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Tormenta de mitad de agosto

Diario Berria

Entrevista realizada por la periodista Samara Velte, del Diario Berria. Publicada originalmente en euskera y traducida al castellano por Amaia Altuna.

TORMENTA DE MITAD DE AGOSTO

Este año las páginas de los periódicos se han mojado como lo hace la tormenta que se infla en los días bochornosos de verano y revienta al anochecer. Aunque esta preocupación no es nueva. Hace tiempo que vemos protestas y parodias como el “giri eguna” (día del guiri) de Urola Kosta y también vienen realizándose estudios sobre formas de desarrollo urbano más sostenibles desde asesorías y universidades.

Pero este verano el turismo se ha convertido en conflicto político. Los partidos políticos se han embaucado en una guerra de chancletas con lo que debería ser materia para la discusión social. También ha llamado mayor atención la manifestación convocada por Ernai (juventudes de la izquierda abertzale) con el lema “Vuestro turismo nuestra miseria”, que fue convocada en junio pero de la que nadie se ha acordado hasta finales de julio. El cambio ha ocurrido debido a la campaña realizada por Arran en Barcelona, que enseguida llenaron las portadas de los medios de derechas vinculándolos a la CUP, y en consecuencia al referendum de octubre. La manifestación de Ernai y las pintadas “Tourist go home” aparecidas en Donostia sumaron un ingrediente más, concluyendo que nacionalistas y radicales catalanes se habían unido contra el turismo.

En Euskal Herria algunos partidos han reproducido ese mismo esquema. El PP ha anunciado que interpondrá ponencias a favor del turismo. El Gobierno Vasco y el ayuntamiento de Donostia han resaltado que la situación del Mediterráneo y de Euskal Herria es diferente. El PNV ha calificado la manifestación de Ernai y las pintadas como “ataques” y se ha referido a la izquierda abertzale en términos de turismofobia.

CONFLICTO SOCIAL

Está claro que el turismo suscita diferentes percepciones pero hay unanimidad al admitir la saturación de la parte vieja donostiarra. La mayor preocupación gira en torno al mercado inmobiliario. En Donostia, el encarecimiento y la reducción de la oferta se ha extendido más allá del centro y en Bilbao también están notando el cambio. De hecho, el grupo Ganemos Goazen Bilbao ha solicitado un estudio del nivel turístico que puede soportar la ciudad al gobierno municipal, alegando que han pasado de estar en la burbuja inmobiliaria a estar en la burbuja turística.

El doctor en psicología social y miembro del Observatorio Antropológico de Conflictos Urbanos de Barcelona Horacio Espinosa Zepeda, cree que la palabra “turismofobia” es un intento de patologizar el malestar social. “Como otros términos despectivos hacia movimientos sociales individualiza un problema de origen social. En lugar de fijarse en los aspectos estructurales del malestar, el individuo se vuelve el culpable porque no ha sido capaz de adaptarse al entorno, en este caso al turismo”. También se usa el término Síndrome de Venecia para describir el vaciado de habitantes de las ciudades. Espinosa Zepeda cree que “en consecuencia, se destruye el discurso de fondo y se criminaliza a los ciudadanos que se organizan para cambiar el modelo turístico”.

Las razones del malestar son parecidas en los lugares en los que ha surgido la discusión: encarecimiento de alquileres y servicios, abandono de los centros urbanos y destrucción del tejido social. Según Espinosa hay que cuestionar las estructuras que permiten esos cambios. “El problema no es el turista, sino el modelo que masifica el turismo”. También advierte del peligro de caer en el clasismo. “Algunos sectores piden un turismo de calidad en lugar del de borrachera, pero eso es torcer el tiro, porque ambos son parecidos, visitan y duermen en los mismos sitios. Lo que hay que criticar es la lógica de la industria turística”. En su opinión, el turismo masivo y la gentrificación suelen ir de la mano. “El problema es el modelo de explotación porque crea burbujas inmobiliarias: los buitres compran edificios enteros, los renuevan y los ofrecen al mercado turístico”, reduciendo y encareciendo así el alquiler común.

¿La solución? “Hay que buscar un modelo turístico sostenible, con poco impacto y que provoque a largo plazo una desaceleración turística, que no indica desaceleración económica, sino el desarrollo de un turismo no de masas.” La clave es el control público. “Hay que regular los precios de los alquileres y los pisos turísticos”.

CINCO INDICADORES

Desde la empresa de investigación y asesoría turística In2destination, su directora, Nagore Espinosa Uresandi, indica que el turismo también tiene que hacer una aportación a la sociedad, y para ello utilizan cinco indicadores para medir la idoneidad del modelo turístico. Por una parte la influencia económica, “en lugar de promover sólo las ciudades, hay que dar a conocer zonas de campo y alargar las estancias. En Araba, en Bizakaia y en Gipuzkoa la estancia media es menor de dos noches. Por otro lado están el efecto ecológico y el social. “Hay que escuchar a los ciudadanos, ver como perciben el turismo”. Lo más complicado suele ser conocer sus condiciones laborales, puesto que el turismo engloba a más de 11 industrias.

Además de estos 3 índices habituales Espinosa Uresandi propone dos más: la territorialidad y la gobernanza. “Hay que estudiar la concentración de los recursos turísticos y facilitar el movimiento de la gente hacia otros lugares. Interesa crear actividad económica fuera de los centros urbanos”. En cuanto a la gobernanza, “éste es el punto en el que todo comienza. Para que el turismo sea sostenible las administraciones, públicas y privadas, deben esforzarse en monitorizarlo todo en el tiempo para identificar posibles riesgos para la alarma”.

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Valla Torg, el “renodesahucio” como instrumento de la política habitacional en Suecia

Walla Scen ocupado. Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

Walla Scen ocupado | Foto: Valla Torg-Alla ska Kunna bo Kvar

por Karina Raña (Uppsala University)

Walla Scen es un teatro pequeño en medio de Valla Torg, un típico barrio del sur de Estocolmo. En la entrada, un cartel que pone “Fika Gratis” invita a los vecinos a una merienda en la modesta recepción del recinto. Sin embargo, este “fika[1]” no es sólo café, pastel y conversación, principalmente porque el teatro está ocupado por un grupo de activistas que buscan generar atención sobre el proceso que pone en riesgo la vivienda de los actuales residentes de Valla. Dentro de unos pocos meses, muchos de los habitantes de este barrio pueden verse forzados a encontrar otro lugar donde vivir. Esta tarea no es nada fácil pues una muy rentable mezcla de escasez de viviendas y especulación inmobiliaria ha transformado a Estocolmo en una verdadera jungla habitacional.

Esta amenaza que se cierne sobre los vecinos de Valla Torg es lo que ha sido llamado renodesahucio[2]. Este término acuñado por activistas canadienses refiere a la renovación de los edificios con el consecuente aumento de los alquileres que obliga a los residentes a marcharse del lugar. En el caso particular de Valla Torg, la empresa municipal de vivienda dueña de los pisos tiene contemplado un alza de un 50 ó 60% del actual precio luego de la renovación cuestión que, según los mismos vecinos de Valla Torg, no serán capaces de afrontar. Esta estrategia gentrificadora se está volviendo una práctica extendida en Suecia ocurriendo en otros barrios también, por ejemplo Pennygången en Gotemburgo y Gränby en Uppsala donde, a base de organización vecinal, las alzas de alquiler se han moderado pero no detenido.

Crisis de la vivienda en Suecia punto de partida de la planificación urbana

La situación es compleja pues son muchos los elementos involucrados que perfilan el actual contexto de lo que se ha llamado crisis de la vivienda en Suecia[3]. Este no sólo afecta, hoy en día, a las principales ciudades del país como Estocolmo, Gotemburgo y Malmö, si no que también se ha extendido a ciudades medianas. El tema es actualmente parte de la agenda tanto de la academia como del activismo, siendo ambos actores no sólo parte del debate sino que además  los principales precursores de esta discusión, la cual se ha vuelto titular acostumbrado de noticiarios y ocupa cada vez más páginas en los periódicos.

Para la capital sueca, la falta de viviendas ha sido una constante en el desarrollo de la ciudad, lo cual ha sido enfrentado de diversas maneras en diversos momentos de su historia. Así, por ejemplo, la autoconstrucción y la renovación de viejos edificios fueron incitados por el estado desde principios del siglo XX para combatir el hacinamiento. Al mismo tiempo diferentes modelos de ciudad eran planteados para contrarrestar el crecimiento de una población cada vez más urbana. La ciudad jardín y los proyectos para la expansión hacía más allá de los límites naturales del archipiélago, fueron poco a poco dominando las nuevas construcciones y la política habitacional.

Sin embargo, esto no fue suficiente. La creciente industrialización de la Suecia de la postguerra agudizó el problema de la vivienda transformándose en un elemento decisivo a la hora de hablar sobre la calidad de vida de los trabajadores. Este hecho fue clave, junto con el advenimiento de la socialdemocracia sueca al poder, para el nacimiento de otros planes. Así entonces surge lo que en Estocolmo se denominó la ciudad ABC, que por sus siglas en sueco refieren a trabajo, vivienda y centro (arbete, bostad och centrum). Este modelo tenía como idea base que los trabajadores pudieran, dentro de una corta distancia, acceder a sus trabajos, caminar hacía sus casas y tener los servicios necesarios para la familia, como escuela, atención médica y correo, centralizados en un núcleo que serviría como foco de comercio, pero también como punto de encuentro para los vecinos. Bajo está idea unos cuantos barrios, que aún perduran, fueron construidos alrededor de Estocolmo durante los años 50. El modernismo fue la inspiración principal para estos satélites que pretendían descomprimir la presión en el interior de la ciudad.

Un millón de viviendas

Siendo aún insuficientes y reconociendo que el problema de la vivienda era una cuestión de corte nacional, se lleva a cabo entre 1965 y 1974 la construcción masiva de barrios completos, con viviendas y servicios, en todo Suecia. La meta fue construir un millón de viviendas en diez años. Para concretar este objetivo se pusieron en marcha, por una parte, fuerzas estatales, a través de la creación de subsidios y de incentivos económicos a la edificación, y por otra, la industria de la construcción la que adquiere, en este tiempo, la posición de privilegio de la que aún goza. Durante los 10 años que duró el programa surgió un nuevo barrio por año y se entregaron 180.000 nuevas viviendas en total en Estocolmo.

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo: Foto: Karina Raña

Malmvägen, Barrio miljonprogrammet Estocolmo |Foto: Karina Raña

La propiedad de los nuevos edificios se compartió entre empresas privadas, en menor medida, y empresas municipales de vivienda lo que implicó que desde un comienzo los nuevos pisos estuvieron pensados para el alquiler. Socialmente estos barrios fueron habitados tanto por familias trabajadoras como por la naciente clase media, funcionando como el piloto urbano de una sociedad sin clases. Sin embargo, estos barrios del “miljonprogrammet” con el tiempo fueron decayendo y dejados un poco a su suerte, siendo prácticamente nula la reinversión en sus infraestructuras, transformándose con el tiempo en barrios donde se concentró la población de más bajos ingresos e inmigrantes recién llegados.

La profundización de la crisis como estrategia de gentrificación

Durante los años 90, la brújula política en el país empieza a moverse hacia el liberalismo, con los socialdemócratas aún el poder. En el ámbito de la vivienda, estas medidas terminaron con los incentivos y rebajas impositivas para la edificación. Las posibilidades de expansión de capital de las empresas constructoras tomó otro cariz. La apertura legal que impulsaba un terreno de juego “más parejo” donde pudieran competir las empresas privadas con las municipales de vivienda, fue un cambio decisivo en el mercado habitacional. Desde ese entonces las empresas municipales tienen, por ley, que ser rentables y llevar a cabo su actividad orientándose a la ganancia de capital. Esto ha influido, por ejemplo, en los sueldos y compensaciones de los miembros de los directorios de las municipales de vivienda pero también en el destino que corrieron los pisos. Como consecuencia, a partir del año 1996 una buena porción de edificios y departamentos que pertenecían a las comunas y que eran ocupadas por inquilinos, son vendidas y transformadas en propiedad privada. Los efectos en el mercado son inmediatos, provocando en pocos años el encarecimiento desmedido que lleva actualmente a vender un piso de 25 m2 en más de €300000. Los antiguos barrios de la clase trabajadora del interior de la ciudad fueron los primeros objetivos de una gentrificación desbocada, hoy en día la mira está puesta sobre los barrios de la periferia cercana, la mayoría pertenecientes al programa del millón de viviendas.

Renodesahucio en Valla Torg

La venta masiva de pisos de alquiler y la cadena de especulación que desataron los nuevos propietarios, significó una fuerte presión en los precios de los arriendos, pero sobre todo, redujo la oferta considerablemente haciendo el proceso de espera para nuevos arrendatarios simplemente desalentadora. Así, en Estocolmo, el conseguir un piso de alquiler a través del sistema oficial de distribución de vivienda supone unos 13 años para el centro de la ciudad y 8 para los alrededores. El mercado de subarriendo ha crecido groseramente y todos intentan sacar su tajada del gran pastel generando, finalmente, situaciones como las que hoy en día se viven en Valla Torg.

En este barrio el desalojo probablemente ocurrirá de manera lenta. No habrán notificaciones, ni las autoridades se presentarán para ejecutar una orden de expulsión. Seguramente serán los mismos vecinos que, con tiempo y paciencia, empiecen a buscar un acomodo entre su presupuesto mensual y las escasas posibilidades que les ofrece el mercado habitacional en Estocolmo. Los vecinos de Valla Torg son mayormente “clase baja-blanca”. Es un barrio habitado, en buena parte, por jubilados que han vivido durante décadas en el sector. Comparando con zonas aledañas como Södermalm[4], Valla se ha ido quedando atrás. La renovación es necesaria y no hay nadie que diga lo contrario. Sin embargo y como los mismos grupos comprometidos en esta lucha vecinal han remarcado, los cambios que tienen que pagar hoy en día los habitantes de este sector no cubren sus necesidades, más bien están diseñados y pensados para quienes potencialmente podrían ocupar los pisos en el futuro.

En ese mismo sentido, otro factor importante en el proceso que vive el barrio, es el arribo del proyecto europeo “GrowSmarter”[5], en el que incluye el distrito al que pertenece Valla, Årsta. Este programa está orientado al crecimiento sostenible de las ciudades en Europa y busca instalar acciones que ayuden a mitigar el impacto ambiental de zonas densamente pobladas. GrowSmarter que incluye medidas de eficiencia energética, manejo de desechos y uso de energías renovables, está en su fase piloto junto a Colonia y Barcelona. Sin embargo y según la información entregada por la empresa municipal de vivienda de la zona, este proyecto no afectaría los precios de los alquileres. No obstante, su implementación genera una fuerte expectativa respecto a las posibilidades, en términos de mercado, que ofrecería el sector.

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Manifestación comienzo de la ocupación de Walla Scen. |Foto: Valla Torg-Alla ska kunna bo kvar

Tanto la necesidad de renovación como la implementación de GrowSmarter ha hecho que incluso activistas de otros barrios y otras ciudades se impliquen en lo que sería no sólo la defensa de Valla Torg sino que también la defensa de una forma de vida y que se ha convertido en una suerte de declaración de principios. Vivir hoy en día de alquiler en Suecia puede ser visto como una cuestión de clase, pero también una forma de resistencia a la mercantilización de la vivienda. Es por esto que la defensa de los pisos de alquiler de Valla Torg no responde a un blindaje de la transformación del paisaje urbano del area, es en realidad, y creo es la forma correcta de leerlo, un cuestionamiento a la finalidad de tales reformas. Es poner en cuestión para quien se planifica la ciudad realmente y cómo incluyen tales planes al resto de los residentes.

Hoy la defensa del barrio para sus habitantes sigue en pie. A pesar de que la municipal de vivienda les ha ofrecido rebajas en el arriendo para los próximos tres años, más del 50 por ciento de los habitantes aún no han dado su visto bueno a las renovaciones, lo cual impediría o retrasaría, en teoría, el comienzo de los trabajos. Lamentablemente, las acciones de defensa de Valla Torg son, aunque necesarias, de alguna forma una resistencia casi puramente simbólica. La política liberal es actualmente hegemónica en todos los espacios de decisión en Suecia, por lo que estas acciones tienen como finalidad crear ruido alrededor de la sistemática gentrificación de Estocolmo y, más que nada, tienen como objetivo mantener la esperanza de una ciudad en manos de sus habitantes y no de sus especuladores.

[1] http://www.vogue.com/slideshow/1080625/fifteen-coolest-street-style-neighborhoods/

[2] http://www.grow-smarter.eu/home/

[3] http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160117_vert_cap_fika_suecia_empresa_productividad_yv

[4] http://www.emol.com/noticias/economia/2015/02/25/705267/burbuja-inmobiliaria-en-suecia.html

[5] https://rentersatrisk.wordpress.com/about-2/

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“Nos quieren desinfectar”. Limpieza social en el centro histórico de Guadalajara, México.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

Nos quieren desinfectar
Y no nos vamos ni a enterar

Derribos Arias

por Horario Espinosa (OACU)

El 4 de Mayo del 2014 tuvo lugar el primero de los sucesos recientes que han traumatizado la vida del centro de Guadalajara y a sus clases populares: el incendio del Mercado Corona en circunstancias nunca del todo aclaradas.  Se trataba de un inmueble histórico que se terminó de construir en 1891 y lugar de abastecimiento de los sectores populares, famoso igualmente por ser epicentro urbano de otro elemento denostado de la cultura y la medicina popular como es la brujería y la herbolaria. De forma sorprendentemente rápida, para el 27 de Julio del mismo año ya se tenía realizado y aprobado un proyecto para la realización de un “Nuevo Mercado” pero que tiene toda la apariencia de un centro comercial. Se trata de un edificio con el clásico diseño de “elefante blanco” con líneas frías, de cinco plantas, y un gran estacionamiento subterráneo, a la manera de los ‘malls’ que tanto afean las colonias de clase media de la ciudad.

A partir del acompañamiento que hacen de los ex locatarios afectados, el colectivo “Caracol Urbano” afirma que se pretende la re-ubicación de los locatarios del antiguo mercado, pero “con la amenaza de perder en cinco años una concesión que era vitalicia. Después de ese periodo el régimen cambiará a alquileres que serán impagables por los antiguos locatarios y el costo del consumo en la zona se elevará inevitablemente.”. En Julio del 2015, el partido Movimiento Ciudadano obtiene la victoria en Guadalajara y la mayoría de los municipios de la ZMG, sin embargo no se ha modificado el proyecto de centro comercial el cual se encuentra casi terminado tal cual fue proyectado.

Durante su campaña, en una reunión con empresarios, el ahora alcalde Enrique Alfaro “se compromete ante la sociedad” a hacer de Guadalajara “una marca ciudad”. Teniendo el antecedente de proyectos internacionales de transformación de las ciudades en “productos” como ha sido el caso de Barcelona (Delgado, 2007) ya temía yo en ese momento que se trataba solo del comienzo de una larga avanzada en contra de la Guadalajara popular. Entre Septiembre y Octubre del 2015 se habla de una nueva figura en la política metropolitana “El funcionario activista” para referirse al nuevo gabinete “Alfarista” formado en gran parte por “activistas” de la movilidad urbana y empresarios, en vez de “los políticos de siempre”.

El 17 de Octubre del 2015 se lanza el programa “Banquetas Libres”. En un principio orientado a evitar que los automóviles se estacionen en las banquetas. Pero en “la letra pequeña” de los diarios locales se dice que se actuará también contra el llamado “comercio informal”. De forma casi simultánea, en un ejercicio de exceso de cinismo o falta de tacto político se oficializa un proyecto que estaba en el tintero desde el año 2012, la creación de la Ciudad Creativa Digital (CCD) en pleno centro de la ciudad. Se trata de un ‘hub’ digital donde se maquilará para diversas multinacionales de la industria de la tecnología y el espectáculo. Se menciona que grandes trasnacionales del entretenimiento como PIXAR tendrían un espacio en la CCD. Previamente, los gobiernos tanto del PRI como del PAN ya se habían encargado de desalojar a la fuerza, comprar o simplemente dejar en el abandono amplios terrenos y viviendas que rodean al céntrico Parque Morelos que es donde se piensa realizar tal proyecto. El nuevo gobierno “activista” no haría otra cosa más que impulsar de una manera más decidida tal proyecto de intervención sobre el Centro Histórico.

A la represión contra El Baratillo le sucede la aprobación “por unanimidad” del nuevo reglamento de “Imagen Urbana” para el municipio que prohíbe definitivamente el comercio callejero en el Centro Histórico. A partir de ahí se inician las protestas de los comerciantes y su posterior violento desalojo. Granaderos, antimotines y fuerzas especiales “limpian” el centro de ambulantes. El uso del término “limpiar” para desalojar a la gente por la fuerza será usado masivamente, tanto por las nuevas autoridades como por la prensa, que entra en una especie de éxtasis. El gobierno dice que los comerciantes han aceptado una oferta de contratos temporales de 4 meses. Las asociaciones de tiangueros lo niegan. La batalla dialéctica se instala, que se suma a la guerra en las calles. Entre los planes del Ayuntamiento se encuentra aceptar la venta callejera solo de ciertos productos, creando una especie de Índice. Los objetos permitidos tienen que ver con la creación de una imagen prefabricada de la cultura popular en el centro de la ciudad: dulces típicos, artesanías, trajes indígenas. Se intenta “folclorizar” artificialmente al centro.

Los argumentos usados para legitimar el desalojo de los vendedores tienen como trasfondo una lógica higienista que a su vez es el discurso ideológico que esconde un interés económico por gentrificar el centro a través de “proyectos estratégicos” de “regeneración urbana”. Este neo-higienismo se corresponde con el rescate de centenarias concepciones clasistas y racistas rastreables hasta tiempos de la colonia; por otro lado, el discurso de regeneración urbana responde a lo que Manuel Delgado ha denominado “la ideología del espacio público” (2011). Ambas posturas no son incompatibles por lo que podría hablarse de un híbrido sistema de creencias denominado ‘criollismo ciudadanista’.

“Los ‘tiangueros’ como subclase invasora”

El primer argumento usado por autoridades de este gobierno post-activista es que los vendedores ambulantes son habitantes “ilegítimos” del centro, es decir, que le robaron el centro “a la gente” que ahí vivía antes. En realidad, existen indicios de tianguis en el centro de la ciudad, como mínimo, desde inicios de la colonia. A lo largo del siglo XVI el Baratillo se localizaba originalmente en el corazón de la ciudad y su vagar lo ha llevado de ahí a la plazoleta de San Agustín en lo que hoy es el Teatro Degollado, para después peregrinar hacia la Plaza de Armas (Flores, 1997),  y de ahí, con la llegada del siglo XVIII, moverse hacia la plazuela Santo Tomás (Márquez Sandoval, 2003: 28; Doñán, 2001:78) hasta que a finales de los sesenta del siglo pasado termina ocupando su actual lugar en el poniente de la ciudad (Márquez Sandoval, 2003: 30).

Existen evidencias históricas de algunas de las posibles causas esgrimidas por las autoridades coloniales para obligar al baratillo a peregrinar hacía las otroras afueras del núcleo urbano y todas implican ciertas formas de exclusión de lo que entienden las autoridades coloniales como prácticas indignas, “repugnantes” o que en todo caso apuntan a una higienización del espacio público trastornado por las prácticas tiangueras llevadas a cabo por indígenas y mestizos. Antes de que el tianguis fuera expulsado del centro de la ciudad, en el año de 1762, a la Real Audiencia de Guadalajara llega una queja contra el Baratillo de la Plaza de Armas emitida por nobles habitantes de la capital de la Nueva Galicia: “Se  denunció  las prácticas inmorales que hacen por las noches las mujeres que venden tortillas, quienes al abrigo de la oscuridad y aprovechando la disposición de los puestos, aprovechan para cometer ofensas a Dios” (Calderón, 2007: 41).

El gobernador de la ciudad de Guadalajara, Brigadier Pedro Montesinos de Lara, respondiendo a estas quejas hace la siguiente disposición oficial, fechada el 23 de Enero de 1762: “[…]Mandava y su señoría mandó; que dada que sea la oración de la noche, ninguna de las referidas personas que comercian en dicho baratillo se mantengan en el sol a pena de prisión” […] “las referidas tortilleras [deberán mantenerse] en dos filas, sin confusión cerca de el portal y no de los tasaquales, sin ponerse entre ellas ningunos hombres, aunque sea con el pretexto de que son sus maridos, hermanos, padres, o parientes que van a cuidarlas […] y dichas tortilleras tengan obligación de mantener luz de suerte que se perciva con claridad la postura en que se hallan[…]” (Calderón, 2007: 42).

Es de resaltar que las legislaciones tendientes a ver el baratillo como tema de seguridad e higiene urbana surgen a finales del siglo XVIII, justo cuando empiezan a difundirse en México las ideas iluministas del proyecto ilustrado. Probablemente durante el periodo colonial temprano la venta callejera fue más o menos tolerada, cosa que fue cambiando conforme se asimiló en la ciudad el ideario modernista que inició en la Ilustración. Para Richard Sennet la idea de desorden social en las ciudades modernas implica el contacto y la mezcla. Por lo tanto, para que exista orden en el espacio urbano tiene que interponerse “la distancia” (Sennet, 1994:23). En la Guadalajara actual, se impone un proyecto para mantener a raya a los ciudadanos y educar en el marcaje de la distancia. En el centro de este proyecto higienista se encuentran “los ascos” que a las clases medias les provoca el tianguis. Uno de estos ascos es el provocado por el contacto con “los nacos”, una voz más o menos equivalente a los “canis” en España o los “chavs” en Inglaterra.

Ni Alfaro ni su equipo tendrían la osadía de usar la palabra “nacos” en público por supuesto. Sin embargo sus seguidores en las redes sociales captaron muy bien el significado de la acción de “limpiar el centro de ambulantes” y usaron profusamente términos ofensivos “adhoc” para referirse a los comerciantes como suciedad. Como ya mostré en mi Tesis existe un continuo en las representaciones negativas hacia los tiangueros que tiene que ver con distintas modulaciones de “lo contaminante” en ellos, que van desde la contaminación biológica hasta la moral pasando por la de clase social (Espinosa, 2013: 308-365). Todos estos tipos de contaminaciones que se representan como “ascos” se hicieron presentes en diversos comentarios expresados tanto en redes sociales como en publicaciones electrónicas. Sobre todo durante el periodo del 12 al 15 de Noviembre, que fue cuando se presentaron las primeras y más publicitadas acciones de “limpieza del centro”. Los defensores de los actos represivos se refirieron a las personas desalojadas como “cucarachas”, “parásitos” o “ratas” en el nivel del contagio biológico (son animales que transmiten enfermedades); de forma clasista se refirieron a ellos como “nacos” o “comelonches”; igualmente hubo algunas consideraciones de orden “moral” cuando hablaron de ellos como “ladrones (del espacio público)” y “escoria maleducada”. Notablemente, también pude leer algunos insultos xenófobos al sugerir que los vendedores no son locales sino “chilangos”.

Los nacos tienen en los mercados populares en general y en los tianguis en particular el escenario perfecto para mostrar su arsenal cultural, “vomitivo” para las clases medias: silbidos, piropos, pregones, chistes, carcajadas resonantes, acento sin domesticar, lenguaje sin pulir, música popular naca. “Los piropos”, vistosos por gráficos e indisimulados, son exclamaciones de admiración estética o directamente sexual, usualmente son hechos por hombres pero también por algunas mujeres más atrevidas que el resto. Se trata de versos o frases hechas que, dependiendo de la persona que las escuche, le pueden parecer vulgares cuando no directamente insoportables. El tianguis es disonante y pantagruélico por lo que molesta a las personalidades más “refinadas”, cívicas y “cultas”. Echar a los comerciantes del centro es mantener a raya a los nacos, evitar el contacto de estos con las clases medias dispuestas a colonizar el en otros tiempos despreciado Centro Histórico ¿Las políticas aplicadas por el Alcalde Enrique Alfaro están por convertirlo en un Brigadier Pedro Montesinos de Lara del siglo XXI?.

“Los tiangueros como estorbo”

El segundo argumento para justificar la intervención sobre el centro se refiere a aquellos que sostienen que la movilidad es el aspecto central de lo que se denomina el “buen uso” del espacio público. La planificación urbana moderna ha favorecido la evitación del contacto físico en los espacios públicos, fomentado una personalidad fóbica hacia el cuerpo ajeno por parte de los ciudadanos modernos. La búsqueda del “roce cero” entre los cuerpos como mecanismo pragmático favorecedor de la circulación urbana,  encuentra  su apoteosis en esta fantasía de goce vicario de la ciudad, donde el viaje en automóvil por una ciudad toda escenografía y perfectamente maquetada produce un efecto de “ciudad espectáculo”. La utopía de “la ciudad espectacular” es la de una urbe que se muestra como un “sky line” continuo. Clímax de la asepsia urbana: sin olores, humores, temperaturas, estridencias, miserias y clases sociales. Este ideal burgués de la casa excelsa es trasladado a la urbe contemporánea y sus fantasmagorías virtualizantes. Así, la conexión ideal entre los sujetos y la ciudad moderna debe reducirse a la operativización de la movilidad y el acceso.

Fuente: https://www.facebook.com/EnriqueAlfaroR

Fuente: Enrique Alfaro

En palabras de Manuel Delgado se trataría de “lo topográfico cargado o investido de moralidad” (2011) por lo que el espacio público implica un cierto “saber estar” que tiene como último objetivo político la preservación de la paz y la eliminación del conflicto. Así, el ciudadanismo se vuelve una especie de sortilegio que intenta crear un espacio fantasmagórico donde desaparezcan del orden urbano las diferencias que existen en lo social. Cuando la ortopedia moral del ciudadanismo tiene relativo éxito adopta la apariencia de la pedagogía del “buen rollito”, pero cuando el conflicto social no puede ser disimulado se recurre a las estrategias represivas de siempre.

Por otro lado, los ciudadanistas tampoco están siendo sinceros: no es que en el centro se creara una muralla infranqueable de comerciantes que impidiera el paso al peatón; en el centro se habían instaurado vías mixtas donde viandantes, paseantes y compradores armonizaban. El problema es que había roce y eso les da “asquito” a las clases medias; o incluso más allá: el problema principal para la autoridad es la autoorganización y esa falta de “visibilidad” que se lee como desorden público. “El amontonadero” de los puestos hace que los comerciantes escapen al escrutinio panóptico que el gobierno intenta imponer en el espacio público. Volvemos a las tortilleras del siglo XVIII: el problema para la autoridad es que “al amparo de las sombras se puede ofender a Dios”.

“Los tiangueros como agentes privatizadores”

El tercer argumento esgrimido es que el Estado a puesto en circulación un “bien público” que antes se encontraba privatizado para goce de unos pocos. El argumento es realmente tramposo ya que lo que transforma la calle en una mercancía es precisamente el discurso ciudadanista del “Espacio Público”. No por nada Alfaro inicia sus funciones prometiendo hacer de la ciudad “una marca”, es decir, un bien que luego puede ser empaquetado y vendido, por partes o en trocitos. Justo como suelen hacer los gobiernos con otros bienes públicos, que después privatizan, para ganancia de unos pocos ¿Quienes son los “todos” cuando se habla de que el espacio público es de “todos”? Aquí retomo un comentario de Manuel Delgado donde marca la diferencia entre privatización y apropiación: “Está claro que privatizar quiere decir convertir algo en posesión particular e incompartible, al margen o incluso en contra de su uso real. Apropiar es otra cosa: es poner algo al servicio de las necesidades humanas; remite a lo que es propio, adecuado.”

Y lo que es propio de las masas populares en un país donde más de la mitad de los habitantes viven bajo la línea de pobreza es intentar sobrevivir. El Pueblo se apropia de las calles y las transforma en medios de producción, tanto simbólica como materialmente. Apropiación de la calle es también autoorganización. Los activistas urbanos que ahora componen el gobierno de Enrique Alfaro posicionaron en la agenda pública ciertas problemáticas urbanas, elevándolas a “luchas” legítimas, mientras se desestimaban otros actores sociales. Así, la discusión sobre lo urbano quedó monopolizada por los colectivos en pro del transporte alternativo y centrados en la movilidad. De forma muy evidente ganaron presencia los distintos colectivos de “bicicleteros” y en defensa de “los derechos del peatón”. Visiblemente, estos colectivos provienen de un entorno social particular, con una importante acumulación de capital simbólico, material y cultural. Por su parte, a los tiangueros se les minimiza su capacidad de intervención política más que en un sentido negativo: como objeto de cooptación y clientelismo.

¿No hemos visto ya la deslegitimización de los “sin voz” usando este mismo argumento de que son masas manipuladas o controladas por mafias? Siempre. En el caso de otros sectores excluidos como inmigrantes, prostitutas o ahora, con los exiliados en Europa, siempre se usan los mismos argumentos paternalistas de minimizar la voz de los excluidos acusándolos de estar manipulados. Es evidente que a los comerciantes callejeros nunca se les ha visto como actores políticos, a diferencia de los colectivos de peatones o ciclistas por ejemplo. La razón es la clase social. Mientras los activistas de la movilidad “se enuncian” como actores políticos los tiangueros “simplemente” hacen. Y de hecho hacen aquello con lo que los activistas “sueñan”: ¿no acaso los tianguis, con su apropiación de las calles, vuelven peatonales las vías que antes estaban ocupadas exclusivamente por los coches? Es decir, aquello que los activistas intentaban hacer parando el tráfico con sus caravanas de bicis y plantones ¿no es lo que hacían ya, frente a ellos, la cultura popular a través de los tianguis? Aquí tienen un problema los activistas al entender la política antes como enunciación que como práctica, y es que un tianguero nunca diría: “pongo este tianguis para “reapropiarme del espacio público”, sin embargo, lo hace.

Puedes descargar una versión ampliada del presente texto en el siguiente enlace.

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Juliana Marcus, Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo

Entrevista realizada a Juliana Marcus (OACU), en el diario argentino Diario Z

La cuestión habitacional es tema de estudio de Juliana Marcús, quien desde 2012 dirige un equipo de trabajo en el Instituto Gino Germani sobre la mercantilización del espacio urbano y la incidencia de usos legítimos e ilegítimos en Buenos Aires. “Tratamos de ver cómo impactan esos usos en la vida cotidiana de los habitantes desde los códigos culturales que tenemos incorporados, cómo reaccionamos ante estos fenómenos urbanos y cómo los vemos desde esa perspectiva”, cuenta esta doctora en Ciencias Sociales de la UBA.

¿Qué hitos se pueden mencionar en política habitacional?
Hay dos políticas importantes. A nivel nacional, el Procrear. A nivel de la Ciudad, el programa Primera Casa. El Procrear se armó de manera interesante, pero sin cubrir la demanda y la emergencia, porque se destinó a un sector medio o medio bajo, con determinadas características socioculturales y cierto nivel de ingresos, usando terrenos ociosos de la Onabe (Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado), no ligados a la centralidad urbana que buscan los sectores medios. Estos sectores quisieran estar cerca del centro y el Procrear les ofrece tierras fiscales en Liniers, por ejemplo. El plan Primera Casa entregó pocas casas. Es un caso curioso, porque se pensó para sectores populares, pero se usa el scoring, y esos sectores no pueden acceder a créditos a los que sí podrían acceder sectores medios. A su vez, esos sectores medios no cumplen los requisitos socioculturales que plantea el crédito. Hay un doble juego de esa ilusión, ninguno se puede beneficiar con el programa.

O sea que no se satisface la demanda.
Así es. Hay un agravante. El último censo determinó que hay cerca de un millón de viviendas y 340 mil están deshabitadas. No hay política para eso, desde ningún lado. Debería haber un impuesto que grabe la vivienda ociosa, cosa que salga al mercado. Más si pensamos que la población está estabilizada en tres millones de habitantes hace décadas y el déficit habitacional sigue creciendo.

¿Cómo evalúa el boom inmobiliario?
Fue muy fuerte en la última década, pero casi no hubo acceso. Torres, countries, edificios inteligentes con amenities y expensas muy altas. Eso incentivó la especulación, gente invirtiendo en ladrillo, comprando departamentos para alquilar que en muchos casos quedaron vacíos. O sea, hay más vivienda, pero no se ocupa por la especulación. El caso extremo es Puerto Madero, el barrio con más viviendas vacías, muy poca densidad de habitantes y el m2 entre cinco y siete mil dólares.

¿Y cuál sería el caso opuesto, en relación a las viviendas ocupadas por barrio?
El contraste podría darse por Caballito y Balvanera, barrios muy poblados, de clase media, donde se hicieron muchas torres, que sí están ocupadas por esa clase media. Claro que eso llevó a situaciones de colapso, como inundaciones o cortes de luz.

¿Hay más inquilinos que propietarios?
En este momento, sí. Es un tema de estudio. Hay jóvenes de entre 25 y 35 años que salen a la busca de su primera vivienda, en la encuesta de hogares urbanos del Indec, vemos que un 70 por ciento de esos jóvenes son inquilinos, apenas un 19 por ciento son propietarios. Lo interesante es que dentro de ese 70 por ciento está el alquiler tanto en el sector formal como en el informal, las villas. Es muy alto.

¿Por qué hay déficit habitacional?
Por la ausencia de una política de vivienda, porque no hay créditos a baja tasa. Los planes cubren una demanda muy pequeña y los sueldos de los jóvenes no alcanzan para acceder a un crédito con tasas altas. Si a eso le sumás la vivienda vacía y la suba en los precios, el acceso es muy difícil. Es preocupante que no estén en agenda la regulación del suelo y la planificación urbana, que esté todo al arbitrio del mercado, y si el Estado no se mete, el acceso a la vivienda seguirá estando lejos.

¿Cómo ves el tema de las villas?
Es complejo. Hubo algunas que crecieron, como las de Barracas y Retiro. La Villa 31 es un caso emblemático, porque está en terrenos de mucho valor y está muy poblada. Se la quiso urbanizar, se la quiso desalojar, mucho manejo de punteros, pero su organización interna impide la expulsión. Crece hacia arriba, al no haber más terreno para la vivienda horizontal, se suman pisos. Termina siendo un mercado paralelo de compra y venta de viviendas. La urbanización sigue siendo un tema pendiente, se precisa voluntad política y presupuesto, y lo que hubo fue subejecución desde el Instituto de la Vivienda.

¿Sería factible hacer un barrio de clase media en donde está la villa de Retiro?
Desde la mercantilización, todo es factible. Donde hay un espacio ocioso los inversores pueden ver rentabilidad en alianza con el Estado. En el caso de Retiro lo veo complicado, pero un entendimiento público privado es algo muy visto en los últimos años.

¿Rivadavia sigue siendo la gran divisoria entre un norte próspero y un sur pobre?
Aún funciona en los mapas mentales esa idea. El pasaje urbano cambia mucho si se camina por Rivadavia. Lo mismo pasa a lo largo de la avenida Pueyrredón, o por Callao y su continuación Entre Ríos. Al caminar por allí se nota la degradación del paisaje urbano desde lo estético. No creo que haya una ciudad dual, norte y sur se articulan. Pensemos en la línea H de subte. O en los tres millones de trabajadores que ingresan por día desde la provincia. El sur necesita una revitalización, desde ya. Los Juegos Olímpicos de la Juventud en 2018 exigen mucha inversión en la zona más pobre de la ciudad, en lugar de invertir en la calidad de vida de los vecinos.

¿El conventillo sigue siendo una presencia palpable?
Los hoteles pensión son la forma moderna del conventillo. El problema habitacional es grande, porque tenés la casa tomada y la villa, formas de hábitat popular urbano para 400 mil personas con problemas de vivienda. El hotel pensión funciona en el imaginario como un lugar de paso, pero termina siendo permanente para quienes no pueden salir del circuito hotelero por inestabilidad laboral.

¿El Estado puede hacer algo?
Regular es clave. Quisiera políticas que piensen en el ciudadano, que no haya alianzas con el sector inmobiliario por la especulación en sí. Son alianzas peligrosas para el bienestar ciudadano.

Perfil: Nació en Buenos Aires en 1978. Socióloga y doctora en Ciencias Sociales (UBA). Investigadora en el Conicet y en el Instituto Gino Germani. Dirige un equipo de trabajo focalizado en políticas habitacionales.

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Juliana Marcús, valor del suelo y modos de habitar la ciudad

Entrevista realizada a Juliana Marcus (OACU), en el diario argentino La Nación

Marcús dirige dos proyectos de investigación en el Instituto Gino-Germani, ambos centrados en los usos y la mercantilización del espacio urbano. “Nos interesa señalar tanto el modo en que el poder y el capital producen espacio (lo que Henri Lefebvre llamó el “espacio concebido” por el Estado, los urbanistas y los arquitectos), como también el espacio vivido y practicado por sus habitantes, es decir, la vida urbana”.

Asimismo, cuenta que en los últimos años, juntos con sus equipos de investigación, avanzó en el análisis de modos de habitar y considerar la ciudad vinculados a proyectos de “vaciamiento urbano” y “destrucción creativa” de espacios aparentemente abandonados. “Una de nuestras principales hipótesis es que estos procesos –en los que participan inversores inmobiliarios, planificadores y desarrolladores urbanos, gobiernos local y nacional- regulan y disciplinan el espacio urbano a partir de la supresión de usos considerados ilegítimos para luego “llenarlo” con usos legítimos vinculados con la rentabilidad del suelo”.

Desde su óptica, el concepto mismo de “vacío urbano” es problemático: “Lo interesante de este concepto es que se trata de un vacío que, en efecto, no lo es. Es decir, la retórica urbanística define un lugar vacío en el sentido de vacante y abandonado cuando en realidad se trata de un espacio que tiene su historia y que contiene huellas de su asado, tal como lo hemos observado en nuestro análisis sobre el proceso de urbanización de los ex terrenos ferroviarios del barrio Caballito”.

Hoy, su objeto es “la identificación y el análisis de diversos casos de producción y planificación de la ciudad que sean el resultado del proceso de “vaciar” y “llenar”. En general, se traducen en expulsión de población, gentrificación y revalorización del suelo”.

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