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15 años en Venus. Claves para entender un conflicto “irresoluble”.

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Particular del bloque Venus | Fuente: Sergi Pujolar (La Directa)

Por Giuseppe Aricó | OACU

El próximo diciembre de 2015, tras 15 años de severas intervenciones urbanísticas y escasas “mejoras sociales”, el controvertido Pla de Transformació del Barri de La Mina (PTBM) llegará a su fin. Durante los últimos meses, la documentalista Mariona Giner y su equipo han estado realizando un trabajo que merece ser conocido y reconocido. Se trata de 15 anys a Venus, un documental que persigue tratar de forma seria el caso del derribo y posterior realojo de los vecinos del bloque Venus, una cuestión aun en suspenso que sigue provocando conflictos entre plataformas vecinales y administraciones. El pasado martes 28 de abril, tuve la oportunidad de participar en dicho documental al ser entrevistado sobre el impacto social del PTBM y las problemáticas relacionadas con éste. He decidido publicar aquí parte de la entrevista, realizada en el histórico Casal Cívic de La Mina, equipamiento fruto de una larga acampada reivindicativa que los vecinos llevaron a cabo a finales del marzo de 1985 en el lugar donde hoy se ubica el propio Casal.

¿De dónde y cuándo surgen las áreas urbanas como la Mina?

Las áreas como La Mina se conciben a partir del Plan Comarcal de 1953, pero se edifican sólo durante el auge del desarrollismo franquista, a caballo entre los ‘60 y ‘70. Se trata de áreas que el lenguaje urbanístico de aquella época definía como “polígonos de absorción”, es decir, su prerrogativa era precisamente la de “absorber” a los habitantes de los denominados núcleos chabolistas de Barcelona. En realidad, la creación de dichas áreas, colocadas sistemáticamente en los márgenes de las metrópolis, no respondía a una necesidad de carácter social, sino exclusivamente a específicas exigencias políticas y económicas del tardofranquismo. La finalidad del régimen no era sino ampliar su reserva de suelo urbano a costa de la clase trabajadora, que desplazaba dónde y cómo mejor le convenía.

¿Qué problemas sociales tiene La Mina en la actualidad?

Si nos ceñimos a las cifras oficiales, todo parece ir de maravilla: el PTBM habría conseguido con éxito y alabanzas internacionales la “transformación” por la cual apostaba. Sin embargo, tras la pantalla de una gran regeneración urbanística se esconde una cruda realidad social donde se reproducen severas problemáticas estructurales. En este sentido, los problemas sociales de La Mina en la actualidad son prácticamente los mismos que se dieron en su origen, y que podemos resumir en una sola y gran cuestión: la falta de una política de vivienda seria, estructurada, coordinada y comprometida desde el principio. Apostaría a que el resto de cuestiones, como el paro, el absentismo y el fracaso escolar, cierto analfabetismo, la desestructuración familiar, el supuesto “incivismo”, las “actividades delictivas”, etc., no son sino el producto directo de esa gran falta o están íntimamente ligadas a ella.

¿Está estigmatizado el barrio de la Mina?

La Mina es un barrio híper-estigmatizado, es decir, sufre una estigmatización transversal que afecta al conjunto de sus habitantes en varios niveles: social, laboral, económico, cultural, territorial, etc. Tanto en los ’70 como hoy, hablar de La Mina provoca irremediablemente una especie de “efecto dominó”, donde toda una serie de estereotipos descontextualizados y despolitizados caen unos tras otros como fichas.

¿Qué ha contribuido a ello?

Las causas que han contribuido a ello son muchas y pertenecen a épocas diferentes, pero por lo general la prensa y las instituciones han jugado, sobre todo en los años 80 y 90, un papel estratégico en la difusión de una verdadera “mitología del miedo”. Fenómenos relacionados tanto con el uso como con la venta de drogas, por ejemplo, que se encontraban repartidos por todo el territorio metropolitano, encontraron en La Mina el chivo expiatorio por excelencia, justamente para permitir toda una serie de actuaciones de carácter urbanístico que generaron jugosos beneficios para la élite política de la supuesta Transición. El proceso de estigmatización de La Mina no puede entenderse sin tomar en consideración, por ejemplo, el denominado caso REGESA de 1988, que preveía, entre otras cosas, el derribo total de La Mina y, por ende, de sus “problemáticas”. Sólo tres años más tarde, con la modificación introducida en 1991 al PGM del 1976, el área alrededor de La Mina tenía que convertirse en la “puerta de entrada a Barcelona por el norte” para acoger a visitantes e inversores de los JJ.OO.

Desde la Plataforma d’Entitats i Veïns de La Mina denuncian que en las barracas no había tanto conflicto por el modelo de las viviendas: más precarias pero más abiertas, con mucha vida en la calle. Denuncian que la base del conflicto social es el tamaño de los bloques, con demasiadas familias por bloque. A la vez, el estudio técnico previo al PTBM determinó que la densidad en sí no resulta conflictiva, y se centró más en la diversidad socio-cultural. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Yo diría que el problema no está ni en la densidad ni mucho menos en la diversidad socio-cultural, o cuanto menos no constituyen las causas del conflicto en sí, sino justamente todo lo contrario. Si pensamos en los primeros años de vida del barrio (1975-80), no cabe duda de que precisamente la densidad y la diversidad funcionaran como verdaderos elementos de cohesión y aglutinación vecinal. La gran huelga general del mayo del 77, que paralizó el barrio durante 4 días, es la evidencia más representativa de ello. Ahora bien, en mi opinión el verdadero problema que está y siempre ha estado a la base del “conflicto” en La Mina es, como denuncian los propios vecinos, el modelo de las viviendas. Pero no hablo tanto de su estructura arquitectónica, que de por sí acarrea ya bastantes problemas que inciden profundamente en gravar las causas del conflicto. Me refiero más bien a su organización socio-espacial, es decir, a lo que ha sido definido como el paso de un “barraquismo horizontal” a un “barraquismo vertical”, que ha determinado –cuando no provocado- la asunción casi obligatoria de una nueva forma de reproducción de las relaciones sociales. En este sentido, el hecho de haber elevado la “vivienda en propiedad” a elemento cúspide de la organización vecinal, es decir, doméstica y, por ende, socio-espacial, ha sido el principal factor determinante para que las relaciones entre vecinos se hicieran cada vez más racionalizadas, distanciadas e impersonales.

Nos comentaron que durante los primeros años de existencia del barrio, el Patronato Municipal de la Vivienda (PMV) movía la gente que podía pagar un poco más a otros barrios, y que aquí traían a la gente más conflictiva. ¿Tienes constancia de esto?

El PMV ha sido no sólo el responsable de la construcción de La Mina en 1969, sino también  de su gestión administrativa por lo menos hasta 1989. Durante estos 20 años, las maniobras del PMV han permitido que La Mina fuera constantemente sujeta a una alta “rotación” vecinal. Cuando se habla del denominado “traslado chabolista” (léase deportación), por ejemplo, se suele pensar que éste se realizó de forma rápida y con todo el seguimiento social que merecía. Pues nada más lejos de la realidad. El traslado del Camp de la Bota tenía que durar 15 días y acabó durando 18 años, desde el 1974 hasta el 1992, cuando se tiró la última barraca justo unos meses antes de la celebración de los JJ.OO. Además, a partir del 82, Xavier Valls y Antoni Messeguer (entonces respectivamente presidente del PMV y alcalde de Sant Adrià) consiguieron que diferentes bloques de La Mina -en particular Venus y Saturno- se configuraran como el lugar de destino de desalojos provocados por intervenciones urbanísticas en otras zonas del entorno metropolitano. En este sentido, no es que se trajera a La Mina la gente “más conflictiva”, sino aquella que se encontraba en una peor posición de desventaja social y económica, y que poseía historias de vida y formas de usar el espacio muy diferentes y, a menudo, divergentes.

Según los informes sobre las estructuras arquitectónicas de la Mina, el edificio Venus no tiene problemas estructurales. El motivo para ser derruido era por tener problemas sociales “insolucionables”. ¿Derruir un edificio puede aplacar un problema social, o éste seguiría en otros edificios?

En mi opinión la intervención de derribo prevista para Venus –que nunca sabremos si un día se realizará o no- no resolverá sus problemas por varias razones. Los problemas sociales, siempre y cuando se trate realmente de “problemas”, no pueden solucionarse con intervenciones urbanísticas, ya que su supuesta eficacia social no está ni justificada ni mucho menos demostrada. Lo que sí está demostrado, en cambio, es justamente su contrario: baste con pensar en las dinámicas de pacificación de muchas favelas en Río de Janeiro o en el caso de “le Vele” en el barrio de Scampia, en Nápoles. Para solucionar problemas sociales son necesarias actuaciones de carácter social estructuradas y coordenadas, esto sí, llevadas a cabo con mucha sensibilidad y atención hacia las causas que crean el supuesto problema y no hacia sus efectos. Esto es exactamente lo que ha pasado en el caso de Venus: trabajar en los efectos y no en las causas. Aunque se derribara Venus, los problemas actuales persistirían, pero en otro bloque o quizá en otro barrio.

Se considera, también, que la biblioteca no consigue atraer suficientes jóvenes y usuarios en general. Sin embargo está en el centro del barrio, sus instalaciones son de primera y es atractiva. ¿Qué más se puede hacer?

Nada, ya se ha intervenido demasiado y de una forma amnésica. Casos como el de la biblioteca son paradigmáticos de como las intervenciones urbanísticas llevadas a cabo en el barrio han producido espacios “de fachada”, es decir, muy bonitos y atractivos, pero en el fondo no consiguen cumplir con el propósito social por el cual habían sido pensados. La razón de ello es que la biblioteca, en realidad, desempeñaría un papel de “contenedor cultural”, socialmente vacío e infrautilizado pero urbanísticamente indispensable para justificar determinadas actuaciones previstas para “adornar” la polémica Rambla de La Mina. Si la gente no viene a la biblioteca, quizás sea porque no se siente identificada en un espacio tan vanguardista concebido por dos “arquitectos estrella” y que ha constado 4,5 millones de euros. Muchos de los vecinos no le dan el mismo valor, sentimental si queremos, que le daban a la vieja Sala Pinòs, la “de toda la vida”, antes que ésta fuera demolida para crear el solar donde surge ahora la nueva biblioteca. Pero hay más. En realidad, la nueva biblioteca no está en “el centro” del barrio, porque su verdadero centro es la Rambla del Camarón, precisamente enfrente del Casal, un espacio del cual todo se puede decir salvo que esté vacío.

Para el PTBM vinieron muchos técnicos expertos para trabajar sobre el terreno, en persona, desde la cercanía. No han conseguido aportar soluciones importantes a nivel social, en las unidades familiares. Entonces ¿tampoco funciona la investigación desde la cercanía?

La investigación desde la cercanía en realidad tendría en éxito potencial, pero su mayor riesgo es caer en el moralismo, el sensacionalismo o el glamour. Esto pasa cuando ese tipo de investigación no viene integrada por un conocimiento histórico y social del barrio en su intimidad. Podemos ser técnicos muy expertos y capaces, pero si no tenemos un mínimo de atención y respecto hacia una realidad social que, al fin y al cabo, desconocemos y que, en cierta medida, no nos pertenece, entonces no servimos para nada. Es más, simplemente estorbamos. A manera de ejemplo sería interesante recordar cuando, a finales de los 90, Josep Antoni Acebillo (entonces director de Barcelona Regional, la agencia que jugó un papel fundamental en determinar los contenidos del PTBM) se obstinaba en convencer a los vecinos de la gran oportunidad que presuponía para La Mina la celebración del Fòrum 2004. La propuesta de Acebillo era, básicamente, que el barrio se pusiera en manos de los promotores y de “los ricos”, que con sus inversiones habrían hecho posible el “verdadero cambio social” del barrio.

Los sistemas que se han utilizado para “transformar” al barrio a nivel social no han sido efectivos. Entendemos, además, que hacen falta varias generaciones para poder percibir grandes avances. Sin embargo, ¿piensas que hay métodos que puedan ser más efectivos en la transformación social de un barrio? ¿Cuáles?

A veces bastaría simplemente que las administraciones escucharan a los vecinos, sin dejarse seducir por los intereses privados del mercado inmobiliario. Si de verdad es cuestión de establecer un método, pues que éste se base en la escucha, el dialogo y la participación real de los vecinos. En La Mina, la participación vecinal que tanto abanderan las instituciones ha quedado reflejada únicamente en los informes necesarios para cumplir con la Ley de Barrios de 2004 o mantener la financiación proveniente de la Comunidad Europea.

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¿Persones sense casa o exclusió residencial?

Article publicat per Joan Uribe (OACU) al diari elperiodico.cat el passat dia 4 de desembre de 2014

El nombre de persones que es queden sense casa no para d’augmentar i Barcelona ens mostra una paradoxa. Amb anys de trajectòria en l’esforç per millorar la resposta al problema i amb una dotació de serveis especialitzats d’ampli abast, la ciutat aposta per incorporar metodologies com ara el model Housing First, que aplicat en diversos països presenta índexs d’èxit (permanència de persones abans sense casa durant anys en una vivenda) del 80% al 95%. S’aposta així per un futur de més eficàcia en la capacitat de recolzar els milers de persones sense llar.

¿Com pot ser llavors que, treballant més i millor en aquest tema, no deixi d’augmentar el nombre de víctimes de l’exclusió residencial? Una de les claus pot estar precisament en el que implica el concepteexclusió residencial, cada dia més utilitzat en lloc del de persones sense casa. Aquest últim se centra bàsicament en les persones i ens remet a un imaginari de marginació, estigma i menysteniment. El d’exclusió residencial, en canvi, ens parla d’un fenomen amb una gènesi ubicada més en problemes de l’estructura social que en circumstàncies individuals. És el que ens està passant ara.

I per més que Barcelona s’esforci, com ho fa, a millorar i innovar, el nombre de persones sense vivenda pròpia no deixarà d’augmentar mentre els problemes estructurals persisteixin. Perquè es tracta d’una xifra que s’alimenta de la vergonya dels desnonaments; de la inseguretat i de la precarietat laboral, tant en termes de durada del treball com de quantia dels salaris; de l’atur de llarga durada; de la incapacitat de generar llocs de treball i de fer efectiva la reorientació formativa i professional. Aquests i altres factors estan construint el perfil d’una part de la societat que no té on viure ni sap on ho farà.

Moltes de les persones afectades exigeixen una resposta que no és la clàssica dels serveis socials. Exigeixen el compliment dels seus drets -a la protecció social, que comencem a entendre que és tan necessària com la salut- i ho fan en un format diferent del de l’acompanyament individualitzat i els plans de suport a la persona. El districte de Nou Barris recull i analitza aquesta nova realitat en un document de títol encertat: No és pobresa, és injustícia. I la desigualtat i la injustícia social demanen un abordatge diferent del de la pobresa.

Esperem que l’esforç i el compromís de Barcelona per millorar, fins i tot arriscar, amb fórmules d’intervenció amb les persones en situació de sense llar tingui l’èxit esperat i serveixi de referent i estímul per generar els canvis i les lluites necessàries per abordar el problema també en un sentit més ampli: el de l’exclusió residencial.

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Rere l’última baula

Font: lagazetaenana.wordpress.com

Font: lagazetaenana.wordpress.com

Entrevista realitzada a Joan Uribe (OACU) al diari elperiodico.cat el passat dia 2 de març de 2015

Després de més de 20 minuts d’entrevista al seu despatx dels serveis socials de Sant Joan de Déu, li formulo una altra pregunta sobre estadístiques, dades i marges d’actuació social, i Joan Uribe em contesta, amb molta prudència:«Mira, no tinc intenció de canviar de tema, però és que per mi la clau de tot el que està passant està en les desigualtats socials i la redistribució de la riquesa». Uribe, com l’economista de moda, Thomas Piketty, com molts altres, em posa a sobre de la taula, davant del nas, el debat dels debats, per entendre la política d’avui. I de demà.

Un quadro de Sant Joan de Déu presideix poderosament l’estança on ens trobem. Quan li comento que qualsevol polític que s’assegués amb nosaltres diria que treballa per la justícia social, em respon directe: «Necessitem fets i canviar les coses, o ja ens hi posarem nosaltres». Es refereix als moviments i al Tercer Sector social.

Es refereix a les entitats que treballen en àmbits com el de les persones sense llar. I en aquest punt sorgeixen preguntes com cops de puny: «Tenim un sistema legal i econòmic de protecció dels mecanismes que poden deixar la gent sense llar». I la conseqüència d’això és literalment la següent: «Viure al carrer mata. Escurça molts anys l’esperança de vida, ataca la dignitat personal, la capacitat del jo, l’estat anímic, la privacitat, la intimitat».

Omplir els «forats»

Aquí és on entren les institucions. Uribe evita el discurs de l’antipolítica. Al contrari. Creu que és el Tercer Sector el que ha d’aprendre més a fer política, a omplir «els forats» que el poder polític institucionalitzat no està omplint. ¿Com? Adonant-se del poder de què disposen les entitats. Centenars de milers de persones ateses que si estiguessin empoderades tindrien una capacitat de pressió imparable.

«S’hauria de mobilitzar aquestes persones perquè entre tots construïm política. Els moviments socials ja saben com fer-ho. Les entitats coneixem molt bé el sector, fem coses, però no mobilitzem, ni sumem el nostre bagatge per incidir no solament en els partits, sinó en l’opinió púbica», reflexiona.

Uribe veu el poder polític desitjós de rebre aquesta pressió. ¿Per quin motiu? Per una qüestió essencial: «Cap estructura de poder polític, aquí i a tot Europa, està sent capaç de tirar la societat endavant, perquè la societat depèn relativament d’ells. Depèn del mercat. Jo em vaig criar amb la idea que al voltant del poder polític s’armava la societat, i ara la sensació és que el poder polític s’ha d’adaptar al que marca el poder econòmic».

És per això que, segons el seu parer, els governs estan desitjant rebre més pressió social. «Crec que si ells van tenir un argument al qual agafar-se…» ¿L’argument de l’exigència ciutadana? «Sí, llavors ells podrien parlar d’una altra manera, perquè ells també són una baula de la cadena, com ho som les entitats, però no són la cadena sencera, ni l’última baula». ¿I quina és l’última? «El sistema econòmic neoliberal. És el que veiem no tots, però sí molts», respon sense dubtar-ho.

Davant aquesta descripció del tauler de joc, Uribe manté una visió comprensiva respecte a la política institucional. La veu com aquells equilibristes que es mouen «entre el que tenen realment i el marge que creuen que tenen». Preveu un nou model d’organització «en què ens sentim tots còmodes». I creu que, com en la transició, ara aflora una política basada en perfils diferents treballant junts. ¿Suplirà això els partits? «La qüestió és si, sota l’estructura que sigui, la majoria social segueix tenint capacitat de decisió. I això és el que el model clàssic de política no ofereix».

Tot plegat sense glorificar la bondat humana. Uribe va ser mosso d’esquadra. De la seva experiència va sorgir una tesi sobre l’experiència de patrullatges nocturns. «La societat és a vegades molt hipòcrita, apel·la a una solidaritat que en moments deteu o meu no existeix. Com a policia això ho veus. I després escoltes que la societat és magnífica i que els dolents són els lladres i els policies».

¿Hobbes o Rousseau? «L’home no és dolent per naturalesa, en moments límit actua d’una manera o d’una altra en funció de la por, les experiències prèvies i la motxilla de referències». ¿I la funció del policia? «Servir les persones, no servir-se de la placa per tenir poder». Sí, Uribe va veure Ciutat morta i opina que «és possible que les coses hagin sigut diferents de com s’han explicat per part de totes les parts que hi estan implicades».

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Premi Raval d’Investigació Joaquín Jordá

Des d’el dia 13 de gener fins el 30 d’abril del 2015 es poden presentar els trebals pel Premi Raval d’Investigació Joaquín Jordá. Els treballs s’hauran de lliurar al registre dels Serveis Centrals del Consorci de Biblioteques de Barcelona, Rambles 88, 3a planta, de dilluns a divendres de 9 a 13h per correu certificat o personalment.

Més informació:
https://premijoaquinjorda.wordpress.com/
https://premijoaquinjorda.wordpress.com/category/bases/

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20 de maig presentació del MÀSTER EN EXCLUSIÓ SOCIAL

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de | mayo 9, 2014 · 10:08 am