positiva y humanista, lo que realmente oculta, en este caso el discurso y la práctica de las Smart Cities, es el control del espacio por parte del Capital, un capital que se va infiltrando de forma sutil en los servicios y equipamientos que ofrece la ciudad de forma desconflictivizada, gracias, precisamente, a un discurso despolitizado aunque pleno de símbolos.

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Repensar Bonpastor. ‘Museo de la vivienda’: monumento a los vencedores con los vestigios de los vencidos…

Uno de los aspectos más cínicos e inquietantes del llamado “Modelo Barcelona” ha sido su capacidad de convertir constantemente en celebración, en triunfo, hasta los aspectos más dolorosos e injustos de la experiencia urbana. Lo dijimos hace años, cuando veíamos barrios enteros arrasados, habitantes y centros sociales desalojados, grandes corporaciones apropiándose de la ciudad, mientras las administraciones celebraban la diversidad cultural, la paz y la sostenibilidad en el Fórum de las Culturas. Volvemos a decirlo ahora, cuando las nuevas administraciones anuncian su intención de celebrar la destrucción del barrio de Bon Pastor y el empobrecimiento de su población, a través de un “museo participativo de la vivienda” en el barrio.

Los museos son los instrumentos con qué los vencedores escriben su versión de la historia de los vencidos. Hay museos de los indios, nunca museos de los cow-boys. Museos de los oficios campesinos, nunca museos de la violencia capitalista. Se estetiza y se encierra lo que se quiere borrar, convirtiéndolo en memoria, en “patrimonio”. Entonces, ¿qué sentido tiene hoy un museo de la vivienda? ¿Acaso haya algo a celebrar? Sobre todo, ¿por qué en el Bon Pastor? Para las y los miembros del ex colectivo Repensar Bonpastor, que por casi una década hemos sido testigos y hemos hecho registros del conflicto generado por la demolición de las casas baratas, nos parece claro que esta iniciativa pretende remodelar la historia del barrio, después de haber remodelado el barrio y las vidas de su gente.

Se propone un museo “vivo” y “participativo”. Otra vez esta palabra, la misma que legitimó la demolición del barrio y la venta de sus habitantes a los grandes bancos a través de la promoción de hipotecas. Participación sí que hubo: de un minúsculo grupo de vecinos y vecinas privilegiadas que se hicieron portavoz de decisiones ya tomadas por el Ayuntamiento, a costa de aterrorizar y amenazar a quienes no estaban de acuerdo, o chantajearlas para que aceptaran cualquier cosa que se les ofreciera para no quedarse en la calle. Las casas baratas de Bon Pastor no era un lugar de “participación”, sino de resistencia política y contrapoder popular: el primer grupo de vivienda obrera de Barcelona, que fue planificado inicialmente como un campo de concentración para trabajadores migrantes, pero que con el tiempo (y una revolución) miles de habitantes consiguieron convertir en un pequeño pueblo, en una gran familia. Los lazos de ayuda mutua y solidaridad, de empoderamiento social e integración de las diversidades, construidos en ocho décadas de trabajo colectivo, fueron despedazados por el “proceso participativo”, que pedía que todas dijeran “sí” a una demolición ya decidida.

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En el nuevo museo, estamos seguras, no habrá los cientos de entrevistas que grabamos desde 2004, que demuestran que una gran parte de los habitantes de Bon Pastor no querían que se tiraran las casas baratas. No habrá ningún documento que atestigüe la larga lucha de un grupo de habitantes que dejaron la AVV en 2003, por que no estaban de acuerdo con el proyecto de demolición, y que con el tiempo obtuvieron el apoyo de casi la mitad de núcleos familiares de las casas baratas. No habrá las imágenes y vídeos del violento desalojo del 19 de octubre de 2007, cuando la Guardia Urbana cargó contra un centenar de habitantes y solidarias que defendían las primeras casas desalojadas en las calles Mollerussa, Granadella y Albí. Ni las imágenes de la ocupación masiva de junio de 2010, que por una tarde hizo que un centenar de habitantes se sintieran finalmente dueñas de su espacio vital. Tampoco habrá las decenas de proyectos alternativos a la demolición que recogimos a través de un concurso internacional de ideas, que demostraban que se podía imaginar una solución sostenible y no especulativa para esa parte de Barcelona, sin necesidad ni de desalojos forzosos, ni del conflicto que partió el barrio en dos.

Lo único que habrá en ese museo será el simulacro. El simulacro que cultivaron las administraciones en este barrio por lo menos desde qué empezamos a interesarnos por la violencia institucional desplegada contra sus habitantes. El simulacro de la participación, el simulacro del consenso, el simulacro de la mejora. Un simulacro que esconde el gran desprecio institucional que las administraciones han mantenido siempre hacia quién habita esta parte de la ciudad. Este mismo desprecio, este “nosotros sabemos lo que os conviene” y “aún nos tenéis que dar las gracias”, empujó las pasadas administraciones a vender al barrio entero a los grandes bancos responsables de la crisis financiera global, promoviendo hipotecas para gente que no podía pagarlas, empujada así hacia el endeudamiento y la miseria – a la vez negando indemnizaciones legales a las que no querían, y amenazando de expulsión a quiénes se atrevían a creer tener derechos.

Todas aquellas que, dentro o fuera del barrio, reivindicaban la existencia de un patrimonio histórico popular, de valores vernaculares vinculados al espacio, de una microsociedad que funcionaba y que había que proteger, eran sistemáticamente ridiculizados y silenciados. Diez años más tarde llega el reconocimiento de la existencia de un patrimonio histórico; pero no en la forma de disculpas públicas, de un “repensar” las políticas destructivas que llevaron a la muerte del barrio – sino de un monumento. Un monumento a los vencedores con los vestigios de los vencidos: un “museo de la vivienda”. Hasta durante las grandes demoliciones ordenadas por Mussolini se recogieron fotos y mapas de las casas demolidas, para los curiosos y estudiosos del futuro.

La historia viva del barrio, para quiénes tengan paciencia de buscarla, seguirá al alcance en nuestros libros autoproducidos y páginas web autogestionadas, elaboradas con mucha paciencia desde el interior de Bon Pastor, con las voces y el trabajo de afectados y afectadas por las demoliciones y las expulsiones. Para quiénes, en cambio, quieran ver el simulacro, habrá el nuevo museo. Esperemos que por lo menos expongan un vecino momificado, a lo mejor sentado en la puerta tomando la fresca. Así alguien recordará, al visitarlo, que lo que había que preservar, antes que cuatro paredes y ocho casas, era un barrio entero, su gente, su socialidad, su vida a pie de calle – y por supuesto, su lucha.

Col·lectiu Repensar Bonpastor
Novembre 2018

 

 

 

 

 

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Managua: Las regresiones de una ciudad sin centro

Por Rene Hayashi

En Nicaragua en los últimos meses, parecen convivir dos construcciones de la realidad opuestas. Como si fueran dos universos paralelos en un mismo tiempo y espacio. Se ha ido creando una distancia cada vez más abismal, entre la visión de la realidad que mantienen Gobierno y población. Los medios oficiales que apoyan a Ortega buscan instaurar una ficción dentro de la población. A través de este relato ficcionado se quieren evadir de su responsabilidad respecto al estado de violencia que han desatado ellos mismos en el país. Para este fin regresan con una nueva versión remasterizada de la época contra-revolucionaria de los años ochenta, en la que los manifestantes son comparados con los contra-revolucionarios de aquellos años. Pero esta no es las única explicación que dan en la televisión y la radio afines al régimen. También dicen que los asistentes a las manifestaciones, son grupos pertenecientes a cierta “derecha vandálica”. El FSLN entra en escena, para explicar que en Nicaragua se está siguiendo el mismo guión desestabilizador que en Venezuela.

Pero la falta de coordinación de las distintas interpretaciones que se nos dan desde el gobierno y sus medios, hace que parezca que han entrado en una especie de esquizofrenia discursiva, carente de lógica. La primera dama -vicepresidenta de Nicaragua Rosario Murillo- ilustra bastante bien esto con sus declaraciones, que van de lo cursi a lo esotérico. Murillo dice de los manifestantes que son grupos “vinculados a bandas delincuenciales” los culpables de haber roto la paz en el país centroamericano. La primera dama hace su diagnóstico “psicológico”, propio de un culebron latinoamerican culpando a “la cizaña [que] intoxica algunos corazones”, luego les advierte de forma paternalista “que la ambición puede cegar”. Rosario desafía todo análisis demográfico diciendo que son “grupos minúsculos y tóxicos” o incluso se vuelve mística afirmando que se trata de “vampiros que reclaman sangre”.

Al mismo tiempo que la pareja presidencial organiza marchas a favor de la Paz y celebra mitines multitudinarios en la calle, reprime a los manifestantes. A pesar de las actividades promovidas por el gobierno, en favor de la paz y pronunciamientos pro-diálogo, la espiral de violencia no ha dejado de crecer. Las víctimas de la represión del estado, han aumentado vertiginosamente. Los medios de comunicación mas críticos al régimen han calificado al gobierno como represivo, dictatorial y sus acciones como de terrorismo de estado. Varias personas, con las que tengo comunicación tienen la percepción de que están inmersos en una especie de deja vu, en el que el ciclo histórico de los años de la Revolución se repite. Los viejos revolucionarios comparan al antiguo guerrillero Sandinista y actual presidente de Nicaragua, con el mismo Dictador Anastasio Somoza, al cual combatieron en su juventud. Una regresión.

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Derribo de la estatua del dictador Anastasio Somoza

La ciudad parece también contagiarse de la misma regresión que sufren algunas de las personas con las que hablo. Las calles se llenan de nuevo de barricadas, de edificios quemados como en el 79. Pero esta no es la única imagen del recuerdo, como nos lo explican en su artículo Arroyo y Miranda, “¿Por qué los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos[i]?“. A los nicaragüenses les viene el recuerdo del derribamiento de la estatua del “Caballo de Somoza”, derribada el 20 de julio de 1979. Ahora el caballo somocista ha sido remplazado por “los árboles vida” o chayo-palos, como se les conoce popularmente, en honor a la Primera Dama (“Chayo”, diminutivo de Sagrario). La caída de estas gigantescas estructuras metálicas es celebrada jubilosamente por la muchedumbre. La escena se asemeja a una gran fiesta popular, la cual cuenta con su propia música de fondo, producida por los cañonazos de los “morteros” (armas de fabricación casera, más parecidos a juegos pirotécnicos que a armas reales).

Las primeras semanas en el inicio de las manifestaciones se asemejaban más bien a un gran carnaval. No solo por la euforia de las demostraciones populares, los carnavales como las protestas actuales del país centroamericano, se caracterizan por subvertir el orden social. Son, en efecto, “una constante del tiempo carnavalesco. Los cambios de actitud, posición y orden de personas, animales y objetos se desarrollan de forma sistemática en esta época[ii]”. Algunas personas acudieron a las marchas con las caras cubiertas, mientras otros protegieron su identidad con máscaras típicas de las fiestas tradicionales de Nicaragua. Otro tanto de los manifestantes van vestidos con camisas en las que se podían leer frases como “Que se rinda tu madre”, o “No eran delincuentes, eran estudiantes”. Entre la multitud se podían ver centenares de banderas de Nicaragua.

Si el Gobierno de Ortega recicló ciertos discursos de la contra revolución de los años ochenta, los manifestantes de hoy en día, recuperan para el movimiento social, las estrategias, consignas y canciones de la revolución Sandinista. No debería de extrañar esta reacción como nos explica un grupo de investigadores de Universidad Centro Americana: “Los repertorios son el conjunto de medios conocidos y disponibles por los movimientos sociales que se utilizan para exponer exigencias. Estos medios son culturalmente aprendidos a través de la acción colectiva y la cultura política de una sociedad. Los movimientos sociales en Nicaragua realizaron acciones colectivas con mayor fuerza y eficacia en los momentos de crisis políticas, sociales y económicas, cristalizadas en tres procesos históricos claves: la dictadura somocista, la revolución sandinista y el neoliberalismo[iii]”. Varias de las estrategias actuales también incorporaron nuevas tácticas a su repertorio, como el Internet, el cual fue usado por los protestantes como ciber-plazas. Las cuales fungían como espacios de reunión paralelos a la calle. En estas plazas se reproducía el mismo comportamiento del internet dentro del espacio urbano.

Las rotondas se convirtieron en los nuevos centros de reunión del descontento popular. La protesta, al hacer el tránsito del espacio público a la virtualidad y de regreso al espacio público, se operaba con la misma lógica. La multiplicidad y simultaneidad de las redes sociales era aplicado en el espacio urbano. El comportamiento de las manifestaciones de Managua se asemeja a una cartografía de dinámicas de redes sociales, con múltiples nodos urbanos. Los manifestantes se congregan en distintas puntos de reunión, al mismo tiempo. El gobierno, por su parte realizaba, sus propias contra marchas, las cuales se localizaban, en la rotonda Hugo Chavez o en el malecón y la plaza de la revolución. Estoss eran los espacios utilizados para las demostraciones de apoyo a Ortega.

Por el otro lado, las Rotondas universitarias, Rubén Darío, Jean Paul Genie, la de Cristo Rey y la Virgen. Estos eran los puntos que se habían apropiado los opositores al régimen. Los barricadas empezaron a proliferar y a esparcirse a lo largo de toda la capital y por la mayor parte de las ciudades del país. Las calles hechas de adoquines se   van desmembrando, uno a uno, como si fueran piezas de un juego de lego, hasta transformase en “tranques” (palabra con la que se conocen en Nicaragua a las trincheras o barricadas). Los cortes de ruta re plantearon la función de las calles que pasaron de la circulación a la paralización total del tráfico. Los improvisados muros de las barricadas servían para resguardarse de los ataques de “la turba” (Grupos Paramilitares) y de los policías. Algunos los decoran con banderas, otros pintan murales, hay los que se vuelven altares. El rojo con negro con el que se identifica al Frente Sandinista de Liberación Nacional es reemplazado por el Azul y Blanco característico de la Bandera de Nicaragua. La rebelión de Nicaragua, también es estética, y los símbolos son parte de la disputa contra el régimen.

Managua fue declarada en 1852 capital de Nicaragua, con la idea de evitar las históricas peleas entre León y Granada las cuales se disputaban ser la capital del país. La deriva urbana en la que entró la capital de Nicaragua por el terremoto del ‘72 parece no cesar. Como nos relata Luis Fuentes Guaza en su texto sobre Managua: En 1972 un temblor pulverizó la ciudad de Managua. Todo quedó en ruinas. Este acontecimiento supuso la desarticulación del centro urbano actualmente conocido como la Vieja Managua. Esta Managua simbolizaba la promesa superficial de progreso y modernidad con la que la dictadura de Somoza intentaba silenciar la brutal precariedad de una mayoría nicaragüense empobrecida. Los acontecimientos que siguieron al terremoto, como el hecho de que la asistencia Internacional destinada para la reconstrucción de Managua fuera robada por el gobierno, abrieron paso a la Revolución Popular Sandinista en 1979.

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Timbre postal conmemorativo del derrumbe del “caballo somocista”.

FSLN-Revolución-Reagan-Contras se suceden a lo largo de los años ochenta, hasta que en 1990 la presidenta Violeta Chamorro, apoyada por EEUU, pone fin al periodo de esperanza en un cambio social. La ruinas y los predios vacíos seguían siendo los protagonistas de la ciudad .Parte de la estructura urbana actual data de la época de Arnoldo Alemán, el cual se convirtió en el Alcalde de la capital en 1990. Entre sus principales planes estaban el dotar de una nueva imagen a la ciudad. Paradójicamente este nuevo modelo urbano, no contemplaba la reconstrucción del Centro de la ciudad. Las rotondas (o glorietas) se proponían como parte central en la mejora cosmética del entorno urbano y la manera más “eficiente” de gestionar el tráfico. También se decía que estas evitarían el robo a automovilistas. Uno de los primeros casos de invasión de una de estas Islas Urbanas fue el de la rotonda de la virgen construida en 1999, lo cual vino evidenciar el rostro real de las rotondas como antítesis del espacio público. Se privilegiaba al automovilista sobre los peatones. Los primeros en apropiarse de estos espacios vacantes fueron grupos marginales, para después ser utilizada por los deportistas, hasta que por medio de negociaciones “la rotonda de la virgen” se convirtió en el 2007 en uno de los parques públicos más populares de la ciudad. Este fue el primer caso de apropiación de una de las 11 rotondas, esparcidas en la zona metropolitana. En estas se encuentran una serie de estatuas ornamentales y conmemorativas. Tienen figuras que van de los religioso a lo abstracto o fuentes. En otras también se encuentran esculturas abstractas. El poeta Rubén Darío por su parte cuenta con una fuente en su honor de forma piramidal.

La llegada a la presidencia de Ortega en el 2006 trajo consigo un cambio del paradigma cultural del relato hegemónico planteado por gobiernos neoliberales anteriores, el cual se fundamentaría en la recuperación histórica de la época de la revolución y de la figura de Sandino. A manera de discurso legitimador. Lo cual viene ejemplificar bastante bien lo dicho por Antonio Gramsci, “los dispositivos de convencimiento, que sirven para asentar las claves de los relatos hegemónicos, son culturales”. Para el Frente Sandinista de Liberación Nacional el espacio público sería uno de los elementos centrales para llevar a cabo su nueva estrategia comunicativa. El cambio de nombre de Plaza de la República (como se llamaba en los gobierno anteriores) por el de la Plaza de la Revolución junto con la utilización de colores vistosos como el rosa, el amarillo y el celeste. Los cuales proliferaron en varias zonas de la ciudad junto con el Rojo con negro, que caracterizan al FSLN. Postes, edificios públicos, las bases de los monumentos, entre derrumbamientootros elementos, eran pintados con estos colores. Estas nuevas tonalidades se convirtieron en una presencia dominante dentro del paisaje de la capital de Nicaragua. Esta nueva estética instaurada por el gobierno, también fue acompañada de nuevos símbolos revolucionarios como la estatua en honor al poeta Rigoberto López Pérez, el cual fue el asesino del primer presidente de la dinastía de los Somoza. Los procesos de construcción de nuevos monumentos también fueron acompañados de la destrucción de símbolos de la administración pasada, como es el caso de la escultura abstracta de la rotonda de Colón. El cual fue remplazado por un extraño monumento al comandante Hugo Chavez. Otros de los espacios que corrió con la misma suerte fue la concha acústica, el cual fue demolido.

Lo que prosiguió fue poblar la ciudad de “los árboles de la vida” (Chayo Palos) hasta volverlos una presencia casi omnipresente dentro del entorno. Pero la explosión social de los tiempos actuales tenían otros planes para estos símbolos. Como nos demuestra el rastro de estos árboles metálicos tirados, en conjunto con los edificios y llantas de carros quemados. Como nos explica Manuel Delgado en su texto sobre las apropiaciones insolentes del espacio publico: “son esas territorializaciones insolentes las que nos advierten de hasta qué punto una ciudad no es sólo una forma ordenada o un sistema ordenable y menos lo que en muchos casos quisieran que fuera hoy: un producto en venta y una mera fuente de beneficios. Esos episodios regularmente repetidos de metrópolis levantadas nos recuerdan que toda ciudad es o acabara siendo lo que es: un amasijo infinito, un protoplasma inagotable de lucha y de pasión.[iv]” En Managua la trama urbana se entrelaza con la trama histórica, En la que parece que observamos un loop histórico, en que la misma secuencia va proyectando el pasado en el presente. Pero las imágenes, de tanto reproducirse, se van distorsionando hasta entregarnos una imagen enrarecida y completamente distinta.

[i] Lorena Arroyo y Wilfredo Miranda. “¿“Por que los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos al grito de “hay libertad”?”. Prodavinci.

[ii] http://www.educa.madrid.org/web/cp.claracampoamor.sanmartindelavega/images/carnaval/Lo%20que%20hay%20que%20saber%20de%20los%20carnavales.pdf

[iii] Mario Sánchez González, Douglas Castro Quezada, Rony Rodríguez Ramírez et Jorge Guerra Vanegas, « Movimientos sociales y acción colectiva en Nicaragua : entre la identidad, autonomía y subordinación », Amnis [En línea], 15 | 2016, consultado el 30 octubre 2018. URL : http://journals.openedition.org/amnis/2813 .

[iv] Manuel Delgado. “Apropiaciones insolentes del espacio urbano a principios del siglo XXI”. Conferencia pronunciada en la Facultad de Artes de la Universidad del Valle, en Cali, el 28 de septiembre de 2013. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2017/12/apropiaciones-insolentes-del-espacio.html

Rene Hayashi es Artista. Nacido en México, vive y trabaja en Lima, Perú. Ha sido becario del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, el Programa de Residencias Artísticas, FONCA. Su trabajo se ha expuesto en distintos lugares, como la Sala de Arte Público Siqueiros (Ciudad de México), el Contemporary Art Center Zamekujazdowski (Varsovia) o La Bienal de Praga (Praga). Ha realizado intervenciones urbanas y diseño de espacios públicos en ciudades como Guadalajara, Puebla y El Paso. Ha impartido talleres y conferencias en Managua (Espora), Tegucigalpa (MUA), y São Paulo (Encuentro Internacional de Arte y comunidad), entre otras ciudades.

 

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“CUERPOS MALOLIENTES” HUELE A CAPITALISMO: SEGUNDA PARTE

A lo largo de la historia ciertos cuerpos han sido descalificados como malolientes. Los cuerpos de los mendigos, los extranjeros, los pobres, judíos, gitanos, prostitutas… todos ellos han sido en algún momento rechazados por hediondos. Apestar no sólo se utiliza para describir un aspecto físico, sino que simbólicamente alude a una supuesta impureza o suciedad moral. Decía Hitler de los judíos en su tristemente famoso Mein Kampf que “por su exterior se ve claramente que no aman el agua, y, para nuestra desgracia, frecuentemente se puede saber con los ojos cerrados. A menudo me dan nauseas con el olor de estos portadores de kaftan”. El supuesto hedor judío o foetor judaicus ha sido utilizado en diferentes momentos históricos para justificar el trato discriminatorio que se aplicaba a este grupo. Así en la Venecia renacentista, el olor contribuyó a justificar que los judios de la ciudad fueran encerrados en un gueto. El hecho de utilizar el supuesto mal olor de ciertos grupos para justificar este tipo de medidas es en realidad una inversión de la causa-efecto.

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El así llamado “Barrio de las Injurias”, en Madrid, principios del siglo XX

Me decía un amigo que había vivido en Suiza en los tiempos de la emigración española a Europa allá por los años sesenta, que entonces eran los españoles los que olían mal. Obligados a vivir hacinados en condiciones precarias, el gueto español desprendía olor a chorizo y cebolla. Décadas después estas representaciones parecían no haber existido y la convivencia con esos migrantes del sur de Europa en los paises europes como Suiza o Francia se presentaba como libre de tensiones. En 1991, el entonces alcalde de París y futuro presidente de la república francesa Jacques Chirac hizo un polémico discurso en el que, además de la ya clásica referencia acusadora a la supuesta buena vida que se ve que da vivir de las ayudas sociales, mencionaba el ruido y el olor [le bruit et l’odeur] que salían de las casas de algunos inmigrantes en Francia como un motivo que justificaba las quejas racistas de algunos.

El discurso no tiene desperdido. Entre otras cosas decía Chirac que “Puede ser verdad que no hay más extranjeros que antes de la guerra, pero no son del mismo tipo. Es cierto que había españoles, polacos y portugueses trabajando aquí, pero eso generaba menos problemas que tener musulmanes o negros”. El mal olor que se atribuía a les espagnoles desaparece de los registros sustituído ahora por el de los inmigrantes árabes y africanos. De hecho, en cada momento, los cuerpos explotados en trabajos físicamente demandantes, huelen siempre a sudor, indendientemente de lo limpios que en realidad estén, porque el olor es un marcador simbólico: oler es estar sucio, tanto física como moralmente.

No solo sus cuerpos, también sus casas desprenden (mal) olor, consecuencia de un hacinamiento que en cierta manera se presenta como buscado, ¡cómo si alguien eligiera vivir en pisos patera! Que le pregunten a mis abuelos o esos miles de personas que tras la posguerra dejaron sus pueblos para buscarse la vida en las ciudades, y que también fueron acusados de oler mal y tener piojos. La misma cantinela que algunos de ellos repiten ahora en relación a quienes vinieron posteriormente desde otras partes del mundo. Sus casas huelen (mal) porque sus costumbres son manifiestamente diferentes y hasta incompatibles. El racismo biológico clásico que operaba en base a diferencias de raza es inaceptable en la actualidad pero ha metamorfoseado sus principios básicos en un racismo cultural que en su versión menos sofisticada simplemente sustituye raza por cultura. El olor codificado como “mal olor” actúa como una marca clara de subalteridad que se aplica a quienes se construyen como culturalmente diferentes, lo que explica que los cuerpos migrantes/racializados y sus supuestas costumbres sean frecuentemente codificados como malolientes.

Curiosamente (o no tanto) también ciertas mujeres han sido acusadas de oler mal. En concreto las prostitutas se piensan como grupo maloliente. Aunque el origen etimológico de la palabra puta es discutido, un número importante de autores defienden que proviene de la palabra latina putida (podrida) ya que las prostitutas eran un grupo de mujeres identificado como maloliente por los griegos y romanos. Su mal olor indicaba no solo las condiciones físicas en las que trabajaban sino su bajo nivel social, ya que representaban hasta cierto punto lo podrido del orden social imaginado.

Los grupos malolientes cambian según las necesidades del contexto pero los mecanismos de descalificación que utilizan el olor como marca de inferioridad se mantienen. En general lo que comparten todos los grupos calificados como malolientes es su localización marginal en el orden social. Algunos están en la parte inferior de la jerarquía, otros directamente están fuera de la clasificación social. Los otros, los inferiores, los diferentes, los marginados, los excluidos, huelen.

Por Diana Mata Codesal (Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà)

Originalmente publicado en catalán para La Directa

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NUEVA PUBLICACIÓN OACU

género y producción urbana

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de | septiembre 13, 2018 · 3:50 pm

Sobre la polémica mediática entre Alberto Garzón y Daniel Bernabé en torno al libro “La Trampa de la Diversidad”

Miguel Alhambra Delgado, sociólogo

El debate comienza con esta Tribuna de Garzón en eldiario.es a cuenta del libro de Bernabé “La trampa de la diversidad”.

Interesante debate. Una pugna de profetas (o quizás de sacerdotes). Bernabé, ante las críticas por inconsistencias o argumentaciones débiles y problemáticas, en lugar de resolverlas o confrontarlas, las responde con criterios de mercado, con el “éxito” mundano que está teniendo su libro (“pues se está vendiendo mucho, tiene buen recibimiento”), a la vez que quiere acercarlo –no a posibles criterios de verdad, a quién le importan estos- sino a criterios de evaluación estéticos, si bien es cierto que al final de su réplica se deja ver un “y tú también”, dirigidos al “profesor” Garzón (seudo insulto encubierto, que transforma condiciones estructurales –la procedencia- en “objetos de elección y voluntad”, culpabilizando por lo que uno es) sobre los argumentos funcionalistas utilizados por Garzón en el pasado. Lo cual es evidente, pero, ¿acaso eso haría a sus argumentos más pertinentes?, o con otras palabras, ¿el error o deficiencias, compartidas por muchos, haría la mala argumentación de Bernabé algo más válida? Es probable que no, son absurdos argumentativos a los que ya estamos acostumbrados, por lo que tampoco chirrían mucho, es como aquel que puso de moda Don Pablo del “no quieren ganar, es cómodo perder”, que acusaba al perdedor de su fracaso (y ojo, que logró pasarlo por “verdad”, tanto como para que se lo comprasen en la misma IU, asumiéndolo como criterio válido y propio. Nos podíamos preguntar, ¿pero de verdad el hecho de “ganar” es una buena motivación para las clases dominadas?, si fuese para Ciudadanos bueno, pero aquí…, aunque igual es que no se está tan lejos de Ciudadanos en ciertos aspectos como la concepción de la “inteligencia y el talento”, en tanto que “don natural”). Pero bueno, al representante de la clase media alta, en términos culturales (existe el capital cultural, no todo lo dijo Marx y Gramsci), con aspiraciones “grandilocuentes y artísticas”, lo dejaremos de lado.

Nos interesa el aspiracional artista rebelde (a lo Rancière, o a lo Trafis), el señor Bernabé, solo en cierta media, solo para mostrar las asunciones que guarda con él Alberto Garzón. Pues ambos pertenecen a la clase media basada en la acumulación y reproducción del capital cultural, por más que se autodenominen de cualquier otro modo (por cierto, es curioso que Garzón tome por buenas las encuestas en las que se define la clase de forma “subjetiva”, como si todas las personas llevasen, de “fabrica o de serie”, a un sociólogo en la cabeza, o a un marxistólogo, y es que, ¿no es posible que esa medición encubra una total amalgama, la cual no sirve para ningún tipo de comparación?, por más que venga del CIS o de dónde fuese). (Por otro lado, qué significa eso de que pesan factores geográficos?, ¿la geografía -al igual que la demografía- puede ser considerada como agente social?, ¿no son factores o indicios que requerirían una explicación sociológica que se circunscriba a grupos concretos, dentro de lógicas específicas?)

Son dos las principales asunciones que se comparte, fruto del idealismo más tradicional, aquel que dijese Marx (si este autor parece tener voz y predica, démosela) procedente o bien de los “tenderos de misterios” a lo Bernabé o de los “maestros” a lo Garzón.

Primero, un pensamiento maniqueo en torno a todo lo cultural (debido a que viven de ello), concebido de forma idealista y como especie de “estancos o bloques” (poco operacional ya que no permite una mínima gradualidad). Este maniqueísmo juega con los polos dominio versus conocimiento-configuración de sentidos: una, es la característica de los privilegiados, de los otros, los dominantes y sirve únicamente para la dominación (carece de sentido, o bien es errado, falso o engañoso), la otra, la propia o de allegados, es la de los no-privilegiados, por tanto no tiene posible carácter de dominación, ni siquiera sobre las fracciones de clase más bajas, es todo puro sentido, sentido noble, universal, (de hecho, estas clases más bajas lo mejor que podrían hacer y lo más “noble” que se le ofrece es ser “tal y como nosotros somos”, en término culturales, de hecho, parece, a veces, que su perseguida revolución no es más que conseguir esto).

Segundo, un tecnocratismo meritocrático implícito, más o menos moralista, para ello las estrategias expositivas no son las mismas, mientras que el “tendero de misterios” quizás apele a los orígenes perdidos, en tanto, principio mitológico y eje para situarse por encima del resto de humanos, el “maestro de escuela” se apoya en el cientificismo sociológico más inconsistente, pero sustentado en la tecnocracia más cercana al poder, esto es, más extra-sociológica pero con menos probabilidades de ser cuestionada, y mucho menos, por las capas más desposeídas a las que dice representar, redoblando en ellas, la dominación tecnocrática que ya soportan. Al menos ambos guardan el mismo escaso análisis e interés en conocer las condiciones de posibilidad que los configuran. Tanto ellos como la tecnocracia, no perciben relaciones de dominación y de poder en su propio proceder, a sus ojos, son todo relaciones de sentidos, sentidos técnicos en un caso y grandilocuentes sentidos, en el otro (“grandezas de un nuevo mundo para la humanidad entera”).

Marx y Engels en La ideología alemana pugnaban contra estas derivas. Posteriormente y desde otro prisma, Bourdieu las analizó de manera consistente, tanto en el campo cultural como en el propio campo político, ámbitos -a la vez- productores de sentidos y de lógicas de dominio, los cuales contribuyen a la división del trabajo de dominación de clase.

Dicen Marx y Engels, contra este idealismo:

“El Libro” mismo se divide, como el Libro “de otro tiempo” en el Antiguo y el Nuevo Testamento, a saber: en la historia única del hombre (la Ley y los Profetas) y la historia no humana del Único (el Evangelio del Reino de Dios). La primera es la Historia dentro de la Lógica, el Logos sujeto al pasado; la segunda, la Lógica en la Historia, el Logos liberado, que lucha con el presente y lo domina victoriosamente.

(…)

Y nos dice, con lastimero tono que le desgarra a uno el corazón, que “todo tiene que ser su causa”, que sobre sus hombros se hace pesar “la causa de Dios, la causa de la Humanidad, de la Verdad, de la Libertad, la causa de Su Pueblo y de Su Príncipe” y qué sé yo cuántas buenas causas más. ¡Pobre hombre! El burgués inglés y el francés se lamentan de la falta de débouchés [Mercados], de las crisis comerciales, de los pánicos bursátiles, de las coyunturas políticas del momento, etc.; el pequeño burgués alemán, cuya participación activa en el movimiento de la burguesía es sólo ideal y que, por lo demás, sólo puede llevar al mercado su propio pellejo, se representa su propia causa simplemente como “la buena causa”, como “la causa de la Libertad, de la Verdad, de la Humanidad”, etc.

(…)

Después de descubrir que “el espíritu es lo esencial”, no teme ni siquiera el llegar a las siguientes temerarias conclusiones: “Pero, después de reconocer el espíritu como lo esencial, ello constituye, sin embargo, una diferencia, pues el espíritu es pobre o rico, y se procura, por tanto” (!) “llegar a ser rico en espíritu; el espíritu pugna por extenderse, por fundar su reino, un reino que no es de este mundo, que acaba de ser superado…

(…)

Porque “se busca llegar a ser rico en espíritu”, por eso “quiere el espíritu ensancharse, fundar su reino”, etc. “Pero si” existe aquí una concatenación, “hay, sin embargo, una diferencia” entre “llegar a ser rico en espíritu” a que “el espíritu” quiera “fundar su reino”. “El espíritu”, hasta ahora, aún no ha querido nada, “el espíritu” aún no ha figurado como persona, sólo se ha tratado del espíritu del “adolescente”, no de “el espíritu” por antonomasia, del espíritu en cuanto sujeto. Pero el sagrado escritor necesita ahora otro espíritu que el del joven, para podérselo oponer a éste como un espíritu extraño y, en última instancia, como Espíritu Santo.

(…)

Semejantes frases literarias, que, con arreglo a una analogía cualquiera clasifican todo dentro de todo, pueden hasta parecer ingeniosas cuando son dichas por primera vez, y tanto más cuanto más identifiquen cosas contradictorias entre sí. Repetidas, e incluso con presunción, como apotegmas de valor científico, son tout bonnement (llanamente) necias. Sólo buenas para cándidos literatos y charlatanes visionarios, que encastran todas las ciencias con su empalagosa mierda. (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política).

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