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El nuevo milagro de Christo: la turistificación del Lago de Iseo y la multiplicación de las ganancias.

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Proyecto de The Floating Piers, conocida como “La pasarela de Christo” |Foto: André Grossmann

Entrada disponible también en italiano

Giuseppe Aricó (OACU) y Rocco Monella (Investigador independiente)

Desde hace algunas semanas, el Lago de Iseo, en Lombardía (Italia), ha pasado de una notoriedad limitada a los entornos de las provincias prealpinas, a ser una localidad bajo los reflectores de los grandes medias internacionales. Todo ello ha sido posible gracias al mega-proyecto The Floating Piers (en castellano, “los muelles flotantes”), obra del artista estadounidense de origen búlgaro Christo Vladimirov Javacheff, en arte Christo. Ésta consiste en la instalación de una pasarela peatonal que se extiende sobre el agua unos 4 kilómetros y que permite al visitante andar –literalmente- por encima del lago.

La pasarela, que ve desfilar a centenares de miles de personas desafiando el bochorno veraniego, atraviesa el lago por el trecho más corto: el que desde la localidad Sulzano llega al municipio de Monte Isola y, desde ahí, se prolonga hasta el islote de San Paolo, propiedad de la familia Beretta, una de las principales productoras de armas a nivel mundial. Pese a las largas y extenuantes colas, numerosos visitantes han continuado acercándose a esta región lacustre, ubicada entre las provincias de Bergamo y Brescia, la cual ha quedado prácticamente blindada e inaccesible para los vehículos de los no residentes en la zona. Sólo autobuses, lanzaderas o trenes organizados permiten acceder a las localidades costeras desde las cuales salir para alcanzar, de diferentes maneras, la pasarela.

Ahora bien, no nos detendremos aquí a calificar el valor artístico de la obra: cada cual tiene su gusto y sentido del arte. Creemos que puede ser más útil, en cambio, realizar una reflexión sobre su significado económico, y por lo tanto político, sobre todo a raíz de las consideraciones surgidas, desde diferentes partes y con más o menos espíritu crítico, durante estos últimos días. Si bien el mismo Christo se ha mostrado preocupado, en varias ocasiones, por aclarar que todos los componentes de la pasarela respetan el impacto medioambiental, la petulancia y la ambición con la cual el artista prometió mesiánicamente hacernos “caminar sobre el agua” hacían prever que, consideradas la extensión y las infraestructuras de la región, el flujo de personas no sería sostenible a nivel no sólo ambiental, sino sobre todo humano.

Es así que, mientras hacen cola bajo el sol, muchas personas comienzan a sentirse mal y, a menudo, el cansancio y el estrés acumulado llegan a producir brotes de mal humor y falta de lucidez entre los impacientes visitadores. Hace apenas unos días, en el principal y filoclerical periódico bergamasco, L’Eco di Bergamo, un voluntario de la Cruz Roja criticaba tajantemente la falta de “sentido común” que, a su parecer, caracterizaba a muchísimas personas que visitaban la obra, hacia la cual –a pesar de todo- no se mostraba ideológicamente contrario:

“[..] he llegado aquí, como muchos otros colegas enviados desde media Lombardía, para echar una mano y apretar muchas. Ya no recuerdo cuanta gente he socorrido, cuantas pasiones he vivido, cuantas informaciones hemos dado: lo más divertido ha sido cuando nos preguntaron si desde Monte Isola era posible ir en bus a Iseo. No, señor con panamá de faja azul, lo siento: ¡puede preguntar a cualquiera, pero puedo asegurarle que realmente no es posible! […] Muchísimas personas se sienten mal y todas están rigurosamente sin sombrero; bebés en brazos de desgraciados papás bajo el sol y mamás ausentes, más atentas a buscar la mejor pose para ‘postear’; abuelas a punto de entrar en el geriátrico que se desmayan tras pocos centenares de metros; hombres y mujeres recientemente operados del corazón, con marcapasos cardiacos a la vista; algunos que acaban de sufrir un ictus, otros con prótesis de piernas o traumas varios”.

Gran afluencia de visitantes en la “Pasarela de Christo” | Foto: http://www.ecodibergamo.it/

Gran afluencia de visitantes en la pasarela | Foto: http://www.ecodibergamo.it/

Y es así que, desgraciadamente, el pasado sábado 25 de junio, ocurrió una tragedia: debido a un malestar imprevisto, una chica de 27 años cayó al agua y murió, a pesar de que, en una situación tan delirante como ésta, los primeros auxilios intervinieron rápidamente. Decenas de personas se desmayan cada día, decenas las que necesitan asistencia médica, así como decenas y decenas son las discusiones entre las personas que esperan en la cola su turno para acceder a la pasarela o para subirse a una lanzadera que les permita salir de la zona roja. Decenas son, por lo tanto, también las Fuerzas del Orden, llegadas desde numerosas localidades lombardas, ya que pequeños núcleos como Monte Isola, Iseo e Sulzano –que juntos suman menos de 14.000 habitantes- no disponen del personal necesario para gestionar el vaivén cotidiano de tantas miles de personas.

Por otro lado, tal y como declaraba el mismo voluntario de la Cruz Roja, las personas de paso comen, beben, producen basura, necesitan servicios higiénicos y papeleras: los primeros impracticables y las segundas prácticamente inexistentes. Con respecto a las primeras dos funciones, las que garantizan fáciles ganancias, resultarían profundamente significativas las observaciones de un voluntario, según el cual, muchos comerciantes habrían hecho su agosto gracias a este imprevisto y desproporcionado proceso de turistificación del lago.

Sin embargo, el impacto del mismo habría favorecido, directa o indirectamente, también a aquellos pequeños y grandes comerciantes que han aprovechado la ocasión para especular de forma claramente fraudulenta: “[…] vender una botella pequeña de agua a 2 euros, o incluso a 2,50 euros, es vergonzoso y sin un mínimo de ética comercial. Me he informado yo mismo: el coste para el comerciante es de unos 10-12 centavos por botella, dependiendo del número de piezas, o incluso menos. […] Y también bocadillos con una penosa porción de salchicha por 4 euros cada uno… Todo ello no deja recuerdos positivos”.

En cambio, respecto a las otras dos funciones, esto es, la eliminación de residuos o la provisión de servicios higiénicos, los gastos están a cargo del erario público, así como lo están los gatos de logística, de gran parte del personal de vigilancia, de las fuerzas del orden, de los transportes, etc. Un inciso: los costes necesarios para el diseño, la elaboración e instalación del mega-proyecto, que juntos suman un total de 15 millones de euros, habrían sido integralmente financiados por el mismo Christo, es decir, estos elementos no habrían implicado ningún coste a las administraciones locales.

En otras palabras, el evento sería un inmejorable ejemplo de aquella antigua, pero aún muy en boga, práctica que exige privatizar las ganancias y socializar las perdidas. En principio este aspecto no representaría ninguna novedad –diríamos-, pero sorprende que centenares de miles de personas parecen no mostrarse mínimamente preocupadas por este tipo de cuestiones, así como asombra el hecho de que casi nadie haya levantado la voz para criticar una serie de fenómenos aún más graves. Quizás podríamos reconsiderar la verdadera finalidad de esta gran instalación haciendo hincapié en las reflexiones avanzadas por el economista José Manuel Naredo sobre la “naturaleza perversa y meramente extractiva de los mega-proyectos”:

“La creencia de que la actividad económica está regida por la producción y el mercado induce a presuponer, de entrada, que apunta a fines utilitarios buenos de por sí y a cubrir demandas insatisfechas. Presupone también que las empresas trabajan para fabricar y vender bienes y servicios socialmente útiles. La gente no llega a entender que es justo esa la ideología económica dominante de la producción y del mercado la que encubre la naturaleza meramente extractiva de los megaproyectos y el manejo meramente instrumental de las empresas que colaboran en el empeño. Pues el objetivo de producir bienes y servicios o de cubrir demandas insatisfechas, deja de ser la finalidad del megaproyecto, para convertirse en mero pretexto justificador del mismo que oculta su verdadera finalidad, a saber: el latrocinio extractivo directo, en alguna de sus fases de desarrollo, asociado a la obtención de concesiones, de reclasificaciones de terrenos y/o al manejo de abultados presupuestos aportados o avalados por el Estado o sufragados por amplios colectivos de accionistas, usuarios o contribuyentes. Pues bajo el paraguas ideológico de la producción, se oculta un juego de suma cero, en el que el lucro y las plusvalías obtenidos por algunos, han de acabarlos pagando otros”.

Desde esta óptica, la mera presencia de una obra de arte –es decir, algo que nadie se atrevería a cuestionar puesto que cualquier expresión de rechazo implicaría automáticamente ponerse en contra de lo que la sociedad fetichiza como “Arte” o “Cultura”, en mayúsculas- es exactamente el pretexto que justifica y permite, en tiempos más o menos breves, la potencial revalorización del territorio en pos de los intereses privados del Capital inmobiliario, turístico, hotelero, etc.

En el caso específico de la pasarela di Christo, el método extractivo, considerado aparentemente exento de riesgos sobre todo por parte de las administraciones locales, funcionaría de manera mucho más simple de lo que pueda parecer. Éste consistiría en la atracción de ingentes porciones de visitantes para convertirlos, literalmente, en consumidores o clientes –que no en usuarios– de un “espacio público” que, debido precisamente a la presencia del Arte, se presume dotado de una mayor calidad y exclusividad. Un espacio público consustancialmente etéreo y armónico, por el cual los visitantes deambularían serenos en pos de una fantasmagórica igualdad de clase y, sobre todo, al amparo de la misma libertad que define las actuales leyes de mercado.

El islote de San Paolo, propiedad de la familia Beretta | Foto: Marcello Bertorello

El islote de San Paolo, propiedad de la familia Beretta | Foto: Marcello Bertorello

Tal y como declarara el mismo Christo durante la presentación del mega-proyecto, celebrada en Roma el pasado abril en el marco del Maxxi, los visitantes podrían “recorrer el muelle en total libertad, a lo largo y ancho de su extensión total, sin límites, porque no habrá un solo acceso vinculado con una dirección a seguir”. Es suficiente pensar que, a pesar de los difíciles trámites burocráticos y los innumerables permisos solicitados, el islote del fabricante de armas Beretta –espacio inalcanzable por los comunes mortales- ha sido finalmente incluido como parte integrante de la instalación y convertido, estratégicamente, en el principal punto de atracción de la obra. Un detalle que merece ser tomado especialmente en cuenta si consideramos la publicidad indirecta que la instalación artística ha ofrecido a la gran compañía de armas.

No es casual, además, que no sólo muchos comerciantes, sino también numerosos constructores de la zona –más o menos responsables de cierta especulación inmobiliaria- auspicien que la experiencia se traduzca en grandes negocios, apostando por un incremento sustancial del “turismo de calidad” catapultado directamente desde otras ciudades ya ampliamente turistificadas, como las cercanas Milán y, en particular, Venecia. En efecto, la reciente y masiva llegada de un número incontrolable de turistas, de famosos y/o millonarios internacionales deseosos para comprar o construir sus mansiones en las colinas que se levantan alrededor del lago, así como la rápida proyección a escala global de la pasarela, serian sólo algunos de los síntomas inequivocables de un demencial y, a la vez, imparable proceso de mutación socio-espacial del territorio lacustre.

El actor estadunidense Willem Dafoe con su lancha rápida por el Lago de Iseo | Foto: San Marco

El actor estadunidense Willem Dafoe con su lancha rápida por el Lago de Iseo | Foto: San Marco

Se trata, con toda probabilidad, de un proceso momentáneamente silencioso que se impone sobre el espacio físico y social de forma casi homeopática, pero que, al mismo tiempo, es profundamente violento. Un proceso intrínsecamente determinado por una larga serie de dinámicas socio-económicas de carácter global y que, sin embargo, se reproducen localmente con el riesgo de barrer del territorio lacustre todo lo que en él se encuentra actualmente: las áreas forestales, las tabernas de pescadores, los círculos asociativos locales y, mucho más temprano de lo que se pueda imaginar, los habitantes “de toda la vida” de Sulzano, Iseo y Monte Isola.

Conste que no hay nostalgia en estos párrafos: sencillamente, a la luz de los tiempos que vivimos y a partir de los supuestos que se acaban de analizar –los cuales se ven respaldados por la mala gestión de la pasarela-, parece improbable que ese mega-proyecto haya sido gestionado en orden a generar un actividad económica realmente relevante para las comunidades locales, además de ser capaz de devolver al público lo que el público pierde a causa de las infraestructuras y el soporte económico y humano que debe proporcionar. Sin embargo, será sólo a partir de la próxima semana, es decir, una vez desmantelada la instalación, que podremos realmente empezar a comprender cuántos y cuáles han sido y serán los beneficiarios de este nuevo gran “milagro” de Christo. Un milagro que, al fin y al cabo, turistificando el entorno y multiplicando las ganancias, pretende únicamente convertir un territorio ya de por si exclusivo –y por lo tanto excluyente- en un nuevo “espacio público de calidad”, esto es, devotamente consagrado al turismo de masa, al ocio y al consumo visual.

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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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De proletarios a propietarios, o los origines de la lógica espacial del urbanismo neoliberal.

por Giuseppe Aricó (OACU)

A principios de los ’70 el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona encargó al fotógrafo santanderino Julio Ubiña la realización de un video que promocionara los entonces vanguardistas “polígonos de absorción”, esto es, conjuntos residenciales alejados del centro y destinados a reabsorber la población chabolista asentada en los cada vez más rentables intersticios de la Ciudad Condal. A pesar de su absoluta –pero comprensible- falta de criticismo, no hay duda de que el vídeo representa una clara evidencia de aquella retórica perversa que caracterizó las lógicas urbanísticas de la época franquista y que, sin embargo, sigue hoy día perpetrando su legado en el actual urbanismo de corte neoliberal.

El hecho es que, a partir de los ’60, la economía española empezó a desarrollar una gran dependencia del sector bancario-inmobiliario, el cual jugó un papel clave en la configuración del espacio económico y, por ende, social del Estado. De ese modo, el crecimiento de las principales metrópolis durante el franquismo implicó una potente expansión del mercado inmobiliario en general, especialmente en el sector constructor y promotor de la vivienda social. Sería precisamente este aspecto el que supuso enormes repercusiones en la reposición del patrimonio inmobiliario del Régimen gracias a una política de vivienda que se basaba en incentivar el concepto de propiedad entre la ciudadanía.

En 1959, año que marcaría un verdadero punto de inflexión para la política autárquica del franquismo, el entonces ministro de Vivienda José Luis Arrese ensalzaba el trabajo de los “agentes de la propiedad inmobiliaria” afirmando que “[…] la misión que de una manera concreta está encomendada a vuestro quehacer diario, es la de intervenir en la transacción de la propiedad inmobiliaria; pero para ello, para que haya transacción, es preciso que primero haya propiedad; y mirad por dónde, repito, os vamos a necesitar cada vez más, porque cada vez más claramente y sin torceduras vamos a fomentar la propiedad privada. […] No queremos, y lo consideramos un mal, aunque a veces sea un mal necesario, que la construcción derive de un modo colectivo hacia el arrendamiento, […] la fórmula ideal, la cristiana, la revolucionaria desde el punto de vista de nuestra propia revolución, es la fórmula estable y armoniosa de la propiedad […]. Queremos un país de propietarios, no de proletarios”.

Las palabras del ministro Arrese, renombrado arquitecto falangista, respondían claramente a la necesidad política y económica del Régimen de redistribuir territorialmente los sectores más desfavorecidos de la población en nombre de la hegemonía absoluta de lo que algunos autores definen como la “cultura de la propiedad”. En esta dirección, el objetivo político de las fuerzas dominantes era estimular la propiedad de la vivienda como elemento básico de pertenencia, sobre todo entre las clases proletarias, reforzando así las políticas extremadamente conservadoras y de control social del Régimen. En otras palabras, tal y como señalan investigaciones más recientes, “el desarrollo del capitalismo inmobiliario se ‘incrusta’ profundamente, desde sus inicios, en unas formas de reproducción social muy singulares, caracterizadas entre otras cosas por la elevación de la vivienda en propiedad a elemento cúspide en la organización de la unidad doméstica obrera”.

Es en este contexto social y político, caracterizado por una verdadera lucha institucional contra la renta limitada, donde se enmarcan el Plan de Urgencia Social para Barcelona, presentado en 1958, y el Plan de Supresión del Barraquismo de 1961. Ni tiene que decir que las medidas estratégicamente concebidas y planificadas dentro del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959, como los Planes de Desarrollo o los Planes de la Vivienda, fueron ejecutadas a partir precisamente de la década de los ’60, es decir, en un momento crucial para el proceso de estabilización social y política del Segundo Franquismo. En este sentido, la finalidad del Plan de Supresión del Barraquismo no era tanto “dignificar” a los chabolistas mediante la provisión desinteresada de vivienda social, sino más bien acabar rápida y definitivamente con todos los asentamientos de autoconstrucción, sobre todo con los que surgían en espacios particularmente rentables en términos urbanísticos.

Para ello, las instituciones empezaron a planificar el desplazamiento sistemático de numerosos chabolistas hacia las periferias urbanas de las grandes ciudades, ahí donde serían realojados en grandes bloques de viviendas verticales. A finales de los ‘60, el entonces alcalde de Barcelona, Josep María de Porcioles, proclamó que los restos del chabolismo en la capital serían definitivamente erradicados con la construcción de nuevos “polígonos de absorción”, edificados en pos de una vivienda “adecuada”, “digna” y “en propiedad”. En esta dirección, los polígonos de Canyelles, en Nou Barris, y de La Mina, en Sant Adrià de Besòs, representarían, dentro del marco del Plan de Supresión del Barraquismo, las dos operaciones más emblemáticas efectuadas por el Patronato Municipal de la Vivienda para realojar a numerosas “familias chabolistas” del área metropolitana de Barcelona.

Relegados a la periferia o a áreas rurales cercanas a las ciudades y ubicados en terrenos de escaso valor ambiental, los polígonos de la era porciolista no eran sino una pantalla tras la cual ocultar las causas reales del progresivo aumento de la desigualdad socio-espacial que venía perfilándose sobre todo el territorio nacional. Efectivamente, la alta densidad habitacional que llegaron a registrar esos polígonos, sin buenos transportes y comunicaciones, con escasos o nulos equipamientos, con una mala calidad de construcción y un reducido tamaño de las viviendas, respondían a la absoluta falta de interés del Régimen por comprometerse de verdad con los problemas sociales y económicos de la época.

En definitiva, especialmente durante las “décadas doradas” del desarrollismo, los tecnócratas de Franco no se habrían preocupado por solucionar las condiciones sociales, laborales o de vivienda de la población más desfavorecida, sino por encontrar la manera más rentable de “mejorar” y explotar la capacidad productiva del proletariado. Una estrategia económica, que no una política social, que en cierta medida marcaría los orígenes de la lógica espacial que tan íntimamente caracteriza el actual urbanismo neoliberal, aquel que ya no aspira simplemente a planificar la ciudad y, por ende, la vida y las conductas de sus habitantes, sino que se obstina en convertir los vecinos en clientes.

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Mercados municipales abandonados: Disputas y conflictos en Madrid y Brasilia.

Por Adrián Hernández-Cordero, geógrafo

En un trabajo reciente discutí sobre los mercados públicos en la ciudad[1], entendidos como viejos equipamientos que por diversas razones (cambios en los patrones de consumo a partir del surgimiento de los supermercados y la política de desinversión gubernamental) a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado han experimentado un proceso de deterioro. Sin embargo, en los últimos años han sido redescubiertos por los gobiernos y la iniciativa privada como infraestructuras con un alto potencial económico, debido a su valor patrimonial, su tamaño y ubicación estratégica. Estos factores los hacen sumamente rentables a partir de las políticas de gentrificación que se están llevando a cabo en diversas ciudades, sobre todo en los centros urbanos. Cabe recordar al mercado de Santa Caterina que fue el Caballo de Troya[2] de la gentrificación en el barrio barcelonés del Born. El mercado fue utilizado como el motor de transformación social y urbanística del vecindario a partir de su reconstrucción, que se demoró por varios años, implicando la muerte del sector comercial y de alguna manera del espacio público que se conformaba en torno a éste y que articulaba la vida social[3].

Existen otras experiencias que nos hacen pensar que otros mercados y ciudades son posibles. Actualmente se está llevando a cabo una lucha ciudadana por recuperar el abandonado mercado de frutas y verduras del barrio obrero de Legazpi, en lo que se puede considerar la primera periferia madrileña. El mercado estuvo activo hasta la década de los años ochenta cuando fue cerrado por la inauguración de Mercamadrid.  Mientras de decidía su futuro el Ayuntamiento instaló en el recinto diversas oficinas públicas hasta que en 2007 advirtió en el centro de abasto una oportunidad para explotarlo económicamente. A partir de entonces se comenzaron a plantear varios proyectos en conjunto con la iniciativa privada. La recuperación del mercado de Legazpi no fue casual, se vinculó con una serie de operaciones de especulación inmobiliaria llevadas a cabo al sur de Madrid que buscaban revalorizar este sector. Muestra de ello es la construcción junto al Manzanares del parque lineal Madrid Río en 2005 y la rehabilitación del antiguo rastro de la capital española en un espacio cultural monumental denominado Matadero. Así, dos conceptos reificados y sacralizados: cultura y espacio público servían para justificar sendas operaciones urbanísticas que pondrían en el mercado inmobiliario un sector depreciado y de paso servirían para borrar su carácter obrero e inmigrante.

El último gobierno del Partido Popular en el Ayuntamiento en Madrid tenía la intención de convertir los 40.000 metros cuadrados el mercado de Legazpi en un centro gourmet con una zona de tiendas, gimnasio, espacio cultural y un aparcamiento subterráneo con 800 plazas. Sin embargo, no contaba con la movilización social de los vecinos de Arganzuela y diversos colectivos que se organizaron para reclamar la cesión del mercado como un centro autogestionado. Así, surgió el Espacio Vecinal Arganzuela que desde 2014 comenzó con un proceso asambleario en el que los habitantes han construido un proyecto para el mercado, además de realizar diversas actividades culturales que han ido construyendo un espacio de encuentro.

A más de 7, 000 km de distancia, en otra ciudad capital como Brasilia, existe otro ejemplo de contestación urbana igualmente potente: el Mercado Sul Vive,un antiguo equipamiento abandonado en la periferia del Distrito Federal, concretamente en el sector obrero de Taguatinga.  La ocupación aconteció en febrero del 2015 en el contexto de varias tomas de solares que se desarrollaron de manera simultánea por el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto. El Mercado Sul fue construido en los años 50 y fue unos de los primeros centros de abasto del Distrito Federal. A partir de la llegada de los supermercados y las calles comerciales que caracterizan a la ciudad, los locatarios del mercado quebraron, quedando sus instalaciones inermes y/o usadas como bodegas, generando su progresivo deterioro.

Ante este panorama diversos colectivos plantearon la ocupación del mercado, conscientes que está acción se inscribía como una forma de resistencia ante el proceso de especulación inmobiliaria que experimenta Brasilia. Los colectivos de activistas y artistas del vecindario han llenado de vida y actividades al mercado y sus calles circundantes mediante la realización de actividades culturales populares fuera de la industria cultural y del mainstream imperante. De esta forma, han generado un espacio de articulación vecinal que busca ser reconocido como autogestionado y de pasó reivindicar a través de la declaratoria patrimonial la salvaguarda del edificio por su valor histórico; ello resultaría trascendente en una ciudad que sólo ha reconocido las faraónicas y asépticas obras de los arquitectos que la edificaron. Lograr el nombramiento patrimonial implicaría el enaltecimiento de la memoria obrera de los candangos[4] sistemáticamente despreciados y a los que Brasilia les debe tanto, ya que fueron sus verdaderos constructores.

El Espacio Vecinal Arganzuela y el Mercado Sul son ejemplos de que los mercados públicos en desuso pueden ser disputados por los habitantes a los poderes fácticos que dirigen la ciudad: política y dinero. Ambos mercados a partir de procesos de organización social y con el desarrollo de actividades artísticas y culturales han logrado darle mayor potencia a su movimiento. La organización y toma de consciencia de clase muestra que la colonización urbana del neoliberalismo puede ser confrontada desde las periferias, las cuales toman un papel central en las disputas por la ciudad y en defensa de lo urbano.

[1] “Los mercados públicos: Viejos equipamientos, nuevos usos en la ciudad. Reflexiones a partir de Barcelona”, comunicación presentada en el 5° Seminario Internacional Ciudad, Comercio y Consumo, celebrado en la UNAM, México. Octubre de 2015. http://www.ccc.unam.mx/pdf/4B-Adrian%20Hernandez%20Cordero.pdf

[2] El antropólogo Jose Mansilla del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà me sugirió está acertada metáfora en el debate del Seminario Contested Cities, celebrado en Madrid durante diciembre de 2013.

[3] Más detalles en “Gentrificación comercial y mercados públicos: El mercado de Santa Caterina, Barcelona”. Working Paper Series. http://contested-cities.net/working-papers/2014/gentrificacion-comercial-y-mercados-publicos-el-mercado-de-santa-caterina-barcelona/

[4] El término candango originalmente se utilizó en Brasilia para denominar de forma peyorativa a los trabajadores inmigrantes de otras regiones brasileñas, sobre todo del nordeste, que llegaron a laborar en el ramo de la construcción. Actualmente de forma informal las personas nacidas en Brasilia o avecindadas allí se les conoce de la misma forma.

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Towards a New Urban Agenda, o de como los gobiernos pretenden someter nuestras vidas bajo la disciplina del valor de cambio.

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

Joan Clos durante un acto celebrado el pasado 17 de febrero en Quito (Ecuador) | Fuente: http://www.holaciudad.com/

por OACU

Cada 20 años, Naciones Unidas celebra un macro evento mundial de varios días para hablar sobre el concepto de “hábitat”, esto es, vivienda, sociedad alrededor del hábitat, etc. El próximo octubre de 2016 se celebrará en Quito, Ecuador, la tercera edición de ese evento denominada UN HABITAT III. La semana pasada, en Praga, tuvo lugar la reunión preparatoria de la región europea, formalizada a través de los Estados integrados en la UNECE que estarán presentes en Quito. El diálogo entre éstos, que ha tenido lugar los días 16, 17 y 18 de marzo, se transmitió públicamente vía streaming y desde el OACU hemos decidido no perdernos este importante acontecimiento. Entre otras cosas, es interesante saber que la persona que ocupa el cargo de Chairman sobre el tema en Naciones Unidas es el inefable ex alcalde de Barcelona Joan Clos, el cual, desde el 2010, ocupa el cargo de Director Ejecutivo del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT).

La cuestión –para entender mejor el contexto en el que se celebró la reunión preparatoria- es que el concepto de urbanization,[1] que podríamos traducir entendiéndolo en su acepción de “crecimiento urbano”, ha sido recientemente incorporado como uno de los elementos clave para el supuesto desarrollo mundial. Sería precisamente por esa razón que las regiones europeas se muestran actualmente obsesionadas por determinar (léase inventar) los contenidos de una New Urban Agenda, que se aprobará en la próxima edición a partir de lo que resulte tanto de las diferentes reuniones regionales, como de lo que se discutirá en Quito. Se trata, sustancialmente, de elaborar y promover un enfoque de ciudad sostenible, saludable, inteligente, inclusiva y todo un largo etcétera de ideales retóricos y meramente imaginarios con los cuales pretenden darnos a creer que viviremos mejor en el futuro, en nuestras ciudades y gracias a nuestras ciudades, aunque proyectando éstas no tanto como espacio de socialización y convivencia, y más como organización administrativa y control político bajo las directrices del mercado.

La sesión inaugural de las 10.00 se celebró en el hall principal, repleto de paneles que pretendían describir lo que se entendería a nivel institucional por hábitat: urbanismo, planificación urbana, revalorización patrimonial, pero sin hacer mención alguna –por lo menos no de forma explícita- al contexto urbano en el que nos relacionamos socialmente. Los paneles hablan de inversiones, del poder de decisión sobre las comunidades a través de la planificación de sus vidas y posterior control de sus acciones, del importancia del turismo para el bienestar de nuestras ciudades, pero obvian, en todo momento, la presencia de las personas, de las tensiones sociales o del espacio social en el que se prevé la cabida de todos y todas.

La apertura de la sesión estuvo protagonizada por una serie de personajes claves, entre los cuales destacaron las intervenciones de Karla Šlechtová, Ministra para el Desarrollo Regional de la Republica Checa, y la del ya mencionado Joan Clos. En la presentación de la Ministra se repitieron a menudo conceptos como sostenibilidad, crecimiento, vida en las ciudades, medio ambiente, accesibilidad a la vivienda, accesibilidad del turismo, GDP (Gross Domestic Product, lo que en nuestro contexto sería el PIB), etc. En otras palabras, el contexto de su speech se centró principalmente en la idea de “crecimiento” alrededor de lo económico y lo urbanístico. Šlechtová se esmeró en su discurso y citó ejemplos sobre “arquitectos importantes” y sobre cómo la planificación urbanística checa está aportando a su país un notable “crecimiento”, un eufemismo tras el cual no se escondería sino el concepto de plusvalía.

“¿Cómo haremos las ciudades más vivibles?”, se preguntó la Ministra poniendo ejemplos del marco legal vigente en la Republica Checa y señalando los choques competenciales entre administraciones. Sostuvo la importancia de hablar al respecto de esa cuestión esperando que la reunión sirviera para avanzar en ello, es decir, en la posibilidad de hacer “vivibles” las ciudades desde la planificación administrativa y política. Pero no se hizo ninguna referencia a la sociedad y su capacidad auto-organizadora, así como tampoco a su derecho a una gestión urbana espontánea. En cambio, habló de “responsabilidad de todos: administraciones, políticos, arquitectos, urbanistas, promotores y otros grupos de interés”, sin mencionar a ningún otro actor social. Šlechtová cerró su presentación hablando también de “exclusión social” y se preguntó: “¿Cómo podemos hacer felices a la gente que vive en esta situación?” Por ello, pidió un debate “interactivo y rico, que invite a encontrar respuestas”. Nada más.

La sesión de apertura dejó espacio al Chairman de Habitat III, Joan Clos, que abrió su discurso agradeciendo a todos los profesionales de los distintos topics a debatir y continuó agradeciendo más y más. Seguidamente, presentó a Habitat III como la gran ocasión para “abrirse” no sólo a las autoridades locales, a las que considera las principales destinatarias del programa, sino también a otros stakeholders, esto es, a los tan etéreos grupos de interés de toda la vida que tratan de incidir –a menudo en su propio favor- en el proceso de toma de decisiones públicas. Efectivamente, Clos ni siquiera llegó a nombrar a dichos grupos y, sin embargo, nos advirtió de lo que va a suceder en tema de urbanización los próximos 20 años anunciando, con cierto tono mesiánico, que asistiremos a una gran transformación, como si se tratara de la más grande nunca vista en la historia de la humanidad.

Según el Subsecretario General de Naciones Unidas –cargo que Joan Clos recubre conjuntamente a el de Director Ejecutivo del Programa ONU-HABITAT-, el continente asiático, en particular China e India, ha sufrido y seguirá sufriendo una tremenda transformación de impacto planetario, pues el paso de estos países de su condición rural a urbana nos afectará de forma global.[2] La ONU calcula que durante los próximos 20 a 40 años el total de la población mundial –actualmente estimada en 7.000 millones de personas- alcanzará la cifra de 9.500/10.000 millones de habitantes, la mayoría de los cuales vivirán en ciudades. En palabras de Clos, “the urbanization growth will increase”, lo cual implicaría que lo que crece no serían tanto las ciudades, sino la expansión del proceso de urbanización de corte neoliberal que atenaza hoy día a las principales metrópolis. Poco después, el ex alcalde volvió sobre sus pasos y admitió que el número de personas que viven actualmente en ciudades se doblará pasando de unos 3.500 millones de habitantes a un total aproximativo de 7.000 millones. A partir de ese momento, Clos empezó a utilizar un cierto tono dramático, señalando que ese crecimiento será tremendo, representando “un gran desafío para las próximas dos generaciones”, en definitiva, “una gran transformación planetaria” que no podemos ni siquiera imaginar.

Clos sostuvo además que, desde una perspectiva global, la urbanización de algunas ciudades no contaría con estímulos ni incentivos suficientes y añadió que, a pesar de ello, las ciudades seguirán creciendo. Probablemente se refería al caso de algunas ciudades de Asia y África, las cuales, tal y como señalan algunos informes elaborados por la ONU, crecen al margen de las autoridades, modelo a revertir con el objetivo de que las administraciones -mediante la planificación- lleguen a ser capaces de gestionar su desarrollo. Así mismo, advirtió que el próximo octubre de 2016, en ocasión de la celebración de Habitat III en Quito, se debatirán muchas cuestiones y se preguntó: “¿Qué va a pasar con nuestras sociedades? ¿Cómo conseguiremos adaptarnos al cambio para garantizar a las generaciones futuras sociedades que hereden un planeta happily, organized, with human dignity?” A ese respecto, anunció con orgullo que en Quito se dialogará sobre “sostenibilidad del crecimiento”, un concepto que en el marco de los Social Development Goals deberá aplicarse en términos de susteinable development. Es remarcable la insistencia en estos objetivos centrados en valores e ideales -un mundo más feliz, un mundo más digno-, objetivos realmente importantes pero que, presentados al margen de otros tan importantes como el finalizar con la injusticia social, equilibrar el reparto de riqueza o extender la participación efectiva en el diseño de las sociedades por parte de una mayoría de sus integrantes, no dejan de ser una mera declaración de intenciones de tono moralizante y vacías de contenido político.

En esa dirección, el Subsecretario General afirmó que es crucial interesarse por el tema de “ciudades y desarrollo” para poder contribuir al dialogo sobre esa temática y que fue precisamente gracias a ese interés que, en la reunión celebrada en Nueva York en 2013, se consiguió incluir el término urbanization como nueva herramienta para el desarrollo sostenible de las ciudades. Así, recordó que en el pasado se contemplaban problemas de vivienda, agua, exclusión, etc., pero no se incluía “urbanización” como herramienta para proporcionar prosperidad y desarrollo, sino como parte del problema. “¿Que quiero decir con eso?”, se preguntó, pasando a explicar que la clave del éxito está en la compresión e inclusión del concepto de “urbanización” como herramienta de desarrollo: “Es importante porque nuestra economía está cambiando”, afirmó y, de repente, asimiló como algo lógico los conceptos de “desarrollo” y “urbanización” con los “procesos económicos”.[3]

Clos sostuvo que la economía, antes, se basaba en el sector primario y que luego se pasó al sector secundario, la industria, pero el que tiene actualmente mayor proyección de futuro sería el sector terciario, que incluiría servicios como “turismo, viajes, enseñanza, publicidad”. Para Clos, los sectores que proveerían de trabajo hoy día son los que han sabido transformarse de primario a secundario, pero el 60% de la oferta laboral estará constituida por el terciario y se daría mayoritariamente en las ciudades. Así que éstas –deduce- serían clave en relación al potenciamiento de la economía mundial. La cuestión aquí no es tanto determinar si Clos tiene razón o hasta qué punto la tenga, cuanto entender si lo que está afirmando, o cuanto menos insinuando, es que cada ciudad constituye potencialmente una gran empresa o, lo que sería aún peor, una franquicia de una empresa única de escala global.

Pasó luego a hablar de las subprimes y de la crisis de las hipotecas sosteniendo que precisamente factores como éstos manifiestan que “el sector industrial de China tiende al decrecimiento”. Sin embargo, poco después titubeó y lanzó la enésima gran pregunta: “¿Que nos enseña la crisis?” Para pasar a responderse a sí mismo diciendo que hace falta una nueva forma de producción y que la ciudad tiene un rol mucho más importante que antes, a la par que tiene más información, más conectividad para dar fuerza a su importancia. “¿Están vuestras ciudades en su máxima capacidad en orden a dar bienestar a su población?”, preguntó a los asistentes, insistiendo en que, por primera vez el concepto de urbanization empieza a ser considerado como una herramienta para el desarrollo que propiciará muchos beneficios a las ciudades. Clos señaló que, entre dichos beneficios, cabrían “muchas cosas, como un cultural hub” y aseguró a los oyentes que, si se apuesta por una ciudad de modelo post-industrial, la probabilidad de crecimiento y de éxito será mayor.[4] Reconoció que gran parte del reto estará relacionado con generar “conocimiento”, cosa que requiere tiempo y formación específica, pero también el deber de invertir en la “city of the society” en los próximos 20 años.

Ligado a ello, sugirió que el modelo de las familias está cambiando en forma y medida y lanzó otra pregunta: “¿Cuál es la forma en que la ciudad se debe adaptar a ese cambio, que además avanza mucho más rápidamente que antes?”. Clos no dijo claramente a qué tipo de familia se refería, pero sí propuso un ejemplo concreto de “cambio”. Según el Subscretario, lo que ha pasado en lugares como Detroit respondería de forma paradigmática a ese “cambio de modelo”, al cual la ex ciudad industrial no habría sabido adaptarse. Dicho de otra forma, razones objetivamente más incisivas como el cierre de las fábricas de producción de General Motors u otras compañías, emigradas a otros países para incrementar beneficios, no tendrían nada que ver con el supuesto cambio de modelo al que se refiere Joan Clos. Obviando cualquier tipo de teorización alrededor del concepto de lucha de clases, sostuvo sencillamente que “los barrios arden en ciudades como Detroit porque los inmigrantes no están incluidos”.

En este sentido, Clos estaría dando, sin saberlo, la razón a autores como Neil Smith, Mike Davis o Loïc Wacquant cuando sostienen que los discursos políticos y económicos –si es que no son lo mismo- tienden a reducir sistemáticamente las problemáticas sociales centradas en la reivindicación de derechos a cuestiones que se presumen básicamente “culturales”, “étnicas” o “raciales”, determinadas –cuando no provocadas- por inmigrantes “marginales y delincuentes”. Por otro lado, habló de “los jóvenes” diciendo que éstos sueñan con una ciudad utópica, una ciudad “abierta a todo el mundo, donde reine la convivencia, con diferente gente viviendo junta”, y se preguntó: “¿Esto está cambiando?”. En el futuro, sostuvo, veremos “una evolución”, que clasificó de gran “interés antropológico” en tres ocasiones distintas aunque pasó inmediatamente por encima de la cuestión social a lo largo de todo su discurso.

Finalmente, Joan Clos concluyó su intervención explicando que dicha “evolución” se articulará alrededor de 4 temas clave, de los cuales el primero es el tan trillado concepto de “desarrollo”. El segundo consistiría en el cambio climático, fenómeno que relacionó con el mismo proceso de urbanización que acaba de elogiar y sostuvo, con cierta dosis de cinismo, que las ciudades más desarrolladas son directa o indirectamente responsables de la emisión descontrolada de gases nocivos para el medioambiente. Reclamando el deber que tienen los gobiernos del mundo para encontrar soluciones al respecto, anunció que el tercer tema clave para el desarrollo sostenible de las ciudades consiste en producir más empleo y seguir siendo el “lugar del encuentro y de la diferencia”. También añadió que aquellas ciudades que concentren la mayoría de la oferta de trabajo, “deben manejar las migraciones”, cuestión relevante puesto que “probablemente continuaran por un periodo de tiempo en un mundo globalizado”. Según Clos, éste es un tema muy importante porque “las ciudades proveen las herramientas para integrar”, lo cual no constituye sino una mera declaración de intenciones centrada en el discurso clásico de la aceptación del obrero en detrimento de la construcción social entre todos.

El cuarto y último tema clave traído a colación fue la desigualdad, cuestión que Clos argumentó diciendo que existen muchos trabajos mal pagados y que explotan al trabajador, a la vez que hay mucha segregación en las ciudades: “ricos a un lado, pobres a otro”. Afirmó que ese tema tiene mucha relevancia porque supone “importantes consecuencias, incluso por la paz”, y continuó hablando de “revueltas de trabajadores” mencionando también, como ejemplo de los riesgos que conlleva la existencia de desigualdad, que fue “un hombre inmolándose en Túnez en su protesta de orden socio-económico quien dio origen al terremoto político y social conocido como la Primavera Árabe”. Fue precisamente en ese punto cuando el Subsecretario no ofreció más razones que “la paz”, es decir, la ausencia de conflictividad por los derechos laborales como motivo para que no haya desigualdad. En definitiva, el mensaje aquí no sería reivindicar una lucha global y comprometida en contra de la segregación, la exclusión, la marginalidad, etc., sino la necesidad de abordar la desigualdad para acabar con la “conflictividad” que supuestamente caracterizaría a “los pobres” del mundo.

Notas

[1] La aproximación al concepto se realiza bajo las premisas del entrepreneurialism, un proceso descrito por David Harvey en su artículo From Managerialism to Entrepreneurialism: The Transformation in Urban Governance in Late Capitalism (1989). Según el geógrafo británico, el entrepreneurialism consistiría en una visión de la ciudad como elemento esencial para la continuación del proceso de acumulación capitalista. Para una definición crítica de urbanization, es interesante acercarse a las premisas establecidas por Manuel Castells en su clásico La Cuestión Urbana (1976), donde señala que ésta no sería más que “la producción social de las formas espaciales”.

[2] En este sentido, es destacable la obra de Mike Davis, Un planeta de ciudades miseria (2007), donde el sociólogo incide en la influencia del sistema capitalista global en el desarrollo de las ciudades presentes y futuras.

[3] En este sentido, parecen cumplirse las afirmaciones de Henri Lefebvre cuando, en la década de los ‘70, señaló en La Revolución Urbana (1972) que, “la urbanización, que hasta aquel entonces parecía que únicamente acompañaba a la dinámica industrializadora, empezaba a sustituirla como determinante de los procesos sociales”.

[4] Ejemplos sobre cómo dicha apuesta genera un ciclo de especulación existen en la propia ciudad de Barcelona, donde él propio Joan Clos fue alcalde desde 1997 hasta 2007. Para una visión sobre el tema, puede verse el artículo de I antropólogo Isaac Marrero ¿Del Manchester catalán al Soho barcelonés? La renovación del barrio del Poblenou en Barcelona y la cuestión de la vivienda (2003).

 

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El mercado do Bolhão, Oporto: Abandono, resistencia y turismo (2/2)

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Fuente: Mercado Bom Succeso. Fuente: mercadobomsucesso.com

Por Adrián Hernández Cordero, geógrafo

La situación actual del mercado do Bolhão, entre la decadencia y la turisitificación, me hace pensar en el papel reciente que desempeñan los mercados municipales en el contexto urbano que, en la experiencia europea, cada vez más tienden a la tematización y espectacularización de la ciudad. No hay que ir muy lejos, en la misma ciudad y a poca distancia, el mercado Ferreira Borges fue reconvertido en un centro cultural, o mejor dicho de espectáculos, que incluye sala de conciertos, teatro y restaurante. Asimismo, el mercado Bom Suceso en la zona oeste de Oporto (muy cerca de la emblemática y turística Casa da Música) se convirtió en el prototipo de mercado de la ciudad, algo que resulta antagónico al mercado do Bolhão.

Prácticamente al mismo tiempo se intentó reconstruir ambos mercados, el primero experimento un proceso de trasformación justificado en que “se volvió inadecuado para las exigencias del siglo XXI”[1]. Se destruyó su interior, conservando sólo la fachada y se desplazó a sus comerciantes. El resultado fue un equipamiento con nuevas paradas, restaurantes y un hotel de cuatro estrellas y oficinas. Según el portal web del centro del recinto es un “mercado orientado hacia una ciudad cada vez más ajetreada y que dicta tendencia”[2]. Este discurso es una réplica de otras experiencias (como el caso de Santa Caterina en Barcelona[3]) para justificar la implementación de lo que Harvey (1989) llama el empresarialismo urbano, que busca obtener el máximo rendimiento económico de los centros de abasto, así como entenderlos como polos de desarrollo económico y urbanístico.

Las mujeres comerciantes con varias décadas de su vida en el mercado do Bolhão nos dijeron que las cosas no eran como antes, que los vecinos del centro ya no iban a comprar allí y que los pocos clientes que tenían eran de hace mucho tiempo. Eso lleva a pensar quizá desde una perspectiva no romántica, si es posible rescatar y redimensionar el intercambio, la interacción y la proximidad que se construye entre comerciante y cliente[4] en los mercados. Ésta generalmente trasciende las dimensiones racionales y económicas, aproximándonos a entender la ciudad como un espacio de afectos y emociones lo que Tuan (1974) llama topofilia o Massey (1995) sentido de lugar. Está claro que esta geografía de las emociones contribuiría a generar el empoderamiento y la confrontación del modelo mercantil de ciudad que se busca imponer. De este modo, se ayudaría a engrosar la resistencia vecinal que ya en una ocasión logró paralizar las obras de destrucción del mercado do Bolhão, sin duda el triunfo de una batalla en la lucha por la ciudad.

Mirando desde la mirilla de la parte alta del recinto soy espectador del movimiento del mercado. Recuerdo la frase que dijo una vendedora que más o menos era así: “Si todo ha cambiado tanto por qué no habría de cambiar aquí”. Mientras esa frase hace eco, me doy cuenta que no sé cuándo volveré al mercado do Bolhão, pero de lo que estoy seguro es que será diferente, pues es un apetitoso espacio para la especulación inmobiliaria. Deseo que los comercios no se conviertan en tiendas de cadenas globales que proliferan en los centros históricos de varias ciudades del mundo y que los vacían de su esencia urbana. Comienzo a sentir saudade… pero luego recuerdo que el vuelo de Ryanair[5] a Barcelona saldrá pronto y me voy corriendo con cámara fotográfica en mano y, por supuesto, con algunos souvenirs.

Bibliografía

Abrantes, Jorge (2013), “Impacto das companhias aéreas de baixo custo no desenvolvimento dos hostels nas ciudades de Lisboa e Porto”, Capa, núm. 1, pp. 111-127.

Ariño, Antonio (2002), “La expansión del patrimonio cultural”, Revista de Occidente, núm. 250, pp.129-150.

Carballo, Francisco y Vania Costa (2014), “Success factors of regional airports: The case of Oporto airport”, Tourism & Management Studies, 10, pp. 37-45.

Harvey, David (1989), “From managerialism to entrepeneurialism: the transformation inurban governance in late capitalism”, GeografiskaAnnaler, núm. 71, pp. 3-17.

Hernández-Cordero, Adrián y Aritz Tutor (2015), “Espacio público: entre la dominación y la(s) resistencia(s). CiutatVella, Barcelona”, en: Arico, Giuseppe, Jose Mansilla y Marco Stanchieri (coords.), Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismoneoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol•len Edicions.

Hernández-Cordero, Adrián (2014), “Gentrificación comercial y mercados públicos: El Mercado de SantaCaterina, Barcelona”, Working Paper Series, Contested Cities. ISSN 23412755

Hiernaux, Daniel y Carmen González (2014), “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, Revista de Geografía Norte Grande, núm. 58, pp. 55-70.

González, Sara y Paul Waley Traditional (2012), “Retail Markets: The New Gentrification Frontier?”,Antipode, vol. 45, pp. 965-983.

Massey, Doreen (1995), «The conceptualization of place». En: Massey, Doreen y Jess, Patt (eds.),A place in the world?Places, Cultures and Globalization. Oxford: Oxford University Press, pp.: 45-85.

Rebollo, Alfonso (2012), “El mercado de Bolhao. Oporto”, Distribución y consumo, Nov-Dic, pp. 58-59.

Robles, Juan (2010), “Pequeños comerciantes: mediadores urbanos”, Revista Chilena de Antropología Visual, núm. 15, pp. 164-190

Smith, Neil (2001). “Nuevo globalismo, nuevo urbanismo”,DocumentsdAnàlisisGeogràfica, núm. 38, pp. 15-32.

Tuan, Yi-Fu (1974), Topophilia: a study of environmental perception, attitudes, and values, Nueva Jersey: Prentice-Hall.

[1] Texto obtenido del portal electrónico del mercado http://www.mercadobomsucesso.com/el-mercado/

[2] Ibíd.

[3] Puede revisarse Hernández Cordero (2014).

[4] Ver Robles (2010).

[5]Es importante poner atención en el impacto del incremento del turismo en Oporto en relación con la líneas low cost como Ryanair. Esta es la principal aerolínea de bajo coste que opera en el aeropuerto de la ciudad; según (Abrantes, 2013) en 2012 transportó cerca del 54 % del tráfico aéreo. Carballo y Costa (2014), indican que Ryanair opera en el aeropuerto de Oporto desde 2005 y dada la importancia del enclave aéreo, en 2009 instaló una base de operaciones. Entre 2006 y 2012 Ryanair incrementó su volumen de pasajeros, transitó de 625.000 a 2.770.000,operando 33 rutas.

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El mercado do Bolhão, Oporto: Abandono, resistencia y turismo (1/2).

Turistas en el interior del mercado do Bolhão | Foto: Adrián Cordero

Turistas en el interior del Mercado do Bolhão | Foto: Adrián Cordero

Por Adrián Hernández-Cordero, geógrafo

Después de algunas derivas urbanas por el mercado do Bolhão en diferentes visitas a Oporto me decidí a escribir unas líneas sobre éste. Debo confesar que los mercados municipales siempre me han resultado atractivos personalmente y últimamente como objetos de estudio, sobre todo porque son espacios que hasta hace mucho se podía encontrar la esencia de lo urbano, es decir, el movimiento, el intercambio, la espontaneidad y la diversidad. Sin embargo, a partir de los últimos años experimentan un proceso de trasformación que tienden a convertirlos en espacio tematizados y excluyentes que replantean su función y significado en la ciudad.

Mi primer encuentro con el mercado do Bolhão fue accidental. Al llegar a Oporto tenía que salir en la estación del metro del mismo nombre del mercado. Cuando emergí de la realidad subterránea me encontré con una obra de una arquitectura monumental que me impresionó. Mi curiosidad de turista, sí, turista (a veces a los investigadores olvidamos que también lo somos, aunque la propia actividad etnográfica implica observar, escuchar, sorprenderse y mirar mapas)[1] me llevó a dar una primera husmeada por el mercado, a pesar de que traía en mi espalda la típica mochila de montaña Quechua y mi cámara fotográfica en mano que a todas luces me delataba como turista o mejor dicho mochilero (esas figuras urbanas que causaban temor al ayuntamiento de Barcelona por su “presencia incívica”[2] en el espacio público ).

Por suerte cuando traspasé el umbral del mercado respiré con tranquilidad porque me di cuenta que mi presencia intrusiva con la caracterización de mochilero prácticamente pasaría desapercibida, debido a que la mayoría de asistentes éramos turistas. Este es un fenómeno cada vez más común en la península ibérica, me vienen a la mente los casos del mercado de La Boquería en Barcelona, el mercado de San Miguel en Madrid o el mercado Encarnación o las Setas en Sevilla. Toma mayor fuerza el aporte de Hiernaux y González (2014), quienes argumentan que el turista adquiere tal relevancia que deja de ser un visitante efímero para convertirse en una presencia que también produce la ciudad y que se yuxtapone con la de los habitantes.

El interior del mercado do Bolhão contrasta con su monumental fachada, debido a que se encuentra con un importante deterioro físico. Las pocas paradas[3] que aún quedan ofrecen sus productos; mientras que en la planta alta, la mitad de los comercios están vacíos. El mercado se encuentra en un estado ruinoso, lo cual parece difícil de comprender puesto que cuenta con una ubicación céntrica privilegiada. El menoscabo de los mercados no es casual, Gonzálezy y Waley (2012) señalan que existe una política pública de desinversión gubernamental en los mercados, generando un imaginario que se asocia al deterioro físico y social, así como a las clases populares. En el caso del mercado do Bolhão en la actualidad se halla en un profundo estado de menoscabo que ha servido para crear proyectos de “renovación”, aunque en realidad eran de destrucción.

Según el periodista Santos[4], en 2007, el Ayuntamiento propuso demoler el interior del mercado y mantener la fachada con la intención de crear un nuevo recinto que se ajustará a la época actual. Sin embargo, el proyecto tuvo una importante resistencia por parte de comerciantes y vecinos que argumentando la defensa del patrimonio paralizaron las intenciones gubernamentales. El movimiento vecinal (al igual que en el caso del mercado del Born en Barcelona), apeló el recurso patrimonial para lograr que el recinto no fuera derruido, asumiéndose como un agente activador de patrimonio (Ariño, 2002), interpretándolo como un bien público vecinal que distaba del proyecto oficial. Después vino la crisis económica que golpeó con toda su fuerza a Portugal, implicando que el mercado siguiera deteriorándose, sus comerciantes cerrando sus paradas y los clientes ausentándose.

En las diversas visitas al mercado, al caminar por sus pasillos encontré los rostros con arrugas y las miradas profundas de sus comerciantes. Prácticamente todas mujeres mayores que llevan varias décadas en sus comercios que mayoritariamente han sido herencia familiar. Ellas, a través de su actuar cotidiano, ejercen un acto de resistencia, ofreciendo en sus paradas algunas frutas, verduras, quesos y embutidos. Al hablar con ellas[5] mencionaban que las ventas se habían reducido porque los vecinos ya no asistían al mercado. Mayoritariamente se sostienen de lo poco que venden a los extranjeros, es decir, a los turistas que son el principal público, aunque ello no ha implicado que las paradas de alimentos perecederos desaparezcan. Contrariamente, en los últimos años han abierto nuevos comercios regenteados por personasmás jóvenes que básicamente ofrecen imanes, llaveros, manteles y todo tipo de recuerdos para que los visitantes puedan materializar su visita a Portugal.

El estado ruinoso del mercado y sus vendedoras en resistencia me hacen caer en cuenta que justamente ese es el atractivo que tiene el mercado para el turismo. Vuelvo a posicionarme como turista-mochilero-investigador (¿acaso he dejado de hacerlo?), lo que en teoría busca un turista en su viaje es justamente la historia, lo auténtico y lo diferente. Así, el mercado y su estado ruinoso invitan a pensarlo como un monumento arqueológico que nos muestra parte de la historia de la ciudad. Pero este monolito tiene más ventajas, puesto que está vivo, es dinámico y su carácter de mercado “barato, salvaje y sucio” (Gonzáles y Waley, 2012) hace que resulte más atractivo para los visitantes, ya que al practicarlo es posible vivir una experiencia particular…

***La segunda parte del texto será publicada la próxima semana***

Referencias:

Ariño, Antonio (2002), “La expansión del patrimonio cultural”, Revista de Occidente,núm. 250, pp.129-150.

Hernández-Cordero, Adrián y Tutor, Artiz (2015), “Espacio público: entre la dominación y la(s) resistencia(s). CiutatVella, Barcelona”, en: Arico, Giuseppe, Mansilla, Jose y Stanchieri, Marco (coords.), Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol•len Edicions.

Hiernaux, Daniel y González, Carmen (2014), “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, Revista de Geografía Norte Grande, núm. 58, pp. 55-70.

González, Sara y Waley, Paul (2012), “Traditional Retail Markets: The New Gentrification Frontier?”, Antipode, vol. 45, pp. 965-983.

 

Notas:

[1] Puede revisarse la interesante discusión de Manuel Delgado al respecto. “Sobre el turista como flâneur y el valor eterno de lo efímero”. http://manueldelgadoruiz.blogspot.mx/2014/07/sobre-el-turista-como-flaneur-y-el.html También “Salvemos a nuestros turistas” http://manueldelgadoruiz.blogspot.mx/2015/03/salvemos-nuestros-turistas.html

[2] Véase Hernández Cordero y Tutor (2015)

[3]En España se nombra paradas a los establecimientos que hay en los mercados.

[4]“Mercado do Bolhão”, Hypotheses, Rogéiro Santos. http://hypotheses.org/16783

[5]Agradezco a Ananda Martins, quien estableció el contacto y tradujo simultánea las conversaciones con las comerciantes. Cuando en el texto me refieroa la tercera persona del singular hago alusión a esta situación.

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