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El poder simbólico del discurso y las omisiones de clase

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

Michelle Obama y Juliana Awada en el Centro Metropolitano de Diseño | Fuente: http://www.vanitatis.elconfidencial.com/

por Juliana Marcús (OACU)

A 100 días del inicio de la gestión del presidente argentino Mauricio Macri, su par estadounidense Barack Obama visitó el país por primera vez. Su llegada ha causado cierto malestar entre algunas agrupaciones civiles, políticas y de derechos humanos porque, entre otras cuestiones, coincidió con la conmemoración de los 40 años del inicio de la última dictadura cívico-militar en Argentina. Durante el encuentro, que mantuvieron en conferencia de prensa el pasado miércoles 23 de marzo, debatieron sobre política exterior, el reciente atentado a Bruselas, educación, desarrollo y ciencia y tecnología, entre otros temas.

A horas de cumplirse un nuevo aniversario del golpe militar, Mauricio Macri hizo mención a la desclasificación que Estados Unidos realizará de los archivos vinculados a la última dictadura argentina, que describió como “la época más oscura de nuestra historia”, pero no hizo una sola mención al terrorismo de Estado, a la desaparición forzada de personas, a la desindustrialización sostenida, a la recuperación de la memoria, la verdad y la justicia. Más allá de esta omisión, que considero inadmisible puesto que constituye una “omisión de clase” en plena regla, mi intención en este texto es centrarme en otro encuentro que se llevó a cabo horas después: me refiero al que se dio entre las primeras damas Juliana Awada y Michelle Obama en el marco de la iniciativa Let Girls Learn (Dejen aprender a las jóvenes) cuyo ambicioso objetivo es que en los próximos 70 años todas las niñas del mundo puedan acceder a una educación  formal.

Lo primero que quiero destacar es el lugar donde se realizó el encuentro: el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) ubicado en el barrio porteño de Barracas, al sur de la ciudad. El CMD forma partedel Distrito de Diseño, una iniciativa del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que tiene por finalidad consolidar el estatus de Buenos Aires como Ciudad UNESCO de Diseño. El plan se inscribe dentro de una propuesta más amplia que apunta a “revitalizar” y “renovar” la zona sur de la ciudad, tal como la retórica urbanista la presenta e incluye inversiones de capitales públicos y privados en los barrios de La Boca (Distrito de Las Artes, Usina del Arte, Paseo de Las Artes, saneamiento del Riachuelo, Fundación Proa), Parque Patricios (Distrito Tecnológico) y San Telmo (Distrito de Las Artes y renovación urbana del Casco Histórico).

Quiero detenerme en la expresión “revitalizar el sur” puesto que es muy utilizada por los agentes públicos y desarrolladores privados para definir acciones que impulsen la “renovación” urbana y cultural de áreas relegadas de la ciudad. Esta expresión invisibiliza los modos del habitar que ya existen en los barrios del sur o en otras zonas degradadas como si se tratara de un espacio “sin vida”, abandonado y en desuso. En definitiva, la práctica y los discursos urbanísticos niegan y suprimen los usos, las lógicas urbanas y las relaciones sociales que se desarrollan en estas áreas y pretenden incidir en lo urbano, es decir, en el espacio vivido, en términos de Lefebvre. Este centro de diseño se encuentra apenas a ocho cuadras de la villa miseria 21-24, la más poblada de la Ciudad de Buenos Aires. Y, sin embargo, no hubo una sola adolescente de la villa presente en la conferencia de Michelle Obama. Volveré sobre esto más adelante.

Lo segundo que quiero resaltar es el discurso de Juliana Awada para presentar a Michelle Obama ante un auditorio repleto de mujeres adolescentes. Fueron apenas tres minutos pero los suficientes para ejercer lo que Pierre Bourdieu llamó “poder simbólico”. Por tomar sólo un ejemplo, Awada comenzó su presentación leyendo: “Cuando uno quiere curar enfermos, estudia medicina. Cuando uno quiere construir una casa, estudia arquitectura, ¿no? Pero cuando una elige acompañar a su marido en una tarea con tanta responsabilidad como es ser Presidente, una no estudia para ser Primera Dama.” El poder simbólico de este discurso radica en conservar e inmovilizar las clasificaciones del mundo social. Se trata de un poder invisible que se ejerce con la complicidad de aquellos que lo legitiman de modo que el poder es reconocido cuando se desconoce su arbitrariedad, aquello que Bourdieu denominó reconocimiento por desconocimiento.

Las palabras de Awada otorgan a la mujer un lugar de “acompañante” y de “sostén” del varón que reproducen cliches del tipo “detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”, y con ello los más rancios estereotipos de género que los movimientos feministas vienen cuestionando y combatiendo desde hace décadas. Considero que estos movimientos  están en condiciones de destruir este poder de imposición simbólica desde el momento en que toman conciencia de lo arbitrario. A diferencia del discurso ortodoxo, el discurso heterodoxo encierra un poder simbólico de movilización y subversión del orden establecido como natural.

Me gustaría enfatizar la contradicción producida entre el tema de la conferencia y el público que la escuchaba. Michelle Obama disertó sobre la desigualdad en el acceso a la educación de las mujeres, pero las jóvenes estudiantes que fueron invitadas al CMD eran de sectores medios y altos, la mayoría vestidas con uniformes de colegios privados de la Ciudad de Buenos Aires y con sus iPhones en mano. Estas jóvenes son quienes, generalmente, reproducen esa desigualdad y diferencia de clase. No había una sola adolescente de los denominados sectores bajos y populares, muchas de ellas expulsadas del sistema educativo, porque sencillamente no fueron consideradas ni invitadas. Me atrevería a decir que más que una contradicción se trató de un claro ejemplo de habitus de clase: Awada y sus asesores y asesoras probablemente no se hayan dado cuenta de tremendo descuido puesto que desde sus marcos de percepción es impensable la presencia de esas chicas en ese espacio.

Por último quisiera destacar que durante los veinte minutos del discurso de Michelle Obama su leitmotiv fue Yes you can! Con frases como “Mis padres no tenían estudios universitarios, pero me enseñaron que podría lograr lo que fuera si me esforzaba y estudiaba”, “empecé a pensar en mi capacidad de alcanzar mis propios sueños” o “gracias a mis estudios tuve oportunidades”, la primera dama estadounidense aludió constantemente a la voluntad individual como único y principal camino para combatir las desigualdades sociales y omitió decir que son los Estados los que deben garantizar el derecho al acceso igualitario a la educación.

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Juliana Marcus, Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo

Entrevista realizada a Juliana Marcus (OACU), en el diario argentino Diario Z

La cuestión habitacional es tema de estudio de Juliana Marcús, quien desde 2012 dirige un equipo de trabajo en el Instituto Gino Germani sobre la mercantilización del espacio urbano y la incidencia de usos legítimos e ilegítimos en Buenos Aires. “Tratamos de ver cómo impactan esos usos en la vida cotidiana de los habitantes desde los códigos culturales que tenemos incorporados, cómo reaccionamos ante estos fenómenos urbanos y cómo los vemos desde esa perspectiva”, cuenta esta doctora en Ciencias Sociales de la UBA.

¿Qué hitos se pueden mencionar en política habitacional?
Hay dos políticas importantes. A nivel nacional, el Procrear. A nivel de la Ciudad, el programa Primera Casa. El Procrear se armó de manera interesante, pero sin cubrir la demanda y la emergencia, porque se destinó a un sector medio o medio bajo, con determinadas características socioculturales y cierto nivel de ingresos, usando terrenos ociosos de la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), no ligados a la centralidad urbana que buscan los sectores medios. Estos sectores quisieran estar cerca del centro y el Procrear les ofrece tierras fiscales en Liniers, por ejemplo. El plan Primera Casa entregó pocas casas. Es un caso curioso, porque se pensó para sectores populares, pero se usa el scoring, y esos sectores no pueden acceder a créditos a los que sí podrían acceder sectores medios. A su vez, esos sectores medios no cumplen los requisitos socioculturales que plantea el crédito. Hay un doble juego de esa ilusión, ninguno se puede beneficiar con el programa.

O sea que no se satisface la demanda.
Así es. Hay un agravante. El último censo determinó que hay cerca de un millón de viviendas y 340 mil están deshabitadas. No hay política para eso, desde ningún lado. Debería haber un impuesto que grabe la vivienda ociosa, cosa que salga al mercado. Más si pensamos que la población está estabilizada en tres millones de habitantes hace décadas y el déficit habitacional sigue creciendo.

¿Cómo evalúa el boom inmobiliario?
Fue muy fuerte en la última década, pero casi no hubo acceso. Torres, countries, edificios inteligentes con amenities y expensas muy altas. Eso incentivó la especulación, gente invirtiendo en ladrillo, comprando departamentos para alquilar que en muchos casos quedaron vacíos. O sea, hay más vivienda, pero no se ocupa por la especulación. El caso extremo es Puerto Madero, el barrio con más viviendas vacías, muy poca densidad de habitantes y el m2 entre cinco y siete mil dólares.

¿Y cuál sería el caso opuesto, en relación a las viviendas ocupadas por barrio?
El contraste podría darse por Caballito y Balvanera, barrios muy poblados, de clase media, donde se hicieron muchas torres, que sí están ocupadas por esa clase media. Claro que eso llevó a situaciones de colapso, como inundaciones o cortes de luz.

¿Hay más inquilinos que propietarios?
En este momento, sí. Es un tema de estudio. Hay jóvenes de entre 25 y 35 años que salen a la busca de su primera vivienda, en la encuesta de hogares urbanos del Indec, vemos que un 70 por ciento de esos jóvenes son inquilinos, apenas un 19 por ciento son propietarios. Lo interesante es que dentro de ese 70 por ciento está el alquiler tanto en el sector formal como en el informal, las villas. Es muy alto.

¿Por qué hay déficit habitacional?
Por la ausencia de una política de vivienda, porque no hay créditos a baja tasa. Los planes cubren una demanda muy pequeña y los sueldos de los jóvenes no alcanzan para acceder a un crédito con tasas altas. Si a eso le sumás la vivienda vacía y la suba en los precios, el acceso es muy difícil. Es preocupante que no estén en agenda la regulación del suelo y la planificación urbana, que esté todo al arbitrio del mercado, y si el Estado no se mete, el acceso a la vivienda seguirá estando lejos.

¿Cómo ves el tema de las villas?
Es complejo. Hubo algunas que crecieron, como las de Barracas y Retiro. La Villa 31 es un caso emblemático, porque está en terrenos de mucho valor y está muy poblada. Se la quiso urbanizar, se la quiso desalojar, mucho manejo de punteros, pero su organización interna impide la expulsión. Crece hacia arriba, al no haber más terreno para la vivienda horizontal, se suman pisos. Termina siendo un mercado paralelo de compra y venta de viviendas. La urbanización sigue siendo un tema pendiente, se precisa voluntad política y presupuesto, y lo que hubo fue subejecución desde el Instituto de la Vivienda.

¿Sería factible hacer un barrio de clase media en donde está la villa de Retiro?
Desde la mercantilización, todo es factible. Donde hay un espacio ocioso los inversores pueden ver rentabilidad en alianza con el Estado. En el caso de Retiro lo veo complicado, pero un entendimiento público privado es algo muy visto en los últimos años.

¿Rivadavia sigue siendo la gran divisoria entre un norte próspero y un sur pobre?
Aún funciona en los mapas mentales esa idea. El pasaje urbano cambia mucho si se camina por Rivadavia. Lo mismo pasa a lo largo de la avenida Pueyrredón, o por Callao y su continuación Entre Ríos. Al caminar por allí se nota la degradación del paisaje urbano desde lo estético. No creo que haya una ciudad dual, norte y sur se articulan. Pensemos en la línea H de subte. O en los tres millones de trabajadores que ingresan por día desde la provincia. El sur necesita una revitalización, desde ya. Los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 exigen mucha inversión en la zona más pobre de la ciudad, en lugar de invertir en la calidad de vida de los vecinos.

¿El conventillo sigue siendo una presencia palpable?
Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo. El problema habitacional es grande, porque tenés la casa tomada y la villa, formas de hábitat popular urbano para 400 mil personas con problemas de vivienda. El hotel pensión funciona en el imaginario como un lugar de paso, pero termina siendo permanente para quienes no pueden salir del circuito hotelero por inestabilidad laboral.

¿El Estado puede hacer algo?
Regular es clave. Quisiera políticas que piensen en el ciudadano, que no haya alianzas con el sector inmobiliario por la especulación en sí. Son alianzas peligrosas para el bienestar ciudadano.

Perfil: Nació en Buenos Aires en 1978. Socióloga y doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora en el Conicet y en el Instituto Gino Germani. Dirige un equipo de trabajo focalizado en políticas habitacionales.

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