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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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Gamonal: estigmatizar el descontento para deslegitimar el conflicto

Graffiti en la calle Vitoria| Fuente: http://vozpopuli.com

Graffiti en la calle Vitoria| Fuente: http://vozpopuli.com

por Giuseppe Aricó y José Mansilla (OACU)

El pasado viernes 17 de enero, bajo fuerte presión vecinal, el alcalde de Burgos Javier Lacalle (PP) anunciaba públicamente la “paralización total” de las obras de transformación de la calle Vitoria en Gamonal. Según los principales medios de comunicación, la decisión del alcalde se traduce en la victoria de facto de una protesta vecinal que habría finalmente alcanzado sus objetivos. La herida de Gamonal se pretendía sanada, el conflicto domado, pero durante el pasado fin de semana su “chispa” se ha extendido por todo el Estado originando significativas muestras de apoyo a la causa burgalesa, algo que precisamente ha servido para demostrar lo contrario. A pesar del cambio de rumbo municipal, Gamonal sigue hoy luchando y sus vecinos personándose frente al Ayuntamiento para reivindicar su papel activo en la toma de decisiones relativas a los procesos de urbanización de su espacio urbano. Lejos de enmarcarse dentro de una ideología o unas instrucciones de partido, estas reivindicaciones encarnan una protesta ciudadana que supera toda frontera política y que lucha por causas mucho más amplias: la corrupción generalizada, el paro, la falta crónica de servicios básicos, los intereses privados del mercado inmobiliario o la codicia neoliberal de un urbanismo que pretende acabar con cualquier expresión urbana que no se amolde a los imperativos establecidos por el Capital.

El descontento de los vecinos de Gamonal ha sido sistemáticamente reducido a la mera dimensión política local, algo a lo que hay que sumar la ingente distorsión provocada por la desinformación mediática difundida al respecto hasta hoy. Reportajes sensacionalistas, a menudo salpicados de un maniqueísmo que roza lo grotesco, se han obstinado en describir la rabia de Gamonal como una protesta de carácter exclusivamente político que persigue únicamente las dimisiones de Lacalle y el descredito del Partito Popular. Es más, mediante la creación de una eficaz mitología del miedo, el discurso mediático ha dirigido la opinión publica hacia la condena prácticamente unánime de la “violencia injustificada” que habría caracterizado la protesta vecinal desde su inicio. El simple e inofensivo lanzamiento de huevos o de “líquidos y cerveza” en contra de la fachada del Ayuntamiento de Burgos, durante el pleno decisivo del 17 de enero, ha abocado una vez más en la estigmatización social de la lucha de Gamonal y una parte considerable de sus vecinos, cuya rabia y descontento han sido etiquetados como “vandalismo descontrolado” de matriz “antisistema”. Son emblemáticas, en este sentido, las declaraciones de la alcaldesa de Madrid Ana Botella (PP), que condena “la violencia de los atentados de Burgos” utilizando términos y adjetivos propios de las retoricas antiterroristas. Pero, sin duda, el ejemplo más representativo de la amplia mistificación puesta en marcha desde arriba para deslegitimar el conflicto es el informe redactado por la Comisaría Provincial de Burgos sobre “la génesis del conflicto en Gamonal”.

Poniendo el acento en el carácter endógeno del conflicto, las autoridades se obstinan en subrayar el papel estratégico que el 15M habría jugado en Gamonal intentado que “una movilización por un problema casero y técnico se convirtiese en un movimiento social a nivel nacional en contra de la clase política, la banca y, en general, con los mismos objetivos del movimiento, manteniendo un estado de tensión para que el movimiento iniciado no muera por sí mismo.” Al intento inicial, pueril y falaz, de unir el origen de las protestas a supuestos “agentes externos” venidos de otras partes del Estado, se une ahora el interés por vincular al colectivo anarquista de Burgos, supuestamente violento y descontrolado, con el 15M y la asamblea vecinal de Gamonal. Según el informe, ya antes del inicio de las obras, en las asambleas convocadas “se fueron radicalizando las posturas y en los actos públicos fueron tomando protagonismo personas vinculadas al partido Izquierda Anticapitalista, anarquistas y militantes de la Asamblea Gamonal 15M”, olvidando las profundas diferencias teóricas, políticas y prácticas que caracterizan a estos colectivos. El énfasis del informe en remarcar el “dirigismo anarquista” y “foráneo” de las protestas de Gamonal no sólo tiene el efecto de desacreditar las consciencias individuales de los “autóctonos”, las razones y significados más amplios de la lucha, sino que manifiesta de forma alarmante la infiltración del cuerpo policial en la vida cotidiana de los vecinos, controlando actos, conductas y legitimas expresiones del rechazo mediante técnicas de control y métodos contrainsurgentes propios de un Estado policial. No sorprende, pues, que diferentes vecinos de Gamonal discrepan rotundamente con esta visión deformada que reduce la complejidad social de Gamonal a un “ensayo revolucionario no exportable”, y defienden otra versión de los hechos.

Como señala Berta, vecina que ha seguido con constancia las manifestaciones, “los colectivos que forman parte de la Asamblea Vecinal de Gamonal son muchísimos. Básicamente estamos ahí todos unidos pero sin pertenecer a nada. Hombre, siempre hay alguien, pero la mayoría de los que vamos a la asamblea, o madrugamos por la mañana para estar de retén, pues somos gente como yo que tiene un hijo y que el hijo también madruga. La mayoría de la gente está aquí a título individual […] Somos vecinos de Gamonal y la mayoría de nosotros no pertenecemos a partidos políticos, y a los que pertenezcan, en estos momentos y en esta cuestión, no les interesa ni la política ni los partidos políticos y punto”.

Desmintiendo la instrumentalización que algunos partidos o colectivos pudieran haber hecho de las protestas, Berta destaca un elemento muy importante en la composición de las luchas cuando afirma con orgullo que, en Gamonal, “los que más se han movido son los que tienen más futuro… y que no se retienen, la mayoría son los jóvenes. Pero jóvenes no de fuera eh, jóvenes de aquí de Gamonal. Yo llevo 30 años aquí y me conozco a muchísima gente, esto es un pueblo […]. No sé si los colectivos del 15M también están allí. Yo lo único que puedo decir es que la gente que ha estado en las manifestaciones, la gente que ha estado en las asambleas y la gente que ha estado en la cárcel todos son de aquí, del barrio, de aquí de Gamonal. No ha habido intrusos. No ha habido “violentos”,…los únicos violentos son los antidisturbios, la gente va de forma pacífica y si tu atacas pues responden, y para la gente joven, pues es su futuro […] Todos los chavales que estaban fuera por trabajo o no sé qué, se han vuelto por el fin de semana y se han unido a las protestas. Yo creo que esto ya es una chispa que se va a correr por todos lados”.

A partir de estas consideraciones, las verdaderas razones que sustentan la protesta vecinal en contra de la transformación de la calle Vitoria muestran un peso mucho más consistente respecto a la superficialidad de las posturas que muchos medios, autoridades, e incluso la administración, se han empeñado en mantener desde el origen del conflicto. “Lo que no queremos es que se recurra a nuestro dinero, porque Gamonal es un barrio obrero con 18.000 personas en el paro, todos jóvenes y de 40 años”, afirma Berta, y quejándose de la falta de trasparencia por parte de las administraciones denuncia los clientelismos políticos y los intereses privados en la ejecución de las obras del Bulevar: “aquí es que hacen las cosas siempre por nocturnidad y alevosía, que te despiertas un día y te encuentras una maquina haciendo una zanja. Vamos a ver, aquí siempre hay interese ocultos. Aquí el Sr. Méndez Pozo es el dueño y Señor de Burgos, él que adjudica las obras a quien le da la gana y a quien quiere, íntimo amigo de este alcalde, del otro y de él de la moto. Y entonces ahora le ha parecido estupendo levantar una calle cuando tiene otro bulevar empezado desde hace tres años y sin terminar. Vamos, la cosa no está nada fácil…, pero es que no vamos a ceder. No se cede, nuestra posición es inamovible, que tapen la calle y que se vayan las máquinas y los antidisturbios porque es que parece esto una ciudad tomada”.

A las declaraciones de Berta se añaden las argumentaciones de otra vecina, Lourdes, trabajadora social en Gamonal durante los ’70: “yo creo que debajo de todo este lío hay sospecha, y muchas, pero lo difícil es demostrar estas sospechas. Lo que parece particularmente descabellado es que se haga un bulevar cuando el barrio necesita un montón de cosas que no tiene, y esto va a suponer aumentos de precios en los pisos y una deuda pública casi triplicada”.

En esta dirección, para Lourdes las protestas actuales sólo pueden entenderse si se toma en consideración la composición socio-económica y la evolución histórica de Gamonal a partir de su propia planificación, que fue subordinada a las exigencias de la actividad industrial y en favor del aumento del espacio urbano edificable en el resto de Burgos: “Gamonal se formó como consecuencia de la inmigración de la gente de los pueblos a la ciudad, a principios de los ’60, cuando el alcalde de aquella época montó un Polo de Desarrollo Industrial y hubo una avalancha de gente del pueblo que se vino aquí, y entonces se construyeron casas de muy mala calidad para acoger a toda esa gente. Es el típico barrio obrero que queda en las afueras de la ciudad […]. Hasta el año ’55 se quedó como pueblo, a partir de aquel entonces se anexionó a Burgos, y empezaron los problemas”.

Lourdes, que por razones laborales conoce muy de cerca el sector de la construcción en Burgos, lamenta la escasa evolución de la vivienda social que se construyó para la población a consecuencia de la anexión de Gamonal al resto de la ciudad: “La vivienda en los años ’60 era una lotería, además haciendo casas a troche y moche, rápidamente, para resolver a esta gente, y donde las ansías de ganar dinero…, pues imagina, son casas de muy mala calidad, de pésima calidad. Estas fueron las primeras, luego hay otras casas de otro tipo, pero cuando se empezó a hacer eso no se tuvieron en cuenta muchas cosas, no había servicio social de ninguna clase, ni guarderías, apenas colegios, ni parkings…”.

A la par que la inmensa mayoría de los polígonos de viviendas que caracterizaron el desarrollismo español típico de los ’60, la realización de Gamonal fue el resultado de una “creación instantánea” que generó graves problemas estructurales desde el principio: viviendas de mala calidad, inexistencia o deficiencia de equipamientos básicos, falta de servicios sociales, etc. Es decir, se trató de alojar en las afueras de la ciudad a una clase obrera que tenía que ser convertida en la nueva y moderna “clase media”, hija de las políticas desarrollistas de los ministros del OPUS, más productiva y con mayor poder adquisitivo que pudiera enfrentar la naciente liberalización del mercado. Así que, si en el pasado la creación de Gamonal podía verse como la respuesta a una necesidad de carácter político – y no social- impulsada mediante un urbanismo tardo-franquista de corte clasista, hoy día las obras de construcción del Bulevar deberían ser entendidas dentro del marco de la globalización y la competencia actual entre ciudades en los procesos de regulación del valor de cambio del espacio.  En este sentido, la percepción mediática y la utilización administrativa de Gamonal en clave preferentemente política y económica es la evidencia de cómo la construcción del Bulevar puede funcionar como generador de importantes expectativas de capitalización de rentas mediante procesos de urbanización del espacio innecesarios o no prioritarios.

En otros términos, Gamonal es una escenificación dramáticamente real, y a escala local, de una situación y una dinámica global serializada que algunos autores denominan “acumulación por desposesión” y donde uno de los principales factores en juego es el espacio urbano. El guion es lo de siempre, y cuenta con tres actores principales: el político (con su administración ineficaz), las élites (con su poder económico), y el pueblo (con su lucha constante). Los dos primeros actores van de la mano, interesados uno y otro en el enriquecimiento mutuo, ya que el político asigna estratégicamente éste o aquél proyecto y el dinero de los impuestos va a parar en los bolsillos de las élites económicas. Acto seguido, se planifica una fastuosa obra de “transformación”, “regeneración” o “mejora” de algo que no necesita ninguna de éstas u otras intervenciones. El pueblo, en paro, empobrecido y extenuado, mira incrédulo, boquiabierto y desconcertado, pero no calla, y al ver al político gastarse el dinero público en cemento para que el poder económico pueda seguir aumentando su patrimonio y su domino, se vuelve protagonista y se rebela. Y es aquí donde entran en escena otros dos actores, de segunda pero imprescindibles: los medios de comunicación y la autoridad competente. El papel del primero es desinformar, el del segundo mantener “el orden público” utilizando la fuerza y la violencia. Periódicos, radios y televisiones se convierten así en el principal altavoz al servicio del poder económico (cuando no son ellos mismos), generando una descarada manipulación de la opinión pública mediante la criminalización de la protesta y la definición sistemática de los manifestantes como “radicales”, “anarco-insurreccionalistas”, “pseudo-terroristas”, “vándalos”, “incívicos” o “anti-sistema”. Es decir, comportamientos disidentes cuya “corrección” necesitaría y, a la vez, justificaría la intervención inminente de la autoridad a base de porrazos. Recordando las palabras de Berta, “no ha habido “violentos”,…los únicos violentos son los antidisturbios, la gente va de forma pacífica y si tu atacas pues responden, y para la gente joven, pues es su futuro […].”

Lo que podemos leer entre líneas en este guion es que el urbanismo neoliberal no puede garantizar el éxito de atractivos proyectos inmobiliarios y comerciales sin la generación de retoricas de deslegitimización de la conflictividad urbana. Como demuestra el caso de Gamonal, dicha retoricas estarían orientadas hacia el mantenimiento de la movilidad económica del espacio, necesaria para salvaguardar su condición de mercancía y perpetuar la producción de plusvalías económicas. Sin embargo, los inversores y planificadores de Gamonal han olvidado tener en cuenta que sus habitantes no son simples consumidores de su espacio, sino agentes que participan activamente en su proceso de urbanización articulando un denso sistema de cohesión social que reclama un uso extensivo y no instrumental del espacio. A pesar de los discursos y las retoricas del Poder, estos días Gamonal ha demostrado que la lucha vecinal es capaz de marcar una ruptura en la ejecución de las prácticas urbanísticas de la geografía del capital. Su resistencia transgeneracional, su rabia y su orgullo han confirmado una vez más que la lucha popular puede llegar hasta subvertir las relaciones de poder que dan forma a la ciudad neoliberal. Pero como nos enseñan los vecinos de Gamonal, que a pesar de todo siguen aún en la calle defendiendo su espacio, esta lucha ahora tendremos que mantenerla en pie.

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La rabia de Gamonal. Aspectos claves para entender un conflicto anunciado

Vecinos en la calle Vitoria, Gamonal | Fuente: Santi Otero (público.es)

Vecinos de Gamonal en la calle Vitoria | Fuente: Santi Otero (público.es)

por Doris Palacín (vecina de Gamonal) y Giuseppe Aricó (OACU)

Cualquier persona ajena a lo que está ocurriendo estos días en Gamonal podría fácilmente no entender por qué se están produciendo unas protestas tan contundentes en una ciudad aparentemente “tan tranquila” como Burgos. Para entender realmente lo que está pasando en Gamonal, es necesario escarbar mucho más en profundidad la superficie edulcorada de lo “inexplicable” que nos ofrece el discurso político y mediático dominante. En los vídeos editados por el Ayuntamiento de Burgos sobre el proyectado Bulevar de Gamonal se ve un carril bici, la ampliación de la zona peatonal actual, nuevos espacios verdes y zonas infantiles, así como la consecuente promesa de puestos de trabajo. Así presentado suena bien. Según palabras del concejal de Fomento, éstos vídeos fueron hechos para “comunicar las bondades del proyecto” ante las discrepancias de la Plataforma Bulevar Ahora NO y para solventar la supuesta falta de conocimiento que las personas de Gamonal tenían respecto al proyecto. ¿Dónde están, pues, las perversiones del mismo? Analicemos el proyecto sin música alegre de fondo.

Según la memoria publicada en la web del Ayuntamiento, el proyecto abarca, en una primera fase, el tramo de la calle Vitoria que va desde la Glorieta Bilbao hasta Eladio Perlado. Posteriormente, en una segunda fase, el Bulevar continuaría hasta Juan Ramón Jiménez, alcanzando una superficie total de 70.207,47 m2 de obra. Esto supone intervenir una de las arterias principales de la ciudad, una calle eminentemente comercial y vía de descarga del tráfico de Gamonal. Ya en la primera fase, cuyas obras comenzaron el jueves 9 de enero,  se planteaban transformaciones urbanísticas importantes. Algo que cuestionaría, de forma directa, el ingente coste del proyecto, los supuestos beneficiarios de su adjudicación y el impacto social del mismo sobre los vecinos. De seguir adelante el proyecto, el tráfico quedará reducido a un carril por sentido, en lugar de los dos actuales. En un principio se planteaba la opción de restringir el tráfico a los coches privados. Esto, sin embargo, fue rechazado posteriormente por el Ayuntamiento. Se llevará a cabo un aparcamiento a la altura del número 141 de la calle de Vitoria, frente a la Barriada Juan XXIII. En concreto, de dos plantas y 256 plazas de aparcamiento, las cuales posteriormente quedaron reducidas a 250, lo que supone la eliminación de unas 100 plazas de respecto a las 355 actuales, y con el agravante de ser en régimen de concesión por 40 años y al precio de 19.225 euros. Se creará un aparcamiento en superficie en la zona de las Torres, entre la calle Gonzalo de Berceo, Severo Ochoa y Manuel Altolaguirre, de 16.580,30 m2 y con 537 plazas de aparcamiento. Se construiría en un solar que, aunque la memoria señala que está en desuso, ya funciona como parking. Sin asfaltar, sí, pero parking al fin y al cabo.

En cuanto a los fundamentos estéticos que justifican este proyecto, en la memoria se apunta que “está basado en el principio de no discriminación o penalización al barrio de Gamonal”, y añade que “garantiza el tratamiento de la principal calle del Barrio de Gamonal en las mismas condiciones de diseño y calidad contemporánea que han permitido que el nuevo Bulevar ferroviario [ya existente en la ciudad] se convierta en una referencia a nivel nacional e internacional”. Con respecto a esto habría que investigar si, realmente, el barrio de Gamonal se siente discriminado por no tener en sus calles unas bombillas de diseño iguales a las que se pusieron en dicho Bulevar Ferroviario. También se sustituirá todo el mobiliario urbano y todas las canalizaciones de servicios (agua, energía eléctrica, alumbrado público, telecomunicaciones, gas natural y red de riego e incendios). Supuestamente, se encuentran deterioradas. Se prevé que las obras, adjudicadas por 7.893.234,54 euros el 10 de octubre de 2013, duren 16 meses y sean ejecutadas por la UTE Bulevar Calle Vitoria, formada por las burgalesas Copsa y Aroasa (del grupo Arranz Acinas), la constructora de uno de los socios habituales de Antonio Miguel Méndez Pozo, importante constructor conocido como “el Jefe”. Por otra parte, la dirección de las obras y el diseño del proyecto han sido adjudicadas a M.B.G. Ingeniería y Arquitectura SL, sita en el Edificio Promecal y propiedad del mismo Méndez Pozo, que cobrará 240.000 euros por ello. El circulo empieza a cerrarse.

Puestos de manifiesto estos aspectos, nos queda todavía una cuestión muy importante por aclarar: ¿qué repercusión tendría la ejecución de esta obra para el barrio? Los vecinos y vecinas que viven a ambos lados de la calle temen que sus edificios no estén preparados para que se abra un parking subterráneo frente a sus casas. Estos bloques de viviendas fueron construidos a finales de los años 60, en el lado de la barriada Juan XXIII, y a finales de los ’70 al otro lado de la calle. Las personas que compraron los pisos en ese momento eran, principalmente, emigrantes del campo con escasos recursos económicos que no se podían permitir el lujo de tener un coche.  Por eso no se construyeron garajes subterráneos. Por lo tanto, son edificios con pocos cimientos que podrían verse dañados por la obra. Además, según comenta Rosana, vecina arqueóloga, la calle Vitoria está asentada en un terreno inestable, formado por arenas y gravas cuaternarias. Y es que la calle Vitoria era la llanura de inundación del río Pico antes de que se comenzara a edificar, las aguas subterráneas son abundantes y permanentes en la zona, lo que también pone en tela de juicio la viabilidad del parking. Esa población que entonces emigró del campo a la ciudad es hoy una población envejecida que ha visto mermadas sus pensiones con los últimos recortes. Y las familias recién llegadas a la zona  son jóvenes de clase obrera hipotecados que, con suerte, han mantenido su trabajo. En cualquier caso, el grueso de este barrio de 90.000 habitantes no se puede permitir estos precios.

Analizadas éstas y otras características del proyecto se llega a la conclusión de que el Bulevar es totalmente innecesario ya que, lejos de solucionar el supuesto problema del aparcamiento del barrio, más bien lo privatiza, poniendo para ello en grave peligro la estabilidad de los edificios aledaños. Pero esto no es todo. Preguntando a los vecinos y vecinas a pie de calle sobre su parecer sobre la obra, la respuesta más común es que no es el momento para un proyecto así y menos con un presupuesto inicial de 8 millones de euros. En la calle la gente infla la cifra porque sabe que toda inversión de esta envergadura acaba siendo rebasada. En cualquier caso el mensaje central “Ahora no”, lanzado por la Plataforma Bulevar Ahora NO, ha calado en el barrio. Según comenta uno de los vecinos, no se puede gastar esa cantidad de dinero en el Bulevar cuando “se están cerrando guarderías, se reducen los presupuestos de los centros cívicos, se recorta en servicios sociales y cuando hay calles que no tienen alumbrado público”. Otro de los vecinos, teniendo en cuenta la situación de endeudamiento que tiene el Ayuntamiento, cuenta que “ni siquiera ha pagado el otro Bulevar”, y no entiende que ahora se empiece este proyecto. “Es un gasto del que se puede prescindir” – opina. Otra vecina señala que ha salido a la calle porque no quiere que el alcalde se ría de ella, “no ha preguntado a nadie. Y hay gente que se está quedando sin casa y sin trabajo. Ahí es donde tiene que ir el dinero”.

Por otro lado, los vecinos y vecinas entienden que este es un proyecto impuesto. A fecha 13 de enero, el Diario de Burgos desmentía que el proyecto no se hubiera difundido ni explicado: “El Ayuntamiento organizó una primera exposición con las 8 propuestas presentadas al concurso de ideas en la Casa de Cultura de Gamonal. Hubo otra en el centro cívico de Gamonal Norte, y los mismos paneles se mostraron también en el Cívico de Capiscol. Los redactores del proyecto, junto a técnicos del Ayuntamiento y al propio Ibáñez han mantenido decenas de reuniones en Gamonal y Capiscol, para explicar las obras y para coordinarlas. A propuesta de los vecinos se incluyó en la actuación la calle Doña Constanza, que no estaba inicialmente”. Sin embargo, lo que están diciendo los vecinos no es que el proyecto no se explicara, sino que no se tuvo en cuenta la opinión de aquella parte del vecindario que estaba en contra. Puede que tuvieran en cuenta sugerencias de los vecinos que estaban a favor a la hora de elaborar el proyecto, pero ¿cómo se encajó la negativa de la otra parte del vecindario? Para saber un poco más sobre este tema, preguntamos a Manolo, vecino presente en las movilizaciones desde el principio. Manolo apunta que el Ayuntamiento nunca ha querido escuchar al vecindario. Que cuando este proceso comenzó hace dos años, los vecinos y vecinas de Gamonal ya expusieron su rechazo al proyecto a través de unas urnas que se ubicaron en las exposiciones antes mencionadas. Según reconoció el concejal Ángel Ibáñez, votaron 3.000 personas pero ellos consideraron que era una parte residual del conjunto de la población que no había que tener en cuenta. Así, el Ayuntamiento prefirió escuchar al Consejo de Barrio que, posiblemente influenciado por su composición (fundamentalmente peñas financiadas exclusivamente a través de subvenciones del Ayuntamiento), votó a favor del proyecto.

Otro de los factores que han hecho que la gente salga a la calle, aunque aquí ya la intensidad depende del bagaje de cada persona, es la sombra de la corrupción urbanística y el hartazgo del fomento del ladrillo como motor económico. En general, la gente en la calle entiende que el proyecto en su totalidad ha sido adjudicado a la empresa M.B.G. Ingeniería y Arquitectura SL, propiedad de Méndez Pozo. En realidad se trata de un malentendido, ya que sólo se ha adjudicado a esta empresa el diseño del proyecto y la dirección de la obra. En cualquier caso nadie se explica el empeño del Ayuntamiento en seguir adelante con la ejecución del Bulevar si no es por la trama de intereses y amiguismos que se esconde detrás. “La obra pública está parada pero hay que seguir satisfaciendo las necesidades de los amigos, claro…” – comenta un vecino al respecto. La sombra de Méndez Pozo es alargada. Este hombre lleva años tejiéndose una tupida red de contactos e influencias en el seno del Partido Popular, algo que ha tenido una influencia indudable en las políticas locales de los Ayuntamientos de turno. Méndez Pozo es dueño de Promecal, un gran grupo de comunicación gestor de dos cadenas de televisión (Navarra Televisión y RTVCYL), frecuencias de radio, (Promecal explota sus frecuencias en Castilla y León de la mano de Onda Cero y gestiona Vive! radio, una radio fórmula con presencia en las 9 provincias de la región a través de 13 emisoras) y numerosas cabeceras de prensa (La Tribuna De AlbaceteDiario de ÁvilaDiario de Burgos, etc.). Esto le convierte en una figura para el sostén ideológico del Partido Popular y le otorga al tiempo una influencia incalculable. Lo que diferencia a Méndez Pozo de Berlusconi es que el primero, en lugar de optar por la política, optó por la construcción. Méndez Pozo ya fue condenado a siete años de prisión por el Caso Burgos, en base a un delito de falsedad en documentos públicos y privados en relación con distintas irregularidades urbanísticas en la ciudad. Su relación con el actual alcalde, Javier Lacalle, y su influencia en el desarrollo del proyecto son imprecisas. Pero el propio Lacalle, entonces concejal de urbanismo, ya se vió implicado en 2006 en otra gran polémica al haber realizado un viaje a la Costa Azul francesa con todos los gastos pagados por varios constructores encabezados por el hijo de Méndez Pozo.

Son muchas razones, concretas y relacionadas con el Bulevar, las que han llevado a las vecinas y vecinos de Gamonal a salir a la calle. Pero detrás de la contundencia de las acciones, detrás del pulso firme de los chavales al tirar las piedras y al quemar los contenedores, está la situación de mierda (perdonen las personas sensibles) a la que se ha llevado el entero país por las, mal llamadas, políticas de austeridad. La situación de desempleo, la subida de impuestos, la falta de medios para llegar a fin de mes, los desahucios, los recortes en los servicios públicos y el hartazgo con la corrupción política están presentes en las asambleas y en las conversaciones en la calle. Como decía un vecino, “esto es el reflejo de la situación general de descontento, del queme. Esto es el reflejo de las políticas nacionales, de Madrid”. Una vecina creía que esta movilización haría posible seguir con otras, para parar desahucios, para seguir movilizándonos. “Al estar ya organizados, será más fácil” – decía. Otro vecino esperaba que también fuera posible ir a más. “Ojalá sirva para que se nos quite la caraja”- declaraba. Otros, en cambio, lo veían como una protesta puntual en contra de un proyecto concreto. A pesar de la paralización temporal de las obras, anunciada ayer por el propio alcalde Lacalle, los vecinos de Gamonal desconfían y siguen apropiándose con orgullo de la calle Vitoria. La real evolución de esto sólo el tiempo lo dirá, de momento lo que está claro, y que coincide con uno de los cánticos vecinales, es que “quien siembra miseria, recoge rabia. ¡Rabia, rabia, rabia!”.

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Efecto Gamonal

manibcn_gamonalEMPEZAMOS LA CAMPAÑA POR GAMONAL

Puede ser la mecha que encienda el país y esta pagina está creada para darle toda la cobertura que se necesite a este barrio y a todos los que sufran la represión política que se está dando en España. ¡Este es el efecto Gamonal!

+ info: http://efectogamonal.tk/

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