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Managua: Las regresiones de una ciudad sin centro

Por Rene Hayashi

En Nicaragua en los últimos meses, parecen convivir dos construcciones de la realidad opuestas. Como si fueran dos universos paralelos en un mismo tiempo y espacio. Se ha ido creando una distancia cada vez más abismal, entre la visión de la realidad que mantienen Gobierno y población. Los medios oficiales que apoyan a Ortega buscan instaurar una ficción dentro de la población. A través de este relato ficcionado se quieren evadir de su responsabilidad respecto al estado de violencia que han desatado ellos mismos en el país. Para este fin regresan con una nueva versión remasterizada de la época contra-revolucionaria de los años ochenta, en la que los manifestantes son comparados con los contra-revolucionarios de aquellos años. Pero esta no es las única explicación que dan en la televisión y la radio afines al régimen. También dicen que los asistentes a las manifestaciones, son grupos pertenecientes a cierta “derecha vandálica”. El FSLN entra en escena, para explicar que en Nicaragua se está siguiendo el mismo guión desestabilizador que en Venezuela.

Pero la falta de coordinación de las distintas interpretaciones que se nos dan desde el gobierno y sus medios, hace que parezca que han entrado en una especie de esquizofrenia discursiva, carente de lógica. La primera dama -vicepresidenta de Nicaragua Rosario Murillo- ilustra bastante bien esto con sus declaraciones, que van de lo cursi a lo esotérico. Murillo dice de los manifestantes que son grupos “vinculados a bandas delincuenciales” los culpables de haber roto la paz en el país centroamericano. La primera dama hace su diagnóstico “psicológico”, propio de un culebron latinoamerican culpando a “la cizaña [que] intoxica algunos corazones”, luego les advierte de forma paternalista “que la ambición puede cegar”. Rosario desafía todo análisis demográfico diciendo que son “grupos minúsculos y tóxicos” o incluso se vuelve mística afirmando que se trata de “vampiros que reclaman sangre”.

Al mismo tiempo que la pareja presidencial organiza marchas a favor de la Paz y celebra mitines multitudinarios en la calle, reprime a los manifestantes. A pesar de las actividades promovidas por el gobierno, en favor de la paz y pronunciamientos pro-diálogo, la espiral de violencia no ha dejado de crecer. Las víctimas de la represión del estado, han aumentado vertiginosamente. Los medios de comunicación mas críticos al régimen han calificado al gobierno como represivo, dictatorial y sus acciones como de terrorismo de estado. Varias personas, con las que tengo comunicación tienen la percepción de que están inmersos en una especie de deja vu, en el que el ciclo histórico de los años de la Revolución se repite. Los viejos revolucionarios comparan al antiguo guerrillero Sandinista y actual presidente de Nicaragua, con el mismo Dictador Anastasio Somoza, al cual combatieron en su juventud. Una regresión.

Monumento a somoza.jpg

Derribo de la estatua del dictador Anastasio Somoza

La ciudad parece también contagiarse de la misma regresión que sufren algunas de las personas con las que hablo. Las calles se llenan de nuevo de barricadas, de edificios quemados como en el 79. Pero esta no es la única imagen del recuerdo, como nos lo explican en su artículo Arroyo y Miranda, “¿Por qué los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos[i]?“. A los nicaragüenses les viene el recuerdo del derribamiento de la estatua del “Caballo de Somoza”, derribada el 20 de julio de 1979. Ahora el caballo somocista ha sido remplazado por “los árboles vida” o chayo-palos, como se les conoce popularmente, en honor a la Primera Dama (“Chayo”, diminutivo de Sagrario). La caída de estas gigantescas estructuras metálicas es celebrada jubilosamente por la muchedumbre. La escena se asemeja a una gran fiesta popular, la cual cuenta con su propia música de fondo, producida por los cañonazos de los “morteros” (armas de fabricación casera, más parecidos a juegos pirotécnicos que a armas reales).

Las primeras semanas en el inicio de las manifestaciones se asemejaban más bien a un gran carnaval. No solo por la euforia de las demostraciones populares, los carnavales como las protestas actuales del país centroamericano, se caracterizan por subvertir el orden social. Son, en efecto, “una constante del tiempo carnavalesco. Los cambios de actitud, posición y orden de personas, animales y objetos se desarrollan de forma sistemática en esta época[ii]”. Algunas personas acudieron a las marchas con las caras cubiertas, mientras otros protegieron su identidad con máscaras típicas de las fiestas tradicionales de Nicaragua. Otro tanto de los manifestantes van vestidos con camisas en las que se podían leer frases como “Que se rinda tu madre”, o “No eran delincuentes, eran estudiantes”. Entre la multitud se podían ver centenares de banderas de Nicaragua.

Si el Gobierno de Ortega recicló ciertos discursos de la contra revolución de los años ochenta, los manifestantes de hoy en día, recuperan para el movimiento social, las estrategias, consignas y canciones de la revolución Sandinista. No debería de extrañar esta reacción como nos explica un grupo de investigadores de Universidad Centro Americana: “Los repertorios son el conjunto de medios conocidos y disponibles por los movimientos sociales que se utilizan para exponer exigencias. Estos medios son culturalmente aprendidos a través de la acción colectiva y la cultura política de una sociedad. Los movimientos sociales en Nicaragua realizaron acciones colectivas con mayor fuerza y eficacia en los momentos de crisis políticas, sociales y económicas, cristalizadas en tres procesos históricos claves: la dictadura somocista, la revolución sandinista y el neoliberalismo[iii]”. Varias de las estrategias actuales también incorporaron nuevas tácticas a su repertorio, como el Internet, el cual fue usado por los protestantes como ciber-plazas. Las cuales fungían como espacios de reunión paralelos a la calle. En estas plazas se reproducía el mismo comportamiento del internet dentro del espacio urbano.

Las rotondas se convirtieron en los nuevos centros de reunión del descontento popular. La protesta, al hacer el tránsito del espacio público a la virtualidad y de regreso al espacio público, se operaba con la misma lógica. La multiplicidad y simultaneidad de las redes sociales era aplicado en el espacio urbano. El comportamiento de las manifestaciones de Managua se asemeja a una cartografía de dinámicas de redes sociales, con múltiples nodos urbanos. Los manifestantes se congregan en distintas puntos de reunión, al mismo tiempo. El gobierno, por su parte realizaba, sus propias contra marchas, las cuales se localizaban, en la rotonda Hugo Chavez o en el malecón y la plaza de la revolución. Estoss eran los espacios utilizados para las demostraciones de apoyo a Ortega.

Por el otro lado, las Rotondas universitarias, Rubén Darío, Jean Paul Genie, la de Cristo Rey y la Virgen. Estos eran los puntos que se habían apropiado los opositores al régimen. Los barricadas empezaron a proliferar y a esparcirse a lo largo de toda la capital y por la mayor parte de las ciudades del país. Las calles hechas de adoquines se   van desmembrando, uno a uno, como si fueran piezas de un juego de lego, hasta transformase en “tranques” (palabra con la que se conocen en Nicaragua a las trincheras o barricadas). Los cortes de ruta re plantearon la función de las calles que pasaron de la circulación a la paralización total del tráfico. Los improvisados muros de las barricadas servían para resguardarse de los ataques de “la turba” (Grupos Paramilitares) y de los policías. Algunos los decoran con banderas, otros pintan murales, hay los que se vuelven altares. El rojo con negro con el que se identifica al Frente Sandinista de Liberación Nacional es reemplazado por el Azul y Blanco característico de la Bandera de Nicaragua. La rebelión de Nicaragua, también es estética, y los símbolos son parte de la disputa contra el régimen.

Managua fue declarada en 1852 capital de Nicaragua, con la idea de evitar las históricas peleas entre León y Granada las cuales se disputaban ser la capital del país. La deriva urbana en la que entró la capital de Nicaragua por el terremoto del ‘72 parece no cesar. Como nos relata Luis Fuentes Guaza en su texto sobre Managua: En 1972 un temblor pulverizó la ciudad de Managua. Todo quedó en ruinas. Este acontecimiento supuso la desarticulación del centro urbano actualmente conocido como la Vieja Managua. Esta Managua simbolizaba la promesa superficial de progreso y modernidad con la que la dictadura de Somoza intentaba silenciar la brutal precariedad de una mayoría nicaragüense empobrecida. Los acontecimientos que siguieron al terremoto, como el hecho de que la asistencia Internacional destinada para la reconstrucción de Managua fuera robada por el gobierno, abrieron paso a la Revolución Popular Sandinista en 1979.

Derrumbamiento del caballo de somoza.jpg

Timbre postal conmemorativo del derrumbe del “caballo somocista”.

FSLN-Revolución-Reagan-Contras se suceden a lo largo de los años ochenta, hasta que en 1990 la presidenta Violeta Chamorro, apoyada por EEUU, pone fin al periodo de esperanza en un cambio social. La ruinas y los predios vacíos seguían siendo los protagonistas de la ciudad .Parte de la estructura urbana actual data de la época de Arnoldo Alemán, el cual se convirtió en el Alcalde de la capital en 1990. Entre sus principales planes estaban el dotar de una nueva imagen a la ciudad. Paradójicamente este nuevo modelo urbano, no contemplaba la reconstrucción del Centro de la ciudad. Las rotondas (o glorietas) se proponían como parte central en la mejora cosmética del entorno urbano y la manera más “eficiente” de gestionar el tráfico. También se decía que estas evitarían el robo a automovilistas. Uno de los primeros casos de invasión de una de estas Islas Urbanas fue el de la rotonda de la virgen construida en 1999, lo cual vino evidenciar el rostro real de las rotondas como antítesis del espacio público. Se privilegiaba al automovilista sobre los peatones. Los primeros en apropiarse de estos espacios vacantes fueron grupos marginales, para después ser utilizada por los deportistas, hasta que por medio de negociaciones “la rotonda de la virgen” se convirtió en el 2007 en uno de los parques públicos más populares de la ciudad. Este fue el primer caso de apropiación de una de las 11 rotondas, esparcidas en la zona metropolitana. En estas se encuentran una serie de estatuas ornamentales y conmemorativas. Tienen figuras que van de los religioso a lo abstracto o fuentes. En otras también se encuentran esculturas abstractas. El poeta Rubén Darío por su parte cuenta con una fuente en su honor de forma piramidal.

La llegada a la presidencia de Ortega en el 2006 trajo consigo un cambio del paradigma cultural del relato hegemónico planteado por gobiernos neoliberales anteriores, el cual se fundamentaría en la recuperación histórica de la época de la revolución y de la figura de Sandino. A manera de discurso legitimador. Lo cual viene ejemplificar bastante bien lo dicho por Antonio Gramsci, “los dispositivos de convencimiento, que sirven para asentar las claves de los relatos hegemónicos, son culturales”. Para el Frente Sandinista de Liberación Nacional el espacio público sería uno de los elementos centrales para llevar a cabo su nueva estrategia comunicativa. El cambio de nombre de Plaza de la República (como se llamaba en los gobierno anteriores) por el de la Plaza de la Revolución junto con la utilización de colores vistosos como el rosa, el amarillo y el celeste. Los cuales proliferaron en varias zonas de la ciudad junto con el Rojo con negro, que caracterizan al FSLN. Postes, edificios públicos, las bases de los monumentos, entre derrumbamientootros elementos, eran pintados con estos colores. Estas nuevas tonalidades se convirtieron en una presencia dominante dentro del paisaje de la capital de Nicaragua. Esta nueva estética instaurada por el gobierno, también fue acompañada de nuevos símbolos revolucionarios como la estatua en honor al poeta Rigoberto López Pérez, el cual fue el asesino del primer presidente de la dinastía de los Somoza. Los procesos de construcción de nuevos monumentos también fueron acompañados de la destrucción de símbolos de la administración pasada, como es el caso de la escultura abstracta de la rotonda de Colón. El cual fue remplazado por un extraño monumento al comandante Hugo Chavez. Otros de los espacios que corrió con la misma suerte fue la concha acústica, el cual fue demolido.

Lo que prosiguió fue poblar la ciudad de “los árboles de la vida” (Chayo Palos) hasta volverlos una presencia casi omnipresente dentro del entorno. Pero la explosión social de los tiempos actuales tenían otros planes para estos símbolos. Como nos demuestra el rastro de estos árboles metálicos tirados, en conjunto con los edificios y llantas de carros quemados. Como nos explica Manuel Delgado en su texto sobre las apropiaciones insolentes del espacio publico: “son esas territorializaciones insolentes las que nos advierten de hasta qué punto una ciudad no es sólo una forma ordenada o un sistema ordenable y menos lo que en muchos casos quisieran que fuera hoy: un producto en venta y una mera fuente de beneficios. Esos episodios regularmente repetidos de metrópolis levantadas nos recuerdan que toda ciudad es o acabara siendo lo que es: un amasijo infinito, un protoplasma inagotable de lucha y de pasión.[iv]” En Managua la trama urbana se entrelaza con la trama histórica, En la que parece que observamos un loop histórico, en que la misma secuencia va proyectando el pasado en el presente. Pero las imágenes, de tanto reproducirse, se van distorsionando hasta entregarnos una imagen enrarecida y completamente distinta.

[i] Lorena Arroyo y Wilfredo Miranda. “¿“Por que los manifestantes en Managua derriban árboles metálicos al grito de “hay libertad”?”. Prodavinci.

[ii] http://www.educa.madrid.org/web/cp.claracampoamor.sanmartindelavega/images/carnaval/Lo%20que%20hay%20que%20saber%20de%20los%20carnavales.pdf

[iii] Mario Sánchez González, Douglas Castro Quezada, Rony Rodríguez Ramírez et Jorge Guerra Vanegas, « Movimientos sociales y acción colectiva en Nicaragua : entre la identidad, autonomía y subordinación », Amnis [En línea], 15 | 2016, consultado el 30 octubre 2018. URL : http://journals.openedition.org/amnis/2813 .

[iv] Manuel Delgado. “Apropiaciones insolentes del espacio urbano a principios del siglo XXI”. Conferencia pronunciada en la Facultad de Artes de la Universidad del Valle, en Cali, el 28 de septiembre de 2013. http://manueldelgadoruiz.blogspot.com.es/2017/12/apropiaciones-insolentes-del-espacio.html

Rene Hayashi es Artista. Nacido en México, vive y trabaja en Lima, Perú. Ha sido becario del Programa de Apoyo a la Producción e Investigación en Arte y Medios, el Programa de Residencias Artísticas, FONCA. Su trabajo se ha expuesto en distintos lugares, como la Sala de Arte Público Siqueiros (Ciudad de México), el Contemporary Art Center Zamekujazdowski (Varsovia) o La Bienal de Praga (Praga). Ha realizado intervenciones urbanas y diseño de espacios públicos en ciudades como Guadalajara, Puebla y El Paso. Ha impartido talleres y conferencias en Managua (Espora), Tegucigalpa (MUA), y São Paulo (Encuentro Internacional de Arte y comunidad), entre otras ciudades.

 

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NUEVA PUBLICACIÓN OACU

género y producción urbana

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de | septiembre 13, 2018 · 3:50 pm

El 2 de junio o “las mujeres alegres en la casa del señor”

Artículo publicado originalmente en La Directa.

Livia Motterle (OACU)

El 2 de junio de 1975, más de cien trabajadoras sexuales ocuparon la iglesia Saint-Nizier en la localidad francesa de Lyon frente a la vergonzosa negativa del gobierno a entablar diálogo con ellas. El objetivo de la ocupación era llamar la atención sobre su situación de vulnerabilidad debida a los abusos continuos por parte de la policía, por ejemplo, multas y encarcelamientos. Chicas alegres en la casa del señor era el título del texto enviado a la prensa donde explicaban su acción, una ocupación pacífica que se propagó, inesperadamente, a otras ciudades francesas. El Colectivo de Prostitutas que se gestó en la iglesia Saint-Nizier ha sido un referente histórico para todas las organizaciones de trabajadoras sexuales posteriores. Como decía Ulla, una de las líderes: “esperamos la nuestra libertad en tanto que mujeres tal y como somos, y no tal y como queréis que seamos para tranquilizar vuestra conciencia (…). No tengáis miedo: esta liberación no supondrá automáticamente una proliferación de las prostitutas. A no ser que nosotras, las mujeres, seamos las únicas reprimidas por el miedo a la policía”. Desde entonces, el 2 de junio se ha convertido en el día internacional de las trabajadoras sexuales. Manifestaciones, charlas, performances y cualquier tipo de acciones reivindicativas visten de lucha muchas ciudades del mundo con el objetivo de reivindicar los derechos de un colectivo de personas que, a pesar del profundo estigma que la hipocresía del patriarcado y la misericordia de tantas instituciones imprimen en sus cuerpos, sigue luchando con orgullo y alegría.

Contrariamente a lo que sigue siendo una creencia colectiva, el enemigo más peligroso de las trabajadoras del sexo no son sus clientes (tanto hombres como mujeres), sino ciertas instituciones (públicas o privadas) encargadas de evidenciar y perpetuar una estructura dicotómica que genera estigmas y que sitúa en el altar a la mujer “buena” y en el infierno la mujer “mala”. “Las relaciones de poder pueden penetrar materialmente en el espesor mismo de los cuerpos”, afirma Foucault en Microfisica del poder. Este mecanismo de vigilancia, control y normativización se muestra más cruel con los cuerpos que escapan de los códigos heteronormativos, productivos y reproductivos. La sexualidad, entendida como creación que se manifiesta desde y gracias a los cuerpos, se convierte en marcadora de normalidad y canalizadora de castigo. La Iglesia y la Medicina, desde el momento en que se constituyeron como instituciones, han sido las que más han participado, junto con los poderes judiciales y administrativos del Estado, en la construcción de las dicotomías (bueno/malo; normal/anormal, sano/patológico; inocente/culpable) y en la fabricación de reglas sobre cuándo, cómo y con quién tener relaciones sexuales.

El objetivo de ordenanzas, multas y sanciones – sobre todo a las trabajadoras sexuales de la calle – es justamente el control y el castigo de los cuerpos que manifiestan prácticas sexuales anormales en el espacio público. Las trabajadoras sexuales del Raval, esto, lo saben muy bien. La modificación de los artículos relativos al trabajo sexual de la Ordenanza de mesures per fomentar i Garantir la Convivencia en el espacio público de Barcelona del año 2006 – que ya prohibía la oferta, la demanda y la negociación de los servicios sexuales retribuidos en la calle (además de la suya realización) – se reforzó en abril del 2012. Los dos grandes cambios fueron, por un lado, la supresión de la obligación, por parte de la Guardia Urbana, de avisar previamente a los clientes y las trabajadoras y, por otro lado,  la “posibilidad” para las prostitutas de conmutar la multa participando en cursos de re-inserción laboral. La modificación de la Ordenanza multiplicó en el 2012 el número de multas impuestas agravando, así, las condiciones de trabajo de las prostitutas, aumentando su estrés y llevándolas a situaciones insostenibles.

Según un estudio cualitativo encargado por el Ayuntamiento, a pesar de que el número de multas haya ido disminuyendo en los dos último años (2015 y 2016), el número de las trabajadoras sexuales ha seguido siendo el mismo. ¿Por qué no aumenta entonces? Esto habría que preguntárselo a ellas. “Nos tratan como basura que hay que sacar del barrio y reciclar. Nos quieren redimir obligándonos a hacer cursos de re-inserción laboral. Pero nosotras ya tenemos nuestro trabajo y no queremos ir a limpiar el culo a nadie” -dice una mujer. El estigma, aunque hoy no está impreso con nitrato de plata como en la época del Higienismo, está fabricado por la misma hipocresía que requiere una Barcelona atractiva y seductora, capaz de satisfacer los gustos del mercado turístico. Escort sí entonces. Pero puta, jamás.

Frente a esta situación de vulneración, las trabajadoras sexuales se rebelan. Bajo el nombre de Prostitutas Indignadas antes y Putas Feministas después, se organizan, se manifiestan, luchan sin miedo y apoyan a vecinos y vecinas víctimas de una violencia ocultada que afecta a todo el Raval.  Presentes en todos los actos que pedían justicia para Juan Andrés Benitez, vecino del Raval que el 5 de octubre murió a golpes de porra delante la puerta de su casa; presentes en las movilizaciones organizadas para parar las infinitas ordenes de desahucio emitidas para sanear, limpiar o rehabilitar el barrio y que en realidad dejan en la calle enteras familias; presentes en las manifestaciones del 8 de marzo bajo el lema: “Sin putas no hay feminismo”, las trabajadoras sexuales de Barcelona no se cansan de luchar.

Simone De Beauvoir afirmaba, en 1972, que se hizo feminista cuando reconoció su solidaridad con las otras mujeres en vez de su separación de ellas. Es cierto que la trata de mujeres representa una realidad muy compleja y que es tarea del feminismo luchar para que se acabe. Es cierto que en el trabajo sexual hay prácticas que reproducen el sistema capitalista. Pero su reproducción no habita en el trabajo sexual en sí, si no en el mecanismo de explotación en que está incardinado. Romper los mecanismos de control y vigilancia hacia las profesionales del sexo es un objetivo que concierne a todas porqué todas estamos explotadas por el sistema. Reconocer el trabajo de las trabajadoras sexuales es el primer paso para la cancelación del estigma impreso en sus cuerpos y sobre todo para no volver a imprimirlo. El primer viernes de cada mes, en la calle d’En Robador, las vecinas y trabajadoras sexuales del Raval (y de otros barrios) organizan un “puti vermut”: una buena ocasión para hablar con ellas en lugar que, una vez más, hablar sobre de ellas sin conocerlas. Otra posibilidad más para construir juntas nuevas estrategias de lucha y resistencia. Porque cada día es 2 de junio.

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De manteros y skates u otros surrealismos urbanos

La pista de skate instalada por la empresa  California Skateparks | Foto: OACU

La pista de skate instalada en el Passeig de Borbó por la empresa California Skateparks y promovida por el Ajuntament de Barcelona | Foto: OACU

por Giuseppe Aricó y José Mansilla (OACU)

Decía Althusser que la lucha de clases no se produce únicamente en la esfera productiva, la tan manida infraestructura de la sociedad, sino también a nivel supraestructural, es decir, disputando la ideología o ideologías. En esto se acercaba a Gramsci y al concepto de hegemonía y por eso él mismo presentaba su labor filosófica como lucha de clases en la teoría. Es de esta forma que podríamos entender el concepto de espacio público, así como su disputa, pues pertenece a un ámbito de lucha que podríamos denominar ideológico.

Mediante este enfoque, además, es posible entender la importancia destacada que obtiene en los discursos oficiales y técnicos relativos a la ciudad y los intentos de rebatirlo por parte de algunos sectores políticos activistas y académicos. Y es acercándonos al mismo como podríamos aprehender en su totalidad la actuación que en la últimas horas ha llevado a cabo la Guardia Urbana en el entorno del Puerto y la Barceloneta, a mandato del actual Ajuntament. Sirva así el siguiente relato etnográfico de emergencia para ilustrar la disputa por dicho concepto.

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Carteles de la campaña institucional del “tu-jo” | Foto: OACU

Son las 12.41 h. de la mañana, acabamos de pasar por el Passeig Juan de Borbó, el Excelentísimo Comes Barcinonae, y la cosa es peor de lo que habíamos imaginado. La pista de skate sólo ocupa una pequeña parte del Passeig, en el centro del mismo, y es muy reducida si la comparamos con la parte privatizada del Port Vell. Hay una fuerte presencia de lecheras que, parece ser, se quedarán aquí hasta las 19.30 h., según nos informa el mosso al mando de una operación a la que podríamos denominar de actividad lúdica y de calidad para todos y todas, siguiendo el estilo narrativo municipal.

Algunos efectivos van armados hasta los dientes. Todo el Passeig es una fiesta de turistas que deambulan en armonía y serenidad, andando o recorriendo la calle con seagways, patines, bicis “guay”, rickshaw, etc. Cualquier tipo de  palo de la luz o poste ha sido aprovechado para instalar parte de la campaña institucional del Ajuntament que, entre otras cuestiones, contempla una acción contra al top manta: sí, esa del “Tu-Jo”. Mientras, los pájaros cantan y los yates de millonarios internacionales descansan dentro de un puerto ya  inexpugnable juntos a los Ferraris de alquiler con las cuales celebrar ostentosas despedidas de solteros.

Lo que resulta aún más curioso es que hasta la misma hora, las 19.30 h., se quedarán en la zona algunos chiringuitos hypermolones de zumos o frutas biodinámicas y saludables. Son chiringuitos desplazables, o sea ambulantes,  pero “legales”, claro. Intentan vender vasos de fruta por 2,50 euros y consiguen hacerlo: atienden a los turistas -que están encantados de saborear fresh-local-fruit (sic.)- con una camiseta que pone “I Love Barcelona” y muestra un corazón rojo enorme. Estos chiringuitos móviles están, a esta hora, en el tramo que va de un lado al otro del Museu d’Historia de Catalunya, justo tras los puestos de los artesanos “legales”, esos que compran al por mayor en la India o Bangladesh y luego lo venden a los turistas despachándolo como artesanía local.

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Chiringuitos ambulantes de venta de fruta “biodinámica” | Foto: OACU

Unos minutos después, los chiringos de fresh-local-fruit siguen desplazándose sobre ruedas a lo largo y ancho del Passeig como abejas de flor en flor. Desde luego, la posición es estratégica de cara a evitar la presencia del top manta. Sus movimientos coordinados resultan ideales y cuentan con el vistiplau de la Guardia Urbana, a cuyos agentes regalan vasitos de fresh-local-fruit para agradecerles su dura labor.

Pero lo más esperpéntico es que ese mismo tramo está vallado por ambos extremos, con rejas puestas bajo vigilancia por personal de seguridad de la empresa Prosegur. Éstos abren y cierran las vallas a discreción de la Urbana, que está ahí al lado vigilando. Mientras tanto, los “manteros” se sientan, sin mercancía ni bultos, divertidos y perplejos a la sombra de los árboles bromeando, mirando y comentando entre ellos. Preguntados sobre lo surrealista de la situación , nos responden: “Esta vez no nos dejan y no pasa nada,  pero aquí nos quedamos, a ver si por lo menos podemos tomar la sombra…”.

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Una de las vallas vigiladas por PROSEGUR en uno de los extremos del Museu d’Historia de Catalunya| Foto: OACU

Así, cuando el primer Teniente de Alcalde del Ajuntament de Barcelona, Gerardo Pisarello, se felicita por una operación que, supuestamente, “ha evitado que se cometa un uso abusivo de la venta ambulante ilegal en la zona y se recupere el uso vecinal”, obviando, entre otras cuestiones, la privatización parcial del Port Vell o el hecho de que asociaciones de vecinos y vecinas, como L’Òstia, no han apoyado dicha intervención, está trasladando una contienda entre clases a la esfera de las ideas. Infraestructura y superestructura aparecen, así, unidas íntimamente y reflejadas en el contexto urbano de la Barcelona contemporánea.

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Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea

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El próximo día 9 de julio, algunos miembros del OACU coordinamos y participamos en un Panel sobre Antropología Urbana en el 1er. Congreso de Antropólogos Iberoamericanos en Red (AIBR). En el mismo evento, se realizará una nueva presentación del libro “Mierda de ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales“.

El texto que aparece a continuación es el marco en el que se engloban distintas comunicaciones. En concreto, desde el OACU, además, llevamos las siguientes:

– Jaque al peón. Extracción de rentas, dinastías de poder y desplazamiento de clases populares en la Barcelona contemporánea, por Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri, (OACU).

– “A quien dices tu secreto, das tu libertad y estás sujeto”. Una reflexión desde la antropología social acerca de la idoneidad del concepto ‘lucha de clases’ en la etnografía de la gentrificación, por Marc Morell, (UIB y OACU).

 

Gentrificación es lucha de clases! Diferenciación socioespacial y conflicto en la ciudad contemporánea

Han pasado ya más de cuatro décadas desde que Henri Lefebvre (1972) señaló cómo la urbanización, que hasta aquel entonces parecía que únicamente acompañaba a la dinámica industrializadora, empezaba a sustituirla como determinante de los procesos sociales. Éstos, a su vez, pronto se postularían fundamentales para entender las formas de apropiación espacial existentes (Harvey 1992) y el fraccionamiento espacial propio de las clases sociales (Castells 1974).

A esto hay que sumar la progresiva marginación que ha sufrido el concepto de la lucha de clase en la búsqueda de un sujeto de transformación social. A excepción de algunos casos dignos de mención (Oyón 2008) las cuestiones de clase han quedado enclavadas en lo exclusivamente económico, en un intento de eliminar todo matiz conflictivo como si de una supervivencia se tratara. Se ha abandonado, en definitiva, cualquier intento de comprender el cambio social inherente a la relación entre clases sociales, por no hablar de su importancia en la transformación urbana (Leeds 1994).

Sin embargo, en los últimos tiempos nuestros barrios se encuentran en la periferia de la atención social por mucho que la propia teoría los haya ideado como proyectos convivencia (Gravano 2005). Éstos han devenido elementos centrales para los agentes gentrificadores, principalmente la administración pública aliada al capital inmobiliario (Díaz 2010). Los barrios, y por ende las ciudades, se han convertido en terrenos idóneos donde llevar a cabo políticas de desplazamiento socioespacial como forma de superar modelos de relaciones interesadamente “degeneradas”, causadas por supuestos conflictos culturales, religiosos, étnicos, etc. Una clara expresión de ello es el abuso de términos como “espacio público” o “civismo” en aquellos discursos políticos que amagan la redención de la ciudad mediante intervenciones urbanas que se proponen acabar de una vez por todas con la naturaleza conflictiva que conjeturan.

Conscientes de la escasa literatura de cuño antropológico-etnográfico que existe sobre el tema de la gentrificación, y a sabiendas del creciente interés que ésta suscita en las nuevas hornadas de antropólogos que trabajan lo urbano, este panel pretende abordar estas cuestiones mediante la mirada cercana que aporta siempre la etnografía.

Bibliografía

Castells, M. (1974 ([1972]) La cuestión urbana. Madrid: Siglo XXI

Franquesa, J. (2010) Sa Calatrava Mon Amour. Etnografia d’un barri atrapat en la geografía del capital. Palma: Documenta Balear

Gravano, A. (2005) El barrio en la teoría social. Buenos Aires: Espacio

Harvey, D. (992 [1973]) Urbanismo y desigualdad social. Madrid. Siglo XXI

Lees, L. et al. (2008) Gentrification. Nueva York: Routledge

Lefebvre, H. (1972 [1970]) El derecho a la ciudad. Barcelona: Península

Oyón, J. L. (2008) La quiebra de la ciudad popular: espacio urbano, inmigración y anarquismo en la Barcelona de entreguerras, 1914–1936. Barcelona: Serbal

Savage, M. et al. (2013) «A new model of social class: Findings from the BBC’s Great British class survey experiment», Sociology, pp. 67-91

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Publicación del libro “Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales” (Pol·len Edicions, 2015)

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por OACU

Durante las últimas décadas, la lógica de mercado ha ido penetrando cada vez más en el campo de la planificación urbanística y los discursos político-económicos que regulan los procesos de gobernanza urbana de nuestras ciudades. El propósito último de dichos procesos es tan claro como alarmante: revelar los supuestos beneficios de una ciudad ideal e idealizada, donde sólo tiene cabida la paz y la tranquilidad de unas relaciones socialmente estériles; una ciudad abstraída de cualquier tipo de control institucional, detrás de la cual no se esconde más que una mayor capacidad de compra y donde todo el mundo lograría una mejor calidad de vida. En definitiva, una ciudad exenta de su elemento constitutivo, el conflicto.

Sin embargo, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) seguimos insistiendo en la necesidad de repensar la conflictividad social, esto es, el “conflicto urbano”, desde una perspectiva que considera el uso del espacio no sólo como una estrategia de control, sino también como una manera de ocultar unas relaciones sociales siempre desiguales. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Institut Catalá d’Antropología (ICA) y del Departament d’Antropologia Social i Cultural de la Universitat de Barcelona (UB), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas a la “conflictividad” que caracterizaría algunas de las principales urbes europeas y latinoamericanas.

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La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que estas metrópolis están siendo sometidas hoy día, dejaría entrever el “resurgimiento” de una serie de reivindicaciones que, aunque parezca lo contrario, nunca nos han abandonado. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

Adoptando un enfoque empírico que analiza, y a la vez cuestiona, aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas, los textos recogidos en la publicación proponen una rearticulación crítica de un determinado tipo de urbanismo de corte neoliberal y del marco conceptual que lo apoya. Efectivamente, hoy más que nunca los investigadores sociales que nos dedicamos a estudiar la ciudad tenemos la obligación, dentro y fuera de la academia, de cuestionar ciertos conceptos considerados claves para el pensamiento urbano, señalar su inaplicabilidad empírica o bien revertir las lógicas dentro las cuales los mismos se reproducen.

En definitiva, tenemos el deber de cuestionar aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas contrastando esa quimera social de una ciudad armónica y pacificada, constituida por un espacio ilusorio que encubre la realidad y no contempla las inquietudes y las contradicciones entre clases, ni mucho menos la lucha entre ellas y sus necesidades. De lo contrario, y evocando un clásico tema de los Kortatu, estaremos condenados a vivir y habitar una “mierda de ciudad”.

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