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Arquitectura, Urbanisme i Poder Popular. Jornades per Vallcarca 10 i 17 d’octubre 2015

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15 años en Venus. Claves para entender un conflicto “irresoluble”.

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Particular del bloque Venus | Fuente: Sergi Pujolar (La Directa)

Por Giuseppe Aricó | OACU

El próximo diciembre de 2015, tras 15 años de severas intervenciones urbanísticas y escasas “mejoras sociales”, el controvertido Pla de Transformació del Barri de La Mina (PTBM) llegará a su fin. Durante los últimos meses, la documentalista Mariona Giner y su equipo han estado realizando un trabajo que merece ser conocido y reconocido. Se trata de 15 anys a Venus, un documental que persigue tratar de forma seria el caso del derribo y posterior realojo de los vecinos del bloque Venus, una cuestión aun en suspenso que sigue provocando conflictos entre plataformas vecinales y administraciones. El pasado martes 28 de abril, tuve la oportunidad de participar en dicho documental al ser entrevistado sobre el impacto social del PTBM y las problemáticas relacionadas con éste. He decidido publicar aquí parte de la entrevista, realizada en el histórico Casal Cívic de La Mina, equipamiento fruto de una larga acampada reivindicativa que los vecinos llevaron a cabo a finales del marzo de 1985 en el lugar donde hoy se ubica el propio Casal.

¿De dónde y cuándo surgen las áreas urbanas como la Mina?

Las áreas como La Mina se conciben a partir del Plan Comarcal de 1953, pero se edifican sólo durante el auge del desarrollismo franquista, a caballo entre los ‘60 y ‘70. Se trata de áreas que el lenguaje urbanístico de aquella época definía como “polígonos de absorción”, es decir, su prerrogativa era precisamente la de “absorber” a los habitantes de los denominados núcleos chabolistas de Barcelona. En realidad, la creación de dichas áreas, colocadas sistemáticamente en los márgenes de las metrópolis, no respondía a una necesidad de carácter social, sino exclusivamente a específicas exigencias políticas y económicas del tardofranquismo. La finalidad del régimen no era sino ampliar su reserva de suelo urbano a costa de la clase trabajadora, que desplazaba dónde y cómo mejor le convenía.

¿Qué problemas sociales tiene La Mina en la actualidad?

Si nos ceñimos a las cifras oficiales, todo parece ir de maravilla: el PTBM habría conseguido con éxito y alabanzas internacionales la “transformación” por la cual apostaba. Sin embargo, tras la pantalla de una gran regeneración urbanística se esconde una cruda realidad social donde se reproducen severas problemáticas estructurales. En este sentido, los problemas sociales de La Mina en la actualidad son prácticamente los mismos que se dieron en su origen, y que podemos resumir en una sola y gran cuestión: la falta de una política de vivienda seria, estructurada, coordinada y comprometida desde el principio. Apostaría a que el resto de cuestiones, como el paro, el absentismo y el fracaso escolar, cierto analfabetismo, la desestructuración familiar, el supuesto “incivismo”, las “actividades delictivas”, etc., no son sino el producto directo de esa gran falta o están íntimamente ligadas a ella.

¿Está estigmatizado el barrio de la Mina?

La Mina es un barrio híper-estigmatizado, es decir, sufre una estigmatización transversal que afecta al conjunto de sus habitantes en varios niveles: social, laboral, económico, cultural, territorial, etc. Tanto en los ’70 como hoy, hablar de La Mina provoca irremediablemente una especie de “efecto dominó”, donde toda una serie de estereotipos descontextualizados y despolitizados caen unos tras otros como fichas.

¿Qué ha contribuido a ello?

Las causas que han contribuido a ello son muchas y pertenecen a épocas diferentes, pero por lo general la prensa y las instituciones han jugado, sobre todo en los años 80 y 90, un papel estratégico en la difusión de una verdadera “mitología del miedo”. Fenómenos relacionados tanto con el uso como con la venta de drogas, por ejemplo, que se encontraban repartidos por todo el territorio metropolitano, encontraron en La Mina el chivo expiatorio por excelencia, justamente para permitir toda una serie de actuaciones de carácter urbanístico que generaron jugosos beneficios para la élite política de la supuesta Transición. El proceso de estigmatización de La Mina no puede entenderse sin tomar en consideración, por ejemplo, el denominado caso REGESA de 1988, que preveía, entre otras cosas, el derribo total de La Mina y, por ende, de sus “problemáticas”. Sólo tres años más tarde, con la modificación introducida en 1991 al PGM del 1976, el área alrededor de La Mina tenía que convertirse en la “puerta de entrada a Barcelona por el norte” para acoger a visitantes e inversores de los JJ.OO.

Desde la Plataforma d’Entitats i Veïns de La Mina denuncian que en las barracas no había tanto conflicto por el modelo de las viviendas: más precarias pero más abiertas, con mucha vida en la calle. Denuncian que la base del conflicto social es el tamaño de los bloques, con demasiadas familias por bloque. A la vez, el estudio técnico previo al PTBM determinó que la densidad en sí no resulta conflictiva, y se centró más en la diversidad socio-cultural. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Yo diría que el problema no está ni en la densidad ni mucho menos en la diversidad socio-cultural, o cuanto menos no constituyen las causas del conflicto en sí, sino justamente todo lo contrario. Si pensamos en los primeros años de vida del barrio (1975-80), no cabe duda de que precisamente la densidad y la diversidad funcionaran como verdaderos elementos de cohesión y aglutinación vecinal. La gran huelga general del mayo del 77, que paralizó el barrio durante 4 días, es la evidencia más representativa de ello. Ahora bien, en mi opinión el verdadero problema que está y siempre ha estado a la base del “conflicto” en La Mina es, como denuncian los propios vecinos, el modelo de las viviendas. Pero no hablo tanto de su estructura arquitectónica, que de por sí acarrea ya bastantes problemas que inciden profundamente en gravar las causas del conflicto. Me refiero más bien a su organización socio-espacial, es decir, a lo que ha sido definido como el paso de un “barraquismo horizontal” a un “barraquismo vertical”, que ha determinado –cuando no provocado- la asunción casi obligatoria de una nueva forma de reproducción de las relaciones sociales. En este sentido, el hecho de haber elevado la “vivienda en propiedad” a elemento cúspide de la organización vecinal, es decir, doméstica y, por ende, socio-espacial, ha sido el principal factor determinante para que las relaciones entre vecinos se hicieran cada vez más racionalizadas, distanciadas e impersonales.

Nos comentaron que durante los primeros años de existencia del barrio, el Patronato Municipal de la Vivienda (PMV) movía la gente que podía pagar un poco más a otros barrios, y que aquí traían a la gente más conflictiva. ¿Tienes constancia de esto?

El PMV ha sido no sólo el responsable de la construcción de La Mina en 1969, sino también  de su gestión administrativa por lo menos hasta 1989. Durante estos 20 años, las maniobras del PMV han permitido que La Mina fuera constantemente sujeta a una alta “rotación” vecinal. Cuando se habla del denominado “traslado chabolista” (léase deportación), por ejemplo, se suele pensar que éste se realizó de forma rápida y con todo el seguimiento social que merecía. Pues nada más lejos de la realidad. El traslado del Camp de la Bota tenía que durar 15 días y acabó durando 18 años, desde el 1974 hasta el 1992, cuando se tiró la última barraca justo unos meses antes de la celebración de los JJ.OO. Además, a partir del 82, Xavier Valls y Antoni Messeguer (entonces respectivamente presidente del PMV y alcalde de Sant Adrià) consiguieron que diferentes bloques de La Mina -en particular Venus y Saturno- se configuraran como el lugar de destino de desalojos provocados por intervenciones urbanísticas en otras zonas del entorno metropolitano. En este sentido, no es que se trajera a La Mina la gente “más conflictiva”, sino aquella que se encontraba en una peor posición de desventaja social y económica, y que poseía historias de vida y formas de usar el espacio muy diferentes y, a menudo, divergentes.

Según los informes sobre las estructuras arquitectónicas de la Mina, el edificio Venus no tiene problemas estructurales. El motivo para ser derruido era por tener problemas sociales “insolucionables”. ¿Derruir un edificio puede aplacar un problema social, o éste seguiría en otros edificios?

En mi opinión la intervención de derribo prevista para Venus –que nunca sabremos si un día se realizará o no- no resolverá sus problemas por varias razones. Los problemas sociales, siempre y cuando se trate realmente de “problemas”, no pueden solucionarse con intervenciones urbanísticas, ya que su supuesta eficacia social no está ni justificada ni mucho menos demostrada. Lo que sí está demostrado, en cambio, es justamente su contrario: baste con pensar en las dinámicas de pacificación de muchas favelas en Río de Janeiro o en el caso de “le Vele” en el barrio de Scampia, en Nápoles. Para solucionar problemas sociales son necesarias actuaciones de carácter social estructuradas y coordenadas, esto sí, llevadas a cabo con mucha sensibilidad y atención hacia las causas que crean el supuesto problema y no hacia sus efectos. Esto es exactamente lo que ha pasado en el caso de Venus: trabajar en los efectos y no en las causas. Aunque se derribara Venus, los problemas actuales persistirían, pero en otro bloque o quizá en otro barrio.

Se considera, también, que la biblioteca no consigue atraer suficientes jóvenes y usuarios en general. Sin embargo está en el centro del barrio, sus instalaciones son de primera y es atractiva. ¿Qué más se puede hacer?

Nada, ya se ha intervenido demasiado y de una forma amnésica. Casos como el de la biblioteca son paradigmáticos de como las intervenciones urbanísticas llevadas a cabo en el barrio han producido espacios “de fachada”, es decir, muy bonitos y atractivos, pero en el fondo no consiguen cumplir con el propósito social por el cual habían sido pensados. La razón de ello es que la biblioteca, en realidad, desempeñaría un papel de “contenedor cultural”, socialmente vacío e infrautilizado pero urbanísticamente indispensable para justificar determinadas actuaciones previstas para “adornar” la polémica Rambla de La Mina. Si la gente no viene a la biblioteca, quizás sea porque no se siente identificada en un espacio tan vanguardista concebido por dos “arquitectos estrella” y que ha constado 4,5 millones de euros. Muchos de los vecinos no le dan el mismo valor, sentimental si queremos, que le daban a la vieja Sala Pinòs, la “de toda la vida”, antes que ésta fuera demolida para crear el solar donde surge ahora la nueva biblioteca. Pero hay más. En realidad, la nueva biblioteca no está en “el centro” del barrio, porque su verdadero centro es la Rambla del Camarón, precisamente enfrente del Casal, un espacio del cual todo se puede decir salvo que esté vacío.

Para el PTBM vinieron muchos técnicos expertos para trabajar sobre el terreno, en persona, desde la cercanía. No han conseguido aportar soluciones importantes a nivel social, en las unidades familiares. Entonces ¿tampoco funciona la investigación desde la cercanía?

La investigación desde la cercanía en realidad tendría en éxito potencial, pero su mayor riesgo es caer en el moralismo, el sensacionalismo o el glamour. Esto pasa cuando ese tipo de investigación no viene integrada por un conocimiento histórico y social del barrio en su intimidad. Podemos ser técnicos muy expertos y capaces, pero si no tenemos un mínimo de atención y respecto hacia una realidad social que, al fin y al cabo, desconocemos y que, en cierta medida, no nos pertenece, entonces no servimos para nada. Es más, simplemente estorbamos. A manera de ejemplo sería interesante recordar cuando, a finales de los 90, Josep Antoni Acebillo (entonces director de Barcelona Regional, la agencia que jugó un papel fundamental en determinar los contenidos del PTBM) se obstinaba en convencer a los vecinos de la gran oportunidad que presuponía para La Mina la celebración del Fòrum 2004. La propuesta de Acebillo era, básicamente, que el barrio se pusiera en manos de los promotores y de “los ricos”, que con sus inversiones habrían hecho posible el “verdadero cambio social” del barrio.

Los sistemas que se han utilizado para “transformar” al barrio a nivel social no han sido efectivos. Entendemos, además, que hacen falta varias generaciones para poder percibir grandes avances. Sin embargo, ¿piensas que hay métodos que puedan ser más efectivos en la transformación social de un barrio? ¿Cuáles?

A veces bastaría simplemente que las administraciones escucharan a los vecinos, sin dejarse seducir por los intereses privados del mercado inmobiliario. Si de verdad es cuestión de establecer un método, pues que éste se base en la escucha, el dialogo y la participación real de los vecinos. En La Mina, la participación vecinal que tanto abanderan las instituciones ha quedado reflejada únicamente en los informes necesarios para cumplir con la Ley de Barrios de 2004 o mantener la financiación proveniente de la Comunidad Europea.

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Violència urbanística, exclusió i desacataments. Reflexions des d’allò urbà

Per OACU

Del 7 al 10 de novembre de 2012, s’han celebrat a la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de Barcelona les 1es Jornades Internacionals d’Antropologia del Conflicte Urbà. Aquestes jornades, organitzades per l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), el Grup de Recerca sobre Exclusió i Control Social (GRECS) i el Grup de Treball Etnografia dels Espais Públics (GTEEP-ICA), van tenir un gran èxit gràcies a la col·laboració i el suport de l’Institut Català d’Antropologia (ICA), la Universitat de Barcelona (UB) i l’Inventari del Patrimoni Etnològic de Catalunya (IPEC). La gran varietat de punts de vista, debats i enfocaments analítics cap a l’estudi de la ciutat, han confluït en la presentació de més de 40 ponències amb un contingut molt rellevant. Entre elles, em decidit seleccionar les més representatives i unir-les en dos dossiers, el primer dels quals ha estat finalment publicat durant l’hivern passat al número 18(2) de Quaderns-e. En aquesta ocasió, volem presentar un segon dossier d’Antropologia del Conflicte Urbà dedicat a les “lluites per la ciutat”, on tornem a comparar, inventariar i analitzar, a través de diverses aproximacions metodològiques, aquells fenòmens que produeixen, alimenten i desemboquen en els més recents conflictes urbans a la ciutat contemporània.

Can Vies a Sants, Fabra i Coats a Sant Andreu o la Flor de Maig al Poblenou són només alguns exemples recents, tots ells a Barcelona, que evidencien l’existència inapel·lable del conflicte com a element constitutiu d’allò urbà. No obstant això, no es tracta únicament d’una qüestió catalana, ni exclusiva de l’Estat espanyol. Tenim aquí els exemples de diverses ciutats de Brasil, en el marc de la celebració del Mundial de Futbol de 2014 i les Olimpíades de Rio de Janeiro en 2016, o, una mica més a prop, els fets esdevinguts al Parc TaksimGezi a Istanbul, Turquia, el juny de 2013. El carrer es presenta així com un gran teatre on es manifesten, s’escenifiquen, les friccions existents entre les diferents concepcions de la societat que contemplen les classes socials. D’altra banda, no deixa de ser curiós com, des de l’acadèmia, però també des d’altres esferes, com la política o l’economia (potser no són la mateixa cosa?), el concepte de classe social ha tornat a gaudir d’un relatiu protagonisme en els últims anys. Sembla com si, després d’un llarg somni, ens haguéssim despertat i, com deia el conte de Monterroso, el dinosaure hagués seguit estant aquí. No obstant això, les classes socials no han reaparegut, sinó que mai han marxat. Es trobaven ocultes després de l’opacitat de la societat de consum on ens havia conduït el neoliberalisme.

Autors com David Harvey ja feia anys que assenyalaven que la pèrdua de poder adquisitiu que havien sofert les classes populars amb les transformacions sofertes amb el sistema capitalista mundial a mitjans dels anys 70, és a dir, amb el pas d’una economia fordista i keynesiana a una altra postfordista i neoliberal, era compensada per un major accés al crèdit i al consum. Aquesta millor qualitat de vida, després de la qual no s’amagava més que una major capacitat de compra, no es devia, com durant els 30 famosos Golden Years del capitalisme keynesià, a un pacte entre el capital i el treball, sinó, més aviat, a la victòria clara i indiscutible del primer sobre el segon. És just en aquest moment que el carrer, i les classes socials, tornen a aparèixer com a protagonistes d’aquesta història, doncs en ella es reflecteixen, millor que en cap lloc, les contradiccions de classe i la lluita entre les mateixes. Seguint aquestes premisses, Marc Dalmau obre aquest segon dossier interrogant-se sobre les conseqüències del desenvolupament urbanístic d’una zona perifèrica del sud de la ciutat de Barcelona centrant el seu estudi de cas en Can Batlló, un antic polígon industrial en reconversió. L’arribada de la “crisi econòmica” va postergar eternament l’aplicació del pla urbanístic previst per a la zona, amenaçant amb l’abandonament del recinte i la degradació de l’entorn circumdant. El 2011, amb la intervenció crucial del teixit social del barri i la seva entrada al polígon, es va aconseguir subvertir els efectes de la degradació planificada, desenvolupant noves formes de producció de l’espai públic i la generació d’un nou tipus d’equipament públic i comunitari.

Seguidament, Tiphaine Duriez analitza l’impacte dels processos de desplaçament forçat en els Alts de Cazucá, en Soacha (Colòmbia). Sense perdre de vista la complexitat del tema tractat, l’autora considera el conflicte armat a Colòmbia com una lluita multiforme, que produeix conseqüències considerables sobre diferents aspectes de la vida social. L’article es centra, en particular, en les manifestacions urbanes que els desplaçaments forçats interns tendeixen a assumir a les metròpolis colombianes. Els dispositius de repressió i les lògiques de control que (re)produeixen aquest fenomen al context urbà, revelen que el desplaçament forçat és el resultat d’una mena de “violència urbana” que marca la inscripció del conflicte armat intern a les ciutats. En la mateixa línia relacionada amb la temàtica de la violència, Luís Fernandes proposa un exercici conceptual entorn d’allò que designem en terminis d’ “exclusió social”. A partir de la noció de “violència estructural” i “violència quotidiana”, l’autor explora diferents modalitats urbanes de producció de l’acció política i dels dispositius de control social analitzant les accions policials desplegades en “zones problemàtiques”, així com les operacions de demolició dels anomenats “barris de les drogues”. Aquests dos nivells d’expressió de la violència es relacionen mitjançant el concepte d’exclusió social, evidenciant la victimització col·lectiva i el sofriment social com a dimensions de l’estatut d’exclòs.

Des d’una perspectiva molt semblant, Cecilia Vergnano analitza un episodi d’agressió violenta contra un grup de famílies rom procedents de Romania i informalment assentades en una zona en desús d’un barri perifèric de Torí, a Itàlia. L’article s’emmarca en una recerca etnogràfica sobre la construcció de discursos i pràctiques racialitzadores a través del camp mediàtic, polític i institucional. A partir de les dades empíriques obtingudes, l’autora analitza les estratègies de legitimació de tals pràctiques intentant cercar una resposta a una pregunta fonamental: què passa quan la lluita per la ciutat es transforma en el fenomen banalment conegut com a “guerra entre pobres”? Completa aquest dossier l’article de Christina Grammatikopoulou, que explora el paper d’Internet en el desenvolupament dels moviments de protesta i la idea de la pirateria com una pràctica subversiva ideològica i cultural. Partint de les protestes globals que s’han apropiat de l’espai públic des de 2011, l’autora estudia com aquestes es relacionen entre si i com s’emmarquen dins de la cultura i la política de l’era de la informació. L’article es centra, en particular, en les pràctiques de l’hacking com a acte polític i cultural, i analitza com els moviments de protesta analitzats s’expressen en obres d’art participatives (hacktivisme) que fomenten encara més l’esperit revolucionari.

Un especial agraïment va dirigit a Cecilia Vergnano, José Mansilla, Marc Morell, Ivan Murray, Óscar Salguero, Marta Venceslao, Isaac Marrero, Marco Aparicio, Dani Malet, Miquel Fernández, Marco Luca Stanchieri, Giuseppe Aricó i tots els companys i companyes de l’Observatori d’Antropologia del Conflicte Urbà (OACU), que amb el seu suport han fet possible la publicació d’aquest dossier. Com és habitual, tanquem aquest editorial agraint sincerament la col·laboració de totes i tots els que amb el vostre suport, els vostres articles, les vostres avaluacions, els vostres suggeriments i la vostra lectura, feu possible l’existència de la revista i us continuem animant a participar en aquest espai obert de debat de l’Antropologia a Catalunya.

 

Editorial del Dossier “Antropologia del Conflicte Urbà, Vol. II”

OBSERVATORI D’ANTROPOLOGIA DEL CONFLICTE URBÀ, (2014), “Violència urbanística, exclusió i desacataments. Reflexions des d’allò urbà”, Quaderns-e de l’Institut Català d’Antropologia, 19 (1), Barcelona: ICA, pp. 140-142. [ISSN 169-8298].

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