Archivo de la etiqueta: Neoliberalisme

Movimientos sociales y soberanía alimentaria en Barcelona

0077

Pancarta en el Hortet del Forat |Giuseppe Aricó

por Ana Karina Raña, investigadora visitante en el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà

Una reconocida característica del capitalismo en su expresión neoliberal es la extensión de sus esquemas especulativos inherentes a cada uno de los ámbitos que constituyen la vida social. Así, y desde hace algunas décadas, aquellas cosas que eran entendidas como parte del interés colectivo de las sociedades están ahora gestionadas y resignificadas por la lógica del libre mercado que ocupa más y más espacios. lo que comemos no escapa a esta construcción. Nuestra restringida capacidad de decisión respecto a lo que consumimos se exacerba en las ciudades que dependen, en gran parte, de las cadenas de distribución de alimentos desde los círculos productivos hacía su interior.

Sin embargo este proceso de frenética mercantilización encuentra resistencias desde diferentes flancos. Uno de ellos se da a través de los movimientos sociales, organizaciones y el activismo que se han ido extendiendo y que cuestionan justamente el carácter exterminador del sistema combatiendo desde lo colectivo al individualismo precarizante que el neoliberalismo ha instalado. Estas resistencias generan actitudes, acciones e interacciones que construyen una lógica diferenciada y que encuentran en su práctica cotidiana la reafirmación de sí mismos intentando paralelamente recuperar aquello que la generación de beneficios tiene tan cómodamente secuestrada. Así temas como el acceso a la vivienda o a la educación se propagan globalmente como puntos de oposición a lo que se constituye como un modelo dirigido a la rentabilidad, dentro de esto el ámbito alimentario no es una excepción encontrando también un nicho de acción en Barcelona.

IMG_4106 (1)

Ronda de reciclaje alimentario en el Ateneu L’Entrebanc | Ana Karina Raña

De este modo, diversas iniciativas incluyen la alimentación dentro de una interpretación amplia de la sociedad y que vinculan acciones consistentes con esta visión tanto más holística. Estas incorporan el tema alimentario de dos maneras, no mutuamente excluyentes pero que son analíticamente diferenciables. La primera, como parte de una crítica generalizada al capitalismo y al avance de las políticas neoliberales dentro de la producción alimenticia, está vinculada al movimiento por la soberanía alimentaria, concepto que incluye de no sólo una alimentación sana o accesible sino que también toma en cuenta factores medio ambientales, culturales y de justicia social. Esta posición se encuentra enraizada sobre la crítica a la mercantilización de los sistema productivos alimentarios adquiriendo relevancia así el incremento en los procesos de descampesinización en diferentes partes del mundo y las consecuencias que esto tiene en términos demográficos y de desdemocratización incluso en contextos no rurales. La soberanía alimentaria hoy en día se entiende como una postura con gran potencial transformador que instala una alternativa a la economía de mercado y las relaciones desiguales en las que ésta se basa.

Este razonamiento se expresa hoy en día en Barcelona a través de, por ejemplo, la proliferación de huertos urbanos. Sin embargo, la soberanía alimentaria traspasa estos espacios y se establece como una visión crítica entre los activistas que vincula el orden social a lo que comemos. Al mismo tiempo, estas experiencias no se limitan a la crítica a la cadena alimentaria productivista y a su posible sustitución. El caso de los huertos urbanos tiene también otra dimensión que se enlaza con la segunda forma de leer las acciones colectivas que relacionan movimiento social y alimentación.

La incorporación de la comida dentro de la actividad de organizaciones y activistas, no es en absoluto nueva, ha sido una parte importante de la evaluación que el activismo ha hecho históricamente. Los ya mencionados huertos urbanos o también las redes de reciclaje de alimentos, parecen integrar esta idea de la soberanía alimentaria en una representación aún más amplia de soberanía, donde se interpreta este elemento como una parte de la recuperación de espacios de desarrollo colectivo dentro de normas y fronteras establecidas por sus propios miembros. Esta visión antagoniza con el modelo neoliberal y por lo tanto propone una forma alternativa de hacer que la oficialmente estipulada.

Hort de Vallcarca | font pròpia

Pancarta en el Hort de Vallcarca | Giuseppe Aricó

En este sentido los huertos urbanos y las redes de reciclaje tienden a autoconvocarse en un ánimo de recuperación de espacios físicos y simbólicos, enfocándose en la construcción colectiva de los barrios en los que operan, e incluso superándolos creando redes de apoyo que sobreentiende el territorio como un espacio de realización política que no es posible de construir en el aislamiento. La instalación de jardines productivos, no cumple con el rol exclusivo de la provisión de alimentos, es más bien un punto de partida y de ruptura dentro del contexto urbano. Este fin, por cierto, reconoce la importancia de la alimentación pero ya no como una cuestión adosada al ámbito de lo privado si no que encuentra su máxima potencialidad en el integrarlo como un aspecto de la vida colectiva del barrio y de la ciudad. Así mismo, las redes que reciclan alimentos sitúan la recuperación de la comida como un asunto de sobrevivencia en condiciones particulares, pero también apunta a la consolidación de un modelo que fortalece el tejido social principalmente a través del ejercicio de la ayuda mutua, por mencionar algún factor, que viene a revertir el individualismo incitado por la economía de mercado.

Esta distinción que envuelve lo alimentario dentro del movimiento social no implica una homogeneidad de estrategias. Al contrario, la expresión de esto dentro del ejercicio de una soberanía ampliada implica la escenificación de tácticas que sobrevienen desde las particularidades del espacio que ocupan y se construyen, básicamente, en torno a ejercicios de ensayo y error que pulen y adaptan lo que primero es quizás más una intuición pero que su uso va enraizando hasta hacerlas rutinas. Estas dos formas de entender las prácticas enfocadas en la alimentación, la de relevancia de la soberanía alimentaria y la que reconstruye los lazos sociales dentro de los barrios como parte de la práctica política de los mismos, se encuentran entrelazados uno con otro de tal forma que constituyen un discurso unificado y que está permanentemente justificando uno la existencia del otro. Los espacios ganados y defendidos son espacios de lo social en donde pareciera que los elementos que lo componen vuelven a restituir un todo que había estado atomizado. La alimentación tiene un papel dentro de esto así como también lo tiene lo habitacional y el intercambio de bienes, aunque también la entretención y lo educativo.

IMG_4111

Entrada de Can Batlló | Ana Karina Raña

La experiencia que las organizaciones y activistas llevan a cabo hoy en día en Barcelona nos hablan de una construcción paralela que hace evidente y palpable las contradicciones entre lo que sale hacía afuera y lo que sucede de verdad en la ciudad. Ponen de manifiesto como la ciudad está siendo organizada para ciertos usos y actores, y para poner en juego ciertos recursos. La imagen de la ciudad juega en las ligas de las grandes ciudades globales y su realidad es que en la escala nuclear ese mismo modelo que se proyecta es el que se crítica a través de las prácticas de una buena porción de sus habitantes. Es tentador el preguntarse y pronosticar donde estas acciones van y cuáles son los posibles resultados de estas, sin embargo el crédito de esta forma de organizarse no está en su meta, sino más bien es el camino lo que las hace interesantes, profundas y muchas veces conmovedoras.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, Arquitectura, Cooperativisme, Investigació Social, Soberanisme

La gentificació. Fotogrames d’un barri en transformació

la_gentriFotografies i text de n’Álvaro Escudero i comentaris de l’OACU

L’any 1964, la sociòloga anglesa Ruth Glass va anomenar, per primera vegada, el procés que avui dia es coneix com a gentrificació: “un per un, molts dels barris obrers de Londres han estat envaïts per classes mitjanes. Cases rònegues i modestes -dues habitacions a dalt i dues a baix- han estat comprades, un cop els seus arrendaments s’han acabat, esdevenint residències elegants (…). Un cop aquest procés de ‘gentrificació’ comença en un barri, progressa ràpidament fins que tots els seus antics habitants de classe obrera n’han estat foragitats i tot el caràcter social del barri capgirat.”

A l’igual que els barris de Londres, el Poblenou de Barcelona fa anys que viu immers en aquest procés gentrificador que he volgut documentar.

Restes de l'actic barri del Tauat, primer assentament estable a aquesta àrea de Sant Martí de Provençals
Restes de l’antic barri del Taulat, primer assentament estable a aquesta àrea de Sant Martí de Provençals.
112
La antiga fàbrica de Cant Ricart encara espera el seu projecte definitiu i el començament de unes obres que, des del principi, van ser polèmiques.
113
Amb el pas d’una economia fordista a una altra postfordista o d’acumulació flexible, les grans factories del barri van desaparèixer. Només van quedar al Poblenou petites indústries, amb més possibilitats de sobreviure a la nova economia, i empreses de transport. Les indústries que una vegada van donar fama al barri van aprofitar la conjuntura per especular amb els terrenys i traslladar la seva producció cap a altres localitzacions.
114
Al final de la Rambla del Poblenou encara és possible veure alguns restes dels antigues habitatges del barri que resisteixen.
115
La finalitat de les xemeneies de les antigues factories és donar-nos a entendre la necessitat de les transformacions produïdes, a més de pal·liar, en certa mesura, la magnitud del canvi.
117
Allò nou i allò antic conviuen al barri del Poblenou. L’edifici blau és un dels pocs exemples d’habitatge públic construït al Districte 22@.
118
El que si ha aparegut al barri són instal·lacions artístiques i galeries d’art en búsqueda d’amplis espais i sòl barat.
119
Mentrestant continuen les promocions d’habitatges.
11101
Els antics espais industrials estan plens de nous edificis d’oficines i hotels. Els hotels són la nova indústria local de la ciutat i el Poblenou en té uns quants.
111111
La transformació productiva ha portat, a més, un canvi en el teixit social. De gent de fàbrica a gent de platja.
11102
Artistes i activistes del barri tracten de plasmar part de la memòria popular en algunes de les parets buides.

 Si vols descarregar el treball complet, fes click aquí.

2 comentarios

Archivado bajo Antropologia urbana

Urbanisme antipersones

Fons: OACU

Fons: OACU

L’Ajuntament de Barcelona expulsa el veïnat dels espais públics per beneficiar l’hostaleria i la indústria turística

Per Marc Rude (@marcrude) de La Directa @La_Directa

Si viviu a Barcelona o hi aneu sovint, segurament, us deveu haver fixat que, a les places, cada vegada hi ha més terrasses de bars. A la vegada, l’Ajuntament retira els bancs per seure que hi queden o bé els substitueix per cadires individuals, incòmodes i mal ubicades. Aquests canvis no són casuals, sinó que responen a un procés de transformació de l’espai públic per limitar els usos veïnals en benefici de l’explotació privada. Parlem amb Ivan Miró de La Ciutat Invisible, cooperativa santsenca que fa estudis, xerrades i rutes guiades que aposten per una Barcelona al servei de les persones que l’habiten. “Ens trobem amb un disseny urbanístic purament estètic. Es tracta d’una planificació urbana no democràtica, que porta a la mercantilització i la venda de la ciutat, en lloc de construir-la com un lloc on viure”, explica Miró.

A pocs carrers de La Ciutat Invisible, trobem la cooperativa d’arquitectes La Col. Entrevistem dues de les seves membres, que consideren que “l’Ajuntament vol convertir l’espai públic en una postal (…) Hi va un públic i se la mira. No ha de ser un lloc on la gent faci activitats”. Els bancs són un bon exemple: “Abans, a la plaça d’Osca de Sants, hi havia bancs llargs per poder seure, reunir-se… Ara, els han substituït per bancs individuals. Són bancs antipersona, col·locats a distància per dificultar la conversa i la relació social”, comenten a La Col. “Ja no existeixen espais sense pavimentar. Tot són places dures. Les que encara tenien algun raconet, algun tros de verd, l’han perdut. No hi posen arbres perquè no hi hagi ombra”, lamenten les arquitectes. “Al mateix temps, tot és uniforme; s’aplica el mateix model constructiu a tot Barcelona, fet que trenca la peculiaritat dels barris”. Per elles: “Aquest urbanisme té la intenció de modificar la conducta de la gent. Les places es conformen com a llocs de pas, que no convidin a quedar-s’hi. El missatge és que el carrer no és un lloc on fer vida, que has de seure a les terrasses perquè hi estaràs més còmode, perquè podràs beure alcohol sense que et multin… pagant, és clar”.

Espais policia

Dialoguem amb Giuseppe Aricó i José Mansilla, de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU). Reiteren que “s’actua sobre l’espai per modificar actituds, conductes i formes de relació social que no encaixin amb el model de ciutat com a objecte de consum”. Es tracta d’una política urbanística neoliberal que, tot i que ha arribat al seu clímax amb el mandat de Trias, es remunta deu o quinze anys enrere.

“El civisme és l’embolcall discursiu ideològic de tot plegat. Mitjançant la distinció entre cívic/bo i incívic/dolent, es busca el consentiment de la gent cap al model”, comenta Mansilla, “només pots actuar dins una matriu que et dicta com ho has de fer; l’ordenança cívica de 2005 reflecteix la intenció de regular tots els àmbits de la vida social”. L’objectiu de l’Ajuntament és eliminar obstacles de l’espai públic, tan arquitectò- nics com humans –les persones amb pocs recursos–, per facilitar l’explotació lucrativa dels llocs comuns. “Les normatives i les intervencions urbanístiques són dues cares de la mateixa moneda”, afegeix Aricó.

Una ordenança ‘lliberticida’

El cooperativista Ivan Miró considera que “l’ordenança del civisme és la carta magna de l’urbanisme lliberticida; pretenia modelar el comportament social a la ciutat orientant-lo a la productivitat i la mercantilització, sense donar cabuda a la dissidència i la pobresa; és una manera d’ordenar la conducta pública des d’un punt de vista securitari, autoritari i racista”. Per a Miró, l’auge del civisme va resultar del fracàs del Fòrum de les Cultures de 2004. “Fins llavors, la marca Barcelona s’havia volgut vincular a un estil de vida lliure i rebel, però, després de l’intent frustrat de comercialitzar aquest esperit, una aliança formada per CiU, La Vanguardia i el lobby hoteler va aconseguir imposar un populisme urbanístic de tolerància zero, inspirat en el de l’alcalde novaiorquès Rudolph Giuliani”.

“Paradoxalment, es penja una etiqueta progressista a tot el procés”, destaca l’antropòleg José Mansilla. “La regidora del PSC Itziar González va ser qui va posar en marxa el model a Ciutat Vella; ella parlava d’urbanisme preventiu i de microurbanisme social. L’Ajuntament va marcar una trentena de punts negres, com ara la plaça George Orwell del Raval (altrament coneguda com a plaça del Tripi), on es reunia certa gent que encaixava amb les categories d’alcohòlic, ionqui, llauner, motxiller…”. Per vergonya de la memò- ria de l’autor de 1984, la plaça que du el seu nom va ser el primer lloc on el govern municipal va instal·lar càmeres de videovigilància enfocades als espais públics. Les escales van ser substituïdes per una inclinació incòmoda i, ara, el Tripi és ple de terrasses, principalment, d’ús turístic, com també passa a la propera plaça Reial.

Terratrèmol turístic

“El turisme de masses és una indústria que requereix el monopoli de l’espai públic. Demana una planificació urbana al seu servei, fet que acaba amb la complexitat dels usos comuns”, explica Miró. Aquesta allau comporta “l’empobriment de la diversitat i l’aniquilació de la vida quotidiana” continua. “Les habitants es veuen expulsades dels epicentres d’aquesta indústria… i cada dia n’hi ha més: el Poble-sec, el Clot, les Glòries… La taca d’oli s’estén per la ciutat. Al mateix carrer Olzinelles, aquí a Sants, hi volen fer un smart hotel!”, s’indigna Miró. Segons els antropòlegs Aricó i Mansilla: “L’obsessió de l’Ajuntament per regenerar la ciutat va enfocada al turisme, la gallina dels ous d’or de la qual poden treure més diners. I, quan parlen d’un turisme de qualitat, es refereixen a atreure visitants amb més poder adquisitiu”, comenten. “D’altra banda, als llocs on no hi ha turisme, no hi ha inversió municipal”.

Reapropiar-se dels espais

“La ciutat està dissenyada perquè facis l’activitat que toca allà on toca” –expliquen les arquitectes de La Col. Sovint, però, hi ha alguna activitat que s’apropia de l’espai de manera imprevista. La plaça del MACBA, un exemple clar d’espai de postal, difícil d’habitar i fàcil de controlar, va començar a convertir-se en una pista de patinatge. “Les skaters van ser perseguides i multades fins que l’Ajuntament es va adonar que podia reconvertir-les en producte comercial. Ara, les marques de moda paguen diners a la gent que patina perquè dugui les seves peces”, recorden. Des de la cooperativa, han fet diverses accions com posar plantes, jocs i cadires al carrer Ciceró de Sants o allargar els bancs de la plaça d’Osca. “Quan fa bo, traiem la taula fora i dinem allà. A molts barris, baixar cadires al carrer era tota una tradició, que ajudava a crear vincles. Ara està prohibit. Quan ho fem, el veïnat s’hi interessa, algú baixa postres… però les noves generacions ja han estat educades per no sortir. Si tot continua igual, no podrem ni sabrem fer ús de l’espai públic”. Miró és més optimista: “Crec que Barcelona té una capacitat de resistència molt alta i hi ha barris que encara mantenen l’autonomia social. Sempre hi ha hagut una pugna entre l’oligarquia i les classes populars, que continua oberta. Així com altres ciutats europees han estat domesticades, la Barcelona irredempta i irreverent continua sent capaç de desenvolupar la seva manera de ser i de mantenir el pols al model mercantilista de ciutat”.

—–

Si voleu descarregar l’article original en pdf, així com altres continguts, cliqueu aquí.

1 comentario

Archivado bajo Antropologia urbana, Arquitectura

Publicación del libro “Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales” (Pol·len Edicions, 2015)

Sin título-1

por OACU

Durante las últimas décadas, la lógica de mercado ha ido penetrando cada vez más en el campo de la planificación urbanística y los discursos político-económicos que regulan los procesos de gobernanza urbana de nuestras ciudades. El propósito último de dichos procesos es tan claro como alarmante: revelar los supuestos beneficios de una ciudad ideal e idealizada, donde sólo tiene cabida la paz y la tranquilidad de unas relaciones socialmente estériles; una ciudad abstraída de cualquier tipo de control institucional, detrás de la cual no se esconde más que una mayor capacidad de compra y donde todo el mundo lograría una mejor calidad de vida. En definitiva, una ciudad exenta de su elemento constitutivo, el conflicto.

Sin embargo, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) seguimos insistiendo en la necesidad de repensar la conflictividad social, esto es, el “conflicto urbano”, desde una perspectiva que considera el uso del espacio no sólo como una estrategia de control, sino también como una manera de ocultar unas relaciones sociales siempre desiguales. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Institut Catalá d’Antropología (ICA) y del Departament d’Antropologia Social i Cultural de la Universitat de Barcelona (UB), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas a la “conflictividad” que caracterizaría algunas de las principales urbes europeas y latinoamericanas.

delantera

Pincha en la portada para ver o descargar el índice completo del libro

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que estas metrópolis están siendo sometidas hoy día, dejaría entrever el “resurgimiento” de una serie de reivindicaciones que, aunque parezca lo contrario, nunca nos han abandonado. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

Adoptando un enfoque empírico que analiza, y a la vez cuestiona, aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas, los textos recogidos en la publicación proponen una rearticulación crítica de un determinado tipo de urbanismo de corte neoliberal y del marco conceptual que lo apoya. Efectivamente, hoy más que nunca los investigadores sociales que nos dedicamos a estudiar la ciudad tenemos la obligación, dentro y fuera de la academia, de cuestionar ciertos conceptos considerados claves para el pensamiento urbano, señalar su inaplicabilidad empírica o bien revertir las lógicas dentro las cuales los mismos se reproducen.

En definitiva, tenemos el deber de cuestionar aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas contrastando esa quimera social de una ciudad armónica y pacificada, constituida por un espacio ilusorio que encubre la realidad y no contempla las inquietudes y las contradicciones entre clases, ni mucho menos la lucha entre ellas y sus necesidades. De lo contrario, y evocando un clásico tema de los Kortatu, estaremos condenados a vivir y habitar una “mierda de ciudad”.

Info sobre las próximas presentaciones en Barcelona

Compra un ejemplar

 

4 comentarios

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, Arquitectura, Investigació Social, Uncategorized

“Vallcarca: urbanicidi i reconstrucció”. Revisió històrica del procés urbanístic 1976-2015

a_expo_vallcarcaEl casc antic del barri barceloní de Vallcarca ha patit una degradació programada, sobretot des de mitjans dels anys 90. El que es veu ara és fruit d’un pacte premeditat, on han pesat més els interessos econòmics. Un urbanicidi gestat entre empreses promotores, constructores i l’ajuntament, que mai ha fet prou pel barri i el bé comú.

Tot i que hi va haver períodes de molta mobilització veïnal, sobretot arran de l’aprovació l’any 2002 de la Modificació del Pla General Metropolità previst per Vallcarca, el cas és que en els darrers anys la realitat física i humana del casc antic del barri, que va mantenir durant dècades un ampli teixit comercial, s’ha anat transformant en detriment de les seves veïnes.a_DSC_0338

Us presentem les fases imprescindibles per entendre com s’ha desenvolupat aquest procés urbanístic des de 1976 amb una seqüència de mapes i fotografies que ens indiquen la virulència i l’impacte físic que ha sofert el barri. Juntament amb un un recull cronòlogic d’informacions aparegudes en premsa, de les reaccions veïnals i del paper que han tingut les institucions.

Així ho veureu reflexat a la present exposició, que també senyala elements característics i del patrimoni paisatgístic i humà del barri. A més, s’aposta per oferir propostes per encarar la reconstrucció del barri que volem i al llarg de l’exposició, que pretén ser dinàmica i no només estàtica, es duran a terme activitats per debatre al voltant de la situació en que ens trobem actualment.

Tot i convertir-se en un  niu per l’especulació urbanística aquest és un barri amb personalitat pròpia i actualment tenim sort que diverses entitats culturals hi desenvolupen la seva activitat a distints espais i sobretot hi ha un veïnat compromés, que mira de fer front al cúmul de despropòsits de l’ajuntament.

Bona prova d’això són iniciatives com aquesta exposició de l’Arxiu i Observatori Actiu de Vallcarca que lluita per recuperar i documentar  elements d’identitat del barri, a banda de generar i visualitzar propostes de present i futur pel mateix.

Més info sobre l’Esposició aquí

1 comentario

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana

MEMÒRIA DE BARRI. Les lluites veïnals a Barcelona sota el franquisme (23/01/2015)

a_memoria_barris

Pots descarregar el cartell en format pdf aquí

Deja un comentario

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, Memòria, olvido

La vida en Venus: Efectos colaterales de una fantasmagórica regeneración urbana

Detalle del bloque Venus en el barrio de La Mina | Fuente: http://desdelamina.net/drupal/

Detalle del bloque Venus en el barrio de La Mina | Fuente: desdelamina.net

Articulo publicado originariamente en catalán en el dossier  “A voltes amb el conflicte urbà”, La Veu del Carrer, nº 133 (octubre 2014), Barcelona: FAVB, pp. 15-25.

por Giuseppe Aricó (OACU)

A finales de mayo de 2013, en la edición electrónica de un influyente diario nacional, se abrió una encuesta con el objetivo de recaudar la opinión popular sobre el posible derribo del imponente bloque de la calle Venus del barrio de la Mina, en Sant Adrià de Besòs (Barcelona). Sobre un total de 121 participantes, los resultados mostraron de forma tajante que el 75% de estos se decantaba por el “sí”, mientras únicamente el 14% apostaba por su mantenimiento y un 11% no tenía una opinión formada. Pero la importancia de esta encuesta no radicaría tanto en los resultados obtenidos -más o menos fieles a la realidad-, sino más bien en su significado en cuanto al modus operandi adoptado por las administraciones respecto a una operación socialmente tan compleja y delicada. Inicialmente programado para el año 2010, el derribo de Venus constituía la operación clave del Plan Especial de Reordenación y Mejora del 2002, es decir, el punto final del proceso de “regeneración urbana” enmarcado en el más amplio Plan de Transformación del Barrio de La Mina (PTBM 2000-2010).

Con un presupuesto inicial de más de 170 millones de euros, el PTBM preveía realizar toda una serie de actuaciones urbanísticas, acompañadas por un potente programa social, dirigidas a poner definitivamente fin a la “histórica conflictividad” del barrio. Hoy en día, el presupuesto general del PTBM ha superado ya los 200 millones, pero sus ambiciones fundamentales –“esponjar el barrio”, “mezclar población”, “erradicar la delincuencia” y “diluir territorialmente los focos de conflictividad”- no han llegado nunca a cumplirse sino, más bien, a encarnar el fracaso clamoroso del proceso de transformación al cual se pretendía someter La Mina. El hecho es que el PTBM había sido estratégicamente enfocado, desde el principio, hacia los intereses privados del mercado inmobiliario, subordinando la esfera social al mero beneficio urbanístico, con la consecuencia de pensar más en las piedras que en las personas. El caso más emblemático de tal subordinación estaría representado por el bloque Venus cuyo hipotético derribo implicaría un impacto social de proporciones considerables, puesto que exige el desalojo de unas 240 familias y su posterior realojo en nuevas viviendas de protección oficial repartidas por el barrio.

Sin embargo, tal operación no estaría explícitamente incluida dentro de las actuaciones de esponjamiento previstas por el PTBM, ni existiría ningún documento oficial que determinara sus reales motivaciones. Pero poco importa todo esto, puesto que Venus representaría la parte degenerada por excelencia del barrio, esto es, el punto cero desde donde abordar la gestión de la conflictividad en toda su complejidad. Su derribo tendría entonces la fuerza simbólica de empezar de nuevo, de cortar con los estereotipos y el pasado nefasto del barrio para construir “nuevos modelos de convivencia” y un futuro mejor para todos. En ningún momento se ha puesto en cuestión la relación de la vida social del barrio con su morfología urbanística, los orígenes de la cual se encuentran en plena época de desarrollismo franquista. Nadie ha recordado que la falta originaria de equipamientos y servicios básicos, junto con la concentración espacialmente impuesta desde el principio, podría ser el detonante de la competencia entre vecinos por recursos escasos. Nunca se ha tenido en cuenta que las políticas de vivienda, efectuadas sobre el entorno urbano por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, consiguieron configurar La Mina, y especialmente Venus, como lugar de destino de desalojos provocados por intervenciones urbanísticas en otras zonas del contexto metropolitano. Nadie ha pensado que la generación de conflictos permanentes entre los diferentes sectores de residentes podría tener su origen en el alta rotación del vecindario, con historias de vida y formas de usar el espacio muy diferentes y, a menudo, divergentes.

A pesar de que las administraciones hayan recientemente barajado diferentes alternativas al derribo de Venus, no tenemos igualmente que dejar de preguntarnos cuáles serían las responsabilidades de la administración local y autonómica en el lento – y quizás funcional – proceso de degradación del edificio al no intervenir en su posible rehabilitación e impedir a los vecinos hacer reformas o vender sus pisos en el momento oportuno. En noviembre de 2013, el Ayuntamiento de Sant Adrià volvió a hacer marcha atrás respecto al derribo de Venus, insinuando la probabilidad –no confirmada- de que finalmente la operación podría no llevarse a cabo. Sin embargo, en ese mismo año, el plazo de ejecución del PTBM fue finalmente pospuesto a finales del 2015 y, con ello, el destino incierto de Venus y de sus vecinos. Posiblemente, a lo largo de las últimas cuatro décadas la percepción y utilización de la Mina en clave preferentemente económica habría funcionado como productor de importantes expectativas de capitalización de rentas mediante su reiterada “regeneración”, con el efecto colateral –digamos- de aislar sus problemáticas y consolidar severos patrones de segregación socio-espacial. Todo esto tendría que obligarnos a repensar la manera en que solemos concebir este barrio y su “conflictividad”, que, en lugar de ser criminalizada y corregida, quizás debería de verse como parte de la estrategia del cómo personas sistemáticamente excluidas de la “ciudadanía” y la “normalidad” siguen insistiendo sobre su inclusión desplegando fuerzas y formas alternativas de vivir, habitar e, incluso, reivindicar su espacio.

2 comentarios

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, Investigació Social

Tots els mals de la caixa de Pandora

Font: OACU

Font: Albert Marín-OACU

 

Comunicat de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) sobre els fets de la #OperaciónPandora

El passat 16 de desembre, a un quart de sis del matí, un operatiu format per 700 agents dels Mossos d’Esquadra, complint ordres de l’Audiència Nacional espanyola (hereva del Tribunal d’Ordre Públic del franquisme), en un operatiu ordenat pel jutge Javier Gómez Bermúdez sota el nom de “Operació Pandora”, van realitzar 11 detencions en catorze registres, tretze a Catalunya i un a Madrid. D’aquestes detencions, 7 van ser confirmades en els següents dies, acordant,  a petició de la fiscalia, l’ingrés a presó preventiva a Soto del Real. Els escorcolls es van produir en pisos particulars i entitats: al barri de Sant Andreu de Palomar els Mossos d’Esquadra van entrar a l’Ateneu Llibertari del Palomar, i al Poble Sec a l’Ateneu Anarquista. D’aquests, el que tingué més ressò fou el de la Kasa de la Muntanya, històrica casa okupada de Barcelona que enguany compleix 25 anys d’activitat.

Les irregularitats en la realització de l’operació no han estat excepció: tot l’operatiu va ser legitimat per el secret de sumari, cap dels detinguts va poder conèixer de què se les acusava, cap còpia de l’inventari del material requisat va ser produïda, el tracte de les persones que habitaven als immobles objecte d’escorcoll va ser humiliant i arbitrari. No obstant, sí ha transcendit el contingut de la interlocutòria de presó preventiva on el jutge detalla que les imputacions són per un presumpte “delicte de constitució, promoció, direcció i pertinença a organització terrorista”, així com pel presumpte delicte de “tinença i dipòsit o aparells explosius i inflamables, incendiaris o asfixiants”. També hi suma el “delicte de danys i estralls amb finalitat terrorista”. En declaracions a La Directa, Jaume Asens, un dels advocats que assisteix a un dels detinguts denunciava l’opacitat de tot el cas: “tant els Mossos com la Fiscalia, parlen de terrorisme sense especificar ni tipus delictius concrets, ni fets concrets individualitzats que se’ls imputa a cadascun d’ells”.

Així mateix, en un text publicat també a La Directa, Benet Salelles, també advocat d’una de les detingudes, manifestava la seva perplexitat per la lectura de les interlocutòries de presó provisional: “El jutge parla dels GAC (Grups Anarquistes Coordinats) com a organització terrorista i utilitza per a provar la pertinença dels imputats els fets que assistien a reunions o que participaven en l’elaboració de butlletins i publicacions de caràcter propagandístic llibertari. Altra vegada, la democràcia segrestada. L’associacionisme com a base de la sospita. El vincle comunitari com a eix del mal. La reflexió i la ploma crítica com a indici terrorista. La resolució judicial no concreta cap relació de les persones detingudes amb cap bomba concreta, amb cap explosió, amb cap dany, ni tan sols amb un trist contenidor cremat. Ja tenim doncs la perversió conceptual servida: el terrorisme ja no es genera amb atemptats contra les persones o els béns, la intimidació pròpia de la violència política ara neix de les reunions, els butlletins, les cartes i la solidaritat amb les preses”.

Dels possibles atemptats terroristes res en sabem, ni nosaltres ni bona part de la premsa que ràpidament ha corregut a difondre la informació policial com a verídica. La pregunta és clara, de què s’acusa a les persones detingudes? On ha explotat un artefacte? Qui ha mort, o resultat ferit, per un “atemptat anarquista”? Ens trobem no solament davant d’un indiscutible intent de demostració de força i de poder per part de l’Estat, sinó també d’una clara i evident expressió de com s’articulen els processos de construcció ideològica de l’enemic, que són posats en marxa en el marc del que no poden ser sinó desesperades temptatives per mantenir l’hegemonia de l’ordre social, polític i econòmic imposat, reflex inequívoc de l’estat de debilitat i desestabilització que assetja el govern actual. Aquest enemic que ens han presentat podria resultar no ser més que l’encarnació resultant dels mecanismes o habilitats recursives de l’Estat destinades, entre altres coses, a allunyar el focus d’atenció de la gravetat – i responsabilitat – de l’actual situació política i econòmica, o de reafirmar una pretensiosa i autoadjudicada capacitat per mantenir aquesta seguretat ciutadana a la que s’apel·la amb la nova Llei aprovada pel Congrés en matèria del que no deixen de ser mesures de control i repressió de la protesta i la dissidència.

Aquesta projecció de l’encarnació del mal sobre un col·lectiu concret, així com el tractament mediàtic i policial estigmatitzant, li confereix a aquests col·lectius (anarquistes, okupes, etc.) la qualitat d’enemic identificable, reconeixible, que s’ha fet present entre nosaltres, i que de forma imprevisible podria tornar a aparèixer. D’aquesta manera, pretenenfer-nos creure que aquesta nova tipologia d’enemic, el ”anarquista terrorista” que pretesament habita i actua avui en dia a les nostres ciutats, s’ha estat amagant fins ara, invisible, sense que ningú s’hagués adonat de la naturalesa criminal de les seves activitats. La personalització, així com l’assenyalament topogràfic de “l’enemic”, aconseguida mitjançant els registres i detencions realitzades i la producció del discurs mediàtic sobre aquestes, acaba amb la condició abstracta de la trama genèrica, situant-la en punts concrets del mapa, en llocs com la Kasa de la Muntanya, a els Ateneus Llibertaris, etc., espais de debat polític, associacionisme de barri i difusió de cultura llibertaria que ara són criminalitzats.

No oblidem, com assenyalava immillorablement Gerard Horta a VilaWeb, que “l’etimologia del mot ‘terrorisme’ remet a processos d’aterriment social originats i exercits pels estats sobre les societats. Que l’Audiència Nacional espanyola o un dels seus servents al nostre país – el conseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya – pretenguin actualitzar periòdicament aquest vell dispositiu social consistent a projectar l’encarnació del mal en un grup de gent – heretges, bruixes, judeo-maçons, boigs, adolescents, comunistes, drogoaddictes, negres, immigrants, pobres, independentistes, okupes, musulmans o anarquistes –  no ens hauria de fer perdre de vista que l’únic immens mal que sofreix la majoria social treballadora és el fruit de la injustícia social i de la desigualtat de la societat de classes”.

Des de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) expressem tota la nostra indignació i ràbia cap a l’ocorregut, veritable caça de bruixes dirigida des de l’autoritat i destinada únicament a sacralitzar, una vegada més, el seu mesquí poder i insolent impunitat enfront del poble i la justícia social. Així mateix, manifestemla nostra solidaritat amb els que han patit i estan patint els efectes de l’Operació Pandora,les nostres companyes i els nostres companys, veïnes i veïns que son criminalitzades per lluitar al costat dels desnonats, els immigrants i els col·lectius discriminats, per canviar aquest sistema injust que ens vol mantenir quietes i emmordassades en la seva democràtica dictadura neoliberal.

Barcelona, 21 desembre de 2014

Per una versió més extensa del comunicat, podeu clicar aquí.

1 comentario

Archivado bajo Activisme, Antropologia urbana, Política

Barcelona i els museus com a pessebres

Foto: José A. Mansilla

Foto: José A. Mansilla

Aquest manifest ha estat elaborat per el GRECS-UB i subscrit per l’OACU


Fa diverses dècades que els museus etnològics clàssics, guarnits a les antigues metròpolis amb fons provinents dels territoris d’ultramar, experimenten arreu una mena de crisi existencial. Concebuts i inaugurats de manera general durant l’època d’exaltació de l’empresa colonial com a instruments de propaganda, només sobreviuen a la mala consciència dels temps actuals al preu d’una reformulació museogràfica completa, per bé que aquesta pot prendre rumbs molt diversos. En alguns casos, aplicant una estratègia generalitzada dins del sistema museístic internacional, aquestes institucions, hereves dels gabinets romàntics de curiositats, han encetat processos d’autorreflexió -i, per què no, també d’autoinculpació- que s’han traduït en una voluntat gradual de fer visibles, més o menys críticament, les condicions de la seva emergència i consolidació. En d’altres, en canvi, la manca de decisió o de lucidesa de la part dels seus gestors polítics i/o tècnics ha abocat aquestes institucions a una mena de paràlisi estructural, senyal inequívoc, de fet, d’una futura i, gosaríem dir-ne, saludable extinció.

Aquests dies, els advocats de la política cultural de l’Ajuntament de Barcelona deuen estar redactant recargolats al·legats, a l’aixopluc de les dignes teulades del Palau de la Virreina, allà on rau l’Institut de Cultura de Barcelona, per tal d’apagar l’incendi provocat pel judici públic obert al Museu Etnològic de Barcelona (d’ara endavant MEB). Com correspon als temps que corren, la polèmica envolta aquesta vegada la suposada cosificació de la cultura i identitat catalanes que posarà en pràctica el nou MEB a partir de l’any vinent, quan l’equipament torni a obrir les seves portes després d’una costosa reforma i d’una llarga inactivitat. Val a dir que les consignes i els titulars s’acostumen a imposar sobre els matisos, i que en aquest cas com en altres fóra convenient no confondre de manera automàtica els desitjos humits dels comissaris encarregats de vetllar pel compliment de l’ortodòxia amb el pragmatisme i el sentit comú que afortunadament encara romanen entre els tècnics que gestionen aquests equipaments. Sigui com sigui, se’ns anuncia que el MEB serà espoliat -mai millor dit- de les seves col·leccions exòtiques, provinents en la seva major part dels països que havien format part en un moment o altre de l’atribolat imperi colonial espanyol, com ara Mèxic, el Perú, el Marroc o Guinea, i que ara hauran de cercar la seva terra de promissió al flamant Museu de les Cultures del Món (sic). Mentrestant, el nou MEB farà, diguem-ne, de la necessitat virtut, aprofitarà una part de les immenses col·leccions de cultura material que havien estat integrades a l’antic Museu d’Arts, Indústries i Tradicions Populars i, sense cometes que convidin a prendre una certa distància irònica, rebem la noticia que d’ara endavant centrarà la seva proposta museogràfica en l’exhibició d’objectes que pertanyen a la(es) cultura(es) catalana(es), sigui el que sigui que això signifiqui.

A la dècada dels 90, alguns de nosaltres vàrem col·laborar en diverses ocasions amb el MEB. Recordem que aleshores la institució, un estrany i incòmode edifici construït a partir de mòduls hexagonals, a la manera d’un rusc gegant, patia malalties comuns amb la resta d’equipaments culturals de la ciutat (formació inadequada d’una part dels seus treballadors, un finançament que abocava al museu a la lluita per l’estricta supervivència, etc.) i d’altres que n’eren pròpies, com ara l’estructura rígida dels seus espais expositius, les dificultats d’accés a través dels camins de la muntanya de Montjuïc o la seva ubicació al revolt més tancat del vell circuit. Recordem, també, l’angoixa amb la qual l’equip de direcció vivia les magres estadístiques de visitants, sabedor que, davant l’embranzida neoliberal que assolava la Barcelona postolímpica, la supervivència del museu depenia del criteri insondable d’uns polítics ofuscats per assolir l’estricta rendibilitat econòmica dels equipaments culturals, insensibles a qualsevol raonament pedagògic, històric o fins i tot moral. Enmig del clímax d’autocomplaença que l’anomenat “model Barcelona” va estendre entre les elits polítiques i culturals de la ciutat, el MEB llanguia a les faldes de la muntanya, tot expiant els seus orígens colonials, amagat per no fer nosa, condemnat al silenci perquè el seu patrimoni semblava encabir-se poc i malament dins de la gàbia daurada en que s’havia convertit la xarxa de museus barcelonins. Just com ara.

Ara, les nostres elits polítiques i culturals –ves que no siguin, al cap i a la fi, les mateixes- han trenat afanosament una solució per al MEB, al seu parer definitiva, un nou pas de volta dins l’operació d’embelliment i frivolització de la gàbia cultural barcelonina: el Museu de les Cultures del Món. Emmirallat en Jacques Chirac quan era alcalde de Paris i va tirar endavant l’edificació del Musée du Quai Branly davant la protesta de bona part dels departaments d’antropologia francesos i la joia poc dissimulada dels grans marxants d’art, en Xavier Trias sembla disposat a deixar la seva empremta sobre el teixit cultural de la ciutat. L’obertura d’un museu adreçat, un cop mes, al turisme massiu que roda i s’escampa dia sí i dia també per la ciutat, i que pretén essencialment rescatar la dimensió estètica dels objectes pertanyents a altres societats, tot reproduint la vella consigna de que l’acte de contemplació deu ser independent de les condicions de la seva producció i apropiació –per tal d’evitar potser que informacions inoportunes contaminin el judici pur i sensible dels espectadors-, és el quid de tota aquesta operació, la guinda exòtica que li faltava al pastís –o pastitx- del carrer Montcada i, de retruc, l’equació que vol resoldre el vell problema del MEB.

Resulta un punt fascinant constatar cóm, al mercat cultural barceloní, es compleixen a la perfecció alguns dels corol·laris de la llei de Murphy, en particular aquell que afirma que tota situació dolenta és susceptible d’empitjorar. Resulta, en canvi, lamentable constatar la impunitat de què gaudeix una política cultural insensata, emparada en el control draconià de les subvencions i en les amenaces vetllades o simplement grolleres que deriven del seu exercici. La consigna, un cop més, és que qui s’hi mou no surt a la foto. Així, presentat com un fenomen meteorològic natural i inexorable, el futur Museu de les Cultures del Món s’aboca a la consagració superficial de l’exotisme, en el típic registre multiculti i acrític tant del gust de les nostres elits, tot eliminant aquelles col·leccions que, com ara les magribines –segurament les més nombroses de tot el fons del MEB-, trasllueixen una dosi massa reduïda d’exotisme i ens remeten en canvi massa explícitament a l’experiència colonial que va permetre la seva conformació. De retruc, el destí reservat per al nou MEB és un altre. Arrossegat per la marea identitària que ens envolta, però tal vegada conservant la particular declinació que CiU imposa sobre aquestes matèries –una celebració resistencial i teleològica de la cultura catalana, nodrint la ficció que aquesta es pot abstraure de la història de la lluita de classes i en definitiva de tota conflictivitat social-, el nou MEB sembla apostar, a falta d’altres informacions que ens indiquin el contrari, per la via de la reïficació del present i l’oblit dels episodis més foscos del nostre passat recent, per l’exhibició despolititzada dels estris de la nostra cultura material i, en fi, per la cultura entesa com a pessebre i no pas com a conflicte, negociació i, ocasionalment, entesa. Una mateixa paraula, sí, però amb significats diametralment oposats.

Deja un comentario

Archivado bajo Activisme, Etnologia, Política

Festes insolents d’estiu

Article publicat a La Directa el 16/07/14

Festa Major de la Barceloneta - Foto: Arnau Molins

Festa Major de la Barceloneta – Foto: Arnau Molins

per José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Fa unes setmanes, just la tarda abans del dia de Sant Joan, caminava amb un amic pel carrer central d’un barri de la perifèria de Barcelona. El passeig, vorejat per un parell de carrils destinats a la circulació de cotxes i amb una àmplia zona enjardinada en el centre utilitzada habitualment per ciclistes i passejadores de gossos, es trobava aquest dia agitat, gairebé nerviós. Ens dirigíem a una festa de la revetlla, un lloc sol·licitat i aprovat per les instàncies municipals del Districte i on, poc després, es duria a terme la tradicional festa del foc. No obstant això, a l’ambient era possible distingir qualque cosa inusual, gairebé com si una estranya vibració sobrevolés l’atmosfera del barri. De sobte, el meu amic em va fer notar la diferència: el passeig estava poblat de famílies que, de forma espontània, havien ocupat uns bancs habitualment buits i havien muntat la seva pròpia festa de la revetlla. “Això sí que és una apropiació insolent de l’espai urbà”, coincidirem els dos.

L’anècdota pot semblar irrellevant, però per a la realitat urbana que ens envolta, on cadascun dels aspectes de la ciutat –l’arquitectura, l’urbanisme o, fins i tot, els comportaments realitzables en carrers i places– està regulat i normativitzat, suposa tot un desafiament a la forma neoliberal d’entendre la ciutat. Plans Generals, d’Usos, Normes Subsidiàries, Ordenances Cíviques, lleis anti-botelló o la nova Llei de Seguretat Ciutadana disposen les formes, funcions i normes de conducta dins de les ciutats contemporànies. Unes ciutats on el valor de canvi, l’obtenció de plusvàlues o el rendiment econòmic de qualsevol activitat, es troben per sobre d’un valor d’ús que permeti als seus habitants exercir com a usuaris dels seus espais, més que com a possibles clients.

Des d’aquest punt de vista, la reproducció de les relacions socials a la ciutat contemporània apareixeria com un conjunt de dinàmiques d’oposició entre ordres espacials diferents. A un ordre relacional, que es manifesta de forma espontània i informal a l’interior de cada barri, es contraposa un ordre racional imposat des de l’exterior i d’una forma suposadament convencional i ineludible. El carrer, la sala d’estar de la ciutat, es configuraria així com un espai on els ideals ciutadans d’“ordre” i “civisme” han acabat per ser utilitzats com a simples categories d’adscripció sociocultural, portant a terme separacions polítiques i econòmiques entre els individus que no necessàriament són absolutes.

En una ciutat ideal, clara, ordenada i comprensible, és a dir dominable, la festa representa potencialment un moment de ruptura, o millor dit, una excepció respecte a la normalització i dominació del carrer. La importància de la festa com a excepció, o suspensió de les normes cíviques imperants, estaria en el fet de constituir una pràctica col·lectiva que tendeix a resignificar l’espai urbà en formes i maneres que qüestionen el protocol neoliberal d’una estèril reproducció espacial de les relacions socials. Engegant estratègies de simbolització que expressen un sentit col·lectiu d’apropiació del que avui es conceptualitza en termes d’ “espai públic de qualitat”, la celebració de la festa respondria idealment a la fal·làcia d’un urbanisme intrínsecament paradoxal, que s’obstina a prevenir allò que sent urbà és, per definició, imprevisible.

Moltes de les festes majors, alternatives o no, que es duen a terme als Països Catalans, així com en altres parts de l’Estat, complirien de forma tàcita però decidida una funció de desafiament a la consideració de l’espai urbà sota el prisma capitalista. L’apropiació festiva de l’espai públic simbolitzaria doncs una acció contestatària, i insolent, enfront de les retòriques racionalistes d’aquelles elits polítiques i econòmiques que s’obstinen a reglamentar l’espai urbà. Almenys una vegada a l’any, les diferents formes que prenen aquestes insolències –des de carreres populars, cercaviles, cavalcades, concentracions, desfilades o fogueres, etc.– suposen precisament diferents formes d’entendre l’espai on es reprodueix la vida quotidiana. És aquí on els protagonistes del fet urbà escenifiquen, a manera de ritual catàrtic, determinades coreografies simbòliques que permeten, a més, estimular identitats compartides.

L’anàlisi de la festa com un espai físic i humà, del qual emanen diferències i processos de contestació, acaba així per revelar l’exigència col·lectiva de desemmascarar, i fins i tot subvertir, les relacions de poder que donen forma a aquest orde racional espacialment imposat. No obstant això, aquestes formes de reivindicació festiva no són noves en el nostre entorn més immediat. Els primers moviments socials urbans que es van donar en el conjunt de l’Estat a les acaballes del Franquisme, ja van engegar alguns d’aquests desafiaments de forma molt original. L’inici d’algunes de les Associacions de Veïns i Veïnes que poblen avui dia les nostres ciutats –malgrat la seva, en moltes ocasions, posterior institucionalització– va ser precisament el de la contestació i la recuperació de l’espai urbà per a la celebració d’actes de caràcter popular, alguns dels quals havien estat fins i tot prohibits per la Dictadura. La simple decoració dels carrers i les places dels nostres barris ja suposava, de fet, una veritable forma d’insolència en un context on el fet popular no estava únicament segrestat, sinó també injuriat. D’altra banda, molts d’aquests actes es trobaven units de forma indissoluble a reivindicacions de caràcter polític, social o cultural, i on, la reivindicació de llengua, per exemple, ocupava un lloc destacat.

Encara que hagin passat algunes dècades des de llavors, moltes d’aquestes reivindicacions no han canviat. La Festa Major Alternativa de Manresa o la recent recuperació de la Diada del Cooperativisme al Poblenou, a Barcelona, les Festes de Grau, en Castelló o moltes de les festes estivals dels pobles de la Part Forana –aquella que no sol sortir en les guies per visitar Mallorca que porten en les butxaques els visitants de Magaluf–  són alguns exemples de celebracions que enarboren no solament una forma diferent d’entendre la realitat del món en el qual vivim –mitjançant la reivindicació de valors com l’autogestió i l’antifeixisme o la proposta d’alternatives econòmiques i socials com el cooperativisme– sinó que van de la mà d’altres formes d’entendre l’espai urbà.

Tot i que podríem caure en la temptació de contemplar el fet de ressorgir d’aquestes festes populars a la llum de certa evocació nostàlgica d’un passat que no tornarà, ens convé més associar-ho directament a la memòria col·lectiva dels nostres barris i ciutats, uns entorns que no deixen de mostrar una dinàmica convulsa i conflictiva, inherent a tota ciutat.

D’aquesta manera, aquelles famílies que el meu amic i jo contemplàvem poc abans de la revetlla de Sant Joan, lluny d’evocar un passat històric, duien a terme una de les accions més directament contestatàries que es poden realitzar avui dia: l’ocupació insolent del carrer a la ciutat.

Deja un comentario

Archivado bajo Antropologia urbana