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El 2 de junio o “las mujeres alegres en la casa del señor”

Artículo publicado originalmente en La Directa.

Livia Motterle (OACU)

El 2 de junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon frente a la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con ellas. El objetivo de la ocupación era llamar la atención sobre su situación de vulnerabilidad debida a los abusos continuos por parte de la policía, por ejemplo, multas y encarcelamientos. Chicas alegres en la casa del señor era el título del texto enviado a la prensa donde explicaban su acción, una ocupación pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas. El Colectivo de Prostitutas que se gestó en la iglesia Saint-Nizier ha sido un referente histórico para todas las organizaciones de trabajadoras sexuales posteriores. Como decía Ulla, una de las líderes: “esperamos la nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos las únicas reprimidas por el miedo a la policía”. Desde entonces, el 2 de junio se ha convertido en el día internacional de las trabajadoras sexuales. Manifestaciones, charlas, performances y cualquier tipo de acciones reivindicativas visten de lucha muchas ciudades del mundo con el objetivo de reivindicar los derechos de un colectivo de personas que, a pesar del profundo estigma que la hipocresía del patriarcado y la misericordia de tantas instituciones imprimen en sus cuerpos, sigue luchando con orgullo y alegría.

Contrariamente a lo que sigue siendo una creencia colectiva, el enemigo más peligroso de las trabajadoras del sexo no son sus clientes (tanto hombres como mujeres), sino ciertas instituciones (públicas o privadas) encargadas de evidenciar y perpetuar una estructura dicotómica que genera estigmas y que sitúa en el altar a la mujer “buena” y en el infierno la mujer “mala”. “Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos”, afirma Foucault en Microfisica del poder. Este mecanismo de vigilancia, control y normativización se muestra más cruel con los cuerpos que escapan de los códigos heteronormativos, productivos y reproductivos. La sexualidad, entendida como creación que se manifiesta desde y gracias a los cuerpos, se convierte en marcadora de normalidad y canalizadora de castigo. La Iglesia y la Medicina, desde el momento en que se constituyeron como instituciones, han sido las que más han participado, junto con los poderes judiciales y administrativos del Estado, en la construcción de las dicotomías (bueno/malo; normal/anormal, sano/patológico; inocente/culpable) y en la fabricación de reglas sobre cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales.

El objetivo de ordenanzas, multas y sanciones – sobre todo a las trabajadoras sexuales de la calle – es justamente el control y el castigo de los cuerpos que manifiestan prácticas sexuales anormales en el espacio público. Las trabajadoras sexuales del Raval, esto, lo saben muy bien. La modificación de los artículos relativos al trabajo sexual de la Ordenanza de mesures per fomentar i Garantir la Convivencia en el espacio público de Barcelona del año 2006 – que ya prohibía la oferta, la demanda y la negociación de los servicios sexuales retribuidos en la calle (además de la suya realización) – se reforzó en abril del 2012. Los dos grandes cambios fueron, por un lado, la supresión de la obligación, por parte de la Guardia Urbana, de avisar previamente a los clientes y las trabajadoras y, por otro lado,  la “posibilidad” para las prostitutas de conmutar la multa participando en cursos de re-inserción laboral. La modificación de la Ordenanza multiplicó en el 2012 el número de multas impuestas agravando, así, las condiciones de trabajo de las prostitutas, aumentando su estrés y llevándolas a situaciones insostenibles.

Según un estudio cualitativo encargado por el Ayuntamiento, a pesar de que el número de multas haya ido disminuyendo en los dos último años (2015 y 2016), el número de las trabajadoras sexuales ha seguido siendo el mismo. ¿Por qué no aumenta entonces? Esto habría que preguntárselo a ellas. “Nos tratan como basura que hay que sacar del barrio y reciclar. Nos quieren redimir obligándonos a hacer cursos de re-inserción laboral. Pero nosotras ya tenemos nuestro trabajo y no queremos ir a limpiar el culo a nadie” -dice una mujer. El estigma, aunque hoy no está impreso con nitrato de plata como en la época del Higienismo, está fabricado por la misma hipocresía que requiere una Barcelona atractiva y seductora, capaz de satisfacer los gustos del mercado turístico. Escort sí entonces. Pero puta, jamás.

Frente a esta situación de vulneración, las trabajadoras sexuales se rebelan. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes y Putas Feministas después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan a vecinos y vecinas víctimas de una violencia ocultada que afecta a todo el Raval.  Presentes en todos los actos que pedían justicia para Juan Andrés Benitez, vecino del Raval que el 5 de octubre murió a golpes de porra delante la puerta de su casa; presentes en las movilizaciones organizadas para parar las infinitas ordenes de desahucio emitidas para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan en la calle enteras familias; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema: “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar.

Simone De Beauvoir afirmaba, en 1972, que se hizo feminista cuando reconoció su solidaridad con las otras mujeres en vez de su separación de ellas. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja y que es tarea del feminismo luchar para que se acabe. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, si no en el mecanismo de explotación en que está incardinado. Romper los mecanismos de control y vigilancia hacia las profesionales del sexo es un objetivo que concierne a todas porqué todas estamos explotadas por el sistema. Reconocer el trabajo de las trabajadoras sexuales es el primer paso para la cancelación del estigma impreso en sus cuerpos y sobre todo para no volver a imprimirlo. El primer viernes de cada mes, en la calle d’En Robador, las vecinas y trabajadoras sexuales del Raval (y de otros barrios) organizan un “puti vermut”: una buena ocasión para hablar con ellas en lugar que, una vez más, hablar sobre de ellas sin conocerlas. Otra posibilidad más para construir juntas nuevas estrategias de lucha y resistencia. Porque cada día es 2 de junio.

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Objetivo, la Via Laietana

Fuente: Francesc_2000

Fuente: Francesc_2000

Artículo publicado originalmente en la Revista Marea Urbana.

José Mansilla, Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri (OACU)

El próximo septiembre se cumplirán 156 años desde que la Reina Isabel II colocara la primera piedra de unas obras que estaban llamadas a cambiar el presente y el futuro de Barcelona: El Plan Cerdà. Aunque el planeamiento original del ingeniero catalán contemplara, además del famoso Eixample, la apertura de tres vías que atravesaran el centro histórico (sendas prolongaciones de las calles Muntaner y Pau Clarís hasta el puerto y otra avenida, perpendicular a éstas, que pasaría por delante de la Catedral), no fue hasta que el arquitecto y urbanista Àngel Baixeras retomara el proyecto a finales del siglo XIX, que se diseñó y ejecutó al menos una de ellas: la Via Laietana. La apertura de esta avenida no comenzó hasta 1908, ya muerto Baixeras, dándose por acabada pasado, exactamente, medio siglo.

 

Su concepción original se encontraba en la línea de lo que se venía haciendo en otras ciudades del orbe europeo, como el Plan Haussmann para París, un proceso de tal envergadura que daría lugar a la expresión haussmannización para referirse a un tipo de intervención urbanística destinada a higienizar las ciudades. Así, bajo la excusa de abrir la ciudad a la circulación del aire a través de la creación de amplios corredores y avenidas, evitando el hacinamiento y la consiguiente insalubridad de determinados barrios o distritos, se encontrarían otras intenciones, como la de facilitar y mejorar el control de las revueltas populares que se llevaban a cabo precisamente en este tipo de emplazamientos. Pero, por otro lado, también se trataba de facilitar la circulación de mercancías y la instalación de los nuevos sistemas de transporte que necesitaba el incipiente capitalismo. En esta dirección, los diferentes ajustes que fueron integrando el Plan Cerdà desde su presentación pública en 1859, constituirían un exitoso intento de exportar el modelo del Gran Paris de Haussmann a una Barcelona que, pasadas unas décadas, se dispondría a acoger un gran evento, la Exposición Internacional de 1.929.

 

Más de siglo y medio después, un manifiesto impulsado por la Associació de Comerciants de Via Laietana ha vuelto a poner el tema sobre la mesa de debate al proponer y publicitar una iniciativa en este sentido presentada al Pla d’Actuació Municipal (PAM) de la ciudad. El texto, titulado “Per un nou eix cívic a Barcelona, humanitzem la Via Laietana”, viene a recordar la idea original del diseño y construcción de la calle, esto es, la conexión entre el puerto y la ciudad, apostando por la revitalización comercial, la mejora de los espacios públicos y la reducción del ruido. Como no podía ser de otra manera, la idea ha generado algunas suspicacias entre los vecinos y vecinas del entorno, comerciantes y miembros de los movimientos vecinales, que ya fueron testigos de algunos pasos dados en este sentido por el anterior Gobierno del convergente Xavier Trias, esto es, el veto al aparcamiento de autobuses turísticos en la zona y la urbanización de la Plaza Ramón Berenguer.

 

En las entrevistas realizadas para el presente artículo destaca el consenso en torno a la necesidad –si bien no la prioridad- de una reforma, y así lo prueban las palabras de Reme Gómez, Presidenta de la AVV del Barri Gòtic cuando afirma que

 

[…] evidentemente nosotros, como la mayoría, independiente de asociaciones o no, pensamos que es una reforma que se tiene que tomar en algún momento […], otra cosa es que en los objetivos de esa reforma estemos de acuerdo[1].

 

Asunto en el que abunda Albert Mestres, miembro de la Associació de Comerciants y propietario de la tienda de comics “Continuará”, cuando señala que,

 

[…] en general todo el mundo está a favor de una reforma de Via Laietana. El único colectivo que no está a favor es Barna Centre, dicen que ven peligrar la accesibilidad a su zona peatonal y su logística. Los demás tienen matices. En CCOO por ejemplo, creen que habría que hacer una reforma más profunda, cuestionando incluso el tráfico privado, pero entienden que nuestra propuesta intenta conseguir el máximo consenso y nos apoyan[2].

 

Sin embargo, las palabras de Albert nos sirven para poner encima de la mesa la inevitable conflictividad que marca toda expresión de vida urbana, en este caso con el detonante de la posible modificación del caudal circulatorio de la zona. Y es que es evidente que los intereses comerciales representados por la Federació d’Associacións de Barna Centre, con especial implantación en el entorno de la calle Portaferrissa, son en cierta medida discordantes con los de aquellos que reclaman una pacificación de la circulación e, incluso, la eliminación parcial del tráfico privado.

 

Ahora bien, a esta colisión entre intereses comerciales, habría que sumar la de un vecindario que ve, con cierta intranquilidad, que la zona se convierta, tras las obras, en una extensión de la Barcelona de las terrazas, barres y restaurantes representada, entre otros, por espacios como el Born. Así lo señala Reme, de nuevo, cuando afirma que

[…] el miedo es que las inversiones que se hacen en el espacio público, que se pagan con dinero público, vayan en beneficio del negocio del ocio encaminado hacía el turismo, es decir […], no es que estemos en contra de los bares, ni de la hostelería…, simplemente es que han colonizado completamente el barrio, en el Gòtico hemos perdido población desde hace muchísimos años […], si la estructura arquitectónica de Via Laietana se va a reconvertir en comercio y hoteles, en comercio de ciudad, de ciudad o de país, pero no un comercio de proximidad, pues no nos interesa esa reforma[3].

 

Y es que la conversión de Barcelona en referente turístico[4] lleva años ejerciendo una presión casi insoportable sobre unas clases populares que ven como el precio del suelo -en forma de subida de alquileres, precios de las viviendas, cierre de comercios tradicionales, etc.- las obliga a desplazarse en busca de emplazamientos más asequibles. Las palabras de Marieta, vecina de 70 años y dueña de una tienda de animales ubicada en lo poco que queda de aquel barrio popular que otrora fue La Ribera, son elocuentes:

 

[…] el zapatero de la calle Corders aun aguanta porque es que le quedan 4 pedos pá jubilarse (sic), o si no está jubilado es porque no quiere, ¿entiendes? Porque ya es mayor el hombre, y una vez que cierre la tienda, ya tendrán que cogerla ellos [los promotores inmobiliarios]. Y aquí los alquileres que están pidiendo ahora, puuuf… ¡carísimos! Nosotros ya tuvimos que dejar el local anterior porque, claro, estaba en la calle principal, ahí donde se pasan todos y el alquiler ya cambió. Nos venimos a este nuevo, que está más apartado, y la verdad es que tuvimos suerte, estamos pagando 600 euros, pero en otra calle de aquí cerca, ahí donde antes había una tienda de muebles, nos pedían 1200 euros, ¡o sea el doble![5]

 

Toda comparación con el pasado es odiosa, pero no deja de ser menos cierto que intervenciones como la que actualmente se proclama como “necesaria” para la Via Laietana mantienen algunos puntos en común con aquella llevada a cabo hace más de cien años. Si por entonces la conexión entre el puerto y la ciudad se veía como necesaria para facilitar la salida de los productos de la Barcelona industrial mediante el transporte marítimo, en la actualidad, cuando el proceso de acumulación del capital ha pasado de un sistema industrial fordista a otro más flexible basado en los servicios, la ciudad tendría que adaptarse a una economía basada en el turismo, el comercio y el sector inmobiliario. Y sería precisamente esta adaptación la que tendría duras consecuencias sobre los vecinos y vecinas del entorno.

 

Sin embargo, entre los entrevistados existe un poso de optimismo. Así lo demuestran, de nuevo, las palabras de Albert cuando, inquirido sobre el peligro de que la Via Laietana se convierta en un nuevo Born, señala que,

 

No creemos que eso sea posible, las aceras de Vía Laietana no dan para ningún tipo de terrazas, simplemente para esponjar el paso. Cualquier opción que pretendiera quitar espacio público sería una aberración y consecuentemente estaríamos en contra y batallaríamos para que el Ayuntamiento no lo permitiera. Creemos en una vertebración del barrio, que los flujos de las personas no queden frenados por la frontera que es hoy[6].

 

Lo que sí es evidente, y en lo que también parecen coincidir parte de los movimientos vecinales de la ciudad, es que la reforma podría ser necesaria, pero siempre que sea abordada desde el prisma del modelo de ciudad, ampliando el objetivo y teniendo en cuenta consideraciones transversales de forma que fuera ligada, tal y como comentaría Reme, al eje “Catalunya-Universidad-Urquinaona, que es la vía del acceso del Eixample y el resto de la ciudad al área marítima”[7].

 

Aunque según declaraciones recientes,[8] entre las prioridades de los comunes no se encuentra reformar la Via Laietana, sin embargo, esta formación podría ser prisionera de la retórica que siempre acompaña a sus declaraciones: la necesidad y urgencia de procesos participativos que tengan en consideración a los barrios, al espacio público y que conviertan este tipo de emplazamientos en verdaderos ejes cívicos. De este modo, parece comenzar a cundir cierta preocupación por el resultado del pulso que el Gobierno municipal mantiene con poderosas instancias turísticas y financieras o, simplemente, porque éste se vea incapaz de cumplir con algunas de las expectativas levantadas. En este sentido, y en relación a la moratoria hotelera, la propia Reme expresaba su inquietud cuando comentaba que ésta

 

[…] existe mientras se apruebe el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), que todavía no está claro que se apruebe y, aparte de los hoteles, está todo el tema de los apartamentos turísticos, que no se pueden hacer desde hace años, pues siguen existiendo y se siguen creando[9].

 

A este respecto habría que añadir las palabras de Marieta cuando afirma que

 

[…] el tema de los pisos esos que hacen para turistas, los pisos turísticos, tiene otra tela. ¿Que esa gente te viene a la hora que sea, con griterío por la calle o las escaleras? ¿Que vienen borrachos o lo que sea y son molestos? Pues claro, están de vacaciones y te vienen borrachos, pues ¡viva la Pepa! (sic) Que te vienen de un bar ahí por el Borne…, pues eso también es otra cosa, que no sé cómo lo hacen…, como se lo permiten[10].

 

Y, para finalizar, la inquietud mostrada por Juanita, propietaria de un bar de la Barceloneta, cuando, en relación a las iniciativas destinadas a controlar el ruido de las calles, señalaba que

 

[…] aquí, justo fuera del local, me vinieron los del Ayuntamiento, hace dos semanas o así, e instalaron un cucurucho ahí encima, al lado de la farola. Dicen que es un sensor para captar sonido, para medir cuanto ruido hacemos en la calle […]. Pero, ¿quién soy yo para mandar a callar a la gente? Es que la calle no es mía, yo les puedo decir algo a mis clientes aquí dentro, en mi local, que si se ponen un poco así espiritosos y eso que se calmen. Pero fuera, en la calle, yo no mando, ni me atrevo yo a mandar o decirle a la gente que se calle o se mueva para otro lado[11].

 

En definitiva, la reforma de la Via Laietana nos pone frente a la necesidad de enfrentar cómo se lleva a cabo la distribución y apropiación de los recursos que produce la propia ciudad. Como señalara el geógrafo David Harvey,[12] lo que está en juego no es sólo la reforma de una de sus avenidas, aunque sea principal, sino qué tipo de ciudad queremos, algo que no puede desligarse, bajo ningún concepto, de las relaciones sociales que en ella se proyectan, de los estilos de vida, de las tecnologías o de los valores estéticos que queremos mostrar. Será al detallar este modelo que será posible ver si los poderes públicos entienden que toda intervención urbanística supone una prueba de justicia espacial demostrando, a la vez, que la ciudad por la que se apuesta deja atrás obsoletos modelos que no han traído más que una falsa, postiza y defraudadora Barcelona de escaparate.

 

[1] Entrevista realizada el día 15/04/2016 (ER 15/04/2016).

[2] Entrevista realizada el día 18/04/2016 (EA 18/04/2016)

[3] ER 15/04/2016

[4] Un artículo publicado en La Vanguardia del 27 mayo de 2013, por ejemplo, recogía que la capital catalana era la décima ciudad a nivel global en atracción de turistas.

[5] Entrevista realizada el día 13/04/2016 (EM 13/04/2016).

[6] EA 18/04/2016

[7] ER 1/04/2016

[8] Véase El País del 11 de abril de 2016.

[9] ER 1/04/2016

[10] EM 13/04/2016

[11] Entrevista realizada el día 05/05/2016

[12] Harvey, D. (2008) “El derecho a la ciudad”, en New Left Review, 53, pp. 23-39.

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La conquista de los equipamientos y la memoria en el barrio del Carmel, Barcelona.

Las placas colocadas por el barrio del Carmel | Fuente: http://www.btv.cat/

Las placas colocadas por el barrio del Carmel | Fuente: http://www.btv.cat/

por Hector Gonzalez Salvadó (Soci de Comunitària Sccl)

El espacio físico y social del Carmel.

Los límites físicos del barrio del Carmel, enmarcado dentro del distrito norte de Horta-Guinardó en Barcelona, nunca estuvieron claros, como no lo están nunca en aquellos barrios y ciudades que han ido absorbiendo cada vez más territorio de forma difusa y poco planificada. A lo largo de los años, los límites administrativos de la Ciudad Condal fueron cambiando interna y externamente, de forma que algunas de sus calles y plazas pertenecen hoy a barrios o municipios diferentes a los que los vieron nacer. De ese modo, el imaginario de cada persona situaría los límites de éstos a partir de su propia experiencia y percepción del espacio que habita, más que a partir de límites administrativos preestablecidos.

En esta dirección, es posible afirmar que el Carmel no es una periferia prefabricada y diseñada a golpe de demanda constructora como los núcleos de Montbau, Vall d’Hebron o Sant Genís, que se extienden a su alrededor, sino más bien una suerte de amalgama de autoconstrucción, donde edificios de protección oficial correlativos forman islas de casas que, por lo general, logran aún conservar su yugo y sus flechas. Principalmente en las décadas de los ‘60 y ‘70, y en el contexto de la especulación inmobiliaria favorecida por las políticas desarrollistas localmente implementadas por el alcalde Josep María de Porcioles, se dio luz verde a la construcción de grandes bloques de viviendas, los cuales fueron sustituyendo gradualmente las antiguas casas unifamiliares surgidas en la zona a principios del siglo XX.

Este proceso imprimió un cambio significativo al territorio del Carmel incidiendo notablemente en la propia fisonomía física y social del barrio, que aún crecía sin ningún proyecto urbanístico coherente y sin las necesarias infraestructuras elementales, como alcantarillado, pavimentación de calles, iluminación, transportes, recogida de basuras, etc. Hoy día, el barrio está compuesto fundamentalmente por una parte plana planificada y embutida en un modelo más o menos reticular, y una parte montañosa con calles sinuosas. El espacio común es escaso o directamente inexistente y, de hecho, sus plazas han sido consecuencia de derrumbes en la mayor parte de los casos. La montaña haría, por lo tanto, de espacio público para la mayoría de sus habitantes. Así, la zona que en otro momento ocuparon las barracas es hoy una mezcla de yermo y bosque, muy descuidado en unos puntos, sobreexplotado en otros.

En su parte sur-oeste, el barrio limita con el Parc Güell, uno de los lugares más paradigmáticos de los procesos de exclusivización y turistificación a los que habría sido sometida Barcelona en los últimos años. La movilidad, debido a sus carencias estructurales, esto es, calles estrechas, empinadas y mal planificadas, es difícil y, de hecho, muchas personas del barrio tienen únicamente relación con aquellas otras que están en su misma cota de altura. Las escaleras mecánicas y los ascensores inclinados, instalados por el Ayuntamiento a partir del 2012, habrían traído cambios significativos a este comportamiento, aunque trasladarse en una silla de ruedas por el barrio sigue siendo una empresa prácticamente imposible en muchas de sus calles.

Por otro lado, cabe señalar que el Carmel representa uno de los barrios más empobrecidos de la ciudad dónde el suelo es más barato y el índice de analfabetismo es más elevado, aunque su población no destaca por el uso de los servicios sociales. Generalmente, las familias mantienen mucha importancia como forma de cohesión social, sin embargo, también es de las zonas de Barcelona que más población ha perdido en los últimos años. Como tantos otros barrios de la ciudad, también el Carmel es un barrio de emigración andaluza y castellana que se construyó mayormente en los años anteriores a 1976. Aun mantiene parte de su estructura social original, a la que hay que sumar las modificaciones ocasionadas en los últimos años debido a la gran cantidad de población proveniente de Europa del Este y, sobre todo, de la migración sudamericana. Estas recientes incorporaciones se hacen patente en el espacio público del barrio, principalmente en los alrededores del centro cívico Boca Nord, los espacios escolares y la plaza Pastrana.

Para ser un barrio periférico, el número de equipamientos no es escaso, disponiendo de gran cantidad de servicios básicos, pero el transporte público seguiría representado un problema persistente. Vivir en el Carmel, aunque no sea una zona muy alejada del centro, sí que supone (o al menos suponía hasta la llegada del metro en 2005) invertir gran cantidad de tiempo en los desplazamientos por la ciudad, sobre todo si lo comparamos con otros barrios que incluso se encuentran más alejados del centro. Este aspecto, sumado a las fronteras urbanas que suponen la Ronda, por un lado, y los tres turons (de la Rovira, del Carmel y de la Creueta del Coll), por otro, han conformado un barrio relativamente aislado y muy centrado en sí mismo, algo que, paradójicamente, habría generado una oferta comercial amplia y con enclaves bastante concurridos.

La percepción simbólica del Carmel.

Especialmente para la gente que no reside en el Carmel, los 3 principales ítems sobre el barrio parecerían ser únicamente los refugios antiaéreos y su palimpsesto de barracas posteriores, el socavón del metro y la novela Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, una de las pocas obras conocidas en las que aparece el Carmel. Se trata de un retrato social en el que los dos jóvenes protagonistas carmelís representan el arquetipo de habitantes de la periferia, aquellos que aceptan su suerte y viven oprimidos aspirando únicamente a vivir pedazos de cielo en la tierra. Ejemplo de ello es su protagonista, Manolo (el pijoaparte), que lucha por salir de su situación y a quien los textos de revolución le atraviesan como algo ajeno, mientras su vida se convierte en algo oscuro y quimérico.

Los antiaéreos, en cambio, construidos durante de la Guerra Civil y ubicados en la cima del Turó de la Rovira, forman indudablemente parte de la memoria antifranquista, aunque se trate de una memoria frustrada por unas baterías que no derribaron un solo avión en la Guerra Civil y que, posteriormente, se convirtieron en los cimientos desde donde nació un barrio de barracas (Díaz, 2011). Más tarde, en el mes de mayo de 2010, el Ayuntamiento de Barcelona inició la recuperación de la batería con el apoyo del Memorial Democràtic, una institución pública cuyo objetivo es la recuperación, conmemoración y el fomento de la memoria democrática en Catalunya. Debido especialmente a esa actuación, hoy día la zona logra traspasar fronteras por ser una de las fotos obligadas para todo turista que se precie de cumplir con su canon fotográfico.

Los antiaéreos, en definitiva, se habrían convertido en uno de los más importantes espacios de memoria histórica de la ciudad, y no sólo como símbolo de la resistencia antifranquista, sino sobre todo del pasado barraquista del barrio, que los vecinos reivindican con gran orgullo. Pero, en el caso del Carmel, el barraquismo no constituye una memoria exclusiva del pasado. Aún hoy existen algunas viviendas de autoconstrucción que siguen afectadas urbanísticamente sin tener propuesta de solución por parte de las diferentes administraciones que se han sucedido hasta la fecha. La afectación urbanística del barrio representaría, de hecho, un aspecto más amplio calado y sería clave para poder entender el peculiar carácter social del Carmel.

En esa dirección, es suficiente con retroceder a la mañana del 27 de enero de 2005, cuando el edificio ubicado al número 10 de la calle Calafell se hundió literalmente bajo tierra. El socavón aparecido, de unos 35 metros de profundidad y 30 de diámetro, fue provocado por un túnel realizado para la ampliación de la línea 5 del metro de Barcelona y afectó también a muchos otros edificios y a algún colegio del Carmel. El hundimiento no causó víctimas, pero debido al inminente peligro de hundimiento más de 1.200 vecinos tuvieron que ser desalojados de sus viviendas y realojados provisionalmente en hoteles, casas de familiares y, más tarde, en pisos puente.

Las consecuencias de ese acontecimiento no tardaron en desatar una verdadera tormenta política que afectó no sólo el gobierno de la ciudad, guiado por el socialista Joan Clos, sino también a el de la Generalitat de Catalunya, entonces bajo la presidencia del también socialista Pasqual Maragall. A pesar de que algunos responsables políticos de las obras dimitieran y que las demás ampliaciones de la línea 5 se paralizaran, la indignación vecinal seguí creciendo día tras día mientras, en el parlamento catalán, socialistas y convergentes no dejaban de lazarse mutuas acusaciones por las responsabilidades del incidente.

Por otro lado, es importante recordar que los máximos responsables de la mala ejecución de las obras del Metro, Felip Puig y Joaquim Nadal, a pesar de cometer diversas negligencias, presuntos cobros de comisiones y toda una serie de corruptelas alrededor de la obra, siguen siendo personal de confianza y asumiendo cargos de responsabilidad en el Parlament de Catalunya y no han asumido responsabilidad alguna por las consecuencias de sus actos (el Director General de Ports i Transports, Jordi Julià y el presidente de GISA, Ramón Serra, fueron también exculpados). En este sentido, el socavón representaría la alegría truncada, esto es, la aspiración frustrada de ser ciudad y el menosprecio de las instituciones hacía unos barrios periféricos a los que condena a llegar tarde y de la peor manera, diseñando desde los despachos su vida y sus desgracias. La cicatriz que deja no es únicamente geográfica, sino que también es evidente en unas relaciones sociales marcadas por una nula vinculación entre sus gentes, así como por su poca capacidad de cohesión.

La lucha por los servicios y la conquista de la memoria.

Durante mucho tiempo, un elemento constante en los barrios periféricos fue la lucha por los servicios básicos. En los bloques planificados, aunque no exentos de problemas, el alcantarillado venía de serie; en el Carmel, a caballo entre los campos, el barraquismo medio tolerado y los bloques que se abrían paso, esto no fue así. Las aceras las construyeron los vecinos y sus calles empinadas eran, a menudo, lodazales. La inexistencia de agua corriente incrementaba el problema de unos vecinos y vecinas que tenían que llegar aseados sus puestos en las fábricas o en aquellas casas donde atendían como servicio doméstico.

Así que la lucha por los servicios básicos era también una lucha por la dignidad de sus vidas. De alguna manera era tanto aspiración como obligación. El Carmel también cuenta con otras luchas, entidades y situaciones que valía la pena recordar y que podían responder al objetivo de dotar de significación a los lugares. Seguramente muchas conquistas urbanísticas, como la apertura de la calle Fastenrath o las famosas escaleras mecánicas, merecerían una atención especial, pero por lo difícil de su conexión con el imaginario de lucha y lo controvertidas que son siempre las actuaciones urbanísticas, no se consideraron como reseñables.

El 15 de mayo de 2011 es reconocida, sin duda, como una fecha que marcó el cambio generacional en la cultura política del Estado español, así como en las relaciones asociativas del barrio. Efectivamente, y a pesar de ciertas peculiaridades relacionadas con lo insalvable de su orografía y la desconexión entre sus habitantes, el 15M tuvo sus consecuencias también en un barrio como el Carmel, donde aparecieron dos asambleas, una en la cota superior y otra en la cota inferior. Horta, el barrio vecino, también tuvo su asamblea y en la Teixonera, otro barrio colindante, empezó a crearse otra, aunque no llegó a eclosionar por falta de gente y de interrelación con las demás. Un total de cuatro en un radio de unos 600 metros respecto a un hipotético centro localizado en la Pastrana, Carmel inferior. Es reseñable mencionar que más del 90% de la gente que aun permanecía en la Asamblea del Carmel cinco semanas después de su constitución, era no nacida ni crecida en el barrio. Este es un dato significativo que podría explicarse a través de la propia idiosincrasia del espacio y lo limitante que resulta en relación con ciertos códigos y prácticas cotidianas.

La multitud de acciones, reuniones, encuentros y manifestaciones celebradas evidenciaron que la Asamblea del Carmel fue seguramente de las más dinámicas de Barcelona, algo que adquiere aun más valor si se tiene en cuenta lo aislado de su realidad, tanto con el resto de la ciudad como dentro del propio barrio. Una gran actividad que contrastó con la tradicional poca interactuación. A la hora de buscar referentes sociales con los que construir su imaginario en un barrio con un tejido asociativo escaso y un carácter bastante endogámico, la Asamblea se dirigió al movimiento vecinal más tradicional, llegando a participar, junto a la A.VV. del Carmel, en la confección de una revista especial con motivo de su 40 aniversario. Como dato curioso, cabe señalar que, en el número 100 de la Revista Carrer de la FAVB y en la que se mostraban 100 luchas de la ciudad de Barcelona –que recordemos tiene 73 barrios- no había una sola proveniente del Carmel.

Fue a partir de la realización de entrevistas y la redacción de artículos para su publicación que la Asamblea fue levantando su propio mapa socioestructural del barrio. Una información que parecía flotar en el ambiente sin nunca concretarse, escondida y sepultada bajo las visitas e inauguraciones del alcalde de turno. El trabajo realizado se mostró cuantioso y “desconocido”, de forma que se pensó que podría llegar a convertirse en un poderoso elemento de conexión entre la A.VV. del Carmel, los propios vecinos y vecinas del barrio y el resto de Barcelona. Esta falta de conexión e interrelación del tejido social del barrio con el del resto de la ciudad se constataba en gran cantidad de temas, como el de los desahucios. Existiendo miles de ellos por toda la ciudad y haciéndose éstos visibles con concentraciones multitudinarias, en el Carmel no hubo ni una sola acción de paralización de desalojo. Eso no quiere decir que no haya habido otras luchas o reivindicaciones en el barrio, aunque éstas se circunscribían más a reivindicaciones parciales como veremos más adelante.

Es así como surge la idea del proyecto de placas conmemorativas como una forma de dotar de significación la calle y, además, servir de ejemplo de empoderamiento cotidiano. Las placas se hicieron con voluntad de replicabilidad y universalidad, como tantas otras acciones que se llevaron a cabo desde la Asamblea. Se trata de placas de una superficie de 600x300mm, hechas en plástico bicapa, resistentes a los rayos UV y grabadas con láser mediante cortadora. El precio unitario, con el alquiler de la maquinaria incluido, fue inferior a 10 € por placa. Además, se quiso aprovechar la capacidad de las redes sociales para ampliar la información, su difusión y viralización a través de códigos QR o similares, sin embargo, esto se demostró finalmente imposible debido a la dificultad de acceso debido a la localización y tamaño de las placas.

Finalmente se decidió instalar 14 de las mismas, las cuales podrían dividirse entre aquellas relacionadas con las luchas por la consecución de distintos servicios para el barrio, y aquellas otras que tienen un carácter simplemente conmemorativo. Sin embargo, a la hora de escribir el presente texto, las placas aún no habían sido colocadas. Este hecho depende de la buena voluntad del gobierno actual, Barcelona en Comú, con el que aparte de palabras no se ha mantenido ninguna otra consideración. Así, la decisión de no colocar las placas, de forma autónoma, durante la ruta efectuada por el barrio en julio de 2015,  se debió a la conciencia de la poca fuerza con la que contaba la propia A.VV.

Mitos y ritos activistas en realidades nebulosas.

En el Carmel existe un Plan Comunitario, un entramado creado entre las organizaciones no lucrativas y financiado con dinero municipal que, teóricamente, recoge las problemáticas del barrio y ayuda a los colectivos a conectar entre ellos. Sin embargo, debido a la inexistencia de un reglamento sobre este tipo de redes, el Plan acaba funcionando, salvo en contadas excepciones, como forma de penetrar en el laberinto burocrático, dando soporte a los proyectos de las asociaciones que lo conforman de forma un tanto opaca. También existe una asociación de comerciantes, la cual organiza diversos eventos de promoción del comercio y de la artesanía local.

Otras actuaciones de carácter minoritario son: 1) El cambio de trazado del autobús 87 para que pase por otra zona que supuestamente beneficia al mercado municipal; 2) Prohibición de una antena de telefonía móvil (las teorías sobre el supuso carácter canceroso de las antenas –no sobre los receptores, curiosamente- se hicieron eco en el barrio y movilizaron más personas que cualquier reivindicación sobre recortes en salud o educación); 3) Protesta encabezada por comerciantes de la zona para impedir el cierre de una sucursal bancaria de La Caixa debido a la relativa lejanía de la siguiente más próxima; 3) Pérdida de un pediatra en el CAP.

A lo largo del proceso descrito, el 15M del Carmel, su Asamblea, mutó absorbiendo, o siendo absorbido por, la A.VV. Tras más de tres años de reuniones, la Asamblea no había conseguido romper su aislamiento sobre el barrio. Sin local y sin interlocutores, ésta no contó con mucho margen a la acción. La entrada, pues, en la A.VV. del Carmel fue el único paso que permitía romper el ostracismo (auto)impuesto. Este cambio ha generado la asunción de un papel institucional en el barrio y cierta apertura en las relaciones con otras instituciones, aunque presumiblemente el cambio de gobierno municipal tenga también su parte de responsabilidad. En esta dirección, las luchas pasadas serían de interés si se produjera una continuidad con las presentes. Sin embargo, esa continuidad parece rota y la arqueología algo innecesaria.

Por tanto, los párrafos anteriores no tienen interés en tanto que enumeración de las luchas del barrio, como en el de intentar mostrar la interrelación de unos códigos activistas en una realidad barrial concreta. Es decir, mostrar cómo interactúan, cuáles son sus aspiraciones y los caminos (normalmente ya marcados) y cómo éstos se escogen. De cómo mientras la televisión mostraba imágenes de plazas llenas durante el 15M, las asambleas locales no tuvieron el magnetismo suficiente para atraer e identificar a sus posibles militantes. De cómo varios mundos coinciden simultáneamente en el mismo espacio, pero solo son mostrados a través de ideas preconcebidas y prefabricadas por la cultura de masas de los grandes agentes mediáticos.

Pasear cerca de algunas de estas acciones, y escuchar qué dice la gente sobre lo que está pasando, podría mostrarnos que no estamos más que ante un sainete postmoderno. Los códigos activistas no son reconocidos por el posible receptor y, por tanto, la comunicación no existe. Existen unos códigos del Carmelo (en castellano) que son compartidos por algunos grupos de personas. Seguramente esos códigos se distribuyen mejor en las estructuras familiares y en las escolares (familiares esperando a recoger a sus hijos) que en la calle. La calle no admite la confrontación momentánea de códigos; para cambiar la calle, para ser un actor reconocible en ella, hay que permanecer (ser) en ella y no sólo estar.

Otro espacio donde se construyen estos códigos es en el ámbito laboral. Históricamente el Carmel ha sido el hogar de los paletas de Barcelona. Un pelotón de gente usada y devorada por las exigencias de la burbuja del momento que tienen entrada al mercado laboral, más allá de las “ñapas” (pequeñas reparaciones a particulares), únicamente a partir de sus redes relacionales. Y estas redes relacionales se forjaron, sobre todo, en los años precedentes a las Olimpiadas y con el gobierno socialista como correa de transmisión de las contratas, algo que, de ser cierto, seguramente genera una mayor permeabilidad al discurso sobre las bondades del Ayuntamiento que al de las consecuciones de los movimientos.

Otra de las explicaciones que nos han sugerido muchas personas que ya no viven en el barrio, es la de que los jóvenes se van a otros barrios donde creen que pueden vivir mejor. Aquellos que se quedan, se quedan bajo los compromisos familiares, y aquellos que marchan, lo hacen para mejorar. Hay un cierto paralelismo con los personajes de Marsé. De hecho, esto se puede comparar con otro fenómeno que se produce en el barrio, en este caso en relación a las escuelas. La mayor parte de adolescentes van al instituto en otros barrios (Guinardó o Vall d’Hebron), donde comparten sus vidas con otras personas y donde la orografía, la comunicación y el transporte es bastante más fácil y asequible.

El Carmel, por tanto, combina cierto carácter de ciudad dormitorio con otro que comparte una idea de cómo se ha construido la calle y que tiene una visión social viene muy marcada por su pertenencia al grupo. Aparte de eso, conviven una suerte de agentes sociales que trabajan en determinados equipamientos y servicios y que no forman parte de la calle, sólo la transitan. Por último señalar que un proyecto como el de las placas se ha acabado convirtiendo, dentro el imaginario del barrio, en una acción municipal. En vez de potenciar el empoderamiento y la conciencia local, ha desembocado en cierto reconocimiento institucional y en la idea de que el actual poder municipal (Barcelona en Comú) está relacionada con la Asamblea del 15M y con la A.VV. del Carmel.

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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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De proletarios a propietarios, o los origines de la lógica espacial del urbanismo neoliberal.

por Giuseppe Aricó (OACU)

A principios de los ’70 el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona encargó al fotógrafo santanderino Julio Ubiña la realización de un video que promocionara los entonces vanguardistas “polígonos de absorción”, esto es, conjuntos residenciales alejados del centro y destinados a reabsorber la población chabolista asentada en los cada vez más rentables intersticios de la Ciudad Condal. A pesar de su absoluta –pero comprensible- falta de criticismo, no hay duda de que el vídeo representa una clara evidencia de aquella retórica perversa que caracterizó las lógicas urbanísticas de la época franquista y que, sin embargo, sigue hoy día perpetrando su legado en el actual urbanismo de corte neoliberal.

El hecho es que, a partir de los ’60, la economía española empezó a desarrollar una gran dependencia del sector bancario-inmobiliario, el cual jugó un papel clave en la configuración del espacio económico y, por ende, social del Estado. De ese modo, el crecimiento de las principales metrópolis durante el franquismo implicó una potente expansión del mercado inmobiliario en general, especialmente en el sector constructor y promotor de la vivienda social. Sería precisamente este aspecto el que supuso enormes repercusiones en la reposición del patrimonio inmobiliario del Régimen gracias a una política de vivienda que se basaba en incentivar el concepto de propiedad entre la ciudadanía.

En 1959, año que marcaría un verdadero punto de inflexión para la política autárquica del franquismo, el entonces ministro de Vivienda José Luis Arrese ensalzaba el trabajo de los “agentes de la propiedad inmobiliaria” afirmando que “[…] la misión que de una manera concreta está encomendada a vuestro quehacer diario, es la de intervenir en la transacción de la propiedad inmobiliaria; pero para ello, para que haya transacción, es preciso que primero haya propiedad; y mirad por dónde, repito, os vamos a necesitar cada vez más, porque cada vez más claramente y sin torceduras vamos a fomentar la propiedad privada. […] No queremos, y lo consideramos un mal, aunque a veces sea un mal necesario, que la construcción derive de un modo colectivo hacia el arrendamiento, […] la fórmula ideal, la cristiana, la revolucionaria desde el punto de vista de nuestra propia revolución, es la fórmula estable y armoniosa de la propiedad […]. Queremos un país de propietarios, no de proletarios”.

Las palabras del ministro Arrese, renombrado arquitecto falangista, respondían claramente a la necesidad política y económica del Régimen de redistribuir territorialmente los sectores más desfavorecidos de la población en nombre de la hegemonía absoluta de lo que algunos autores definen como la “cultura de la propiedad”. En esta dirección, el objetivo político de las fuerzas dominantes era estimular la propiedad de la vivienda como elemento básico de pertenencia, sobre todo entre las clases proletarias, reforzando así las políticas extremadamente conservadoras y de control social del Régimen. En otras palabras, tal y como señalan investigaciones más recientes, “el desarrollo del capitalismo inmobiliario se ‘incrusta’ profundamente, desde sus inicios, en unas formas de reproducción social muy singulares, caracterizadas entre otras cosas por la elevación de la vivienda en propiedad a elemento cúspide en la organización de la unidad doméstica obrera”.

Es en este contexto social y político, caracterizado por una verdadera lucha institucional contra la renta limitada, donde se enmarcan el Plan de Urgencia Social para Barcelona, presentado en 1958, y el Plan de Supresión del Barraquismo de 1961. Ni tiene que decir que las medidas estratégicamente concebidas y planificadas dentro del Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959, como los Planes de Desarrollo o los Planes de la Vivienda, fueron ejecutadas a partir precisamente de la década de los ’60, es decir, en un momento crucial para el proceso de estabilización social y política del Segundo Franquismo. En este sentido, la finalidad del Plan de Supresión del Barraquismo no era tanto “dignificar” a los chabolistas mediante la provisión desinteresada de vivienda social, sino más bien acabar rápida y definitivamente con todos los asentamientos de autoconstrucción, sobre todo con los que surgían en espacios particularmente rentables en términos urbanísticos.

Para ello, las instituciones empezaron a planificar el desplazamiento sistemático de numerosos chabolistas hacia las periferias urbanas de las grandes ciudades, ahí donde serían realojados en grandes bloques de viviendas verticales. A finales de los ‘60, el entonces alcalde de Barcelona, Josep María de Porcioles, proclamó que los restos del chabolismo en la capital serían definitivamente erradicados con la construcción de nuevos “polígonos de absorción”, edificados en pos de una vivienda “adecuada”, “digna” y “en propiedad”. En esta dirección, los polígonos de Canyelles, en Nou Barris, y de La Mina, en Sant Adrià de Besòs, representarían, dentro del marco del Plan de Supresión del Barraquismo, las dos operaciones más emblemáticas efectuadas por el Patronato Municipal de la Vivienda para realojar a numerosas “familias chabolistas” del área metropolitana de Barcelona.

Relegados a la periferia o a áreas rurales cercanas a las ciudades y ubicados en terrenos de escaso valor ambiental, los polígonos de la era porciolista no eran sino una pantalla tras la cual ocultar las causas reales del progresivo aumento de la desigualdad socio-espacial que venía perfilándose sobre todo el territorio nacional. Efectivamente, la alta densidad habitacional que llegaron a registrar esos polígonos, sin buenos transportes y comunicaciones, con escasos o nulos equipamientos, con una mala calidad de construcción y un reducido tamaño de las viviendas, respondían a la absoluta falta de interés del Régimen por comprometerse de verdad con los problemas sociales y económicos de la época.

En definitiva, especialmente durante las “décadas doradas” del desarrollismo, los tecnócratas de Franco no se habrían preocupado por solucionar las condiciones sociales, laborales o de vivienda de la población más desfavorecida, sino por encontrar la manera más rentable de “mejorar” y explotar la capacidad productiva del proletariado. Una estrategia económica, que no una política social, que en cierta medida marcaría los orígenes de la lógica espacial que tan íntimamente caracteriza el actual urbanismo neoliberal, aquel que ya no aspira simplemente a planificar la ciudad y, por ende, la vida y las conductas de sus habitantes, sino que se obstina en convertir los vecinos en clientes.

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Elogi del senglar urbà i proposta de tòtem per Barcelona

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Senyal al barri de La Floresta en San Cugat del Vallés (Barcelona)| Foto: OACU

Missatge enviat a l’OACU en ocasió de l’abatiment d’un senglar al districte de Les Corts el 2 d’abril de 2013

per Manuel Delgado (OACU)

Com sabeu, un porc senglar va morir ahir al vespre com sols dir-se “en estranyes circumstàncies”. El va abatre un mosso d’esquadra a trets de pistola a la cruïlla Numància-Tarragona, és a dir davant l’estació de Sants, en un incident en el que va resultar ferit un altre mosso per culpa d’un dispar mal apuntat. La qüestió no té res d’anecdòtica. El fet que una bestia salvatge visqui tant a prop nostre, en un parc metropolità, i que visiti de manera regular la porta de les nostres llars ja és de per si un petit miracle que ens ha de fer pensar en les paradoxes que provoca de vegades la vida urbana, permetent aquesta metàfora  perfecte del làbil dels límits entre natura i cultura i, més en concret, entre salvatge i domesticat. Una metàfora també sobre tot de nosaltres mateixos, de tots aquells i aquelles que ens sentim solidaris amb aquests animals perquè volem creure que també en nosaltres resta alguna cosa bàrbara i elemental,  i el problema és que, com ells, al capdavall hem de fer-nos passar per “civilitzats” perquè alguna cosa s’ha de menjar.

Que un d’aquestes feres ferotges –con la de la cançó de l’Ovidi– hagi arribat al cor de la ciutat també és una metàfora. Ell és l’avançada i ens anuncia: “Ja som aquí;  no hem vingut a visitar-vos, sinó a buscar-vos i portar-vos de retorn; hem arribat a rescatar-vos de la merda de vida que porteu; a excitar les vostres ganes d’assilvestrar-vos el dia menys pensat i sense avisar; a que torneu amb nosaltres al bosc que tant enyoreu, perquè és la vostra veritable llar”. Per això també la mort d’aquest animal –avantguarda d’una invasió que ens espera i que esperem– és una metàfora trista i ben literal de com temem les nostre autoritats no que ens aneguin bestioles selvàtiques, sinó que nosaltres mateixos ens hi tornem. Perquè ells saben o sospiten que en realitats tots som senglars. Que el responsable de l’assassinat –perquè el senglar mort no és que fos un humà; és que era un príncep: la Bèstia del conte– hagi estat un membre de la policia de la Generalitat de Catalunya també és una al·legoria perfecte d’un sistema polític, social i econòmic que odia la independència que aquell animal encarnava.

Segurament no sabrem mai que és el que ha passat aquesta nit. No és la primera vegada que els porcs senglars apareixen pels carrers de la ciutat. Fins ara el que s’havia fet és avisar a especialistes que disparaven dards als animals per a dormir-los i els tornaven a la serra o els mataven en condicions. Quan fa no gaire una manada sencera es va plantar a les portes de La Reina d’Àfrica, a un pas de Lesseps, la Guàrdia Urbana va tenir la paciència d’anar empenyent-la cap a Collserola durant hores. La mort d’una peça de caça major com aquesta pot ser pertinent a mans de caçadors experts amb armes adequades, com poden ser escopetes o fins i tot fletxes. Però matar un senglar a trets de pistola  al mig de la ciutat…! No m’és difícil imaginar-me l’escena d’un cotxe patrulla de mossos que es troba amb un senglar i decideix liquidar-lo de qualsevol manera, com si fos un gos rabiós i qui sap si mig per diversió.

El resultat és el nyap que hem vist, un nyap tràgic per l’animal, que a punt ha estat de resultar-ho també per un dels policies i qui sap si per algú que passava per allà. I no sols per les bales, sinó per la reacció d’un animal ferit per un arma que no és que sigui precisament de caça. El conseller Espadaler acaba de declarar que els senglars no són un problema menor per Barcelona; jo crec que el que no és un problema menor són alguns mossos d’esquadra i un govern com el que tenim. Reconec que em fascinen aquestes bèsties. He passat i passo hores senceres esperant-los més que buscant-los al bosc. És cosa de  trobar un punt qualsevol de la serra de Collserola, introduir-te al bosc, apostar-te a una clariana i romandre quiet fins que apareguin. Tard o d’hora surten d’entre l’espessor i la foscor, s’aturen davant teu i se’t queden mirant fixament, tranquils i altius, com si et saludessin sabent que ets un dels seus. Després desapareixen igual que han aparegut: majestuosos, superbament  indiferents.

Barcelona necessita un tòtem. Si més no la Barcelona salvatge, la que no entén que hi ha de dolent en que les ciutats siguin una jungla o al menys un bosc. Per no oblidar-ho, caldria fer insígnies i estendards, banderes i fulards, amb la silueta d’un porc senglar, convertit per a nosaltres, com per els pobles salvatges, en símbol de la ciutat que resisteix i que es proclama, de tant en tant, furiosa i digne. De fet, ja hi ha precedents: la d’aquell grup de veïns de La Floresta que baixaren a les manifestacions del 15M amb una pancarta amb un senglar dibuixat. I si cal matar-los, fem-ho com correspon matar un animal diví, un deu; amb ritual i respecte, i demanant-li perdó. Després, menjaríem les seves carns en grans o petits festins ciutadans per a que l’animal caçat ens infongués la seva força, el seu orgull i, per sobre de tot, el seu amor per la llibertat.

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Las manos sobre Barcelona

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Joan Clos, contemplando la zona Fòrum desde un hotel de la Diagonal en 2004 | Fuente: Carles Riba

Texto originariamente publicado en Ciutat Morta: crònica del cas 4F, coordinado por Mariana Huidobro, Katu Huidobro y Helen Torres

por José Mansilla y Giuseppe Aricó (OACU)

En 2006 Barcelona vivía todavía la resaca del Fòrum de les Cultures 2004, uno de los fracasos más sonados de su historia. La ciudad se había quedado años antes sin poder ser Capital Europea de la Cultura y buscó, de forma casi desesperada, una excusa para llevar a cabo un nuevo e inmenso proceso de transformación en los límites de su última y codiciada frontera urbana: la desembocadura del Besòs. A pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos invertidos por el Ajuntament, la Generalitat, el Gobierno del Estado y el sector privado –más de 3.200 millones de euros y una recalificación de 330 hectáreas, cifra cuatro veces superior a la intervenida para los JJOO de 1992- el megaevento no cumplió ni de cerca con las expectativas generadas en cuanto a público o visibilidad.

Como si ello no bastara, barrios fuertemente estigmatizados, como La Mina, quedaron definitivamente aislados y ocultos a la sombra de unas imponentes estructuras hoteleras, inmobiliarias y comerciales surgidas como setas en la zona recuperada. Pero como todos los fracasos, este también fue relativo. Efectivamente, las inmensas plusvalías generadas mediante esa colosal reforma urbanística,  trasferidas al capital financiero e inmobiliario de la ciudad, supusieron el verdadero “éxito” del Fórum. La ciudad vivía así los últimos años de la impostura del Model Barcelona, una forma de hacer ciudad que vivió su máximo esplendor durante las olimpiadas y que reveló su verdadera cara en ese primer lustro del nuevo siglo.

Del supuesto urbanismo ciudadano y participativo, de la continuidad de la trama urbana, de la apuesta por los espacios públicos y los equipamientos no quedaba nada. Barcelona, entregada al neoliberalismo, proseguía su configuración como “escenario de consumo” y adjudicaba grandes extensiones de terreno a empresas inmobiliarias internacionales como Hines, responsable de Diagonal Mar, para que hiciese de su capa un sayo. Se abandonaba toda veleidad aparentemente socialdemócrata –como las ideas de Oriol Bohigas y su pretensión de “monumentalizar la periferia” y “dignificar el centro”- y la ciudad, más que como “modelo”, comenzaba a venderse cada vez más como Marca.

Unos años antes, el Ajuntament había puesto en marcha el Distrito 22@ en 116 hectáreas del barrio del Poblenou. La intervención, la mayor llevada a cabo sobre la ciudad hasta ese momento, perseguía la creación de un polo empresarial vinculado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre parte del “obsoleto” tejido industrial del antiguo Manchester català. Los pequeños talleres y empresas auxiliares que ya existían en el área, vestigios de su pasado fabril, fueron despreciados como generadores de crecimiento y empleo y en su lugar se esperó, como maná caído del cielo, la llegada de grandes firmas tecnológicas. Ni que decir tiene que esto nunca ocurrió.

Los que sí llegaron fueron muchos hoteles que, aprovechando la disponibilidad de espacios baratos y la apuesta municipal por el turismo en la zona, lograron grandes plusvalías vendiendo el suelo que abandonaban en otras áreas de la ciudad, como el Eixample. La crisis (léase estafa) económica de unos años después hizo el resto y el Poblenou, como muchos otros barrios de la ciudad, mantiene aún hoy día grandes solares vacíos. Pero la voracidad, como la estupidez, no tiene límites y grandes zonas de la ciudad consolidada fueron igualmente objeto de violentas intervenciones urbanísticas que se presumieron urbanas.

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Acción reivindicativa contra la Marca Barcelona y sus eslogans | Fuente: Míren Sánchez (http://mirarescucharcallar.blogspot.com.es/)

El año 2006 también es el año de la vergüenza para un Ajuntament que llegó a enviar la Guardia Urbana a arrancar las tomateras plantadas por los vecinos y vecinas del barrio de la Ribera. Estamos hablando del, desde entonces denominado, Forat de la Vergonya, un solar ubicado a escasos metros del renovado Mercat de Santa Caterina y que inicialmente estaba destinado a ser un aparcamiento para el turismo que llegaba al barrio. La idea de las instancias municipales era convertir la zona –parte de la cual se popularizaría con el mucho más eufónico nombre de El Born– en una tesela más de la Barcelona escaparate.

Se trataba, en definitiva, de conformar una ciudad proyectada a escala global, que compitiera internacionalmente por la atracción de un “turismo cultural” –lo que viene a querer decir, de elevado nivel de ingresos- mediante la instalación en sus fronteras de elitistas contenedores como el Museu Picasso, de la mercantilización de Santa Maria del Mar o de la fútil reforma del Mercat con su cubierta de tejas coloreadas. El vecindario, necesitado de zonas de socialización, y si eran verdes, mejor, tuvo la osadía de hacer suyo el espacio creando su propio jardín, huerto, mobiliario urbano y zona deportiva, lejos del glamour intrínseco al pensamiento municipal institucional, algo que no podía ser permitido en un barrio destinado a la aparición de lofts y apartamentos para las denominadas “clases creativas”.

Tuvo que ser la prensa, al recoger los conatos de violencia contra el desalojo, la que situara el punto de atención sobre un tema que, de otra manera, hubiera pasado desapercibido. Más allá de la cierta simpatía que pudiera despertar la apropiación vecinal de un espacio para crear una plaza, lo que no llegaron a entender –léase aterrorizar- las manos que se posaban sobre la ciudad, es el hecho de que la gente normal pudiera crear un espacio normal, de gestionarlo y aprovecharlo lejos del tutelaje oficial y la acción del mercado. Por supuesto, algo así no podía ser permitido porque correría el peligro de convertirse en un ejemplo, una alternativa posible o, cuanto menos, propiciable. Es ahí donde debemos insertar parte de los factores que desencadenaron los hechos de aquella noche del 4 de febrero.

Si las grandes empresas multinacionales cuentan con departamentos enteros que velan por la buena reputación de su marca, en Barcelona esta responsabilidad recaía y recae directamente sobre el Ajuntament. La millor botiga del món no podía permitir que parte de sus calles y sus plazas estuvieran pobladas de vecinos, punkis, anarkas o antisistemas, sea eso lo que sea, y menos que éstos pretendieran generar espacios propios, liberados de las ataduras de la mercantilización extrema que vive la vida cotidiana de las ciudades depreciando, de paso, el valor de la propiedad inmobiliaria. Por este propósito, el teatro okupado del número 55 de la calle Sant Pere més Baix tenía que ser literalmente eliminado, como eliminadas tienen que ser todas aquellas imperfecciones que empañan cualquier producto. Rodrigo, Juan y Alex, al igual que Patricia, simplemente se toparon con parte del departamento de limpieza, en el sentido amplio de la palabra, de la Marca Barcelona.

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Mariana y Katu Huidobro, durante una manifestación en apoyo a los detenidos del caso 4F | Fuente: Jordi Secall (http://jordisecall.blogspot.com.es/)

Ironías de la vida, el alcalde de la ciudad de aquellos años, Joan Clos, al frente también del desastre del Fòrum y del 22@, después de un breve paso por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del Estado español, así como de las Embajadas de Turquía y Azerbaiyán, ha llegado a ser el máximo dirigente del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), cuya misión es la promoción de pueblos y ciudades social y ambientalmente sostenible con el objetivo de proporcionar “vivienda adecuada para todos y todas”.

Hoy día, Barcelona sigue imparable su viaje hacia la total esterilización de su espacio urbano. Con solo dar una vuelta por el entorno del antiguo Mercat del Born, hoy Born Centre Cultural, o la calle Montcada y su nuevo Museu de les Cultures del Món es posible observar la descontrolada aparición de nuevos bares y restaurantes poblados de cientos de terrazas, comercios chic, establecimientos de productos ecológicos a precios imposibles, así como tiendas y más tiendas de souvenirs turísticos exactamente iguales a las que podrías encontrar en cualquier otra parte del mundo.

La soberbia expansión del Born no se detiene en sus fronteras físicas y simbólicas, acabando con cualquier viso de originalidad y despreciando lo que otrora fue su verdadera esencia popular: el barrio de La Ribera. Finalmente una triste –pero aún no imperante- victoria de las manos sobre Barcelona, convertida en una ciudad que no contempla las inquietudes ni las necesidades de sus habitantes. Una ciudad concebida y diseñada sólo para una ciudadanía obediente, pasiva y adinerada, que consagra sus calles únicamente al ocio y al consumo masivo. En definitiva, una ciutat morta.

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22@, reforma o derogació: un nou pla de desenvolupament socio-econòmic pel Poblenou

Font: A. M.

Font: A. M.

per Albert Martín (sociòleg i veí del Poblenou)

Amb el nou context al consistori barceloní el Pla22@ es torna a posar sobre la taula de debat. Des del Districte de Sant Martí s’ha posat sobre la necessitat de revisar els 15 anys d’execució i de “reformular” la intervenció urbana en el sistema productiu d’aquest. Re-enfocant l’orientació del 22@ a la “economia cooperativa i solidària, la rehabilitació del patrimoni i la sostenibilitat” en l’Eix Pere IV [1]. Mentrestant grups impulsors del 22@ com PSC i ERC apel·len a la necessitat d’una “reindustrialització” de la ciutat, sense cap autocrítica al Pla22@, ni als seus efectes ni al seu recorregut, argumentant que la seva paralització -o fracàs- es deu al govern de CiU i a la crisi econòmica. En aquest sentit, avaluar si el Pla22@ és reformulable o necessita ser derogat, i impulsar un nou pla de desenvolupament econòmic i social pel Poblenou, requereix d’un balanç dels 15 anys del Pla.

Balanç de 15 anys del Pla 22@

Tot comença quan el 27 de juliol de 2000 era aprovat per l’Ajuntament de Barcelona el 22@, una modificació dels usos del sòl permesa pel Pla General Metropolità del 1976 [2]. Amb una afectació de 115 hectàrees de sòl, l’àrea industrial anomenada 22a passava a denominar-se 22@. El que serien 117 “illes de l’Eixample” de les 180 del barri passaven de ser d’usos industrials a usos per a noves tecnologies, “economia d’activitat intensiva en coneixement”. El 22@ constituïa una de les parts del que hauria de ser el nou “triangle de centralitat” de Barcelona, un espai que comprèn l’espai entre Glòries – Front Litoral Besós – Sagrera. Segons l’Ajuntament, aquest era el “Gran Projecte Urbanístic” (GPU) que havia de revitalitzar Barcelona en el seu procés d’ascensió en la competició per la centralitat de les ciutats globals [3].

A l’abril de 2011, deu anys més tard de la presentació del 22@, immersos en una crisi global del sistema capitalista i a mig desenvolupament del Pla, l’Assemblea de Joves del Poblenou (ara Arran) presentàvem l’estudi “Torres més altes han caigut: el model 22@ al descobert” un balanç dels 10 primers anys de 22@. Amb aquest estudi vam fer públiques quines eren les lògiques i interessos del mode d’urbanització que guiava el 22@. Com estableix la geògrafa Saskia Sassen, es tracta d’uns modes de planificació urbanística que es basen en els GPU amb la voluntat de revitalitzar zones “obsoletes” per transformar-les en nodes de centralitat i concentració d’empreses –els clústers- nous sectors econòmics que pretenen potenciar (sector financer o de les noves tecnologies) [4].

Aquestes són unes formes d’urbanització emmarcades en un context de globalització on les ciutats -global-, que segons els sociòlegs Manel Castells i David Harvey, són les que prenen el protagonisme i es tornen en els actors principals en la competència per a la jerarquia internacional en la ubicació de nodes estratègics a escala global [5]. Però el discurs de l’Ajuntament de Barcelona al voltant del 22@ es va centrar en el de presentar un projecte que donaria resposta a les necessitats i deficiències que patien veïnat i barri. Poblenou havia vist com recentment era re-urbanitzat per la Vila Olímpica i el litoral; com s’estava construint del no-res el Fòrum, Diagonal i el Front Marítim; com les antigues grans naus industrials havien estat ocupades per petits tallers, magatzems i en d’altres casos buides; i com aquestes zones industrials havien estat deixades degradar a nivell d’infraestructures. El barri necessitava d’actuacions en l’àmbit laboral, en l’habitatge, en els equipaments socials i en la preservació del patrimoni històric.

A data de 2016 la majoria de les dades estadístiques no han estat actualitzades [6]. Des del 2011 no s’han tornat a fer públiques les avaluacions en relació a cap àrea d’afectació del Pla urbanístic. Al Pla només li resten cinc anys per cloure un desenvolupament projectat a 20 anys. Un desenvolupament que el 2011 mostrava les següents mancances en els diferents àmbits:

  1. Definició d’Equipaments públics:De la superfície de 136.837 m² destinada a equipaments pel 22@ va resultar que el 55% era per a “equipaments 7@”, una tipologia d’equipaments dirigits a la innovació tecnològica, a la fi a l’ús privat. Aquests equipaments (MediaPro, edifici MediaTIC, etc) foren els primeres en edificar-se, mentre que no ha estat fins a partir del 2011 que les demandes veïnals de centres de barri, reubicació d’històrics ateneus desallotjats, escola d’adults, escoles bressol i CEIP (ubicades en barracons), la biblioteca (2009), casal de joves (2016) o l’estació de metro de Poblenou (2016-17?) s’han anat executant al marge del 22@.
  2. Ocupació:El canvi d’un sector productiu basat en petits tallers, mitjanes empreses i petit comerç a un sector d’activitats @. Pel que fa als 5 clústers que volia impulsar (TIC, tecnologies mèdiques, energia, audiovisual i disseny) només el de l’audiovisual es podria dir que ha tingut èxit [7]. I pel que fa al balanç numèric amb dades de 2010 [8], el 22@ ha suposat una expulsió d’unes 840 empreses i 8.500 treballadores de les 3.437 empreses i 33.800 treballadores del 2000. El creixement d’empreses de nova creació (no trasllats) era d’unes 2.100, quedant en un increment “net” d’unes 1.200 empreses (un increment del 36,5%, mentre que a Barcelona i Catalunya es xifrava en 57 i 60% respectivament). A nivell qualitatiu les noves empreses @ eren el 27% (1.114) de les 4.500 noves empreses és a dir un reduït 15,7% del total. Finalment de les 90.000 treballadores actuals del Poblenou només han estat de nova creació unes 31.000 (uns 22.500 llocs de treball “nets”), el 17% dels 130.000 que projectava el 22@.
  3. Habitatge:En el període del 2000-10 es van construir 8.556 habitatges al Poblenou. El 22@ en projectava 4.000 de protecció oficial, però a data de 2010 se n’havien construït 700 dels que 230 havien estat per a reallotjaments [9]. A data de 2014 segons publica l’AVV del Poblenoul’habitatge de protecció executat al Poblenou es quantifica en 1.400 (un 35% del previst) [10].
  4. Patrimoni històric:L’any 2000 s’engegava l’operació d’intervenció sobre el patrimoni històric més gran dels últims vint anys a Barcelona, amb un catàleg de patrimoni acabat d’aprovar amb una metodologia obsoleta i insuficient en la seva exhaustivitat. En aquest sentit cal destacar com s’ha renovat i enderrocat –que no restaurat- moltes fàbriques simbòliques (Can Gili Vell, Can Gili Nou, Can Framis, Els Radicals oEl Passatge del Sucre) cercant l’explotació econòmica de les seves qualitats patrimonials –reconvertint-se en lofts- enlloc de tractar-les com a part del patrimoni històric del Poblenou. I per altra banda, encara destaca l’abandonament, encara ara, a data de 2016, de naus tant significatives pel barri com Can Ricart o Ca l’Alier (i fins fa poc l’Oliva Artés). El 22@ ha estat una oportunitat perduda per a la generació d’un teixit cultural i econòmic únic mitjançant la conservació i restauració del patrimoni industrial.

Aquest model d’urbanització de ciutats global es pot concloure, deu i quinze anys després, que respon a uns patrons i necessitats del propi sistema socioeconòmic capitalista, que crea un model de ciutat productiva dirigida al sector empresarial, i no a les necessitats socials i locals. Aquestes conclusions ens han de permetre replantejar, començar a abordar una altra perspectiva econòmica i urbanística per al Poblenou. Encara resta per donar ús, preservar i renovar gran part de les hectàrees d’afectació del 22@, el PERI Perú-Pere IV i extensible a tot l’Eix Pere IV. Hi ha molts exemples de “renovació urbana sensible amb el veïnat i la història de l’entorn” que posen al centre de la transformació la participació veïnal, la cohesió i les necessitats socials i locals, només cal voluntat política.

 

Un nou Pla de Desenvolupament estratègic social, econòmic i urbanístic pel Poblenou (i Barcelona)

 La necessitat d’un nou Pla de Desenvolupament estratègic al Poblenou no només ve precedit del fracàs en tots els àmbits d’actuació que ha suposat el Pla22@ pel barri. Es tracta d’una necessitat present per la sèrie de condicionants de les actuals qualificacions 22@ per a qualsevol intent de reforma: usos productius permesos, edificabilitat del sòl permesa i qualificacions patrimonials establertes. El nou Pla de desenvolupament pel Poblenou ha d’orientar-se clarament en oposició als objectius fundacionals del 22@ i, per tant, estructurar-se socialment en el veïnat, econòmicament en el patrimoni i l’Economia Solidària i de proximitat, i geogràficament en l’Eix Pere IV:

  1. La participació ciutadana en la definició de necessitats: Cal tenir en consideració que la “governança” desenvolupada des de l’administració pública ha estat la de facilitar (fiscal i urbanísticament) les necessitats del sector privat (immobiliari i financer), no en canvi les del veïnat. La participació ciutadana és un mecanisme de presa de decisions que vincula directament al veïnat amb l’entorn en el que viu. Per a un projecte de desenvolupament local la participació ciutadana esdevé imprescindible per a l’articulació comunitària –reconeixement col·lectiu, trobada i col·laboració veïnal i autoorganització democràtica–. Al Poblenou, l’exemple dut a la pràctica recentment per la plataforma veïnal Fem Rambla, ha establert precedent com a metodologia i procés de participació ciutadana aplicable a altres contextos. En aquest sentit, la Taula Eix Pere IV està iniciant-ne un a l’hora de revitalitzar aquest eix vertebrador del barri. Si el 22@ va promoure com a Eix de centralitat la Diagonal (via d’interès per a connectar centres de sectors econòmics globals), la plataforma veïnal ho fa de l’Eix Pere IV (via d’interès local i històric). Diagonal i Pere IV esdevenen les dos diagonals urbanes oposades del Poblenou, una oposició geogràfica però que ha esdevingut també social, econòmica i simbòlica.
  2. Ocupació: El Pla22@ partia d’una sèrie d’objectius econòmics i socials que orientaven i han impregnat les diferents accions executades (reformes urbanístiques o fiscals). Potenciava una economia orientada específicament al lucre i a la maximització de beneficis capitals, no en canvi sectors econòmics orientats a objectius de cobertura de necessitats socials i locals, a la autonomia econòmica de les persones i dels barris o a la gestió comunitària i democràtica de la societat i les empreses. La qualificació 22@ del sòl amb ús industrial impedeix usos relacionats amb la producció (del sector secundari o primari) permetent només “usos intensius en coneixement –tecnològic-). Uns impediments que foren els originadors de l’expulsió de mitjana i petita empresa del Poblenou a principis dels 2000’ (p.e. Eix Pere IV, PERI Eix Llacuna, Can Ricart). Per tant tota reforma urbanística parcial d’espais del 22@ determina, de partida, aquests usos impedint-ne d’altres.

Un desenvolupament del Poblenou i de l’Eix Pere IV requereix d’un plantejament urbanístic i fiscal dirigit a les necessitats d’aquesta economia orientada a les necessitats socials, solidària i de proximitat. Unes reformes que permetin i facilitin (per qualificació del sòl i en bonificacions fiscals a empreses i propietaris del sòl/locals) la revitalització dels vora 400 locals/solars/fàbriques buides del carrer (40%): Locals baixos buits amb la creació i implantació d’empreses d’economia social i solidària regenerant el teixit comercial. Potenciant l’eix com a zona de producció i consum ecològic i de proximitat, promovent, així, la lògica del barri cooperatiu; Solars buits per al desenvolupament d’un sector primari (agropecuària) de valor afegit mitjançant la producció ecològica; Fàbriques buides potenciant la producció cultural i artística com a mesura d’aprofitament d’espais. Cal prendre com a referència exemples internacionals com el de Siena on han impedit l’obertura d’establiments de fast food en el barri antic, i les mesures han sortit recolzades per tribunals internacionals davant les demandes de les cadenes [11]. I plantejar mesures urbanístiques i fiscals relacionades amb potenciar usos i sectors que compleixin condicions i requisits: propietat col·lectiva, gestió democràtica, responsabilitat social en la tipologia de servei orientat a necessitats locals, socials i culturals, balanç social o condicions laborals.

  1. Habitatge: La construcció d’aquests 2.600 habitatges de protecció restants cal concentrar-la a Pere IV contribuint urbanísticament en el reforçament de la façana de la via. Però sobretot contribuint directament al suport comunitari de l’habitatge actual aïllat i, indirectament, a la demanda de béns i serveis del comerç de proximitat existent, o l’incentiu per als nous sectors a potenciar. Però paral·lelament regular urbanísticament l’edificabilitat dels PMU del 22@ per a preservar les volumetries del barri que siguin respectuoses amb el caràcter i el paisatge de Pere IV i del Poblenou pre-22@ i pre-Diagonal Mar.
  2. Patrimoni històric: La conservació i preservació de patrimoni industrial afectat pel 22@ ha anat sempre precedida d’una compra pública de l’immoble fet que, a part de suposar un cost públic –mai expropiació-, ha ocasionat per contrapartida sessió de sòl edificable a la propietat privada (en tant que lucre cessant). En la majoria de casos una contrapartida que a la pràctica ha suposat envoltar el patrimoni històric de grans gratacels sense limitació d’edificabilitat (p.e. Ca l’Aranyó, o el futur entorn privat de Can Ricart). Per tant tota preservació patrimonial no assegura la seva preservació social, i molt menys la seva referencialitat geogràfica. Ans al contrari la preservació ha estat en base a la rendibilitat econòmica i no, en canvi, orientada a la reutilització econòmica i social. Cal un criteri de preservació del patrimoni respectuós amb la història i l’entorn, com el model seguit a Lowell (Boston, EUA) o New Lanark (Escòcia), reconeixent al Poblenou el seu atractiu a nivell patrimonial i cultural. Podent-se constituir una “museïtzació urbana” posant en valor el patrimoni històric preservat i la memòria històrica, que mai es recorda, la de la classe treballadora –des de la venda de força de treball obrera a l’acumulació de la plusvàlua entre el valor d’ús (de producció) i el valor de canvi (de venda) per part de l’empresariat–. Les fàbriques preservades del Poblenou mantenen la façana física però se’ls hi ha esborrat la història de lluites obreres que contenen.

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[1] http://www.btv.cat/btvnoticies/2015/07/23/sant-marti-reformulara-projecte-22-poblenou/

[2] El Pla General Metropolità del 1976 es tracta d’un pla de regulació urbanística que contempla i facilita principalment la conversió del litoral nord en zona residencial. La seva aplicació reformulava les necessitats urbanístiques del Pla de Ribera de l’alcalde franquista Josep Maria de Porcioles. Juan Antonio Samaranch, president de la Diputació de Barcelona (1973-1977) conjuntament amb l’alcalde Joaquim Viola foren qui impulsaren l’aprovació definitiva. Una operació produïda en un context en el que l’alcalde Enric Massó (1973-1975) recuperava una proposta de revisió del Pla Comarcal de 1953 i tots els grans promotors immobiliaris de la ciutat s’organitzaren per paralitzar-la. El banquer Jaume Castell, grans empresaris i homes de confiança com Juan Antonio Samaranch s’encarregaren de paralitzar la revisió del Pla Comarcal, la destitució de l’alcalde Massó i Albert Serratosa (enginyer responsable de la proposta de revisió) i proposar el Pla General Metropolità. El PGM del 1976, encara vigent, ha estat l’instrument que ha permès tirar endavant els plans de transformació urbanística de la Vila Olímpica, Diagonal Mar i 22@ al Poblenou, el pla Hospital Militar-Farigola a Vallcarca, els plans d’Europa-Anglesola i Colònia Castells a Les Corts, les cases barates del Bon Pastor, l’esventrament del Raval i el Gòtic o el pla vores Via Augusta a Sarrià. Uns plans que han permès una requalificació del sòl que permetia a grans propietaris del sòl especular i beneficiar-se econòmicament amb l’edificació de grans infraestructures o parcs d’habitatge, mentre que petits propietaris i llogaters de renda antiga eren expulsats dels respectius barris.

[3] AJUNTAMENT DE BARCELONA (2000). “Modificació del PGM per a la renovació de les àrees industrials del Poblenou –Districte d’activitats 22@-“. Barcelona, setembre 2000.

 “L’estratègia de renovació del Llevant de Barcelona, és on es concentren les operacions més importants en curs:

– El pla Sant Andreu-Sagrera, que permetrà construir la nova estació d’alta velocitat de la Sagrera que, en una primera fase, serà la base dels trens que vinguin de la península amb final a Barcelona i que, més endavant, permetrà connectar Barcelona amb la frontera francesa.

– Les actuacions de millora urbana de la plaça de les Glòries i del seu entorn, que implica la transformació d’una superfície de 378.019 m². Amb aquesta reforma s’aconsegueix un guany de 17.000 m² d’espais verds, el 50% del planejament per a habitatges de protecció oficial i fins a vuit nous equipaments públics. Alhora, es proposa una nova solució viària que suposarà l’enderrocament de l’actual nus viari elevat i el soterrament de la infraestructura viària d’entrada i sortida de la ciutat.

– Les infraestructures associades a la renovació del front litoral del Besòs: Diagonal Mar, els equipaments del Fòrum Universal de les Cultures i la renovació del barri de la Mina.”

[4] Saskia Sassen (2003). “Localizando ciudades en circuitos globales” a EURE, vol XXIX, n88.

[5] Manel Castells i Jordi Borja (2004). Logal y global. Editorial Taurus; i David Harvey (1973). Urbanismo y desigualdad social. Editorial Siglo XXI.

[6] Demandes de dades des del OCM (Observatori Ciutadà Municipal de Barcelona): http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/22 i http://www.ocmbarcelona.cat/enquiry/23

[7] Esteve Dot, Antònia Casellas i Montserrat Pallares (2010). “L’ambigüitat de la producció intensiva en coneixement: el nou espai econòmic del Poblenou” a Documents Anàlisi Geografia, vol 56, n3.

[8] Catalunya Construye (monogràfic El Periódico), 10 de desembre de 2001 i Catalunya Construeix (monogràfic El Periódico), 27 de desembre de 2010.

[9] Avui, 1 de desembre de 2009.

[10] AVV del Poblenou, desembre 2014. Revista El Poblenou. n.84

[11] Maria Favà (2014). “El petit comerç és vida” a NovaBarcelona.cat

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La poetessa

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Per Mónica Ortega

Mentre camina, la poetessa urbana cerca desesperada per on s’escapa la poesia a la ciutat. El seu pas és molt petit, com ella, una dona menuda enfundada en una parca negra i uns texans blaus, només els seus ulls fulgurants delaten el que passa en el seu interior; i que no és altra cosa que un munt de paraules que lluiten, lluiten per trobar la forma i sortir airoses cap a fora.

Què faig, es pregunta, mentre observa una manada de turistes fent fotos a les xemeneies del cada dia més famós barri del Poblenou. Ella s’empegueeix i arronsa les espatlles tot passant i desitjant que desapareguin de la seva vista aquells homes amb pantaló curt a ple mes de gener. Un d’ells fa un pas enrere per enquadrar la fotografia i, en fer-lo, tropissa amb ella, fent-la visible i en tocar-la per disculpar-s’hi, ella s’esgarrifa i fuig tot contestant no importa en un perfecte anglès. La poetessa sent una fúria enorme que li creix al pit i forçant molt les seves cames menudes va cap a la platja i hi arriba panteixant.

El mar blau l’assossega sempre, allà sí que s’atura i respira com si l’aire a prop del mar fora més pur, en un moment donat pensa que el blau li omple la vista i que no hi ha una urbs darrera, ni una ronda litoral, ni un passeig llarg i ple d’hotels i restaurants. Per un segon la blavor del mar la inunda i es sent per fi immersa en la poesia. Sí, encara podrà escriure! Sí! Tot i el barri, tot i la gent, tot i que no hi queda res del que era el Poblenou. Tot just dura un segon aquella plenitud quan torna el soroll dels cotxes que baixen fletxats per la ronda, i li arriben les rialles d’una parella de turistes que es magregen i riuen en anglès, si és que fins i tot el riure té idiomes, pensa.

La poetessa camina tota la tarda per la platja, les seves petjades són com les d’una nena, petites i enjogassades, ara s’ajup i agafa unes quantes petxines, ara s’acosta a l’aigua una mica, una mica més. Ara les paraules li pugen a la gola i no té on escriure-les, però és ara quan ho ha de fer. La marea s’endú l’aigua enrere una mica, ella agafa un pal i escriu a la sorra mullada la paraula POESIA amb esforç, endinsa molt el pal a l’arena, com quan era petita i creia que les paraules no se les podria emportar el mar, quan acaba d’escriure la paraula, la marea puja i s’endú totes les lletres, només hi queda el punt de la i, salvat de la marea.

La poetessa torna a casa alleugerida. Ho ha aconseguit.

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Setge a Collserola. Vallcarca-Penitents, darrera frontera urbana?

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Font: OACU

Per Meritxell Sucarrat (ICA) i Marco Luca Stanchieri, José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Aquest text és el prefaci d’un projecte que, sota el nom “Les setze portes de Collserola. L’experiència d’un Parc Metropolità a la Barcelona de principis del segle XXI. El cas de Vallcarca-Penitents”, s’ha presentat pel seu finançament al IPEC.

Després de la urbanització del front marítim, entre finals dels anys 80 i principis dels 90 del segle passat, que comportà que Barcelona es donés a conèixer definitivament al món (la Barcelona dels Jocs Olímpics del 92) com a destinació turística i ciutat model[1], a principis de la segona dècada del 2000, el continu desenvolupament de Barcelona es planteja a través de la redefinició de la relació dels barris de muntanya, densament poblats i urbanitzats, amb la Serra de Collserola convertida en parc natural des de 2010[2]. Un atent recorregut al llarg de la història urbanística de la ciutat[3] ens permet establir una continuïtat mai interrompuda, entre les polítiques franquistes que aspiraven a la Gran Barcelona[4] i el plantejament actual.

El que abans de la Transició democràtica, i fonamentalment als anys 50-60 s, es va anomenar com a “desarrollismo”, va continuar i trobar l’empenta definitiva -ja sota el paraigua democràtic- de les mans del neoliberalisme, projectant Barcelona cap a una descontrolada mercantilització de l’espai. Entre els grans projectes, destacà la voluntat de l’exalcalde franquista Josep Maria de Porcioles[5] de connectar la ciutat amb el Vallès mitjançant tres túnels que perforarien la serra de Collserola a Vallvidrera, Penitents i a Horta i, al mateix temps, definir un imponent zona d’interès turístic a la muntanya. A més a més, la realització d’aquestes connexions amb les ciutats del Vallès comportaria una redefinició del tram viari pròxim als túnels i al parc que afectaria els barris més extrems.

Encara que finalment es va realitzar només el túnel de Vallvidrera, tot i així els terrenys originàriament afectats per a la realització del túnels, seguiran sent-ho en el Pla General Metropolità del 1976, i avui dia encara pateixen aquesta reserva de sòl per a futures transformacions de la trama urbana. L’actual voluntat de fomentar, amb previsions a llarg termini, una interrelació entre la natura de la Serra de Collserola i els barris, creiem que respon a la mateixa lògica neoliberal amagada per sota d’una amnèsica capa d’abstractes concepcions estètiques i paisatgístiques que transformarien el territori afectat mitjançant la creació d’espai enjardinats que no deixarien de ser “espais públics de qualitat”[7].  És a dir, tornaríem a parlar d’espais de i pel consum, indicatius de nous tipus de segregació social impulsat per veritables trampes construïdes sobre la idealització de la natura[8].

La concepció del Parc Metropolità de Collserola com l’element diferenciador que caracteritzi la imatge urbana de Barcelona –fent-la més atractiva, més competitiva i més sostenible en el context global actual-, cal situar-la en relació amb el context influït pel Conveni Europeu del Paisatge (2000), la Llei catalana de protecció, gestió i ordenació del paisatge (2005), i la consolidació d’una cultura de valoració de la natura que comporta engegar iniciatives que fomentin l’ús social i econòmic de la natura, per part dels poders polítics. Aquest marc legal va permetre al Departament d’Hàbitat Urbà presentar, el 2013, el Pla del Verd i de la Biodiversitat de Barcelona 2020. Aquest últim, més que un veritable pla d’intervenció urbanística, va representar una visionària proposta d’actuació a gran escala amb la qual rendibilitzar el “verd urbà” mitjanant la promoció i exaltació de la natura i executant plans urbanístics com ara el de les 16 Portes de Collserola.

Tot i que va ser l’equip de govern municipal en representació de CIU el que va publicar aquest disseny urbanístic, el trobarem sense gaire dificultat com a marc de referència dels objectius ecologistes, urbanístics i de mobilitat  de l’actual govern municipal,[9] que segueix vertebrant les seves polítiques urbanístiques sobre els clàssics i controvertits conceptes d’espai públic de qualitat i participació ciutadana que han conformat el fortament criticat “Model Barcelona”[10]. Recordem que aquest Model es va erigir sobre les idees arquitectòniques, higienistes i monumentals dels arquitectes Oriol Bohigas i Josep Acebillo durant les dècades de 1970 i 1990 del segle passat i de les polítiques participatives del “margallismo”  dels anys 80 del segle XX [11]. A aquests pilars conceptuals se li afegeixen ara els termes més recents de resiliència urbana i sostenibilitat, fruit dels nous reptes que planteja l’ambició de les polítiques urbanístiques neoliberals barcelonines, que sembla no acaben d’abandonar la idea de convertir la ciutat de Barcelona en una de les més eficients Smart Cities del món, en una època de dificultats socioeconòmiques.

Dins d’aquest context jurídic, urbanístic i retòric, el discurs pel qual es vol legitimar la creació d’un nou tipus de relació ordenada entre Barcelona i la Serra de Collserola es fonamenta en la idea bàsica d’una renaturalització de la ciutat que passa per incentivar la penetració de la natura als barris. En aquest context, la natura  representada per la serra de Collserola es presenta com una natura domesticada on els límits entre la ciutat construïda (edificada) i el Parc esdevenen punts d’intervenció claus, a més de les intervencions projectades per al canvi de percepció (una percepció més natural) en el teixit urbà ja existent. Antoni Vives, regidor d’ Habitat Urbà a finals del 2012,  no hauria pogut ser més precís en definir els objectius del pla de les 16 Portes de Collserola: aconseguir que “la natura baixi a la ciutat i que les persones puguin pujar, de manera ordenada, a la natura”[12].

Per la seva part, el gerent del govern de Convergència Democràtica (2011-2015), fora de l’aprovació gairebé unànime de les oposicions[13] del consistori, establia un termini de vint anys perquè l’Ajuntament portés a terme l’ambiciós projecte metropolità de crear 16 corredors verds  (les 16 portes de Collserola) que haurien d’afavorir la interrelació entre la natura i la ciutat, des del primer cinturó de ronda fins al Parc Natural de Collserola. D’aquesta manera, es planteja articular la natura i la ciutat a través d’actuacions en la franja de contacte entre ciutat i parc, i  l’ordenació dels espais lliures de transició entre el medi natural i el medi urbà. També es parla de dissenyar itineraris, recorreguts i trajectes que legitimin una nova mirada sobre Collserola, així com de conceptes com naturbà i rurbà, en l’intent per transcendir la dicotomia camp-ciutat, mentre les intervencions programades sobre la ciutat es plantegen com una oportunitat per millorar la qualitat de vida dels barris de muntanya en el seu retrobament amb la natura[14].

Més enllà d’aquestes aspiracions que podríem definir com “bucòliques”, hi ha objectius del pla que tenen a veure amb la conversió dels barris populars en zones amb un fort impacte turístic i que posen en perill la persistència in situ de la població resident, gens interessada a convertir els espais de la seva vida quotidiana en horts i jardins bonics i ordenats, resultat de la revalorització del territori per la imposició d’un canvi estètic i d’ús. Donada la importància de les actuacions previstes en la vida diària de la població dels barris directament afectats, creiem que la recerca etnogràfica i l’anàlisi crítica de les dades obtingudes són imprescindibles per documentar i interpretar la realitat de primera mà i entendre la idiosincràsia i la identitat de cada barri en la seva articulació amb la resta de barris, en el context actual de construcció  “d’una nova Barcelona”.

Amb aquesta finalitat ens plantegem l’estudi dels impactes de l’ambiciós pla de les 16 Portes de Collserola al barri de Vallcarca i Penitents – la setena porta – i de les maneres en què localment, la població viu la relació amb els seus espais naturals i urbanitzats, i percep la voluntat política d’establir correlacions entre natura i ciutat. En el marc del concurs de les 16 Portes, el projecte de la porta número 7, la de Vallcarca i Penitents, que va obtenir el primer premi[15], ajusta els seus plantejaments sobre plans urbanístics atàvics i que han definitivament fracassat davant de l’obstinada resistència popular (2003-2016) a la Modificació del Pla General Metropolità. Tot i així, gràcies a un llarg treball etnogràfic (2009-2014) sobre els impactes socials de les transformacions urbanístiques que han afectat Vallcarca al llarg de la seva historia[16], s’ha demostrat que el barri ha patit en els últims deu anys importants destruccions del seu patrimoni construït i natural amb la utòpica voluntat frustrada de transformar el seu caràcter popular en barri residencial d’alt standing i de trànsit turístic, amb brutals operacions d’especulació immobiliària protagonitzades per constructores històriques del desenvolupament urbanístic de la ciutat.

Aquestes intervencions destructives han generat descampats i solars allà on hi havia habitatges i es desenvolupaven  activitats socials i que, amb una “trampa” urbanística i conceptual, van passar a ser definits com a “espai buits”[17] o “en desús”. Aquests espais, que preferim definir com a “vacants”[18] han evidenciat formes populars, a vegades imprevistes, de relació amb la natura en un barri de muntanya on abunden el verd, camins, rieres, pous, fonts i deus, sistemàticament ofegats amb ciment pels enderrocs que paradoxalment s’acompanyen de la producció d’un territori on les rambles, els itineraris i els passejos hi acaben tenint un paper destacat amb la finalitat de produir l’escenari per la màxima rendibilitat del sòl i afavorir la circulació de capital en zones fins al moment menyspreades per les dinasties de poder de Barcelona. Per tal de copsar la representativitat i singularitat del Parc de Collserola en el barri de Vallcarca-Penitents i quina és la seva relació amb la seva transformació urbanística i la relació dels seus habitants amb l’espai de la seva quotidiana, plantegem l’estudi de la realitat local.

Notas

[1] BORJA, J. (1995) Barcelona. Un modelo de transformación urbana, 1980-1995, Quito: PGU-LAC.

[2] El Parc Natural de Collserola està considerat el parc metropolità més gran del món amb més de 8.000 hectàrees i està situat a l’àrea més densament poblada de Catalunya, afectant el terme de nou municipis de l’àrea metropolitana de Barcelona.

[3] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015a) “Desmontando las políticas neoliberales. Una aproximación desde las ciencias sociales”, en ARICÓ, G., MANSILLA, J. A., STANCHIERI, M.L. (Coords.) Mierda de ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol·len Edicions- OACU, pp. 11-16; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015b) “Jaque al Peón. Extracción de rentas, dinastías de poder y desplazamiento de clases populares en la Barcelona contemporánea”, Comunicación en fase de publicación originariamente presentada en el panel ¡Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea, realizado en el marco del Iº Congreso Internacional de Antropología AIBR “El ser humano: culturas, orígenes y destinos” (Madrid, 7-10 julio de 2015.

[4] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86.

[5] MARÍN i CORBERA, M. (2005) Josep Maria de Porcioles: catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona: Base Edicions.

[6] DELGADO, M. (2004b) “Ciudades de mentira. El turismo cultural como estrategia de desactivación urbana”, en ENGUITA, N., MARZO, J.L. y ROMANÍ, M. (Coords.) Tour-ismes. La derrota de la dissensió, Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, pp. 55-66; CARMEN, M. (2006) “Las trampas de la cultura”, Buenos Aires: Paidós.

[7] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2014) “El discreto encanto del “espacio público””, Revista Diagonal, 38, pp. 21-24, Barcelona: ARD.

[8] CARMEN, M. (2011) “Las trampas de la cultura. Medio ambiente y segregación en Buenos Aires”, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[9] http://ajuntament.barcelona.cat/ecologiaurbana/es

[10] CAPEL, H. (2011 [2005]), El modelo Barcelona: un examen crítico. Barcelona: Ediciones del Serbal; DELGADO, M. (2005) Elogi del vianant. Del “model Barcelona” a la Barcelona real, Barcelona: Edicions de 1984; DELGADO, M. (2007) La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del “modelo  Barcelona”. Madrid: La Catarata.

[11] MAZA, G. (2005b) “Participación Urbana”, Comunicación presentada en el marco del programa Idensitat CLF/BCN 01-02, [en línea: http://www.dosislas.org/ciudades/voces/participacionurbana.html]

[12] MOISÉS J., (2012), Esquema director de les Portes de Collserola, en Territori: Observatori de projectes i debats territorials de Catalunya [en línea] 

[13] Així ho expressa MOISÉS (2012): “A nivell polític, els grups municipals de l’oposició coincidien, en termes generals, amb els objectius del projecte però discrepaven amb alguns aspectes. El PSC temia que la manca de concreció generés frustració entre els veïns i el professionals implicats mentre el PP lamentava que no se’n conegués el pressupost. Per la seva banda ICV reclamava que es condicionés el projecte de les 16 portes a l’elaboració del Pla especial de protecció de la serra de Collserola.”

[14] SOTOCA, A.; CARRECEDO, O. (2011) Naturbà. Barcelona Collserola. Una relació retrobada. Barcelona: Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.

[15] http://w1.bcn.cat/portesdecollserola/resultat-del-concurs/

[16] STANCHIERI, M.L. (2016) “ Prácticas y poéticas de un barrio en trasformación. El caso de Vallcarca en Barcelona”, Tesi doctoral, Universitat de Barcelona.

[17] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2013) “La trampa urbanística de los ‘vacíos urbanos’: casos etnográficos en Barcelona”, en DAROQUI, A. (Comp.) 20 años de pensar y repensar la sociología: nuevos desafíos académicos, científicos y políticos para el siglo XXI, Buenos Aires: UBA, [en línea: http://sociologia.studiobam.com.ar/wp-content/uploads/ponencias/1713.pdf]

[18] STANCHIERI, M.L., (2014) “Territorios de lo imprevisto: espacios vacantes, autoconstrucción y simbolización del lugar en el barrio de Vallcarca en Barcelona”, en VIEIRA DA CUNHA, N., DE LUNA FREIRE, L., MACHADO-MARTINS, M.,  et BEROCAN VEIGA, F.,  Antropologia do conflito urbano: conexões Rio–Barcelona, ( Coord.), Rio de Janeiro: Lamparina editora

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