Managua: Las regresiones de una ciudad sin centro

Por Rene Hayashi

En Nicaragua en los últimos meses, parecen convivir dos construcciones de la realidad opuestas. Como si fueran dos universos paralelos en un mismo tiempo y espacio. Se ha ido creando una distancia cada vez más abismal, entre la visión de la realidad que mantienen Gobierno y población. Los medios oficiales que apoyan a Ortega buscan instaurar una ficción dentro de la población. A través de este relato ficcionado se quieren evadir de su responsabilidad respecto al estado de violencia que han desatado ellos mismos en el país. Para este fin regresan con una nueva versión remasterizada de la época contra-revolucionaria de los años ochenta, en la que los manifestantes son comparados con los contra-revolucionarios de aquellos años. Pero esta no es las única explicación que dan en la televisión y la radio afines al régimen. También dicen que los asistentes a las manifestaciones, son grupos pertenecientes a cierta “derecha vandálica”. El FSLN entra en escena, para explicar que en Nicaragua se está siguiendo el mismo guión desestabilizador que en Venezuela.

Pero la falta de coordinación de las distintas interpretaciones que se nos dan desde el gobierno y sus medios, hace que parezca que han entrado en una especie de esquizofrenia discursiva, carente de lógica. La primera dama -vicepresidenta de Nicaragua Rosario Murillo- ilustra bastante bien esto con sus declaraciones, que van de lo cursi a lo esotérico. Murillo dice de los manifestantes que son grupos “vinculados a bandas delincuenciales” los culpables de haber roto la paz en el país centroamericano. La primera dama hace su diagnóstico “psicológico”, propio de un culebron latinoamerican culpando a “la cizaña [que] intoxica algunos corazones”, luego les advierte de forma paternalista “que la ambición puede cegar”. Rosario desafía todo análisis demográfico diciendo que son “grupos minúsculos y tóxicos” o incluso se vuelve mística afirmando que se trata de “vampiros que reclaman sangre”.

Al mismo tiempo que la pareja presidencial organiza marchas a favor de la Paz y celebra mitines multitudinarios en la calle, reprime a los manifestantes. A pesar de las actividades promovidas por el gobierno, en favor de la paz y pronunciamientos pro-diálogo, la espiral de violencia no ha dejado de crecer. Las víctimas de la represión del estado, han aumentado vertiginosamente. Los medios de comunicación mas críticos al régimen han calificado al gobierno como represivo, dictatorial y sus acciones como de terrorismo de estado. Varias personas, con las que tengo comunicación tienen la percepción de que están inmersos en una especie de deja vu, en el que el ciclo histórico de los años de la Revolución se repite. Los viejos revolucionarios comparan al antiguo guerrillero Sandinista y actual presidente de Nicaragua, con el mismo Dictador Anastasio Somoza, al cual combatieron en su juventud. Una regresión.

Monumento a somoza.jpg

Derribo de la estatua del dictador Anastasio Somoza

La ciudad parece también contagiarse de la misma regresión que sufren algunas de las personas con las que hablo. Las calles se llenan de nuevo de barricadas, de edificios quemados como en el 79. Pero esta no es la única imagen del recuerdo, como nos lo explican en su artículo Arroyo y Miranda, “¿Por qué los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos[i]?“. A los nicaragüenses les viene el recuerdo del derribamiento de la estatua del “Caballo de Somoza”, derribada el 20 de julio de 1979. Ahora el caballo somocista ha sido remplazado por “los árboles vida” o chayo-palos, como se les conoce popularmente, en honor a la Primera Dama (“Chayo”, diminutivo de Sagrario). La caída de estas gigantescas estructuras metálicas es celebrada jubilosamente por la muchedumbre. La escena se asemeja a una gran fiesta popular, la cual cuenta con su propia música de fondo, producida por los cañonazos de los “morteros” (armas de fabricación casera, más parecidos a juegos pirotécnicos que a armas reales).

Las primeras semanas en el inicio de las manifestaciones se asemejaban más bien a un gran carnaval. No solo por la euforia de las demostraciones populares, los carnavales como las protestas actuales del país centroamericano, se caracterizan por subvertir el orden social. Son, en efecto, “una constante del tiempo carnavalesco. Los cambios de actitud, posición y orden de personas, animales y objetos se desarrollan de forma sistemática en esta época[ii]”. Algunas personas acudieron a las marchas con las caras cubiertas, mientras otros protegieron su identidad con máscaras típicas de las fiestas tradicionales de Nicaragua. Otro tanto de los manifestantes van vestidos con camisas en las que se podían leer frases como “Que se rinda tu madre”, o “No eran delincuentes, eran estudiantes”. Entre la multitud se podían ver centenares de banderas de Nicaragua.

Si el Gobierno de Ortega recicló ciertos discursos de la contra revolución de los años ochenta, los manifestantes de hoy en día, recuperan para el movimiento social, las estrategias, consignas y canciones de la revolución Sandinista. No debería de extrañar esta reacción como nos explica un grupo de investigadores de Universidad Centro Americana: “Los repertorios son el conjunto de medios conocidos y disponibles por los movimientos sociales que se utilizan para exponer exigencias. Estos medios son culturalmente aprendidos a través de la acción colectiva y la cultura política de una sociedad. Los movimientos sociales en Nicaragua realizaron acciones colectivas con mayor fuerza y eficacia en los momentos de crisis políticas, sociales y económicas, cristalizadas en tres procesos históricos claves: la dictadura somocista, la revolución sandinista y el neoliberalismo[iii]”. Varias de las estrategias actuales también incorporaron nuevas tácticas a su repertorio, como el Internet, el cual fue usado por los protestantes como ciber-plazas. Las cuales fungían como espacios de reunión paralelos a la calle. En estas plazas se reproducía el mismo comportamiento del internet dentro del espacio urbano.

Las rotondas se convirtieron en los nuevos centros de reunión del descontento popular. La protesta, al hacer el tránsito del espacio público a la virtualidad y de regreso al espacio público, se operaba con la misma lógica. La multiplicidad y simultaneidad de las redes sociales era aplicado en el espacio urbano. El comportamiento de las manifestaciones de Managua se asemeja a una cartografía de dinámicas de redes sociales, con múltiples nodos urbanos. Los manifestantes se congregan en distintas puntos de reunión, al mismo tiempo. El gobierno, por su parte realizaba, sus propias contra marchas, las cuales se localizaban, en la rotonda Hugo Chavez o en el malecón y la plaza de la revolución. Estoss eran los espacios utilizados para las demostraciones de apoyo a Ortega.

Por el otro lado, las Rotondas universitarias, Rubén Darío, Jean Paul Genie, la de Cristo Rey y la Virgen. Estos eran los puntos que se habían apropiado los opositores al régimen. Los barricadas empezaron a proliferar y a esparcirse a lo largo de toda la capital y por la mayor parte de las ciudades del país. Las calles hechas de adoquines se   van desmembrando, uno a uno, como si fueran piezas de un juego de lego, hasta transformase en “tranques” (palabra con la que se conocen en Nicaragua a las trincheras o barricadas). Los cortes de ruta re plantearon la función de las calles que pasaron de la circulación a la paralización total del tráfico. Los improvisados muros de las barricadas servían para resguardarse de los ataques de “la turba” (Grupos Paramilitares) y de los policías. Algunos los decoran con banderas, otros pintan murales, hay los que se vuelven altares. El rojo con negro con el que se identifica al Frente Sandinista de Liberación Nacional es reemplazado por el Azul y Blanco característico de la Bandera de Nicaragua. La rebelión de Nicaragua, también es estética, y los símbolos son parte de la disputa contra el régimen.

Managua fue declarada en 1852 capital de Nicaragua, con la idea de evitar las históricas peleas entre León y Granada las cuales se disputaban ser la capital del país. La deriva urbana en la que entró la capital de Nicaragua por el terremoto del ‘72 parece no cesar. Como nos relata Luis Fuentes Guaza en su texto sobre Managua: En 1972 un temblor pulverizó la ciudad de Managua. Todo quedó en ruinas. Este acontecimiento supuso la desarticulación del centro urbano actualmente conocido como la Vieja Managua. Esta Managua simbolizaba la promesa superficial de progreso y modernidad con la que la dictadura de Somoza intentaba silenciar la brutal precariedad de una mayoría nicaragüense empobrecida. Los acontecimientos que siguieron al terremoto, como el hecho de que la asistencia Internacional destinada para la reconstrucción de Managua fuera robada por el gobierno, abrieron paso a la Revolución Popular Sandinista en 1979.

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Timbre postal conmemorativo del derrumbe del “caballo somocista”.

FSLN-Revolución-Reagan-Contras se suceden a lo largo de los años ochenta, hasta que en 1990 la presidenta Violeta Chamorro, apoyada por EEUU, pone fin al periodo de esperanza en un cambio social. La ruinas y los predios vacíos seguían siendo los protagonistas de la ciudad .Parte de la estructura urbana actual data de la época de Arnoldo Alemán, el cual se convirtió en el Alcalde de la capital en 1990. Entre sus principales planes estaban el dotar de una nueva imagen a la ciudad. Paradójicamente este nuevo modelo urbano, no contemplaba la reconstrucción del Centro de la ciudad. Las rotondas (o glorietas) se proponían como parte central en la mejora cosmética del entorno urbano y la manera más “eficiente” de gestionar el tráfico. También se decía que estas evitarían el robo a automovilistas. Uno de los primeros casos de invasión de una de estas Islas Urbanas fue el de la rotonda de la virgen construida en 1999, lo cual vino evidenciar el rostro real de las rotondas como antítesis del espacio público. Se privilegiaba al automovilista sobre los peatones. Los primeros en apropiarse de estos espacios vacantes fueron grupos marginales, para después ser utilizada por los deportistas, hasta que por medio de negociaciones “la rotonda de la virgen” se convirtió en el 2007 en uno de los parques públicos más populares de la ciudad. Este fue el primer caso de apropiación de una de las 11 rotondas, esparcidas en la zona metropolitana. En estas se encuentran una serie de estatuas ornamentales y conmemorativas. Tienen figuras que van de los religioso a lo abstracto o fuentes. En otras también se encuentran esculturas abstractas. El poeta Rubén Darío por su parte cuenta con una fuente en su honor de forma piramidal.

La llegada a la presidencia de Ortega en el 2006 trajo consigo un cambio del paradigma cultural del relato hegemónico planteado por gobiernos neoliberales anteriores, el cual se fundamentaría en la recuperación histórica de la época de la revolución y de la figura de Sandino. A manera de discurso legitimador. Lo cual viene ejemplificar bastante bien lo dicho por Antonio Gramsci, “los dispositivos de convencimiento, que sirven para asentar las claves de los relatos hegemónicos, son culturales”. Para el Frente Sandinista de Liberación Nacional el espacio público sería uno de los elementos centrales para llevar a cabo su nueva estrategia comunicativa. El cambio de nombre de Plaza de la República (como se llamaba en los gobierno anteriores) por el de la Plaza de la Revolución junto con la utilización de colores vistosos como el rosa, el amarillo y el celeste. Los cuales proliferaron en varias zonas de la ciudad junto con el Rojo con negro, que caracterizan al FSLN. Postes, edificios públicos, las bases de los monumentos, entre derrumbamientootros elementos, eran pintados con estos colores. Estas nuevas tonalidades se convirtieron en una presencia dominante dentro del paisaje de la capital de Nicaragua. Esta nueva estética instaurada por el gobierno, también fue acompañada de nuevos símbolos revolucionarios como la estatua en honor al poeta Rigoberto López Pérez, el cual fue el asesino del primer presidente de la dinastía de los Somoza. Los procesos de construcción de nuevos monumentos también fueron acompañados de la destrucción de símbolos de la administración pasada, como es el caso de la escultura abstracta de la rotonda de Colón. El cual fue remplazado por un extraño monumento al comandante Hugo Chavez. Otros de los espacios que corrió con la misma suerte fue la concha acústica, el cual fue demolido.

Lo que prosiguió fue poblar la ciudad de “los árboles de la vida” (Chayo Palos) hasta volverlos una presencia casi omnipresente dentro del entorno. Pero la explosión social de los tiempos actuales tenían otros planes para estos símbolos. Como nos demuestra el rastro de estos árboles metálicos tirados, en conjunto con los edificios y llantas de carros quemados. Como nos explica Manuel Delgado en su texto sobre las apropiaciones insolentes del espacio publico: “son esas territorializaciones insolentes las que nos advierten de hasta qué punto una ciudad no es sólo una forma ordenada o un sistema ordenable y menos lo que en muchos casos quisieran que fuera hoy: un producto en venta y una mera fuente de beneficios. Esos episodios regularmente repetidos de metrópolis levantadas nos recuerdan que toda ciudad es o acabara siendo lo que es: un amasijo infinito, un protoplasma inagotable de lucha y de pasión.[iv]” En Managua la trama urbana se entrelaza con la trama histórica, En la que parece que observamos un loop histórico, en que la misma secuencia va proyectando el pasado en el presente. Pero las imágenes, de tanto reproducirse, se van distorsionando hasta entregarnos una imagen enrarecida y completamente distinta.

[i] Lorena Arroyo y Wilfredo Miranda. “¿“Por que los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos al grito de “hay libertad”?”. Prodavinci.

[ii] http://www.educa.madrid.org/web/cp.claracampoamor.sanmartindelavega/images/carnaval/Lo%20que%20hay%20que%20saber%20de%20los%20carnavales.pdf

[iii] Mario Sánchez González, Douglas Castro Quezada, Rony Rodríguez Ramírez et Jorge Guerra Vanegas, « Movimientos sociales y acción colectiva en Nicaragua : entre la identidad, autonomía y subordinación », Amnis [En línea], 15 | 2016, consultado el 30 octubre 2018. URL : http://journals.openedition.org/amnis/2813 .

[iv] Manuel Delgado. “Apropiaciones insolentes del espacio urbano a principios del siglo XXI”. Conferencia pronunciada en la Facultad de Artes de la Universidad del Valle, en Cali, el 28 de septiembre de 2013. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2017/12/apropiaciones-insolentes-del-espacio.html

Rene Hayashi es Artista. Nacido en México, vive y trabaja en Lima, Perú. Ha sido becario del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, el Programa de Residencias Artísticas, FONCA. Su trabajo se ha expuesto en distintos lugares, como la Sala de Arte Público Siqueiros (Ciudad de México), el Contemporary Art Center Zamekujazdowski (Varsovia) o La Bienal de Praga (Praga). Ha realizado intervenciones urbanas y diseño de espacios públicos en ciudades como Guadalajara, Puebla y El Paso. Ha impartido talleres y conferencias en Managua (Espora), Tegucigalpa (MUA), y São Paulo (Encuentro Internacional de Arte y comunidad), entre otras ciudades.

 

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“CUERPOS MALOLIENTES” HUELE A CAPITALISMO: SEGUNDA PARTE

A lo largo de la historia ciertos cuerpos han sido descalificados como malolientes. Los cuerpos de los mendigos, los extranjeros, los pobres, judíos, gitanos, prostitutas… todos ellos han sido en algún momento rechazados por hediondos. Apestar no sólo se utiliza para describir un aspecto físico, sino que simbólicamente alude a una supuesta impureza o suciedad moral. Decía Hitler de los judíos en su tristemente famoso Mein Kampf que “por su exterior se ve claramente que no aman el agua, y, para nuestra desgracia, frecuentemente se puede saber con los ojos cerrados. A menudo me dan nauseas con el olor de estos portadores de kaftan”. El supuesto hedor judío o foetor judaicus ha sido utilizado en diferentes momentos históricos para justificar el trato discriminatorio que se aplicaba a este grupo. Así en la Venecia renacentista, el olor contribuyó a justificar que los judios de la ciudad fueran encerrados en un gueto. El hecho de utilizar el supuesto mal olor de ciertos grupos para justificar este tipo de medidas es en realidad una inversión de la causa-efecto.

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El así llamado “Barrio de las Injurias”, en Madrid, principios del siglo XX

Me decía un amigo que había vivido en Suiza en los tiempos de la emigración española a Europa allá por los años sesenta, que entonces eran los españoles los que olían mal. Obligados a vivir hacinados en condiciones precarias, el gueto español desprendía olor a chorizo y cebolla. Décadas después estas representaciones parecían no haber existido y la convivencia con esos migrantes del sur de Europa en los paises europes como Suiza o Francia se presentaba como libre de tensiones. En 1991, el entonces alcalde de París y futuro presidente de la república francesa Jacques Chirac hizo un polémico discurso en el que, además de la ya clásica referencia acusadora a la supuesta buena vida que se ve que da vivir de las ayudas sociales, mencionaba el ruido y el olor [le bruit et l’odeur] que salían de las casas de algunos inmigrantes en Francia como un motivo que justificaba las quejas racistas de algunos.

El discurso no tiene desperdido. Entre otras cosas decía Chirac que “Puede ser verdad que no hay más extranjeros que antes de la guerra, pero no son del mismo tipo. Es cierto que había españoles, polacos y portugueses trabajando aquí, pero eso generaba menos problemas que tener musulmanes o negros”. El mal olor que se atribuía a les espagnoles desaparece de los registros sustituído ahora por el de los inmigrantes árabes y africanos. De hecho, en cada momento, los cuerpos explotados en trabajos físicamente demandantes, huelen siempre a sudor, indendientemente de lo limpios que en realidad estén, porque el olor es un marcador simbólico: oler es estar sucio, tanto física como moralmente.

No solo sus cuerpos, también sus casas desprenden (mal) olor, consecuencia de un hacinamiento que en cierta manera se presenta como buscado, ¡cómo si alguien eligiera vivir en pisos patera! Que le pregunten a mis abuelos o esos miles de personas que tras la posguerra dejaron sus pueblos para buscarse la vida en las ciudades, y que también fueron acusados de oler mal y tener piojos. La misma cantinela que algunos de ellos repiten ahora en relación a quienes vinieron posteriormente desde otras partes del mundo. Sus casas huelen (mal) porque sus costumbres son manifiestamente diferentes y hasta incompatibles. El racismo biológico clásico que operaba en base a diferencias de raza es inaceptable en la actualidad pero ha metamorfoseado sus principios básicos en un racismo cultural que en su versión menos sofisticada simplemente sustituye raza por cultura. El olor codificado como “mal olor” actúa como una marca clara de subalteridad que se aplica a quienes se construyen como culturalmente diferentes, lo que explica que los cuerpos migrantes/racializados y sus supuestas costumbres sean frecuentemente codificados como malolientes.

Curiosamente (o no tanto) también ciertas mujeres han sido acusadas de oler mal. En concreto las prostitutas se piensan como grupo maloliente. Aunque el origen etimológico de la palabra puta es discutido, un número importante de autores defienden que proviene de la palabra latina putida (podrida) ya que las prostitutas eran un grupo de mujeres identificado como maloliente por los griegos y romanos. Su mal olor indicaba no solo las condiciones físicas en las que trabajaban sino su bajo nivel social, ya que representaban hasta cierto punto lo podrido del orden social imaginado.

Los grupos malolientes cambian según las necesidades del contexto pero los mecanismos de descalificación que utilizan el olor como marca de inferioridad se mantienen. En general lo que comparten todos los grupos calificados como malolientes es su localización marginal en el orden social. Algunos están en la parte inferior de la jerarquía, otros directamente están fuera de la clasificación social. Los otros, los inferiores, los diferentes, los marginados, los excluidos, huelen.

Por Diana Mata Codesal (Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà)

Originalmente publicado en catalán para La Directa

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NUEVA PUBLICACIÓN OACU

género y producción urbana

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de | septiembre 13, 2018 · 3:50 pm

Sobre la polémica mediática entre Alberto Garzón y Daniel Bernabé en torno al libro “La Trampa de la Diversidad”

Miguel Alhambra Delgado, sociólogo

El debate comienza con esta Tribuna de Garzón en eldiario.es a cuenta del libro de Bernabé “La trampa de la diversidad”.

Interesante debate. Una pugna de profetas (o quizás de sacerdotes). Bernabé, ante las críticas por inconsistencias o argumentaciones débiles y problemáticas, en lugar de resolverlas o confrontarlas, las responde con criterios de mercado, con el “éxito” mundano que está teniendo su libro (“pues se está vendiendo mucho, tiene buen recibimiento”), a la vez que quiere acercarlo –no a posibles criterios de verdad, a quién le importan estos- sino a criterios de evaluación estéticos, si bien es cierto que al final de su réplica se deja ver un “y tú también”, dirigidos al “profesor” Garzón (seudo insulto encubierto, que transforma condiciones estructurales –la procedencia- en “objetos de elección y voluntad”, culpabilizando por lo que uno es) sobre los argumentos funcionalistas utilizados por Garzón en el pasado. Lo cual es evidente, pero, ¿acaso eso haría a sus argumentos más pertinentes?, o con otras palabras, ¿el error o deficiencias, compartidas por muchos, haría la mala argumentación de Bernabé algo más válida? Es probable que no, son absurdos argumentativos a los que ya estamos acostumbrados, por lo que tampoco chirrían mucho, es como aquel que puso de moda Don Pablo del “no quieren ganar, es cómodo perder”, que acusaba al perdedor de su fracaso (y ojo, que logró pasarlo por “verdad”, tanto como para que se lo comprasen en la misma IU, asumiéndolo como criterio válido y propio. Nos podíamos preguntar, ¿pero de verdad el hecho de “ganar” es una buena motivación para las clases dominadas?, si fuese para Ciudadanos bueno, pero aquí…, aunque igual es que no se está tan lejos de Ciudadanos en ciertos aspectos como la concepción de la “inteligencia y el talento”, en tanto que “don natural”). Pero bueno, al representante de la clase media alta, en términos culturales (existe el capital cultural, no todo lo dijo Marx y Gramsci), con aspiraciones “grandilocuentes y artísticas”, lo dejaremos de lado.

Nos interesa el aspiracional artista rebelde (a lo Rancière, o a lo Trafis), el señor Bernabé, solo en cierta media, solo para mostrar las asunciones que guarda con él Alberto Garzón. Pues ambos pertenecen a la clase media basada en la acumulación y reproducción del capital cultural, por más que se autodenominen de cualquier otro modo (por cierto, es curioso que Garzón tome por buenas las encuestas en las que se define la clase de forma “subjetiva”, como si todas las personas llevasen, de “fabrica o de serie”, a un sociólogo en la cabeza, o a un marxistólogo, y es que, ¿no es posible que esa medición encubra una total amalgama, la cual no sirve para ningún tipo de comparación?, por más que venga del CIS o de dónde fuese). (Por otro lado, qué significa eso de que pesan factores geográficos?, ¿la geografía -al igual que la demografía- puede ser considerada como agente social?, ¿no son factores o indicios que requerirían una explicación sociológica que se circunscriba a grupos concretos, dentro de lógicas específicas?)

Son dos las principales asunciones que se comparte, fruto del idealismo más tradicional, aquel que dijese Marx (si este autor parece tener voz y predica, démosela) procedente o bien de los “tenderos de misterios” a lo Bernabé o de los “maestros” a lo Garzón.

Primero, un pensamiento maniqueo en torno a todo lo cultural (debido a que viven de ello), concebido de forma idealista y como especie de “estancos o bloques” (poco operacional ya que no permite una mínima gradualidad). Este maniqueísmo juega con los polos dominio versus conocimiento-configuración de sentidos: una, es la característica de los privilegiados, de los otros, los dominantes y sirve únicamente para la dominación (carece de sentido, o bien es errado, falso o engañoso), la otra, la propia o de allegados, es la de los no-privilegiados, por tanto no tiene posible carácter de dominación, ni siquiera sobre las fracciones de clase más bajas, es todo puro sentido, sentido noble, universal, (de hecho, estas clases más bajas lo mejor que podrían hacer y lo más “noble” que se le ofrece es ser “tal y como nosotros somos”, en término culturales, de hecho, parece, a veces, que su perseguida revolución no es más que conseguir esto).

Segundo, un tecnocratismo meritocrático implícito, más o menos moralista, para ello las estrategias expositivas no son las mismas, mientras que el “tendero de misterios” quizás apele a los orígenes perdidos, en tanto, principio mitológico y eje para situarse por encima del resto de humanos, el “maestro de escuela” se apoya en el cientificismo sociológico más inconsistente, pero sustentado en la tecnocracia más cercana al poder, esto es, más extra-sociológica pero con menos probabilidades de ser cuestionada, y mucho menos, por las capas más desposeídas a las que dice representar, redoblando en ellas, la dominación tecnocrática que ya soportan. Al menos ambos guardan el mismo escaso análisis e interés en conocer las condiciones de posibilidad que los configuran. Tanto ellos como la tecnocracia, no perciben relaciones de dominación y de poder en su propio proceder, a sus ojos, son todo relaciones de sentidos, sentidos técnicos en un caso y grandilocuentes sentidos, en el otro (“grandezas de un nuevo mundo para la humanidad entera”).

Marx y Engels en La ideología alemana pugnaban contra estas derivas. Posteriormente y desde otro prisma, Bourdieu las analizó de manera consistente, tanto en el campo cultural como en el propio campo político, ámbitos -a la vez- productores de sentidos y de lógicas de dominio, los cuales contribuyen a la división del trabajo de dominación de clase.

Dicen Marx y Engels, contra este idealismo:

“El Libro” mismo se divide, como el Libro “de otro tiempo” en el Antiguo y el Nuevo Testamento, a saber: en la historia única del hombre (la Ley y los Profetas) y la historia no humana del Único (el Evangelio del Reino de Dios). La primera es la Historia dentro de la Lógica, el Logos sujeto al pasado; la segunda, la Lógica en la Historia, el Logos liberado, que lucha con el presente y lo domina victoriosamente.

(…)

Y nos dice, con lastimero tono que le desgarra a uno el corazón, que “todo tiene que ser su causa”, que sobre sus hombros se hace pesar “la causa de Dios, la causa de la Humanidad, de la Verdad, de la Libertad, la causa de Su Pueblo y de Su Príncipe” y qué sé yo cuántas buenas causas más. ¡Pobre hombre! El burgués inglés y el francés se lamentan de la falta de débouchés [Mercados], de las crisis comerciales, de los pánicos bursátiles, de las coyunturas políticas del momento, etc.; el pequeño burgués alemán, cuya participación activa en el movimiento de la burguesía es sólo ideal y que, por lo demás, sólo puede llevar al mercado su propio pellejo, se representa su propia causa simplemente como “la buena causa”, como “la causa de la Libertad, de la Verdad, de la Humanidad”, etc.

(…)

Después de descubrir que “el espíritu es lo esencial”, no teme ni siquiera el llegar a las siguientes temerarias conclusiones: “Pero, después de reconocer el espíritu como lo esencial, ello constituye, sin embargo, una diferencia, pues el espíritu es pobre o rico, y se procura, por tanto” (!) “llegar a ser rico en espíritu; el espíritu pugna por extenderse, por fundar su reino, un reino que no es de este mundo, que acaba de ser superado…

(…)

Porque “se busca llegar a ser rico en espíritu”, por eso “quiere el espíritu ensancharse, fundar su reino”, etc. “Pero si” existe aquí una concatenación, “hay, sin embargo, una diferencia” entre “llegar a ser rico en espíritu” a que “el espíritu” quiera “fundar su reino”. “El espíritu”, hasta ahora, aún no ha querido nada, “el espíritu” aún no ha figurado como persona, sólo se ha tratado del espíritu del “adolescente”, no de “el espíritu” por antonomasia, del espíritu en cuanto sujeto. Pero el sagrado escritor necesita ahora otro espíritu que el del joven, para podérselo oponer a éste como un espíritu extraño y, en última instancia, como Espíritu Santo.

(…)

Semejantes frases literarias, que, con arreglo a una analogía cualquiera clasifican todo dentro de todo, pueden hasta parecer ingeniosas cuando son dichas por primera vez, y tanto más cuanto más identifiquen cosas contradictorias entre sí. Repetidas, e incluso con presunción, como apotegmas de valor científico, son tout bonnement (llanamente) necias. Sólo buenas para cándidos literatos y charlatanes visionarios, que encastran todas las ciencias con su empalagosa mierda. (Elementos fundamentales para la crítica de la economía política).

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HUELE A CAPITALISMO

Pareciera que los habitantes de las ciudades actuales vivimos en paisajes sensoriales insulsos donde el olfato parece haberse convertido en un sentido casi inútil. Desde finales del siglo XVIII las ciudades europeas han sufrido procesos de higienización que incluían la eliminación de las fuentes físicas y humanas de olor. Hemos llegado a tal nivel que decir que una cosa huele implica metonímicamente decir que huele mal.

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Barcelona, como todas las ciudades globales, es una ciudad que se presenta como desodorizada. Mírame pero no me huelas. Para comprobar si efectivamente las ciudades se han convertido en espacios desodorizados, os invito a dar un paseo atento por cualquier parte de Barcelona. Si cerráis los ojos, seguramente os daréis cuenta de los rastros olorosos que van dejando a su paso muchos peatones. Perfumes, cremas, after shaves, desodorantes y otros potingues corporales directamente aplicados sobre el cuerpo se unen a las fragancias con “olor a limpio” u “olor a fresco” de los jabones y suavizantes utilizados para limpiar y perfumar la ropa. ¿Os habíais parado a pensar como de extraño es eso del olor a limpio? ¿A que huele, por ejemplo, la “frescura azul”? ¿Y la “floral”? Da vértigo comprobar el grado de mercantilización y regulación de los olores corporales a que hemos llegado nuestra sociedad. Por supuesto, los olores de las mujeres están más sujetos a control y regulación que los de los hombres. Sólo hace falta ver los anuncios de desodorantes y perfumes vaginales. Curiosamente, los penes parecen no oler. Calificar ciertos cuerpos como malolientes es un mecanismo muy conocido de disciplinamiento corporal al servicio de procesos de clasificación social. De hecho, no evitamos aquellos cuerpos que huelen mal, sino que utilizamos su supuesto mal olor para justificar procesos de evitación social.

Los humos de tubos de escape de los coches, la contaminación, las flores, la suciedad de la calle… todo forma una nube indefinida de olores que nos rodea constantemente en las ciudades. De hecho, en las grandes metrópolis estamos constantemente rodeados de ruidos, olores y otros estímulos sensoriales, que solo se convierten en perceptibles cuando hay cambios en su composición o intensidad. Para hacer frente a esta sobrecarga de los sentidos, el sujeto urbano necesita desarrollar procesos de habituación sensorial. Por este motivo gran parte de los paisajes olfativos urbanos acaban convirtiéndose en imperceptibles para sus habitantes.

Cada vez hay también más aromas intencionalmente vertidos al espacio público para estimular el consumo a través de la generación de apetencias de manera inconsciente. A los olores de pan recién hecho que salen de los hornos se han unido en la actualidad un montón de otros olores-mercancía, como son las fragancias que expulsan a la calle las tiendas de moda de ciertas cadenas, las perfumerías o los aromas que se escapan a veces de los halls de hoteles de lujo que han incorporado ciertos olores de diseño como parte de su branding. Todos estos olores pueden llegar a ser realmente intensos, pero en general no parecen despertar mayores problemas ni ser objeto de queja. El marketing olfativo que asigna olores a espacios, productos y experiencias es vital en el proceso de conversión del olor en una mercancía más.

El branding olfativo también ha llegado a la “marca Barcelona”. A pesar de que la visualidad es central para los actuales procesos de iconización y marketing de las ciudades, Barcelona fue pionera en tratar de incorporar a su marca también una parte olfativa. El mejor ejemplo es el regalo navideño que el exalcalde Jordi Hereu hizo el 2001 a algunas personalidades de la ciudad: Barcelona Olores, una caja con un libro y ocho pequeños tarros con las esencias supuestamente más representativas de Barcelona, entre las cuales se encontraban el olor de seis espacios emblemáticos de la ciudad (el mercado de la Boqueria, Montjuic, las Ramblas, la Barceloneta, la basílica de Santa María del Mar y la Casa Batlló), así como de dos productos gastronómicos (cava y pan con tomate). Tanto los lugares escogidos como las fragancias supuestamente representativas de la ciudad refuerzan la imagen proyectada y profundamente sesgada de una ciudad mercancía para el mercado financiero y turístico global. Los olores de los espacios donde se desarrolla la cotidianidad de la mayor parte de quienes habitamos Barcelona se mantienen convenientemente fuera de la marca Barcelona, como si los olores del barrio, de la vida de calle, de las escaleras de vecinos y patios interiores, de las plazas abarrotadas en los barrios populares, afearan la marca Barcelona y disminuyeran por tanto el potencial de venta de la ciudad.

En Barcelona, como otras muchas ciudades que aspiran a continuar siendo globales, nos encontramos con procesos de expulsión del entorno urbano de aquellos aromas menos manipulados (sudores y otros olores del cuerpo humano, de frutas y comidas, etc.) que buscan ser sustituidas por olores fuertemente dirigidos y mercantilizados. El neuromarketing hace tiempo que salió a las calles y ahora mismo el olor es también un instrumento para la conquista sensorial del espacio público urbano. En Barcelona huele a capitalismo. Sigue leyendo

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[NUEVO CURSO] Escala Urbana Habitada. Antropología y Arquitectura

Escala

PRESENTACIÓN

Desde el Observatori d`Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y el Grup de Recerca en Antropologia i Arquitectura del Instituto Catalan d´Antropologia (GRANAR), se presenta este curso orientado a analizar la mediación entre el espacio físico y el espacio social, desde un enfoque interdisciplinar entre la Antropología y la Arquitectura y a través de la noción escalar de: cuerpo, casa, barrio y espacio público.  El contenido de cada sesión vincula el concepto de escala propio de la tecnocracia que respalda la planificación de la ciudad a efectos de establecer regulaciones de lo micro a lo macro en el espacio urbano, a una posición epistemológica que se funda desde la experiencia, abriendo otras posibilidades de conocimiento que resignifica la ciudad desde el acto de habitar.

DATOS GENERALES

Lugar: Sala Fontserè del Institut d’Estudis Catalans (Carrer del Carme 47, 08001,  Barcelona)

Fechas: 19, 21, 26, 28 de junio

Horario: 18:00 /20:00

Contacto: etnoproyecto@gmail.com

Idioma: Todas las sesiones se celebrarán en castellano

INSCRIPCIONES

Curso completo: 60 euros

Descuento del 25% sobre la cuota de inscripción para socios del ICA y del OACU, estudiantes o parados. Está opción está sujeta a plazas limitadas y previo envío de documentación acreditativa.

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Plazas limitadas: 16 personas

Certificación: Se otorgará certificado de asistencia emitido por el OACU (incluido en la cuota de inscripción) a las personas que participaran en todas las sesiones del curso.

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Viatge al barri d’Icària. El patrimoni viscut d’un passat industrial arxivat

El barri d’Icària és el nom adjudicat al sector industrial que fou enderrocat als anys vuitanta per concretar part de la reforma urbanística de Barcelona com a seu de les olimpíades del 1992. Les edificacions van ser inventariades per arxivar una mostra del patrimoni arquitectònic industrial. Aquesta buidatge del territori per la construcció de la Vila Olímpica va significar la desarticulació de les formes de sociabilitat d’un barri, les quals han estat reconstruïdes a través de la memòria que els seus habitants conserven com a patrimoni personal.

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Tormenta de mitad de agosto

Diario Berria

Entrevista realizada a Horacio Espinosa Zepeda, miembro del Observatorio Antropológico del Conflicto Urbano, por la periodista Samara Velte, del Diario Berria. Publicada originalmente en euskera y traducida al castellano por Amaia Altuna.

TORMENTA DE MITAD DE AGOSTO

Este año las páginas de los periódicos se han mojado como lo hace la tormenta que se infla en los días bochornosos de verano y revienta al anochecer. Aunque esta preocupación no es nueva. Hace tiempo que vemos protestas y parodias como el “giri eguna” (día del guiri) de Urola Kosta y también vienen realizándose estudios sobre formas de desarrollo urbano más sostenibles desde asesorías y universidades.

Pero este verano el turismo se ha convertido en conflicto político. Los partidos políticos se han embaucado en una guerra de chancletas con lo que debería ser materia para la discusión social. También ha llamado mayor atención la manifestación convocada por Ernai (juventudes de la izquierda abertzale) con el lema “Vuestro turismo nuestra miseria”, que fue convocada en junio pero de la que nadie se ha acordado hasta finales de julio. El cambio ha ocurrido debido a la campaña realizada por Arran en Barcelona, que enseguida llenaron las portadas de los medios de derechas vinculándolos a la CUP, y en consecuencia al referendum de octubre. La manifestación de Ernai y las pintadas “Tourist go home” aparecidas en Donostia sumaron un ingrediente más, concluyendo que nacionalistas y radicales catalanes se habían unido contra el turismo.

En Euskal Herria algunos partidos han reproducido ese mismo esquema. El PP ha anunciado que interpondrá ponencias a favor del turismo. El Gobierno Vasco y el ayuntamiento de Donostia han resaltado que la situación del Mediterráneo y de Euskal Herria es diferente. El PNV ha calificado la manifestación de Ernai y las pintadas como “ataques” y se ha referido a la izquierda abertzale en términos de turismofobia.

CONFLICTO SOCIAL

Está claro que el turismo suscita diferentes percepciones pero hay unanimidad al admitir la saturación de la parte vieja donostiarra. La mayor preocupación gira en torno al mercado inmobiliario. En Donostia, el encarecimiento y la reducción de la oferta se ha extendido más allá del centro y en Bilbao también están notando el cambio. De hecho, el grupo Ganemos Goazen Bilbao ha solicitado un estudio del nivel turístico que puede soportar la ciudad al gobierno municipal, alegando que han pasado de estar en la burbuja inmobiliaria a estar en la burbuja turística.

El doctor en psicología social y miembro del Observatorio Antropológico del Conflicto Urbano de Barcelona Horacio Espinosa Zepeda, cree que la palabra “turismofobia” es un intento de patologizar el malestar social. “Como otros términos despectivos hacia movimientos sociales individualiza un problema de origen social. En lugar de fijarse en los aspectos estructurales del malestar, el individuo se vuelve el culpable porque no ha sido capaz de adaptarse al entorno, en este caso al turismo”. También se usa el término Síndrome de Venecia para describir el vaciado de habitantes de las ciudades. Espinosa Zepeda cree que “en consecuencia, se destruye el discurso de fondo y se criminaliza a los ciudadanos que se organizan para cambiar el modelo turístico”.

Las razones del malestar son parecidas en los lugares en los que ha surgido la discusión: encarecimiento de alquileres y servicios, abandono de los centros urbanos y destrucción del tejido social. Según Espinosa hay que cuestionar las estructuras que permiten esos cambios. “El problema no es el turista, sino el modelo que masifica el turismo”. También advierte del peligro de caer en el clasismo. “Algunos sectores piden un turismo de calidad en lugar del de borrachera, pero eso es torcer el tiro, porque ambos son parecidos, visitan y duermen en los mismos sitios. Lo que hay que criticar es la lógica de la industria turística”. En su opinión, el turismo masivo y la gentrificación suelen ir de la mano. “El problema es el modelo de explotación porque crea burbujas inmobiliarias: los buitres compran edificios enteros, los renuevan y los ofrecen al mercado turístico”, reduciendo y encareciendo así el alquiler común.

¿La solución? “Hay que buscar un modelo turístico sostenible, con poco impacto y que provoque a largo plazo una desaceleración turística, que no indica desaceleración económica, sino el desarrollo de un turismo no de masas.” La clave es el control público. “Hay que regular los precios de los alquileres y los pisos turísticos”.

CINCO INDICADORES

Desde la empresa de investigación y asesoría turística In2destination, su directora, Nagore Espinosa Uresandi, indica que el turismo también tiene que hacer una aportación a la sociedad, y para ello utilizan cinco indicadores para medir la idoneidad del modelo turístico. Por una parte la influencia económica, “en lugar de promover sólo las ciudades, hay que dar a conocer zonas de campo y alargar las estancias. En Araba, en Bizakaia y en Gipuzkoa la estancia media es menor de dos noches. Por otro lado están el efecto ecológico y el social. “Hay que escuchar a los ciudadanos, ver como perciben el turismo”. Lo más complicado suele ser conocer sus condiciones laborales, puesto que el turismo engloba a más de 11 industrias.

Además de estos 3 índices habituales Espinosa Uresandi propone dos más: la territorialidad y la gobernanza. “Hay que estudiar la concentración de los recursos turísticos y facilitar el movimiento de la gente hacia otros lugares. Interesa crear actividad económica fuera de los centros urbanos”. En cuanto a la gobernanza, “éste es el punto en el que todo comienza. Para que el turismo sea sostenible las administraciones, públicas y privadas, deben esforzarse en monitorizarlo todo en el tiempo para identificar posibles riesgos para la alarma”.

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El 2 de junio o “las mujeres alegres en la casa del señor”

Artículo publicado originalmente en La Directa.

Livia Motterle (OACU)

El 2 de junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon frente a la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con ellas. El objetivo de la ocupación era llamar la atención sobre su situación de vulnerabilidad debida a los abusos continuos por parte de la policía, por ejemplo, multas y encarcelamientos. Chicas alegres en la casa del señor era el título del texto enviado a la prensa donde explicaban su acción, una ocupación pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas. El Colectivo de Prostitutas que se gestó en la iglesia Saint-Nizier ha sido un referente histórico para todas las organizaciones de trabajadoras sexuales posteriores. Como decía Ulla, una de las líderes: “esperamos la nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos las únicas reprimidas por el miedo a la policía”. Desde entonces, el 2 de junio se ha convertido en el día internacional de las trabajadoras sexuales. Manifestaciones, charlas, performances y cualquier tipo de acciones reivindicativas visten de lucha muchas ciudades del mundo con el objetivo de reivindicar los derechos de un colectivo de personas que, a pesar del profundo estigma que la hipocresía del patriarcado y la misericordia de tantas instituciones imprimen en sus cuerpos, sigue luchando con orgullo y alegría.

Contrariamente a lo que sigue siendo una creencia colectiva, el enemigo más peligroso de las trabajadoras del sexo no son sus clientes (tanto hombres como mujeres), sino ciertas instituciones (públicas o privadas) encargadas de evidenciar y perpetuar una estructura dicotómica que genera estigmas y que sitúa en el altar a la mujer “buena” y en el infierno la mujer “mala”. “Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos”, afirma Foucault en Microfisica del poder. Este mecanismo de vigilancia, control y normativización se muestra más cruel con los cuerpos que escapan de los códigos heteronormativos, productivos y reproductivos. La sexualidad, entendida como creación que se manifiesta desde y gracias a los cuerpos, se convierte en marcadora de normalidad y canalizadora de castigo. La Iglesia y la Medicina, desde el momento en que se constituyeron como instituciones, han sido las que más han participado, junto con los poderes judiciales y administrativos del Estado, en la construcción de las dicotomías (bueno/malo; normal/anormal, sano/patológico; inocente/culpable) y en la fabricación de reglas sobre cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales.

El objetivo de ordenanzas, multas y sanciones – sobre todo a las trabajadoras sexuales de la calle – es justamente el control y el castigo de los cuerpos que manifiestan prácticas sexuales anormales en el espacio público. Las trabajadoras sexuales del Raval, esto, lo saben muy bien. La modificación de los artículos relativos al trabajo sexual de la Ordenanza de mesures per fomentar i Garantir la Convivencia en el espacio público de Barcelona del año 2006 – que ya prohibía la oferta, la demanda y la negociación de los servicios sexuales retribuidos en la calle (además de la suya realización) – se reforzó en abril del 2012. Los dos grandes cambios fueron, por un lado, la supresión de la obligación, por parte de la Guardia Urbana, de avisar previamente a los clientes y las trabajadoras y, por otro lado,  la “posibilidad” para las prostitutas de conmutar la multa participando en cursos de re-inserción laboral. La modificación de la Ordenanza multiplicó en el 2012 el número de multas impuestas agravando, así, las condiciones de trabajo de las prostitutas, aumentando su estrés y llevándolas a situaciones insostenibles.

Según un estudio cualitativo encargado por el Ayuntamiento, a pesar de que el número de multas haya ido disminuyendo en los dos último años (2015 y 2016), el número de las trabajadoras sexuales ha seguido siendo el mismo. ¿Por qué no aumenta entonces? Esto habría que preguntárselo a ellas. “Nos tratan como basura que hay que sacar del barrio y reciclar. Nos quieren redimir obligándonos a hacer cursos de re-inserción laboral. Pero nosotras ya tenemos nuestro trabajo y no queremos ir a limpiar el culo a nadie” -dice una mujer. El estigma, aunque hoy no está impreso con nitrato de plata como en la época del Higienismo, está fabricado por la misma hipocresía que requiere una Barcelona atractiva y seductora, capaz de satisfacer los gustos del mercado turístico. Escort sí entonces. Pero puta, jamás.

Frente a esta situación de vulneración, las trabajadoras sexuales se rebelan. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes y Putas Feministas después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan a vecinos y vecinas víctimas de una violencia ocultada que afecta a todo el Raval.  Presentes en todos los actos que pedían justicia para Juan Andrés Benitez, vecino del Raval que el 5 de octubre murió a golpes de porra delante la puerta de su casa; presentes en las movilizaciones organizadas para parar las infinitas ordenes de desahucio emitidas para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan en la calle enteras familias; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema: “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar.

Simone De Beauvoir afirmaba, en 1972, que se hizo feminista cuando reconoció su solidaridad con las otras mujeres en vez de su separación de ellas. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja y que es tarea del feminismo luchar para que se acabe. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, si no en el mecanismo de explotación en que está incardinado. Romper los mecanismos de control y vigilancia hacia las profesionales del sexo es un objetivo que concierne a todas porqué todas estamos explotadas por el sistema. Reconocer el trabajo de las trabajadoras sexuales es el primer paso para la cancelación del estigma impreso en sus cuerpos y sobre todo para no volver a imprimirlo. El primer viernes de cada mes, en la calle d’En Robador, las vecinas y trabajadoras sexuales del Raval (y de otros barrios) organizan un “puti vermut”: una buena ocasión para hablar con ellas en lugar que, una vez más, hablar sobre de ellas sin conocerlas. Otra posibilidad más para construir juntas nuevas estrategias de lucha y resistencia. Porque cada día es 2 de junio.

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Objetivo, la Via Laietana

Fuente: Francesc_2000

Fuente: Francesc_2000

Artículo publicado originalmente en la Revista Marea Urbana.

José Mansilla, Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri (OACU)

El próximo septiembre se cumplirán 156 años desde que la Reina Isabel II colocara la primera piedra de unas obras que estaban llamadas a cambiar el presente y el futuro de Barcelona: El Plan Cerdà. Aunque el planeamiento original del ingeniero catalán contemplara, además del famoso Eixample, la apertura de tres vías que atravesaran el centro histórico (sendas prolongaciones de las calles Muntaner y Pau Clarís hasta el puerto y otra avenida, perpendicular a éstas, que pasaría por delante de la Catedral), no fue hasta que el arquitecto y urbanista Àngel Baixeras retomara el proyecto a finales del siglo XIX, que se diseñó y ejecutó al menos una de ellas: la Via Laietana. La apertura de esta avenida no comenzó hasta 1908, ya muerto Baixeras, dándose por acabada pasado, exactamente, medio siglo.

 

Su concepción original se encontraba en la línea de lo que se venía haciendo en otras ciudades del orbe europeo, como el Plan Haussmann para París, un proceso de tal envergadura que daría lugar a la expresión haussmannización para referirse a un tipo de intervención urbanística destinada a higienizar las ciudades. Así, bajo la excusa de abrir la ciudad a la circulación del aire a través de la creación de amplios corredores y avenidas, evitando el hacinamiento y la consiguiente insalubridad de determinados barrios o distritos, se encontrarían otras intenciones, como la de facilitar y mejorar el control de las revueltas populares que se llevaban a cabo precisamente en este tipo de emplazamientos. Pero, por otro lado, también se trataba de facilitar la circulación de mercancías y la instalación de los nuevos sistemas de transporte que necesitaba el incipiente capitalismo. En esta dirección, los diferentes ajustes que fueron integrando el Plan Cerdà desde su presentación pública en 1859, constituirían un exitoso intento de exportar el modelo del Gran Paris de Haussmann a una Barcelona que, pasadas unas décadas, se dispondría a acoger un gran evento, la Exposición Internacional de 1.929.

 

Más de siglo y medio después, un manifiesto impulsado por la Associació de Comerciants de Via Laietana ha vuelto a poner el tema sobre la mesa de debate al proponer y publicitar una iniciativa en este sentido presentada al Pla d’Actuació Municipal (PAM) de la ciudad. El texto, titulado “Per un nou eix cívic a Barcelona, humanitzem la Via Laietana”, viene a recordar la idea original del diseño y construcción de la calle, esto es, la conexión entre el puerto y la ciudad, apostando por la revitalización comercial, la mejora de los espacios públicos y la reducción del ruido. Como no podía ser de otra manera, la idea ha generado algunas suspicacias entre los vecinos y vecinas del entorno, comerciantes y miembros de los movimientos vecinales, que ya fueron testigos de algunos pasos dados en este sentido por el anterior Gobierno del convergente Xavier Trias, esto es, el veto al aparcamiento de autobuses turísticos en la zona y la urbanización de la Plaza Ramón Berenguer.

 

En las entrevistas realizadas para el presente artículo destaca el consenso en torno a la necesidad –si bien no la prioridad- de una reforma, y así lo prueban las palabras de Reme Gómez, Presidenta de la AVV del Barri Gòtic cuando afirma que

 

[…] evidentemente nosotros, como la mayoría, independiente de asociaciones o no, pensamos que es una reforma que se tiene que tomar en algún momento […], otra cosa es que en los objetivos de esa reforma estemos de acuerdo[1].

 

Asunto en el que abunda Albert Mestres, miembro de la Associació de Comerciants y propietario de la tienda de comics “Continuará”, cuando señala que,

 

[…] en general todo el mundo está a favor de una reforma de Via Laietana. El único colectivo que no está a favor es Barna Centre, dicen que ven peligrar la accesibilidad a su zona peatonal y su logística. Los demás tienen matices. En CCOO por ejemplo, creen que habría que hacer una reforma más profunda, cuestionando incluso el tráfico privado, pero entienden que nuestra propuesta intenta conseguir el máximo consenso y nos apoyan[2].

 

Sin embargo, las palabras de Albert nos sirven para poner encima de la mesa la inevitable conflictividad que marca toda expresión de vida urbana, en este caso con el detonante de la posible modificación del caudal circulatorio de la zona. Y es que es evidente que los intereses comerciales representados por la Federació d’Associacións de Barna Centre, con especial implantación en el entorno de la calle Portaferrissa, son en cierta medida discordantes con los de aquellos que reclaman una pacificación de la circulación e, incluso, la eliminación parcial del tráfico privado.

 

Ahora bien, a esta colisión entre intereses comerciales, habría que sumar la de un vecindario que ve, con cierta intranquilidad, que la zona se convierta, tras las obras, en una extensión de la Barcelona de las terrazas, barres y restaurantes representada, entre otros, por espacios como el Born. Así lo señala Reme, de nuevo, cuando afirma que

[…] el miedo es que las inversiones que se hacen en el espacio público, que se pagan con dinero público, vayan en beneficio del negocio del ocio encaminado hacía el turismo, es decir […], no es que estemos en contra de los bares, ni de la hostelería…, simplemente es que han colonizado completamente el barrio, en el Gòtico hemos perdido población desde hace muchísimos años […], si la estructura arquitectónica de Via Laietana se va a reconvertir en comercio y hoteles, en comercio de ciudad, de ciudad o de país, pero no un comercio de proximidad, pues no nos interesa esa reforma[3].

 

Y es que la conversión de Barcelona en referente turístico[4] lleva años ejerciendo una presión casi insoportable sobre unas clases populares que ven como el precio del suelo -en forma de subida de alquileres, precios de las viviendas, cierre de comercios tradicionales, etc.- las obliga a desplazarse en busca de emplazamientos más asequibles. Las palabras de Marieta, vecina de 70 años y dueña de una tienda de animales ubicada en lo poco que queda de aquel barrio popular que otrora fue La Ribera, son elocuentes:

 

[…] el zapatero de la calle Corders aun aguanta porque es que le quedan 4 pedos pá jubilarse (sic), o si no está jubilado es porque no quiere, ¿entiendes? Porque ya es mayor el hombre, y una vez que cierre la tienda, ya tendrán que cogerla ellos [los promotores inmobiliarios]. Y aquí los alquileres que están pidiendo ahora, puuuf… ¡carísimos! Nosotros ya tuvimos que dejar el local anterior porque, claro, estaba en la calle principal, ahí donde se pasan todos y el alquiler ya cambió. Nos venimos a este nuevo, que está más apartado, y la verdad es que tuvimos suerte, estamos pagando 600 euros, pero en otra calle de aquí cerca, ahí donde antes había una tienda de muebles, nos pedían 1200 euros, ¡o sea el doble![5]

 

Toda comparación con el pasado es odiosa, pero no deja de ser menos cierto que intervenciones como la que actualmente se proclama como “necesaria” para la Via Laietana mantienen algunos puntos en común con aquella llevada a cabo hace más de cien años. Si por entonces la conexión entre el puerto y la ciudad se veía como necesaria para facilitar la salida de los productos de la Barcelona industrial mediante el transporte marítimo, en la actualidad, cuando el proceso de acumulación del capital ha pasado de un sistema industrial fordista a otro más flexible basado en los servicios, la ciudad tendría que adaptarse a una economía basada en el turismo, el comercio y el sector inmobiliario. Y sería precisamente esta adaptación la que tendría duras consecuencias sobre los vecinos y vecinas del entorno.

 

Sin embargo, entre los entrevistados existe un poso de optimismo. Así lo demuestran, de nuevo, las palabras de Albert cuando, inquirido sobre el peligro de que la Via Laietana se convierta en un nuevo Born, señala que,

 

No creemos que eso sea posible, las aceras de Vía Laietana no dan para ningún tipo de terrazas, simplemente para esponjar el paso. Cualquier opción que pretendiera quitar espacio público sería una aberración y consecuentemente estaríamos en contra y batallaríamos para que el Ayuntamiento no lo permitiera. Creemos en una vertebración del barrio, que los flujos de las personas no queden frenados por la frontera que es hoy[6].

 

Lo que sí es evidente, y en lo que también parecen coincidir parte de los movimientos vecinales de la ciudad, es que la reforma podría ser necesaria, pero siempre que sea abordada desde el prisma del modelo de ciudad, ampliando el objetivo y teniendo en cuenta consideraciones transversales de forma que fuera ligada, tal y como comentaría Reme, al eje “Catalunya-Universidad-Urquinaona, que es la vía del acceso del Eixample y el resto de la ciudad al área marítima”[7].

 

Aunque según declaraciones recientes,[8] entre las prioridades de los comunes no se encuentra reformar la Via Laietana, sin embargo, esta formación podría ser prisionera de la retórica que siempre acompaña a sus declaraciones: la necesidad y urgencia de procesos participativos que tengan en consideración a los barrios, al espacio público y que conviertan este tipo de emplazamientos en verdaderos ejes cívicos. De este modo, parece comenzar a cundir cierta preocupación por el resultado del pulso que el Gobierno municipal mantiene con poderosas instancias turísticas y financieras o, simplemente, porque éste se vea incapaz de cumplir con algunas de las expectativas levantadas. En este sentido, y en relación a la moratoria hotelera, la propia Reme expresaba su inquietud cuando comentaba que ésta

 

[…] existe mientras se apruebe el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), que todavía no está claro que se apruebe y, aparte de los hoteles, está todo el tema de los apartamentos turísticos, que no se pueden hacer desde hace años, pues siguen existiendo y se siguen creando[9].

 

A este respecto habría que añadir las palabras de Marieta cuando afirma que

 

[…] el tema de los pisos esos que hacen para turistas, los pisos turísticos, tiene otra tela. ¿Que esa gente te viene a la hora que sea, con griterío por la calle o las escaleras? ¿Que vienen borrachos o lo que sea y son molestos? Pues claro, están de vacaciones y te vienen borrachos, pues ¡viva la Pepa! (sic) Que te vienen de un bar ahí por el Borne…, pues eso también es otra cosa, que no sé cómo lo hacen…, como se lo permiten[10].

 

Y, para finalizar, la inquietud mostrada por Juanita, propietaria de un bar de la Barceloneta, cuando, en relación a las iniciativas destinadas a controlar el ruido de las calles, señalaba que

 

[…] aquí, justo fuera del local, me vinieron los del Ayuntamiento, hace dos semanas o así, e instalaron un cucurucho ahí encima, al lado de la farola. Dicen que es un sensor para captar sonido, para medir cuanto ruido hacemos en la calle […]. Pero, ¿quién soy yo para mandar a callar a la gente? Es que la calle no es mía, yo les puedo decir algo a mis clientes aquí dentro, en mi local, que si se ponen un poco así espiritosos y eso que se calmen. Pero fuera, en la calle, yo no mando, ni me atrevo yo a mandar o decirle a la gente que se calle o se mueva para otro lado[11].

 

En definitiva, la reforma de la Via Laietana nos pone frente a la necesidad de enfrentar cómo se lleva a cabo la distribución y apropiación de los recursos que produce la propia ciudad. Como señalara el geógrafo David Harvey,[12] lo que está en juego no es sólo la reforma de una de sus avenidas, aunque sea principal, sino qué tipo de ciudad queremos, algo que no puede desligarse, bajo ningún concepto, de las relaciones sociales que en ella se proyectan, de los estilos de vida, de las tecnologías o de los valores estéticos que queremos mostrar. Será al detallar este modelo que será posible ver si los poderes públicos entienden que toda intervención urbanística supone una prueba de justicia espacial demostrando, a la vez, que la ciudad por la que se apuesta deja atrás obsoletos modelos que no han traído más que una falsa, postiza y defraudadora Barcelona de escaparate.

 

[1] Entrevista realizada el día 15/04/2016 (ER 15/04/2016).

[2] Entrevista realizada el día 18/04/2016 (EA 18/04/2016)

[3] ER 15/04/2016

[4] Un artículo publicado en La Vanguardia del 27 mayo de 2013, por ejemplo, recogía que la capital catalana era la décima ciudad a nivel global en atracción de turistas.

[5] Entrevista realizada el día 13/04/2016 (EM 13/04/2016).

[6] EA 18/04/2016

[7] ER 1/04/2016

[8] Véase El País del 11 de abril de 2016.

[9] ER 1/04/2016

[10] EM 13/04/2016

[11] Entrevista realizada el día 05/05/2016

[12] Harvey, D. (2008) “El derecho a la ciudad”, en New Left Review, 53, pp. 23-39.

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