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Objetivo, la Via Laietana

Fuente: Francesc_2000

Fuente: Francesc_2000

Artículo publicado originalmente en la Revista Marea Urbana.

José Mansilla, Giuseppe Aricó y Marco Luca Stanchieri (OACU)

El próximo septiembre se cumplirán 156 años desde que la Reina Isabel II colocara la primera piedra de unas obras que estaban llamadas a cambiar el presente y el futuro de Barcelona: El Plan Cerdà. Aunque el planeamiento original del ingeniero catalán contemplara, además del famoso Eixample, la apertura de tres vías que atravesaran el centro histórico (sendas prolongaciones de las calles Muntaner y Pau Clarís hasta el puerto y otra avenida, perpendicular a éstas, que pasaría por delante de la Catedral), no fue hasta que el arquitecto y urbanista Àngel Baixeras retomara el proyecto a finales del siglo XIX, que se diseñó y ejecutó al menos una de ellas: la Via Laietana. La apertura de esta avenida no comenzó hasta 1908, ya muerto Baixeras, dándose por acabada pasado, exactamente, medio siglo.

 

Su concepción original se encontraba en la línea de lo que se venía haciendo en otras ciudades del orbe europeo, como el Plan Haussmann para París, un proceso de tal envergadura que daría lugar a la expresión haussmannización para referirse a un tipo de intervención urbanística destinada a higienizar las ciudades. Así, bajo la excusa de abrir la ciudad a la circulación del aire a través de la creación de amplios corredores y avenidas, evitando el hacinamiento y la consiguiente insalubridad de determinados barrios o distritos, se encontrarían otras intenciones, como la de facilitar y mejorar el control de las revueltas populares que se llevaban a cabo precisamente en este tipo de emplazamientos. Pero, por otro lado, también se trataba de facilitar la circulación de mercancías y la instalación de los nuevos sistemas de transporte que necesitaba el incipiente capitalismo. En esta dirección, los diferentes ajustes que fueron integrando el Plan Cerdà desde su presentación pública en 1859, constituirían un exitoso intento de exportar el modelo del Gran Paris de Haussmann a una Barcelona que, pasadas unas décadas, se dispondría a acoger un gran evento, la Exposición Internacional de 1.929.

 

Más de siglo y medio después, un manifiesto impulsado por la Associació de Comerciants de Via Laietana ha vuelto a poner el tema sobre la mesa de debate al proponer y publicitar una iniciativa en este sentido presentada al Pla d’Actuació Municipal (PAM) de la ciudad. El texto, titulado “Per un nou eix cívic a Barcelona, humanitzem la Via Laietana”, viene a recordar la idea original del diseño y construcción de la calle, esto es, la conexión entre el puerto y la ciudad, apostando por la revitalización comercial, la mejora de los espacios públicos y la reducción del ruido. Como no podía ser de otra manera, la idea ha generado algunas suspicacias entre los vecinos y vecinas del entorno, comerciantes y miembros de los movimientos vecinales, que ya fueron testigos de algunos pasos dados en este sentido por el anterior Gobierno del convergente Xavier Trias, esto es, el veto al aparcamiento de autobuses turísticos en la zona y la urbanización de la Plaza Ramón Berenguer.

 

En las entrevistas realizadas para el presente artículo destaca el consenso en torno a la necesidad –si bien no la prioridad- de una reforma, y así lo prueban las palabras de Reme Gómez, Presidenta de la AVV del Barri Gòtic cuando afirma que

 

[…] evidentemente nosotros, como la mayoría, independiente de asociaciones o no, pensamos que es una reforma que se tiene que tomar en algún momento […], otra cosa es que en los objetivos de esa reforma estemos de acuerdo[1].

 

Asunto en el que abunda Albert Mestres, miembro de la Associació de Comerciants y propietario de la tienda de comics “Continuará”, cuando señala que,

 

[…] en general todo el mundo está a favor de una reforma de Via Laietana. El único colectivo que no está a favor es Barna Centre, dicen que ven peligrar la accesibilidad a su zona peatonal y su logística. Los demás tienen matices. En CCOO por ejemplo, creen que habría que hacer una reforma más profunda, cuestionando incluso el tráfico privado, pero entienden que nuestra propuesta intenta conseguir el máximo consenso y nos apoyan[2].

 

Sin embargo, las palabras de Albert nos sirven para poner encima de la mesa la inevitable conflictividad que marca toda expresión de vida urbana, en este caso con el detonante de la posible modificación del caudal circulatorio de la zona. Y es que es evidente que los intereses comerciales representados por la Federació d’Associacións de Barna Centre, con especial implantación en el entorno de la calle Portaferrissa, son en cierta medida discordantes con los de aquellos que reclaman una pacificación de la circulación e, incluso, la eliminación parcial del tráfico privado.

 

Ahora bien, a esta colisión entre intereses comerciales, habría que sumar la de un vecindario que ve, con cierta intranquilidad, que la zona se convierta, tras las obras, en una extensión de la Barcelona de las terrazas, barres y restaurantes representada, entre otros, por espacios como el Born. Así lo señala Reme, de nuevo, cuando afirma que

[…] el miedo es que las inversiones que se hacen en el espacio público, que se pagan con dinero público, vayan en beneficio del negocio del ocio encaminado hacía el turismo, es decir […], no es que estemos en contra de los bares, ni de la hostelería…, simplemente es que han colonizado completamente el barrio, en el Gòtico hemos perdido población desde hace muchísimos años […], si la estructura arquitectónica de Via Laietana se va a reconvertir en comercio y hoteles, en comercio de ciudad, de ciudad o de país, pero no un comercio de proximidad, pues no nos interesa esa reforma[3].

 

Y es que la conversión de Barcelona en referente turístico[4] lleva años ejerciendo una presión casi insoportable sobre unas clases populares que ven como el precio del suelo -en forma de subida de alquileres, precios de las viviendas, cierre de comercios tradicionales, etc.- las obliga a desplazarse en busca de emplazamientos más asequibles. Las palabras de Marieta, vecina de 70 años y dueña de una tienda de animales ubicada en lo poco que queda de aquel barrio popular que otrora fue La Ribera, son elocuentes:

 

[…] el zapatero de la calle Corders aun aguanta porque es que le quedan 4 pedos pá jubilarse (sic), o si no está jubilado es porque no quiere, ¿entiendes? Porque ya es mayor el hombre, y una vez que cierre la tienda, ya tendrán que cogerla ellos [los promotores inmobiliarios]. Y aquí los alquileres que están pidiendo ahora, puuuf… ¡carísimos! Nosotros ya tuvimos que dejar el local anterior porque, claro, estaba en la calle principal, ahí donde se pasan todos y el alquiler ya cambió. Nos venimos a este nuevo, que está más apartado, y la verdad es que tuvimos suerte, estamos pagando 600 euros, pero en otra calle de aquí cerca, ahí donde antes había una tienda de muebles, nos pedían 1200 euros, ¡o sea el doble![5]

 

Toda comparación con el pasado es odiosa, pero no deja de ser menos cierto que intervenciones como la que actualmente se proclama como “necesaria” para la Via Laietana mantienen algunos puntos en común con aquella llevada a cabo hace más de cien años. Si por entonces la conexión entre el puerto y la ciudad se veía como necesaria para facilitar la salida de los productos de la Barcelona industrial mediante el transporte marítimo, en la actualidad, cuando el proceso de acumulación del capital ha pasado de un sistema industrial fordista a otro más flexible basado en los servicios, la ciudad tendría que adaptarse a una economía basada en el turismo, el comercio y el sector inmobiliario. Y sería precisamente esta adaptación la que tendría duras consecuencias sobre los vecinos y vecinas del entorno.

 

Sin embargo, entre los entrevistados existe un poso de optimismo. Así lo demuestran, de nuevo, las palabras de Albert cuando, inquirido sobre el peligro de que la Via Laietana se convierta en un nuevo Born, señala que,

 

No creemos que eso sea posible, las aceras de Vía Laietana no dan para ningún tipo de terrazas, simplemente para esponjar el paso. Cualquier opción que pretendiera quitar espacio público sería una aberración y consecuentemente estaríamos en contra y batallaríamos para que el Ayuntamiento no lo permitiera. Creemos en una vertebración del barrio, que los flujos de las personas no queden frenados por la frontera que es hoy[6].

 

Lo que sí es evidente, y en lo que también parecen coincidir parte de los movimientos vecinales de la ciudad, es que la reforma podría ser necesaria, pero siempre que sea abordada desde el prisma del modelo de ciudad, ampliando el objetivo y teniendo en cuenta consideraciones transversales de forma que fuera ligada, tal y como comentaría Reme, al eje “Catalunya-Universidad-Urquinaona, que es la vía del acceso del Eixample y el resto de la ciudad al área marítima”[7].

 

Aunque según declaraciones recientes,[8] entre las prioridades de los comunes no se encuentra reformar la Via Laietana, sin embargo, esta formación podría ser prisionera de la retórica que siempre acompaña a sus declaraciones: la necesidad y urgencia de procesos participativos que tengan en consideración a los barrios, al espacio público y que conviertan este tipo de emplazamientos en verdaderos ejes cívicos. De este modo, parece comenzar a cundir cierta preocupación por el resultado del pulso que el Gobierno municipal mantiene con poderosas instancias turísticas y financieras o, simplemente, porque éste se vea incapaz de cumplir con algunas de las expectativas levantadas. En este sentido, y en relación a la moratoria hotelera, la propia Reme expresaba su inquietud cuando comentaba que ésta

 

[…] existe mientras se apruebe el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT), que todavía no está claro que se apruebe y, aparte de los hoteles, está todo el tema de los apartamentos turísticos, que no se pueden hacer desde hace años, pues siguen existiendo y se siguen creando[9].

 

A este respecto habría que añadir las palabras de Marieta cuando afirma que

 

[…] el tema de los pisos esos que hacen para turistas, los pisos turísticos, tiene otra tela. ¿Que esa gente te viene a la hora que sea, con griterío por la calle o las escaleras? ¿Que vienen borrachos o lo que sea y son molestos? Pues claro, están de vacaciones y te vienen borrachos, pues ¡viva la Pepa! (sic) Que te vienen de un bar ahí por el Borne…, pues eso también es otra cosa, que no sé cómo lo hacen…, como se lo permiten[10].

 

Y, para finalizar, la inquietud mostrada por Juanita, propietaria de un bar de la Barceloneta, cuando, en relación a las iniciativas destinadas a controlar el ruido de las calles, señalaba que

 

[…] aquí, justo fuera del local, me vinieron los del Ayuntamiento, hace dos semanas o así, e instalaron un cucurucho ahí encima, al lado de la farola. Dicen que es un sensor para captar sonido, para medir cuanto ruido hacemos en la calle […]. Pero, ¿quién soy yo para mandar a callar a la gente? Es que la calle no es mía, yo les puedo decir algo a mis clientes aquí dentro, en mi local, que si se ponen un poco así espiritosos y eso que se calmen. Pero fuera, en la calle, yo no mando, ni me atrevo yo a mandar o decirle a la gente que se calle o se mueva para otro lado[11].

 

En definitiva, la reforma de la Via Laietana nos pone frente a la necesidad de enfrentar cómo se lleva a cabo la distribución y apropiación de los recursos que produce la propia ciudad. Como señalara el geógrafo David Harvey,[12] lo que está en juego no es sólo la reforma de una de sus avenidas, aunque sea principal, sino qué tipo de ciudad queremos, algo que no puede desligarse, bajo ningún concepto, de las relaciones sociales que en ella se proyectan, de los estilos de vida, de las tecnologías o de los valores estéticos que queremos mostrar. Será al detallar este modelo que será posible ver si los poderes públicos entienden que toda intervención urbanística supone una prueba de justicia espacial demostrando, a la vez, que la ciudad por la que se apuesta deja atrás obsoletos modelos que no han traído más que una falsa, postiza y defraudadora Barcelona de escaparate.

 

[1] Entrevista realizada el día 15/04/2016 (ER 15/04/2016).

[2] Entrevista realizada el día 18/04/2016 (EA 18/04/2016)

[3] ER 15/04/2016

[4] Un artículo publicado en La Vanguardia del 27 mayo de 2013, por ejemplo, recogía que la capital catalana era la décima ciudad a nivel global en atracción de turistas.

[5] Entrevista realizada el día 13/04/2016 (EM 13/04/2016).

[6] EA 18/04/2016

[7] ER 1/04/2016

[8] Véase El País del 11 de abril de 2016.

[9] ER 1/04/2016

[10] EM 13/04/2016

[11] Entrevista realizada el día 05/05/2016

[12] Harvey, D. (2008) “El derecho a la ciudad”, en New Left Review, 53, pp. 23-39.

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Setge a Collserola. Vallcarca-Penitents, darrera frontera urbana?

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Font: OACU

Per Meritxell Sucarrat (ICA) i Marco Luca Stanchieri, José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Aquest text és el prefaci d’un projecte que, sota el nom “Les setze portes de Collserola. L’experiència d’un Parc Metropolità a la Barcelona de principis del segle XXI. El cas de Vallcarca-Penitents”, s’ha presentat pel seu finançament al IPEC.

Després de la urbanització del front marítim, entre finals dels anys 80 i principis dels 90 del segle passat, que comportà que Barcelona es donés a conèixer definitivament al món (la Barcelona dels Jocs Olímpics del 92) com a destinació turística i ciutat model[1], a principis de la segona dècada del 2000, el continu desenvolupament de Barcelona es planteja a través de la redefinició de la relació dels barris de muntanya, densament poblats i urbanitzats, amb la Serra de Collserola convertida en parc natural des de 2010[2]. Un atent recorregut al llarg de la història urbanística de la ciutat[3] ens permet establir una continuïtat mai interrompuda, entre les polítiques franquistes que aspiraven a la Gran Barcelona[4] i el plantejament actual.

El que abans de la Transició democràtica, i fonamentalment als anys 50-60 s, es va anomenar com a “desarrollismo”, va continuar i trobar l’empenta definitiva -ja sota el paraigua democràtic- de les mans del neoliberalisme, projectant Barcelona cap a una descontrolada mercantilització de l’espai. Entre els grans projectes, destacà la voluntat de l’exalcalde franquista Josep Maria de Porcioles[5] de connectar la ciutat amb el Vallès mitjançant tres túnels que perforarien la serra de Collserola a Vallvidrera, Penitents i a Horta i, al mateix temps, definir un imponent zona d’interès turístic a la muntanya. A més a més, la realització d’aquestes connexions amb les ciutats del Vallès comportaria una redefinició del tram viari pròxim als túnels i al parc que afectaria els barris més extrems.

Encara que finalment es va realitzar només el túnel de Vallvidrera, tot i així els terrenys originàriament afectats per a la realització del túnels, seguiran sent-ho en el Pla General Metropolità del 1976, i avui dia encara pateixen aquesta reserva de sòl per a futures transformacions de la trama urbana. L’actual voluntat de fomentar, amb previsions a llarg termini, una interrelació entre la natura de la Serra de Collserola i els barris, creiem que respon a la mateixa lògica neoliberal amagada per sota d’una amnèsica capa d’abstractes concepcions estètiques i paisatgístiques que transformarien el territori afectat mitjançant la creació d’espai enjardinats que no deixarien de ser “espais públics de qualitat”[7].  És a dir, tornaríem a parlar d’espais de i pel consum, indicatius de nous tipus de segregació social impulsat per veritables trampes construïdes sobre la idealització de la natura[8].

La concepció del Parc Metropolità de Collserola com l’element diferenciador que caracteritzi la imatge urbana de Barcelona –fent-la més atractiva, més competitiva i més sostenible en el context global actual-, cal situar-la en relació amb el context influït pel Conveni Europeu del Paisatge (2000), la Llei catalana de protecció, gestió i ordenació del paisatge (2005), i la consolidació d’una cultura de valoració de la natura que comporta engegar iniciatives que fomentin l’ús social i econòmic de la natura, per part dels poders polítics. Aquest marc legal va permetre al Departament d’Hàbitat Urbà presentar, el 2013, el Pla del Verd i de la Biodiversitat de Barcelona 2020. Aquest últim, més que un veritable pla d’intervenció urbanística, va representar una visionària proposta d’actuació a gran escala amb la qual rendibilitzar el “verd urbà” mitjanant la promoció i exaltació de la natura i executant plans urbanístics com ara el de les 16 Portes de Collserola.

Tot i que va ser l’equip de govern municipal en representació de CIU el que va publicar aquest disseny urbanístic, el trobarem sense gaire dificultat com a marc de referència dels objectius ecologistes, urbanístics i de mobilitat  de l’actual govern municipal,[9] que segueix vertebrant les seves polítiques urbanístiques sobre els clàssics i controvertits conceptes d’espai públic de qualitat i participació ciutadana que han conformat el fortament criticat “Model Barcelona”[10]. Recordem que aquest Model es va erigir sobre les idees arquitectòniques, higienistes i monumentals dels arquitectes Oriol Bohigas i Josep Acebillo durant les dècades de 1970 i 1990 del segle passat i de les polítiques participatives del “margallismo”  dels anys 80 del segle XX [11]. A aquests pilars conceptuals se li afegeixen ara els termes més recents de resiliència urbana i sostenibilitat, fruit dels nous reptes que planteja l’ambició de les polítiques urbanístiques neoliberals barcelonines, que sembla no acaben d’abandonar la idea de convertir la ciutat de Barcelona en una de les més eficients Smart Cities del món, en una època de dificultats socioeconòmiques.

Dins d’aquest context jurídic, urbanístic i retòric, el discurs pel qual es vol legitimar la creació d’un nou tipus de relació ordenada entre Barcelona i la Serra de Collserola es fonamenta en la idea bàsica d’una renaturalització de la ciutat que passa per incentivar la penetració de la natura als barris. En aquest context, la natura  representada per la serra de Collserola es presenta com una natura domesticada on els límits entre la ciutat construïda (edificada) i el Parc esdevenen punts d’intervenció claus, a més de les intervencions projectades per al canvi de percepció (una percepció més natural) en el teixit urbà ja existent. Antoni Vives, regidor d’ Habitat Urbà a finals del 2012,  no hauria pogut ser més precís en definir els objectius del pla de les 16 Portes de Collserola: aconseguir que “la natura baixi a la ciutat i que les persones puguin pujar, de manera ordenada, a la natura”[12].

Per la seva part, el gerent del govern de Convergència Democràtica (2011-2015), fora de l’aprovació gairebé unànime de les oposicions[13] del consistori, establia un termini de vint anys perquè l’Ajuntament portés a terme l’ambiciós projecte metropolità de crear 16 corredors verds  (les 16 portes de Collserola) que haurien d’afavorir la interrelació entre la natura i la ciutat, des del primer cinturó de ronda fins al Parc Natural de Collserola. D’aquesta manera, es planteja articular la natura i la ciutat a través d’actuacions en la franja de contacte entre ciutat i parc, i  l’ordenació dels espais lliures de transició entre el medi natural i el medi urbà. També es parla de dissenyar itineraris, recorreguts i trajectes que legitimin una nova mirada sobre Collserola, així com de conceptes com naturbà i rurbà, en l’intent per transcendir la dicotomia camp-ciutat, mentre les intervencions programades sobre la ciutat es plantegen com una oportunitat per millorar la qualitat de vida dels barris de muntanya en el seu retrobament amb la natura[14].

Més enllà d’aquestes aspiracions que podríem definir com “bucòliques”, hi ha objectius del pla que tenen a veure amb la conversió dels barris populars en zones amb un fort impacte turístic i que posen en perill la persistència in situ de la població resident, gens interessada a convertir els espais de la seva vida quotidiana en horts i jardins bonics i ordenats, resultat de la revalorització del territori per la imposició d’un canvi estètic i d’ús. Donada la importància de les actuacions previstes en la vida diària de la població dels barris directament afectats, creiem que la recerca etnogràfica i l’anàlisi crítica de les dades obtingudes són imprescindibles per documentar i interpretar la realitat de primera mà i entendre la idiosincràsia i la identitat de cada barri en la seva articulació amb la resta de barris, en el context actual de construcció  “d’una nova Barcelona”.

Amb aquesta finalitat ens plantegem l’estudi dels impactes de l’ambiciós pla de les 16 Portes de Collserola al barri de Vallcarca i Penitents – la setena porta – i de les maneres en què localment, la població viu la relació amb els seus espais naturals i urbanitzats, i percep la voluntat política d’establir correlacions entre natura i ciutat. En el marc del concurs de les 16 Portes, el projecte de la porta número 7, la de Vallcarca i Penitents, que va obtenir el primer premi[15], ajusta els seus plantejaments sobre plans urbanístics atàvics i que han definitivament fracassat davant de l’obstinada resistència popular (2003-2016) a la Modificació del Pla General Metropolità. Tot i així, gràcies a un llarg treball etnogràfic (2009-2014) sobre els impactes socials de les transformacions urbanístiques que han afectat Vallcarca al llarg de la seva historia[16], s’ha demostrat que el barri ha patit en els últims deu anys importants destruccions del seu patrimoni construït i natural amb la utòpica voluntat frustrada de transformar el seu caràcter popular en barri residencial d’alt standing i de trànsit turístic, amb brutals operacions d’especulació immobiliària protagonitzades per constructores històriques del desenvolupament urbanístic de la ciutat.

Aquestes intervencions destructives han generat descampats i solars allà on hi havia habitatges i es desenvolupaven  activitats socials i que, amb una “trampa” urbanística i conceptual, van passar a ser definits com a “espai buits”[17] o “en desús”. Aquests espais, que preferim definir com a “vacants”[18] han evidenciat formes populars, a vegades imprevistes, de relació amb la natura en un barri de muntanya on abunden el verd, camins, rieres, pous, fonts i deus, sistemàticament ofegats amb ciment pels enderrocs que paradoxalment s’acompanyen de la producció d’un territori on les rambles, els itineraris i els passejos hi acaben tenint un paper destacat amb la finalitat de produir l’escenari per la màxima rendibilitat del sòl i afavorir la circulació de capital en zones fins al moment menyspreades per les dinasties de poder de Barcelona. Per tal de copsar la representativitat i singularitat del Parc de Collserola en el barri de Vallcarca-Penitents i quina és la seva relació amb la seva transformació urbanística i la relació dels seus habitants amb l’espai de la seva quotidiana, plantegem l’estudi de la realitat local.

Notas

[1] BORJA, J. (1995) Barcelona. Un modelo de transformación urbana, 1980-1995, Quito: PGU-LAC.

[2] El Parc Natural de Collserola està considerat el parc metropolità més gran del món amb més de 8.000 hectàrees i està situat a l’àrea més densament poblada de Catalunya, afectant el terme de nou municipis de l’àrea metropolitana de Barcelona.

[3] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015a) “Desmontando las políticas neoliberales. Una aproximación desde las ciencias sociales”, en ARICÓ, G., MANSILLA, J. A., STANCHIERI, M.L. (Coords.) Mierda de ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol·len Edicions- OACU, pp. 11-16; ARICÓ, G., MANSILLA, J. A. y STANCHIERI, M.L. (2015b) “Jaque al Peón. Extracción de rentas, dinastías de poder y desplazamiento de clases populares en la Barcelona contemporánea”, Comunicación en fase de publicación originariamente presentada en el panel ¡Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea, realizado en el marco del Iº Congreso Internacional de Antropología AIBR “El ser humano: culturas, orígenes y destinos” (Madrid, 7-10 julio de 2015.

[4] TERÁN (De), F. (1977) “Notas para la historia del planeamiento de Barcelona. La era de Franco”, Ciudad y territorio: Revista de ciencia urbana, 2, pp. 73-86.

[5] MARÍN i CORBERA, M. (2005) Josep Maria de Porcioles: catalanisme, clientelisme i franquisme, Barcelona: Base Edicions.

[6] DELGADO, M. (2004b) “Ciudades de mentira. El turismo cultural como estrategia de desactivación urbana”, en ENGUITA, N., MARZO, J.L. y ROMANÍ, M. (Coords.) Tour-ismes. La derrota de la dissensió, Barcelona: Fundació Antoni Tàpies, pp. 55-66; CARMEN, M. (2006) “Las trampas de la cultura”, Buenos Aires: Paidós.

[7] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2014) “El discreto encanto del “espacio público””, Revista Diagonal, 38, pp. 21-24, Barcelona: ARD.

[8] CARMEN, M. (2011) “Las trampas de la cultura. Medio ambiente y segregación en Buenos Aires”, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

[9] http://ajuntament.barcelona.cat/ecologiaurbana/es

[10] CAPEL, H. (2011 [2005]), El modelo Barcelona: un examen crítico. Barcelona: Ediciones del Serbal; DELGADO, M. (2005) Elogi del vianant. Del “model Barcelona” a la Barcelona real, Barcelona: Edicions de 1984; DELGADO, M. (2007) La ciudad mentirosa. Fraude y miseria del “modelo  Barcelona”. Madrid: La Catarata.

[11] MAZA, G. (2005b) “Participación Urbana”, Comunicación presentada en el marco del programa Idensitat CLF/BCN 01-02, [en línea: http://www.dosislas.org/ciudades/voces/participacionurbana.html]

[12] MOISÉS J., (2012), Esquema director de les Portes de Collserola, en Territori: Observatori de projectes i debats territorials de Catalunya [en línea] 

[13] Així ho expressa MOISÉS (2012): “A nivell polític, els grups municipals de l’oposició coincidien, en termes generals, amb els objectius del projecte però discrepaven amb alguns aspectes. El PSC temia que la manca de concreció generés frustració entre els veïns i el professionals implicats mentre el PP lamentava que no se’n conegués el pressupost. Per la seva banda ICV reclamava que es condicionés el projecte de les 16 portes a l’elaboració del Pla especial de protecció de la serra de Collserola.”

[14] SOTOCA, A.; CARRECEDO, O. (2011) Naturbà. Barcelona Collserola. Una relació retrobada. Barcelona: Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.

[15] http://w1.bcn.cat/portesdecollserola/resultat-del-concurs/

[16] STANCHIERI, M.L. (2016) “ Prácticas y poéticas de un barrio en trasformación. El caso de Vallcarca en Barcelona”, Tesi doctoral, Universitat de Barcelona.

[17] STANCHIERI, M. L. y ARICÓ, G. (2013) “La trampa urbanística de los ‘vacíos urbanos’: casos etnográficos en Barcelona”, en DAROQUI, A. (Comp.) 20 años de pensar y repensar la sociología: nuevos desafíos académicos, científicos y políticos para el siglo XXI, Buenos Aires: UBA, [en línea: http://sociologia.studiobam.com.ar/wp-content/uploads/ponencias/1713.pdf]

[18] STANCHIERI, M.L., (2014) “Territorios de lo imprevisto: espacios vacantes, autoconstrucción y simbolización del lugar en el barrio de Vallcarca en Barcelona”, en VIEIRA DA CUNHA, N., DE LUNA FREIRE, L., MACHADO-MARTINS, M.,  et BEROCAN VEIGA, F.,  Antropologia do conflito urbano: conexões Rio–Barcelona, ( Coord.), Rio de Janeiro: Lamparina editora

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