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De manteros y skates u otros surrealismos urbanos

La pista de skate instalada por la empresa  California Skateparks | Foto: OACU

La pista de skate instalada en el Passeig de Borbó por la empresa California Skateparks y promovida por el Ajuntament de Barcelona | Foto: OACU

por Giuseppe Aricó y José Mansilla (OACU)

Decía Althusser que la lucha de clases no se produce únicamente en la esfera productiva, la tan manida infraestructura de la sociedad, sino también a nivel supraestructural, es decir, disputando la ideología o ideologías. En esto se acercaba a Gramsci y al concepto de hegemonía y por eso él mismo presentaba su labor filosófica como lucha de clases en la teoría. Es de esta forma que podríamos entender el concepto de espacio público, así como su disputa, pues pertenece a un ámbito de lucha que podríamos denominar ideológico.

Mediante este enfoque, además, es posible entender la importancia destacada que obtiene en los discursos oficiales y técnicos relativos a la ciudad y los intentos de rebatirlo por parte de algunos sectores políticos activistas y académicos. Y es acercándonos al mismo como podríamos aprehender en su totalidad la actuación que en la últimas horas ha llevado a cabo la Guardia Urbana en el entorno del Puerto y la Barceloneta, a mandato del actual Ajuntament. Sirva así el siguiente relato etnográfico de emergencia para ilustrar la disputa por dicho concepto.

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Carteles de la campaña institucional del “tu-jo” | Foto: OACU

Son las 12.41 h. de la mañana, acabamos de pasar por el Passeig Juan de Borbó, el Excelentísimo Comes Barcinonae, y la cosa es peor de lo que habíamos imaginado. La pista de skate sólo ocupa una pequeña parte del Passeig, en el centro del mismo, y es muy reducida si la comparamos con la parte privatizada del Port Vell. Hay una fuerte presencia de lecheras que, parece ser, se quedarán aquí hasta las 19.30 h., según nos informa el mosso al mando de una operación a la que podríamos denominar de actividad lúdica y de calidad para todos y todas, siguiendo el estilo narrativo municipal.

Algunos efectivos van armados hasta los dientes. Todo el Passeig es una fiesta de turistas que deambulan en armonía y serenidad, andando o recorriendo la calle con seagways, patines, bicis “guay”, rickshaw, etc. Cualquier tipo de  palo de la luz o poste ha sido aprovechado para instalar parte de la campaña institucional del Ajuntament que, entre otras cuestiones, contempla una acción contra al top manta: sí, esa del “Tu-Jo”. Mientras, los pájaros cantan y los yates de millonarios internacionales descansan dentro de un puerto ya  inexpugnable juntos a los Ferraris de alquiler con las cuales celebrar ostentosas despedidas de solteros.

Lo que resulta aún más curioso es que hasta la misma hora, las 19.30 h., se quedarán en la zona algunos chiringuitos hypermolones de zumos o frutas biodinámicas y saludables. Son chiringuitos desplazables, o sea ambulantes,  pero “legales”, claro. Intentan vender vasos de fruta por 2,50 euros y consiguen hacerlo: atienden a los turistas -que están encantados de saborear fresh-local-fruit (sic.)- con una camiseta que pone “I Love Barcelona” y muestra un corazón rojo enorme. Estos chiringuitos móviles están, a esta hora, en el tramo que va de un lado al otro del Museu d’Historia de Catalunya, justo tras los puestos de los artesanos “legales”, esos que compran al por mayor en la India o Bangladesh y luego lo venden a los turistas despachándolo como artesanía local.

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Chiringuitos ambulantes de venta de fruta “biodinámica” | Foto: OACU

Unos minutos después, los chiringos de fresh-local-fruit siguen desplazándose sobre ruedas a lo largo y ancho del Passeig como abejas de flor en flor. Desde luego, la posición es estratégica de cara a evitar la presencia del top manta. Sus movimientos coordinados resultan ideales y cuentan con el vistiplau de la Guardia Urbana, a cuyos agentes regalan vasitos de fresh-local-fruit para agradecerles su dura labor.

Pero lo más esperpéntico es que ese mismo tramo está vallado por ambos extremos, con rejas puestas bajo vigilancia por personal de seguridad de la empresa Prosegur. Éstos abren y cierran las vallas a discreción de la Urbana, que está ahí al lado vigilando. Mientras tanto, los “manteros” se sientan, sin mercancía ni bultos, divertidos y perplejos a la sombra de los árboles bromeando, mirando y comentando entre ellos. Preguntados sobre lo surrealista de la situación , nos responden: “Esta vez no nos dejan y no pasa nada,  pero aquí nos quedamos, a ver si por lo menos podemos tomar la sombra…”.

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Una de las vallas vigiladas por PROSEGUR en uno de los extremos del Museu d’Historia de Catalunya| Foto: OACU

Así, cuando el primer Teniente de Alcalde del Ajuntament de Barcelona, Gerardo Pisarello, se felicita por una operación que, supuestamente, “ha evitado que se cometa un uso abusivo de la venta ambulante ilegal en la zona y se recupere el uso vecinal”, obviando, entre otras cuestiones, la privatización parcial del Port Vell o el hecho de que asociaciones de vecinos y vecinas, como L’Òstia, no han apoyado dicha intervención, está trasladando una contienda entre clases a la esfera de las ideas. Infraestructura y superestructura aparecen, así, unidas íntimamente y reflejadas en el contexto urbano de la Barcelona contemporánea.

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Naves vacías y generaciones perdidas. El “Brexit” visto desde Birmingham

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

por Cecilia Vergnano (OACU)

A las 7.30 de la mañana del 23 de junio, un vaivén de gente atraviesa la pasadera que lleva a la estación de Bournville, a pocos kilómetros del centro de Birmingham, para coger el tren local que les llevará al trabajo. Una mujer alrededor de los cuarenta a la entrada de la estación distribuye panfletos que invitan a votar remain. “More jobs”, “lower prices”, “worker’s rights protected”, “a stronger future”, son algunos de los eslógan que aparecen en el papelito que resume sintéticamente las razones del remain: “your vote can make a difference”, se añade además, “don’t let someone else decide your future”. Es curioso, pienso, porque son exactamente los mismos argumentos de los partidarios del leave.

Paseando por Birmingham, me aventuro hacia la periferia movida por una vaga sensación de haber sido catapultada de golpe en una pelicula de Ken Loach. Termino, así, en el working class neighborhood de Aston, un mar de casitas de dos o tres plantas, las clasicas terraced houses monofamilares de los barrios obreros ingleses, un poco desvencijadas, de ladrillos rojos y pequeños jardines. La atmosfera que percibo alrededor mío es rara, me cuesta definirla. No siento el mismo malestar y la misma desolación que he sentido pasando por las banlieus parisinas, no veo la misma masificación que he visto en los enormes bloques donde millares de familias viven concentradas como en enormes colmenas. Pero la basura acumulada en algunos rincones, los grandes scrapyards alrededor de la zona residencial donde se amontonan neumáticos y carcasas de coches, el olor acre que sale del gasómetro en las inmediatas cercanías, etc., me hacen pensar que Aston no debe que ser uno de los barrios más pudientes de Birmingham. Empiezo a entender, mirando a mi alrededor, que es más fácil pensar que el Brexit puede aparecer como una solución cuando no hay mucho que perder.

Siempre paseando por Aston descubro, con cierta decepción, que mi imaginario estereotipado de una british working class blanca no corresponde para nada a la realidad – por lo menos no en Birmingham, una ciudad en la cual las diferencias de tipo “étnico” o “cultural” están en el orden del día. Cruzo un par de hombres de piel blanca que satisfacen mis categorías mentales a lo Ken Loach – camiseta color blanco sucio y mono azul, la pinta de volver a casa después de un día de trabajo pesado-. Pero en el patio de la escuela local (son las 4 de la tarde) no veo un solo adolescente blanco entre los que juegan al fútbol. Por la calle, las mujeres y los hombres que pasan son casi todos de origen africano, jamaicano, árabe o asiático.

No me sorprendo, por lo tanto, el día siguiente cuando, en la charla inaugural de la conferencia universitaria por la cual me encuentro en Birmingham, la socióloga  Gurminder Bhambra critica duramente la “construcción de la identidad británica” como identidad “blanca”. “Why when we think about ‘British identity’ we think to white men? Why when we think about ‘British working class’ we think to white workers?” pregunta provocativamente desde el micrófono en el centro de la sala. Se trata de la segunda conferencia internacional sobre Superdiversity, un concepto que está consiguiendo cierto éxito en las ciencias sociales y está empezando a ser usado también por algunos políticos y periodistas en substitución del viejo concepto de “multiculturalidad”, ya viejo y superado. La Superdiversity hace referencia al proceso de “diversificación dentro de la diversidad”. La primera vez que escuché el término, recibí la siguiente explicación: “vaya, por ejemplo cuando vas a Londres y te encuentras en un barrio donde los únicos blancos son polacos recién inmigrados sin ciudadanía británica, y los ciudadanos británicos son todos originarios de países del Commonwealth y nadie entre ellos tiene la piel blanca.” Bhambra añade, al micrófono, que no existe ni ha existido jamás una Gran Bretaña independiente y, quien la añora, está borrando con una pincelada siglos y siglos de historia: Gran Bretaña siempre ha formado parte de algo más grande, el Imperio, la Commonwealth o la Unión Europea. Es inútil aclarar que en el ambiente cosmopolita universitario las preferencias se orienten indiscutiblemente hacia el remain – una vez más, como comunidad de intelectuales tenemos muy buenos argumentos, pero somos completamente incapaces de difundirlos afuera de nuestro circuito limitado.

A la vuelta de la conferencia, Edward, el chico de Birmingham que me aloja estos días, me pide que le acompañe a su mesa electoral. Faltan pocos minutos para el cierre. Edward Genochio, 38 años, nacido en Bélgica y con lejanos orígenes italianos, no es exactamente un tío cualquiera: ahora lleva una vida normal de empleado trabajando para una compañía de servicios informáticos, pero de joven ha sido el primer ciudadano británico en cumplir la empresa excepcional de llegar a China en bicicleta desde Gran Bretaña, atravesando el continente europeo, los Urales y pasando por Mongolia. Antes estudió Antropología Cultural y Geografía en la Universidad de Cambridge. Las conversaciones con él en estos días han sido brillantes y ricas de estímulos: es una persona instruida, open-minded, agudo y curioso. Ha sido, por lo tanto, sorprendente descubrir sus intenciones de votar leave. Caminando hacia el colegio me explica que cree en Europa, pero no cree en la Unión Europea. Y que si en el referendum ganara el remain, las autoridades europeas no modificarían ni una coma de sus políticas económicas antisociales. Su leave es, a su manera, un voto “de izquierda” o, al menos, de protesta.

La nota de Edward

Fuente: Cecilia Vergnano

Dentro de la escuela de ladrillos rojos, los miembros de la mesa electoral nos cuentan de la gran afluencia que ha habido durante el día. Bajo los últimos rayos de sol, se dispone poco a poco el cierre y la gente se prepara para la larga noche del recuento.  Y de hecho es una noche larga y poco tranquila. Me despierto a las 6 de la mañana con una nota de Edward (que se ha despertado aún antes que yo) por debajo de la puerta de mi habitación: “Looks like Brexit!!!”, dice, “48% remain, 52% leave. Keep your !! They will make you a millionaire! 🙂

Birmingham es de las pocas ciudades británicas en las que ha ganado el leave. Londres, Liverpool, Manchester, Bristol se han expresado en su mayoría para el remain. No puedo evitar relacionar este dato con la visión de hectáreas y hectáreas de terreno industrial que empiezan ya a pocas manzanas del centro de la ciudad. Es esta la característica más impactante de Birmingham, por cualquier lugar donde se pasee (no solo en el centro). De este modo, la pregunta que me carcome es: ¿cómo ha sido posible reconvertir la economía de esta ciudad? ¿Dónde han acabado los millares de personas que trabajaban en las fábricas? ¿De verdad ha sido posible reconvertir toda la mano de obra no cualificada de la industria en puestos de trabajo en los sectores servicios y terciario? Los datos estadísticos revelan que, de hecho, en Birmingham el desempleo no es muy alto (6,2%), pero superior al de Manchester, Bristol y Liverpool, y es más o menos el triple de la tasa media de desempleo en el Reino Unido.

Las fábricas y las industrias en desuso ahora no son nada más que espacio, espacio vacío. Espacio que se ha convertido también en mercadería. “Se alquilan almacenes”, se lee en la fachada de un viejo establecimiento, “Espacio en alquiler”, se lee en otra: “to let”, “to let”, “to let” parece un leitmotiv constante cuando se leen los carteles todo alrededor de las viejas fábricas y las naves en desuso. Se ha reflexionado ampliamente, en los últimos días, sobre el significado sociológico de este resultado electoral. Se ha hablado de un país partido en dos, dividido en términos generacionales, culturales y de clase, con los losers de la globalización por un lado y los winners por el otro. Los que sienten que no tienen mucho que perder, por un lado, y los que tienen unos capitales, una carrera o un recorrido de movilidad social ascendente para defender.

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

Habiendo seguido con atención las últimas vicisitudes electorales en Italia y la inesperada escalada a los gobiernos municipales por parte del partido 5 Estrellas, no puedo evitar notar cierto paralelismo por lo que concierne al carácter inesperado de estos resultados electorales. A pesar del fuerte componente xenófobo y anti-inmigración de los partidarios del leave (entre los cuales muchos son inmigrantes, que reproducen dinámicas de “primeros llegados” contra “últimos llegados”), los Brexiters no son una masa indiferenciada de racistas, así como los 5 Estrellas no son una masa indiferencias de derechistas.  La xenofobia y la nostalgia por el Imperio se encuentran indiscutiblemente en la base de muchas preferencias de voto en el caso británico, pero también las dificultades relacionadas con el acceso a la vivienda y al trabajo, los salarios bajos, los recortes en políticas sociales y en el sistema sanitario y educativo, la incertidumbre sobre el futuro, y la sensación general que el progreso y la prosperidad prometidos gobierno tras gobierno habrían sido para “ellos” y no para “nosotros”.

Este “ellos” y este “nosotros” no son nada más que los indicadores de las desigualdades sociales, que la imposición de políticas neoliberales, a partir de los años 80, ha progresivamente contribuido a acrecentar. Así como la victoria de los 5 Estrellas en Roma y Turín se presenta como un indicador claro de la brecha entre barrios tradicionalmente acaudalados y los barrios gentrificados, por un lado, y las periferias por demasiado tiempo abandonadas, por el otro. Aunque haya pocas posibilidades de que este deslizamiento populista impulse políticas redistributivas realmente capaces de volver a dar voz y oportunidades a quien ha sido en estos años cada vez más marginalizado, el mensaje de descontento y desafío está claro. La sorpresa de los partidos que tradicionalmente han estado en el poder pero, sobre todo, de aquello que queda del centro-izquierda, frente al avance de estas reivindicaciones desde abajo, tanto en Italia como en UK, resulta particularmente molesto y arrogante. Es muy fácil tachar las masas de ignorancia e irracionalidad después de décadas en las que se ha hecho de todo para depolitizarlas, desmovilizarlas, infantilizarlas.

Justamente porque estoy muy lejos de la tentación de exaltar estos resultados electorales como si representaran una vuelta de cierta consciencia de clase, considero importante recordar qué pasa cuando dicha consciencia es adormecida o aniquilada. La antropología nos enseña que las relaciones sociales se construyen siempre a partir de construcciones identitarias, que crean cohesión en el interior de los grupos humanos. Sin querer idealizar las condiciones de trabajo intolerables que han caracterizado por décadas y siglos la vida a los trabajadores de las minas y las fábricas, es innegable que el orgullo, el reconocimiento social y el sentimiento de solidaridad de grupo que la identidad de minero u obrero genera pueden parecer preferibles a los de una identitdad de desempleado o precario. Pero mientras las viejas distinciones de clase han sido progresivamente desactivadas, unas nuevas categorías identitarias han ido progresivamente activándose. Estas derivas pueden manifestarse a diferentes niveles (a nivel de barrio, a nivel nacional, pero también a nivel global), incluyen las derivas de tipo étnico o religioso, o las derivas mafiosas (sobre todo en contextos locales), y pueden llegar hasta el terrorismo.

La nostalgia por el gran Imperio Británico y la reactivación de la identidad británica no es otra cosa que el resultado de la incapacidad (o falta de voluntad) de la clase política de volver a llevar la cuestión social (o sea la cuestión de la redistribución de la riqueza) a una arena propiamente política, sublimando dicha cuestión en narraciones distorsionadas. En el otro opuesto, otro tipo de deriva (el fundamentalismo neoliberal del Banco Central Europeo y de los mercados financieros que dictan ley en Europa) exaspera la cuestión y no ayuda a volver a situar el conflicto sobre el terreno de la política en el sentido tradicional del término.

En Turín como en Birmingham las hectáreas y hectáreas de terreno industrial abandonado nos hablan de una auténtica guerra que se ha combatido en tiempos de paz, que ha dejado detrás suyo escombros y desastres sociales. Naves desiertas y “generaciones perdidas”. A la hora de despedirnos Edward me pide una última cosa. “Por favor, cuando vuelvas a casa, explica al mundo ahí afuera que nosotros ingleses no tenemos nada en contra de vosotros. Es una lección que queríamos dar a nuestros políticos y a los políticos europeos. No sé si lo vamos a conseguir.” Intento, en la medida de lo posible, difundir el mensaje.


Esta misma entrada ha sido publicada, en italiano, en el Napoli Monitor

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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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El poder simbólico del discurso y las omisiones de clase

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

por Juliana Marcús (OACU)

A 100 días del inicio de la gestión del presidente argentino Mauricio Macri, su par estadounidense Barack Obama visitó el país por primera vez. Su llegada ha causado cierto malestar entre algunas agrupaciones civiles, políticas y de derechos humanos porque, entre otras cuestiones, coincidió con la conmemoración de los 40 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Durante el encuentro, que mantuvieron en conferencia de prensa el pasado miércoles 23 de marzo, debatieron sobre política exterior, el reciente atentado a Bruselas, educación, desarrollo y ciencia y tecnología, entre otros temas.

A horas de cumplirse un nuevo aniversario del golpe militar, Mauricio Macri hizo mención a la desclasificación que Estados Unidos realizará de los archivos vinculados a la última dictadura argentina, que describió como “la época más oscura de nuestra historia”, pero no hizo una sola mención al terrorismo de Estado, a la desaparición forzada de personas, a la desindustrialización sostenida, a la recuperación de la memoria, la verdad y la justicia. Más allá de esta omisión, que considero inadmisible puesto que constituye una “omisión de clase” en plena regla, mi intención en este texto es centrarme en otro encuentro que se llevó a cabo horas después: me refiero al que se dio entre las primeras damas Juliana Awada y Michelle Obama en el marco de la iniciativa Let Girls Learn (Dejen aprender a las jóvenes) cuyo ambicioso objetivo es que en los próximos 70 años todas las niñas del mundo puedan acceder a una educación  formal.

Lo primero que quiero destacar es el lugar donde se realizó el encuentro: el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) ubicado en el barrio porteño de Barracas, al sur de la ciudad. El CMD forma partedel Distrito de Diseño, una iniciativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que tiene por finalidad consolidar el estatus de Buenos Aires como Ciudad UNESCO de Diseño. El plan se inscribe dentro de una propuesta más amplia que apunta a “revitalizar” y “renovar” la zona sur de la ciudad, tal como la retórica urbanista la presenta e incluye inversiones de capitales públicos y privados en los barrios de La Boca (Distrito de Las Artes, Usina del Arte, Paseo de Las Artes, saneamiento del Riachuelo, Fundación Proa), Parque Patricios (Distrito Tecnológico) y San Telmo (Distrito de Las Artes y renovación urbana del Casco Histórico).

Quiero detenerme en la expresión “revitalizar el sur” puesto que es muy utilizada por los agentes públicos y desarrolladores privados para definir acciones que impulsen la “renovación” urbana y cultural de áreas relegadas de la ciudad. Esta expresión invisibiliza los modos del habitar que ya existen en los barrios del sur o en otras zonas degradadas como si se tratara de un espacio “sin vida”, abandonado y en desuso. En definitiva, la práctica y los discursos urbanísticos niegan y suprimen los usos, las lógicas urbanas y las relaciones sociales que se desarrollan en estas áreas y pretenden incidir en lo urbano, es decir, en el espacio vivido, en términos de Lefebvre. Este centro de diseño se encuentra apenas a ocho cuadras de la villa miseria 21-24, la más poblada de la Ciudad de Buenos Aires. Y, sin embargo, no hubo una sola adolescente de la villa presente en la conferencia de Michelle Obama. Volveré sobre esto más adelante.

Lo segundo que quiero resaltar es el discurso de Juliana Awada para presentar a Michelle Obama ante un auditorio repleto de mujeres adolescentes. Fueron apenas tres minutos pero los suficientes para ejercer lo que Pierre Bourdieu llamó “poder simbólico”. Por tomar sólo un ejemplo, Awada comenzó su presentación leyendo: “Cuando uno quiere curar enfermos, estudia medicina. Cuando uno quiere construir una casa, estudia arquitectura, ¿no? Pero cuando una elige acompañar a su marido en una tarea con tanta responsabilidad como es ser Presidente, una no estudia para ser Primera Dama.” El poder simbólico de este discurso radica en conservar e inmovilizar las clasificaciones del mundo social. Se trata de un poder invisible que se ejerce con la complicidad de aquellos que lo legitiman de modo que el poder es reconocido cuando se desconoce su arbitrariedad, aquello que Bourdieu denominó reconocimiento por desconocimiento.

Las palabras de Awada otorgan a la mujer un lugar de “acompañante” y de “sostén” del varón que reproducen cliches del tipo “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, y con ello los más rancios estereotipos de género que los movimientos feministas vienen cuestionando y combatiendo desde hace décadas. Considero que estos movimientos  están en condiciones de destruir este poder de imposición simbólica desde el momento en que toman conciencia de lo arbitrario. A diferencia del discurso ortodoxo, el discurso heterodoxo encierra un poder simbólico de movilización y subversión del orden establecido como natural.

Me gustaría enfatizar la contradicción producida entre el tema de la conferencia y el público que la escuchaba. Michelle Obama disertó sobre la desigualdad en el acceso a la educación de las mujeres, pero las jóvenes estudiantes que fueron invitadas al CMD eran de sectores medios y altos, la mayoría vestidas con uniformes de colegios privados de la Ciudad de Buenos Aires y con sus iPhones en mano. Estas jóvenes son quienes, generalmente, reproducen esa desigualdad y diferencia de clase. No había una sola adolescente de los denominados sectores bajos y populares, muchas de ellas expulsadas del sistema educativo, porque sencillamente no fueron consideradas ni invitadas. Me atrevería a decir que más que una contradicción se trató de un claro ejemplo de habitus de clase: Awada y sus asesores y asesoras probablemente no se hayan dado cuenta de tremendo descuido puesto que desde sus marcos de percepción es impensable la presencia de esas chicas en ese espacio.

Por último quisiera destacar que durante los veinte minutos del discurso de Michelle Obama su leitmotiv fue Yes you can! Con frases como “Mis padres no tenían estudios universitarios, pero me enseñaron que podría lograr lo que fuera si me esforzaba y estudiaba”, “empecé a pensar en mi capacidad de alcanzar mis propios sueños” o “gracias a mis estudios tuve oportunidades”, la primera dama estadounidense aludió constantemente a la voluntad individual como único y principal camino para combatir las desigualdades sociales y omitió decir que son los Estados los que deben garantizar el derecho al acceso igualitario a la educación.

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Lo urbano como fogón de brujas

Vaga general de Barcelona en 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Vaga general en Barcelona, 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Texto originariamente publicado como prólogo al libro Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales (Pol·len, Edicions, 2015).

por Manuel Delgado (OACU)

 

“Lo urbano se alza así como horizonte, forma y luz (virtualidad que ilumina) al mismo tiempo que como práctica en marcha, como fuente y fundamento de otra naturaleza, de una naturaleza diferente de la inicial […]. La problemática urbana se anuncia. ¿Qué saldrá de ese hogar, de este fogón de brujas, de esta intensificación dramática de las potencias creadoras, de las violencias, de ese cambio generalizado en el que no se ve qué es lo que cambia, excepto cuando se ve excesivamente bien: dinero, pasiones enormes y vulgares, sutilidad desesperada? La ciudad se afirma, después estalla”.
Henri Lefebvre (1976a: 114)

Este libro que ahora arranca reúne diversas evidencias de cómo las grandes dinámicas de mutación urbana son gestadas y gestionadas desde la lógica neoliberal, es decir, a partir de los principios de un capitalismo que le exige al Estado la reducción al máximo a su papel de arbitraje económico y atención pública, pero que le asigna un papel clave como su cooperador institucional, tanto por lo que hace a la represión de sus enemigos –reales o imaginados- y la contención asistencial de la miseria, como a la producción simbólica y de efectos especiales al servicio del buen funcionamiento de los mercados.

De tal alianza entre penetración capitalista y políticas públicas resulta una transformación de la fisonomía tanto humana como morfológica de muchas ciudades, consistente en favorecer la revitalización como espacios-negocio de barrios céntricos o periféricos que fueron populares, o de antiguas zonas industriales o portuarias ahora abandonadas, que se recalifican como residenciales “de categoría” o se colocan al servicio de las nuevas industrias tecnológicas y cognitivas. Esos macro-procesos de transformación urbana suponen consecuencias sociales que se resumen en una ley que raras veces no se cumple: rehabilitar un barrio es inhabilitar a quienes fueron sus vecinos para continuar viviendo en él. O, dicho de otro modo: reformar es expulsar.

También los casos que se nos exponen a continuación son pruebas del papel no solo de intereses económicos catastróficos y de administraciones públicas lacayas a su servicio, sino de cómo arquitectos, diseñadores y urbanistas convierten en planes y proyectos esas intenciones y cómo no faltan teóricos en condiciones de aportar altas razones para las dinámicas de destrucción y entristecimiento de la ciudades. Con ello se demuestra que Henri Lefebvre continúa teniendo razón en que lo propio de la tecnocracia urbanística es la voluntad de controlar la vida urbana real, que va pareja a su incompetencia crónica a la hora de entenderla.

Considerándose a sí mismos gestores de un sistema, los expertos en materia urbana pretenden abarcar una totalidad a la que llaman la ciudad y ordenarla de acuerdo con una filosofía –el humanismo liberal- y una utopía, que es en esencia, como corresponde, una utopía tecnocrática. Su meta continúa siendo la de imponer la sagrada trinidad del urbanismo moderno: legibilidad, visibilidad, inteligibilidad (Lefebvre 2013: 151). En pos de ese objetivo, creen los expertos que pueden escapar de las constricciones que someten el espacio a las relaciones de producción capitalista.

Henri Lefebvre durante el rodaje del programa Urbanose en 1972 | Fuente: http://ppesydney.net/

Henri Lefebvre durante una entrevista televisiva en 1970 | Fuente: http://ppesydney.net/

Buena fe no les falta, ya hacía notar Lefebvre, pero esa buena conciencia de los urbanistas, arquitectos y diseñadores agrava aún más su responsabilidad a la hora de suplantar esa vida urbana real, una vida que para ellos es un auténtico punto ciego, puesto que viven en ella, pretenden intervenirla e incluso vivir de ella, pero no la ven en tanto que tal. Esos tecnócratas –tecnócratas de la ciudad- hablan de espacio, pero en realidad están pensando en suelo, puesto que ese espacio que creen que ordenan acaba tarde o temprano convertido en espacio en venta. Es un espacio vacío y primordial, neutro, en condiciones de recibir contenidos fragmentarios y disjuntos. Es, por definición, el espacio de las clases medias, precisamente porque ellas también son o quisieran ser neutras y encuentran o creen encontrar en ese espacio “un espejo de su ‘realidad’, de representaciones tranquilizantes, de un mundo social en el que han encontrado su lugar, etiquetado, asegurado” (Lefebvre 2013: 356), aunque es verdad que ese es solo un efecto óptico, la consecuencia ilusoria de que esas clases medias han sido objeto al brindársele un falso alivio para unas aspiraciones que la realidad nunca satisfará.

Para Lefebvre, tanto el urbanismo como la arquitectura de ciudades se han constituido en ciencia, técnica e ideología de la desactivación del espacio urbano, entendido como espacio de y para lo urbano. Recuérdese la distinción que Lefebvre (1976b: 68-69) plantea entre la ciudad y lo urbano. La ciudad es una base práctico-sensible, una morfología, un dato presente e inmediato, algo que está ahí: una entidad espacial inicialmente discreta –es decir un punto o mancha en el mapa-, a la que corresponde una infraestructura de mantenimiento, unas instituciones formales, una gestión funcionarial y técnica, unos datos demográficos, una sociedad definible…

Lo urbano, en cambio, es otra cosa: no requiere por fuerza constituirse como elemento tangible, puesto que podría existir y existe como mera potencialidad, como conjunto de posibilidades. La ciudad es palabra, habla, sistema denotativo. Lo urbano va más allá: no es un tema, sino una sucesión infinita de actos y encuentros realizados o virtuales, una sensibilidad hacia las metamorfosis de lo cotidiano, que le debe no poco a la sensibilidad de Charles Baudelaire a la hora de descubrir lo abstracto y lo eterno en los elementos más en apariencia banales de la vida ordinaria, la proliferación en ella de todo tipo de proyecciones e imágenes flotantes.

La vida urbana –lo urbano como forma de vida- “intenta volver los mensajes, órdenes, presiones venidas de lo alto contra sí mismas. Intenta apropiarse el tiempo y el espacio imponiendo su juego a las dominaciones de éstos, apartándoles de su meta, trampeando… Lo urbano es así obra de ciudadanos, en vez de imposición como sistema a este ciudadano” (Lefebvre 1978: 85). Lo urbano es esencia de ciudad, pero puede darse fuera de ella, porque cualquier lugar es bueno para que en él se desarrolle una sustancia social que acaso nació en las ciudades, pero que ahora expande por doquier su “fermento, cargado de actividades sospechosas, de delincuencias; es hogar de agitación. El poder estatal y los grandes intereses económicos difícilmente pueden concebir estrategia mejor que la de desvalorizar, degradar, destruir la sociedad urbana…” (Ibíd.: 99).

Lo urbano es lo que se escapa a la fiscalización de poderes, saberes y tecnologías que no entienden ni saben qué es lo urbano, puesto que “constituye un campo de visión ciego para aquellos que se limitan a una racionalidad ya trasnochada, y así es como corren el riesgo de consolidar lo que se opone a la sociedad urbana, lo que la niega y la destruye en el transcurso del proceso mismo que la crea, a saber, la segregación generalizada, la separación sobre el terreno de todos los elementos y aspectos de la práctica social, disociados los unos de los otros y reagrupados por decisión política en el seno de un espacio homogéneo” (Lefebvre 1976b: 71).

No obstante los ataques que constantemente recibe lo urbano, y que procuran desmoronarlo o al menos neutralizarlo, éste –sostiene Lefebvre- persiste e incluso se intensifica: “Las relaciones sociales continúan ganando en complejidad, multiplicándose, intensificándose, a través de las contradicciones más dolorosas. La forma de lo urbano, su razón suprema, a saber, la simultaneidad y la confluencia no pueden desaparecer. La realidad urbana, en el seno mismo de su dislocación, persiste” (Ibíd.: 121). Es más, se antoja que la racionalización paradójicamente absurda que pretende destruir la ciudad ha traído consigo una intensificación de lo urbano y sus problemáticas.

De ello el mérito le corresponde a habitantes y usuarios que, a pesar de los envites que padece un estilo de vida que no deja nunca de enredarse sobre sí mismo, o quizás como reacción ante ellos, “reconstituyen centros, utilizan lugares para restituir los encuentros, aun irrisorios” (Lefebvre 1978: 100). Para Lefebvre, lo urbano no es substancia ni ideal: es más bien un espacio-tiempo diferencial. Lo urbano es el lugar “en que las diferencias se conocen y al reconocerse se aprueban; por lo tanto se confirman o se invalidan. Los ataques contra la urbano prevén fría o alegremente la desaparición de las diferencias” (Lefebvre, 1976a: 100). Lo urbano no es ya sino la radicalidad misma de lo social, su exacerbación y, a veces, su exasperación. Lo urbano, al mismo tiempo que lugar de encuentro, convergencia de comunicaciones e informaciones, se convierte en lo que siempre fue: lugar de deseo, desequilibrio permanente, sede de la disolución de normalidades y presiones, momento de lo lúdico y lo imprevisible (Lefebvre 1978: 106). Lo urbano es lo que aporta “movimiento, improvisación, posibilidad y encuentros. Es un “teatro espontáneo” o no es nada” (Ibíd.: 157).

Los tecnócratas urbanos creen que su sabiduría es filosófica y su competencia técnica, pero saben o no quieren dar la impresión de saber de dónde proceden las representaciones a las que sirven, a qué lógicas y a qué estrategias obedecen desde su aparentemente inocente y aséptica caja de herramientas. Están disuadidos de que el espacio sobre el que reciben instrucciones para actuar técnicamente está vacío, y se equivocan, porque en el espacio urbano la nulidad de la acción sólo puede ser aparente: en él siempre ocurre algo. De manera al tiempo ingenua y arrogante, piensan que el espacio urbano es algo que está ahí, esperándoles, disponible por completo para sus hazañas creativas. No reconocen o hacen como si no reconociesen que ellos mismos forman parte de las relaciones de producción, que acatan órdenes.

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: MArio Gaviria

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: Mario Gaviria

Frente a un control sobre la ciudad por parte de sus poseedores políticos y económicos, que quisieran convertirla en valor de cambio y que no dudan en emplear todo tipo de violencias para ello, lo urbano escapa de tales exigencias, puesto que se conforma en apoteosis viviente del valor de uso. Lo urbano es el reino del uso, es decir del cambio y el encuentro liberados del valor de cambio. Es posible que la ciudad esté o llegue a estar muerta, pero lo urbano persistirá, aunque sea en “estado de actualidad dispersa y alienada, de germen, de virtualidad. Lo que la vista y el análisis perciben sobre el terreno puede pasar, en el mejor de los casos, por la sombra de un objeto futuro en la claridad de un sol de levante…” (Ibíd.: 125). Un porvenir que el ser humano no “descubre ni en el cosmos, ni en el pueblo, ni en la producción, sino en la sociedad urbana”. De hecho, “la vida urbana todavía no ha comenzado” (Ibíd.: 127).

La colección de textos que sigue es una contribución a la defensa de lo urbano contra sus enemigos, tanto materiales –los planes y los planos- como ideológicos –los ensalmos para apaciguar las ciudades-. Son la consecuencia de experiencias implicadas no sólo en el conocimiento de la vida urbana sino también a su servicio. Todos los materiales aquí reunidos son homenaje al pensamiento lúcido de Henri Lefebvre, como explícita o implícitamente lo es todo lo que se está diciendo y escribiendo para denunciar los intentos de apagar ese fogón de brujas del que nos hiciera la exaltación.

Acredita el trabajo de la gente del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y de amigos/as con quienes comparte teorías e impaciencias. Sabiéndolo o no, han asumido el mandato de reeditar la misma confluencia que fundó el concepto de modernidad que Lefebvre hizo suyo, una modernidad forjada en la segunda mitad del siglo XIX como una síntesis o sobreposición entre dos horizontes: el de transformar el mundo –Marx, Bakunin- y el de transfigurarlo –Baudelaire-, es decir, modificar la realidad y, al tiempo, burlarse de ella y desafiarla (Lefebvre 1971: 155-171).

En ello consistió la llamada de Lefebvre a devenir de nuevo modernos y hacerlo en una nueva clave revolucionaria, consistente en avanzar hacia lo que él llamó lo posible-imposible (Lefebvre 1972: 50-52), es decir, en huir de lo que se le opone, que es lo posible-posible –acomodarse, tomar distancias con el presente, disponer de puertas de salida o vías de escape- y hacer lo que se nos propone en este libro: proclamar una actitud, no una doctrina; convertir la desesperanza en rabia y frenesí; vivir desgarradamente la plenitud de la belleza y la urgencia de las luchas.

Bibliografía

LEFEBVRE, H. (1971 [1962]) Introducción a la modernidad, Madrid: Tecnos.

LEFEBVRE, H. (1972 [1957]) “El romanticismo revolucionario”, en Más allá del estructuralismo, Buenos Aires: La Pléyade, pp. 27-52.

LEFEBVRE, H. (1976a [1970]) La revolución urbana, Madrid: Alianza.

LEFEBVRE, H. (1976b [1972]) Espacio y política, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (1978 [1968]) El derecho a la ciudad, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (2013 [1974]) La producción del espacio, Madrid: Capitán Swing.

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Las manos sobre Barcelona

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Joan Clos, contemplando la zona Fòrum desde un hotel de la Diagonal en 2004 | Fuente: Carles Riba

Texto originariamente publicado en Ciutat Morta: crònica del cas 4F, coordinado por Mariana Huidobro, Katu Huidobro y Helen Torres

por José Mansilla y Giuseppe Aricó (OACU)

En 2006 Barcelona vivía todavía la resaca del Fòrum de les Cultures 2004, uno de los fracasos más sonados de su historia. La ciudad se había quedado años antes sin poder ser Capital Europea de la Cultura y buscó, de forma casi desesperada, una excusa para llevar a cabo un nuevo e inmenso proceso de transformación en los límites de su última y codiciada frontera urbana: la desembocadura del Besòs. A pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos invertidos por el Ajuntament, la Generalitat, el Gobierno del Estado y el sector privado –más de 3.200 millones de euros y una recalificación de 330 hectáreas, cifra cuatro veces superior a la intervenida para los JJOO de 1992- el megaevento no cumplió ni de cerca con las expectativas generadas en cuanto a público o visibilidad.

Como si ello no bastara, barrios fuertemente estigmatizados, como La Mina, quedaron definitivamente aislados y ocultos a la sombra de unas imponentes estructuras hoteleras, inmobiliarias y comerciales surgidas como setas en la zona recuperada. Pero como todos los fracasos, este también fue relativo. Efectivamente, las inmensas plusvalías generadas mediante esa colosal reforma urbanística,  trasferidas al capital financiero e inmobiliario de la ciudad, supusieron el verdadero “éxito” del Fórum. La ciudad vivía así los últimos años de la impostura del Model Barcelona, una forma de hacer ciudad que vivió su máximo esplendor durante las olimpiadas y que reveló su verdadera cara en ese primer lustro del nuevo siglo.

Del supuesto urbanismo ciudadano y participativo, de la continuidad de la trama urbana, de la apuesta por los espacios públicos y los equipamientos no quedaba nada. Barcelona, entregada al neoliberalismo, proseguía su configuración como “escenario de consumo” y adjudicaba grandes extensiones de terreno a empresas inmobiliarias internacionales como Hines, responsable de Diagonal Mar, para que hiciese de su capa un sayo. Se abandonaba toda veleidad aparentemente socialdemócrata –como las ideas de Oriol Bohigas y su pretensión de “monumentalizar la periferia” y “dignificar el centro”- y la ciudad, más que como “modelo”, comenzaba a venderse cada vez más como Marca.

Unos años antes, el Ajuntament había puesto en marcha el Distrito 22@ en 116 hectáreas del barrio del Poblenou. La intervención, la mayor llevada a cabo sobre la ciudad hasta ese momento, perseguía la creación de un polo empresarial vinculado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre parte del “obsoleto” tejido industrial del antiguo Manchester català. Los pequeños talleres y empresas auxiliares que ya existían en el área, vestigios de su pasado fabril, fueron despreciados como generadores de crecimiento y empleo y en su lugar se esperó, como maná caído del cielo, la llegada de grandes firmas tecnológicas. Ni que decir tiene que esto nunca ocurrió.

Los que sí llegaron fueron muchos hoteles que, aprovechando la disponibilidad de espacios baratos y la apuesta municipal por el turismo en la zona, lograron grandes plusvalías vendiendo el suelo que abandonaban en otras áreas de la ciudad, como el Eixample. La crisis (léase estafa) económica de unos años después hizo el resto y el Poblenou, como muchos otros barrios de la ciudad, mantiene aún hoy día grandes solares vacíos. Pero la voracidad, como la estupidez, no tiene límites y grandes zonas de la ciudad consolidada fueron igualmente objeto de violentas intervenciones urbanísticas que se presumieron urbanas.

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Acción reivindicativa contra la Marca Barcelona y sus eslogans | Fuente: Míren Sánchez (http://mirarescucharcallar.blogspot.com.es/)

El año 2006 también es el año de la vergüenza para un Ajuntament que llegó a enviar la Guardia Urbana a arrancar las tomateras plantadas por los vecinos y vecinas del barrio de la Ribera. Estamos hablando del, desde entonces denominado, Forat de la Vergonya, un solar ubicado a escasos metros del renovado Mercat de Santa Caterina y que inicialmente estaba destinado a ser un aparcamiento para el turismo que llegaba al barrio. La idea de las instancias municipales era convertir la zona –parte de la cual se popularizaría con el mucho más eufónico nombre de El Born– en una tesela más de la Barcelona escaparate.

Se trataba, en definitiva, de conformar una ciudad proyectada a escala global, que compitiera internacionalmente por la atracción de un “turismo cultural” –lo que viene a querer decir, de elevado nivel de ingresos- mediante la instalación en sus fronteras de elitistas contenedores como el Museu Picasso, de la mercantilización de Santa Maria del Mar o de la fútil reforma del Mercat con su cubierta de tejas coloreadas. El vecindario, necesitado de zonas de socialización, y si eran verdes, mejor, tuvo la osadía de hacer suyo el espacio creando su propio jardín, huerto, mobiliario urbano y zona deportiva, lejos del glamour intrínseco al pensamiento municipal institucional, algo que no podía ser permitido en un barrio destinado a la aparición de lofts y apartamentos para las denominadas “clases creativas”.

Tuvo que ser la prensa, al recoger los conatos de violencia contra el desalojo, la que situara el punto de atención sobre un tema que, de otra manera, hubiera pasado desapercibido. Más allá de la cierta simpatía que pudiera despertar la apropiación vecinal de un espacio para crear una plaza, lo que no llegaron a entender –léase aterrorizar- las manos que se posaban sobre la ciudad, es el hecho de que la gente normal pudiera crear un espacio normal, de gestionarlo y aprovecharlo lejos del tutelaje oficial y la acción del mercado. Por supuesto, algo así no podía ser permitido porque correría el peligro de convertirse en un ejemplo, una alternativa posible o, cuanto menos, propiciable. Es ahí donde debemos insertar parte de los factores que desencadenaron los hechos de aquella noche del 4 de febrero.

Si las grandes empresas multinacionales cuentan con departamentos enteros que velan por la buena reputación de su marca, en Barcelona esta responsabilidad recaía y recae directamente sobre el Ajuntament. La millor botiga del món no podía permitir que parte de sus calles y sus plazas estuvieran pobladas de vecinos, punkis, anarkas o antisistemas, sea eso lo que sea, y menos que éstos pretendieran generar espacios propios, liberados de las ataduras de la mercantilización extrema que vive la vida cotidiana de las ciudades depreciando, de paso, el valor de la propiedad inmobiliaria. Por este propósito, el teatro okupado del número 55 de la calle Sant Pere més Baix tenía que ser literalmente eliminado, como eliminadas tienen que ser todas aquellas imperfecciones que empañan cualquier producto. Rodrigo, Juan y Alex, al igual que Patricia, simplemente se toparon con parte del departamento de limpieza, en el sentido amplio de la palabra, de la Marca Barcelona.

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Mariana y Katu Huidobro, durante una manifestación en apoyo a los detenidos del caso 4F | Fuente: Jordi Secall (http://jordisecall.blogspot.com.es/)

Ironías de la vida, el alcalde de la ciudad de aquellos años, Joan Clos, al frente también del desastre del Fòrum y del 22@, después de un breve paso por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del Estado español, así como de las Embajadas de Turquía y Azerbaiyán, ha llegado a ser el máximo dirigente del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), cuya misión es la promoción de pueblos y ciudades social y ambientalmente sostenible con el objetivo de proporcionar “vivienda adecuada para todos y todas”.

Hoy día, Barcelona sigue imparable su viaje hacia la total esterilización de su espacio urbano. Con solo dar una vuelta por el entorno del antiguo Mercat del Born, hoy Born Centre Cultural, o la calle Montcada y su nuevo Museu de les Cultures del Món es posible observar la descontrolada aparición de nuevos bares y restaurantes poblados de cientos de terrazas, comercios chic, establecimientos de productos ecológicos a precios imposibles, así como tiendas y más tiendas de souvenirs turísticos exactamente iguales a las que podrías encontrar en cualquier otra parte del mundo.

La soberbia expansión del Born no se detiene en sus fronteras físicas y simbólicas, acabando con cualquier viso de originalidad y despreciando lo que otrora fue su verdadera esencia popular: el barrio de La Ribera. Finalmente una triste –pero aún no imperante- victoria de las manos sobre Barcelona, convertida en una ciudad que no contempla las inquietudes ni las necesidades de sus habitantes. Una ciudad concebida y diseñada sólo para una ciudadanía obediente, pasiva y adinerada, que consagra sus calles únicamente al ocio y al consumo masivo. En definitiva, una ciutat morta.

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Toni Negri y Alvaro García Linera en la UB

Aquí tenéis el vídeo de la presentación-diálogo sobre Procesos Constituyentes en el que participaron Toni Negri y Álvaro García Linera el pasado día 17 de abril en el Aula Magna de la Facultat de Geografia i Historia de la UB.

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“Ens neguem a morir en silenci”. Comunicat de suport a Abdallah Abu Rahme

Font: Rani Burnat

Font: Rani Burnat

Des de l’OACU ens sumem a la campanya “Ens neguem a morir en silenci” contra la condemna al Coordinador del Comitè de Resistència Popular de Bi’lin, Abdallah Abu Rahme

Abdallah Abu Rahme (44) serà jutjat el 05 de gener per exercir el seu dret a protestar de manera no violenta contra les violacions dels drets humans i els abusos perpetrats per l’Estat d’Israel als territoris palestins ocupats. Li demanen d’entre 2 i 6 mesos de presó. Si en aquesta sentència es condemna a l’Abdallah, serà la cinquena vegada que entri a presó. La població palestina està sota règim militar (estat d’excepció): no són considerats ciutadania i que per tant no tenen drets civils. Qualsevol judici, és quasi una sentència.

Abdallah Abu Rahme és un dels símbols de la resistència no armada a Palestina. Des de 2004 exerceix com a Coordinador del Comitè de Resistència Popular de Bi’lin. Aquests Comitès tenen com a objectiu frenar la ocupació a través de la resistència pacífica, i a l’hora ajudar als grangers que vivien de les terres a continuar amb la seva lluita per a la supervivència, dotant d’horts, espais per a la infància, espais culturals, entre d’altres, la població de Bi’li.

Bi’lin és un dels símbols de resistència civil de Palestina. Fa més de 9 anys que les habitants d’aquesta aldea es manifesten cada divendres, a partir de les 12:00, contra el mur i els assentaments il·legals (5 en total, sota el mateix municipi de Modi’in Illit, que compte amb 55.000 colons) construïts al voltant, pels quals Israel els va confiscar i separar d’uns 2000 dönums (200 hectàrees, el 50% de les seves terres). A través de la lluita pacífica, les habitants de Bi’lin van aconseguir que al 2007, la mateixa Cort Suprema d’Israel, considerés que la construcció de 2’7 km de mur no estaven justificats ni per raons de “seguretat militar”. Fins al 2011 el mur no va ser retirat. Van passar 4 anys abans no fos canviada la ruta del mur que envoltava Bi’lin. Amb aquesta petita victòria,  Bi’lin recuperava un 15% de terres del total confiscat. En conseqüència les habitants de Bi’lin, només compten amb 1200 dönums, 120  hectàrees de terra per a subsistir.

A tot això se li suma la restricció de l’aigua per part d’Israel, el qual només els hi permet 3 dies a la setmana d’aigua potable, als pobles només 1 cop. Més els constants atacs per part dels colons (armats per l’Estat d’Israel), els atacs i ofensives per part de l’exèrcit d’Israel, les detencions sense judici ni justificació, les demolicions de cases on hi viuen famílies senceres, la prohibició de la lliure circulació i un llarg etcètera de vexacions als drets humans.

Frank La Rue, (ex Relator Especial sobre la promoció i protecció del dret a la llibertat d’opinió i d’expressió), després de la seva visita a Israel i els territoris palestins ocupats al desembre de 2011, va posar en relleu que l’orde militar israeliana 101 és utilitzat per l’exèrcit israelià per a “restringir el dret dels palestins a la llibertat d’expressió i de reunió”. Segons La Rue, l’ordre “criminalitza l’expressió i les activitats polítiques, incloent l’organització i participació en les protestes; assistència a assemblees o vigílies; tinença, agitació o exhibició de banderes o altres símbols polítics; i la impressió i distribució de qualsevol material” que tingui una significació política”. Qualsevol incompliment de l’ordre es castiga amb 10 anys de presó i/o multa.

El Codi Militar israelià aplicada a Cisjordània s’utilitza contra la població civil com una forma de repressió contra els defensors dels drets humans. Els tribunals militars són només una eina de l’ocupació israeliana per aixafar la lluita popular palestina. El dret a la reunió pacífica està reconegut en l’article 21 del Pacte Internacional de Drets Civils i Polítics, del qual Israel és signatari, així com en els articles 19 i 20 de la Declaració Universal dels Drets Humans.

Les Directrius de la Unió Europea sobre Defensors dels Drets Humans i la Declaració de la ONU sobre el Dret i el Deure dels Individus, els Grups i les Institucions de Promoure i Protegir els Drets Humans universalment reconeguts i de les Llibertats Fonamentals, tot i no ser legalment documents vinculants per als estats, proporcionar a la la comunitat internacional l’obligació moral d’oferir suport i protecció als defensors dels drets humans en el context del seu treball.

No obstant això, les directrius de la ONU contenen una sèrie de principis i drets que es basen en les normes de drets humans consagrats en altres instruments internacionals jurídicament vinculants – com el Pacte Internacional de Drets Civils i Polítics, del qual Israel és membre signatari. D’altra banda, la Declaració va ser adoptada per consens per l’Assemblea General i per tant representa un compromís molt fort pels Estats per a la seva aplicació.

Israel s’ha saltat tots els acords signats per ell mateix, així com les seves pròpies lleis en relació a la construcció del mur i assentaments. La llei internacional defensa el dret a resistència en qualsevol dels seus formats davant d’un Estat opressor que violi els drets humans. És per això que exigim l’absolució de l’Abdallah Abu Rahme de tots els càrrecs i instem al Govern d’Israel a complir les seves obligacions, respectant el Dret Internacional Humanitari i el Dret Internacional dels Drets Humans així com a garantir la protecció dels drets humans i els seus defensors.

Signa per l’absolució de tots els càrrecs imputats a l’Abdallah. Perquè “ens neguem a morir en silenci”:

https://secure.avaaz.org/en/petition/Nitzan_Alon_IDF_commander_in_the_West_Bank_Stop_the_repression_against_Human_Rights_Defenders_in_Palestine/?dYZdgfb&pv=5

#freepalestine

#GazaUnderRubble

#Palestine

#FreeAbdallah

Abdallah Abu Rahma

https://www.facebook.com/abdallah.aburahma.3?fref=ts

International Solidarity Movement

http://palsolidarity.org/

https://www.flickr.com/photos/96410536@N03/

@ISMPalestine

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Tots els mals de la caixa de Pandora

Font: OACU

Font: Albert Marín-OACU

 

Comunicat de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) sobre els fets de la #OperaciónPandora

El passat 16 de desembre, a un quart de sis del matí, un operatiu format per 700 agents dels Mossos d’Esquadra, complint ordres de l’Audiència Nacional espanyola (hereva del Tribunal d’Ordre Públic del franquisme), en un operatiu ordenat pel jutge Javier Gómez Bermúdez sota el nom de “Operació Pandora”, van realitzar 11 detencions en catorze registres, tretze a Catalunya i un a Madrid. D’aquestes detencions, 7 van ser confirmades en els següents dies, acordant,  a petició de la fiscalia, l’ingrés a presó preventiva a Soto del Real. Els escorcolls es van produir en pisos particulars i entitats: al barri de Sant Andreu de Palomar els Mossos d’Esquadra van entrar a l’Ateneu Llibertari del Palomar, i al Poble Sec a l’Ateneu Anarquista. D’aquests, el que tingué més ressò fou el de la Kasa de la Muntanya, històrica casa okupada de Barcelona que enguany compleix 25 anys d’activitat.

Les irregularitats en la realització de l’operació no han estat excepció: tot l’operatiu va ser legitimat per el secret de sumari, cap dels detinguts va poder conèixer de què se les acusava, cap còpia de l’inventari del material requisat va ser produïda, el tracte de les persones que habitaven als immobles objecte d’escorcoll va ser humiliant i arbitrari. No obstant, sí ha transcendit el contingut de la interlocutòria de presó preventiva on el jutge detalla que les imputacions són per un presumpte “delicte de constitució, promoció, direcció i pertinença a organització terrorista”, així com pel presumpte delicte de “tinença i dipòsit o aparells explosius i inflamables, incendiaris o asfixiants”. També hi suma el “delicte de danys i estralls amb finalitat terrorista”. En declaracions a La Directa, Jaume Asens, un dels advocats que assisteix a un dels detinguts denunciava l’opacitat de tot el cas: “tant els Mossos com la Fiscalia, parlen de terrorisme sense especificar ni tipus delictius concrets, ni fets concrets individualitzats que se’ls imputa a cadascun d’ells”.

Així mateix, en un text publicat també a La Directa, Benet Salelles, també advocat d’una de les detingudes, manifestava la seva perplexitat per la lectura de les interlocutòries de presó provisional: “El jutge parla dels GAC (Grups Anarquistes Coordinats) com a organització terrorista i utilitza per a provar la pertinença dels imputats els fets que assistien a reunions o que participaven en l’elaboració de butlletins i publicacions de caràcter propagandístic llibertari. Altra vegada, la democràcia segrestada. L’associacionisme com a base de la sospita. El vincle comunitari com a eix del mal. La reflexió i la ploma crítica com a indici terrorista. La resolució judicial no concreta cap relació de les persones detingudes amb cap bomba concreta, amb cap explosió, amb cap dany, ni tan sols amb un trist contenidor cremat. Ja tenim doncs la perversió conceptual servida: el terrorisme ja no es genera amb atemptats contra les persones o els béns, la intimidació pròpia de la violència política ara neix de les reunions, els butlletins, les cartes i la solidaritat amb les preses”.

Dels possibles atemptats terroristes res en sabem, ni nosaltres ni bona part de la premsa que ràpidament ha corregut a difondre la informació policial com a verídica. La pregunta és clara, de què s’acusa a les persones detingudes? On ha explotat un artefacte? Qui ha mort, o resultat ferit, per un “atemptat anarquista”? Ens trobem no solament davant d’un indiscutible intent de demostració de força i de poder per part de l’Estat, sinó també d’una clara i evident expressió de com s’articulen els processos de construcció ideològica de l’enemic, que són posats en marxa en el marc del que no poden ser sinó desesperades temptatives per mantenir l’hegemonia de l’ordre social, polític i econòmic imposat, reflex inequívoc de l’estat de debilitat i desestabilització que assetja el govern actual. Aquest enemic que ens han presentat podria resultar no ser més que l’encarnació resultant dels mecanismes o habilitats recursives de l’Estat destinades, entre altres coses, a allunyar el focus d’atenció de la gravetat – i responsabilitat – de l’actual situació política i econòmica, o de reafirmar una pretensiosa i autoadjudicada capacitat per mantenir aquesta seguretat ciutadana a la que s’apel·la amb la nova Llei aprovada pel Congrés en matèria del que no deixen de ser mesures de control i repressió de la protesta i la dissidència.

Aquesta projecció de l’encarnació del mal sobre un col·lectiu concret, així com el tractament mediàtic i policial estigmatitzant, li confereix a aquests col·lectius (anarquistes, okupes, etc.) la qualitat d’enemic identificable, reconeixible, que s’ha fet present entre nosaltres, i que de forma imprevisible podria tornar a aparèixer. D’aquesta manera, pretenenfer-nos creure que aquesta nova tipologia d’enemic, el ”anarquista terrorista” que pretesament habita i actua avui en dia a les nostres ciutats, s’ha estat amagant fins ara, invisible, sense que ningú s’hagués adonat de la naturalesa criminal de les seves activitats. La personalització, així com l’assenyalament topogràfic de “l’enemic”, aconseguida mitjançant els registres i detencions realitzades i la producció del discurs mediàtic sobre aquestes, acaba amb la condició abstracta de la trama genèrica, situant-la en punts concrets del mapa, en llocs com la Kasa de la Muntanya, a els Ateneus Llibertaris, etc., espais de debat polític, associacionisme de barri i difusió de cultura llibertaria que ara són criminalitzats.

No oblidem, com assenyalava immillorablement Gerard Horta a VilaWeb, que “l’etimologia del mot ‘terrorisme’ remet a processos d’aterriment social originats i exercits pels estats sobre les societats. Que l’Audiència Nacional espanyola o un dels seus servents al nostre país – el conseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya – pretenguin actualitzar periòdicament aquest vell dispositiu social consistent a projectar l’encarnació del mal en un grup de gent – heretges, bruixes, judeo-maçons, boigs, adolescents, comunistes, drogoaddictes, negres, immigrants, pobres, independentistes, okupes, musulmans o anarquistes –  no ens hauria de fer perdre de vista que l’únic immens mal que sofreix la majoria social treballadora és el fruit de la injustícia social i de la desigualtat de la societat de classes”.

Des de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) expressem tota la nostra indignació i ràbia cap a l’ocorregut, veritable caça de bruixes dirigida des de l’autoritat i destinada únicament a sacralitzar, una vegada més, el seu mesquí poder i insolent impunitat enfront del poble i la justícia social. Així mateix, manifestemla nostra solidaritat amb els que han patit i estan patint els efectes de l’Operació Pandora,les nostres companyes i els nostres companys, veïnes i veïns que son criminalitzades per lluitar al costat dels desnonats, els immigrants i els col·lectius discriminats, per canviar aquest sistema injust que ens vol mantenir quietes i emmordassades en la seva democràtica dictadura neoliberal.

Barcelona, 21 desembre de 2014

Per una versió més extensa del comunicat, podeu clicar aquí.

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Barcelona i els museus com a pessebres

Foto: José A. Mansilla

Foto: José A. Mansilla

Aquest manifest ha estat elaborat per el GRECS-UB i subscrit per l’OACU


Fa diverses dècades que els museus etnològics clàssics, guarnits a les antigues metròpolis amb fons provinents dels territoris d’ultramar, experimenten arreu una mena de crisi existencial. Concebuts i inaugurats de manera general durant l’època d’exaltació de l’empresa colonial com a instruments de propaganda, només sobreviuen a la mala consciència dels temps actuals al preu d’una reformulació museogràfica completa, per bé que aquesta pot prendre rumbs molt diversos. En alguns casos, aplicant una estratègia generalitzada dins del sistema museístic internacional, aquestes institucions, hereves dels gabinets romàntics de curiositats, han encetat processos d’autorreflexió -i, per què no, també d’autoinculpació- que s’han traduït en una voluntat gradual de fer visibles, més o menys críticament, les condicions de la seva emergència i consolidació. En d’altres, en canvi, la manca de decisió o de lucidesa de la part dels seus gestors polítics i/o tècnics ha abocat aquestes institucions a una mena de paràlisi estructural, senyal inequívoc, de fet, d’una futura i, gosaríem dir-ne, saludable extinció.

Aquests dies, els advocats de la política cultural de l’Ajuntament de Barcelona deuen estar redactant recargolats al·legats, a l’aixopluc de les dignes teulades del Palau de la Virreina, allà on rau l’Institut de Cultura de Barcelona, per tal d’apagar l’incendi provocat pel judici públic obert al Museu Etnològic de Barcelona (d’ara endavant MEB). Com correspon als temps que corren, la polèmica envolta aquesta vegada la suposada cosificació de la cultura i identitat catalanes que posarà en pràctica el nou MEB a partir de l’any vinent, quan l’equipament torni a obrir les seves portes després d’una costosa reforma i d’una llarga inactivitat. Val a dir que les consignes i els titulars s’acostumen a imposar sobre els matisos, i que en aquest cas com en altres fóra convenient no confondre de manera automàtica els desitjos humits dels comissaris encarregats de vetllar pel compliment de l’ortodòxia amb el pragmatisme i el sentit comú que afortunadament encara romanen entre els tècnics que gestionen aquests equipaments. Sigui com sigui, se’ns anuncia que el MEB serà espoliat -mai millor dit- de les seves col·leccions exòtiques, provinents en la seva major part dels països que havien format part en un moment o altre de l’atribolat imperi colonial espanyol, com ara Mèxic, el Perú, el Marroc o Guinea, i que ara hauran de cercar la seva terra de promissió al flamant Museu de les Cultures del Món (sic). Mentrestant, el nou MEB farà, diguem-ne, de la necessitat virtut, aprofitarà una part de les immenses col·leccions de cultura material que havien estat integrades a l’antic Museu d’Arts, Indústries i Tradicions Populars i, sense cometes que convidin a prendre una certa distància irònica, rebem la noticia que d’ara endavant centrarà la seva proposta museogràfica en l’exhibició d’objectes que pertanyen a la(es) cultura(es) catalana(es), sigui el que sigui que això signifiqui.

A la dècada dels 90, alguns de nosaltres vàrem col·laborar en diverses ocasions amb el MEB. Recordem que aleshores la institució, un estrany i incòmode edifici construït a partir de mòduls hexagonals, a la manera d’un rusc gegant, patia malalties comuns amb la resta d’equipaments culturals de la ciutat (formació inadequada d’una part dels seus treballadors, un finançament que abocava al museu a la lluita per l’estricta supervivència, etc.) i d’altres que n’eren pròpies, com ara l’estructura rígida dels seus espais expositius, les dificultats d’accés a través dels camins de la muntanya de Montjuïc o la seva ubicació al revolt més tancat del vell circuit. Recordem, també, l’angoixa amb la qual l’equip de direcció vivia les magres estadístiques de visitants, sabedor que, davant l’embranzida neoliberal que assolava la Barcelona postolímpica, la supervivència del museu depenia del criteri insondable d’uns polítics ofuscats per assolir l’estricta rendibilitat econòmica dels equipaments culturals, insensibles a qualsevol raonament pedagògic, històric o fins i tot moral. Enmig del clímax d’autocomplaença que l’anomenat “model Barcelona” va estendre entre les elits polítiques i culturals de la ciutat, el MEB llanguia a les faldes de la muntanya, tot expiant els seus orígens colonials, amagat per no fer nosa, condemnat al silenci perquè el seu patrimoni semblava encabir-se poc i malament dins de la gàbia daurada en que s’havia convertit la xarxa de museus barcelonins. Just com ara.

Ara, les nostres elits polítiques i culturals –ves que no siguin, al cap i a la fi, les mateixes- han trenat afanosament una solució per al MEB, al seu parer definitiva, un nou pas de volta dins l’operació d’embelliment i frivolització de la gàbia cultural barcelonina: el Museu de les Cultures del Món. Emmirallat en Jacques Chirac quan era alcalde de Paris i va tirar endavant l’edificació del Musée du Quai Branly davant la protesta de bona part dels departaments d’antropologia francesos i la joia poc dissimulada dels grans marxants d’art, en Xavier Trias sembla disposat a deixar la seva empremta sobre el teixit cultural de la ciutat. L’obertura d’un museu adreçat, un cop mes, al turisme massiu que roda i s’escampa dia sí i dia també per la ciutat, i que pretén essencialment rescatar la dimensió estètica dels objectes pertanyents a altres societats, tot reproduint la vella consigna de que l’acte de contemplació deu ser independent de les condicions de la seva producció i apropiació –per tal d’evitar potser que informacions inoportunes contaminin el judici pur i sensible dels espectadors-, és el quid de tota aquesta operació, la guinda exòtica que li faltava al pastís –o pastitx- del carrer Montcada i, de retruc, l’equació que vol resoldre el vell problema del MEB.

Resulta un punt fascinant constatar cóm, al mercat cultural barceloní, es compleixen a la perfecció alguns dels corol·laris de la llei de Murphy, en particular aquell que afirma que tota situació dolenta és susceptible d’empitjorar. Resulta, en canvi, lamentable constatar la impunitat de què gaudeix una política cultural insensata, emparada en el control draconià de les subvencions i en les amenaces vetllades o simplement grolleres que deriven del seu exercici. La consigna, un cop més, és que qui s’hi mou no surt a la foto. Així, presentat com un fenomen meteorològic natural i inexorable, el futur Museu de les Cultures del Món s’aboca a la consagració superficial de l’exotisme, en el típic registre multiculti i acrític tant del gust de les nostres elits, tot eliminant aquelles col·leccions que, com ara les magribines –segurament les més nombroses de tot el fons del MEB-, trasllueixen una dosi massa reduïda d’exotisme i ens remeten en canvi massa explícitament a l’experiència colonial que va permetre la seva conformació. De retruc, el destí reservat per al nou MEB és un altre. Arrossegat per la marea identitària que ens envolta, però tal vegada conservant la particular declinació que CiU imposa sobre aquestes matèries –una celebració resistencial i teleològica de la cultura catalana, nodrint la ficció que aquesta es pot abstraure de la història de la lluita de classes i en definitiva de tota conflictivitat social-, el nou MEB sembla apostar, a falta d’altres informacions que ens indiquin el contrari, per la via de la reïficació del present i l’oblit dels episodis més foscos del nostre passat recent, per l’exhibició despolititzada dels estris de la nostra cultura material i, en fi, per la cultura entesa com a pessebre i no pas com a conflicte, negociació i, ocasionalment, entesa. Una mateixa paraula, sí, però amb significats diametralment oposats.

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