Archivo de la etiqueta: El Born

Las manos sobre Barcelona

1073170802_850215_0000000000_sumario_normal (1)

Joan Clos, contemplando la zona Fòrum desde un hotel de la Diagonal en 2004 | Fuente: Carles Riba

Texto originariamente publicado en Ciutat Morta: crònica del cas 4F, coordinado por Mariana Huidobro, Katu Huidobro y Helen Torres

por José Mansilla y Giuseppe Aricó (OACU)

En 2006 Barcelona vivía todavía la resaca del Fòrum de les Cultures 2004, uno de los fracasos más sonados de su historia. La ciudad se había quedado años antes sin poder ser Capital Europea de la Cultura y buscó, de forma casi desesperada, una excusa para llevar a cabo un nuevo e inmenso proceso de transformación en los límites de su última y codiciada frontera urbana: la desembocadura del Besòs. A pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos invertidos por el Ajuntament, la Generalitat, el Gobierno del Estado y el sector privado –más de 3.200 millones de euros y una recalificación de 330 hectáreas, cifra cuatro veces superior a la intervenida para los JJOO de 1992- el megaevento no cumplió ni de cerca con las expectativas generadas en cuanto a público o visibilidad.

Como si ello no bastara, barrios fuertemente estigmatizados, como La Mina, quedaron definitivamente aislados y ocultos a la sombra de unas imponentes estructuras hoteleras, inmobiliarias y comerciales surgidas como setas en la zona recuperada. Pero como todos los fracasos, este también fue relativo. Efectivamente, las inmensas plusvalías generadas mediante esa colosal reforma urbanística,  trasferidas al capital financiero e inmobiliario de la ciudad, supusieron el verdadero “éxito” del Fórum. La ciudad vivía así los últimos años de la impostura del Model Barcelona, una forma de hacer ciudad que vivió su máximo esplendor durante las olimpiadas y que reveló su verdadera cara en ese primer lustro del nuevo siglo.

Del supuesto urbanismo ciudadano y participativo, de la continuidad de la trama urbana, de la apuesta por los espacios públicos y los equipamientos no quedaba nada. Barcelona, entregada al neoliberalismo, proseguía su configuración como “escenario de consumo” y adjudicaba grandes extensiones de terreno a empresas inmobiliarias internacionales como Hines, responsable de Diagonal Mar, para que hiciese de su capa un sayo. Se abandonaba toda veleidad aparentemente socialdemócrata –como las ideas de Oriol Bohigas y su pretensión de “monumentalizar la periferia” y “dignificar el centro”- y la ciudad, más que como “modelo”, comenzaba a venderse cada vez más como Marca.

Unos años antes, el Ajuntament había puesto en marcha el Distrito 22@ en 116 hectáreas del barrio del Poblenou. La intervención, la mayor llevada a cabo sobre la ciudad hasta ese momento, perseguía la creación de un polo empresarial vinculado a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) sobre parte del “obsoleto” tejido industrial del antiguo Manchester català. Los pequeños talleres y empresas auxiliares que ya existían en el área, vestigios de su pasado fabril, fueron despreciados como generadores de crecimiento y empleo y en su lugar se esperó, como maná caído del cielo, la llegada de grandes firmas tecnológicas. Ni que decir tiene que esto nunca ocurrió.

Los que sí llegaron fueron muchos hoteles que, aprovechando la disponibilidad de espacios baratos y la apuesta municipal por el turismo en la zona, lograron grandes plusvalías vendiendo el suelo que abandonaban en otras áreas de la ciudad, como el Eixample. La crisis (léase estafa) económica de unos años después hizo el resto y el Poblenou, como muchos otros barrios de la ciudad, mantiene aún hoy día grandes solares vacíos. Pero la voracidad, como la estupidez, no tiene límites y grandes zonas de la ciudad consolidada fueron igualmente objeto de violentas intervenciones urbanísticas que se presumieron urbanas.

images

Acción reivindicativa contra la Marca Barcelona y sus eslogans | Fuente: Míren Sánchez (http://mirarescucharcallar.blogspot.com.es/)

El año 2006 también es el año de la vergüenza para un Ajuntament que llegó a enviar la Guardia Urbana a arrancar las tomateras plantadas por los vecinos y vecinas del barrio de la Ribera. Estamos hablando del, desde entonces denominado, Forat de la Vergonya, un solar ubicado a escasos metros del renovado Mercat de Santa Caterina y que inicialmente estaba destinado a ser un aparcamiento para el turismo que llegaba al barrio. La idea de las instancias municipales era convertir la zona –parte de la cual se popularizaría con el mucho más eufónico nombre de El Born– en una tesela más de la Barcelona escaparate.

Se trataba, en definitiva, de conformar una ciudad proyectada a escala global, que compitiera internacionalmente por la atracción de un “turismo cultural” –lo que viene a querer decir, de elevado nivel de ingresos- mediante la instalación en sus fronteras de elitistas contenedores como el Museu Picasso, de la mercantilización de Santa Maria del Mar o de la fútil reforma del Mercat con su cubierta de tejas coloreadas. El vecindario, necesitado de zonas de socialización, y si eran verdes, mejor, tuvo la osadía de hacer suyo el espacio creando su propio jardín, huerto, mobiliario urbano y zona deportiva, lejos del glamour intrínseco al pensamiento municipal institucional, algo que no podía ser permitido en un barrio destinado a la aparición de lofts y apartamentos para las denominadas “clases creativas”.

Tuvo que ser la prensa, al recoger los conatos de violencia contra el desalojo, la que situara el punto de atención sobre un tema que, de otra manera, hubiera pasado desapercibido. Más allá de la cierta simpatía que pudiera despertar la apropiación vecinal de un espacio para crear una plaza, lo que no llegaron a entender –léase aterrorizar- las manos que se posaban sobre la ciudad, es el hecho de que la gente normal pudiera crear un espacio normal, de gestionarlo y aprovecharlo lejos del tutelaje oficial y la acción del mercado. Por supuesto, algo así no podía ser permitido porque correría el peligro de convertirse en un ejemplo, una alternativa posible o, cuanto menos, propiciable. Es ahí donde debemos insertar parte de los factores que desencadenaron los hechos de aquella noche del 4 de febrero.

Si las grandes empresas multinacionales cuentan con departamentos enteros que velan por la buena reputación de su marca, en Barcelona esta responsabilidad recaía y recae directamente sobre el Ajuntament. La millor botiga del món no podía permitir que parte de sus calles y sus plazas estuvieran pobladas de vecinos, punkis, anarkas o antisistemas, sea eso lo que sea, y menos que éstos pretendieran generar espacios propios, liberados de las ataduras de la mercantilización extrema que vive la vida cotidiana de las ciudades depreciando, de paso, el valor de la propiedad inmobiliaria. Por este propósito, el teatro okupado del número 55 de la calle Sant Pere més Baix tenía que ser literalmente eliminado, como eliminadas tienen que ser todas aquellas imperfecciones que empañan cualquier producto. Rodrigo, Juan y Alex, al igual que Patricia, simplemente se toparon con parte del departamento de limpieza, en el sentido amplio de la palabra, de la Marca Barcelona.

4F-jordi-secall

Mariana y Katu Huidobro, durante una manifestación en apoyo a los detenidos del caso 4F | Fuente: Jordi Secall (http://jordisecall.blogspot.com.es/)

Ironías de la vida, el alcalde de la ciudad de aquellos años, Joan Clos, al frente también del desastre del Fòrum y del 22@, después de un breve paso por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo del Estado español, así como de las Embajadas de Turquía y Azerbaiyán, ha llegado a ser el máximo dirigente del Programa de Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), cuya misión es la promoción de pueblos y ciudades social y ambientalmente sostenible con el objetivo de proporcionar “vivienda adecuada para todos y todas”.

Hoy día, Barcelona sigue imparable su viaje hacia la total esterilización de su espacio urbano. Con solo dar una vuelta por el entorno del antiguo Mercat del Born, hoy Born Centre Cultural, o la calle Montcada y su nuevo Museu de les Cultures del Món es posible observar la descontrolada aparición de nuevos bares y restaurantes poblados de cientos de terrazas, comercios chic, establecimientos de productos ecológicos a precios imposibles, así como tiendas y más tiendas de souvenirs turísticos exactamente iguales a las que podrías encontrar en cualquier otra parte del mundo.

La soberbia expansión del Born no se detiene en sus fronteras físicas y simbólicas, acabando con cualquier viso de originalidad y despreciando lo que otrora fue su verdadera esencia popular: el barrio de La Ribera. Finalmente una triste –pero aún no imperante- victoria de las manos sobre Barcelona, convertida en una ciudad que no contempla las inquietudes ni las necesidades de sus habitantes. Una ciudad concebida y diseñada sólo para una ciudadanía obediente, pasiva y adinerada, que consagra sus calles únicamente al ocio y al consumo masivo. En definitiva, una ciutat morta.

Anuncios

2 comentarios

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, conflicto, Investigació Social, Memòria, Política, Uncategorized, Urbanisme

Traición a la tradición en el Born Centre Cultural, Barcelona

Fuente: Beatriz Almón Vidal

Fuente: Beatriz Almón Vidal

Por Jose Mansilla (OACU)

 

El control sobre el uso del espacio urbano genera conflictos entre los usuarios, los vecinos, y los poderes institucionales y económicos de las ciudades. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en la inauguración del Born Centre Cultural, la gran instalación localizada en el antiguo mercado de abastos del barrio de la Ribera, parte del cual va a ser rebautizado hace tiempo como el Born. Su inauguración oficial el pasado 11 de septiembre, coincidiendo con la Diada catalana, fue contestada por parte del vecindario así como por parte de los trabajadores de SAPIC, la contrata encargada de la rehabilitación del edificio y que poco tiempo después entró en concurso de acreedores. Unos pedían poder cobrar las última nóminas debidas,  y los otros, organizados por la Asociación de Vecinos “Casc Antic”, más espacios verdes y plazas de aparcamiento, así como denunciar unas obras que supondrían la privatización de parte de las calles y el último toque a la conversión final del barrio en un elemento más del eje turístico de franquicias y recuerdos de Barcelona. El conflicto era obvio y las protestas fueron muy significativas. Todos juntos consiguieron concentrar unas docenas de personas que, llevando grandes carteles con letras rojas donde era posible leer frases como “No queremos vuestros proyectos urbanísticos” o “SAPIC paga a tus trabajadores” hicieron necesaria la intervención de la Guardia Urbana para permitir el paso de los políticos a la inauguración. Bajo el paraguas del nuevo Plan de Usos de Ciutat Vella, aprobado el julio del pasado año, el Ayuntamiento de Barcelona ha diseñado para el Born un proyecto donde se privilegia el uso privado y comercial del espacio: más bares y restaurantes con áreas más amplias para terrazas, la posibilidad de nuevas licencias para hoteles i hostels, etc. La intención es dar otra una vuelta de tuerca al barrio como escaparate de la Barcelona turistificada. Como señalaba un vecino de la zona, “han echado a la puta calle un montón de abuelos y familias que vivían donde ahora hay todos los talleres de artistas multicultiguay […] hoteles, o museos Picasso o bistró de última generación”. Un elemento que añade interés a todo el proceso, es el uso de la memoria colectiva de la ciudad para justificar las obras. El espacio debía haber albergado una gran biblioteca propiedad del Estado aunque, después de descubrir los restos de la ciudad antigua, se decidió trasladarla a parte de las instalaciones de la actual Estación de França. La Ribera sufrió una gran transformación con la rendición de Barcelona al final de la Guerra de Sucesión en 1714. El rey Borbón, Felipe V, destruyó una gran parte de la ciudad para poder construir un bastión militar desde el que poder controlar la Barcelona rebelde. Mucho más tarde, en el siglo XIX, las murallas de la ciudadela fueron demolidas y su espacio transformado en el actual parque. El punto interesante de todo esto es el uso de la Historia que el actual Ayuntamiento de Convergència i Unió (CiU) ha hecho con respecto a las obras. El nuevo Centro Cultural está lleno de referencias históricas al 1714 y a la  pérdida de soberanía de Catalunya. El día de la inauguración, una instalación artística localizada en los balcones de los edificios cercanos, recordaba y mostraba pancartas con los apellidos de las familias que habían nacido en el barrio hacía 300 años, una de ellas la del propio artista. De las clases populares y trabajadores o de los desplazados recientes de la Ribera, no había señales. Este es un buen ejemplo, como señalaba antes, de que la ciudad se ha convertido en un objeto muy valioso, un elemento en disputa, donde el urbanismo aparece como un sistema ideológico y técnico para proyectar y justificar acciones. Bajo una apariencia positiva y humanista, se esconde el dominio del espacio. Los fines de semana, a un lado del antiguo mercado, todavía hoy es posible ver a miembros de la AAVV “Casc Antic” dando información y recogiendo firmas de apoyo a sus actividades de denuncia en el barrio. En los balcones continúan colgadas algunas pancartas, pero estas ya no muestran antiguos apellidos de vecinos muertos, si no reclamos contra el Ayuntamiento y sus políticas sobre los vivos.

 

Publicado originalmente en el blog laciudadviva.org

2 comentarios

Archivado bajo Antropologia urbana, Membres