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De manteros y skates u otros surrealismos urbanos

La pista de skate instalada por la empresa  California Skateparks | Foto: OACU

La pista de skate instalada en el Passeig de Borbó por la empresa California Skateparks y promovida por el Ajuntament de Barcelona | Foto: OACU

por Giuseppe Aricó y José Mansilla (OACU)

Decía Althusser que la lucha de clases no se produce únicamente en la esfera productiva, la tan manida infraestructura de la sociedad, sino también a nivel supraestructural, es decir, disputando la ideología o ideologías. En esto se acercaba a Gramsci y al concepto de hegemonía y por eso él mismo presentaba su labor filosófica como lucha de clases en la teoría. Es de esta forma que podríamos entender el concepto de espacio público, así como su disputa, pues pertenece a un ámbito de lucha que podríamos denominar ideológico.

Mediante este enfoque, además, es posible entender la importancia destacada que obtiene en los discursos oficiales y técnicos relativos a la ciudad y los intentos de rebatirlo por parte de algunos sectores políticos activistas y académicos. Y es acercándonos al mismo como podríamos aprehender en su totalidad la actuación que en la últimas horas ha llevado a cabo la Guardia Urbana en el entorno del Puerto y la Barceloneta, a mandato del actual Ajuntament. Sirva así el siguiente relato etnográfico de emergencia para ilustrar la disputa por dicho concepto.

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Carteles de la campaña institucional del “tu-jo” | Foto: OACU

Son las 12.41 h. de la mañana, acabamos de pasar por el Passeig Juan de Borbó, el Excelentísimo Comes Barcinonae, y la cosa es peor de lo que habíamos imaginado. La pista de skate sólo ocupa una pequeña parte del Passeig, en el centro del mismo, y es muy reducida si la comparamos con la parte privatizada del Port Vell. Hay una fuerte presencia de lecheras que, parece ser, se quedarán aquí hasta las 19.30 h., según nos informa el mosso al mando de una operación a la que podríamos denominar de actividad lúdica y de calidad para todos y todas, siguiendo el estilo narrativo municipal.

Algunos efectivos van armados hasta los dientes. Todo el Passeig es una fiesta de turistas que deambulan en armonía y serenidad, andando o recorriendo la calle con seagways, patines, bicis “guay”, rickshaw, etc. Cualquier tipo de  palo de la luz o poste ha sido aprovechado para instalar parte de la campaña institucional del Ajuntament que, entre otras cuestiones, contempla una acción contra al top manta: sí, esa del “Tu-Jo”. Mientras, los pájaros cantan y los yates de millonarios internacionales descansan dentro de un puerto ya  inexpugnable juntos a los Ferraris de alquiler con las cuales celebrar ostentosas despedidas de solteros.

Lo que resulta aún más curioso es que hasta la misma hora, las 19.30 h., se quedarán en la zona algunos chiringuitos hypermolones de zumos o frutas biodinámicas y saludables. Son chiringuitos desplazables, o sea ambulantes,  pero “legales”, claro. Intentan vender vasos de fruta por 2,50 euros y consiguen hacerlo: atienden a los turistas -que están encantados de saborear fresh-local-fruit (sic.)- con una camiseta que pone “I Love Barcelona” y muestra un corazón rojo enorme. Estos chiringuitos móviles están, a esta hora, en el tramo que va de un lado al otro del Museu d’Historia de Catalunya, justo tras los puestos de los artesanos “legales”, esos que compran al por mayor en la India o Bangladesh y luego lo venden a los turistas despachándolo como artesanía local.

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Chiringuitos ambulantes de venta de fruta “biodinámica” | Foto: OACU

Unos minutos después, los chiringos de fresh-local-fruit siguen desplazándose sobre ruedas a lo largo y ancho del Passeig como abejas de flor en flor. Desde luego, la posición es estratégica de cara a evitar la presencia del top manta. Sus movimientos coordinados resultan ideales y cuentan con el vistiplau de la Guardia Urbana, a cuyos agentes regalan vasitos de fresh-local-fruit para agradecerles su dura labor.

Pero lo más esperpéntico es que ese mismo tramo está vallado por ambos extremos, con rejas puestas bajo vigilancia por personal de seguridad de la empresa Prosegur. Éstos abren y cierran las vallas a discreción de la Urbana, que está ahí al lado vigilando. Mientras tanto, los “manteros” se sientan, sin mercancía ni bultos, divertidos y perplejos a la sombra de los árboles bromeando, mirando y comentando entre ellos. Preguntados sobre lo surrealista de la situación , nos responden: “Esta vez no nos dejan y no pasa nada,  pero aquí nos quedamos, a ver si por lo menos podemos tomar la sombra…”.

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Una de las vallas vigiladas por PROSEGUR en uno de los extremos del Museu d’Historia de Catalunya| Foto: OACU

Así, cuando el primer Teniente de Alcalde del Ajuntament de Barcelona, Gerardo Pisarello, se felicita por una operación que, supuestamente, “ha evitado que se cometa un uso abusivo de la venta ambulante ilegal en la zona y se recupere el uso vecinal”, obviando, entre otras cuestiones, la privatización parcial del Port Vell o el hecho de que asociaciones de vecinos y vecinas, como L’Òstia, no han apoyado dicha intervención, está trasladando una contienda entre clases a la esfera de las ideas. Infraestructura y superestructura aparecen, así, unidas íntimamente y reflejadas en el contexto urbano de la Barcelona contemporánea.

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La conquista de los equipamientos y la memoria en el barrio del Carmel, Barcelona.

Las placas colocadas por el barrio del Carmel | Fuente: http://www.btv.cat/

Las placas colocadas por el barrio del Carmel | Fuente: http://www.btv.cat/

por Hector Gonzalez Salvadó (Soci de Comunitària Sccl)

El espacio físico y social del Carmel.

Los límites físicos del barrio del Carmel, enmarcado dentro del distrito norte de Horta-Guinardó en Barcelona, nunca estuvieron claros, como no lo están nunca en aquellos barrios y ciudades que han ido absorbiendo cada vez más territorio de forma difusa y poco planificada. A lo largo de los años, los límites administrativos de la Ciudad Condal fueron cambiando interna y externamente, de forma que algunas de sus calles y plazas pertenecen hoy a barrios o municipios diferentes a los que los vieron nacer. De ese modo, el imaginario de cada persona situaría los límites de éstos a partir de su propia experiencia y percepción del espacio que habita, más que a partir de límites administrativos preestablecidos.

En esta dirección, es posible afirmar que el Carmel no es una periferia prefabricada y diseñada a golpe de demanda constructora como los núcleos de Montbau, Vall d’Hebron o Sant Genís, que se extienden a su alrededor, sino más bien una suerte de amalgama de autoconstrucción, donde edificios de protección oficial correlativos forman islas de casas que, por lo general, logran aún conservar su yugo y sus flechas. Principalmente en las décadas de los ‘60 y ‘70, y en el contexto de la especulación inmobiliaria favorecida por las políticas desarrollistas localmente implementadas por el alcalde Josep María de Porcioles, se dio luz verde a la construcción de grandes bloques de viviendas, los cuales fueron sustituyendo gradualmente las antiguas casas unifamiliares surgidas en la zona a principios del siglo XX.

Este proceso imprimió un cambio significativo al territorio del Carmel incidiendo notablemente en la propia fisonomía física y social del barrio, que aún crecía sin ningún proyecto urbanístico coherente y sin las necesarias infraestructuras elementales, como alcantarillado, pavimentación de calles, iluminación, transportes, recogida de basuras, etc. Hoy día, el barrio está compuesto fundamentalmente por una parte plana planificada y embutida en un modelo más o menos reticular, y una parte montañosa con calles sinuosas. El espacio común es escaso o directamente inexistente y, de hecho, sus plazas han sido consecuencia de derrumbes en la mayor parte de los casos. La montaña haría, por lo tanto, de espacio público para la mayoría de sus habitantes. Así, la zona que en otro momento ocuparon las barracas es hoy una mezcla de yermo y bosque, muy descuidado en unos puntos, sobreexplotado en otros.

En su parte sur-oeste, el barrio limita con el Parc Güell, uno de los lugares más paradigmáticos de los procesos de exclusivización y turistificación a los que habría sido sometida Barcelona en los últimos años. La movilidad, debido a sus carencias estructurales, esto es, calles estrechas, empinadas y mal planificadas, es difícil y, de hecho, muchas personas del barrio tienen únicamente relación con aquellas otras que están en su misma cota de altura. Las escaleras mecánicas y los ascensores inclinados, instalados por el Ayuntamiento a partir del 2012, habrían traído cambios significativos a este comportamiento, aunque trasladarse en una silla de ruedas por el barrio sigue siendo una empresa prácticamente imposible en muchas de sus calles.

Por otro lado, cabe señalar que el Carmel representa uno de los barrios más empobrecidos de la ciudad dónde el suelo es más barato y el índice de analfabetismo es más elevado, aunque su población no destaca por el uso de los servicios sociales. Generalmente, las familias mantienen mucha importancia como forma de cohesión social, sin embargo, también es de las zonas de Barcelona que más población ha perdido en los últimos años. Como tantos otros barrios de la ciudad, también el Carmel es un barrio de emigración andaluza y castellana que se construyó mayormente en los años anteriores a 1976. Aun mantiene parte de su estructura social original, a la que hay que sumar las modificaciones ocasionadas en los últimos años debido a la gran cantidad de población proveniente de Europa del Este y, sobre todo, de la migración sudamericana. Estas recientes incorporaciones se hacen patente en el espacio público del barrio, principalmente en los alrededores del centro cívico Boca Nord, los espacios escolares y la plaza Pastrana.

Para ser un barrio periférico, el número de equipamientos no es escaso, disponiendo de gran cantidad de servicios básicos, pero el transporte público seguiría representado un problema persistente. Vivir en el Carmel, aunque no sea una zona muy alejada del centro, sí que supone (o al menos suponía hasta la llegada del metro en 2005) invertir gran cantidad de tiempo en los desplazamientos por la ciudad, sobre todo si lo comparamos con otros barrios que incluso se encuentran más alejados del centro. Este aspecto, sumado a las fronteras urbanas que suponen la Ronda, por un lado, y los tres turons (de la Rovira, del Carmel y de la Creueta del Coll), por otro, han conformado un barrio relativamente aislado y muy centrado en sí mismo, algo que, paradójicamente, habría generado una oferta comercial amplia y con enclaves bastante concurridos.

La percepción simbólica del Carmel.

Especialmente para la gente que no reside en el Carmel, los 3 principales ítems sobre el barrio parecerían ser únicamente los refugios antiaéreos y su palimpsesto de barracas posteriores, el socavón del metro y la novela Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, una de las pocas obras conocidas en las que aparece el Carmel. Se trata de un retrato social en el que los dos jóvenes protagonistas carmelís representan el arquetipo de habitantes de la periferia, aquellos que aceptan su suerte y viven oprimidos aspirando únicamente a vivir pedazos de cielo en la tierra. Ejemplo de ello es su protagonista, Manolo (el pijoaparte), que lucha por salir de su situación y a quien los textos de revolución le atraviesan como algo ajeno, mientras su vida se convierte en algo oscuro y quimérico.

Los antiaéreos, en cambio, construidos durante de la Guerra Civil y ubicados en la cima del Turó de la Rovira, forman indudablemente parte de la memoria antifranquista, aunque se trate de una memoria frustrada por unas baterías que no derribaron un solo avión en la Guerra Civil y que, posteriormente, se convirtieron en los cimientos desde donde nació un barrio de barracas (Díaz, 2011). Más tarde, en el mes de mayo de 2010, el Ayuntamiento de Barcelona inició la recuperación de la batería con el apoyo del Memorial Democràtic, una institución pública cuyo objetivo es la recuperación, conmemoración y el fomento de la memoria democrática en Catalunya. Debido especialmente a esa actuación, hoy día la zona logra traspasar fronteras por ser una de las fotos obligadas para todo turista que se precie de cumplir con su canon fotográfico.

Los antiaéreos, en definitiva, se habrían convertido en uno de los más importantes espacios de memoria histórica de la ciudad, y no sólo como símbolo de la resistencia antifranquista, sino sobre todo del pasado barraquista del barrio, que los vecinos reivindican con gran orgullo. Pero, en el caso del Carmel, el barraquismo no constituye una memoria exclusiva del pasado. Aún hoy existen algunas viviendas de autoconstrucción que siguen afectadas urbanísticamente sin tener propuesta de solución por parte de las diferentes administraciones que se han sucedido hasta la fecha. La afectación urbanística del barrio representaría, de hecho, un aspecto más amplio calado y sería clave para poder entender el peculiar carácter social del Carmel.

En esa dirección, es suficiente con retroceder a la mañana del 27 de enero de 2005, cuando el edificio ubicado al número 10 de la calle Calafell se hundió literalmente bajo tierra. El socavón aparecido, de unos 35 metros de profundidad y 30 de diámetro, fue provocado por un túnel realizado para la ampliación de la línea 5 del metro de Barcelona y afectó también a muchos otros edificios y a algún colegio del Carmel. El hundimiento no causó víctimas, pero debido al inminente peligro de hundimiento más de 1.200 vecinos tuvieron que ser desalojados de sus viviendas y realojados provisionalmente en hoteles, casas de familiares y, más tarde, en pisos puente.

Las consecuencias de ese acontecimiento no tardaron en desatar una verdadera tormenta política que afectó no sólo el gobierno de la ciudad, guiado por el socialista Joan Clos, sino también a el de la Generalitat de Catalunya, entonces bajo la presidencia del también socialista Pasqual Maragall. A pesar de que algunos responsables políticos de las obras dimitieran y que las demás ampliaciones de la línea 5 se paralizaran, la indignación vecinal seguí creciendo día tras día mientras, en el parlamento catalán, socialistas y convergentes no dejaban de lazarse mutuas acusaciones por las responsabilidades del incidente.

Por otro lado, es importante recordar que los máximos responsables de la mala ejecución de las obras del Metro, Felip Puig y Joaquim Nadal, a pesar de cometer diversas negligencias, presuntos cobros de comisiones y toda una serie de corruptelas alrededor de la obra, siguen siendo personal de confianza y asumiendo cargos de responsabilidad en el Parlament de Catalunya y no han asumido responsabilidad alguna por las consecuencias de sus actos (el Director General de Ports i Transports, Jordi Julià y el presidente de GISA, Ramón Serra, fueron también exculpados). En este sentido, el socavón representaría la alegría truncada, esto es, la aspiración frustrada de ser ciudad y el menosprecio de las instituciones hacía unos barrios periféricos a los que condena a llegar tarde y de la peor manera, diseñando desde los despachos su vida y sus desgracias. La cicatriz que deja no es únicamente geográfica, sino que también es evidente en unas relaciones sociales marcadas por una nula vinculación entre sus gentes, así como por su poca capacidad de cohesión.

La lucha por los servicios y la conquista de la memoria.

Durante mucho tiempo, un elemento constante en los barrios periféricos fue la lucha por los servicios básicos. En los bloques planificados, aunque no exentos de problemas, el alcantarillado venía de serie; en el Carmel, a caballo entre los campos, el barraquismo medio tolerado y los bloques que se abrían paso, esto no fue así. Las aceras las construyeron los vecinos y sus calles empinadas eran, a menudo, lodazales. La inexistencia de agua corriente incrementaba el problema de unos vecinos y vecinas que tenían que llegar aseados sus puestos en las fábricas o en aquellas casas donde atendían como servicio doméstico.

Así que la lucha por los servicios básicos era también una lucha por la dignidad de sus vidas. De alguna manera era tanto aspiración como obligación. El Carmel también cuenta con otras luchas, entidades y situaciones que valía la pena recordar y que podían responder al objetivo de dotar de significación a los lugares. Seguramente muchas conquistas urbanísticas, como la apertura de la calle Fastenrath o las famosas escaleras mecánicas, merecerían una atención especial, pero por lo difícil de su conexión con el imaginario de lucha y lo controvertidas que son siempre las actuaciones urbanísticas, no se consideraron como reseñables.

El 15 de mayo de 2011 es reconocida, sin duda, como una fecha que marcó el cambio generacional en la cultura política del Estado español, así como en las relaciones asociativas del barrio. Efectivamente, y a pesar de ciertas peculiaridades relacionadas con lo insalvable de su orografía y la desconexión entre sus habitantes, el 15M tuvo sus consecuencias también en un barrio como el Carmel, donde aparecieron dos asambleas, una en la cota superior y otra en la cota inferior. Horta, el barrio vecino, también tuvo su asamblea y en la Teixonera, otro barrio colindante, empezó a crearse otra, aunque no llegó a eclosionar por falta de gente y de interrelación con las demás. Un total de cuatro en un radio de unos 600 metros respecto a un hipotético centro localizado en la Pastrana, Carmel inferior. Es reseñable mencionar que más del 90% de la gente que aun permanecía en la Asamblea del Carmel cinco semanas después de su constitución, era no nacida ni crecida en el barrio. Este es un dato significativo que podría explicarse a través de la propia idiosincrasia del espacio y lo limitante que resulta en relación con ciertos códigos y prácticas cotidianas.

La multitud de acciones, reuniones, encuentros y manifestaciones celebradas evidenciaron que la Asamblea del Carmel fue seguramente de las más dinámicas de Barcelona, algo que adquiere aun más valor si se tiene en cuenta lo aislado de su realidad, tanto con el resto de la ciudad como dentro del propio barrio. Una gran actividad que contrastó con la tradicional poca interactuación. A la hora de buscar referentes sociales con los que construir su imaginario en un barrio con un tejido asociativo escaso y un carácter bastante endogámico, la Asamblea se dirigió al movimiento vecinal más tradicional, llegando a participar, junto a la A.VV. del Carmel, en la confección de una revista especial con motivo de su 40 aniversario. Como dato curioso, cabe señalar que, en el número 100 de la Revista Carrer de la FAVB y en la que se mostraban 100 luchas de la ciudad de Barcelona –que recordemos tiene 73 barrios- no había una sola proveniente del Carmel.

Fue a partir de la realización de entrevistas y la redacción de artículos para su publicación que la Asamblea fue levantando su propio mapa socioestructural del barrio. Una información que parecía flotar en el ambiente sin nunca concretarse, escondida y sepultada bajo las visitas e inauguraciones del alcalde de turno. El trabajo realizado se mostró cuantioso y “desconocido”, de forma que se pensó que podría llegar a convertirse en un poderoso elemento de conexión entre la A.VV. del Carmel, los propios vecinos y vecinas del barrio y el resto de Barcelona. Esta falta de conexión e interrelación del tejido social del barrio con el del resto de la ciudad se constataba en gran cantidad de temas, como el de los desahucios. Existiendo miles de ellos por toda la ciudad y haciéndose éstos visibles con concentraciones multitudinarias, en el Carmel no hubo ni una sola acción de paralización de desalojo. Eso no quiere decir que no haya habido otras luchas o reivindicaciones en el barrio, aunque éstas se circunscribían más a reivindicaciones parciales como veremos más adelante.

Es así como surge la idea del proyecto de placas conmemorativas como una forma de dotar de significación la calle y, además, servir de ejemplo de empoderamiento cotidiano. Las placas se hicieron con voluntad de replicabilidad y universalidad, como tantas otras acciones que se llevaron a cabo desde la Asamblea. Se trata de placas de una superficie de 600x300mm, hechas en plástico bicapa, resistentes a los rayos UV y grabadas con láser mediante cortadora. El precio unitario, con el alquiler de la maquinaria incluido, fue inferior a 10 € por placa. Además, se quiso aprovechar la capacidad de las redes sociales para ampliar la información, su difusión y viralización a través de códigos QR o similares, sin embargo, esto se demostró finalmente imposible debido a la dificultad de acceso debido a la localización y tamaño de las placas.

Finalmente se decidió instalar 14 de las mismas, las cuales podrían dividirse entre aquellas relacionadas con las luchas por la consecución de distintos servicios para el barrio, y aquellas otras que tienen un carácter simplemente conmemorativo. Sin embargo, a la hora de escribir el presente texto, las placas aún no habían sido colocadas. Este hecho depende de la buena voluntad del gobierno actual, Barcelona en Comú, con el que aparte de palabras no se ha mantenido ninguna otra consideración. Así, la decisión de no colocar las placas, de forma autónoma, durante la ruta efectuada por el barrio en julio de 2015,  se debió a la conciencia de la poca fuerza con la que contaba la propia A.VV.

Mitos y ritos activistas en realidades nebulosas.

En el Carmel existe un Plan Comunitario, un entramado creado entre las organizaciones no lucrativas y financiado con dinero municipal que, teóricamente, recoge las problemáticas del barrio y ayuda a los colectivos a conectar entre ellos. Sin embargo, debido a la inexistencia de un reglamento sobre este tipo de redes, el Plan acaba funcionando, salvo en contadas excepciones, como forma de penetrar en el laberinto burocrático, dando soporte a los proyectos de las asociaciones que lo conforman de forma un tanto opaca. También existe una asociación de comerciantes, la cual organiza diversos eventos de promoción del comercio y de la artesanía local.

Otras actuaciones de carácter minoritario son: 1) El cambio de trazado del autobús 87 para que pase por otra zona que supuestamente beneficia al mercado municipal; 2) Prohibición de una antena de telefonía móvil (las teorías sobre el supuso carácter canceroso de las antenas –no sobre los receptores, curiosamente- se hicieron eco en el barrio y movilizaron más personas que cualquier reivindicación sobre recortes en salud o educación); 3) Protesta encabezada por comerciantes de la zona para impedir el cierre de una sucursal bancaria de La Caixa debido a la relativa lejanía de la siguiente más próxima; 3) Pérdida de un pediatra en el CAP.

A lo largo del proceso descrito, el 15M del Carmel, su Asamblea, mutó absorbiendo, o siendo absorbido por, la A.VV. Tras más de tres años de reuniones, la Asamblea no había conseguido romper su aislamiento sobre el barrio. Sin local y sin interlocutores, ésta no contó con mucho margen a la acción. La entrada, pues, en la A.VV. del Carmel fue el único paso que permitía romper el ostracismo (auto)impuesto. Este cambio ha generado la asunción de un papel institucional en el barrio y cierta apertura en las relaciones con otras instituciones, aunque presumiblemente el cambio de gobierno municipal tenga también su parte de responsabilidad. En esta dirección, las luchas pasadas serían de interés si se produjera una continuidad con las presentes. Sin embargo, esa continuidad parece rota y la arqueología algo innecesaria.

Por tanto, los párrafos anteriores no tienen interés en tanto que enumeración de las luchas del barrio, como en el de intentar mostrar la interrelación de unos códigos activistas en una realidad barrial concreta. Es decir, mostrar cómo interactúan, cuáles son sus aspiraciones y los caminos (normalmente ya marcados) y cómo éstos se escogen. De cómo mientras la televisión mostraba imágenes de plazas llenas durante el 15M, las asambleas locales no tuvieron el magnetismo suficiente para atraer e identificar a sus posibles militantes. De cómo varios mundos coinciden simultáneamente en el mismo espacio, pero solo son mostrados a través de ideas preconcebidas y prefabricadas por la cultura de masas de los grandes agentes mediáticos.

Pasear cerca de algunas de estas acciones, y escuchar qué dice la gente sobre lo que está pasando, podría mostrarnos que no estamos más que ante un sainete postmoderno. Los códigos activistas no son reconocidos por el posible receptor y, por tanto, la comunicación no existe. Existen unos códigos del Carmelo (en castellano) que son compartidos por algunos grupos de personas. Seguramente esos códigos se distribuyen mejor en las estructuras familiares y en las escolares (familiares esperando a recoger a sus hijos) que en la calle. La calle no admite la confrontación momentánea de códigos; para cambiar la calle, para ser un actor reconocible en ella, hay que permanecer (ser) en ella y no sólo estar.

Otro espacio donde se construyen estos códigos es en el ámbito laboral. Históricamente el Carmel ha sido el hogar de los paletas de Barcelona. Un pelotón de gente usada y devorada por las exigencias de la burbuja del momento que tienen entrada al mercado laboral, más allá de las “ñapas” (pequeñas reparaciones a particulares), únicamente a partir de sus redes relacionales. Y estas redes relacionales se forjaron, sobre todo, en los años precedentes a las Olimpiadas y con el gobierno socialista como correa de transmisión de las contratas, algo que, de ser cierto, seguramente genera una mayor permeabilidad al discurso sobre las bondades del Ayuntamiento que al de las consecuciones de los movimientos.

Otra de las explicaciones que nos han sugerido muchas personas que ya no viven en el barrio, es la de que los jóvenes se van a otros barrios donde creen que pueden vivir mejor. Aquellos que se quedan, se quedan bajo los compromisos familiares, y aquellos que marchan, lo hacen para mejorar. Hay un cierto paralelismo con los personajes de Marsé. De hecho, esto se puede comparar con otro fenómeno que se produce en el barrio, en este caso en relación a las escuelas. La mayor parte de adolescentes van al instituto en otros barrios (Guinardó o Vall d’Hebron), donde comparten sus vidas con otras personas y donde la orografía, la comunicación y el transporte es bastante más fácil y asequible.

El Carmel, por tanto, combina cierto carácter de ciudad dormitorio con otro que comparte una idea de cómo se ha construido la calle y que tiene una visión social viene muy marcada por su pertenencia al grupo. Aparte de eso, conviven una suerte de agentes sociales que trabajan en determinados equipamientos y servicios y que no forman parte de la calle, sólo la transitan. Por último señalar que un proyecto como el de las placas se ha acabado convirtiendo, dentro el imaginario del barrio, en una acción municipal. En vez de potenciar el empoderamiento y la conciencia local, ha desembocado en cierto reconocimiento institucional y en la idea de que el actual poder municipal (Barcelona en Comú) está relacionada con la Asamblea del 15M y con la A.VV. del Carmel.

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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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De proletarios a propietarios, o los origines de la lógica espacial del urbanismo neoliberal.

por Giuseppe Aricó (OACU)

A principios de los ’70 el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona encargó al fotógrafo santanderino Julio Ubiña la realización de un video que promocionara los entonces vanguardistas “polígonos de absorción”, esto es, conjuntos residenciales alejados del centro y destinados a reabsorber la población chabolista asentada en los cada vez más rentables intersticios de la Ciudad Condal. A pesar de su absoluta –pero comprensible- falta de criticismo, no hay duda de que el vídeo representa una clara evidencia de aquella retórica perversa que caracterizó las lógicas urbanísticas de la época franquista y que, sin embargo, sigue hoy día perpetrando su legado en el actual urbanismo de corte neoliberal.

El hecho es que, a partir de los ’60, la economía española empezó a desarrollar una gran dependencia del sector bancario-inmobiliario, el cual jugó un papel clave en la configuración del espacio económico y, por ende, social del Estado. De ese modo, el crecimiento de las principales metrópolis durante el franquismo implicó una potente expansión del mercado inmobiliario en general, especialmente en el sector constructor y promotor de la vivienda social. Sería precisamente este aspecto el que supuso enormes repercusiones en la reposición del patrimonio inmobiliario del Régimen gracias a una política de vivienda que se basaba en incentivar el concepto de propiedad entre la ciudadanía.

En 1959, año que marcaría un verdadero punto de inflexión para la política autárquica del franquismo, el entonces ministro de Vivienda José Luis Arrese ensalzaba el trabajo de los “agentes de la propiedad inmobiliaria” afirmando que “[…] la misión que de una manera concreta está encomendada a vuestro quehacer diario, es la de intervenir en la transacción de la propiedad inmobiliaria; pero para ello, para que haya transacción, es preciso que primero haya propiedad; y mirad por dónde, repito, os vamos a necesitar cada vez más, porque cada vez más claramente y sin torceduras vamos a fomentar la propiedad privada. […] No queremos, y lo consideramos un mal, aunque a veces sea un mal necesario, que la construcción derive de un modo colectivo hacia el arrendamiento, […] la fórmula ideal, la cristiana, la revolucionaria desde el punto de vista de nuestra propia revolución, es la fórmula estable y armoniosa de la propiedad […]. Queremos un país de propietarios, no de proletarios”.

Las palabras del ministro Arrese, renombrado arquitecto falangista, respondían claramente a la necesidad política y económica del Régimen de redistribuir territorialmente los sectores más desfavorecidos de la población en nombre de la hegemonía absoluta de lo que algunos autores definen como la “cultura de la propiedad”. En esta dirección, el objetivo político de las fuerzas dominantes era estimular la propiedad de la vivienda como elemento básico de pertenencia, sobre todo entre las clases proletarias, reforzando así las políticas extremadamente conservadoras y de control social del Régimen. En otras palabras, tal y como señalan investigaciones más recientes, “el desarrollo del capitalismo inmobiliario se ‘incrusta’ profundamente, desde sus inicios, en unas formas de reproducción social muy singulares, caracterizadas entre otras cosas por la elevación de la vivienda en propiedad a elemento cúspide en la organización de la unidad doméstica obrera”.

Es en este contexto social y político, caracterizado por una verdadera lucha institucional contra la renta limitada, donde se enmarcan el Plan de Urgencia Social para Barcelona, presentado en 1958, y el Plan de Supresión del Barraquismo de 1961. Ni tiene que decir que las medidas estratégicamente concebidas y planificadas dentro del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959, como los Planes de Desarrollo o los Planes de la Vivienda, fueron ejecutadas a partir precisamente de la década de los ’60, es decir, en un momento crucial para el proceso de estabilización social y política del Segundo Franquismo. En este sentido, la finalidad del Plan de Supresión del Barraquismo no era tanto “dignificar” a los chabolistas mediante la provisión desinteresada de vivienda social, sino más bien acabar rápida y definitivamente con todos los asentamientos de autoconstrucción, sobre todo con los que surgían en espacios particularmente rentables en términos urbanísticos.

Para ello, las instituciones empezaron a planificar el desplazamiento sistemático de numerosos chabolistas hacia las periferias urbanas de las grandes ciudades, ahí donde serían realojados en grandes bloques de viviendas verticales. A finales de los ‘60, el entonces alcalde de Barcelona, Josep María de Porcioles, proclamó que los restos del chabolismo en la capital serían definitivamente erradicados con la construcción de nuevos “polígonos de absorción”, edificados en pos de una vivienda “adecuada”, “digna” y “en propiedad”. En esta dirección, los polígonos de Canyelles, en Nou Barris, y de La Mina, en Sant Adrià de Besòs, representarían, dentro del marco del Plan de Supresión del Barraquismo, las dos operaciones más emblemáticas efectuadas por el Patronato Municipal de la Vivienda para realojar a numerosas “familias chabolistas” del área metropolitana de Barcelona.

Relegados a la periferia o a áreas rurales cercanas a las ciudades y ubicados en terrenos de escaso valor ambiental, los polígonos de la era porciolista no eran sino una pantalla tras la cual ocultar las causas reales del progresivo aumento de la desigualdad socio-espacial que venía perfilándose sobre todo el territorio nacional. Efectivamente, la alta densidad habitacional que llegaron a registrar esos polígonos, sin buenos transportes y comunicaciones, con escasos o nulos equipamientos, con una mala calidad de construcción y un reducido tamaño de las viviendas, respondían a la absoluta falta de interés del Régimen por comprometerse de verdad con los problemas sociales y económicos de la época.

En definitiva, especialmente durante las “décadas doradas” del desarrollismo, los tecnócratas de Franco no se habrían preocupado por solucionar las condiciones sociales, laborales o de vivienda de la población más desfavorecida, sino por encontrar la manera más rentable de “mejorar” y explotar la capacidad productiva del proletariado. Una estrategia económica, que no una política social, que en cierta medida marcaría los orígenes de la lógica espacial que tan íntimamente caracteriza el actual urbanismo neoliberal, aquel que ya no aspira simplemente a planificar la ciudad y, por ende, la vida y las conductas de sus habitantes, sino que se obstina en convertir los vecinos en clientes.

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El poder simbólico del discurso y las omisiones de clase

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

por Juliana Marcús (OACU)

A 100 días del inicio de la gestión del presidente argentino Mauricio Macri, su par estadounidense Barack Obama visitó el país por primera vez. Su llegada ha causado cierto malestar entre algunas agrupaciones civiles, políticas y de derechos humanos porque, entre otras cuestiones, coincidió con la conmemoración de los 40 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Durante el encuentro, que mantuvieron en conferencia de prensa el pasado miércoles 23 de marzo, debatieron sobre política exterior, el reciente atentado a Bruselas, educación, desarrollo y ciencia y tecnología, entre otros temas.

A horas de cumplirse un nuevo aniversario del golpe militar, Mauricio Macri hizo mención a la desclasificación que Estados Unidos realizará de los archivos vinculados a la última dictadura argentina, que describió como “la época más oscura de nuestra historia”, pero no hizo una sola mención al terrorismo de Estado, a la desaparición forzada de personas, a la desindustrialización sostenida, a la recuperación de la memoria, la verdad y la justicia. Más allá de esta omisión, que considero inadmisible puesto que constituye una “omisión de clase” en plena regla, mi intención en este texto es centrarme en otro encuentro que se llevó a cabo horas después: me refiero al que se dio entre las primeras damas Juliana Awada y Michelle Obama en el marco de la iniciativa Let Girls Learn (Dejen aprender a las jóvenes) cuyo ambicioso objetivo es que en los próximos 70 años todas las niñas del mundo puedan acceder a una educación  formal.

Lo primero que quiero destacar es el lugar donde se realizó el encuentro: el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) ubicado en el barrio porteño de Barracas, al sur de la ciudad. El CMD forma partedel Distrito de Diseño, una iniciativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que tiene por finalidad consolidar el estatus de Buenos Aires como Ciudad UNESCO de Diseño. El plan se inscribe dentro de una propuesta más amplia que apunta a “revitalizar” y “renovar” la zona sur de la ciudad, tal como la retórica urbanista la presenta e incluye inversiones de capitales públicos y privados en los barrios de La Boca (Distrito de Las Artes, Usina del Arte, Paseo de Las Artes, saneamiento del Riachuelo, Fundación Proa), Parque Patricios (Distrito Tecnológico) y San Telmo (Distrito de Las Artes y renovación urbana del Casco Histórico).

Quiero detenerme en la expresión “revitalizar el sur” puesto que es muy utilizada por los agentes públicos y desarrolladores privados para definir acciones que impulsen la “renovación” urbana y cultural de áreas relegadas de la ciudad. Esta expresión invisibiliza los modos del habitar que ya existen en los barrios del sur o en otras zonas degradadas como si se tratara de un espacio “sin vida”, abandonado y en desuso. En definitiva, la práctica y los discursos urbanísticos niegan y suprimen los usos, las lógicas urbanas y las relaciones sociales que se desarrollan en estas áreas y pretenden incidir en lo urbano, es decir, en el espacio vivido, en términos de Lefebvre. Este centro de diseño se encuentra apenas a ocho cuadras de la villa miseria 21-24, la más poblada de la Ciudad de Buenos Aires. Y, sin embargo, no hubo una sola adolescente de la villa presente en la conferencia de Michelle Obama. Volveré sobre esto más adelante.

Lo segundo que quiero resaltar es el discurso de Juliana Awada para presentar a Michelle Obama ante un auditorio repleto de mujeres adolescentes. Fueron apenas tres minutos pero los suficientes para ejercer lo que Pierre Bourdieu llamó “poder simbólico”. Por tomar sólo un ejemplo, Awada comenzó su presentación leyendo: “Cuando uno quiere curar enfermos, estudia medicina. Cuando uno quiere construir una casa, estudia arquitectura, ¿no? Pero cuando una elige acompañar a su marido en una tarea con tanta responsabilidad como es ser Presidente, una no estudia para ser Primera Dama.” El poder simbólico de este discurso radica en conservar e inmovilizar las clasificaciones del mundo social. Se trata de un poder invisible que se ejerce con la complicidad de aquellos que lo legitiman de modo que el poder es reconocido cuando se desconoce su arbitrariedad, aquello que Bourdieu denominó reconocimiento por desconocimiento.

Las palabras de Awada otorgan a la mujer un lugar de “acompañante” y de “sostén” del varón que reproducen cliches del tipo “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, y con ello los más rancios estereotipos de género que los movimientos feministas vienen cuestionando y combatiendo desde hace décadas. Considero que estos movimientos  están en condiciones de destruir este poder de imposición simbólica desde el momento en que toman conciencia de lo arbitrario. A diferencia del discurso ortodoxo, el discurso heterodoxo encierra un poder simbólico de movilización y subversión del orden establecido como natural.

Me gustaría enfatizar la contradicción producida entre el tema de la conferencia y el público que la escuchaba. Michelle Obama disertó sobre la desigualdad en el acceso a la educación de las mujeres, pero las jóvenes estudiantes que fueron invitadas al CMD eran de sectores medios y altos, la mayoría vestidas con uniformes de colegios privados de la Ciudad de Buenos Aires y con sus iPhones en mano. Estas jóvenes son quienes, generalmente, reproducen esa desigualdad y diferencia de clase. No había una sola adolescente de los denominados sectores bajos y populares, muchas de ellas expulsadas del sistema educativo, porque sencillamente no fueron consideradas ni invitadas. Me atrevería a decir que más que una contradicción se trató de un claro ejemplo de habitus de clase: Awada y sus asesores y asesoras probablemente no se hayan dado cuenta de tremendo descuido puesto que desde sus marcos de percepción es impensable la presencia de esas chicas en ese espacio.

Por último quisiera destacar que durante los veinte minutos del discurso de Michelle Obama su leitmotiv fue Yes you can! Con frases como “Mis padres no tenían estudios universitarios, pero me enseñaron que podría lograr lo que fuera si me esforzaba y estudiaba”, “empecé a pensar en mi capacidad de alcanzar mis propios sueños” o “gracias a mis estudios tuve oportunidades”, la primera dama estadounidense aludió constantemente a la voluntad individual como único y principal camino para combatir las desigualdades sociales y omitió decir que son los Estados los que deben garantizar el derecho al acceso igualitario a la educación.

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Lo urbano como fogón de brujas

Vaga general de Barcelona en 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Vaga general en Barcelona, 2012 | Fuente: http://fotomovimiento.org/

Texto originariamente publicado como prólogo al libro Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales (Pol·len, Edicions, 2015).

por Manuel Delgado (OACU)

 

“Lo urbano se alza así como horizonte, forma y luz (virtualidad que ilumina) al mismo tiempo que como práctica en marcha, como fuente y fundamento de otra naturaleza, de una naturaleza diferente de la inicial […]. La problemática urbana se anuncia. ¿Qué saldrá de ese hogar, de este fogón de brujas, de esta intensificación dramática de las potencias creadoras, de las violencias, de ese cambio generalizado en el que no se ve qué es lo que cambia, excepto cuando se ve excesivamente bien: dinero, pasiones enormes y vulgares, sutilidad desesperada? La ciudad se afirma, después estalla”.
Henri Lefebvre (1976a: 114)

Este libro que ahora arranca reúne diversas evidencias de cómo las grandes dinámicas de mutación urbana son gestadas y gestionadas desde la lógica neoliberal, es decir, a partir de los principios de un capitalismo que le exige al Estado la reducción al máximo a su papel de arbitraje económico y atención pública, pero que le asigna un papel clave como su cooperador institucional, tanto por lo que hace a la represión de sus enemigos –reales o imaginados- y la contención asistencial de la miseria, como a la producción simbólica y de efectos especiales al servicio del buen funcionamiento de los mercados.

De tal alianza entre penetración capitalista y políticas públicas resulta una transformación de la fisonomía tanto humana como morfológica de muchas ciudades, consistente en favorecer la revitalización como espacios-negocio de barrios céntricos o periféricos que fueron populares, o de antiguas zonas industriales o portuarias ahora abandonadas, que se recalifican como residenciales “de categoría” o se colocan al servicio de las nuevas industrias tecnológicas y cognitivas. Esos macro-procesos de transformación urbana suponen consecuencias sociales que se resumen en una ley que raras veces no se cumple: rehabilitar un barrio es inhabilitar a quienes fueron sus vecinos para continuar viviendo en él. O, dicho de otro modo: reformar es expulsar.

También los casos que se nos exponen a continuación son pruebas del papel no solo de intereses económicos catastróficos y de administraciones públicas lacayas a su servicio, sino de cómo arquitectos, diseñadores y urbanistas convierten en planes y proyectos esas intenciones y cómo no faltan teóricos en condiciones de aportar altas razones para las dinámicas de destrucción y entristecimiento de la ciudades. Con ello se demuestra que Henri Lefebvre continúa teniendo razón en que lo propio de la tecnocracia urbanística es la voluntad de controlar la vida urbana real, que va pareja a su incompetencia crónica a la hora de entenderla.

Considerándose a sí mismos gestores de un sistema, los expertos en materia urbana pretenden abarcar una totalidad a la que llaman la ciudad y ordenarla de acuerdo con una filosofía –el humanismo liberal- y una utopía, que es en esencia, como corresponde, una utopía tecnocrática. Su meta continúa siendo la de imponer la sagrada trinidad del urbanismo moderno: legibilidad, visibilidad, inteligibilidad (Lefebvre 2013: 151). En pos de ese objetivo, creen los expertos que pueden escapar de las constricciones que someten el espacio a las relaciones de producción capitalista.

Henri Lefebvre durante el rodaje del programa Urbanose en 1972 | Fuente: http://ppesydney.net/

Henri Lefebvre durante una entrevista televisiva en 1970 | Fuente: http://ppesydney.net/

Buena fe no les falta, ya hacía notar Lefebvre, pero esa buena conciencia de los urbanistas, arquitectos y diseñadores agrava aún más su responsabilidad a la hora de suplantar esa vida urbana real, una vida que para ellos es un auténtico punto ciego, puesto que viven en ella, pretenden intervenirla e incluso vivir de ella, pero no la ven en tanto que tal. Esos tecnócratas –tecnócratas de la ciudad- hablan de espacio, pero en realidad están pensando en suelo, puesto que ese espacio que creen que ordenan acaba tarde o temprano convertido en espacio en venta. Es un espacio vacío y primordial, neutro, en condiciones de recibir contenidos fragmentarios y disjuntos. Es, por definición, el espacio de las clases medias, precisamente porque ellas también son o quisieran ser neutras y encuentran o creen encontrar en ese espacio “un espejo de su ‘realidad’, de representaciones tranquilizantes, de un mundo social en el que han encontrado su lugar, etiquetado, asegurado” (Lefebvre 2013: 356), aunque es verdad que ese es solo un efecto óptico, la consecuencia ilusoria de que esas clases medias han sido objeto al brindársele un falso alivio para unas aspiraciones que la realidad nunca satisfará.

Para Lefebvre, tanto el urbanismo como la arquitectura de ciudades se han constituido en ciencia, técnica e ideología de la desactivación del espacio urbano, entendido como espacio de y para lo urbano. Recuérdese la distinción que Lefebvre (1976b: 68-69) plantea entre la ciudad y lo urbano. La ciudad es una base práctico-sensible, una morfología, un dato presente e inmediato, algo que está ahí: una entidad espacial inicialmente discreta –es decir un punto o mancha en el mapa-, a la que corresponde una infraestructura de mantenimiento, unas instituciones formales, una gestión funcionarial y técnica, unos datos demográficos, una sociedad definible…

Lo urbano, en cambio, es otra cosa: no requiere por fuerza constituirse como elemento tangible, puesto que podría existir y existe como mera potencialidad, como conjunto de posibilidades. La ciudad es palabra, habla, sistema denotativo. Lo urbano va más allá: no es un tema, sino una sucesión infinita de actos y encuentros realizados o virtuales, una sensibilidad hacia las metamorfosis de lo cotidiano, que le debe no poco a la sensibilidad de Charles Baudelaire a la hora de descubrir lo abstracto y lo eterno en los elementos más en apariencia banales de la vida ordinaria, la proliferación en ella de todo tipo de proyecciones e imágenes flotantes.

La vida urbana –lo urbano como forma de vida- “intenta volver los mensajes, órdenes, presiones venidas de lo alto contra sí mismas. Intenta apropiarse el tiempo y el espacio imponiendo su juego a las dominaciones de éstos, apartándoles de su meta, trampeando… Lo urbano es así obra de ciudadanos, en vez de imposición como sistema a este ciudadano” (Lefebvre 1978: 85). Lo urbano es esencia de ciudad, pero puede darse fuera de ella, porque cualquier lugar es bueno para que en él se desarrolle una sustancia social que acaso nació en las ciudades, pero que ahora expande por doquier su “fermento, cargado de actividades sospechosas, de delincuencias; es hogar de agitación. El poder estatal y los grandes intereses económicos difícilmente pueden concebir estrategia mejor que la de desvalorizar, degradar, destruir la sociedad urbana…” (Ibíd.: 99).

Lo urbano es lo que se escapa a la fiscalización de poderes, saberes y tecnologías que no entienden ni saben qué es lo urbano, puesto que “constituye un campo de visión ciego para aquellos que se limitan a una racionalidad ya trasnochada, y así es como corren el riesgo de consolidar lo que se opone a la sociedad urbana, lo que la niega y la destruye en el transcurso del proceso mismo que la crea, a saber, la segregación generalizada, la separación sobre el terreno de todos los elementos y aspectos de la práctica social, disociados los unos de los otros y reagrupados por decisión política en el seno de un espacio homogéneo” (Lefebvre 1976b: 71).

No obstante los ataques que constantemente recibe lo urbano, y que procuran desmoronarlo o al menos neutralizarlo, éste –sostiene Lefebvre- persiste e incluso se intensifica: “Las relaciones sociales continúan ganando en complejidad, multiplicándose, intensificándose, a través de las contradicciones más dolorosas. La forma de lo urbano, su razón suprema, a saber, la simultaneidad y la confluencia no pueden desaparecer. La realidad urbana, en el seno mismo de su dislocación, persiste” (Ibíd.: 121). Es más, se antoja que la racionalización paradójicamente absurda que pretende destruir la ciudad ha traído consigo una intensificación de lo urbano y sus problemáticas.

De ello el mérito le corresponde a habitantes y usuarios que, a pesar de los envites que padece un estilo de vida que no deja nunca de enredarse sobre sí mismo, o quizás como reacción ante ellos, “reconstituyen centros, utilizan lugares para restituir los encuentros, aun irrisorios” (Lefebvre 1978: 100). Para Lefebvre, lo urbano no es substancia ni ideal: es más bien un espacio-tiempo diferencial. Lo urbano es el lugar “en que las diferencias se conocen y al reconocerse se aprueban; por lo tanto se confirman o se invalidan. Los ataques contra la urbano prevén fría o alegremente la desaparición de las diferencias” (Lefebvre, 1976a: 100). Lo urbano no es ya sino la radicalidad misma de lo social, su exacerbación y, a veces, su exasperación. Lo urbano, al mismo tiempo que lugar de encuentro, convergencia de comunicaciones e informaciones, se convierte en lo que siempre fue: lugar de deseo, desequilibrio permanente, sede de la disolución de normalidades y presiones, momento de lo lúdico y lo imprevisible (Lefebvre 1978: 106). Lo urbano es lo que aporta “movimiento, improvisación, posibilidad y encuentros. Es un “teatro espontáneo” o no es nada” (Ibíd.: 157).

Los tecnócratas urbanos creen que su sabiduría es filosófica y su competencia técnica, pero saben o no quieren dar la impresión de saber de dónde proceden las representaciones a las que sirven, a qué lógicas y a qué estrategias obedecen desde su aparentemente inocente y aséptica caja de herramientas. Están disuadidos de que el espacio sobre el que reciben instrucciones para actuar técnicamente está vacío, y se equivocan, porque en el espacio urbano la nulidad de la acción sólo puede ser aparente: en él siempre ocurre algo. De manera al tiempo ingenua y arrogante, piensan que el espacio urbano es algo que está ahí, esperándoles, disponible por completo para sus hazañas creativas. No reconocen o hacen como si no reconociesen que ellos mismos forman parte de las relaciones de producción, que acatan órdenes.

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: MArio Gaviria

Henri Lefebvre con su hija pequeña Armelle y su entonces compañera, Nicole Beaurain, en 1973 | Fuente: Mario Gaviria

Frente a un control sobre la ciudad por parte de sus poseedores políticos y económicos, que quisieran convertirla en valor de cambio y que no dudan en emplear todo tipo de violencias para ello, lo urbano escapa de tales exigencias, puesto que se conforma en apoteosis viviente del valor de uso. Lo urbano es el reino del uso, es decir del cambio y el encuentro liberados del valor de cambio. Es posible que la ciudad esté o llegue a estar muerta, pero lo urbano persistirá, aunque sea en “estado de actualidad dispersa y alienada, de germen, de virtualidad. Lo que la vista y el análisis perciben sobre el terreno puede pasar, en el mejor de los casos, por la sombra de un objeto futuro en la claridad de un sol de levante…” (Ibíd.: 125). Un porvenir que el ser humano no “descubre ni en el cosmos, ni en el pueblo, ni en la producción, sino en la sociedad urbana”. De hecho, “la vida urbana todavía no ha comenzado” (Ibíd.: 127).

La colección de textos que sigue es una contribución a la defensa de lo urbano contra sus enemigos, tanto materiales –los planes y los planos- como ideológicos –los ensalmos para apaciguar las ciudades-. Son la consecuencia de experiencias implicadas no sólo en el conocimiento de la vida urbana sino también a su servicio. Todos los materiales aquí reunidos son homenaje al pensamiento lúcido de Henri Lefebvre, como explícita o implícitamente lo es todo lo que se está diciendo y escribiendo para denunciar los intentos de apagar ese fogón de brujas del que nos hiciera la exaltación.

Acredita el trabajo de la gente del Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) y de amigos/as con quienes comparte teorías e impaciencias. Sabiéndolo o no, han asumido el mandato de reeditar la misma confluencia que fundó el concepto de modernidad que Lefebvre hizo suyo, una modernidad forjada en la segunda mitad del siglo XIX como una síntesis o sobreposición entre dos horizontes: el de transformar el mundo –Marx, Bakunin- y el de transfigurarlo –Baudelaire-, es decir, modificar la realidad y, al tiempo, burlarse de ella y desafiarla (Lefebvre 1971: 155-171).

En ello consistió la llamada de Lefebvre a devenir de nuevo modernos y hacerlo en una nueva clave revolucionaria, consistente en avanzar hacia lo que él llamó lo posible-imposible (Lefebvre 1972: 50-52), es decir, en huir de lo que se le opone, que es lo posible-posible –acomodarse, tomar distancias con el presente, disponer de puertas de salida o vías de escape- y hacer lo que se nos propone en este libro: proclamar una actitud, no una doctrina; convertir la desesperanza en rabia y frenesí; vivir desgarradamente la plenitud de la belleza y la urgencia de las luchas.

Bibliografía

LEFEBVRE, H. (1971 [1962]) Introducción a la modernidad, Madrid: Tecnos.

LEFEBVRE, H. (1972 [1957]) “El romanticismo revolucionario”, en Más allá del estructuralismo, Buenos Aires: La Pléyade, pp. 27-52.

LEFEBVRE, H. (1976a [1970]) La revolución urbana, Madrid: Alianza.

LEFEBVRE, H. (1976b [1972]) Espacio y política, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (1978 [1968]) El derecho a la ciudad, Barcelona: Península.

LEFEBVRE, H. (2013 [1974]) La producción del espacio, Madrid: Capitán Swing.

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22@, reforma o derogació: un nou pla de desenvolupament socio-econòmic pel Poblenou

Font: A. M.

Font: A. M.

per Albert Martín (sociòleg i veí del Poblenou)

Amb el nou context al consistori barceloní el Pla22@ es torna a posar sobre la taula de debat. Des del Districte de Sant Martí s’ha posat sobre la necessitat de revisar els 15 anys d’execució i de “reformular” la intervenció urbana en el sistema productiu d’aquest. Re-enfocant l’orientació del 22@ a la “economia cooperativa i solidària, la rehabilitació del patrimoni i la sostenibilitat” en l’Eix Pere IV [1]. Mentrestant grups impulsors del 22@ com PSC i ERC apel·len a la necessitat d’una “reindustrialització” de la ciutat, sense cap autocrítica al Pla22@, ni als seus efectes ni al seu recorregut, argumentant que la seva paralització -o fracàs- es deu al govern de CiU i a la crisi econòmica. En aquest sentit, avaluar si el Pla22@ és reformulable o necessita ser derogat, i impulsar un nou pla de desenvolupament econòmic i social pel Poblenou, requereix d’un balanç dels 15 anys del Pla.

Balanç de 15 anys del Pla 22@

Tot comença quan el 27 de juliol de 2000 era aprovat per l’Ajuntament de Barcelona el 22@, una modificació dels usos del sòl permesa pel Pla General Metropolità del 1976 [2]. Amb una afectació de 115 hectàrees de sòl, l’àrea industrial anomenada 22a passava a denominar-se 22@. El que serien 117 “illes de l’Eixample” de les 180 del barri passaven de ser d’usos industrials a usos per a noves tecnologies, “economia d’activitat intensiva en coneixement”. El 22@ constituïa una de les parts del que hauria de ser el nou “triangle de centralitat” de Barcelona, un espai que comprèn l’espai entre Glòries – Front Litoral Besós – Sagrera. Segons l’Ajuntament, aquest era el “Gran Projecte Urbanístic” (GPU) que havia de revitalitzar Barcelona en el seu procés d’ascensió en la competició per la centralitat de les ciutats globals [3].

A l’abril de 2011, deu anys més tard de la presentació del 22@, immersos en una crisi global del sistema capitalista i a mig desenvolupament del Pla, l’Assemblea de Joves del Poblenou (ara Arran) presentàvem l’estudi “Torres més altes han caigut: el model 22@ al descobert” un balanç dels 10 primers anys de 22@. Amb aquest estudi vam fer públiques quines eren les lògiques i interessos del mode d’urbanització que guiava el 22@. Com estableix la geògrafa Saskia Sassen, es tracta d’uns modes de planificació urbanística que es basen en els GPU amb la voluntat de revitalitzar zones “obsoletes” per transformar-les en nodes de centralitat i concentració d’empreses –els clústers- nous sectors econòmics que pretenen potenciar (sector financer o de les noves tecnologies) [4].

Aquestes són unes formes d’urbanització emmarcades en un context de globalització on les ciutats -global-, que segons els sociòlegs Manel Castells i David Harvey, són les que prenen el protagonisme i es tornen en els actors principals en la competència per a la jerarquia internacional en la ubicació de nodes estratègics a escala global [5]. Però el discurs de l’Ajuntament de Barcelona al voltant del 22@ es va centrar en el de presentar un projecte que donaria resposta a les necessitats i deficiències que patien veïnat i barri. Poblenou havia vist com recentment era re-urbanitzat per la Vila Olímpica i el litoral; com s’estava construint del no-res el Fòrum, Diagonal i el Front Marítim; com les antigues grans naus industrials havien estat ocupades per petits tallers, magatzems i en d’altres casos buides; i com aquestes zones industrials havien estat deixades degradar a nivell d’infraestructures. El barri necessitava d’actuacions en l’àmbit laboral, en l’habitatge, en els equipaments socials i en la preservació del patrimoni històric.

A data de 2016 la majoria de les dades estadístiques no han estat actualitzades [6]. Des del 2011 no s’han tornat a fer públiques les avaluacions en relació a cap àrea d’afectació del Pla urbanístic. Al Pla només li resten cinc anys per cloure un desenvolupament projectat a 20 anys. Un desenvolupament que el 2011 mostrava les següents mancances en els diferents àmbits:

  1. Definició d’Equipaments públics:De la superfície de 136.837 m² destinada a equipaments pel 22@ va resultar que el 55% era per a “equipaments 7@”, una tipologia d’equipaments dirigits a la innovació tecnològica, a la fi a l’ús privat. Aquests equipaments (MediaPro, edifici MediaTIC, etc) foren els primeres en edificar-se, mentre que no ha estat fins a partir del 2011 que les demandes veïnals de centres de barri, reubicació d’històrics ateneus desallotjats, escola d’adults, escoles bressol i CEIP (ubicades en barracons), la biblioteca (2009), casal de joves (2016) o l’estació de metro de Poblenou (2016-17?) s’han anat executant al marge del 22@.
  2. Ocupació:El canvi d’un sector productiu basat en petits tallers, mitjanes empreses i petit comerç a un sector d’activitats @. Pel que fa als 5 clústers que volia impulsar (TIC, tecnologies mèdiques, energia, audiovisual i disseny) només el de l’audiovisual es podria dir que ha tingut èxit [7]. I pel que fa al balanç numèric amb dades de 2010 [8], el 22@ ha suposat una expulsió d’unes 840 empreses i 8.500 treballadores de les 3.437 empreses i 33.800 treballadores del 2000. El creixement d’empreses de nova creació (no trasllats) era d’unes 2.100, quedant en un increment “net” d’unes 1.200 empreses (un increment del 36,5%, mentre que a Barcelona i Catalunya es xifrava en 57 i 60% respectivament). A nivell qualitatiu les noves empreses @ eren el 27% (1.114) de les 4.500 noves empreses és a dir un reduït 15,7% del total. Finalment de les 90.000 treballadores actuals del Poblenou només han estat de nova creació unes 31.000 (uns 22.500 llocs de treball “nets”), el 17% dels 130.000 que projectava el 22@.
  3. Habitatge:En el període del 2000-10 es van construir 8.556 habitatges al Poblenou. El 22@ en projectava 4.000 de protecció oficial, però a data de 2010 se n’havien construït 700 dels que 230 havien estat per a reallotjaments [9]. A data de 2014 segons publica l’AVV del Poblenoul’habitatge de protecció executat al Poblenou es quantifica en 1.400 (un 35% del previst) [10].
  4. Patrimoni històric:L’any 2000 s’engegava l’operació d’intervenció sobre el patrimoni històric més gran dels últims vint anys a Barcelona, amb un catàleg de patrimoni acabat d’aprovar amb una metodologia obsoleta i insuficient en la seva exhaustivitat. En aquest sentit cal destacar com s’ha renovat i enderrocat –que no restaurat- moltes fàbriques simbòliques (Can Gili Vell, Can Gili Nou, Can Framis, Els Radicals oEl Passatge del Sucre) cercant l’explotació econòmica de les seves qualitats patrimonials –reconvertint-se en lofts- enlloc de tractar-les com a part del patrimoni històric del Poblenou. I per altra banda, encara destaca l’abandonament, encara ara, a data de 2016, de naus tant significatives pel barri com Can Ricart o Ca l’Alier (i fins fa poc l’Oliva Artés). El 22@ ha estat una oportunitat perduda per a la generació d’un teixit cultural i econòmic únic mitjançant la conservació i restauració del patrimoni industrial.

Aquest model d’urbanització de ciutats global es pot concloure, deu i quinze anys després, que respon a uns patrons i necessitats del propi sistema socioeconòmic capitalista, que crea un model de ciutat productiva dirigida al sector empresarial, i no a les necessitats socials i locals. Aquestes conclusions ens han de permetre replantejar, començar a abordar una altra perspectiva econòmica i urbanística per al Poblenou. Encara resta per donar ús, preservar i renovar gran part de les hectàrees d’afectació del 22@, el PERI Perú-Pere IV i extensible a tot l’Eix Pere IV. Hi ha molts exemples de “renovació urbana sensible amb el veïnat i la història de l’entorn” que posen al centre de la transformació la participació veïnal, la cohesió i les necessitats socials i locals, només cal voluntat política.

 

Un nou Pla de Desenvolupament estratègic social, econòmic i urbanístic pel Poblenou (i Barcelona)

 La necessitat d’un nou Pla de Desenvolupament estratègic al Poblenou no només ve precedit del fracàs en tots els àmbits d’actuació que ha suposat el Pla22@ pel barri. Es tracta d’una necessitat present per la sèrie de condicionants de les actuals qualificacions 22@ per a qualsevol intent de reforma: usos productius permesos, edificabilitat del sòl permesa i qualificacions patrimonials establertes. El nou Pla de desenvolupament pel Poblenou ha d’orientar-se clarament en oposició als objectius fundacionals del 22@ i, per tant, estructurar-se socialment en el veïnat, econòmicament en el patrimoni i l’Economia Solidària i de proximitat, i geogràficament en l’Eix Pere IV:

  1. La participació ciutadana en la definició de necessitats: Cal tenir en consideració que la “governança” desenvolupada des de l’administració pública ha estat la de facilitar (fiscal i urbanísticament) les necessitats del sector privat (immobiliari i financer), no en canvi les del veïnat. La participació ciutadana és un mecanisme de presa de decisions que vincula directament al veïnat amb l’entorn en el que viu. Per a un projecte de desenvolupament local la participació ciutadana esdevé imprescindible per a l’articulació comunitària –reconeixement col·lectiu, trobada i col·laboració veïnal i autoorganització democràtica–. Al Poblenou, l’exemple dut a la pràctica recentment per la plataforma veïnal Fem Rambla, ha establert precedent com a metodologia i procés de participació ciutadana aplicable a altres contextos. En aquest sentit, la Taula Eix Pere IV està iniciant-ne un a l’hora de revitalitzar aquest eix vertebrador del barri. Si el 22@ va promoure com a Eix de centralitat la Diagonal (via d’interès per a connectar centres de sectors econòmics globals), la plataforma veïnal ho fa de l’Eix Pere IV (via d’interès local i històric). Diagonal i Pere IV esdevenen les dos diagonals urbanes oposades del Poblenou, una oposició geogràfica però que ha esdevingut també social, econòmica i simbòlica.
  2. Ocupació: El Pla22@ partia d’una sèrie d’objectius econòmics i socials que orientaven i han impregnat les diferents accions executades (reformes urbanístiques o fiscals). Potenciava una economia orientada específicament al lucre i a la maximització de beneficis capitals, no en canvi sectors econòmics orientats a objectius de cobertura de necessitats socials i locals, a la autonomia econòmica de les persones i dels barris o a la gestió comunitària i democràtica de la societat i les empreses. La qualificació 22@ del sòl amb ús industrial impedeix usos relacionats amb la producció (del sector secundari o primari) permetent només “usos intensius en coneixement –tecnològic-). Uns impediments que foren els originadors de l’expulsió de mitjana i petita empresa del Poblenou a principis dels 2000’ (p.e. Eix Pere IV, PERI Eix Llacuna, Can Ricart). Per tant tota reforma urbanística parcial d’espais del 22@ determina, de partida, aquests usos impedint-ne d’altres.

Un desenvolupament del Poblenou i de l’Eix Pere IV requereix d’un plantejament urbanístic i fiscal dirigit a les necessitats d’aquesta economia orientada a les necessitats socials, solidària i de proximitat. Unes reformes que permetin i facilitin (per qualificació del sòl i en bonificacions fiscals a empreses i propietaris del sòl/locals) la revitalització dels vora 400 locals/solars/fàbriques buides del carrer (40%): Locals baixos buits amb la creació i implantació d’empreses d’economia social i solidària regenerant el teixit comercial. Potenciant l’eix com a zona de producció i consum ecològic i de proximitat, promovent, així, la lògica del barri cooperatiu; Solars buits per al desenvolupament d’un sector primari (agropecuària) de valor afegit mitjançant la producció ecològica; Fàbriques buides potenciant la producció cultural i artística com a mesura d’aprofitament d’espais. Cal prendre com a referència exemples internacionals com el de Siena on han impedit l’obertura d’establiments de fast food en el barri antic, i les mesures han sortit recolzades per tribunals internacionals davant les demandes de les cadenes [11]. I plantejar mesures urbanístiques i fiscals relacionades amb potenciar usos i sectors que compleixin condicions i requisits: propietat col·lectiva, gestió democràtica, responsabilitat social en la tipologia de servei orientat a necessitats locals, socials i culturals, balanç social o condicions laborals.

  1. Habitatge: La construcció d’aquests 2.600 habitatges de protecció restants cal concentrar-la a Pere IV contribuint urbanísticament en el reforçament de la façana de la via. Però sobretot contribuint directament al suport comunitari de l’habitatge actual aïllat i, indirectament, a la demanda de béns i serveis del comerç de proximitat existent, o l’incentiu per als nous sectors a potenciar. Però paral·lelament regular urbanísticament l’edificabilitat dels PMU del 22@ per a preservar les volumetries del barri que siguin respectuoses amb el caràcter i el paisatge de Pere IV i del Poblenou pre-22@ i pre-Diagonal Mar.
  2. Patrimoni històric: La conservació i preservació de patrimoni industrial afectat pel 22@ ha anat sempre precedida d’una compra pública de l’immoble fet que, a part de suposar un cost públic –mai expropiació-, ha ocasionat per contrapartida sessió de sòl edificable a la propietat privada (en tant que lucre cessant). En la majoria de casos una contrapartida que a la pràctica ha suposat envoltar el patrimoni històric de grans gratacels sense limitació d’edificabilitat (p.e. Ca l’Aranyó, o el futur entorn privat de Can Ricart). Per tant tota preservació patrimonial no assegura la seva preservació social, i molt menys la seva referencialitat geogràfica. Ans al contrari la preservació ha estat en base a la rendibilitat econòmica i no, en canvi, orientada a la reutilització econòmica i social. Cal un criteri de preservació del patrimoni respectuós amb la història i l’entorn, com el model seguit a Lowell (Boston, EUA) o New Lanark (Escòcia), reconeixent al Poblenou el seu atractiu a nivell patrimonial i cultural. Podent-se constituir una “museïtzació urbana” posant en valor el patrimoni històric preservat i la memòria històrica, que mai es recorda, la de la classe treballadora –des de la venda de força de treball obrera a l’acumulació de la plusvàlua entre el valor d’ús (de producció) i el valor de canvi (de venda) per part de l’empresariat–. Les fàbriques preservades del Poblenou mantenen la façana física però se’ls hi ha esborrat la història de lluites obreres que contenen.

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[1] http://www.btv.cat/btvnoticies/2015/07/23/sant-marti-reformulara-projecte-22-poblenou/

[2] El Pla General Metropolità del 1976 es tracta d’un pla de regulació urbanística que contempla i facilita principalment la conversió del litoral nord en zona residencial. La seva aplicació reformulava les necessitats urbanístiques del Pla de Ribera de l’alcalde franquista Josep Maria de Porcioles. Juan Antonio Samaranch, president de la Diputació de Barcelona (1973-1977) conjuntament amb l’alcalde Joaquim Viola foren qui impulsaren l’aprovació definitiva. Una operació produïda en un context en el que l’alcalde Enric Massó (1973-1975) recuperava una proposta de revisió del Pla Comarcal de 1953 i tots els grans promotors immobiliaris de la ciutat s’organitzaren per paralitzar-la. El banquer Jaume Castell, grans empresaris i homes de confiança com Juan Antonio Samaranch s’encarregaren de paralitzar la revisió del Pla Comarcal, la destitució de l’alcalde Massó i Albert Serratosa (enginyer responsable de la proposta de revisió) i proposar el Pla General Metropolità. El PGM del 1976, encara vigent, ha estat l’instrument que ha permès tirar endavant els plans de transformació urbanística de la Vila Olímpica, Diagonal Mar i 22@ al Poblenou, el pla Hospital Militar-Farigola a Vallcarca, els plans d’Europa-Anglesola i Colònia Castells a Les Corts, les cases barates del Bon Pastor, l’esventrament del Raval i el Gòtic o el pla vores Via Augusta a Sarrià. Uns plans que han permès una requalificació del sòl que permetia a grans propietaris del sòl especular i beneficiar-se econòmicament amb l’edificació de grans infraestructures o parcs d’habitatge, mentre que petits propietaris i llogaters de renda antiga eren expulsats dels respectius barris.

[3] AJUNTAMENT DE BARCELONA (2000). “Modificació del PGM per a la renovació de les àrees industrials del Poblenou –Districte d’activitats 22@-“. Barcelona, setembre 2000.

 “L’estratègia de renovació del Llevant de Barcelona, és on es concentren les operacions més importants en curs:

– El pla Sant Andreu-Sagrera, que permetrà construir la nova estació d’alta velocitat de la Sagrera que, en una primera fase, serà la base dels trens que vinguin de la península amb final a Barcelona i que, més endavant, permetrà connectar Barcelona amb la frontera francesa.

– Les actuacions de millora urbana de la plaça de les Glòries i del seu entorn, que implica la transformació d’una superfície de 378.019 m². Amb aquesta reforma s’aconsegueix un guany de 17.000 m² d’espais verds, el 50% del planejament per a habitatges de protecció oficial i fins a vuit nous equipaments públics. Alhora, es proposa una nova solució viària que suposarà l’enderrocament de l’actual nus viari elevat i el soterrament de la infraestructura viària d’entrada i sortida de la ciutat.

– Les infraestructures associades a la renovació del front litoral del Besòs: Diagonal Mar, els equipaments del Fòrum Universal de les Cultures i la renovació del barri de la Mina.”

[4] Saskia Sassen (2003). “Localizando ciudades en circuitos globales” a EURE, vol XXIX, n88.

[5] Manel Castells i Jordi Borja (2004). Logal y global. Editorial Taurus; i David Harvey (1973). Urbanismo y desigualdad social. Editorial Siglo XXI.

[6] Demandes de dades des del OCM (Observatori Ciutadà Municipal de Barcelona): http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/22 i http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/23

[7] Esteve Dot, Antònia Casellas i Montserrat Pallares (2010). “L’ambigüitat de la producció intensiva en coneixement: el nou espai econòmic del Poblenou” a Documents Anàlisi Geografia, vol 56, n3.

[8] Catalunya Construye (monogràfic El Periódico), 10 de desembre de 2001 i Catalunya Construeix (monogràfic El Periódico), 27 de desembre de 2010.

[9] Avui, 1 de desembre de 2009.

[10] AVV del Poblenou, desembre 2014. Revista El Poblenou. n.84

[11] Maria Favà (2014). “El petit comerç és vida” a NovaBarcelona.cat

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