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Naves vacías y generaciones perdidas. El “Brexit” visto desde Birmingham

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

por Cecilia Vergnano (OACU)

A las 7.30 de la mañana del 23 de junio, un vaivén de gente atraviesa la pasadera que lleva a la estación de Bournville, a pocos kilómetros del centro de Birmingham, para coger el tren local que les llevará al trabajo. Una mujer alrededor de los cuarenta a la entrada de la estación distribuye panfletos que invitan a votar remain. “More jobs”, “lower prices”, “worker’s rights protected”, “a stronger future”, son algunos de los eslógan que aparecen en el papelito que resume sintéticamente las razones del remain: “your vote can make a difference”, se añade además, “don’t let someone else decide your future”. Es curioso, pienso, porque son exactamente los mismos argumentos de los partidarios del leave.

Paseando por Birmingham, me aventuro hacia la periferia movida por una vaga sensación de haber sido catapultada de golpe en una pelicula de Ken Loach. Termino, así, en el working class neighborhood de Aston, un mar de casitas de dos o tres plantas, las clasicas terraced houses monofamilares de los barrios obreros ingleses, un poco desvencijadas, de ladrillos rojos y pequeños jardines. La atmosfera que percibo alrededor mío es rara, me cuesta definirla. No siento el mismo malestar y la misma desolación que he sentido pasando por las banlieus parisinas, no veo la misma masificación que he visto en los enormes bloques donde millares de familias viven concentradas como en enormes colmenas. Pero la basura acumulada en algunos rincones, los grandes scrapyards alrededor de la zona residencial donde se amontonan neumáticos y carcasas de coches, el olor acre que sale del gasómetro en las inmediatas cercanías, etc., me hacen pensar que Aston no debe que ser uno de los barrios más pudientes de Birmingham. Empiezo a entender, mirando a mi alrededor, que es más fácil pensar que el Brexit puede aparecer como una solución cuando no hay mucho que perder.

Siempre paseando por Aston descubro, con cierta decepción, que mi imaginario estereotipado de una british working class blanca no corresponde para nada a la realidad – por lo menos no en Birmingham, una ciudad en la cual las diferencias de tipo “étnico” o “cultural” están en el orden del día. Cruzo un par de hombres de piel blanca que satisfacen mis categorías mentales a lo Ken Loach – camiseta color blanco sucio y mono azul, la pinta de volver a casa después de un día de trabajo pesado-. Pero en el patio de la escuela local (son las 4 de la tarde) no veo un solo adolescente blanco entre los que juegan al fútbol. Por la calle, las mujeres y los hombres que pasan son casi todos de origen africano, jamaicano, árabe o asiático.

No me sorprendo, por lo tanto, el día siguiente cuando, en la charla inaugural de la conferencia universitaria por la cual me encuentro en Birmingham, la socióloga  Gurminder Bhambra critica duramente la “construcción de la identidad británica” como identidad “blanca”. “Why when we think about ‘British identity’ we think to white men? Why when we think about ‘British working class’ we think to white workers?” pregunta provocativamente desde el micrófono en el centro de la sala. Se trata de la segunda conferencia internacional sobre Superdiversity, un concepto que está consiguiendo cierto éxito en las ciencias sociales y está empezando a ser usado también por algunos políticos y periodistas en substitución del viejo concepto de “multiculturalidad”, ya viejo y superado. La Superdiversity hace referencia al proceso de “diversificación dentro de la diversidad”. La primera vez que escuché el término, recibí la siguiente explicación: “vaya, por ejemplo cuando vas a Londres y te encuentras en un barrio donde los únicos blancos son polacos recién inmigrados sin ciudadanía británica, y los ciudadanos británicos son todos originarios de países del Commonwealth y nadie entre ellos tiene la piel blanca.” Bhambra añade, al micrófono, que no existe ni ha existido jamás una Gran Bretaña independiente y, quien la añora, está borrando con una pincelada siglos y siglos de historia: Gran Bretaña siempre ha formado parte de algo más grande, el Imperio, la Commonwealth o la Unión Europea. Es inútil aclarar que en el ambiente cosmopolita universitario las preferencias se orienten indiscutiblemente hacia el remain – una vez más, como comunidad de intelectuales tenemos muy buenos argumentos, pero somos completamente incapaces de difundirlos afuera de nuestro circuito limitado.

A la vuelta de la conferencia, Edward, el chico de Birmingham que me aloja estos días, me pide que le acompañe a su mesa electoral. Faltan pocos minutos para el cierre. Edward Genochio, 38 años, nacido en Bélgica y con lejanos orígenes italianos, no es exactamente un tío cualquiera: ahora lleva una vida normal de empleado trabajando para una compañía de servicios informáticos, pero de joven ha sido el primer ciudadano británico en cumplir la empresa excepcional de llegar a China en bicicleta desde Gran Bretaña, atravesando el continente europeo, los Urales y pasando por Mongolia. Antes estudió Antropología Cultural y Geografía en la Universidad de Cambridge. Las conversaciones con él en estos días han sido brillantes y ricas de estímulos: es una persona instruida, open-minded, agudo y curioso. Ha sido, por lo tanto, sorprendente descubrir sus intenciones de votar leave. Caminando hacia el colegio me explica que cree en Europa, pero no cree en la Unión Europea. Y que si en el referendum ganara el remain, las autoridades europeas no modificarían ni una coma de sus políticas económicas antisociales. Su leave es, a su manera, un voto “de izquierda” o, al menos, de protesta.

La nota de Edward

Fuente: Cecilia Vergnano

Dentro de la escuela de ladrillos rojos, los miembros de la mesa electoral nos cuentan de la gran afluencia que ha habido durante el día. Bajo los últimos rayos de sol, se dispone poco a poco el cierre y la gente se prepara para la larga noche del recuento.  Y de hecho es una noche larga y poco tranquila. Me despierto a las 6 de la mañana con una nota de Edward (que se ha despertado aún antes que yo) por debajo de la puerta de mi habitación: “Looks like Brexit!!!”, dice, “48% remain, 52% leave. Keep your !! They will make you a millionaire! 🙂

Birmingham es de las pocas ciudades británicas en las que ha ganado el leave. Londres, Liverpool, Manchester, Bristol se han expresado en su mayoría para el remain. No puedo evitar relacionar este dato con la visión de hectáreas y hectáreas de terreno industrial que empiezan ya a pocas manzanas del centro de la ciudad. Es esta la característica más impactante de Birmingham, por cualquier lugar donde se pasee (no solo en el centro). De este modo, la pregunta que me carcome es: ¿cómo ha sido posible reconvertir la economía de esta ciudad? ¿Dónde han acabado los millares de personas que trabajaban en las fábricas? ¿De verdad ha sido posible reconvertir toda la mano de obra no cualificada de la industria en puestos de trabajo en los sectores servicios y terciario? Los datos estadísticos revelan que, de hecho, en Birmingham el desempleo no es muy alto (6,2%), pero superior al de Manchester, Bristol y Liverpool, y es más o menos el triple de la tasa media de desempleo en el Reino Unido.

Las fábricas y las industrias en desuso ahora no son nada más que espacio, espacio vacío. Espacio que se ha convertido también en mercadería. “Se alquilan almacenes”, se lee en la fachada de un viejo establecimiento, “Espacio en alquiler”, se lee en otra: “to let”, “to let”, “to let” parece un leitmotiv constante cuando se leen los carteles todo alrededor de las viejas fábricas y las naves en desuso. Se ha reflexionado ampliamente, en los últimos días, sobre el significado sociológico de este resultado electoral. Se ha hablado de un país partido en dos, dividido en términos generacionales, culturales y de clase, con los losers de la globalización por un lado y los winners por el otro. Los que sienten que no tienen mucho que perder, por un lado, y los que tienen unos capitales, una carrera o un recorrido de movilidad social ascendente para defender.

Fuente: Cecilia Vernano

Fuente: Cecilia Vergnano

Habiendo seguido con atención las últimas vicisitudes electorales en Italia y la inesperada escalada a los gobiernos municipales por parte del partido 5 Estrellas, no puedo evitar notar cierto paralelismo por lo que concierne al carácter inesperado de estos resultados electorales. A pesar del fuerte componente xenófobo y anti-inmigración de los partidarios del leave (entre los cuales muchos son inmigrantes, que reproducen dinámicas de “primeros llegados” contra “últimos llegados”), los Brexiters no son una masa indiferenciada de racistas, así como los 5 Estrellas no son una masa indiferencias de derechistas.  La xenofobia y la nostalgia por el Imperio se encuentran indiscutiblemente en la base de muchas preferencias de voto en el caso británico, pero también las dificultades relacionadas con el acceso a la vivienda y al trabajo, los salarios bajos, los recortes en políticas sociales y en el sistema sanitario y educativo, la incertidumbre sobre el futuro, y la sensación general que el progreso y la prosperidad prometidos gobierno tras gobierno habrían sido para “ellos” y no para “nosotros”.

Este “ellos” y este “nosotros” no son nada más que los indicadores de las desigualdades sociales, que la imposición de políticas neoliberales, a partir de los años 80, ha progresivamente contribuido a acrecentar. Así como la victoria de los 5 Estrellas en Roma y Turín se presenta como un indicador claro de la brecha entre barrios tradicionalmente acaudalados y los barrios gentrificados, por un lado, y las periferias por demasiado tiempo abandonadas, por el otro. Aunque haya pocas posibilidades de que este deslizamiento populista impulse políticas redistributivas realmente capaces de volver a dar voz y oportunidades a quien ha sido en estos años cada vez más marginalizado, el mensaje de descontento y desafío está claro. La sorpresa de los partidos que tradicionalmente han estado en el poder pero, sobre todo, de aquello que queda del centro-izquierda, frente al avance de estas reivindicaciones desde abajo, tanto en Italia como en UK, resulta particularmente molesto y arrogante. Es muy fácil tachar las masas de ignorancia e irracionalidad después de décadas en las que se ha hecho de todo para depolitizarlas, desmovilizarlas, infantilizarlas.

Justamente porque estoy muy lejos de la tentación de exaltar estos resultados electorales como si representaran una vuelta de cierta consciencia de clase, considero importante recordar qué pasa cuando dicha consciencia es adormecida o aniquilada. La antropología nos enseña que las relaciones sociales se construyen siempre a partir de construcciones identitarias, que crean cohesión en el interior de los grupos humanos. Sin querer idealizar las condiciones de trabajo intolerables que han caracterizado por décadas y siglos la vida a los trabajadores de las minas y las fábricas, es innegable que el orgullo, el reconocimiento social y el sentimiento de solidaridad de grupo que la identidad de minero u obrero genera pueden parecer preferibles a los de una identitdad de desempleado o precario. Pero mientras las viejas distinciones de clase han sido progresivamente desactivadas, unas nuevas categorías identitarias han ido progresivamente activándose. Estas derivas pueden manifestarse a diferentes niveles (a nivel de barrio, a nivel nacional, pero también a nivel global), incluyen las derivas de tipo étnico o religioso, o las derivas mafiosas (sobre todo en contextos locales), y pueden llegar hasta el terrorismo.

La nostalgia por el gran Imperio Británico y la reactivación de la identidad británica no es otra cosa que el resultado de la incapacidad (o falta de voluntad) de la clase política de volver a llevar la cuestión social (o sea la cuestión de la redistribución de la riqueza) a una arena propiamente política, sublimando dicha cuestión en narraciones distorsionadas. En el otro opuesto, otro tipo de deriva (el fundamentalismo neoliberal del Banco Central Europeo y de los mercados financieros que dictan ley en Europa) exaspera la cuestión y no ayuda a volver a situar el conflicto sobre el terreno de la política en el sentido tradicional del término.

En Turín como en Birmingham las hectáreas y hectáreas de terreno industrial abandonado nos hablan de una auténtica guerra que se ha combatido en tiempos de paz, que ha dejado detrás suyo escombros y desastres sociales. Naves desiertas y “generaciones perdidas”. A la hora de despedirnos Edward me pide una última cosa. “Por favor, cuando vuelvas a casa, explica al mundo ahí afuera que nosotros ingleses no tenemos nada en contra de vosotros. Es una lección que queríamos dar a nuestros políticos y a los políticos europeos. No sé si lo vamos a conseguir.” Intento, en la medida de lo posible, difundir el mensaje.


Esta misma entrada ha sido publicada, en italiano, en el Napoli Monitor

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Publicación del libro “Barrios corsarios. Memoria histórica, luchas urbanas y cambio social en los márgenes de la ciudad neoliberal”.

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Detalle de la destrucción del barrio de Vallcarca | Fuente: Jordi Moreno, fotógrafo y vecino de Vallcarca expulsado de su casa por la codicia de Núñez y Navarro

por OACU

Una de las principales características que definen la actual coyuntura político-económica a nivel global, especialmente en los denominados “barrios conflictivos”, es el extremo sometimiento del espacio vecinal a la disciplina del valor de cambio. De ese modo, la elaboración de planos y planes de reordenación urbanística, la creación de grandes eventos y la difusión de retóricas legitimadoras o deslegitimadoras, suelen presentarse como actuaciones necesarias para acabar con la supuesta “conflictividad” de dichos barrios. En realidad, se trataría de estrategias destinadas a garantizar que distintos sectores del capital inmobiliario, hotelero, turístico, financiero, etc., puedan reorganizar a su antojo el espacio físico y simbólico de esos emplazamientos en orden a extraer de ellos potenciales plusvalías.

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Es precisamente en base a esta interpretación que, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), nos permitimos parafrasear a Pier Paolo Pasolini y tildar a estos espacios como “barrios corsarios”, esto es, populares, periféricos y relativamente marginales, objetos de políticas de “centralización” y “redención” basadas en la obstinada mercantilización de su espacio, su tiempo y sus rasgos. La extrema deslegitimación de todo cuanto en ellos no encaja con la lógica del paisaje nos invita cuanto menos a sospechar que sus habitantes –sistemáticamente excluidos de la condición de “ciudadanos”, de la “centralidad” y la “normalización”- siguen negociando cada día unos límites físicos y simbólicos trazados por una verdadera utopía moderna: aquella que aspira a una ciudad homogeneizada, pacificada y socialmente rescatada de toda conflictividad.

Sin embargo, como lugares de lo popular, estos “barrios corsarios” seguirían constituyéndose como auténticos baluartes desde donde sabotear la imposición sistemática y burguesa de una ciudad exclusiva y, por ende, excluyente. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas dirigidas a escudriñar los mecanismos y los significados sociales que gobiernan las periferias urbanas, fundamentan las prácticas sociales y culturales de sus habitantes y explican sus estrategias de lucha, resistencia y reproducción socio-espacial.

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que esos barrios corsarios están siendo sometidos hoy día, determinaría el especial valor que asumen, para las ciencias sociales en general, las prácticas socio-espaciales que se producen en las periferias físicas y simbólicas de las principales ciudades globales. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

En esta dirección, el objetivo principal de esta nueva publicación del OACU será describir y analizar las formas específicas de (des)organización de la vida social, formas diferentes y contrapuestas a un orden político, económico, social, etc. Para rescatar su “valor patrimonial” y significado social respecto a la ciudad, la apuesta final será cuestionar estos mismos modelos de organización socio-espacial elaborados por las “culturas periféricas” en contraste con una supuesta “cultura central”, así como su “historia” y función económica y política respecto a un “centro” que, al fin y al cabo, siempre ha sido y será relativo.

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El mercado do Bolhão, Oporto: Abandono, resistencia y turismo (2/2)

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Fuente: Mercado Bom Succeso. Fuente: mercadobomsucesso.com

Por Adrián Hernández Cordero, geógrafo

La situación actual del mercado do Bolhão, entre la decadencia y la turisitificación, me hace pensar en el papel reciente que desempeñan los mercados municipales en el contexto urbano que, en la experiencia europea, cada vez más tienden a la tematización y espectacularización de la ciudad. No hay que ir muy lejos, en la misma ciudad y a poca distancia, el mercado Ferreira Borges fue reconvertido en un centro cultural, o mejor dicho de espectáculos, que incluye sala de conciertos, teatro y restaurante. Asimismo, el mercado Bom Suceso en la zona oeste de Oporto (muy cerca de la emblemática y turística Casa da Música) se convirtió en el prototipo de mercado de la ciudad, algo que resulta antagónico al mercado do Bolhão.

Prácticamente al mismo tiempo se intentó reconstruir ambos mercados, el primero experimento un proceso de trasformación justificado en que “se volvió inadecuado para las exigencias del siglo XXI”[1]. Se destruyó su interior, conservando sólo la fachada y se desplazó a sus comerciantes. El resultado fue un equipamiento con nuevas paradas, restaurantes y un hotel de cuatro estrellas y oficinas. Según el portal web del centro del recinto es un “mercado orientado hacia una ciudad cada vez más ajetreada y que dicta tendencia”[2]. Este discurso es una réplica de otras experiencias (como el caso de Santa Caterina en Barcelona[3]) para justificar la implementación de lo que Harvey (1989) llama el empresarialismo urbano, que busca obtener el máximo rendimiento económico de los centros de abasto, así como entenderlos como polos de desarrollo económico y urbanístico.

Las mujeres comerciantes con varias décadas de su vida en el mercado do Bolhão nos dijeron que las cosas no eran como antes, que los vecinos del centro ya no iban a comprar allí y que los pocos clientes que tenían eran de hace mucho tiempo. Eso lleva a pensar quizá desde una perspectiva no romántica, si es posible rescatar y redimensionar el intercambio, la interacción y la proximidad que se construye entre comerciante y cliente[4] en los mercados. Ésta generalmente trasciende las dimensiones racionales y económicas, aproximándonos a entender la ciudad como un espacio de afectos y emociones lo que Tuan (1974) llama topofilia o Massey (1995) sentido de lugar. Está claro que esta geografía de las emociones contribuiría a generar el empoderamiento y la confrontación del modelo mercantil de ciudad que se busca imponer. De este modo, se ayudaría a engrosar la resistencia vecinal que ya en una ocasión logró paralizar las obras de destrucción del mercado do Bolhão, sin duda el triunfo de una batalla en la lucha por la ciudad.

Mirando desde la mirilla de la parte alta del recinto soy espectador del movimiento del mercado. Recuerdo la frase que dijo una vendedora que más o menos era así: “Si todo ha cambiado tanto por qué no habría de cambiar aquí”. Mientras esa frase hace eco, me doy cuenta que no sé cuándo volveré al mercado do Bolhão, pero de lo que estoy seguro es que será diferente, pues es un apetitoso espacio para la especulación inmobiliaria. Deseo que los comercios no se conviertan en tiendas de cadenas globales que proliferan en los centros históricos de varias ciudades del mundo y que los vacían de su esencia urbana. Comienzo a sentir saudade… pero luego recuerdo que el vuelo de Ryanair[5] a Barcelona saldrá pronto y me voy corriendo con cámara fotográfica en mano y, por supuesto, con algunos souvenirs.

Bibliografía

Abrantes, Jorge (2013), “Impacto das companhias aéreas de baixo custo no desenvolvimento dos hostels nas ciudades de Lisboa e Porto”, Capa, núm. 1, pp. 111-127.

Ariño, Antonio (2002), “La expansión del patrimonio cultural”, Revista de Occidente, núm. 250, pp.129-150.

Carballo, Francisco y Vania Costa (2014), “Success factors of regional airports: The case of Oporto airport”, Tourism & Management Studies, 10, pp. 37-45.

Harvey, David (1989), “From managerialism to entrepeneurialism: the transformation inurban governance in late capitalism”, GeografiskaAnnaler, núm. 71, pp. 3-17.

Hernández-Cordero, Adrián y Aritz Tutor (2015), “Espacio público: entre la dominación y la(s) resistencia(s). CiutatVella, Barcelona”, en: Arico, Giuseppe, Jose Mansilla y Marco Stanchieri (coords.), Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismoneoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol•len Edicions.

Hernández-Cordero, Adrián (2014), “Gentrificación comercial y mercados públicos: El Mercado de SantaCaterina, Barcelona”, Working Paper Series, Contested Cities. ISSN 23412755

Hiernaux, Daniel y Carmen González (2014), “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, Revista de Geografía Norte Grande, núm. 58, pp. 55-70.

González, Sara y Paul Waley Traditional (2012), “Retail Markets: The New Gentrification Frontier?”,Antipode, vol. 45, pp. 965-983.

Massey, Doreen (1995), «The conceptualization of place». En: Massey, Doreen y Jess, Patt (eds.),A place in the world?Places, Cultures and Globalization. Oxford: Oxford University Press, pp.: 45-85.

Rebollo, Alfonso (2012), “El mercado de Bolhao. Oporto”, Distribución y consumo, Nov-Dic, pp. 58-59.

Robles, Juan (2010), “Pequeños comerciantes: mediadores urbanos”, Revista Chilena de Antropología Visual, núm. 15, pp. 164-190

Smith, Neil (2001). “Nuevo globalismo, nuevo urbanismo”,DocumentsdAnàlisisGeogràfica, núm. 38, pp. 15-32.

Tuan, Yi-Fu (1974), Topophilia: a study of environmental perception, attitudes, and values, Nueva Jersey: Prentice-Hall.

[1] Texto obtenido del portal electrónico del mercado http://www.mercadobomsucesso.com/el-mercado/

[2] Ibíd.

[3] Puede revisarse Hernández Cordero (2014).

[4] Ver Robles (2010).

[5]Es importante poner atención en el impacto del incremento del turismo en Oporto en relación con la líneas low cost como Ryanair. Esta es la principal aerolínea de bajo coste que opera en el aeropuerto de la ciudad; según (Abrantes, 2013) en 2012 transportó cerca del 54 % del tráfico aéreo. Carballo y Costa (2014), indican que Ryanair opera en el aeropuerto de Oporto desde 2005 y dada la importancia del enclave aéreo, en 2009 instaló una base de operaciones. Entre 2006 y 2012 Ryanair incrementó su volumen de pasajeros, transitó de 625.000 a 2.770.000,operando 33 rutas.

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El mercado do Bolhão, Oporto: Abandono, resistencia y turismo (1/2).

Turistas en el interior del mercado do Bolhão | Foto: Adrián Cordero

Turistas en el interior del Mercado do Bolhão | Foto: Adrián Cordero

Por Adrián Hernández-Cordero, geógrafo

Después de algunas derivas urbanas por el mercado do Bolhão en diferentes visitas a Oporto me decidí a escribir unas líneas sobre éste. Debo confesar que los mercados municipales siempre me han resultado atractivos personalmente y últimamente como objetos de estudio, sobre todo porque son espacios que hasta hace mucho se podía encontrar la esencia de lo urbano, es decir, el movimiento, el intercambio, la espontaneidad y la diversidad. Sin embargo, a partir de los últimos años experimentan un proceso de trasformación que tienden a convertirlos en espacio tematizados y excluyentes que replantean su función y significado en la ciudad.

Mi primer encuentro con el mercado do Bolhão fue accidental. Al llegar a Oporto tenía que salir en la estación del metro del mismo nombre del mercado. Cuando emergí de la realidad subterránea me encontré con una obra de una arquitectura monumental que me impresionó. Mi curiosidad de turista, sí, turista (a veces a los investigadores olvidamos que también lo somos, aunque la propia actividad etnográfica implica observar, escuchar, sorprenderse y mirar mapas)[1] me llevó a dar una primera husmeada por el mercado, a pesar de que traía en mi espalda la típica mochila de montaña Quechua y mi cámara fotográfica en mano que a todas luces me delataba como turista o mejor dicho mochilero (esas figuras urbanas que causaban temor al ayuntamiento de Barcelona por su “presencia incívica”[2] en el espacio público ).

Por suerte cuando traspasé el umbral del mercado respiré con tranquilidad porque me di cuenta que mi presencia intrusiva con la caracterización de mochilero prácticamente pasaría desapercibida, debido a que la mayoría de asistentes éramos turistas. Este es un fenómeno cada vez más común en la península ibérica, me vienen a la mente los casos del mercado de La Boquería en Barcelona, el mercado de San Miguel en Madrid o el mercado Encarnación o las Setas en Sevilla. Toma mayor fuerza el aporte de Hiernaux y González (2014), quienes argumentan que el turista adquiere tal relevancia que deja de ser un visitante efímero para convertirse en una presencia que también produce la ciudad y que se yuxtapone con la de los habitantes.

El interior del mercado do Bolhão contrasta con su monumental fachada, debido a que se encuentra con un importante deterioro físico. Las pocas paradas[3] que aún quedan ofrecen sus productos; mientras que en la planta alta, la mitad de los comercios están vacíos. El mercado se encuentra en un estado ruinoso, lo cual parece difícil de comprender puesto que cuenta con una ubicación céntrica privilegiada. El menoscabo de los mercados no es casual, Gonzálezy y Waley (2012) señalan que existe una política pública de desinversión gubernamental en los mercados, generando un imaginario que se asocia al deterioro físico y social, así como a las clases populares. En el caso del mercado do Bolhão en la actualidad se halla en un profundo estado de menoscabo que ha servido para crear proyectos de “renovación”, aunque en realidad eran de destrucción.

Según el periodista Santos[4], en 2007, el Ayuntamiento propuso demoler el interior del mercado y mantener la fachada con la intención de crear un nuevo recinto que se ajustará a la época actual. Sin embargo, el proyecto tuvo una importante resistencia por parte de comerciantes y vecinos que argumentando la defensa del patrimonio paralizaron las intenciones gubernamentales. El movimiento vecinal (al igual que en el caso del mercado del Born en Barcelona), apeló el recurso patrimonial para lograr que el recinto no fuera derruido, asumiéndose como un agente activador de patrimonio (Ariño, 2002), interpretándolo como un bien público vecinal que distaba del proyecto oficial. Después vino la crisis económica que golpeó con toda su fuerza a Portugal, implicando que el mercado siguiera deteriorándose, sus comerciantes cerrando sus paradas y los clientes ausentándose.

En las diversas visitas al mercado, al caminar por sus pasillos encontré los rostros con arrugas y las miradas profundas de sus comerciantes. Prácticamente todas mujeres mayores que llevan varias décadas en sus comercios que mayoritariamente han sido herencia familiar. Ellas, a través de su actuar cotidiano, ejercen un acto de resistencia, ofreciendo en sus paradas algunas frutas, verduras, quesos y embutidos. Al hablar con ellas[5] mencionaban que las ventas se habían reducido porque los vecinos ya no asistían al mercado. Mayoritariamente se sostienen de lo poco que venden a los extranjeros, es decir, a los turistas que son el principal público, aunque ello no ha implicado que las paradas de alimentos perecederos desaparezcan. Contrariamente, en los últimos años han abierto nuevos comercios regenteados por personasmás jóvenes que básicamente ofrecen imanes, llaveros, manteles y todo tipo de recuerdos para que los visitantes puedan materializar su visita a Portugal.

El estado ruinoso del mercado y sus vendedoras en resistencia me hacen caer en cuenta que justamente ese es el atractivo que tiene el mercado para el turismo. Vuelvo a posicionarme como turista-mochilero-investigador (¿acaso he dejado de hacerlo?), lo que en teoría busca un turista en su viaje es justamente la historia, lo auténtico y lo diferente. Así, el mercado y su estado ruinoso invitan a pensarlo como un monumento arqueológico que nos muestra parte de la historia de la ciudad. Pero este monolito tiene más ventajas, puesto que está vivo, es dinámico y su carácter de mercado “barato, salvaje y sucio” (Gonzáles y Waley, 2012) hace que resulte más atractivo para los visitantes, ya que al practicarlo es posible vivir una experiencia particular…

***La segunda parte del texto será publicada la próxima semana***

Referencias:

Ariño, Antonio (2002), “La expansión del patrimonio cultural”, Revista de Occidente,núm. 250, pp.129-150.

Hernández-Cordero, Adrián y Tutor, Artiz (2015), “Espacio público: entre la dominación y la(s) resistencia(s). CiutatVella, Barcelona”, en: Arico, Giuseppe, Mansilla, Jose y Stanchieri, Marco (coords.), Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales, Barcelona: Pol•len Edicions.

Hiernaux, Daniel y González, Carmen (2014), “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, Revista de Geografía Norte Grande, núm. 58, pp. 55-70.

González, Sara y Waley, Paul (2012), “Traditional Retail Markets: The New Gentrification Frontier?”, Antipode, vol. 45, pp. 965-983.

 

Notas:

[1] Puede revisarse la interesante discusión de Manuel Delgado al respecto. “Sobre el turista como flâneur y el valor eterno de lo efímero”. http://manueldelgadoruiz.blogspot.mx/2014/07/sobre-el-turista-como-flaneur-y-el.html También “Salvemos a nuestros turistas” http://manueldelgadoruiz.blogspot.mx/2015/03/salvemos-nuestros-turistas.html

[2] Véase Hernández Cordero y Tutor (2015)

[3]En España se nombra paradas a los establecimientos que hay en los mercados.

[4]“Mercado do Bolhão”, Hypotheses, Rogéiro Santos. http://hypotheses.org/16783

[5]Agradezco a Ananda Martins, quien estableció el contacto y tradujo simultánea las conversaciones con las comerciantes. Cuando en el texto me refieroa la tercera persona del singular hago alusión a esta situación.

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Movimientos sociales y soberanía alimentaria en Barcelona

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Pancarta en el Hortet del Forat |Giuseppe Aricó

por Ana Karina Raña, investigadora visitante en el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà

Una reconocida característica del capitalismo en su expresión neoliberal es la extensión de sus esquemas especulativos inherentes a cada uno de los ámbitos que constituyen la vida social. Así, y desde hace algunas décadas, aquellas cosas que eran entendidas como parte del interés colectivo de las sociedades están ahora gestionadas y resignificadas por la lógica del libre mercado que ocupa más y más espacios. lo que comemos no escapa a esta construcción. Nuestra restringida capacidad de decisión respecto a lo que consumimos se exacerba en las ciudades que dependen, en gran parte, de las cadenas de distribución de alimentos desde los círculos productivos hacía su interior.

Sin embargo este proceso de frenética mercantilización encuentra resistencias desde diferentes flancos. Uno de ellos se da a través de los movimientos sociales, organizaciones y el activismo que se han ido extendiendo y que cuestionan justamente el carácter exterminador del sistema combatiendo desde lo colectivo al individualismo precarizante que el neoliberalismo ha instalado. Estas resistencias generan actitudes, acciones e interacciones que construyen una lógica diferenciada y que encuentran en su práctica cotidiana la reafirmación de sí mismos intentando paralelamente recuperar aquello que la generación de beneficios tiene tan cómodamente secuestrada. Así temas como el acceso a la vivienda o a la educación se propagan globalmente como puntos de oposición a lo que se constituye como un modelo dirigido a la rentabilidad, dentro de esto el ámbito alimentario no es una excepción encontrando también un nicho de acción en Barcelona.

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Ronda de reciclaje alimentario en el Ateneu L’Entrebanc | Ana Karina Raña

De este modo, diversas iniciativas incluyen la alimentación dentro de una interpretación amplia de la sociedad y que vinculan acciones consistentes con esta visión tanto más holística. Estas incorporan el tema alimentario de dos maneras, no mutuamente excluyentes pero que son analíticamente diferenciables. La primera, como parte de una crítica generalizada al capitalismo y al avance de las políticas neoliberales dentro de la producción alimenticia, está vinculada al movimiento por la soberanía alimentaria, concepto que incluye de no sólo una alimentación sana o accesible sino que también toma en cuenta factores medio ambientales, culturales y de justicia social. Esta posición se encuentra enraizada sobre la crítica a la mercantilización de los sistema productivos alimentarios adquiriendo relevancia así el incremento en los procesos de descampesinización en diferentes partes del mundo y las consecuencias que esto tiene en términos demográficos y de desdemocratización incluso en contextos no rurales. La soberanía alimentaria hoy en día se entiende como una postura con gran potencial transformador que instala una alternativa a la economía de mercado y las relaciones desiguales en las que ésta se basa.

Este razonamiento se expresa hoy en día en Barcelona a través de, por ejemplo, la proliferación de huertos urbanos. Sin embargo, la soberanía alimentaria traspasa estos espacios y se establece como una visión crítica entre los activistas que vincula el orden social a lo que comemos. Al mismo tiempo, estas experiencias no se limitan a la crítica a la cadena alimentaria productivista y a su posible sustitución. El caso de los huertos urbanos tiene también otra dimensión que se enlaza con la segunda forma de leer las acciones colectivas que relacionan movimiento social y alimentación.

La incorporación de la comida dentro de la actividad de organizaciones y activistas, no es en absoluto nueva, ha sido una parte importante de la evaluación que el activismo ha hecho históricamente. Los ya mencionados huertos urbanos o también las redes de reciclaje de alimentos, parecen integrar esta idea de la soberanía alimentaria en una representación aún más amplia de soberanía, donde se interpreta este elemento como una parte de la recuperación de espacios de desarrollo colectivo dentro de normas y fronteras establecidas por sus propios miembros. Esta visión antagoniza con el modelo neoliberal y por lo tanto propone una forma alternativa de hacer que la oficialmente estipulada.

Hort de Vallcarca | font pròpia

Pancarta en el Hort de Vallcarca | Giuseppe Aricó

En este sentido los huertos urbanos y las redes de reciclaje tienden a autoconvocarse en un ánimo de recuperación de espacios físicos y simbólicos, enfocándose en la construcción colectiva de los barrios en los que operan, e incluso superándolos creando redes de apoyo que sobreentiende el territorio como un espacio de realización política que no es posible de construir en el aislamiento. La instalación de jardines productivos, no cumple con el rol exclusivo de la provisión de alimentos, es más bien un punto de partida y de ruptura dentro del contexto urbano. Este fin, por cierto, reconoce la importancia de la alimentación pero ya no como una cuestión adosada al ámbito de lo privado si no que encuentra su máxima potencialidad en el integrarlo como un aspecto de la vida colectiva del barrio y de la ciudad. Así mismo, las redes que reciclan alimentos sitúan la recuperación de la comida como un asunto de sobrevivencia en condiciones particulares, pero también apunta a la consolidación de un modelo que fortalece el tejido social principalmente a través del ejercicio de la ayuda mutua, por mencionar algún factor, que viene a revertir el individualismo incitado por la economía de mercado.

Esta distinción que envuelve lo alimentario dentro del movimiento social no implica una homogeneidad de estrategias. Al contrario, la expresión de esto dentro del ejercicio de una soberanía ampliada implica la escenificación de tácticas que sobrevienen desde las particularidades del espacio que ocupan y se construyen, básicamente, en torno a ejercicios de ensayo y error que pulen y adaptan lo que primero es quizás más una intuición pero que su uso va enraizando hasta hacerlas rutinas. Estas dos formas de entender las prácticas enfocadas en la alimentación, la de relevancia de la soberanía alimentaria y la que reconstruye los lazos sociales dentro de los barrios como parte de la práctica política de los mismos, se encuentran entrelazados uno con otro de tal forma que constituyen un discurso unificado y que está permanentemente justificando uno la existencia del otro. Los espacios ganados y defendidos son espacios de lo social en donde pareciera que los elementos que lo componen vuelven a restituir un todo que había estado atomizado. La alimentación tiene un papel dentro de esto así como también lo tiene lo habitacional y el intercambio de bienes, aunque también la entretención y lo educativo.

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Entrada de Can Batlló | Ana Karina Raña

La experiencia que las organizaciones y activistas llevan a cabo hoy en día en Barcelona nos hablan de una construcción paralela que hace evidente y palpable las contradicciones entre lo que sale hacía afuera y lo que sucede de verdad en la ciudad. Ponen de manifiesto como la ciudad está siendo organizada para ciertos usos y actores, y para poner en juego ciertos recursos. La imagen de la ciudad juega en las ligas de las grandes ciudades globales y su realidad es que en la escala nuclear ese mismo modelo que se proyecta es el que se crítica a través de las prácticas de una buena porción de sus habitantes. Es tentador el preguntarse y pronosticar donde estas acciones van y cuáles son los posibles resultados de estas, sin embargo el crédito de esta forma de organizarse no está en su meta, sino más bien es el camino lo que las hace interesantes, profundas y muchas veces conmovedoras.

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Publicación del libro “Mierda de Ciudad. Una rearticulación crítica del urbanismo neoliberal desde las ciencias sociales” (Pol·len Edicions, 2015)

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por OACU

Durante las últimas décadas, la lógica de mercado ha ido penetrando cada vez más en el campo de la planificación urbanística y los discursos político-económicos que regulan los procesos de gobernanza urbana de nuestras ciudades. El propósito último de dichos procesos es tan claro como alarmante: revelar los supuestos beneficios de una ciudad ideal e idealizada, donde sólo tiene cabida la paz y la tranquilidad de unas relaciones socialmente estériles; una ciudad abstraída de cualquier tipo de control institucional, detrás de la cual no se esconde más que una mayor capacidad de compra y donde todo el mundo lograría una mejor calidad de vida. En definitiva, una ciudad exenta de su elemento constitutivo, el conflicto.

Sin embargo, desde el Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) seguimos insistiendo en la necesidad de repensar la conflictividad social, esto es, el “conflicto urbano”, desde una perspectiva que considera el uso del espacio no sólo como una estrategia de control, sino también como una manera de ocultar unas relaciones sociales siempre desiguales. Por este propósito, y gracias al precioso apoyo del Institut Catalá d’Antropología (ICA) y del Departament d’Antropologia Social i Cultural de la Universitat de Barcelona (UB), hemos buscado inventariar diferentes aproximaciones metodológicas a la “conflictividad” que caracterizaría algunas de las principales urbes europeas y latinoamericanas.

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Pincha en la portada para ver o descargar el índice completo del libro

La puesta en relación de las diferencias, así como de las similitudes, entre las amplias dinámicas de transformación urbanística y social a las que estas metrópolis están siendo sometidas hoy día, dejaría entrever el “resurgimiento” de una serie de reivindicaciones que, aunque parezca lo contrario, nunca nos han abandonado. El resultado de dicha comparación ha confluido en un libro que acaba de ser publicado por Pol·len Edicions y coordenado por los compañeros del OACU Giuseppe Aricó, José A. Mansilla y Marco Luca Stanchieri.

Adoptando un enfoque empírico que analiza, y a la vez cuestiona, aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas, los textos recogidos en la publicación proponen una rearticulación crítica de un determinado tipo de urbanismo de corte neoliberal y del marco conceptual que lo apoya. Efectivamente, hoy más que nunca los investigadores sociales que nos dedicamos a estudiar la ciudad tenemos la obligación, dentro y fuera de la academia, de cuestionar ciertos conceptos considerados claves para el pensamiento urbano, señalar su inaplicabilidad empírica o bien revertir las lógicas dentro las cuales los mismos se reproducen.

En definitiva, tenemos el deber de cuestionar aquellas políticas urbanísticas que se pretenden urbanas contrastando esa quimera social de una ciudad armónica y pacificada, constituida por un espacio ilusorio que encubre la realidad y no contempla las inquietudes y las contradicciones entre clases, ni mucho menos la lucha entre ellas y sus necesidades. De lo contrario, y evocando un clásico tema de los Kortatu, estaremos condenados a vivir y habitar una “mierda de ciudad”.

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La vida en Venus: Efectos colaterales de una fantasmagórica regeneración urbana

Detalle del bloque Venus en el barrio de La Mina | Fuente: http://desdelamina.net/drupal/

Detalle del bloque Venus en el barrio de La Mina | Fuente: desdelamina.net

Articulo publicado originariamente en catalán en el dossier  “A voltes amb el conflicte urbà”, La Veu del Carrer, nº 133 (octubre 2014), Barcelona: FAVB, pp. 15-25.

por Giuseppe Aricó (OACU)

A finales de mayo de 2013, en la edición electrónica de un influyente diario nacional, se abrió una encuesta con el objetivo de recaudar la opinión popular sobre el posible derribo del imponente bloque de la calle Venus del barrio de la Mina, en Sant Adrià de Besòs (Barcelona). Sobre un total de 121 participantes, los resultados mostraron de forma tajante que el 75% de estos se decantaba por el “sí”, mientras únicamente el 14% apostaba por su mantenimiento y un 11% no tenía una opinión formada. Pero la importancia de esta encuesta no radicaría tanto en los resultados obtenidos -más o menos fieles a la realidad-, sino más bien en su significado en cuanto al modus operandi adoptado por las administraciones respecto a una operación socialmente tan compleja y delicada. Inicialmente programado para el año 2010, el derribo de Venus constituía la operación clave del Plan Especial de Reordenación y Mejora del 2002, es decir, el punto final del proceso de “regeneración urbana” enmarcado en el más amplio Plan de Transformación del Barrio de La Mina (PTBM 2000-2010).

Con un presupuesto inicial de más de 170 millones de euros, el PTBM preveía realizar toda una serie de actuaciones urbanísticas, acompañadas por un potente programa social, dirigidas a poner definitivamente fin a la “histórica conflictividad” del barrio. Hoy en día, el presupuesto general del PTBM ha superado ya los 200 millones, pero sus ambiciones fundamentales –“esponjar el barrio”, “mezclar población”, “erradicar la delincuencia” y “diluir territorialmente los focos de conflictividad”- no han llegado nunca a cumplirse sino, más bien, a encarnar el fracaso clamoroso del proceso de transformación al cual se pretendía someter La Mina. El hecho es que el PTBM había sido estratégicamente enfocado, desde el principio, hacia los intereses privados del mercado inmobiliario, subordinando la esfera social al mero beneficio urbanístico, con la consecuencia de pensar más en las piedras que en las personas. El caso más emblemático de tal subordinación estaría representado por el bloque Venus cuyo hipotético derribo implicaría un impacto social de proporciones considerables, puesto que exige el desalojo de unas 240 familias y su posterior realojo en nuevas viviendas de protección oficial repartidas por el barrio.

Sin embargo, tal operación no estaría explícitamente incluida dentro de las actuaciones de esponjamiento previstas por el PTBM, ni existiría ningún documento oficial que determinara sus reales motivaciones. Pero poco importa todo esto, puesto que Venus representaría la parte degenerada por excelencia del barrio, esto es, el punto cero desde donde abordar la gestión de la conflictividad en toda su complejidad. Su derribo tendría entonces la fuerza simbólica de empezar de nuevo, de cortar con los estereotipos y el pasado nefasto del barrio para construir “nuevos modelos de convivencia” y un futuro mejor para todos. En ningún momento se ha puesto en cuestión la relación de la vida social del barrio con su morfología urbanística, los orígenes de la cual se encuentran en plena época de desarrollismo franquista. Nadie ha recordado que la falta originaria de equipamientos y servicios básicos, junto con la concentración espacialmente impuesta desde el principio, podría ser el detonante de la competencia entre vecinos por recursos escasos. Nunca se ha tenido en cuenta que las políticas de vivienda, efectuadas sobre el entorno urbano por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona, consiguieron configurar La Mina, y especialmente Venus, como lugar de destino de desalojos provocados por intervenciones urbanísticas en otras zonas del contexto metropolitano. Nadie ha pensado que la generación de conflictos permanentes entre los diferentes sectores de residentes podría tener su origen en el alta rotación del vecindario, con historias de vida y formas de usar el espacio muy diferentes y, a menudo, divergentes.

A pesar de que las administraciones hayan recientemente barajado diferentes alternativas al derribo de Venus, no tenemos igualmente que dejar de preguntarnos cuáles serían las responsabilidades de la administración local y autonómica en el lento – y quizás funcional – proceso de degradación del edificio al no intervenir en su posible rehabilitación e impedir a los vecinos hacer reformas o vender sus pisos en el momento oportuno. En noviembre de 2013, el Ayuntamiento de Sant Adrià volvió a hacer marcha atrás respecto al derribo de Venus, insinuando la probabilidad –no confirmada- de que finalmente la operación podría no llevarse a cabo. Sin embargo, en ese mismo año, el plazo de ejecución del PTBM fue finalmente pospuesto a finales del 2015 y, con ello, el destino incierto de Venus y de sus vecinos. Posiblemente, a lo largo de las últimas cuatro décadas la percepción y utilización de la Mina en clave preferentemente económica habría funcionado como productor de importantes expectativas de capitalización de rentas mediante su reiterada “regeneración”, con el efecto colateral –digamos- de aislar sus problemáticas y consolidar severos patrones de segregación socio-espacial. Todo esto tendría que obligarnos a repensar la manera en que solemos concebir este barrio y su “conflictividad”, que, en lugar de ser criminalizada y corregida, quizás debería de verse como parte de la estrategia del cómo personas sistemáticamente excluidas de la “ciudadanía” y la “normalidad” siguen insistiendo sobre su inclusión desplegando fuerzas y formas alternativas de vivir, habitar e, incluso, reivindicar su espacio.

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Tots els mals de la caixa de Pandora

Font: OACU

Font: Albert Marín-OACU

 

Comunicat de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) sobre els fets de la #OperaciónPandora

El passat 16 de desembre, a un quart de sis del matí, un operatiu format per 700 agents dels Mossos d’Esquadra, complint ordres de l’Audiència Nacional espanyola (hereva del Tribunal d’Ordre Públic del franquisme), en un operatiu ordenat pel jutge Javier Gómez Bermúdez sota el nom de “Operació Pandora”, van realitzar 11 detencions en catorze registres, tretze a Catalunya i un a Madrid. D’aquestes detencions, 7 van ser confirmades en els següents dies, acordant,  a petició de la fiscalia, l’ingrés a presó preventiva a Soto del Real. Els escorcolls es van produir en pisos particulars i entitats: al barri de Sant Andreu de Palomar els Mossos d’Esquadra van entrar a l’Ateneu Llibertari del Palomar, i al Poble Sec a l’Ateneu Anarquista. D’aquests, el que tingué més ressò fou el de la Kasa de la Muntanya, històrica casa okupada de Barcelona que enguany compleix 25 anys d’activitat.

Les irregularitats en la realització de l’operació no han estat excepció: tot l’operatiu va ser legitimat per el secret de sumari, cap dels detinguts va poder conèixer de què se les acusava, cap còpia de l’inventari del material requisat va ser produïda, el tracte de les persones que habitaven als immobles objecte d’escorcoll va ser humiliant i arbitrari. No obstant, sí ha transcendit el contingut de la interlocutòria de presó preventiva on el jutge detalla que les imputacions són per un presumpte “delicte de constitució, promoció, direcció i pertinença a organització terrorista”, així com pel presumpte delicte de “tinença i dipòsit o aparells explosius i inflamables, incendiaris o asfixiants”. També hi suma el “delicte de danys i estralls amb finalitat terrorista”. En declaracions a La Directa, Jaume Asens, un dels advocats que assisteix a un dels detinguts denunciava l’opacitat de tot el cas: “tant els Mossos com la Fiscalia, parlen de terrorisme sense especificar ni tipus delictius concrets, ni fets concrets individualitzats que se’ls imputa a cadascun d’ells”.

Així mateix, en un text publicat també a La Directa, Benet Salelles, també advocat d’una de les detingudes, manifestava la seva perplexitat per la lectura de les interlocutòries de presó provisional: “El jutge parla dels GAC (Grups Anarquistes Coordinats) com a organització terrorista i utilitza per a provar la pertinença dels imputats els fets que assistien a reunions o que participaven en l’elaboració de butlletins i publicacions de caràcter propagandístic llibertari. Altra vegada, la democràcia segrestada. L’associacionisme com a base de la sospita. El vincle comunitari com a eix del mal. La reflexió i la ploma crítica com a indici terrorista. La resolució judicial no concreta cap relació de les persones detingudes amb cap bomba concreta, amb cap explosió, amb cap dany, ni tan sols amb un trist contenidor cremat. Ja tenim doncs la perversió conceptual servida: el terrorisme ja no es genera amb atemptats contra les persones o els béns, la intimidació pròpia de la violència política ara neix de les reunions, els butlletins, les cartes i la solidaritat amb les preses”.

Dels possibles atemptats terroristes res en sabem, ni nosaltres ni bona part de la premsa que ràpidament ha corregut a difondre la informació policial com a verídica. La pregunta és clara, de què s’acusa a les persones detingudes? On ha explotat un artefacte? Qui ha mort, o resultat ferit, per un “atemptat anarquista”? Ens trobem no solament davant d’un indiscutible intent de demostració de força i de poder per part de l’Estat, sinó també d’una clara i evident expressió de com s’articulen els processos de construcció ideològica de l’enemic, que són posats en marxa en el marc del que no poden ser sinó desesperades temptatives per mantenir l’hegemonia de l’ordre social, polític i econòmic imposat, reflex inequívoc de l’estat de debilitat i desestabilització que assetja el govern actual. Aquest enemic que ens han presentat podria resultar no ser més que l’encarnació resultant dels mecanismes o habilitats recursives de l’Estat destinades, entre altres coses, a allunyar el focus d’atenció de la gravetat – i responsabilitat – de l’actual situació política i econòmica, o de reafirmar una pretensiosa i autoadjudicada capacitat per mantenir aquesta seguretat ciutadana a la que s’apel·la amb la nova Llei aprovada pel Congrés en matèria del que no deixen de ser mesures de control i repressió de la protesta i la dissidència.

Aquesta projecció de l’encarnació del mal sobre un col·lectiu concret, així com el tractament mediàtic i policial estigmatitzant, li confereix a aquests col·lectius (anarquistes, okupes, etc.) la qualitat d’enemic identificable, reconeixible, que s’ha fet present entre nosaltres, i que de forma imprevisible podria tornar a aparèixer. D’aquesta manera, pretenenfer-nos creure que aquesta nova tipologia d’enemic, el ”anarquista terrorista” que pretesament habita i actua avui en dia a les nostres ciutats, s’ha estat amagant fins ara, invisible, sense que ningú s’hagués adonat de la naturalesa criminal de les seves activitats. La personalització, així com l’assenyalament topogràfic de “l’enemic”, aconseguida mitjançant els registres i detencions realitzades i la producció del discurs mediàtic sobre aquestes, acaba amb la condició abstracta de la trama genèrica, situant-la en punts concrets del mapa, en llocs com la Kasa de la Muntanya, a els Ateneus Llibertaris, etc., espais de debat polític, associacionisme de barri i difusió de cultura llibertaria que ara són criminalitzats.

No oblidem, com assenyalava immillorablement Gerard Horta a VilaWeb, que “l’etimologia del mot ‘terrorisme’ remet a processos d’aterriment social originats i exercits pels estats sobre les societats. Que l’Audiència Nacional espanyola o un dels seus servents al nostre país – el conseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya – pretenguin actualitzar periòdicament aquest vell dispositiu social consistent a projectar l’encarnació del mal en un grup de gent – heretges, bruixes, judeo-maçons, boigs, adolescents, comunistes, drogoaddictes, negres, immigrants, pobres, independentistes, okupes, musulmans o anarquistes –  no ens hauria de fer perdre de vista que l’únic immens mal que sofreix la majoria social treballadora és el fruit de la injustícia social i de la desigualtat de la societat de classes”.

Des de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU) expressem tota la nostra indignació i ràbia cap a l’ocorregut, veritable caça de bruixes dirigida des de l’autoritat i destinada únicament a sacralitzar, una vegada més, el seu mesquí poder i insolent impunitat enfront del poble i la justícia social. Així mateix, manifestemla nostra solidaritat amb els que han patit i estan patint els efectes de l’Operació Pandora,les nostres companyes i els nostres companys, veïnes i veïns que son criminalitzades per lluitar al costat dels desnonats, els immigrants i els col·lectius discriminats, per canviar aquest sistema injust que ens vol mantenir quietes i emmordassades en la seva democràtica dictadura neoliberal.

Barcelona, 21 desembre de 2014

Per una versió més extensa del comunicat, podeu clicar aquí.

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Festes insolents d’estiu

Article publicat a La Directa el 16/07/14

Festa Major de la Barceloneta - Foto: Arnau Molins

Festa Major de la Barceloneta – Foto: Arnau Molins

per José Mansilla i Giuseppe Aricó (OACU)

Fa unes setmanes, just la tarda abans del dia de Sant Joan, caminava amb un amic pel carrer central d’un barri de la perifèria de Barcelona. El passeig, vorejat per un parell de carrils destinats a la circulació de cotxes i amb una àmplia zona enjardinada en el centre utilitzada habitualment per ciclistes i passejadores de gossos, es trobava aquest dia agitat, gairebé nerviós. Ens dirigíem a una festa de la revetlla, un lloc sol·licitat i aprovat per les instàncies municipals del Districte i on, poc després, es duria a terme la tradicional festa del foc. No obstant això, a l’ambient era possible distingir qualque cosa inusual, gairebé com si una estranya vibració sobrevolés l’atmosfera del barri. De sobte, el meu amic em va fer notar la diferència: el passeig estava poblat de famílies que, de forma espontània, havien ocupat uns bancs habitualment buits i havien muntat la seva pròpia festa de la revetlla. “Això sí que és una apropiació insolent de l’espai urbà”, coincidirem els dos.

L’anècdota pot semblar irrellevant, però per a la realitat urbana que ens envolta, on cadascun dels aspectes de la ciutat –l’arquitectura, l’urbanisme o, fins i tot, els comportaments realitzables en carrers i places– està regulat i normativitzat, suposa tot un desafiament a la forma neoliberal d’entendre la ciutat. Plans Generals, d’Usos, Normes Subsidiàries, Ordenances Cíviques, lleis anti-botelló o la nova Llei de Seguretat Ciutadana disposen les formes, funcions i normes de conducta dins de les ciutats contemporànies. Unes ciutats on el valor de canvi, l’obtenció de plusvàlues o el rendiment econòmic de qualsevol activitat, es troben per sobre d’un valor d’ús que permeti als seus habitants exercir com a usuaris dels seus espais, més que com a possibles clients.

Des d’aquest punt de vista, la reproducció de les relacions socials a la ciutat contemporània apareixeria com un conjunt de dinàmiques d’oposició entre ordres espacials diferents. A un ordre relacional, que es manifesta de forma espontània i informal a l’interior de cada barri, es contraposa un ordre racional imposat des de l’exterior i d’una forma suposadament convencional i ineludible. El carrer, la sala d’estar de la ciutat, es configuraria així com un espai on els ideals ciutadans d’“ordre” i “civisme” han acabat per ser utilitzats com a simples categories d’adscripció sociocultural, portant a terme separacions polítiques i econòmiques entre els individus que no necessàriament són absolutes.

En una ciutat ideal, clara, ordenada i comprensible, és a dir dominable, la festa representa potencialment un moment de ruptura, o millor dit, una excepció respecte a la normalització i dominació del carrer. La importància de la festa com a excepció, o suspensió de les normes cíviques imperants, estaria en el fet de constituir una pràctica col·lectiva que tendeix a resignificar l’espai urbà en formes i maneres que qüestionen el protocol neoliberal d’una estèril reproducció espacial de les relacions socials. Engegant estratègies de simbolització que expressen un sentit col·lectiu d’apropiació del que avui es conceptualitza en termes d’ “espai públic de qualitat”, la celebració de la festa respondria idealment a la fal·làcia d’un urbanisme intrínsecament paradoxal, que s’obstina a prevenir allò que sent urbà és, per definició, imprevisible.

Moltes de les festes majors, alternatives o no, que es duen a terme als Països Catalans, així com en altres parts de l’Estat, complirien de forma tàcita però decidida una funció de desafiament a la consideració de l’espai urbà sota el prisma capitalista. L’apropiació festiva de l’espai públic simbolitzaria doncs una acció contestatària, i insolent, enfront de les retòriques racionalistes d’aquelles elits polítiques i econòmiques que s’obstinen a reglamentar l’espai urbà. Almenys una vegada a l’any, les diferents formes que prenen aquestes insolències –des de carreres populars, cercaviles, cavalcades, concentracions, desfilades o fogueres, etc.– suposen precisament diferents formes d’entendre l’espai on es reprodueix la vida quotidiana. És aquí on els protagonistes del fet urbà escenifiquen, a manera de ritual catàrtic, determinades coreografies simbòliques que permeten, a més, estimular identitats compartides.

L’anàlisi de la festa com un espai físic i humà, del qual emanen diferències i processos de contestació, acaba així per revelar l’exigència col·lectiva de desemmascarar, i fins i tot subvertir, les relacions de poder que donen forma a aquest orde racional espacialment imposat. No obstant això, aquestes formes de reivindicació festiva no són noves en el nostre entorn més immediat. Els primers moviments socials urbans que es van donar en el conjunt de l’Estat a les acaballes del Franquisme, ja van engegar alguns d’aquests desafiaments de forma molt original. L’inici d’algunes de les Associacions de Veïns i Veïnes que poblen avui dia les nostres ciutats –malgrat la seva, en moltes ocasions, posterior institucionalització– va ser precisament el de la contestació i la recuperació de l’espai urbà per a la celebració d’actes de caràcter popular, alguns dels quals havien estat fins i tot prohibits per la Dictadura. La simple decoració dels carrers i les places dels nostres barris ja suposava, de fet, una veritable forma d’insolència en un context on el fet popular no estava únicament segrestat, sinó també injuriat. D’altra banda, molts d’aquests actes es trobaven units de forma indissoluble a reivindicacions de caràcter polític, social o cultural, i on, la reivindicació de llengua, per exemple, ocupava un lloc destacat.

Encara que hagin passat algunes dècades des de llavors, moltes d’aquestes reivindicacions no han canviat. La Festa Major Alternativa de Manresa o la recent recuperació de la Diada del Cooperativisme al Poblenou, a Barcelona, les Festes de Grau, en Castelló o moltes de les festes estivals dels pobles de la Part Forana –aquella que no sol sortir en les guies per visitar Mallorca que porten en les butxaques els visitants de Magaluf–  són alguns exemples de celebracions que enarboren no solament una forma diferent d’entendre la realitat del món en el qual vivim –mitjançant la reivindicació de valors com l’autogestió i l’antifeixisme o la proposta d’alternatives econòmiques i socials com el cooperativisme– sinó que van de la mà d’altres formes d’entendre l’espai urbà.

Tot i que podríem caure en la temptació de contemplar el fet de ressorgir d’aquestes festes populars a la llum de certa evocació nostàlgica d’un passat que no tornarà, ens convé més associar-ho directament a la memòria col·lectiva dels nostres barris i ciutats, uns entorns que no deixen de mostrar una dinàmica convulsa i conflictiva, inherent a tota ciutat.

D’aquesta manera, aquelles famílies que el meu amic i jo contemplàvem poc abans de la revetlla de Sant Joan, lluny d’evocar un passat històric, duien a terme una de les accions més directament contestatàries que es poden realitzar avui dia: l’ocupació insolent del carrer a la ciutat.

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Grandes proyectos en Val Susa, Italia

por Cecilia Vergnano (OACU)

El texto que figura a continuación es el resultado de una intervención pronunciada en una evento sobre violencia de Estado organizado por un grupo de mujeres de la Val Susa, Italia, lugar donde desde hace más de 20 años se prevé la construcción de una línea de tren de alta velocidad, algo que ha provocado fuertes resistencias locales. A lo largo de los años se ha conformado un movimiento de resistencia popular que progresivamente ha ido adquiriendo consciencia sobre la necesidad de cuestionar el modelo de desarrollo económico vigente. La consecuencia ha sido, en los últimos años, la militarización del valle por parte del Estado y la adopción de medidas represivas antiterroristas (incluyendo encarcelamientos de activistas). El evento pretendía conectar la lucha de Val Susa con otras luchas contra la violencia de Estado que se llevan a cabo en otras partes del territorio italiano. Estos conflictos están apareciendo como consecuencia de las retenciones, detenciones o simples operaciones policiales que, ya sea por comisión o por omisión, derivan, en demasiadas ocasiones, en la muerte de los detenidos en manos de las fuerzas del orden. Se trata de Carlo Giuliani, Federico Aldrovanidi, Giuseppe Uva y muchos más. La lista de muertos va alargándose. A la charla estaban invitadas las madres de estos “muertos de Estado” con el objetivo compartir su experiencia con el resto de la población de Val Susa. El clima emotivo era intenso, pesado y delicado al mismo tiempo. En estas circunstancias, le ha tocado a una abogado y a un miembro del OACU intervenir analizando el contexto jurídico-legal, social, cultural y económico en el que se produce esta violencia.

Esta noche no hablaré en calidad de activista sino de investigadora y docente universitaria, en calidad de antropóloga cultural que estudia desde una perspectiva crítica su propia sociedad y las relaciones de poder que la conforman. Para este fin, necesito arrinconar por un momento la emoción, a pesar de que yo también la sienta, para utilizar conceptos que son propios de mi ámbito de investigación, de la antropología urbana, e intentar realizar un análisis crítico. Hay una relación entre represión y crisis…, o bien, sabemos todos que no es una crisis, sería mejor llamarla apropiación violenta de recursos, acumulación y concentración de recursos, públicos y privados, en pocas manos. Hay una relación entre distintos aspectos principales: la configuración y planificación del espacio; la militarización del territorio y el discurso sobre la seguridad; la reconfiguración del capitalismo en un momento de crisis, reajuste y acumulación. El espacio no es sólo el valle, o la ciudad, o el conjunto de calles, barrios, grandes vías de comunicación, paisajes naturales. El espacio es lo que permite, condiciona y contextualiza nuestro sistema de relaciones. Es lo que ya sostenían grandes arquitectos como Le Corbusier. Como antropólogos, estudiosos de la conducta humana en sociedad, sabemos que la configuración del espacio permite ciertos comportamientos e inhibe otros. Es una experiencia que conocemos todos: por ejemplo, en una grande vía del centro de una ciudad extranjera sacamos la cámara para hacer fotos, en un barrio degradado de periferia este mismo gesto lo pensaríamos dos veces antes de hacerlo. Algunos espacios son concebidos como más seguros, otros como más inseguros.

El poder juega un papel fundamental en esta configuración y planificación del espacio. Reprimir una manifestación en una ciudad con amplias calles ordenadas es mucho más fácil que por los callejones de la ciudad vieja o por unos caminos de montaña. El diseño del espacio es uno de los instrumentos de los cuales la política hace uso. El espacio no es sólo una herramienta de control, sino que es también generador de beneficios. Cuando hablamos de grandes proyectos (trenes de alta velocidad, autopistas), de grandes eventos (Expo de Milán, mundiales de fútbol en Río), estamos hablando de rediseñar el espacio de una manera que genere un beneficio económico. O, a escala más pequeña, cuando hablamos de regeneración de un barrio, estamos hablando de lo mismo: rediseñar el espacio de una manera que genere ingresos. Estamos hablando de negocios para el sector inmobiliario con el apoyo de los poderes públicos. Y, consecuentemente, de una forma de violencia indirecta: la expulsión de los habitantes con bajo poder de compra y el ingreso de otros, por decirlo así, mas “pijos”, que producen más, consumen más, etc. Este proceso de expulsión de vecinos pobres de los barrios en nombre de la “regeneración” es conocido como “gentrificación”. Hasta aquí tenemos dos usos que el poder hace del espacio: como herramienta de control (orden, limpieza), y como herramienta para el beneficio (grandes proyectos, grandes eventos, regeneración de los barrios). En Val Susa se ha planteado la hipótesis de que se está dando un proceso similar a la gentrificación: expulsión de los habitantes tradicionales, los cuales deciden dejar un territorio contaminado y cada vez más invivible. Y de hecho el valor de metro cuadrado de las casas en los últimos años va bajando. En este caso, sin embargo, la fuente de beneficios no reside en la futura entrada en el valle de un grupo de habitantes más adinerados, sino en la obra en sí, en la realización del gran proyecto (en este sentido no se puede hablar de gentrificación, estamos en presencia de un nuevo tipo de proceso). Todos estos procesos, de regeneración e implementación de grandes proyectos “estratégicos”, son fuentes de conflictos sociales. Son productos de la misma lógica que es la de la apropiación privada de recursos comunes, que es la lógica del mercado en la época neoliberal, y se desarrolla según elementos idénticos. Uno de estos elementos es la planificación.

La planificación es una de las formas de producción del espacio, la forma dirigida “top-down”, desde arriba hacia abajo. Es la imposición del espacio concebido sobre el espacio vivido por las poblaciones. El espacio vivido es el espacio de cada día, de los intercambios, las relaciones, las estrategias de supervivencia (incluidas las micro-delictivas), las apropiaciones incluso insolentes del espacio, en momentos de convivencia o de manifestación. El espacio concebido es el valle atravesado por el TAV, por los flujos de mercaderías que se desearían ver circular internacionalmente; es la ciudad limpia, ordenada y dócil, la de las cientos de personas que se mueven entre casa y trabajo y, en sus momentos libres, en los locales de ocio y consumo. La intensificación, exasperación del conflicto, cuando la contraposición entre espacio concebido y espacio vivido es demasiado fuerte e irreconciliable, puede llevar a formas de gestión del conflicto cada vez más represivas, hasta llegar a formas de militarización del espacio y de la vida cotidiana.  De hecho en Val Susa, o en Genova en 2011, o en muchos otros contextos, la situación que se puede observar es la de un conflicto militar de media o baja intensidad. En Val Susa este conflicto es visible ya desde hace años, con diferentes intensidades según los diferentes momentos. El proceso de militarización, en Val Susa como en otros sitios, no constituye un salto de calidad sino que se contextualiza en un continuum de transformaciones – políticas, culturales, económicas – por lo que me parece más adecuado concebir la militarización como uno de los eslabones que constituyen la escalada en la gestión del conflicto. Según el geógrafo británico Stephen Graham, la militarización ya es parte de nuestra vida y del paisaje cotidiano lo conforma. Estamos sumergidos en las tecnologías del control ubicuo (muchas de las cuales son productos de la investigación militar, del Departamento de Defensa Americano, luego trasladadas a la vida civil).

Nuestra vida diaria se desarrolla en buena medida a través de tecnologías de este tipo, en un contexto cultural donde el discurso sobre la seguridad tiene cada vez más resonancia.  Se calcula que el 80% del presupuesto de investigación del gobierno estadounidense de los últimos años ha sido destinado a la investigación militar: cuando hablamos de violencia de Estado tenemos que pensar en esto también. Tecnologías de uso común como internet, realidad virtual, jet travel, televisiones de circuito cerrado, control remoto (mandos a distancia), microondas, radar, posicionamiento global (GPS), network informáticos, vigilancia satelital, containerización y logística – sin las cuales actualmente nuestra vida sería radicalmente diferente – son todas tecnologías creadas en la última mitad del siglo XX, muchas en el contexto de la Guerra Fría, como parte de la elaboración de un sistema de control. Nada raro, entonces, si esta militarización se hace más explícita y evidente en determinados lugares, especialmente los más sensibles, los considerados de interés estratégico. Esto quiere decir que todos tenemos experiencia sobre la militarización, sólo que esta experiencia se presenta en la vida civil en formas sutiles y difícilmente reconocibles, para luego “explotar” en contextos más estratégicos. Las tecnologías de la vigilancia, la comunicación y el control se desdibujan en manera cada vez más ubicua, cotidiana, omnipresente, en la sociedad civil. Es así como en un contexto de crisis, uno de los pocos sectores en constante crecimiento – se puede hablar de un verdadero boom – es el complejo industrial convergente que incluye seguridad, vigilancia, tecnología militar, cárceles privadas y dispositivos de entretenimiento electrónico.

El resultado de todo esto es la cultura en la cual vivimos sumergidos, que se puede definir en términos de una verdadera Cultura de la Guerra, o Cultura del Miedo. Sus características principales son tres: el discurso sobre la seguridad (seguridad presentada como un bien de primera necesidad, una necesidad fundamental para la vida de las ciudades – aún antes que la justicia social); el pensamiento maniqueo (la división entre blanco y negro, buenos y malos, “conmigo o contra mí”), y la venta del miedo (boom del complejo industrial seguridad-militar). La Cultura de la Guerra en el actual panorama económico neoliberal tiene por lo tanto características muy claras: es decir que la Cultura de la Guerra, el miedo y la inseguridad se transforma en un negocio para muchos sectores de la industria y los servicios. Tenemos, por lo tanto, dos grandes sectores generadores de ganancias en el actual panorama neoliberal: el espacio, la mercantilización del espacio y de los recursos comunes (para decirlo de manera muy aproximativa, la industria del cemento) por un lado, y la industria militar, el complejo seguridad-militar por otro. La militarización de la vida cotidiana y la mercantilización del espacio se constituyen como procesos paralelos en un contexto de acumulación neoliberal, proceso que puede llegar a ser visible contemporáneamente, de manera muy clara, en el contexto de Val Susa, sobre todo si, como es el caso, el conflicto social creado por la apropiación privada del espacio colectivo es tan grande que la única manera para conquistar este espacio es militarmente. Por lo tanto, no tenemos que caer en esta trampa ideológica, en esta ideología de la seguridad que nos quieren vender. No tenemos que luchar para un Estado más seguro. No es más seguridad lo que necesitamos, sino más justicia social.

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